Un pensamiento crítico alternativo al eurocentrismo

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César Germaná[1]

Aníbal Quijano es, sin duda, uno de los científicos socia­les más creativos, rigurosos e influyentes en el mundo del pensamiento social de América Latina de hoy. Su vasta obra nos ha posibilitado comprender el caótico mundo en el que vivimos al ampliar nuestros conocimientos sobre los procesos fundamentales de organización y transfor­mación de nuestras sociedades y nos ha ayudado a des­cubrir el horizonte histórico de futuro que viabilice la construcción otro mundo posible; esto es, otra forma de existencia social que sea verdadera, buena y bella.

Conocí a Aníbal Quijano en 1964, cuando fue mi profesor en el Departamento de Sociología de la Universidad de San Marcos. Posteriormente, he seguido y participado en alguno de sus diversos proyectos intelectuales y políticos. En Chile, en el Seminario sobre la marginalidad; y en los años setenta, en la revista Sociedad y Política, y más recien­temente en la Cátedra América Latina y la Colonialidad del Poder. En la medida en que he tenido la inmensa alegría de compartir con el maestro, el colega y el amigo sus reflexio­nes y los proyectos que ha realizado en más de medio siglo, quisiera abrir algunas cuestiones que me parecen importantes para comprender su fundamental obra.

La primera cuestión se refiere a cómo se puede leer pro­ductivamente los textos de Aníbal Quijano. Creo que exis­ten dos maneras de leerlo. De un lado, y quizás constituye la lectura más generalizada, nos encontramos con una lec­tura escolástica, académica; leerlo para hablar de lo que se ha leído y citar sus ideas y sus argumentos. Es una lectura importante pero no es la más fructífera intelectualmente. En cambio, una lectura más provechosa será aquella en donde se lee –como señala Pierre Bourdieu a propósito de Michel Foucault– “no para obtener conocimientos, sino para sacar de allí reglas para construir su propio objeto” (Bourdieu, 1998). Esta es una lectura que nos permite apro­piarnos de la manera –el modus operandi diría P. Bour­dieu- como Aníbal Quijano plantea y resuelve las cuestio­nes sobre las diversas problemáticas que analiza. Es una lectura que nos podría ayudar a hacer avanzar nuestros propios estudios e investigaciones.

Se puede resumir la perspectiva de análisis de Aníbal Qui­jano en tres cuestionamientos a la versión eurocéntrica de las ciencias sociales y en la afirmación de puntos de parti­da alternativos.

En primer lugar, el cuestionamiento a la epistemología de la simplificación, tal como fue inicialmente planteada por René Descartes. La segunda regla del Discurso del método señala: “dividir cada una de las dificultades, que examina­re, en cuantas partes fuere posible y en cuantas requiriese su mejor solución”. El principio alternativo que organiza los análisis de Quijano es el de la complejidad; examina la realidad social como un denso tejido de relaciones sociales articuladas por el poder en una totalidad histórica atrave­sada por la heterogeneidad estructural, pero sin dejar de señalar la especificidad de cada ámbito de la vida social; esto es, sin reificar la totalidad ni sus elementos compo­nentes. Un buen ejemplo del análisis en donde existe una interacción e interdefinición de los elementos componen­tes de la totalidad social es el texto “Colonialidad del poder y clasificación social” donde examina las implicaciones de la colonialidad del poder en los diferentes ámbitos del patrón de poder colonial/moderno: la clasificación social, la articulación política, la distribución del trabajo, las rela­ciones de género y las relaciones intersubjetivas.

El segundo cuestionamiento al eurocentrismo es al rígido dualismo sujeto–objeto. Esta escisión ha sido fundamental para las perspectivas epistemológicas idealistas –que po­nen entre paréntesis al objeto– como para las perspectivas empiristas –que ponen entre paréntesis al sujeto–. El prin­cipio alternativo de Quijano es el de la intersubjetividad del conocimiento; esto es, la tesis de que el conocimiento es un producto social. “El conocimiento de la sociedad es un momento de la acción social”, señala Quijano y agrega que “el conocimiento es un elemento de la estructura de las relaciones intersubjetivas de la realidad y se valida en ella. El conocimiento es un modo de relación entre indi­viduo y realidad sólo en tanto y en cuanto el individuo es sede y agente de una estructura de relaciones materiales e intersubjetivas” (Quijano, 1990, p. 17).

El tercer cuestionamiento al eurocentrismo es a la preten­dida neutralidad valorativa en el análisis de la vida social. Este supuesto plantea que el científico social sólo puede abordar –como en el caso del positivismo– el examen de lo que es, de la realidad tal como existe, buscando sólo la detallada comprobación de los vínculos causales regulares y abandonando toda preocupación por el deber ser. El prin­cipio alternativo de Quijano consiste en afirmar el carác­ter crítico y comprometido del conocimiento social donde no sólo se trata de examinar las formas de organización y las tendencias de cambio de la sociedad sino la búsqueda de lo debe ser el orden social que queremos construir. En consecuencia, el examen de cómo se organiza la sociedad y su transformación está comprometido con una profun­da exigencia ético-política: busca contribuir a la tarea de alcanzar la radical democratización de la sociedad. La perspectiva de conocimiento y la perspectiva de transfor­mación no están yuxtapuestas en sus reflexiones, sino que forman parte del mismo proceso del pensamiento crítico. En el comentario que hizo a la ponencia Por la praxis de Orlando Fals Borda, en 1978, delimitaba con bastante pre­cisión esta orientación cognoscitiva:

«El conocimiento de la realidad social sólo es acce­sible, plenamente, desde el interior de una práctica social transformadora. Lo cual, ciertamente, im­plica una opción epistemológica y, al mismo tiem­po, ética. Quien quiera adquirir un conocimiento pleno de la realidad social, tiene que dedicarse a la práctica social transformadora. O renunciar a esa ambición de conocimiento.» (Quijano, 1978)

Partiendo de esta perspectiva de análisis alternativo al de las ciencias sociales eurocéntricas, es necesario tener en cuenta al ensayo como forma privilegiada con la que Quijano presenta sus reflexiones e investigaciones. Frente a la fetichización positivista del artículo científico y a la desvalorización del trabajo científico del posmodernismo, el ensayo científico social le sirve a Aníbal Quijano como el procedimiento más adecuado para abrir cuestiones y explorar horizontes alternativos. Creo que son cuatro las razones de esta orientación.

En primer lugar, porque el ensayo le permite desarrollar un pensamiento que es a la vez intelectualmente riguroso, moralmente bueno y estéticamente armonioso.

En segundo lugar, porque el ensayo le consiente una gran libertad intelectual para dejar de lado las artificiales fron­teras que disciplinan a las ciencias sociales y sacar a la luz la complejidad de la existencia social desechando toda for­ma de reduccionismo.

En tercer lugar, porque el ensayo le proporciona la posi­bilidad de vincular la reflexión teórica con los datos e in­formaciones de tal modo que lo fáctico no puede pensarse sin conceptos, así como no se puede pensar el más puro concepto sin referencia a la facticidad.

En cuarto lugar, porque el ensayo le posibilita desarrollar un análisis riguroso de las diversas cuestiones sociales sin estar sujeto al cientificismo sistemático del saber absoluto. Deja de lado la intransigencia de un fetichizado método científico para adoptar la rigurosa y densa trama de ideas que se entretejen entre sí.

Creo que la siguiente afirmación de Max Bense, da cuenta, de manera precisa, del estilo de Quijano. “Escribe ensayís­ticamente quien redacta experimentando, quien vuelve y revuelve, interroga, palpa, examina, penetra en su objeto, quien lo aborda desde diferentes lados, y reúne en su mira­da espiritual lo que ve y traduce en palabras lo que el obje­to permite ver bajo las condiciones creadas en la escritura” (citado por Theodor Adorno 2003, p. 27).

La conclusión de Theodor Adorno en El ensayo como forma es la siguiente: “la ley formal del ensayo es la herejía”. Y la mayor herejía de Aníbal Quijano es haber desvelado los mecanismos del poder que han estructurado a nuestras sociedades, cuyo eje ha sido la dependencia histórico-es­tructural y la colonialidad del poder. El poder es el gran desconocido de las ciencias sociales. Cuestiones como ¿quién ejerce el poder? o ¿dónde y cómo lo ejercen? no son temas de investigación. Porque –como señala Franco Ferrarotti– “uno de los poderes más insidiosos del poder consiste en el poder esconderse, actuar indirectamente, sin exponerse. Deus absconditus. El poder es móvil, huye, se esconde” (Ferrarotti, 1973, p. 198). Y el gran mérito de Quijano ha sido mostrar al poder como la forma más per­versa de control de la existencia social en la medida que la dominación/explotación atraviesa todas las relaciones sociales y las estructura en patrones de poder. Así el poder de la razón instrumental y la colonialidad del poder han modelado al patrón de poder colonial/moderno.

Finalmente, quisiera referirme a la perspectiva que ilumi­na los análisis de Aníbal Quijano: la incesante búsqueda de las tendencias que en la propia realidad histórico-social permitan modelar un orden social alternativo al actual pa­trón de poder colonial/moderno que surgió hace más de quinientos años y que ha llegado a un punto de bifurca­ción y, por lo tanto, actualmente se encuentra en una crisis final, incapaz de seguir reproduciéndose. Esta búsqueda no se la ha planteado como la construcción de una utopía sino como una utopística, en el sentido que I. Wallerstein le ha dado a este término: la indagación racional de las opciones históricas del futuro. Para Quijano esta explo­ración se plasmó en la tesis de la socialización del poder, propuesta que se encontraba en germen en el proceso que siguió la Comunidad Autogestionaria de Villa El Salvador, sobre todo en el periodo 1979-1983; en los últimos años ha desarrollado la noción de descolonialidad del poder como el proceso que se encuentra implicado en el “bien vivir”, proyecto planteado por los pueblos originarios de Améri­ca y que traduce otra forma de convivencia social basada en la armonía entre los seres humanos y entre los seres humanos y la naturaleza y que tiene como fundamento la racionalidad de la solidaridad.

En conclusión, en la obra de Aníbal Quijano encontramos la fundación de un proyecto que tiene aspectos promete­dores para el análisis y la transformación del actual orden social y que puede ser prolongado fecundamente en dife­rentes direcciones.

Referencias

Adorno, Th. W. (2003), “El ensayo como forma”, en: No­tas sobre literatura, Madrid, Akal.

Bourdieu, P. (1998), “¿Qué es hacer hablar a una autor? A propósito de Michel Foucault”, en: Capital cultu­ral, escuela y espacio social, México; Siglo XXI.

Ferrarotti, F. (1973), Una sociología alternativa, Barcelo­na, A. Redondo editores.

Quijano, A. (1978), “Comentario a la ponencia de Or­lando Fals Borda”, en: Simposio Mundial de Cartage­na. Crítica y política en Ciencias Sociales.

Quijano, A. (1990), “Notas sobre los problemas de la in­vestigación social en América Latina”, en: Revista de Sociología, UNMSM, N° 7.


[1] Sociólogo y por muchos años docente de la UNMSM.