Heridos

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Sergio Sullca[1]

A esta hora de luna llena

con el invierno de junio en los huesos

parecemos dos guerreros heridos

a media noche, a media calle

ambos con el natural insomnio de los gatos.

¿Acaso no nos vemos como esos perdedores

locos sin instinto?

¿no seremos esos escribidores de secundaria

que no supieron decir las palabras correctas

en el momento correcto

ni supieron utilizar esa frase ingenua:

“Perdóname Sullca, perdóname Eloya”

y no quisieron levantar la mirada

para reflejarse uno, en los ojos del otro?

Somos – y no lo niegues – dos moribundos acuchillados

que se arrodillan en el camino

esperando que alguien –cualquiera- los recoja

y les dé – aunque sea – un pan con mantequilla.

Guerrera cobarde que olvidó sus mañas

-vuelve por ellas-

entra de una vez a tu mansión, mi casa

no sigas largándote sola de este cerro.

Si vuelves

– y pongo de testigo a estas estrellas –

ya no habrá frío esta noche

esa luna no habrá salido en vano

el sol mañana saldrá por el este

cruzará violento nuestra ventana

y encontrará a dos niños jugando felices y desnudos

en mi cama.


[1] Abogado y poeta cusqueño