Julio Cotler y el Perú

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Ramón Pajuelo Teves1Investigador del IEP y director de la revista Ojo Zurdo.

Pocos intelectuales logran cristalizar una obra y trayec­toria esenciales para el futuro de la sociedad que motivó sus preocupaciones, convicciones y tareas. A Julio Cotler le tocó ser maestro de democracia en una sociedad como la peruana, tan distante todavía, luego de dos siglos de experiencia republicana, de lograr un rumbo colectivo efectiva­mente democrático, nacional y moderno.

La democracia en torno a la cual Cotler escribió y opinó durante casi seis décadas de intensa vida intelectual, no se reduce a un membrete ideológico ni al ritual electoral, con toda la importancia que tiene el acto de votar cada cier­to tiempo. En su perspectiva, la democracia constituye un elemento fundamental de cohesión social. Es el principio básico de un adecuado vínculo entre Estado/sociedad, y el factor que posibilita el funcionamiento eficaz del gobierno y las instituciones. Pero encierra también, al mismo tiem­po, la posibilidad de alcanzar relaciones de igualdad en la convivencia cotidiana; es decir, una plena ciudadanía so­cial y política.

Por ello, para Cotler el anhelo de una real conformación nacional, estatal, ciudadana y republicana en cualquier sociedad, resulta imposible sin una verdadera democratización, que incluye derechos y obligaciones efectivas para todos sus integrantes, al margen de cualquier condición de origen o elección. Es que la democracia permite regular el poder y la conflictividad propios de la vida social.

Enseñar democracia en una sociedad como la peruana, tan marcada por la fragmentación ligada a diferencias, desigualdades y exclusiones, fue un reto que Cotler ejerció a cabalidad a lo largo de su vida. Nos deja la lección de haber sabido estar a la altura de esa enorme responsabilidad: ser un intelectual público guiado únicamente -contra viento y marea- por el apego a sus con­vicciones democráticas, y por el compromiso con una ciencia social rigurosa, capaz de aportar conocimiento sobre los problemas estructurales de la vida social.

Lo estructural, en su pensamiento, no es algo burdo y simple, entendido como una suerte de base material o econó­mica. Más bien, se trata de factores históricos profundos: aquellos que definen el modo de conformación del Estado y la sociedad en el largo plazo. Así, como sociólogo, su in­terés principal radicó en pensar aquellos problemas que, históricamente hablando, limitaron las opciones de na­cionalización y democratización efectivas en la sociedad peruana. Perú fue indudablemente su patria vital, y su propia experiencia como miembro de una familia de mi­grantes moldavos judíos en una sociedad tan excluyente, fragmentada y marcada por la herencia colonial, marcó para siempre sus preocupaciones, interrogantes e ideales. Pero no fue, como podría pensarse ligeramente, el caso de un exiliado interior en el Perú o de alguien desubicado. Por el contrario, desde niño se arraigó intensamente al país, y sus “patotas” de infancia callejera en el distrito de Breña, así como de sus agitados años universitarios sanmarqui­nos, lo acompañaron siempre. Dichas experiencias vitales, le inculcaron un agudo sentido de realidad, pero también un fino, certero y socarrón sentido del humor.

Los primeros aportes de Cotler en la década de 1950, en su faceta inicial de antropólogo, giraron en torno a los cam­bios sociales de la propiedad y la vida familiar ocurridos en comunidades rurales como la de San Lorenzo de Quinti (Huarochirí), bajo la fuerte presión modernizadora de la segunda posguerra. Posteriormente, en la década de 1960, el hallazgo que representa un salto fundamental en su pensamiento, fue el del vínculo entre un régimen tradicional (oli­gárquico), un sistema político excluyente y una mecánica de dominación social basada en relaciones de colonialismo interno. Esa trenza implicaba la desarticulación vertical de los excluidos, así como la primacía de relaciones patrón/ cliente, especialmente sobre el campesinado indígena sometido al régimen de hacienda (su famosa imagen del “triángulo sin base”).

Dicho hallazgo lo condujo en la década posterior, más allá del ámbito estrictamente rural y campesino, a preguntarse por las dificultades de la democratización y nacionaliza­ción en el Perú, así como de la vigencia de un régimen de dominación patrimonial (en la fórmula de Weber), entendidas en el largo plazo de nuestra experiencia colonial y republicana. Al escribir Clases, Estado y nación, su célebre libro publicado por el IEP en 1978, puso el dedo en la llaga de los problemas históricos de exclusión y construcción nacional/estatal. De allí la amplia recepción que alcanzó dicho libro, pensado inicialmente como una suerte de introducción exploratoria del proceso histórico nacional que condujo al velasquismo. Su estilo de escritura muestra la pasión y nostalgia –esa necesidad de una noción de patria y de no ser forastero, sugerida en los epígrafes de Benedetti y Arguedas que abren sus páginas- tan propias de la condi­ción de exiliado que le tocó vivir durante esos años.

Escrito básicamente en México, debido a la expulsión que le granjearon sus análisis críticos del régimen velasquista (cuyo carácter autoritario y corporativista desveló en sus artículos de la revista Sociedad y Política), Clases, Estado y nación no solo le permitió remediar la ausencia de su pa­tria, sino que lo hizo autor de un clásico de nuestras cien­cias sociales. Otro resultado del libro fue terminar de con­vertir a Julio Cotler en un influyente intelectual público. Desde entonces, haciendo gala de su estilo directo e impla­cable, hizo de la palabra pública una extensión reflexiva de su labor académica, desplegando una pedagogía de la democracia que debe ser vista como uno de sus mayores aportes al país (cabe recordar que a inicios de los 80s, junto a Luis Pásara, impulsó la edición de La Revista).

En las décadas de 1980 y 1990, Cotler profundizó sus investigaciones acerca del funcionamiento democrático, las dificultades de integración nacional, los límites de la ciudadanía y la debilidad “estructural” de los actores políticos. Encontró que a pesar del fin de la exclusión oligárquica, en Perú los actores sociales y políticos se hallaban lejos de una plena consolidación como tales (tanto los de “abajo”, pobla­dores y campesinos, como los “arriba”, élites sociales, em­presariales y políticas). Sus reflexiones sobre la necesidad de democratización, integración e institucionalización, se desarrollaron a contracorriente del rumbo del país. En las dos décadas finales del siglo XX, el Perú se desangró inmi­sericordemente, y se impuso la salida autoritaria que re­presentó el fujimorismo.

El resultado de la debilidad nacional y democrática estudiada por Cotler fue doble: la tragedia del suceso de violen­cia política más letal de nuestra historia, y la imposición de una peculiar dictadura que impulsó una profunda reorga­nización neoliberal del conjunto del país. En ese escenario, fue un activo opositor público ante el autoritarismo fuji­morista. Y siempre recordaré mi asombro ante su inmensa tristeza y su voz quebrada, frente a los datos trágicos de la Comisión de la Verdad. Era el otro lado de su sobriedad parca y solemne, que en realidad envolvía una profunda sensibilidad humana.

Julio Cotler supo asumir con creces el rol de intelectual público dedicado al magisterio de la democracia, en un país devastado por la guerra, el autoritarismo, la desintegración social, la rapiña política y el riesgo de un crecimiento económico reducido al afán de lucro y ganancia de pocos. Lo hizo manteniendo siempre la firmeza en sus convicciones, y con la lucidez característica de un gran científico social. A todos los actores políticos del país, pero especialmente a la izquierda, con la cual se sintió más identificado (de allí la dureza de sus críticas ante una izquierda nada o poco democrática), les haría bien releer con atención sus textos, y escuchar en serio su voz pública. Aquellos escritos y palabras tan cargadas de realismo, pero también de esperan­za en la necesidad de un futuro plenamente democrático, como norte indispensable de construcción de país; es de­cir, de un Estado y una comunidad nacional de auténticos ciudadanos. Y es que Julio Cotler, más que un pesimista, fue un realista esperanzado en las posibilidades de cambio social democrático en el Perú.


[1] Investigador del IEP y director de la revista Ojo Zurdo.

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