“Yo no quiero ser la primera”

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Daniel Mathews Carmelino[1]

Ella era una mujer pensante. No era de las que se aprenden las cosas de memoria. No servía para repetir el credo. A veces se olvidaba de la letra del himno nacional. Pero tenía unas respuestas que asombraban a las profesoras de su salón de primero de primaria. Sí, porque hasta primero de primaria nomás estudió. Y las profesoras no podían dejar de reconocer esa inteligencia. Al final del año quedó primera en su salón. Por lo menos es lo que decía el esquema educativo en el que ella estudiaba.

Pero ella era una mujer inteligente. Y las personas inteligentes, más si son mujeres, no aceptan necesariamente los esquemas. Cuando a fin de año la llamaron a premiarla por haber sido la primera de su salón ella no acepto: “Yo quiero un colegio sin primeros ni últimos, como la sociedad”. A sus 6 añitos ya cuestionaba la educación competitiva que le daban. Ya cuestionaba la sociedad y sus clases, sus géneros, sus razas. Estaba destinada a ser de las que no aceptan las cosas sin preguntarse antes por su validez.

Quiero hacer notar algo. Es fácil no aceptar los castigos. Siempre parecen injustos. Darse cuenta de la injusticia de un premio es distinto. Tener capacidad de renuncia. No dejarse comprar. Eso es más valioso. Y así era ella cuando estudiaba su primer año de primaria.

Debería seguir hablando de su vida. Me han pedido que escriba un máximo de 500 palabras y no puedo quedarme solo hablando de su primer año de primaria. Ya estoy más allá de la mitad. Hay dos cosas que me impiden seguir más allá. La primera es que nos separamos muy pronto: Yo me vine al Perú, ella a Colombia con su mamá. La segunda es que no vivió más. A mi hija me la mataron cuando tenía 7 años. Los paramilitares colombianos no creen en otro acuerdo de paz que el que se firma en los cementerios.

Colombia es un campo minado. Un asesinado cada tres días en la mejor semana. Y sin embargo ningún pronunciamiento de la OEA, del Congreso peruano, de los parlamentarios que dicen ser de izquierda. Todos hablan de Venezuela. Nadie de Colombia, aunque haya muerto una niña peruana. El gobierno peruano acoge a los venezolanos y expulsa a los colombianos, aunque estén casados y tengan hijos en el Perú.

Hay una tercera razón, por la que no puedo seguir escribiendo. Estoy llorando. No sé si por mi hija, por mi país o por mi izquierda. No, esta izquierda no es la mía.


[1] Escritor y militante de base en diversos movimientos de lucha social.