Una imperecedera forma de mirar: a noventa años de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana

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Pierina Ferretti1Socióloga. Investigadora de la Fundación Nodo XXI.

“Mi libro no ha merecido sino una nota de Sánchez, en la prensa de Lima […] No hace falta decir que se prodiga atención y elogio a la obra de cualquier imbécil. A esta pequeña conspiración de la mediocridad y del miedo, yo no le haría ningún caso. Pero la tomo en cuenta porque, en el fondo, forma parte de una táctica ofensiva para bloquearme en mi trabajo, para sitiarme económicamente, para asfixiarme en silencio”2Carta de José Carlos Mariátegui a Samuel Glusberg, 10 de junio de 1929. Tomada de http://archivo.mariategui.org/index.php/carta-samuel-glusberg-10-6-1929.

Así le escribía José Carlos Mariátegui a su amigo epistolar Samuel Glusberg en junio de 1929. En ese momento, ahogado por un clima cultural y político que se volvía cada vez más adverso a su labor y en medio de una intensa actividad militante, el autor de Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana difícilmente hubiera sospechado que su libro, el segundo y último que publica en vida, y él mismo se convertirían en verdaderos clásicos de la historia del pensamiento social del continente. Fue­ron eso sí varias décadas las que tuvieron que pasar para que ello ocurriera: largos lustros de proscripción corrieron en los que “mariateguismo” fue sinónimo desviación pe­queño-burguesa y en los que Mariátegui fue acusado de europeísta, populista, soreliano, aprista, irracionalista o intelectualista por la máquina oficial del comunismo con­tinental que montó una operación de limpieza ideológica para barrer con su legado.

Sin embargo, de esos tiempos de hegemonía estalinista han pasado muchos años ya, y al menos desde que la Revo­lución Cubana repusiera la pregunta por la especificidad de la transformación socialista en estas latitudes, José Car­los Mariátegui ha sido recuperado, editado, estudiado y, a estas alturas, canonizado. Por lo mismo, sobre el socialista peruano y sobre su principal libro se ha escrito mucho y se han dicho cosas esenciales que siguen siendo válidas. Antonio Melis, bautizó al amauta como el primer marxista de América Latina y José Aricó calificó a los Siete ensayos… como la única obra teórica importante del marxismo con­tinental. En su momento, tales aseveraciones fueron fun­damentales para disputar el legado de la figura y la obra de Mariátegui y para defender un marxismo crítico y abierto en oposición a la ortodoxia comunista. Pero hoy, para no redundar en lugares comunes, tenemos que preguntarnos honestamente por qué y cómo seguir leyendo estos ensa­yos que ahora cumplen 90 años sin convertir su lectura en un ejercicio mecánico ¿Hay todavía en las páginas de ese volumen elementos actuales, que nos ayuden a transitar el momento por el que pasamos y a salir de los atolladeros en los que nos encontramos? ¿Lxs militantes del siglo XXI encontraremos en Mariátegui claves para responder las preguntas que nos hacemos frente a la realidad que nos toca comprender para transformar?

Sin duda, una cierta actualidad de este casi centenario li­bro existe solo por el hecho de que algunos problemas diagnosticados y analizados en él siguen sin solución, agrava­dos e intensificados por la radicalización de la explotación capitalista en su fase neoliberal y por las durísimas derro­tas que el movimiento popular ha sufrido desde el último tercio del siglo XX. Leyendo el primer ensayo, “Esquema de evolución económica”, no podemos sino sorprender­nos de la continuidad colonial de nuestras economías; y de una actualidad más brutal todavía resulta leer hoy “El problema del indio”, mientras las balas de la alianza es­tatal-empresarial sigue cobrando vidas entre la población indígena en todos los países del continente. Pero es cierto también que sobre nuestra estructural dependencia eco­nómica y sobre la violencia racista de nuestras sociedades y Estados se han escrito páginas más brillantes que las de Mariátegui en estos noventa años.

La dimensión imperecedera de este libro y de su autor tiene que ver con lo que los 7 Ensayos representan, con la política que expresan, con la intervención que Mariátegui intentaba realizar con su publicación y, también, con el método que encierran sus textos y con la relación de este método con las luchas sociales que lo engendran y que, al mismo tiempo, él se propone animar y robustecer. ¿Qué buscaba Mariátegui con la publicación de sus ensayos? ¿Qué lugar ocupaba esta publicación en el despliegue de su intervención política en el Perú?

Comencemos por el momento de la publicación hace noventa años atrás. En noviembre de 1928 Mariátegui se encontraba en un punto crítico. En abril de ese mismo año se había producido su ruptura con Víctor Raúl Haya de la Torre y el APRA, por el viraje electoral y partidista que el líder de la Alianza impulsó para presentarse como candi­dato presidencial. Este quiebre significaba el fracaso de la que hasta entonces había sido la estrategia política de Mariátegui al interior del movimiento popular peruano. Una estrategia frentista, que privilegiaba la unidad de los sectores subalternos antes que la homogeneidad ideológi­ca; una estrategia de maduración de las fuerzas populares, de articulación de trabajadorxs de la ciudad, las minas, el campo, de indígenas, de intelectuales y artistas; una estrategia de acumulación, que apuntaba a profundizar el an­claje social de la vanguardia revolucionaria en las masas; una estrategia de incidencia en la orientación socialista del movimiento popular privilegiando el robustecimiento de las organizaciones de lxs subalternxs por encima del asalto a las instituciones del Estado.

A partir de este quiebre la actividad política de Mariátegui se acelera y los dos últimos años de su vida transcurren a un ritmo vertiginoso. En septiembre, imprime a su re­vista Amauta un giro decididamente socialista. En octu­bre funda el Partido Socialista del Perú y se convierte en su primer secretario general. En noviembre publica los 7 Ensayos… y ese mismo mes crea la revista Labor, orientada específicamente al movimiento obrero. En junio de 1929, participa en la creación de la Confederación General de Trabajadores Peruanos y escribe intervenciones para la Primera Conferencia Comunista Latinoamericana; prepa­ra la publicación de tres libros más: El alma matinal, De­fensa del marxismo y el ya mítico “libro perdido” sobre la revolución socialista en el Perú, pieza que por esas astucias del destino se extravió y no llegó a publicarse. En estos dos años también, y por intervención del Secretariado Sud­americano de la Internacional, pierde la conducción del partido que el mismo había fundado y decide dejar el Perú para instalarse en Buenos Aires y continuar allí su labor con Amauta.

La aparición de los 7 ensayos en este contexto de quiebres y disputas constituye una operación que no puede dejar de leerse como un esfuerzo por proponer una lectura de la realidad social en la que apoyar una política determinada. Mariátegui buscaba instalar una interpretación marxista del Perú que contribuyera a organizar la mirada de lxs articuladores del campo subalterno o, al menos, de una parte de ellxs. La organización de esa mirada, paso ineludible en la constitución de la autonomía de un grupo social, fue uno de sus mayores esfuerzos y la publicación de Siete en­sayos… cristalizaba ese ejercicio crítico.

Mariátegui se dio a la tarea de elaborar una interpretación de la realidad peruana apoyada en el canon marxista y que contribuyera a tanto a conocer las condiciones sociales y culturales del Perú como a debilitar la eficacia simbólica de la mirada que las clases dominantes habían desarrollado sobre los problemas peruanos, porque en su país, como en el resto del continente, había una ya importante tradición de ensayismo social que representaba la interpretación oficial y oligárquica de la realidad. El Perú contemporáneo de Francisco García Calderón, por ejemplo, formaba parte de esa ola de revisiones críticas de los males y los fracasos nacionales que el cambio de siglo animó en América Lati­na y que en el Perú se alimentó además de la derrota en la Guerra del salitre. Textos como ese o como Pueblo enfermo de Alcides Arguedas o Nuestra América de Carlos Octavio Bunge expresaban con claridad meridiana la mirada que la oligarquía criolla tenía sobre los problemas que aqueja­ban estas jóvenes naciones. Mezclando racismo, psicología social y todos los prejuicios de casta imaginables, los fra­casos nacionales se atribuían a las taras de las poblaciones indígenas, a las consecuencias deletéreas del mestizaje, a los desequilibrios producidos por las agrestes geografías de las pampas y altiplanos, al alcoholismo y la pereza o a la tristeza y la melancolía entre otros muchos defectos siempre ubicados en clases populares.

Puestas así las cosas, podemos entender a los Siete ensa­yos… como un arma destinada a combatir los argumentos racistas y clasistas del poder y a dotar a lxs subordinadxs de una mirada propia. Los ensayos de Mariátegui deben ser considerados también como una expresión de madu­ración del campo subalterno que, en el proceso de lucha, de enfrentamiento, de constitución como clase, produ­jo sus propios intelectuales y puntos de vista capaces de descubrir las tramas invisibles de la explotación y la do­minación y de disputarle al poder la interpretación de la realidad social. Allí donde las clases dominantes decían que el problema de la población indígena era la educación o la moral, Mariátegui contestaba que el problema era el régimen de propiedad de la tierra. Allí donde los intelec­tuales de la oligarquía veían la causa del fracaso del pro­yecto nacional en las supuestas limitaciones de las clases populares, Mariátegui la ve en la incapacidad de las clases dominantes de constituir una nación y en la la alianza im­perialista de la oligarquía peruana.

La mirada de Mariátegui fue también capaz de ver las grietas del poder y de encontrar allí las posibilidades concretas para hacer irrumpir un proyecto socialista de transfor­mación social. Eso lo llevó a plantearse el problema de la nación como una tarea que, siendo típicamente burguesa, se presentaba como el campo de disputa para un bloque obrero-campesino en el Perú. En el propio proceso social, tal como se había desarrollado, se encontraban las posibi­lidades de superación de sus contradicciones. La mirada de Mariátegui supo identificar así lxs sujetxs sociales que podrían llevar adelante esa transformación. Allí donde el poder veía una masa informe e incapaz de progreso o, lxs más benevolentes, simples víctimas de la crueldad a las que había que asistir, el ve sujetxs políticxs en potencia o en desarrollo. Puso el foco en las rebeliones indígenas que no dejaban de sucederse en el sur andino, en los congre­sos indígenas que empezaban a celebrarse, en las organizaciones sindicales que se levantaban en la ciudad y las minas, en las vanguardias artísticas y los movimientos de renovación estética, y supo descubrir en cada uno de estos lugares las fuerzas de renovación que debían articularse y madurar. Por último, la mirada de Mariátegui supo tam­bién alertar acerca de las dificultades de constitución de actores sociales robustos que pudieran llevar adelante un proyecto político sin ser desarticulados tras los primeros pasos. Le preocupaba particularmente que indígenas y tra­bajadorxs pudieran dotarse de organizaciones de alcance nacional, que superaran la fragmentación, el localismo y las divisiones internas, y trabajó concretamente en esa di­rección.

Creemos que lo más actual de los Siete ensayos… es la forma de mirar que allí se condensa. Esa mirada es la que nos desafía hoy. ¿De qué manera nuestras interpretaciones de la realidad social desarman la eficacia de los relatos del poder? ¿Somos capaces de identificar las actuales fisuras del neoliberalismo y de proponer estrategias de avance a partir de las condiciones concretas del desarrollo de nues­tras sociedades? ¿Conocemos lxs sujetxs sociales que han surgido de las sensibles transformaciones que el neoli­beralismo ha operado? ¿Hemos sabido identificar dónde están los gérmenes de las revoluciones contemporáneas? ¿Podemos decir cuáles son hoy las insuficiencias, las difi­cultades para la articulación del campo popular, para la acumulación fuerza social, para superar el estado de dis­gregación y fragmentación que impera entre lxs subalter­nxs y de proponer estrategias para su recomposición?

Una teoría política a la altura de los desafíos del presen­te debiera hacer frente a estas preguntas y la mirada de Mariátegui, a noventa años de la publicación de los Siete ensayos de interpretación de la realidad peruana, sigue allí, imperecedera, disponible para entrenarnos en el necesa­rio ejercicio de descubrir en lo concreto de la historia las posibilidades siempre existentes de la revolución.


[1] Socióloga. Investigadora de la Fundación Nodo XXI.

[2] Carta de José Carlos Mariátegui a Samuel Glusberg, 10 de junio de 1929. Tomada de http://archivo.mariategui.org/index.php/carta-samuel-glusberg-10-6-1929