Hermanos de sangre, de sueños e ideales. Homenaje a Saúl Cantoral: a 30 años de su desaparición física

Testimonio de Ulises Cantoral Huamaní recogido por Álvaro Campana
Chalo

Él era mi hermano menor1Ulises y Saúl se llevaban dos años de diferencia. Saúl nació en 1946, Ulises en 1944., pero siéndolo, era quien me­jor se plantaba frente a los problemas desde que éramos niños, por ejemplo frente una situación de pelea, muy propia de los niños y muchas veces expresión de abuso o prepotencia. Yo frente a estas situaciones me corría. Re­sulta que había un muchachito que siempre buscaba pe­lea y metía golpe. Vociferaba cada vez que pasábamos el riachuelo provocándonos. Nos escondíamos. Un día, nos encontró en el camino y como era del pueblo y era más vivo, empezó a golpearme. Como yo no respondía, empieza a golpear a Saúl. Le dijo que lo suelte, hasta que Chalo –así le dijimos siempre en la familia- le dio un derechazo en la cara y empezó a gritar, y le perdimos el miedo al abusi­vo. Ese era su carácter. De niños fuimos un poco sumisos por los malos años de la naturaleza, la sequía, las dificul­tades. No teníamos a quién recurrir fuera de Saisa2Saisa es un distrito de la Provincia Lucanas en la Región Ayacucho. y eso nos aplastaba, más o menos como lo que se cuenta en los Perros Hambrientos de Ciro Alegría. Era terrible.

Otro problema era que en los pueblos siempre había gen­te con poder que abusaba. Pero Saúl no aceptaba sus fal­tas de respeto, ni sus órdenes que usualmente debían ser aceptadas porque así nos enseñaban en casa cuando éra­mos niños: que teníamos que obedecer a los mayores o a los señores. Para hacer pasar su ganado el riachuelo, por ejemplo. Chalo no entraba a eso, les respondía que no era su muchacho y se rehusaba frente a estas cosas. Él siem­pre paraba en las broncas en la escuela, nunca se dejaba. Era diferente, rebelde, un poco lento y descuidado, pero peleador.

Migrar a Nazca fue vivir la contradicción de ir a un sitio nuevo que no conoces, un choque de nuestras costumbres serranas y la de los costeños. Había lo que ahora llaman bullyng entre los muchachos que podían ser brutales con otros. Nos enfrentamos a un mundo en el que mejor despertó y afrontó fue él. En medio de tanta chacota, tanto golpe, él reaccionaba y no se dejaba. Al ser alto, fornido y fuerte él también empieza a dar golpe. Era lento, pero tenía un derechazo fuerte. Se hace famoso por ello y se convirtió en un luchador en Nazca, además de vender periódicos, lustrar zapatos con mi hermano Eloy a quien frente a cualquier provocación defendía. Se iba también a jugar pelota. Un día, en el barrio se fue a vender “chupetes”. Un mucha­cho afroperuano, mucho más grande que él, le quitó los helados y Chalo le exigía que le pague. Terminó logrando satisfacer esa exigencia a punta de golpes a pesar de su supuesta desventaja, con lo que también agarró fama en el barrio.

Ringo

Fue creciendo y terminó la secundaria. Y como no tuvo mayor apoyo y no tenía problemas con nada, se fue a trabajar a Marcona3Marcona es un distrito minero y portuario de la provincia de Nazca, en la Región Ica. en donde descargaba yeso. Luego, se hizo soldador en una empresa estadounidense subsidiaria de la Utah. Un día, sufrió un fuerte accidente: un cable de alta tensión le voló el casco y le afectó mucho la cabeza. Entró posteriormente a Hierro Perú, en la época de Velasco, don­de termina involucrado en una huelga.

Nosotros en la niñez jugábamos a los guerrilleros, vivimos la influencia de la revolución cubana y religiosamente escuchábamos todos los días Radio Habana en un aparato que mi padre que se había comprado. “Cuba, territorio li­bre de América” oíamos decir todos los días. También supi­mos del cura Bolo Hidalgo del Frente de Liberación Nacio­nal. A pesar de ser Nazca aprista nos hicimos izquierdistas, revolucionarios en el colegio y tuvimos una lucha dura con los apristas.

El Velasquismo creó el Movimiento Laboral Revoluciona­rio que asaltaba sindicatos. En Marcona en la pelea por recuperar el sindicato le llenan la espalda de perdigones a Saúl. Así salta a la palestra. No hablaba mucho, sin embar­go, se vuelve sindicalista, delegado y gana las elecciones en Marcona como dirigente. No perderá esta condición hasta que lo asesinan.

Cuando Saúl sale elegido en 1984 Secretario General de su sindicato, los asesores y operadores de la empresa no po­dían con él. Les arrancaba reivindicaciones con el pliego y los obreros le empezaron a ganar confianza en él y lo empezaron a llamar Ringo, como un pistolero de los es­pagueti western por la forma en que vestía, pero también por sus andanzas de justiciero solucionando no solo problemas sindicales, sino problemas cotidianos.

La Federación estuvo controlada por el Partido Comunis­ta Unidad, al igual que los sindicatos que lo conformaban. Mantenían un control férreo. Sin embargo Ringo empezó a ganar mucho peso a pesar de no ser de esa organiza­ción. En el Congreso de unificación que buscaba superar la división que produjo la confrontación del PC Unidad y el PC Mayoría, es elegido Secretario General de la Fede­ración Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Siderúrgicos en 1987. Saúl lidera importantes y durísi­mas huelgas nacionales que terminan en negociaciones y acuerdos que finalmente son traicionados por el gobierno aprista que buscaba descargar la crisis económica en las espaldas de los trabajadores y favorecer al sector privado. Ya en medio de la violencia política, empiezan a ser asesi­nados varios compañeros. Ringo sabe que también puede ser víctima y denuncia amenazas de muerte en una mani­festación en Marcona.

Cerca de la tercera huelga, Saúl es secuestrado y asesina­do por un Comando Paramilitar vinculado al gobierno en Lima el 13 de febrero de 1989 junto a Consuelo García, ac­tivista que trabajaba en la organización de las mujeres de los Comités de Amas de Casa. Quisieron responsabilizar a Sendero Luminoso, pero la propia policía sabía que no era Sendero y me dijeron las razones por las cuales no podia ser. Parecía que quería armar un montaje. La fiscalía que vio el asesinato estaba a cargo de una fiscal suplente que ahora vive en Iquitos y nunca ha querido venir a declarar tras haber cerrado el caso luego de afirmar que a veces, es mejor no llegar a la verdad de las cosas, que se debía que­dar el asunto ahí nomás. Se archivó ocho veces el caso, se reabrió luego del 2001. Se perdió el certificado de necrop­sia y se tuvo que volver a hacer una nueva. Mientras, se fue avanzando también en la Corte Interamericana y se llegó a condenar al estado. Hubo luego una judicialización, pero se ha caído el juicio varias veces. Yo creo que no habrá resultados de estos juicios más que los de la impunidad.

Cantoral

Su muerte se dio en un contexto especial. Desde escolares vivimos una huelga del colegio Simón Rodríguez, toma­mos el local cuestionado la educación de entonces. Él fue bebiendo de eso como de la Revolución Cubana y de los documentos que también circulaban. Viendo la propagan­da anticomunista del Apra, nos fuimos dando cuenta que había otro mundo, que era posible un mundo de justicia y nos alineamos con ello. Queríamos conocer al Che, nos impactaron los golpes de estado en Chile y otros países, y nos decíamos: Si ese era el capitalismo, ¿de qué nos sirve? De pronto lo vi convertido en un militante formado, capaz de traducir la realidad social e incluso la teoría al lenguaje popular lo que le fue permitiendo ganar un gran respal­do y la unidad entre los mineros. Empezó a explicar a los compañeros de manera sencilla sobre el PBI y la crisis económica, entre otras cosas.

Llevó adelante las huelgas en medio del fuego cruzado, respetado, pero presionado y amenazado desde diversos lados. Yo me pregunto, ¿qué papel jugaron las huelgas en ese contexto, en medio de una guerra interna? ¿Cómo pudo dirigir una huelga en ese escenario? Podemos tal vez a partir de ello comprender la importancia de Cantoral. Él empezó su militancia en Patria Roja, incluso fue candidato a diputado por el UNIR a Ica y luego fue elegido como re­gidor para el Municipio de Marcona. Se dio cuenta de que había una serie de mecanismos, muy desde abajo, que pro­movían la corrupción por dádivas desde los servicios más simples que se daban en el municipio. Le dieron la tarea de controlar la balanza y los comerciantes querían favorecer­se buscando sobornarlo con unos camotitos o medio kilo de carne para adulterar el peso de los productos. “No estoy para esto”, se decía. Terminó renunciando a ser regidor y Patria Roja no estuvo de acuerdo lo que lo terminó alejan­do de esta organización política. Luego pasó a Pueblo en Marcha que finalmente se acerca con la UDP.

Para mí Saúl Cantoral significa la justicia, y su muerte no solo para los familiares, sino que implicó un duro golpe a los trabajadores. Lamentablemente la CGTP, el PC Unidad jamás lo valoraron, ni luego respaldaron la lucha contra la impunidad en el caso de su asesinato. Pareciera que nunca se repusieron de la pérdida de la federación minera a ma­nos de otras fuerzas. Siempre me pregunté y le dije a Saúl que debía tener el respaldo de una organización política, que en una situación difícil le debía dar soporte e incluso hacer que el proyecto se mantenga más allá de él mismo. Siempre había mucha gente a su alrededor, con la que re­flexionaba colectivamente. No era solo un sindicalista pre­ocupado por el salario, él estaba trabajando por un pro­yecto de cambio mayor. Sin embargo, pisaba tierra, sabía muy bien trabajar bajo la lógica del frente único, siempre fue amplio y fue capaz de distribuir responsabilidades y tareas más allá de las filiaciones políticas e ideológicas.

Parecía que sabía lo que se esperaba. Le decíamos -con Cristala Constantinides4Cristala Constantinides es una política peruana nacida en Ilo, Moquegua, de donde fue autoridad-, que debía cuidarse, tener guar­daespaldas. Si algo también lo caracterizaba era la fir­meza, la determinación que podía incluso convertirse en temeridad con lo que no había posibilidades de alinearse con sectores amarillos, logrando incluso que el sindicato de empleados se pliegue a la federación. Tenía arranques para exigir que se haga lo justo, la indignación lo hacía im­pulsivo frente a lo que le parecía que no estaba bien. Cuan­do asumió la federación le preocupaba que se haya con­vertido en una Ong, alejada de las necesidades e intereses de los trabajadores, encerrada en dinámicas burocráticas y gollerías.

Como hermanos fuimos muy cercanos. Jugamos juntos desde niños. Cuando fue dirigente paraba yo paraba con él y con Cristala. Mis otros hermanos estuvieron lejos por diversas razones. Con Saúl soñábamos lo mismo, quería­mos un país distinto. No sólo éramos hermanos de sangre; sino de sueños e ideales. Éramos hermanos pero también compañeros. Su muerte me cambió la vida. Yo iba a ha­cer otra carrera, pero hace treinta años esto me cambió la vida. Felizmente mi compañera me apoyó porque tuve que dejar muchas cosas de lado. Me dediqué a buscar justicia para mi hermano. Saúl también debió hacer muchos sacri­ficios. Adoraba a sus hijos y se moría por verlos pero no lo podía hacer a menudo. Se ponía a Rony, su hijo menor, en los hombros, y lo llevaba a todas partes cuando estaba en Marcona. Saúl le escribió a una amistad que todavía tenía guardada en la memoria la imagen de un compañero activista que fue asesinado en una movilización en Lima con un balazo en la frente. Y siempre supo que la muerte era una posibilidad.


[1] Ulises y Saúl se llevaban dos años de diferencia. Saúl nació en 1946, Ulises en 1944.

[2] Saisa es un distrito de la Provincia Lucanas en la Región Ayacucho.

[3] Marcona es un distrito minero y portuario de la provincia de Nazca, en la Región Ica.

[4] Cristala Constantinides es una política peruana nacida en Ilo, Moquegua, de donde fue autoridad