Wika Parana: fuerza del río y defensa de un mundo diferente

Comunidades indígenas kukamas del bajo marañón frente a la contaminación ambiental y las afectaciones en sus territorios
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Renato Pita Zilbert[1]

Los males generados por la actividad petrolera en lagunas, quebradas, ríos, zonas inundables, así como en territorios y comunidades indígenas de la región Loreto son profundos e innegables. Son evidentes también las afectaciones a los pueblos originarios, para quienes frases como “el agua es vida” o “cuidemos el río” tienen una connotación muy profunda; siendo necesarias otras perspectivas y saberes para redescubrirlas. Sin embargo, pese al daño causado por décadas de explotación hidro carburifera, persiste en la región una peligrosa dependencia, pues ni las ciudades ni la institucionalidad pública se conciben sin los recursos del canon u otros productos de la economía petrolera. Al igual que el caucho, el ciclo del petróleo repite patrones de poder, extractivismo, violación de derechos y perversa seducción económica para avasallar y cooptar bajo la falsa promesa del desarrollo. El presente artículo aborda al caso del pueblo kukama en la cuenca baja del río Marañón y su lucha por la defensa de su territorio; un espacio donde el agua y la vida se reúnen poderosamente.

Actividad petrolera y daño in fraganti

Varios años de denuncias y luchas de pueblos indígenas han colocado en agenda nacional la gravedad de daños generados por la actividad petrolera en la Amazonía peruana[2]. Veamos algunos datos de la parte baja del río Marañón para acercarnos al problema.

Los kukamas tiene una presencia eminente en los distritos Nauta, Parinari y Urarinas, en la región Loreto. Estas zonas, reivindicadas además como te- Renato Pita Zilbert* rritorio ancestral de los kukamas, padecen impactos por tres activos agentes petroleros: (a) El Lote 8X operado por Petroperú (1970-1996) y luego por Pluspetrol (1996-2024); (b) el Oleoducto Norperuano, operado desde 1974 por la empresa nacional Petroperú; y (c) la Estación N° 1 de Petroperú, ubicada en la comunidad kukama San José de Saramuro.

La coincidencia fatal es que Pluspetrol y Petroperú son las empresas petroleras más cuestionadas debido a las prácticas socioambientales que sostienen con las comunidades de la zona. Haciendo una breve reseña del prontuario petrolero en el territorio kukama, tenemos que en octubre del año 2000, se derramaron frente a la comunidad San José de Saramuro cinco mil barriles de petróleo; un desastre ambiental recordado en las comunidades como “la inmensa mancha” que bajó por el río y “ensució” orillas, arrozales y otros sembríos. Años después, en junio de 2010, la rotura de una barcaza de transporte de Pluspetrol causó un derrame de quinientos barriles en la misma zona. Este último hecho motivó la primera movilización masiva en Loreto denunciando los derrames petroleros.

Posteriormente, el año 2013, en el Lote 8X ubicado al interior de la Reserva Nacional Pacaya Samiria (RNPS) se encontraron grandes lagunas artificiales de petróleo y vertimientos de aguas de producción (aguas de altísima toxicidad). Ese mismo año, por gestión de la organización indígena kukama ACODECOSPAT[3], se realizó el primer diagnóstico ambiental integral en la zona. Los hallazgos identificados por el Ministerio del Ambiente fueron demoledores: Altos niveles de Bario, Plomo, Mercurio, Cadmio, Zinc y Arsénico; incluso hallaron lugares donde los contaminantes de hidrocarburos superaban hasta en 95 veces los estándares de calidad ambiental.  

El Oleoducto Norperuano (ONP) es otro agente de afectación. En noviembre de 2014, en territorio de la comunidad San Pedro del Marañón ocurrió un derrame en el Km 20 del ONP; fueron cerca de siete mil barriles de petróleo que cubrieron quebradas de pesca y zonas inundables. Pero las cosas le fueron peor a San Pedro. Exactamente dos años después, en noviembre de 2016, luego de que se supiera que Petroperú incumplió la correcta remediación ambiental en la zona, ocurrió un nuevo derrame, esta vez a la altura del km 15.  

Todos los daños reseñados se produjeron en bosques de ecosistemas frágiles, zonas inundables y complejos sistemas hídricos y acuíferos. Este drama socioambiental, más las carencias de servicios públicos y la falta de acceso a justicia de las comunidades, forman una cerrada trama de vulneración de derechos[4], recurrencia e impunidad.  

Consecuencias de la actividad petrolera

La crisis socioambiental en el Marañón –causa principal de las declaratorias de Emergencia Ambiental y Sanitaria los años 2014 y 2016[5]– conlleva otros efectos igual de perniciosos y sistemáticos, aunque menos visibles. Por ejemplo, el impacto de los derrames de petróleo sobre el agua genera perjuicios severos en el “mundo cultural y de valores ancestrales kukama, [donde] la pesca, es la actividad económica que les procura sustento diario y prestigio de pescadores hábiles” (Chirif; 2011)[6].  

También se generan cambios en las economías locales por la presencia de empresas petroleras. En estos lugares se crea una situación de “enclave” debido al gran protagonismo y control de las relaciones socio- económicas de la zona por parte de la empresa. Se genera así una “marcada relación de dependencia económica entre la población local y la empresa en términos absolutamente desiguales”[7]. Al respecto, un monitor ambiental kukama de la zona, comenta:

[La empresa] ha alterado la cultura de las comunidades en la zona de Saramuro […] todo es negocio, han aumentado los bares, la prostitución y la pobreza […].Solamente la empresa tiene algunas personas que trabajan, los más allegados […] Más pobreza porque ya no tiene pesca ni para que coma ni para que pueda vender […] La gente roba de los basureros de la empresa. Eso es lo más lamentable. (Campanario y Doyle 2017: 115).

La actividad petrolera, en el marco de acción permitido por el Estado peruano, se vuelve un agente de trastorno en los territorios indígenas, reduciendo la capacidad de decidir libremente sobre su destino, su vida y lo que acontece en su territorio. En consecuencia esto produce inhibición, frustración y hasta subvaloración.

Otro tipo de impacto son los conflictos promovidos por la empresa (e incluso el Estado) al interior de las comunidades, entre ellas o en sus organizaciones representativas. Esto busca generar “desorden” y división mediante entrega de dinero, bienes, beneficios o campañas de difamación[8]. Adicionalmente, estos derrames y desórdenes sociales son de difícil y compleja incorporación en las narrativas y memorias de quienes los sufren, esto por incomprensión del problema, poca transparencia de los hechos, engaños, incomprensión de lenguaje, desamparo u otros (Okamoto y Zuñiga, 2013)[9]. En las comunidades existe un nivel de impacto psicosocial no estudiado. Frases como “estamos contaminados” o “no sabemos qué tenemos dentro” son expresiones usuales en la cotidianidad comunal, que indican tanto incertidumbre como tristeza.  

Cosmos y posibilidad de otro mundo

Los impactos sobre el agua, el río, así como sus seres físicos y espirituales, generan daños realmente inestimables en territorio kukama. En febrero de 2017 apus y monitores ambientales de la federación indígena ACODECOSPAT remitieron una carta al presidente de Petroperú donde, entre otros puntos, explicaban las connotaciones de su relación con el agua. Dicen:  

“[El agua es] fuente de vida y sabiduría, ahí residen nuestros ancestros, ahí se enseña a los niños y niñas los valores y la sabiduría […] a amar y proteger su cultura [es lugar para] aprender sobre la ética del respeto a todas las formas de vida […] lugar sagrado de purificación, base de nuestro idioma, de nuestra identidad y nuestras tradiciones”.

Difícil resumir en palabras los afectos y el cosmos existente en la relación de los kukamas con el agua. Veamos algunos relatos recogidos hace no mucho en el Marañón, para darnos una idea[10]:  

“El joven también se enamoró bien, por la belleza que tenía la jovencita. Ese mismo día se juntaron íntimamente. Después, al joven se le hincho su barriga, bien grande. La señorita boa tragó la mitad del cuerpo del joven. Entonces, la barriga del joven cazador reventó y se formó una cocha [laguna] inmensa, donde estaban los dos, el joven y la muchachita. La boa le llevó ahí al joven. Pero el joven ya nunca ha vuelto a salir. Pero la boa sí, para dar a luz a su hijo en la tierra. Y, entonces, nació de la mujer boa un hijo varón “el primer kukama”. Después, la mujer boa, nuevamente, regresó donde su marido, que ya se había transformado en boa, para poder vivir con ella en la profundidad (…)Mientras la observaba, poco a poco, esa boa se fue convirtiendo en persona […] y quedó completamente una mujer desmayada, ahí en el lugar. Él la llevó a su casa. […] Ella les cocinaba, les lavaba la ropa. La señorita se embarazó un día. […] De ella habían nacido cientos de muchachitos. […] se dice que tuvo miles, que crecían rápido. Cada uno buscó lugares a donde ir. Cada uno tuvo su familia y ella volvió al agua” (Karuara 2016: 29).

Una lectura completa y cuidadosa de estos y otros relatos puede mostrar cómo para los kukamas el ámbito del agua, sus formas (ríos, cochas, quebradas), sus animales (boa, boquichico, palometa, lagarto, etc.) y sus seres espirituales (sirena, karuara, etc.) son elementos constitutivos de una sociedad, y su buena salud es indispensable para una buena vida. Una lectura atenta e intercultural de estos sentidos y saberes brinda el marco necesario para entender mejor la vida en esos territorios.

El pueblo kukama es hijo del agua: Una cocha nace de un hombre, los seres del agua enseñan el trabajo, la buena producción y la dieta; la sirena puede enseñar al varón cómo ser varón, la boa es un ancestro. Visto así, cuando los kukamas dicen “el agua es vida” la expresión adquiere nuevas resonancias, con alcances políticos que colisionan la institucional pública y aportan a otros ámbitos (urbanos, sindicales y otros) en sus luchas por el agua. Sucede algo similar con otros pueblos indígenas y sus luchas territoriales. Por eso, frente a la dimensión de daños ambientales generados por derrames y actividad petrolera, es pertinente hablar y alertar de ecocidio y etnocidio.

Cuando el presidente de ACODECOSPAT, Alfonso López Tejada, explica que “el territorio no está fuera de nosotros, sino dentro de nosotros”, no es poesía ni ficción. La expresión reivindicativa “wika ritama” (fuerza el pueblo, en kukama) lleva implícito un “wika parana” (fuerza del río) primordial. Frente al capitalismo como modelo de desarrollo que ha generado el actual colapso ecológico-social y la creciente destrucción de la biosfera, necesitamos otros saberes y mejores ejemplos. Saberes que además sean un ejercicio de respeto por la vida y sus multiplicidades. De ahí la importancia de lo que algunos llaman “ecología moral” o “ética cosmocéntrica” (Varese, 2013)[11] un aporte sustancial desde los pueblos indígenas. Lejos de posturas esencialistas, estos saberes pueden ofrecernos poderosos argumentos para el pensamiento crítico y la imaginación transformadora.


[1] Comunicador y artista plástico, trabaja desde hace varios años en la Amazonía.

[2] Ver al respecto mayor información detallada en www.observatoriopetrolero.org

[3] Siglas de la Asociación Cocama de Desarrollo y Conservación San Pablo de Tipishca, en actividad desde el año 2000.

[4] Derechos fundamentales como el derecho al agua (art. 2 de la Constitución Política del Perú y resolución 64/292 de la ONU), el derecho al ambiente sano (art. 2 de la Constitución y art. 4 el Convenio 169), el derecho a la integridad física, moral y a la vida (art. 2 de la Constitución y art. 7 de la Declaración de la ONU sobre Derechos de los Pueblos Indígenas), el derecho a la salud (arts. 2 y 7 de la Constitución, art. 25 delConvenio 169, art. 24 de la Declaración de la ONU), entre otros.

[5] Resolución Ministerial N° 136-2014-MINAM, Decreto Supremo N° 006-2014-SA, Decreto Supremo N° 083-2016-PCM.

[6] Chirif, A. (2009), Pueblos indígenas amazónicos e industrias extractivas. Lima, Perú: CAAAP y CEAS.

[7] Campanario, Y.; Doyle C. (2017), El daño de no se olvida. Impactos socioambientales en territorios de pueblos indígenas de la Amazonía norperuana afectados por las operaciones de la empresa Pluspetrol. Lima, Perú: Equidad, IWGIA, Middlesex University London.

[8] Barclay, F. (2012), Economía extractiva y seducción en la Amazonía. Ensayo sobre la continuidad de los métodos empresariales en la Amazonía peruana. Lima, Perú: AECID.

[9] Okamoto, Tami y Zúñiga, Mario. (2013). “Petróleo y memoria de pueblos invisibilizados”. 2017. Sitio web: http://www.revistaideele.com/ideele/content/petr%C3%B3leo-y-memoria-de-pueblos-invisibilizados.

[10] Asociación Quisca, Radio Ucamara y Wainakana Kamatawarakana (editores) (2016), Karuara. La gente del río. Lima, Perú: Quisca.

[11] Varese, S. (2013), “La ética cosmocéntrica de los pueblos indígenas de la Amazonía: elementos para una crítica de la civilización”. En Varese, Apffel-Marglin, Rumrrill (coordinadores) (2013), Selva vida. De la destrucción de la Amazonía al paradigma de la regeneración. Lima, Perú: IWGIA.