Seguimos en piloto automático

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Gustavo Ávila[1]

A la fecha, vamos veinticuatro (24) meses de gobierno de Peruanos por el Kambio. De estos, veinte (20) fueron lide­rados por Pedro Pablo Kuczynski (PPK), y cuatro (4) por Martín Vizcarra (MV); y podemos afirmar que es muy poco lo rescatable en materia económica, por no decir nada. No se identifica reforma alguna, a pesar de algunos anuncios muy tibios que hizo MV al iniciar su gestión.

Se habló inicialmente de una reactivación de la economía, enfocándose en el cierre de brechas de infraestructura, de aumentar los ingresos del Estado para atender las deman­das sociales (Educación, Salud y Seguridad) y de mejorar las condiciones de las familias a través de un empleo for­mal, mejoras en el sueldo y con un seguro de desempleo.

Es cierto que a ambos, PPK y MV, se les presentaron al­gunos imprevistos. Sin embargo en economía no existen imprevistos: estos siempre se contemplan (o deberían). En­tre los principales podemos mencionar que PPK no contó: (i) con que la herencia de que le dejaba Humala era poco auspiciosa, pues recordemos que su gestión fue conocida por estar en permanente “piloto automático”; (ii) con que estallara el escándalo Lava Jato, que impactó en la parali­zación de importantes obras a cargo de constructoras bra­sileñas, y (iii) con el impacto del Niño Costero.

A la mitad de la gestión de Humala se acabó el ciclo de los precios altos de los minerales, y este básicamente no se atrevió a realizar reforma económica alguna. Se dedicó bá­sicamente a gestionar y distribuir la importante renta acu­mulada durante los años de bonanza. La economía sintió el golpe de no verse incentivada y empezó a enfriarse. Así, para no pelear con sector alguno, Humala optó por el “pi­loto automático” y por ende, la herencia que recibió PPK fue una economía estancada en sus sectores primarios[2].

Así, es cierto que PPK tenía la valla alta, pero tampoco es que tuvo muñeca para salir de dicha dinámica estancada de la economía. El MEF, encabezado por Thorne, se enfocó en impulsar la inversión pública, como motor de la eco­nomía para los años 2016–2018, pero cayeron en cuenta prontamente que la caja fiscal se “achicaba”. El Ministro Segura, en el 2014, redujo la tasa de impuestos a las empre­sas, lo cual achicó aún más el fisco, que ya venía golpeado con el fin del boom de precios de los minerales. En ese con­texto se “apostó” por impulsar la participación del sector privado, y además se le puso un límite a seguir ahorrando, para poder destinar los recursos excedentes a un fondo que tenía como objetivo impulsar las APPs. La inversión pública empezó a crecer pero los ingresos no; por eso en parte, la economía cerró con un déficit de 3% en el 2016, y debido a eso se tuvo que acortar el gasto en el último trimestre del año 2016.

PPK no apostó por una reforma tributaria para incremen­tar los ingresos, lo que resulta como un grave error para un país que quiere impulsar su economía vía inversión pú­blica. No se quiso aumentar la deuda para dar la impresión a la banca internacional de que nuestros “argumentos eco­nómicos” son sólidos. Ya Waldo Mendoza, Presidente del Consejo Fiscal, ha dicho que nuestro país ha crecido en los últimos 15 años principalmente por la buena fortuna, más que por factores internos. En esta ocasión, PPK pensó que el sector privado nos iba a salvar y por eso eran necesarias reformas para agilizar los proyectos. La tramitología no lo es todo.

Los escándalos de Lava Jato y fenómenos como el Niño Costero golpearon a la economía y desnudaron las defi­ciencias que tenemos como Estado. No solo la corrupción está enquistada en todos los niveles, sino que además el Estado es muy lento para responder a las necesidades de los ciudadanos. En el 2016 se creció en 3.9%, y 2.5% en el 2017, lejos de lo que debemos crecer como país para cubrir las demandas de la población. En el 2017 se crearon 314 mil empleos, todos informales, lo cual señala que el beneficio no está llegando como se debiera. Además, si bien la po­breza afecta en promedio a un 20% de la población, existe un 33% (estimado por el PNUD) en situación de vulnera­bilidad (es decir, que podría regresar a ser pobre si es que las condiciones económicas cambian). Así, tenemos que 1 de cada 2 peruanos o están en la pobreza o en situación de vulnerabilidad, con alta informalidad laboral y con expec­tativas de vida no muy claras en el mediano plazo.

PPK pensó que destrabando y reduciendo los trámites, el sector privado iba a invertir, y que con la inversión públi­ca la economía empezaría a levantar. Sin embargo, eso no resultó pues además de receta errónea, tampoco tuvo la eficacia requerida ni trasmitió “confianza” a la economía. Entre los errores se distingue: (i) el recorte al presupuesto en el 2016, (ii) atrasos en la ejecución de la Reconstrucción Con Cambios, (iii) su falta de reflejo político para impulsar reformas de corto plazo, en especial a las tributarias, en donde destaca su mala relación con el Congreso.

PPK se fue después de 20 meses de haber asumido con la triste nota de DESAPROBADO, y sin haber intentado refor­ma alguna, quizás esperanzado que el contexto interna­cional favorable era suficiente para crecer. Sin embargo, es claro que nuestra economía requiere impulsos y deci­siones más pensadas en variables internas, que a su vez nos haga menos dependiente de las materias primas.

En marzo, Martin Vizcarra asumió el gobierno en un con­texto donde la economía empezaba a crecer. GRACIAS OTRA VEZ A LOS PRECIOS DE LOS MINERALES. Así, con un crecimiento lento, con demandas sociales que pueden crecer en el mediano plazo (quizás en el corto), y con una caja fiscal reducida, ha preferido no mover nada. La mi­nistra saliente de Economía, Claudia Cooper, al dejar la cartera lo hizo con una frase que será recordada los próxi­mos meses: “los ahorros del boom de precios se terminaron”. Impulsar la economía con la billetera vacía va a ser un ca­mino complejo.

En mayo, Martin Vizcarra solicitó facultades legislativas en 6 materias: dos de las cuales fueron Economía y Tribu­tación. En economía ha preferido impulsar una reforma para agilizar la gestión pública, y en parte para promover la participación privada en la gestión pública, vía las APPs. En el caso de la tributación, ha cedido espacio en un tema principal: las exoneraciones a las empresas más grandes, lo que decanta en una clara señal que no planea pelearse con las mismas.

En estos meses que vienen lo primero que debe hacer Viz­carra es transmitir estabilidad y predictibilidad, dado que los agentes económicos no invierten si es que no saben qué va a pasar en el mediano plazo. La incertidumbre que generó PPK en los últimos meses hizo que los mismos de­cidieran no arriesgarse.

En este momento se requiere impulsar la inversión públi­ca, especialmente la descentralizada, para que sea el mo­tor de nuestra economía mientras se recuperan otros sec­tores. Si bien los ingresos no son favorables, esto se podría financiar de manera temporal con endeudamiento o con algunos ahorros públicos que todavía existen.

Por otro lado, se deben impulsar un par de reformas cla­ves en el corto/mediano plazo: i) revisar las exoneraciones, beneficios y/o devoluciones tributarias, esas que perforan nuestra caja fiscal, y en el largo plazo impulsar las normas anti-elusivas; y ii) agilizar la Reconstrucción, que es una tarea que debe ser prioritaria, no solo porque la población afectada está a la expectativa, sino además porque dicho gasto es una oportunidad para dinamizar la economía lo­cal.

Le urge al país una reforma tributaria, que plantee la revi­sión de todas las exoneraciones y que evalué las que deben continuar y las que no. El Estado peruano requiere recur­sos para atender las demandas sociales. Existen sectores económicos que ya no deberían contar con dicho impulso, toda vez que los mismos son temporales y orientados a ser un impulso inicial. Ejemplo de esto son las exoneraciones a los juegos de azar, al sector agroexportador, al sector fi­nanciero, a los seguros, a las universidades privadas, entre otras.

La inversión pública debe ser no solo impulsada, sino prin­cipalmente descentralizada. Está demostrado que la inver­sión nacional es la que ejecuta más rápido los recursos presupuestales. Esto a pesar de que el MEF “plantea el jue­go” de transferir los recursos a lo largo del año. Debemos impulsar la estrategia de transferir los recursos desde el inicio de año.

La reforma laboral es una tarea pendiente que debe plan­tearse como meta en el corto/mediano plazo. No se puede aceptar la liberalización del mercado laboral, sino de fór­mulas que no pasen por afectar al trabajador. Estamos a favor de un trabajo digno y con derechos laborales plenos y justos.

Debemos impulsar un proceso de diversificación producti­va que desarrolle otros sectores. Debemos dejar de ser una economía primaria exportadora para buscar generar di­námica en sectores como agricultura, pesca, turismo, ser­vicios, entre otros. Es claro que este tema es de largo plazo, pero se debe incentivar, y no esperar que nos sorprenda un nuevo boom de minerales que nos haga otra vez impul­sar sectores primarios nacionales.

En suma, se vienen momentos económicos difíciles, que requieren impulsar algunas reformas, de aquí al 2021 y más adelante. Se abre además espacio para discutir temas relacionados a impulsar con mayor fuerza el rol del Estado en materia económica.


[1] Economista especialista en vigilancia ciudadana e industrias extractivas.

[2] El sector primario de la economía es aquel que comprende las actividades productivas de la extracción y obtención de materias primas, como la agricultura, la ganadería, la apicultura, la acuicultura, la pesca, la minería, la silvicultura y la explotación forestal.