“Las Sheripiabo y las Kametsa tsinane” El rol de la mujer en el ejército Asháninka durante el conflicto armado interno peruano

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Natalí Durand Guevara1Doctorante en Antropología por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México – IBERO.

Entre las décadas del ’80-’90, durante el conflicto armado interno, los asháninkas sufrieron tanto la inserción del Partido Comunista Peruano – Sendero Luminoso (PCP-SL), como del Movimiento Revolucionario Túpac Ama­ru (MRTA). Este hecho según la Comisión de la Verdad y Reconciliación es considerado un etnocidio: “No existen datos precisos, pero se calcula que cerca de diez mil Ashá­ninkas fueron desplazados forzosamente en los valles del Ene, Tambo y Perené, seis mil personas fallecieron y cerca de cinco mil estuvieron cautivas por PCP-SL. Además, se calcula que durante los años del conflicto desaparecieron entre 30 y 40 comunidades asháninka”2Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2002, Tomo V Los pueblos indígenas y el caso de los asháninkas, pág. 241..

El siguiente artículo aborda la participación de las muje­res en la Gran Guerra asháninka convocada para rescatar al pinkátzari3Líder político para los asháninkas. Alejandro Calderón presidente de ANAP4ANAP Apatyawaka Nampitsi Asháninka Pishis o Asociación de Nacionalidades Asháninkas del Palcazu., el cuál había sido secuestrado por una columna del MRTA para ser juzgado por crimenes cometidos en el pasado. Esta es la última gran guerra en la que interviene el ejér­cito asháninka aunque no se sabe si en algún momento cuando los kiyonkaris, los negros o los choris vuelan a su territorio, volverán a organizarlo para defender su terri­torio.

Las mujeres en la Guerra

Cuando hablamos sobre el Ejército Asháninka se recuerda a los ovaiteris (guerreros) y a los grandes sheripiaris (curanderos) organizándose para enfrentar a los emerretistas y rescatar al pinkatzari, sin embargo, se habla muy poco del rol que desempeñaron las mujeres durante esta última guerra. Este enfrentamiento altera completamente la for­ma tradicional de organizarse de los asháninkas y genera un cambio en el clásico rol de la mujer en este pueblo.

En los tres meses que duró el levantamiento, las muje­res del ejército asháninka se organizaron de dos formas: acompañando a los hombres a la guerra para ayudar en la cocina, entre otros deberes domésticos, y cuidando la comunidad en espacial a los niños y ancianos, esperando que la guerra terminara asumiendo nuevos roles.

Mujeres que fueron a la guerra: las Sheripiabo

Al formarse el ejército asháninka se decide que un grupo de mujeres acompañaría a los guerreros, para ayudar con la alimentación y otros aspectos de su preparación. Estas mujeres que los acompañaron eran las adultas mayores a las cuales se les denomina sheripiabo, ellas contaban un conocimiento transmitido de generación en generación en el uso de piri-piris5Piri piris, se les denomina así a las plantas que sirven para curar tanto males físicos como espirituales. y el conocimiento de los sueños, a través de ellos podían predecir cómo les iba ir en la guerra, así como también en las batallas. Las sheripiabo eran las en­cargadas de dietar a los ovaiteris6Ovaiteris se les denomina a los guerreros en el idioma asháninka. antes de ir a la guerra; en esta época la alimentación cambia completamente pues el cuerpo tiene que limpiarse y los guerreros tienen que prepararse física y mentalmente, esto hace que solamente puedan ingerir determinados alimentos que los ayuden a ser más fuertes y hábiles en la guerra. La dieta que las she­ripiabo administraban era estricta, basada en hierbas que les darían poderes y fortaleza física y mental, estaban prohibidos de ingerir ciertos alimentos por hacerlos pesados y ser descubiertos por sus adversarios fácilmente cuando se adentraban a en la selva.

A diferencia de los sheripiaris, los guerreros que eran parte de las acciones bélicas y quienes poseían el conocimiento de los piri-piris para la guerra, las sheripiabo se quedan en los campamentos y su rol era preparatorio, ellas poseían otro conocimiento, el cual es complementario al de los sheripiaris, antes de ir a la guerra los sheripiaris ingieren kamiriti para a través de las visiones saber cómo sería la estrategia que utilizaran. Las sheripiabo lo harán a través de los sueños, la interpretación de los sus sueños los guiará a la victoria; estos sueños son contados al sheripiari para que le ayude a descifrar lo que el ayahuasca le dice.

Yo era pequeña, recuerdo que mi abuela se fue a la guerra con los otros hombres, y nosotros nos obliga­ron a quedarnos acá en las casas comunales ence­rradas. Ella sabía de plantas, curaba con yerbas, no me enseñó nunca a usarlas, me decía que no tenía cualidades para utilizarlas. Ella se fue los tres meses con los hombres a la guerra, ya no me ha contado que hicieron, ya casi no quedan mujeres así que de verdad conozcan las plantas muy pocas. (entrevista EN08, 2014)7Las entrevistas citadas fueron recogidas durante el 2018 en las comunidades ashaninkas de Satipo en el marco de la elaboración de mi tesis de doctorado en curso..

Son pocos los testimonios encontrados sobre las sheri­piabo y el rol que desempeñaron dentro del ejército ashá­ninka, son mencionadas dentro de historias donde el prin­cipal protagonismo es el del guerrero o de los sheripiaris, de ellas se ha escrito y se escucha muy poco, a esto se suma la inserción del Cristianismo y sus diversas iglesias, que han generado que el uso de los piri-piri y la interpretación de los sueños sean vistos como brujería o como pecado.

Las Mujeres que no fueron a la guerra: Kametsa tsinane

La mayoría de las mujeres que se quedaron en las comunidades permanecieron en los locales comunales, a estas se les conoce como Kametsa tsinane o mujeres buenas. Ellas re­cuerdan que sus hijos pequeños no podían salir a jugar ni ir al colegio, además quedaron al cuidado de los ancianos que no pudieron ir a la guerra, se enteraban de lo que suce­día cuando algún guerrero pasaba por las comunidades a informarles y cuando finalmente los guerreros volvieron a sus casas y se dio la orden de volver a su vida cotidiana.

Al vivir todas juntas en un mismo espacio significó para las mujeres organizarse entre ellas para poder mantener un cierto orden. Es así que replican la estructura de ANAP, eligiendo en cada local o Casa comunal una presidenta y cuatro delegadas quienes tenían las responsabilidades de cuidar a niños y ancianos, cocinar y administrar los ali­mentos y además preparar la defensa ante algún ataque. Las delegadas responsables de la defensa del local comu­nal. habían desarrollado algunos mecanismos de defen­sa por algún posible ataque. El primero eran los silbidos de pájaros; de acuerdo a cada silbido sabían si la persona que venía era de confianza o si alguna persona se había muerto. Un segundo mecanismo era la utilización de ar­mas como la cariba, una lanza de menor tamaño y fácil manipulación, cada mujer contaba con un arma para de­fenderse por cualquier posible ataque.

Sin embargo, al regresar los guerreros, ya no se tenían provisiones: las trochas o los caminos hechos por la comunidad habían desaparecido, ya no contaban con sembríos ni animales que comer, muchas comunidades no volvieron a recuperar el ganado con el que contaban antes de que se iniciara este conflicto. Las mujeres también jugaron un rol clave en re organizar la vida en comunidad luego del peor momento de la violencia. Estas historias las vemos refleja­das en los diferentes testimonios recogidos:

Se han organizado, nos organizamos todos, para ver dónde se fue nuestro líder, las mujeres nos que­damos reunidas en una casa, todas, mujeres y niños, y algunos hombres también se han quedado, nos he­mos quedado en esa casa más de un mes, tres meses hemos estado en el local ahí, dejando nuestras casas abandonadas, después nos dijeron, cuando ya nos dijeron que era el tiempo del terrorismo, que estaban abundando, por allá hubo una balacera, allá en el Chanchuya, donde han llevado a nuestro líder, di­cen. Después ya nos han dicho que cada uno vuelva a sus casas, todo tranquilo ya, el terrorismo ya no hay. Cuando el terrorismo ya se fue y se largaron pues, cada uno a su casa, nosotras fuimos las primeras en regresar y organizar de nuevo la vida tran­quila de nuestra comunidad. Comunidad nativa Cahuapana (entrevista a EC07, 2014).

Reflexiones finales

La participación de las mujeres en el ejército asháninka se dio en dos espacios: las mujeres que acompañaron a los hombres en la guerra, las sheripiabo, y las mujeres que se quedaron en las comunidades en el local comunal junto con los ancianos y los niños.

Las sheripiabo son mujeres que poseen conocimientos ancestrales sobre las plantas y saben interpretar los sueños; estas mujeres acompañaron a los miembros del ejército asháninka y jugando un rol clave previo a su inserción en el monte para los enfrentamientos. Además, complemen­tarían el trabajo de los sheripiaris al dietar a los guerreros. De estas mujeres se habla muy poco, y menos en los últi­mos tiempos pues con la inserción del cristianismo en las comunidades las prácticas que realizaban eran considera­das pecado o brujería.

Las mujeres que se quedaron en las comunidades también jugaron un rol decisivo poco reconocido. Fue difícil para ellas también, reorganizar la vida cotidiana luego de la guerra, pues el encierro de las mujeres dentro de las Casas comunales generó estrés sobre todo porque son un pueblo acostumbrado a vivir en el campo. Sin embargo, asumir responsabilidades durante la guerra significó también una oportunidad para que las mujeres asumieran nuevos roles, principalmente dentro de las organizaciones indíge­nas, así como también en la política del distrito.

Hoy en día, debido a estas mujeres que lograron organi­zarse tanto para ir a la guerra como para defender la co­munidad durante el conflicto armado, los roles de género cambiaron y ya es común ver a una mujer en la dirigencia o postulando en alguna lista municipal e incluso incorpo­rándose a las rondas nativas, espacio tradicionalmente masculino y al cual poco a poco están logrando ingresar cambiando las tradiciones asháninkas. Si bien para las mujeres ashaninkas hablar de la última guerra todavía es traumático, al juntarse frente al fogón las historias fluyen y vuelven a recordar que ellas, al igual que sus abuelas y sus madres, lograron enfrentar la guerra, reconociendo lo importante de continuar este legado y lograr nuevos cam­bios que mejoren y dignifiquen la vida de sus hijas y las nuevas generaciones por venir.


[1] Doctorante en Antropología por la Universidad Iberoamericana Ciudad de México – IBERO.

[2] Comisión de la Verdad y Reconciliación, 2002, Tomo V Los pueblos indígenas y el caso de los asháninkas, pág. 241.

[3] Líder político para los asháninkas.

[4] ANAP Apatyawaka Nampitsi Asháninka Pishis o Asociación de Nacionalidades Asháninkas del Palcazu.

[5] Piri piris, se les denomina así a las plantas que sirven para curar tanto males físicos como espirituales.

[6] Ovaiteris se les denomina a los guerreros en el idioma asháninka.

[7] Las entrevistas citadas fueron recogidas durante el 2018 en las comunidades ashaninkas de Satipo en el marco de la elaboración de mi tesis de doctorado en curso.

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