De la ley al movimiento: #HablaCastañeda

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Plataforma ciudadana #Habla Castañeda[1]

Lima gris

No resulta exagerada aquella afirmación que seña-la que durante sus dos primeras gestiones (2002- 2010), el alcalde de Lima, Luis Castañeda Lossio, “corría solo” en el escenario político metropolitano, para expresar que no existían fuerzas visibles y capaces de cuestionar sus políticas y formas de ejercer el gobierno.

Esta hegemonía se explicaba por la confluencia de distintos factores. En primer lugar, por la alianza entre Castañeda y los sectores económicos beneficiados por la desregularización de los servicios públicos y el abandono de la planificación como función pública en el ámbito urbano. Dicha alianza se expresó en la generación de marcos normativos dirigidos a priorizar el interés privado (como las normas que regulan los cambios de zonificación), en la absoluta ausencia de voluntad política por regular servicios claves para la ciudad (sistema de transportes, comercio mayorista de alimentos, etcétera.) y en actos de corrupción (Comunicore, caso OAS, etcétera.).

Como segundo factor encontramos las particularidades propias del sistema electoral-representativo: un Concejo Metropolitano sin representación territorial, y representantes por Lima en el Congreso que, salvo excepciones, no han impulsado una agenda metropolitana, lo que impactaba en un déficit de representación en el sistema político de las demandas vecinales o en la posibilidad de politización de las mismas.

En tercer lugar, esta hegemonía se entendía, por la falta de una agenda urbana por parte de los sectores democráticos, progresistas y de izquierdas en nuestro país, a pesar de sus experiencias en el ejercicio del Gobierno Local durante la década de los 80 a partir del proyecto de Izquierda Unida y su importante participación en la creación de los asentamientos humanos o barrios populares. En ese sentido, el silencio del alcalde ha sido, de varias maneras, proporcional al silencio de su potencial oposición.

Un cuarto factor que ayuda a entender la popularidad de Castañeda, es la empatía que despierta en sectores populares, en donde, además, ha ligado la simbología de lo público al partido amarillo y a su persona. Obras como las escaleras en los asentamientos humanos, las piscinas populares o los hospitales a bajo precio otorgaron “realidad” a la idea de que era un alcalde que gobernaba para las mayorías populares. Este contexto permitió un empate entre la demanda de infraestructura (obras) y el relato de gestor ideológicamente aséptico, donde no existe ningún interés particular ni político salvo el de “hacer obra”. Dicho relato terminó imponiéndose y caracterizando tanto la oposición a Susana Villarán como su posterior triunfo en 2014.

El último factor que sostenía la hegemonía de Castañeda fue el silencio de los medios de comunicación, quienes, salvo por el caso Comunicore, no tenían una cobertura sobre la política local. Esto último se revirtió durante la gestión de la Confluencia por Lima, quienes al llevar a cabo una agenda de reformas en el ámbito urbano politizaron temas que se mantenían en la inercia (transporte, planificación urbana, comercio mayorista de alimentos, políticas a favor de la comunidad LGTBI, entre otros), propiciando, así, el debate público.

El escenario descrito líneas arriba es el que Castañeda pensó reproducir para su tercer periodo; sin embargo, a pocos meses de iniciado este, las abusivas y arbitrarias medidas implementadas desde el Gobierno Municipal, junto con una agenda de reformas herencia de la gestión Villarán, propiciaron la creación de plataformas como Acción Ciudadana por Lima o la Unión de Estudiantes de Arquitectura de Lima- UDEAL (ahora integrantes de #HC), quienes lideraron los primeros intentos de movilización en oposición a Castañeda levantando las banderas de una urgente reforma del sistema de transporte, la importancia de la planificación urbana y el rechazo a la corrupción. No obstante, esas primeras resistencias mostraron los límites de una acción que solo respondía a la coyuntura y la ausencia de un eje articulador de todos los sectores movilizados. Quedó claro, entonces, que se debían buscar mecanismos que permitan la sostenibilidad y articulación de la oposición a Castañeda.

La vuelta al “Mudo” en 25 mil firmas

Lima se torna un campo conflictuado al no haber una respuesta edil satisfactoria a las actuales transformaciones urbanas que generan nuevas demandas en torno a modalidades de desplazamiento, las concepciones de centralidad, las nuevas formas de coexistencia social, la relación naturaleza y ciudad, los usos públicos (lo banal, efímero y transitorio), la urbanidad, etcétera. Es en ese marco, la campa-ña #HC se conformó como un impulso ciudadano, que busca posibilitar encuentros, constituyéndose en una plataforma común para una multiplicidad de organizaciones y colectivos que, desde distintas orientaciones y sensibilidades políticas, comparten el objetivo de combatir/cuestionar el actual modo de conducción antidemocrática, y de gestión improvisada y con graves indicios de corrupción de la Municipalidad de Lima.

Entendimos, a partir de nuestra participación en las primeras resistencias, que se corría el riesgo de permanecer en la marginalidad de no contribuir a la gesta de un movimiento ciudadano dentro de una plataforma abierta y plural. Un movimiento articulado que enseñara y aprovechara las fisuras de la actual forma de gobernar la ciudad y que impidiera que el “peso” de Castañeda termine cayendo sobre todos nosotros. Por otro lado, la campaña supone un uso –inédito en la escala metropolitana- de un mecanismo de participación ciudadana –establecido en la Ley 26300-, que, a priori puede ser visto como un mecanismo de fiscalización de poca intensidad y hasta meramente informativo; y sin embargo, #HC lo complementa con una vocación por articular y re-presentar demandas vecinales (acompañando resistencias vecinales como las del Frente de Defensa de Balconcillo o Jesús María Resistencia, entre otras) y por antagonizar con Castañeda y su tipo de gestión.

De cara a esos dos objetivos quisiéramos resaltar dos estrategias: la primera es la voluntad por constituirnos en una canal que propicia la relación entre la representación política (a través del trabajo de Hernán Núñez como regidor, o del trabajo con-junto con congresistas electos por Lima -Alberto de Belaúnde, Marisa Glave e Indira Huilca-) y las organizaciones vecinales críticas a la gestión Castañeda, a fin de que estas puedan ver beneficios en la politización de dichas demandas, a partir de su incorporación y visibilidad en el debate público, espacio propicio para cuestionar la pertinencia de las políticas promovidas por la actual gestión metropolitana.

La segunda estrategia tiene que ver con la posibilidad de cuestionar la pretendida “eficiencia” de la gestión de Castañeda Lossio generada por la propia configuración del mecanismo de participación ciudadana, mediante la elaboración de un pliego de preguntas sobre la gestión municipal donde se ha priorizado las siguiente temáticas: movilidad sostenible, planificación urbana, espacios públicos, protección del medio ambiente, políticas culturales y seguridad ciudadana, utilizando dichas temáticas para construir un relato con el potencial de desmitificar el discurso de la eficiencia que pregona Castañeda. La idea es vencer al adversario desde sus propios términos.

Quisiéramos resaltar, además, un tercer componente de la campaña: la labor pedagógica, que se posibilita, nuevamente, por la configuración propia de mecanismo de rendición de cuentas. Al salir a las calles, no sólo buscamos una firma, sino una conexión con el ciudadano que permita espacios para intercambiar opiniones sobre la gestión municipal y para contribuir a cuestionar los sentidos comunes que sobre la gestión de Luis Castañeda se han gesta-do, a saber, el del “alcalde eficiente”, “buen gestor” y “popular”.

De esta manera, se puede decir que tanto la articulación de nuevos y diversos actores dentro de #HC y el mensaje dejado en la ciudadanía a través del cíberactivismo, marchas y presencia en medios, aunque siempre orientados a la demanda de rendición de cuentas, ha cumplido su objetivo de poner en evidencia en más de una vez al actual alcalde. Creemos que debe ser algo inédito que la sola demanda de rendición de cuentas y transparencia genere reacciones furibundas, infiltración que recuerda los peores años fujimontesinistas y un despliegue a tiempo completo de “trolls” dedicados a difamar a los miembros de #HC.

Ciudad Futura

Con la presentación de las 25,000 firmas establecidas por la ley se abren algunos retos y escenarios que queremos reseñar. En primer lugar, como plataforma ciudadana, seguiremos vigilantes en nuestra tarea de exigir que Castañeda deje de eludir su responsabilidad de brindar información transparente, adecuada y oportuna a la ciudadanía. Demandaremos que se realice un Cabildo Abierto con el fin de que el alcalde responda de la forma que nos merecemos los y las vecinas de Lima.

Asimismo, creemos que esta es una gran oportunidad para validar y fortalecer un mecanismo poco conocido e implementado y establecer un precedente democrático, que vaya más allá de esta experiencia, para que muchos compatriotas tengan un instrumento eficaz que les permita ampliar y hacer más efectiva nuestra estrecha democracia, a nivel local e incluso regional. Por ello, corresponde a los organismos electorales exigir a las autoridades que este mecanismo sea respetado y mejorado, y que no se agote en una respuesta superficial o burocrática. Desde nuestra plataforma presentaremos una propuesta de modificación de la norma para que su cumplimiento efectivo no dependa de la discrecionalidad de la autoridad interpelada.

En segundo lugar, en el contexto de esta campaña, se han generado algunos hechos y acontecimientos políticos que deben seguir siendo impulsados y acompañados: las distintas movilizaciones, las resistencias en muchos barrios de Lima a las decisiones arbitrarias del alcalde, deben ser un componente central de una visión alternativa de ciudad. Por ello, esta multiplicidad de actores requiere un mayor nivel de organización y articulación. Esto constituye un inmenso desafío que exigirá mucha voluntad e imaginación política. En ese sentido, queremos reafirmar nuestro compromiso con la ciudad, por ello promoveremos la construcción de una agenda programática conjunta con todos estos sectores que quieren una alternativa.

Creemos que existe una necesidad de sostener lo logrado por este mecanismo (rendición de cuentas), para el fortalecimiento de nuestra ciudadanía, y, sobre todo, para generar una nueva construcción de contra-poder en nuestra ciudad, que permita articular la resistencia en las calles con las luchas urbanas, para construir colectivamente una Lima con derecho a ocuparla, producirla y gobernarla.

Finalmente, un objetivo al que aspiramos, es también el fortalecimiento, articulación y conformación de espacios y movimientos vecinales, para que transiten de la protesta (o resistencia, que nunca desdeñaremos) a la propuesta, en donde la disputa por una alternativa de ciudad, tendrá inevitable-mente un telón de fondo político-electoral. Aunque esto último excede los propósitos de nuestra plata-forma, #HC quiere contribuir a crear las condiciones de posibilidad que permitan que, desde estas experiencias, surjan alternativas y visiones de ciudad para que estén presentes en las futuras decisiones ciudadanas. Lima y su gente lo merecen.


[1] Artículo elaborado antes de la emergencia ocurrida por los huaycos e inundaciones ocurridos en marzo de este año.