Por un populismo de izquierda – Chantal Mouffe

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Gabriel Valenzuela1Magister en Ciencias Sociales esp. Globalización y Desarrollo Económico en SOAS, Universidad

En un mundo cada vez más vulnerable a las crisis de la hegemonía neoliberal, es necesario entender sus traducciones políticas y la articulación de un sinfín de identidades políticas nuevas que se alzan para contrarrestarlo. Tejién­dose en este momento coyuntural global, “la cosa misma” que no es nada más que la política, se sitúa el libro de Chan­tal Mouffe “por un populismo de izquierda” que apuesta por una estrategia política discursiva que logre irradiar un nuevo horizonte democrático radical en favor de la igual­dad y la justicia social, generando un agonismo político contra el establishment oligarquizado y la actual tenden­cia de derechización en los países occidentales.

A lo largo de esta “intervención política” se entrevé el pensamiento crítico de Mouffe de manera clara y partisana. Entre las tantas reflexiones que expone la autora, se vier­te sobre todo la crítica inmanente a la estructuración y la crisis del orden neoliberal, conceptualizado por la autora como la post-democracia. A diferencia de otros teóricos como Rancière o Crouch, Mouffe define la post-democra­cia como la eliminación de “la tensión agonista entre los principios liberales y los democráticos – que es constituti­va de la democracia liberal…” (p. 30), lo cual comporta un robustecimiento del liberalismo económico y una grave limitación de la democracia relegando el liberalismo polí­tico a un segundo plano. Ésta se compone de dos dimensio­nes que ha logrado ocluir la soberanía popular. Respecto con su dimensión política, la post-democracia logró desdi­bujar “la frontera política entre la derecha y la izquierda” (p.31) vaciando las instituciones políticas y por lo cual “las elecciones ya no ofrecen la posibilidad de decidir entre alternativas reales a través de los ‘partidos de gobierno’ tradicionales” (ibid.). A este elemento Mouffe lo denomi­na la post-política que como consecuencia ha eliminado cualquier indicio de contestación política real: “así la polí­tica ha pasado a ser una mera cuestión de administración del orden establecido, un dominio reservado a expertos, y la soberanía popular ha sido declarada obsoleta” (p.32). En su dimensión económica, la postdemocracia acentúo la “oligarquización de las sociedades occidentales” (ibid.) mediante el proceso de acumulación por desposesión por el cual se deterioró las condiciones laborales de las clases trabajadoras y se gestionó la precarización y pauperiza­ción de las clases medias.

Es en este contexto, que debemos de entender las resistencias a las transformaciones económicas y políticas deveni­das por el neoliberalismo y su condición post-democrática como un “momento populista”. Planteado de esta manera, el gran desafío de la izquierda, argumenta Mouffe, es la de articular demandas sociales heterogéneas insatisfechas construyendo una frontera que divida el campo social en un pueblo contra un adversario común: la oligarquía. La pregunta entonces para la izquierda consiste no tanto en qué decir, sino en cómo seducir a las identidades disloca­das por el neoliberalismo (identidades diversas en perma­nente construcción y en disputa política), que toma como arma política de politización la dimensión afectiva (más allá de la racionalidad argumentativa, empírica o utilizan­do categorías demasiado abstractas como el “capitalismo” o la “clase obrera”), para construir una identificación dis­cursiva del nosotros, un pueblo, contra un ellos (la nega­tividad radical), el establishment. En suma, la tarea prin­cipal es la de politizar y organizar las pasiones en torno a una identificación del nosotros plebeyo para quitarle los privilegios a la elite rentista.

El fin de la estrategia populista no el de tomar el poder sino de transformar las instituciones y las relaciones so­ciales de dominación en múltiples espacios públicos ago­nistas mediante una hegemonía expansiva con vistas a radicalizar los principios normativos de la democracia – la igualdad y la libertad- para transitar a un nuevo orden hegemónico. El horizonte de la democracia radical propo­ne que el Estado no sea una cosa pasiva, sino que sea un campo de lucha para facilitar un equilibrio de fuerzas más representativo para los sectores progresistas, en la medida en que los movimientos sociales puedan “involucrarse con los diversos aparatos del Estado para transformarlo, para hacer del Estado un medio de expresión de las multiples demandas democráticas” (p.69), además tomarse en serio la construcción de espacios comunitarios dentro de la so­ciedad civil.

Si bien el texto es coyuntural, Mouffe deja sin responder algunas críticas contemporáneas. Mencionaré solo dos. En lo teórico, no reflexiona sobre la aparente contradicción entre republicanismo y populismo, y la posible solución teórica de la institucionalidad popular. Y en lo práctico, no discute la especificidad, las condiciones particulares y las críticas de experiencias populistas como Syriza en Grecia, Podemos en España y el de los Kirchner en Argentina. A pesar de estas críticas, Mouffe plantea una lectura impres­cindible para reflexionar sobre el “momento populista” coyuntural y el camino a seguir de una izquierda compro­metida con expandir los límites de lo posible.


[1] Magister en Ciencias Sociales esp. Globalización y Desarrollo Económico en SOAS, Universidad