Recordando a Consuelo García Santa Cruz

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Denisse Chávez Cuentas[1]

El movimiento social en los años 80 atravesaba su mejor momento: la vertiente de la lucha sindical encarnada en la Federación Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Siderúrgicos del Perú -considerada la columna vertebral del movimiento sindical- estaba por alcanzar una de las mayores conquistas sindicales: el pliego único, golpe certero para las empresas mineras. En ese logro había sido relevante el rol de Saúl Cantoral Huamaní y de Consuelo García Santa Cruz, dirigentes emblemáticos que entonces eran una piedra en el zapato para los intereses empresariales.

Consuelo García Santa Cruz, mujer feminista y luchadora política social, tenía 33 años cuando el 13 de febrero de 1989 fue asesinada por el Comando Rodrigo Franco, grupo paramilitar que operó en el primer Gobierno del Partido Aprista. El crimen no fue casual, ella era pieza clave en la lucha de la Federación Minera, eliminar su presencia implicaba desestabilizar el movimiento de mujeres que era parte de la Federación. A casi tres décadas de su asesinato, impune, hacemos memoria de su huella, vigente hasta hoy.

Concho, como se la llamaba, participó en la organización y articulación de los Comités de Amas de Casa de los campamentos mineros del país, que llegaron a sumar ciento ocho. Ella, como fundadora y parte integrante de la institución Filomena Tomaira Pacsi, realizaba acciones de acompañamiento, asesoramiento y capacitación para constituir estos Comités. En la época de las luchas mineras (huelgas, marchas de sacrificio, discusión de pliegos) cumplía un rol muy importante al vincular la agenda de las mujeres a las específicamente sindicales. Muchas de las conquistas arrancadas a la patronal fueron parte de esa agenda, que respondía justamente a lo que hoy denominamos la economía del cuidado. Consuelo fue una defensora de los derechos de las mujeres y consideraba que cuanto más informadas estuvieran sobre ellos, podrían enarbolarlos, exigirlos y ser reconocidas como sujetas de derechos. Y efectivamente, fueron ellas quienes demandaron que la ropa de los obreros no sea lavada en casa, sino por la empresa; luz eléctrica y agua potable para los hogares, medicinas y atención médica. El Comité de Amas de Casa logró la atención a estas y otras demandas.

Exigir el reconocimiento político social de Consuelo García significa levantar las banderas del feminismo, porque incorporó, en una de las organizaciones compuesta solo por trabajadores varones, la lucha por los derechos de las mujeres. Reconocer su papel en este espacio sindical nos recuerda, después de 28 años, que sigue pendiente lograr la valoración de las actividades domésticas por las que luchó Consuelo, así como volver a mirar el proceso que ella impulsó para posicionar la igualdad como un derecho sindical.

La economía del cuidado es hoy una de nuestras luchas y exigimos al Estado el reconocimiento de las tareas domésticas realizadas por las mujeres, calculando inclusive el aporte monetario en las cuentas nacionales de este trabajo no remunerado. Para las feministas, Concho fue pionera en abrir espacio al debate de la economía del cuidado y en promover la organización de las mujeres, para hacer de esta una agenda política que, a casi tres décadas de instaurada, mantiene su vigencia.

Además nos toca hacer memoria y no olvidar que seguimos exigiendo verdad y justicia por su asesinato. En julio del 2013, el Estado peruano ofreció disculpas públicas a sus respectivas familias por la ejecución extrajudicial de Consuelo García y de Saúl Cantoral. Sin embargo, ese acto se vacía de significado ante la impunidad que persiste. Siguen libres los integrantes del grupo paramilitar autodenominado Comando Rodrigo Franco, pese a que la Corte Interamericana de Derechos Humanos exigió al Estado peruano enjuiciar y condenar a los responsables del crimen. El primer intento de llevar a juicio a los acusados fracasó en julio del 2015, iniciándose un segundo juicio en diciembre del 2015, proceso que continúa abierto. Han transcurrido 28 años y nada ha cambiado. Es más, murió el dirigente aprista Agustín Mantilla, principal sindicado de promover y dirigir el Comando Rodrigo Franco, sin haber rendido cuentas a la justicia.

Recuperar la memoria no se reduce a solo exigir justicia, también nos refiere a hablar de la historia del movimiento social, lo que significó la lucha en las distintas organizaciones del movimiento popular. Y es una tarea urgente teniendo en cuenta que en nuestro país hubo un gran movimiento sindical en un contexto de mucha actividad industrial y de un movimiento social consolidado. En esos procesos las mujeres tuvimos un rol preponderante, ganando además las calles como parte de nuestras luchas. Y si hoy vemos avances en materia de políticas públicas, es porque mujeres como Consuelo García estuvieron en las calles batallando por lograr cambios en la vida de las peruanas.

Como vemos, la lucha por la igualdad tiene más de 30 años en el Perú, no empezó ayer. Sin embargo, el orden patriarcal sigue fuertemente protegido por el sistema capitalista, y ambos de la mano, pretenden aplastar toda iniciativa transformadora como las que protagonizamos las mujeres. Pero estamos aquí resistiendo y activando, sumando y articulando, y esta vez exigiendo justicia después de 28 años por nuestra compañera feminista Consuelo García, presente hoy y siempre.


[1] Activista feminista