Inmovilización social en los hogares de Lima Metropolitana: consecuencias económicas y cambios en los hábitos de abastecimiento de alimentos

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Tania Herrera Romero y Aurélien Reys1Tania Herrera Romero: Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Perú. Correo: therrerar@unmsm.edu.pe. Aurélien Reys: PhD Geografía del Desarrollo, Université Paris Diderot – Francia. Correo: aurelienreys@gmail.com

El objetivo de nuestra investigación es aproximar­nos a las consecuencias económicas directas pre­sentes y futuras de la medida de cuarentena para los hogares de Lima Metropolitana según las diferentes clases sociales, y analizar los cambios en los hábitos de compra de alimentos.2Para el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el hogar “(…) es la agrupación primaria que permite atender las necesidades de supervivencia de sus miembros y, a su vez, es el elemento primario de la organización social. En general, los hogares adoptan diferentes tipos de arreglos, que tienen como núcleo fundamental a la pareja con o sin hijos, al que se agregan otras personas con las que pueden o no tener relaciones de parentesco” (INEI, 2018: 355). Los hogares pueden estar conformados por una sola persona.

El primer caso de Covid-19 en el Perú fue de conoci­miento público el viernes 06 de marzo. Cinco días después, el Ministerio de Salud emitió la Declarato­ria de Emergencia Sanita­ria por noventa días a raíz de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) califica de pandemia al Co­vid-19. Desde ese día se des­plegó una serie de medidas de prevención y control para evitar la propagación del virus: se suspendieron actividades educativas y, en relación al flujo migra­torio, se estableció que los viajeros provenientes de “países con antecedentes epidemiológicos” (Italia, España, Francia y China) debían pasar catorce días en aislamiento domici­liario (Decreto Supremo N° 008-2020-SA, p.7). El Gobierno instó a tomar medidas para evitar la pro­pagación del virus en los medios de transporte, en centros laborales, y sugirió evitar concentración de personas en espacios públicos y privados.

Las medidas no se intensificaron hasta la noche del 15 de marzo, cuando se declaró “Estado de Emer­gencia Nacional” por quince días y se dispuso “el aislamiento social obligatorio (cuarentena)” (Decre­to Supremo Nº 044-2020-PCM, p. 11), se suspendió el ejercicio de derechos constitucionales, se limitó el ejercicio del derecho a la libertad de tránsito de las personas, quedó restringido el acceso a locales y establecimientos, “a excepción de los establecimientos comerciales minoristas de alimentación, bebidas, pro­ductos y bienes de primera necesidad, establecimientos farmacéuticos, médicos, ópticas y productos ortopédicos, productos higiénicos, grifos y establecimientos de venta de combustible” (op.cit). Se cerraron las fronteras, se suspendió el transporte internacional y el transpor­te interprovincial de pasajeros, y se redujo a la mitad la oferta del transporte urbano en el territorio nacio­nal. También cerraron los restaurantes, los museos, se suspendieron actividades civiles que supusieran riesgo para la salud pública.

La cuarentena ya se ha prorrogado en tres ocasiones y, a la fecha, se ha extendido hasta el 10 de mayo de 2020.3Este artículo fue publicado inicialmente en la web de Ojo Zurdo el 14 de abril. A esa fecha, la cuarentena se había ampliado en dos ocasiones. Hemos actualizado algunos datos para la presente publicación. La inmovilización social obligatoria implica que nadie puede salir de su casa entre las 18:00 y las 05:00 horas, salvo para los departamentos Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad y Loreto donde la restricción es entre las 16:00 y las 04:00 horas (De­creto Supremo Nº 064-2020-PCM, p.10). La compra de alimentos y medicinas, así como la realización de trámites financieros son las principales razones por las que las personas pueden salir de sus hogares; deben hacerlo portando una mascarilla y solo está permitido que lo haga un miembro del hogar entre los días lunes y sábado (op.cit.).

En el Perú, la metrópoli de Lima registra el mayor número de decesos a causa de Covid-19 (53% del total nacional) y, según las pruebas de despistaje realiza­das, también concentra el mayor número de perso­nas infectadas (76% de casos).4Hasta las 12 horas del viernes 24 de abril, Lima Metropolitana (los cincuenta distritos de Lima y Callao) registra 15 836 casos confirmados de Covid-19 y 306 fallecidos a la fecha, de un total de 20 914 casos y 572 fallecidos a nivel nacional (MINSA, 2020 a y b). Preocupa el alto número de fallecidos en Lambayeque, 19% del total nacional. Por recomendación del Gobierno, las personas deben cumplir el distan­ciamiento social, lo que quiere decir que deben guar­dar por lo menos un metro de distancia con otras personas y evitar aglomeraciones en espacios públicos.5En la página del Gobierno del Perú se recomienda mantener un metro de distancia y evitar “(…) el contacto directo con personas que muestren síntomas como los del resfrío o gripe” (Gobierno del Perú, 2020).

Algunos investigadores ya han alertado sobre la ur­gencia de tomar medidas específicas en las zonas más vulnerables de la ciudad, las que se encuentran principalmente en los distritos de San Juan de Lu­rigancho, Comas, Los Olivos, Rímac, El Agustino, La Victoria, Villa María del Triunfo y San Juan de Miraflores (Fort et al., 2020 a y b). En estos distritos, donde habita la población más pobre (INEI, 2016), la mayoría de personas realiza sus compras en merca­dos próximos a sus hogares y no existen suficientes equipamientos públicos o privados para el abasteci­miento de alimentos. La venta informal se extiende alrededor de los mercados existentes, lo que implica aglomeración en el espacio público debido a la difi­cultad de desplazamiento.

Con esta investigación, buscamos conocer ¿cómo afecta las medidas de inmovilización social a la eco­nomía de los hogares y sus hábitos de abastecimien­to de alimentos? Y ¿en qué medida estos hábitos va­rían según las clases sociales y, por extensión, según los espacios geográficos de la ciudad?  

Metodología

Compartimos un cuestionario hecho en Google For­mulario con un total de 33 preguntas, entre las 13:00 horas del martes 07 y las 08:00 horas del miércoles 09 de abril. El cuestionario se compartió a estudian­tes y docentes de la especialidad de Geografía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por co­rreo electrónico. También hubo difusión del mismo en Facebook, en páginas de municipalidades, aso­ciaciones civiles, ONG, equipos de futbol, partidos políticos, entre otras. Cuando no fue posible poner el anuncio en la biografía de estas páginas, se envió el cuestionario en mensaje privado, sin obtener res­puesta de manera sistemática. En todos los casos, se solicitó a los encuestados que compartieran el ­cues­tionario entre sus contactos. En total, obtuvimos 356 respuestas, de las cuales dos fueron eliminadas por faltar repuestas fundamentales para nuestra inves­tigación, lo que dejó un total de 354 respuestas con­sideradas al final.6Fuera de ello, todo el tratamiento de datos se basó en las 354 respuestas que sí consignaron la información sobre ingresos económicos mensuales por hogar.

Para la clasificación de la categoría socioeconómica según ingresos, consideramos como punto de parti­da la propuesta del Instituto Nacional de Estadística e Informática (2016)7Antes del confinamiento, en los hogares más pobres las compras las realizaban las mujeres y hombres del hogar (42%), la mujer jefa del hogar (27%), alguna mujer del hogar (18%), el hombre jefe del hogar (9%) o algún hombre del hogar (3%). En la clase media, las compras de alimentos las realizaban principalmente mujeres jefas de hogar (42%), mujeres y hombres del hogar (28%), alguna mujer (22%), el hombre jefe de hogar (6%) o algún hombre del hogar (2%). En la clase alta, esta tarea o recaía en mujeres jefas de hogar (33%) o se repartía entre mujeres y hombres del hogar (33%), la realizaba alguna mujer del hogar (19%), el hombre jefe de hogar (10%) o algún hombre del hogar (4%). Por último, en la clase más alta, las compras de alimentos las realizaban mujeres y hombres del hogar (43%), mujeres jefas de hogar (34%), hombres jefes de hogar (11%), alguna mujer del hogar (10%) o algún hombre del hogar (2%). que readaptamos. A partir de estos estratos y según los ingresos totales de los ho­gares encuestados, obtuvimos 33 respuestas de ho­gares de clase baja (ingresos inferiores a S/.898.99), 90 respuestas de hogares de clase media (ingresos entre S/. 899 y S/.2192.19), 96 respuestas de hogares de clase alta (ingresos entre S/. 2192.20 y S/.4384.39) y 126 respuestas de hogares de clase más alta (ingre­sos de S/. 4384.40 a más) (ver Gráfico 1).

Gráfico 1. Distribución de los encuestados según zonas de lima y clases sociales. Fuente: CAPECO (RPP, 2015) y encuesta propia. Nota: En nueve de las 354 respuestas los encuestados no precisaron su distrito de residencia, por lo que este gráfico se hizo sobre la base de las 345 respuestas. Elaboración: autores, abril 2020.

Podemos observar que en nuestra investigación hay una sobre-representación de algunos grupos socia­les y áreas geográficas, principalmente pertenecien­tes a clases altas y medias. Buscamos compensar esta situación durante el procesamiento de los datos al considerar sistemática­mente el total de respues­tas por cada clase social sin hacer ponderaciones de manera general.

En relación al número de personas por hogar, los hogares que pertenecen a clase media cuentan con la mayoría de individuos (4.7), seguidos por la clase alta (4), baja (3.9) y más alta (3.7). Los hogares de clase baja y media cuentan ligeramente con más niños y adolescentes (uno de cada cinco miembros tiene me­nos de 17 años). Por su parte, los hogares de clase alta y más alta cuentan con más personas mayores de 65 años (uno de cada seis miembros tiene más de 65 años). No se observa mayor diferencia en lo que respecta a la proporción de mujeres en el hogar según clase social (seis de cada diez miembros es mujer).

Uno de cada dos hogares de las clases más pobres vive en una casa, más abundantes en los distritos pe­riféricos, mientras que uno de cada dos hogares de las clases más acomodadas vive en departamento en edificio, más abundantes en los distritos de ma­yor renta. La casa está muy presente para todas las clases sociales, más aún para los más pobres, y las viviendas de tipo “departamento en casa familiar” y “habitación” son las menos comunes.

En lo que respecta al régimen de tenencia de la vivienda (propietario, inquilino, etc.), no encon­tramos mayor diferencia entre clases sociales. En toda Lima Metropolitana, más de la mitad de en­cuestados son propietarios de los espacios donde residen. Sobre las condiciones de habitabilidad, la mayoría de los hogares cuenta con acceso perma­nente a agua potable por conexión domiciliaria. Sin embargo, hay dificultades vinculadas a facto­res geográficos a expensas de distritos periféricos, donde entre 10 y 40% de los hogares no tienen ac­ceso continuo a agua potable.

Disparidades en los ingresos de los hogares y rápido consumo de sus ahorros

Observamos que la cuarentena tiene importan­tes consecuencias en las actividades profesio­nales y en los ingresos de los hogares, y vemos que las consecuencias difieren significativa­mente según la clase social pues afecta mucho más gravemente a los hogares más pobres (ver Gráfico 2).

Gráfico 2. Situación económica de los hogares durante la cuarentena. Fuente: Encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Cuanto más rico sea el hogar, más probabilidades hay de que más personas tengan un trabajo y que éste se efectúe en una relación de dependencia. La mayoría de hogares ricos tiene una relación de de­pendencia (76% del total), y mientras menor sea la clase social, este porcentaje disminuye. En las cla­ses altas la relación de dependencia se encuentra en 68%, en las medias en 64% y en las bajas en 56%. Cuanto más pobre es el hogar, más probable es que uno haya tenido que dejar de trabajar a causa del confinamiento. Se puede observar que el teletrabajo es posible principalmente para las personas de las clases más acomodadas: el 61% de los hogares po­bres dejaron de trabajar y solo 24% hace teletrabajo durante la cuarentena.

En cuanto a la evolución de los ingresos, más de la mitad de los hogares pobres perdió todos o la ma­yoría de sus ingresos durante la cuarentena, mien­tras que solo uno de cinco hogares mantiene sus in­gresos sin variación o con una ligera disminución. Estos datos contrastan con la situación económica de las clases más altas y media, quienes menos han visto afectada su situación. Así, entre los más ricos, 43% mantiene sus ingresos y 39% ha visto una ligera disminución de los mismos.

Muy pocas personas encuestadas señalan que reci­bieron el Bono entregado por el Estado a los hogares más pobres del país. A pesar de esta situación, vemos que únicamente uno de cinco hogares pobres se be­neficia del Bono puesto en marcha por el Gobierno, cifra que es un poco menor a la de los hogares de cla­se media. Extrañamente, notamos que algunos hoga­res ricos (4 de 126) y altos (1 de 99) reciben esta ayuda del gobierno, quizás porque entre sus miembros se encuentran personas de clase baja (probablemente trabajadoras del hogar).

Por otro lado, casi todos los hogares más pobres es­tán utilizando sus ahorros para hacer frente a la caí­da de los ingresos, en comparación con poco más de un tercio de los hogares más ricos. Siete de diez ho­gares de clase media manifiestan que están utilizan­do dinero de sus ahorros durante la cuarentena, y es el caso también para uno de cada dos hogares de cla­se alta. Ocho de cada diez hogares pobres y de clase media dicen que no le quedará más dinero después de un mes. Es el caso para un tercio de los hogares de clase alta. En detalle, se puede observar que casi la mitad de los hogares de la clase baja habrán gas­tado la totalidad de sus ahorros en dos semanas, en comparación con once y ocho semanas para las dos clases más ricas. En otras palabras, mientras más po­bre es un hogar, más rápido se les acabará el dinero.

En la encuesta se preguntó, a los hogares que ya hacían uso de ahorros, cómo pensaban resolver las necesidades económicas del hogar si se prolonga la cuarentena hasta el mes de Mayo o más. En general, las estrategias difieren según la clase social (ver Grá­fico 3). Los hogares más ri­cos absorberían fácilmente el choque gracias a los in­gresos del trabajo vigente (cuatro de diez hogares) y los ahorros (tres de diez ho­gares). Los hogares de cla­se alta también recurren principalmente a estas al­ternativas y considerarían más significativamente la posibilidad de financiar sus gastos con préstamos del banco y con un mayor racionamiento de los recursos disponibles (uno de diez hogares, respectivamente). Asimismo, algunos hogares de clase alta y media manifiestan que retira­rían dinero de los fondos de pensiones (AFP) u otros fondos (CTS). Los hogares de clase media apuntan mayormente al crédito, a los ahorros, o manifiestan no saber qué harían (uno de cinco hogares, respecti­vamente). La incertidumbre es, contradictoriamen­te, la principal alternativa de una cuarta parte de los hogares más pobres, quienes no saben cómo harán para sobrellevar económicamente esta situación. Las estrategias para este grupo oscilan entre pedir ayuda a familiares o amigos (uno de cinco hogares), racionar los recursos con los que se cuenta (también uno de cinco hogares), seguir trabajando o buscar algún trabajo (uno de cada diez hogares).

Gráfico 3. Estrategias económicas según clase social en caso de prolongación de la cuarentena. Fuente: Encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Las respuestas que señalan el racionamiento de re­cursos generalmente ponen ejemplos relacionados a la alimentación (como cambiar hábitos alimenti­cios) y al uso de dinero reservado para otros gastos. Por ejemplo, tuvimos algunas respuestas donde indi­caban que sobrellevarían la cuarentena con dinero que estaba reservado para la educación de los hijos (compra de útiles escolares y uniformes). También tuvimos respuestas que señalaban que venderían objetos del hogar para hacer frente a las necesidades económicas. Finalmente, algunas respuestas apun­taban a refinanciar y aplazar deudas ya existentes con el banco, retirar dinero de cuentas de ahorro a plazo fijo, o “regresar a provincia”. Este último punto se reveló como una alterna­tiva masiva en los últimos días: el desplazamiento de la población fuera de Lima Metropolitana ha sido for­zado por las dificultades económicas que atraviesan los hogares.

Las dificultades económi­cas se extienden también a la cobertura de salud, porque cuanto más pobre es uno, menos probable es que toda su familia cuente con algún seguro de salud. Del total de encuestados, el 36% manifiesta que solo al­gunos miembros de la fami­lia cuentan con seguro de salud, lo que muestra que hay situaciones desiguales incluso al interior de una familia. En los hogares más ricos, la mayoría manifiesta estar cubierto por un seguro privado, público, o por ambos (69%). En 27% de estos hogares solo algunos miembros están cubiertos y el 4% restante señala que ningún miem­bro lo está. En la mayoría de los hogares más pobres solo algunos miembros del hogar están cubiertos (41%) y un cuarto de los hogares manifiesta que nin­gún miembro tiene seguro.

Al respecto, es interesante observar que aproxi­madamente la mitad de los hogares, independien­temente de la clase, no sabe si estarán cubiertos en caso de que uno de los miembros necesite ser tratado a causa de Covid-19. Eso también pone de relieve algunos de los problemas de comunicación de parte del Ministerio de Salud, y también revela la desconfianza existente hacia el sistema de salud en el país.

Menos compras por semana y persistencia de desigualdades de género

La medida de la cuarentena impacta mayormente la movilidad cotidiana de las personas, ya que esta se ha visto reducida al desplazamiento para comprar alimentos, medicinas y para realizar trámites finan­cieros. Como puede verse en el Gráfico 4, en todas las clases se registró una disminución de la frecuencia de los viajes para comprar alimentos, especialmen­te entre los hogares más pobres, que informaron de que viajaban con mayor frecuencia (cada dos días) que las clases más ricas (cada tres días) antes de la crisis del Covid-19. Hoy en día, los encuestados se­ñalan que en sus hogares viajan en promedio menos de dos veces por semana y los hogares de clase baja viajan aún menos.

Gráfico 4. Cambios en los hábitos de abastecimiento de alimentos después de la cuarentena. Fuente: Encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Es lógico observar un aumento de los desplazamien­tos a pie para hacer compras de alimentos, especial­mente para los hogares más ricos que parecen haber abandonado los viajes en auto desde el inicio del confinamiento: menos del 5% utiliza hoy este modo de transporte, que antes era utilizado en un 42%. Por otro lado, los hogares menos acomodados usan me­nos el transporte público. El taxi es usado solo por algunos hogares de las clases media y más alta, el mototaxi solo por algunos hogares de las clases me­dia y más baja.

En general, los encuestados afirman que las muje­res compran los alimentos para el hogar con mayor regularidad que los hombres, y esto es aún más cier­to en los hogares pobres. El reparto de tareas sería mucho más equilibrado desde la crisis. Los hombres jefes de hogar parecen tener mayor participación en esta tarea, que durante la cuarentena recae menos en mujeres jefas de hogar. Ha aumentado la parti­cipación de alguna mujer del hogar en esta tarea y aún más la de algún hombre del hogar, aunque para todas las clases se sigue observando desigualdad de género en la realización de estas actividades.8Antes del confinamiento, en los hogares más pobres las compras las realizaban las mujeres y hombres del hogar (42%), la mujer jefa del hogar (27%), alguna mujer del hogar (18%), el hombre jefe del hogar (9%) o algún hombre del hogar (3%). En la clase media, las compras de alimentos las realizaban principalmente mujeres jefas de hogar (42%), mujeres y hombres del hogar (28%), alguna mujer (22%), el hombre jefe de hogar (6%) o algún hombre del hogar (2%). En la clase alta, esta tarea o recaía en mujeres jefas de hogar (33%) o se repartía entre mujeres y hombres del hogar (33%), la realizaba alguna mujer del hogar (19%), el hombre jefe de hogar (10%) o algún hombre del hogar (4%). Por último, en la clase más alta, las compras de alimentos las realizaban mujeres y hombres del hogar (43%), mujeres jefas de hogar (34%), hombres jefes de hogar (11%), alguna mujer del hogar (10%) o algún hombre del hogar (2%).

Las respuestas de los encuestados muestran también que las compras de alimentos se hacen principal­mente en tres tipos de lugares: mercados, supermer­cados y bodegas, que son frecuentados por hogares de todas las clases sociales. Antes de la cuarentena, los hogares más pobres iban mayormente al merca­do (91%), al supermercado (33%) o a bodegas (30%); los hogares de clase media siguen ese patrón (85%, 26% y 20% respectivamente), al igual que los hogares de clase alta (78%, 59% y 26% respectivamente). Los hogares más ricos van más al supermercado (75%), al mercado (58%) o a las bodegas (19%), lo que guar­da sentido con el uso predominante de automóviles en sus desplazamientos para las compras. Otros es­tablecimientos frecuentados por los hogares corres­ponden a bioferias y son más populares entre las clases más altas. Después de la cuarentena, vemos que los hogares más acomodados tienden a frecuen­tar más a menudo los supermercados y observamos también un aumento -todavía tímido, pero en pro­greso- de los delivery.

Las observaciones realizadas después de la entrada en vigor del «pico y placa por género»9La expresión se deriva de la restricción a la circulación en auto privado según la matriculación (la placa). La norma, popularizada como “pico y placa por género”, fue anunciada por el Presidente de la República Martín Vizcarra y emitida el jueves 02 de abril, estableciendo que “Los días lunes, miércoles y viernes únicamente podrán transitar personas del sexo masculino y los martes, jueves y sábados las personas del sexo femenino. Asimismo, el día domingo, la inmovilización social obligatoria es para todos los ciudadanos en el territorio nacional durante todo el día” (Decreto Supremo Nº 057-2020-PCM, p. 2). Tras recibir fuertes críticas, el 10 de abril la medida quedó sin efecto, pero se mantuvo la interdicción de salir el día domingo (Decreto Supremo Nº 064-2020-PCM, p. 10)., muestran que las dinámicas de compra son en general similares a las anteriores a la cuarentena, a pesar de algunas diferencias: los hogares más acomodados tienden a frecuentar los supermercados más a menudo que los mercados o bodegas y los hogares menos acomo­dados tienden a frecuentar más los mercados (ver Gráfico 5).

Gráfico 5. Lugares frecuentados durante el “pico y placa por género”. Fuente: Encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Observamos también que, durante la vigencia del “pico y placa por género”, aumentó el número de veces por semana en que se hacían las compras. Ex­trapolando, podríamos considerar que las compras semanales aumentaron a 2.5 y 3 veces. Según las res­puestas de los encuestados, en los días precedentes a esta medida hacían las compras menos de dos veces por semana. Sin embargo, razonablemente podemos pensar que esto se explica por el hecho de que en muchos hogares se realizan compras los fines de se­mana, a lo que se sumó el anuncio presidencial, la tarde del 06 de abril, donde se prohibió salir los días 09 y 10 de abril, lo que puede haber causado un au­mento del número de compradoras el martes 07, día en que únicamente podían salir las mujeres.

Observamos de nuevo que hay una tendencia a que las mujeres hagan compras en el mercado con más frecuencia que los hombres. La información sobre distribución por género de estas tareas demuestra que las mismas recayeron más pesadamente en las mujeres los días en que rigió la medida guberna­mental del “pico y placa por género”.

El viernes 03 de abril, más de la mitad de encues­tados en todas las clases sociales manifiesta que no hicieron compras ese día. Esta cifra es mayor entre los hogares más pobres, donde ocho de cada diez personas compraron en el mercado o en varios es­tablecimientos. Los hombres de los hogares de clase media fueron los que más salieron ese día, principal­mente a mercados (uno de cada tres hogares), super­mercados, bodegas o a varios establecimientos. En la clase más alta no salieron en más de la mitad de hogares, y los que salieron fueron principalmente al supermercado, al mercado o a bodegas. El lunes 06 de abril, día en que le tocó salir nuevamente a los hombres, nadie salió en el 60% de hogares de todas las clases sociales.

El sábado 04 de abril, día en que salieron las muje­res, en más de la mitad de hogares sí salieron ese día, menos en las clases más altas. En los hogares más pobres, las mujeres fueron principalmente al mercado (41%), al supermercado (9%) o a varios lugares (6%). Más de la mitad de los hogares más ricos no salió ese día y las mujeres que salieron fueron principalmente al supermercado (16%), al mercado (11%), a la bodega (7%) o recurrieron a otros modos de aprovisionamiento que incluyen la compra por delivery. Por último, el martes 07 de abril, más de un tercio de hogares –de todas las clases sociales- sí hizo compras y el mercado fue el lugar más frecuentado por las mujeres de todas las clases sociales.

Conclusiones

Los resultados obtenidos en esta breve investi­gación cuestionan, en primer lugar, las políticas públicas recientemente establecidas que se basan esencialmente en la reducción del número de días de apertura de los puntos de venta de alimentos durante la semana y en las restricciones de despla­zamiento según género. En segundo lugar, los re­sultados dan algunas luces sobre las consecuencias económicas de la cuarentena para los hogares más pobres.

Primero, desde el comienzo de la crisis vemos que los hogares han cambiado su comportamiento y ya han reducido la frecuentación a los lugares de abas­tecimiento de alimentos, y parece difícil para los ho­gares hacer sus compras semanales, a pie y con más de cuatro o cinco días de antelación, lo que ya es la media actual. Además, la reducción del número de visitas semanales tiende a aumentar la concentra­ción de personas en estos lugares, no solo porque se deben hacer compras en mayor cantidad, sino tam­bién porque los horarios de mercados, supermercados y bodegas se han reducido debido al toque de queda. Pese a una tendencia a la homogeneización, se observa la continuidad de disparidades de géne­ro en las tareas de aprovisionamiento de alimentos, independientemente de la clase. Esto puede llevar a la superpoblación de mujeres en ciertos días de la se­mana cuando las reglas de distanciamiento buscan apoyar lo contrario.

En cuanto a las consecuencias económicas de la cua­rentena, parece que lo más complicado está por ve­nir, especialmente para los hogares más pobres. De hecho, observamos que una gran parte de las clases más acomodadas sigue trabajando, ya sea en el lugar de trabajo habitual o a distancia, y estos hogares tie­nen ahorros que les permitirán pasar los próximos meses con serenidad. Vimos que las clases medias están en una situación intermedia. De persistir la cuarentena, los hogares encuestados señalan optar por el endeudamiento a través de préstamos contraí­dos con los bancos, y cuentan con la utilización de los fondos de pensiones (AFP) y otros (CTS); es decir, elegirían sacrificar garantías del futuro para poder sobrellevar el presente.

En cambio, la situación de los hogares más pobres parece ser catastrófica debido a que un mayor nú­mero de personas en estos hogares ha tenido que interrumpir sus actividades laborales. Entre los más pobres, quienes tienen un trabajo son generalmente trabajadores independientes que no pueden realizar su trabajo a distancia. Esto ha provocado una dis­minución muy significativa de sus ingresos (más de la mitad de los hogares más pobres no tiene ningún ingreso o tiene pocos ingresos hoy en día) y estos úl­timos días debieron utilizar los escasos ahorros que habían reservado. Es imperativo prestar asistencia a los hogares más pobres, pues estos no podrán sos­tener el racionamiento de los alimentos y el apoyo familiar por más tiempo.

Fuentes consultadas

Fort, R.; Espinoza, A.; Rivarola, R. y Malquichagua, M. (2020a). Zonas prioritarias para la prevención y con­trol del contagio del COVID-19 en Lima. Lima: GRADE. En: http://www.grade.org.pe/novedades/zonas-prio­ritarias-para-la-prevencion-y-control-del-conta­gio-del-covid-19-en-lima-por-ricardo-fort-y-alva­ro-espinoza/ (Fecha de consulta: 11 de abril).

Fort, R.; Espinoza, A.; Rivarola, R. y Malquichagua, M. (2020b). Potenciales focos de contagio del COVID-19: mercados y supermercados. Lima: GRADE. En: ht­tps://www.grade.org.pe/novedades/potenciales-fo­cos-de-contagio-del-covid-19-mercados-y-supermer­cados/ (Fecha de consulta: 11 de abril).

Gobierno del Perú. (2020). ¿Cómo prevenir el coronavi­rus? Lima: GOB.PE. En: https://www.gob.pe/8663-mi­nisterio-de-salud-como-prevenir-el-coronavirus (Fe­cha de consulta: 11 de abril)

Instituto Nacional de Estadística e Informática. (2016). Planos estratificados de Lima Metropolitana a Nivel de Manzana, 2016. Según ingresso per cápita del hogar, según grupos de pobreza monetária. Lima: INEI, IRD.

Instituto Nacional de Estadística e Informática. (2018). Perú: Perfil Sociodemográfico. Informe Nacio­nal. Lima: INEI.

Ministerio de Salud del Perú. (2020a). Minsa: Casos confirmados por coronavirus COVID-19 ascienden a 20 914 en el Perú (Comunicado N° 75). En https://www. gob.pe/institucion/minsa/noticias/127667-min­sa-casos-confirmados-por-coronavirus-covid-19-as­cienden-a-20-914-en-el-peru-comunicado-n-75 (Fe­cha de consulta: 24 de abril)

Ministerio de Salud del Perú. (2020b). Sala Situa­cional COVID-19. En: https://covid19.minsa.gob.pe/ sala_situacional.asp (Fecha de consulta: 24 de abril)

Radio Programas del Perú -RPP. (2015). ¿Cuánto subie­ron los departamentos en cada zona de Lima entre 2007 y 2015? [INTERACTIVO]. Lima: RPP. En https://rpp.pe/ economia/economia/cuanto-subieron-los-precios-de-los-departamentos-para-vivienda-en-cada-zona-de-lima-entre-2007-y-2015-noticia-918034?ref=rpp


[1] Tania Herrera Romero: Universidad Nacional Mayor de San Marcos – Perú. Correo: therrerar@unmsm.edu.pe. Aurélien Reys: PhD Geografía del Desarrollo, Université Paris Diderot – Francia. Correo: aurelienreys@gmail.com

[2] Para el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el hogar “(…) es la agrupación primaria que permite atender las necesidades de supervivencia de sus miembros y, a su vez, es el elemento primario de la organización social. En general, los hogares adoptan diferentes tipos de arreglos, que tienen como núcleo fundamental a la pareja con o sin hijos, al que se agregan otras personas con las que pueden o no tener relaciones de parentesco” (INEI, 2018: 355). Los hogares pueden estar conformados por una sola persona.

[3] Este artículo fue publicado inicialmente en la web de Ojo Zurdo el 14 de abril. A esa fecha, la cuarentena se había ampliado en dos ocasiones. Hemos actualizado algunos datos para la presente publicación.

[4] Hasta las 12 horas del viernes 24 de abril, Lima Metropolitana (los cincuenta distritos de Lima y Callao) registra 15 836 casos confirmados de Covid-19 y 306 fallecidos a la fecha, de un total de 20 914 casos y 572 fallecidos a nivel nacional (MINSA, 2020 a y b). Preocupa el alto número de fallecidos en Lambayeque, 19% del total nacional.

[5] En la página del Gobierno del Perú se recomienda mantener un metro de distancia y evitar “(…) el contacto directo con personas que muestren síntomas como los del resfrío o gripe” (Gobierno del Perú, 2020).

[6] Fuera de ello, todo el tratamiento de datos se basó en las 354 respuestas que sí consignaron la información sobre ingresos económicos mensuales por hogar.

[7] Antes del confinamiento, en los hogares más pobres las compras las realizaban las mujeres y hombres del hogar (42%), la mujer jefa del hogar (27%), alguna mujer del hogar (18%), el hombre jefe del hogar (9%) o algún hombre del hogar (3%). En la clase media, las compras de alimentos las realizaban principalmente mujeres jefas de hogar (42%), mujeres y hombres del hogar (28%), alguna mujer (22%), el hombre jefe de hogar (6%) o algún hombre del hogar (2%). En la clase alta, esta tarea o recaía en mujeres jefas de hogar (33%) o se repartía entre mujeres y hombres del hogar (33%), la realizaba alguna mujer del hogar (19%), el hombre jefe de hogar (10%) o algún hombre del hogar (4%). Por último, en la clase más alta, las compras de alimentos las realizaban mujeres y hombres del hogar (43%), mujeres jefas de hogar (34%), hombres jefes de hogar (11%), alguna mujer del hogar (10%) o algún hombre del hogar (2%).

[8] Antes del confinamiento, en los hogares más pobres las compras las realizaban las mujeres y hombres del hogar (42%), la mujer jefa del hogar (27%), alguna mujer del hogar (18%), el hombre jefe del hogar (9%) o algún hombre del hogar (3%). En la clase media, las compras de alimentos las realizaban principalmente mujeres jefas de hogar (42%), mujeres y hombres del hogar (28%), alguna mujer (22%), el hombre jefe de hogar (6%) o algún hombre del hogar (2%). En la clase alta, esta tarea o recaía en mujeres jefas de hogar (33%) o se repartía entre mujeres y hombres del hogar (33%), la realizaba alguna mujer del hogar (19%), el hombre jefe de hogar (10%) o algún hombre del hogar (4%). Por último, en la clase más alta, las compras de alimentos las realizaban mujeres y hombres del hogar (43%), mujeres jefas de hogar (34%), hombres jefes de hogar (11%), alguna mujer del hogar (10%) o algún hombre del hogar (2%).

[9] La expresión se deriva de la restricción a la circulación en auto privado según la matriculación (la placa). La norma, popularizada como “pico y placa por género”, fue anunciada por el Presidente de la República Martín Vizcarra y emitida el jueves 02 de abril, estableciendo que “Los días lunes, miércoles y viernes únicamente podrán transitar personas del sexo masculino y los martes, jueves y sábados las personas del sexo femenino. Asimismo, el día domingo, la inmovilización social obligatoria es para todos los ciudadanos en el territorio nacional durante todo el día” (Decreto Supremo Nº 057-2020-PCM, p. 2). Tras recibir fuertes críticas, el 10 de abril la medida quedó sin efecto, pero se mantuvo la interdicción de salir el día domingo (Decreto Supremo Nº 064-2020-PCM, p. 10).