Ni una menos: feminismo popular en Argentina

Descargar aquí

Entrevista a Marta Dillon[1]

Ojo Zurdo: ¿Cómo explicamos este momento de movilización tan potente que vive el feminismo en Argentina y en general este renovado ascenso de la lucha de las mujeres?

Martha Dillon: Hay que empezar señalando que, desde hace 36 años, Argentina tiene una dinámica de Encuen­tros Nacionales de mujeres que se replica cada año en diferentes ciudades. Es una experiencia muy particular porque miles de mujeres de todo el país nos movemos al lugar de Encuentro, y esto nos ha dado una experiencia de poner en común todos los temas que hacen a la vida de las mujeres, de las lesbianas, travestis y trans. Estos Encuen­tros siempre ha tenido entre sus demandas el derecho al aborto y el fin de la violencia, pero también se plantean la vida de las mujeres de forma integral. Los Encuentros son un hecho fundamental porque literalmente miles de mu­jeres, sindicalistas, mujeres de agrupaciones feministas, estudiantes y de distintos espacios participan cada año, antes de que surgiera “Ni una menos” era veinte o treinta mil, después de la primera salida a la calle con esa consig­na, ese número se duplicó y hasta triplicó.

OZ: ¿Quiénes convocan y cómo se realizan estos Encuentros?

MD: Son encuentros autoconvocados, cuando termina un Encuentro se decide la ciudad del siguiente y la próxima comisión organizadora. En los encuentros se trabajan ta­lleres de los temas más diversos, desde sindicalismo, par­tidos políticos, parto humanizado, talleres de lesbianismo, pueblos originarios, mujeres y pobreza, deporte, hay como sesenta talleres cada año. Aquí radica un acumulado muy importante, es una experiencia transformadora que apor­ta a los procesos organizativos de las mujeres dentro de las organizaciones populares, sindicales o en las organi­zaciones políticas. La organización avanzó y post crisis a partir del año 2003 participaron de manera masiva mu­jeres de sectores populares, lo que cambió mucho la com­posición de los Encuentros de mujeres, pues para muchas era el único momento en el año en que están sólo entre mujeres. Esta dinámica la asume en cierta forma el movimiento Ni una menos cuando salimos por primera vez a las calles en junio del 2015, en principio para demandar contra los feminicidios. La consigna Ni una menos es una consigna que tiene la facilidad de ser lo suficientemente amplia como para convocar a todo el mundo y lo sufi­cientemente clara como para demandar algo de lo que es difícil estar en contra, y eso permitió una salida masiva. En esa primera salida hubo unas trescientas mil personas nada más en Buenos Aires y quedó demostrado que aun cuando demandábamos en contra de la violencia machis­ta no éramos sólo víctimas, era una salida a la calle rebelde y reivindicando el derecho de ocupar el espacio público, reivindicando el deseo…

OZ: Cuéntanos un poco más de Ni Una Menos, que destacas de lo que se logró y de lo que viene

MD: El movimiento logró que las voces de las mujeres fueran escuchadas, para que esa violencia tan naturali­zada fuera cuestionada, quizás en ese mismo momento se empezó a modificar el umbral de la violencia machista. Después de esa salida masiva a la calle, el proceso siguió profundizándose mediante asambleas donde empezamos a complejizar la violencia machista para sacarla de las relaciones interpersonales y pensarla en su complejidad política y cultural, no demandamos planes asistenciales, tenemos una demanda más radical en el sentido de plan­tearnos como un movimiento anti capitalista, un movi­miento opositor a la derecha que está en el poder. En la segunda marcha Ni una menos ya teníamos a Macri en la presidencia y se modificaron muchas cosas, muchos logros del gobierno Kirschnerista…eso nos permitió narrarnos en otro sentido, no sólo demandando por una cuestión social, si no por las violencias económicas, diferencias salariales, etc. Este animo de participación que abre Ni Una Menos se profundizó en el Encuentro de Mujeres del 2016 en Rosa­rio donde asistimos cien mil mujeres de todo el país. Otro hecho fundamental, que se produce el 19 de octubre del 2016, luego de ese Encuentro de Mujeres de Rosario, fue el primer Paro nacional de mujeres el 19 de octubre, en respuesta a un feminicidio muy cruento. Ese año hay un salto en el sentido de presentarnos como productoras de valor en todo sentido y poner las tareas de cuidado y de repro­ducción de la vida en el centro de la cuestión, reclamando la categoría de trabajadoras para todas, no sólo para las que tienen un trabajo formal; planteamos una alianza en­tre mujeres del trabajo formal, el informal o la economía popular y el trabajo en casa. Con el paro dijimos nosotras producimos valor y también lo podemos restar y eso pasa cuando las mujeres paramos. Ese 19 de octubre fue muy impresionante, y concretó una alianza transversal entre las mujeres de los partidos feministas y las mujeres sindi­calistas, que en un principio se sintieron un poco expro­piadas de la herramienta del paro, pero después la usaron para presionar dentro de sus propios sindicatos. Fue muy sintomático además porque mientras las centrales sindi­cales estaban negociando con el gobierno nosotras para­mos…ahí surgió una frase popular “Mientras la CGT toma el té, las mujeres salimos a la calle”. Siempre reivindica­mos que el primer paro a Macri se lo hicimos las mujeres.

OZ: Algunas voces críticas señalan cierta distancia entre los feminismos que demandan derechos relacionados al cuerpo, las libertades sexuales y las mujeres de sectores populares preo­cupadas más bien en la reproducción de la vida. Ni una menos en Argentina trasciende eso y consigue una articulación de di­versas voces muy potente, ¿cómo lograron eso?

MD: Nosotras siempre reclamamos que el feminismo no tiene unas demandas particulares “de género” que se resuelven en gobiernos conservadores o que se resuelven con políticas asistenciales. Apostamos por producir otro tipo de discurso, pero también por producir alianzas con los partidos políticos y sindicatos y ese es un elemento clave que no se da en otros países de la misma manera, porque siempre hay resistencias desde los feminismos a pensar cómo aliadas a las mujeres que están dentro de las organizaciones políticas o sindicales. Para nosotras era central hacer estas alianzas porque ponían en juego la transversalidad; una transversalidad que incluye a todo el arco político salvo la derecha y quienes están a favor de la opresión. Nosotras pensamos el reconocimiento de la cuestión del género como una opresión, y que reconocien­do esa primera opresión que todas sufrimos de una u otra manera, somos capaces de reconocernos y aliarnos con quienes sufren todo tipo de opresiones. En ese sentido asu­mimos como herramienta la Asamblea como espacio en el que convergemos mujeres de todo tipo, migrantes, afro, indígenas, de partidos políticos, estudiantes; las asambleas las situamos para poder narrar los conflictos en clave fe­minista. También hemos hecho asambleas en el sur, en el territorio mapuche para entrar en diálogo y situar el femi­nismo en el conflicto por la tierra, o incluso la existencia de presos políticos en nuestro país. Nosotros entendemos que el feminismo tiene la capacidad de narrar y entramar todos los conflictos sociales, si hablamos de pobreza sa­bemos que la pobreza cada vez más tiene cara de mujer, además no es lo mismo ser mujer de clase media que ser mujer inmigrante. Eso es lo que intentamos amplificar moviendo la asamblea del lugar usual.

OZ: Claro, hay un trabajo avanza politizando la diversidad de espacios y vivencias, ganando terreno a otras dinámicas, tipo las que impulsan las ONGs o la cooperación internacional…

MD: Pueden venir algunas compañeras de ONG, incluso muchas mujeres trabajan o reciben asistencia de esos si­tios, es legítimo, ello no implica que se asuma o imponga una agenda. Lo que tenemos claro es que nuestro desafío principal es la construcción de un feminismo popular que pueda en principio cuestionarlo todo, desde cuáles son tus ingresos hasta las cuestiones relacionadas al cuerpo y el deseo. Hablamos de un feminismo popular que además entienda el feminismo como un acumulado de saberes teóricos y como una experiencia de la rebeldía, y eso nos permite construir una genealogía propia que no está an­clada al feminismo colonialista, sino que tiene que ver con la resistencia cotidiana, con las madres y abuelas de la Pla­za de Mayo, con las guerrilleras de los años 70, con los mo­dos comunitarios de hacer familia en algunos territorios. Cada vez que una mujer dice no, sea a la violencia machis­ta, al racismo o la explotación ahí es donde encontramos a una feminista más allá de los saberes teóricos o lecturas, creo que se está consolidando una forma de entender el mundo en clave feminista, de entender de qué se trata la opresión de género que ha sido más por fuera de la aca­demia y transversalmente entre mujeres de clase media, clases populares, es bien diversa la composición.

OZ: En este esfuerzo, ¿Cuál ha sido la relación con las orga­nizaciones políticas partidaria… ha habido tensiones? ¿Cómo se logra esa convivencia entre la estructura partidaria y esta expresión mucho más societal que presenta el movimiento de mujeres?

MD: Es una convivencia tensa. Hay tensiones porque hay múltiples deseos de apropiación del movimiento, por ejemplo, buscando candidatas feministas para las eleccio­nes o apropiándose de nuestro discurso y demandas. Pero muchas compañeras también participan en estos partidos y están ahí desobedeciendo esas estructuras patriarcales que los caracterizan. Ahí es donde se producen esas alian­zas insólitas, como la de nuestras compañeras que están dentro del sindicato docente, que están dando la pelea por paridad en la dirección. Queremos pensar el feminismo como un movimiento revolucionario que busca cambiarlo todo, desde el modo en que tienes sexo hasta la forma en que producimos vida y valor. La irrupción de Ni una me­nos -aun cuando es difícil y hay tensiones con los partidos, sindicatos o el gobierno- presenta una gran posibilidad, aparece como una consigna que desborda al feminismo y nos permite estar en un lugar de articulación entre distin­tas fuerzas, y eso legitima a las mujeres que están dentro de estructuras jerárquicas. Se produce una legitimación mutua entre el colectivo que funciona como una organiza­ción con una demanda sentida y la necesidad que tenemos nosotras de articular con quienes forman parte de parti­dos u otras estructuras.

OZ: Esto nos lleva al Estado y su disposición a resolver las de­mandas con nuevas normas o programas gubernamentales ¿Hay un riesgo de que el Estado termine institucionalizando un movimiento tan vital? Por ejemplo, en la lucha por la lega­lización del aborto, ¿cómo se evalúa lo conseguido hasta hoy?

MD: Yo no creo que se vaya a institucionalizar, lo que sí es cierto es que no podemos dejarnos enajenar otra vez pensando que la ley de aborto es el fin de las demandas feministas. Creo que el ánimo va por continuar la lucha, las movilizaciones del 13 y 14 de junio, fueron impresio­nantes incluyendo las horas de acampe en la calle, de toma de la ciudad en términos feministas. La votación a favor del aborto es una victoria que aún no conseguimos, pero hemos dado un primer paso que permite seguir organizán­donos y no se hubiera dado sin ese casi un millón de per­sonas en la calle y lo saben las chicas más jóvenes. A eso le sumamos el tema de la violencia y la restructuración de la sociedad que no se detiene, las ultimas marchas de Ni una menos, salimos a la calle diciendo “Libres y desendeudadas nos queremos”, porque esa deuda que el gobierno argentino ha contraído con el FMI nos somete a todas, nos obliga a endeudarnos para seguir sosteniendo la vida. Las mujeres no podemos decir no si estamos ahogadas por la situación económica y es evidente que no alcanza con un plan asistencial o llamar a una línea de ayuda para mujeres que sufren violencia machista. Necesitamos autonomía, y creo que la demanda por un aborto legal y gratuito, es algo que también surge de los Encuentros nacionales de muje­res. Esta es la séptima vez que se presenta este proyecto de ley, lo que cambió es la autonomía por parte de mujeres, lesbianas, trans y sobre todo de adolescentes que se sin­tieron narradas por su conflicto cotidiano en el feminis­mo y que quieren más libertad. También hay que tener en cuenta que este feminismo popular que proponemos y que se viene construyendo tiene un anclaje muy fuerte con la lucha por los derechos humanos en Argentina que generó otra consciencia de lo que se puede conseguir con la lucha popular en relación a justicia alternativa, y arrancar algo de una justicia formal que es bastante esquiva. Ahora el caso es ¿Qué sería una justicia feminista? ¿Cómo salimos del mero discurso punitivo frente a la violencia? ¿Cómo trabajamos en las escuelas? Es impresionante cómo se han movilizado las adolescentes que ya se venían movilizando en demanda de educación sexual y porque se generen dis­positivos para que puedan rechazar la violencia machista, que se da también entre ellos y ellas.

OZ: Hay un tema generacional fuerte, ha sido impactante.

MD: Es un tema generacional e intergeneracional porque se ha habilitado dentro de las casas esta discusión, porque hay muchas mujeres que de pronto, a los cincuenta años o más, se reconocen feministas en la desobediencia y sien­ten que hay un lugar al que pertenecen, una comunidad donde su experiencia de vida puede ser narrada en un sen­tido colectivo, esto es muy poderoso.

OZ: En el contexto latinoamericano ¿Cómo seguir la disputa, internacionalizarla, expandirla…

MD: Es fundamental el internacionalismo, nosotras cree­mos que no es posible pensar en el territorio argentino con las fronteras tal como están, esto es imposible, es funda­mental entender que lo que pasa en un país se extiende a otros. Lo vimos con la muerte de Marielle Franco, un asesinato que nos dolió a todas porque era una feminista lesbiana negra, porque encarnaba las luchas que nosotras venimos librando, y eso trascendió las fronteras de Brasil y quién levantó esa figura fue el feminismo, las mujeres. En ese sentido hay una manera de entramarnos que pue­de ser más lenta según las condiciones de cada país, pero que tiene que encontrarse y no abandonar banderas que levantamos históricamente, como la lucha contra la impu­nidad de los crímenes de las dictaduras en América Latina. Tenemos que empezar a pensar al feminismo como un ca­mino para avanzar en el deseo de otro mundo posible, de otras maneras de cuidarnos y entender las relaciones en­tre personas desde otros códigos y relaciones. Esto implica disputar en todo sentido, con esta fiesta que se arma cada vez que salimos a la calle, estamos disputando porque a diferencia de las iglesias y sus paraísos a futuro, nosotras construimos paraísos ahora mismo.


[1] Periodista argentina, militante feminista y vocera del Movimiento Ni Una Menos.