Feminismos, pensamiento crítico y movimientos de mujeres en el Perú

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Gabriela Adrianzén1Historiadora feminista, magister en Género y Desarrollo.

Este artículo parte de considerar que los momentos de mayor creatividad y difusión del feminismo en el Perú se han producido en confrontación y/o diálogo fructífero con otros sujetos con los que comparte su condición de alteridad, y con movimientos con los que comparte la bús­queda por la igualdad y la justicia. Esta premisa, inspirada en Gargallo,2Francesca Gargallo, “Ideas feministas Latinoamericanas”. Caracas, Fundación El Perro y la rana, 2006. sugiere que las ideas feministas pueden ras­trarse en la propia reflexión de las mujeres sobre su alteri­dad con el mundo de los hombres y el mundo colonial. En este artículo intentaremos, echar luces sobre los encuen­tros entre feminismos e ideas críticas y de izquierdas en el Perú.

Consideramos al feminismo como un movimiento que denuncia la subordinación de las mujeres, un aparato crítico de pensamiento –una propuesta teórica- y una apuesta por la liberación a nivel personal. En este artículo repasare­mos los feminismos y las propuestas de mujeres organiza­das aunque no siempre se reconozcan como tales, porque es en este diálogo que se interpela y fortalece el primero.

Antes de iniciar nuestro recorrido debemos mencionar a Flora Tristán, de ascendencia peruana, quien publicó “Unión Obrera” en 1843, una obra pionera en la que pro­pone la solidaridad obrera sin distinciones nacionales o de sexo, y luego su otra obra destacada “Emancipación de la mujer”. Flora frecuentó los círculos de importantes socia­listas utópicos, como Fourier, y podemos entender su obra en diálogo crítico con estos ideales.

La periodización usual del feminismo es aquella que nos habla de olas. Aun con algunas discrepancias, la primera ola suele estar asociada a la emancipación de la mujer y al movimiento sufragista, que abarca desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del siglo XX aproximada­mente. Para el caso del Perú, la historiadora Maritza Villa­vicencio propone que el movimiento urbano de mujeres se puede abordar a partir de tres vertientes: las feministas, las políticas y las mujeres del mundo urbano popular, esta clasificación con sus matices, se puede prolongar a lo lar­go del siglo.

Como señala Villavicencio, y también Francesca Denegri, podemos ubicar a las predecesoras del feminismo peruano en la generación de 1870. Mujeres que animaron veladas literarias como Manuela Gorriti, aquellas que exigieron educación como Teresa Gonzales y Mercedes Cabello. Allí podemos ubicar también a Clorinda Matto con quien podemos hablar de los inicios del pensamiento crítico producido por mujeres, en diálogo con el indigenismo. Para diversos autores como Guillermo Rochabrún y José Luis Rénique podemos rastrear los orígenes del pensamiento de izquierda en el Perú en lo que el primero denomina “pensamiento crítico” y el segundo “tradición radical” y que para ambos tiene como fundador al anarquista Ma­nuel Gonzales Prada (1848-1918). Sin embargo, no suele recordarse que al círculo literario de este asistía también una mujer como Matto, con quien compartiría la crítica anticlerical y la denuncia de los abusos y de la exclusión de la población indígena del proyecto de nación peruana luego del fracaso de la guerra con Chile. Matto fundó su imprenta “La Equitativa”, dio voz a las mujeres y exigió el derecho a expresar sus ideas políticas “y si cometimos el pecado de mezclarnos en política, fue por el derecho que existe de pensar y expresar el pensamiento”,3En el Perú, narraciones históricas citado en El abanico y la cigarrera, Francesca Denegri. lo que finalmente le valió el destierro. Otra importante intelec­tual que sigue esa senda es Dora Mayer, figura central del esfuerzo editorial de El Deber Pro-indígena desde donde denunció los abusos hacia la población indígena.4La Asociación Pro-Indígena, que como recuerda Zegarra, estaba inspiradas en las ligas anti-esclavistas del hemisferio norte, lugar donde el movimiento
abolicionista de mujeres decantó luego en la exigencia al sufragio.
Mayer además se rodeó y emprendió proyectos con importantes feministas, sin ella declararse como tal. Desde un pensa­miento que puede considerarse contradictorio para algu­nos o maternalista para otras escribió sobre la exclusión de las mujeres de la educación y sobre la base económica como fuente de libertad, denunciando las leyes de heren­cia y administración de bienes, sin dejar de reafirmar el lugar de la mujer en el matrimonio.5Dora Mayer “La Moral Femenina” ponencia enviada al I congreso Internacional de BB. AA. 1910

La primera expresión del feminismo como tal, en Lima, la constituye la conferencia del mismo nombre de María Je­sús Alvarado en 1911. En ella hace un recuento histórico universal de la subordinación de la mujer, incluyendo el Tawantinsuyo, para concluir que pareciera que los hom­bres de todos los pueblos han acordado “oprimir cruelmen­te a las mujeres, negándoles los bienes sublimes de la li­bertad y la ciencia”. Alvarado expresa que el feminismo su­pone igualdad y las reformas que este exige son: educación en igualdad con el varón, acceso al empleo público y profesiones liberales; derechos civiles y fin de la dependencia del esposo que la ley obliga; y derechos políticos.

Se viven momentos de ebullición política, el anarcosindicalismo colma la organización obrera en su lucha por las ocho horas. Las ideas socialistas harán también su apari­ción y adquirirán notoriedad con la revolución rusa. En 1917, María Jesús Alvarado escribe sobre las mártires de Huacho “se mataba a las mujeres que por primera vez ele­vaban su voz para acallar el hambre”.6Carolina Carlessi, “Mujeres en el origen del movimiento sindical”. Luego de la victoria de las ocho horas en el verano de 1919 las mujeres se orga­nizaron en el “Comité Femenino pro abaratamiento de las subsistencias y alquileres”, presidido por la anarcosindi­calista Miguelina Acosta, y que produjo probablemente la primera manifestación feminista en las calles de Lima, el 26 de mayo de 1919. Este hecho motivó reacciones: “[El fe­minismo no debe ser para la mujer] la conquista de los de­rechos del hombre para hablar en plazuelas”, editorial de la revista “Familia” reproducido en el semanario político “La Crítica” que dirigieran Acosta y Mayer. El feminismo ha estado siempre en disputa.

La figura de Acosta es probablemente la menos estudiada a pesar de sus importantes aportes, entre ellos desde el derecho, con su tesis «Nuestra institución del matrimonio rebaja la condición jurídica social de la mujer» presentada en 1920. Es en este contexto de lucha por las ocho horas que el movimiento feminista entra en diálogo con el movimiento obrero y empieza a reclamar con mayor fuerza un espacio para la mujer en el mundo del trabajo remunerado y en la educación. María Jesús formaría “Evolución femenina” en 1914 y en 1915 pondría en práctica estas ideas en la escuela “Moral y trabajo”. Muchas de estas preocupaciones serían vertidas por diversas mujeres en publicaciones como La­bor y Amauta como ha estudiado Sara Beatriz Guardia.

Si pensamos en las tensiones entre el feminismo y los partidos políticos, podemos rastrearlas desde etapas muy tempranas. Para inicios de los treinta Ángela Ramos, periodista y militante del partido fundado por Mariátegui, impulsa el Frente Único de Solidaridad Socorro Rojo Internacional típica organización femenina de los partidos co­munistas. Junto con Adela Montesinos, las hermanas Del Prado, entre otras, brindaron apoyo a los presos políticos y sus familias. Sin embargo, las discrepancias en el caso de Ramos y el exilio en el de Montesinos, las alejarían del partido. Previamente, en 1929 en su natal Arequipa, Adela recitaría poemas en la fun­dación del partido y en 1930 escribiría “El feminismo persi­gue hacer de la mujer una persona libre y útil a la colectividad humana y no una “cosa” como hasta hoy lo es”. Como lo han identificado diversas autoras, es en el espacio literario y el del periodismo donde las mujeres empezaron a hacerse un lugar.

La otra lucha clave en esta etapa es la del sufragio que tuvo su momento culminante en el debate alrededor de la Asamblea Constituyente de 1931-1933, y tiene como figura clave a Zoila Aurora Cáceres quien se considera la prin­cipal promotora de ese debate con la creación de comités de apoyo y el envío de cartas a diversos líderes políticos. Esta acabaría con la victoria pírrica del voto municipal que nunca pudo ejercerse. Cáceres se había relacionado con Matto en su exilio argentino, viajó a Europa y realizó estudios de sociología donde presentó la tesis “El feminis­mo en Berlín” (1902) y realizó un estudio histórico pionero “Mujeres de ayer y hoy” (1909). En 1924 fundaría “Feminismo Peruano” y tuvo una importante participación en la huelga de telefonistas en 1931. El suyo ha sido denomina­do por Valdivia como feminismo maternalista, y católico dada su reivindicación a ciertas funciones que considera “naturales” de la mujer.

Tenemos a continuación un periodo que es difícil de rastrear, el que en nuestro caso se ubica entre la segunda gue­rra mundial y fines de los sesenta, etapa a la que la feminista chilena Julieta Kirkwood llamó «los años del silencio» y que Gargallo nos recuerda es el momento de las trans­formaciones sociales que posibilitarán la irrupción de la segunda ola en los setenta. Esta es sin duda una etapa de menor visibilidad, lo que nos obliga a profundizar las investigaciones. Sin duda las mujeres alzaron la voz contra la guerra como lo hicieron contra la primera. Además, podemos mencionar en estos años la Convención de Mujeres Apristas en 1945 y la figura de Magda Portal, quien terminaría renunciando al partido en 1948 por el abandono del APRA de su apoyo al derecho al voto para la mujer, y que escribiría luego una ácida crítica a la dinámica partidaria masculina y autoritaria en “La Trampa”. Podría explorarse en esta etapa militancias femeninas en una organización tan singular como el Movimiento Social Progresista o el Partido Comunista y sus rupturas. Así también en la fun­dada CCP (Confederación Campesina del Perú) en 1947. En este momento tenemos la obra capital de Simone de Beauvoir, que enfatizó en la construcción del sujeto mujer y que develaba su condición de otro en relación al varón. Obra muy influyente, que sin duda tuvo contrapartes latinoamericanas como sugiere Gargallo.

Para Helen Orvig,7“También antes hubo algo” en 25 años de feminismo en el Perú. Historia, confluencias y perspectivas, CMP Flora Tristán 2004. previo a la consolidación del movi­miento feminista de los 70s puede entreverse un momen­to de búsqueda, primero solitaria, de pocas pero diversas mujeres, que quizá solo tenían en común su izquierdismo. Pasaron de verse como sujetos subordinados a los varones, coactadas en sus posibilidades de realización y autono­mía, para dar paso a pequeños grupos de discusión sobre la “liberación femenina”, en uno de ellos se reunión Orvig, Hilda Araujo, Narda Henriquez, entre otras. Orvig, escri­bió sobre el peligro del proyecto reformista militar de ser una revolución “solo para la mitad de los peruanos”, si se proponía una nueva sociedad para los que fueron domina­dos la mujer debe tener ahí un lugar y su transformación debía implicar dejar de ser para el hombre. Como resalta Manarelli8Introducción a Helen Orvig. ¡Comprendí por qué éramos tantas! El despertar de las mujeres en el Perú. Lima: CMP Flora Trsitán – UPCH, 2015. en la introducción la pregunta en ese momento fue “¿pueden las transformaciones de la sociedad llevarse adelante sin que las mujeres transformen sus vidas? Lla­mó también a abandonar el determinismo biológico de la maternidad. Logró colocar en la reforma educativa un artículo sobre la necesidad de la revalorización de la mujer y su desarrollo pleno en igualdad de oportunidades.

En este momento ya no se trata de pequeños grupos de mujeres sino que estamos frente a un movimiento, aun­que aún pequeño. Como sugiere Barrig9Maruja Barrig. Cinturon de Castidad. Lima: IEP, 2017. el feminismo de los sesenta surge de la reacción y el diálogo con otros movimientos, producto de un proceso de autoconciencia, principalmente de las clases medias, y que es también po­sibilitado por una serie de cambios sociales, la ampliación del acceso a la educación, el trabajo asalariado y el acceso a la anticoncepción. Sumado a un contexto de posiciones progresistas regional y mundial. Para Fraser 10Nancy Fraser. “El Feminismo, El capitalismo y la astucia de la historia”. Ver https://newleftreview.es/issues/56/articles/nancy-fraser-el-feminismo-elcapitalismo-
y-la-astucia-de-la-historia.pdf
esta segunda ola tuvo el acierto de entretejer la crítica al androcentris­mo que permeaba la sociedad capitalista y el estado con las injusticias que vivían las mujeres. Nació además profundizando las críticas que propuso la denominada nueva izquierda, entre ellas al economicismo, exigiéndole que su afán crítico quedaba incompleto sin la identificación del patriarcado. Queda pendiente también profundizar los diálogos con el feminismo marxista, aquel que planteó el salario para amas de casa en la Italia de los setenta, y denunció la división sexual del trabajo.

Estos pequeños grupos que buscaban discutir “la condi­ción de la mujer” tuvieron su acto público inaugural en la protesta del certamen Miss Universo en el Hotel She­raton en 1973. Esta etapa tiene entre sus organizaciones claves a ALIMUPER (Acción para la Liberación de la Mu­jer) y Creatividad y Cambio. En Lima en 1976, un Seminario sobre Mujer y Desarrollo afianzaría el feminismo y como sugiere Virginia Vargas cambiarían su vida para siempre.11“Un bosquejo de feminismo(s) peruanos: los múltiples desafiíos”. Fanni Muñoz y Violeta Barrientos en Género y mujeres en la historia del Perú Del hogar al espacio público. Lima, PUCP: 2019. Una de las consignas principales señala Ana María Portu­gal fue “lo privado es político”. La constatación de que no se trataba de un problema personal sino de una estructura patriarcal que las excluía y subordinaba, y que se expre­saba en lo público pero de manera menos evidente en lo privado. Para estas autoras el contexto internacional, en 1975 se inaugura el decenio de la mujer por Naciones Unidas, y las reformas del gobierno militar posibilitaron esta segunda ola. Los setenta son momentos de agitación po­lítica, de la nueva izquierda, y allí surge la identificación de feministas socialistas. Para Muñoz y Barrientos en esta etapa vemos también una diferencia que marca al femi­nismo hasta hoy, la tensión entre la reflexión desde las organizaciones populares de mujeres y sus necesidades y aquella que se interpela desde el sujeto y cuerpo femenino. Ello se vio reflejado en las posturas de las dos ONGs feminista emblemáticas, Manuela Ramos y CMP Flora Tristán respectivamente, aunque esas posiciones se han compleji­zado y variado en el tiempo.

Se afianza un movimiento feminista independiente con la creación en 1979 de la Coordinadora de Organizaciones feministas. Ese mismo año se produjo la primera marcha contra el aborto, allí se encuentra Rosa Dominga Trapas­so, religiosa y feminista recientemente fallecida, impul­sora del Movimiento El Pozo (1976) de apoyo a las trabaja­doras sexuales. Los años ochenta llevan a otro nivel a las organizaciones populares de mujeres que tuvieron un rol crucial “como sobrevivientes del hambre y sobrevivientes de la guerra” como sugieren Muñoz y Barrientos. Promotoras de los Comedores y luego del vaso de Leche, darán lugar a organizaciones como la Aso­ciación Femenina de Promo­ción de la Mujer, AFEDEPROM (1981) y en 1983 la Federación Popular de Mujeres de Villa El Salvador que tendrá como figura central posteriormente a María Elena Moyano, mujer afroperuana, de izquierda, asesinada por Sendero Luminoso. Continúa el vínculo con las organizaciones feministas pero estas comienzan su institucionalización, su conversión a ONGs, que impulsa­rían luego leyes contra la violencia o las cuotas políticas pero que también tendría consecuencias en las dinámicas del movimiento.

En este periodo la CNA y la CCP impulsan los encuentros y Asambleas de Mujeres Campesinas. En el Congreso de la CCP de 1982 se denuncia la explotación y uso del cuerpo de las mujeres en el marco del concurso de Miss Universo. 12En Víctor Álvarez Ponce. “Miss Universo 1982 y la crítica feminista. Una aproximación a dos discurso socialmente divididos sobre las mujeres en el Perú” en
Rosas (2019).
Tenemos aún pendiente una historia de las mujeres cam­pesinas y la reforma agraria. Diversas organizaciones de izquierda incorporaron las demandas feministas, y crea­ron comités. Debemos mencionar a los comités de amas de casa mineros y la caminata de sacrificio hacia Lima desde minera Canarias en Ayacucho en 1982. En 1981 UDP organiza un encuentro Metropolitano de Mujeres. El MIR13Voz Rebelde N° 12- Especial- Agosto 1983. I Congreso Nacional MIR. Tesis políticas. (Movi­miento de Izquierda Revolu­cionaria) en su programa de 1983 señala “nuestra crítica de la sociedad de clases no excluye las relaciones perso­nales”. En 1985 el Comité de Mujeres de Izquierda Unida impulsa la candidatura de las feminista Virginia Vargas y Victoria Villanueva. Algunos partidos como el MIR po­dían reconocer la plusvalía generada por las mujeres en su tarea de reproducir la fuerza de trabajo pero no la especificidad de sus luchas, y tampoco cambiar sus prácticas machistas. Aquello produjo la retirada de un importante sector de feministas de los partidos de izquierdas a inicios de los ochentas cansadas de su asignación a tareas domésticas o secretariales. Otras resistieron hasta el final de IU generándose espacios propios y disputando espacios de dirección.

La década de los noventa es una de contradicciones, las organizaciones populares de mujeres, otrora tan activas, fueron melladas por el régi­men autoritario y clientelis­ta de Fujimori. Y no menos compleja fue la relación de las ONGs con este gobierno, entre “el pragmatismo pro-gubernamental de Manuela Ramos y el radicalismo de Flora Tris­tán” como sugieren Muñoz y Barrientos. Luego, la lucha contra la dictadura hacia finales de la década cambiaría el panorama y daría lugar a otro tipo de organizaciones como el MUDE o el MAM.

De otra parte, el debate con feministas de diversas latitu­des siempre ha estado presente. Ya el movimiento venía cuestionando la presunción de un sujeto mujer unívoco, la reivindicación de feministas lesbianas contra la “heterosexualidad obligatoria”, las críticas a un feminismo oc­cidental ciego a las diferencias étnicas y raciales desde el feminismo decolonial y el feminismo negro. Todo ello permi­te que hoy hablemos de las mujeres y los feminismos en plural, y que reconozcamos las diversas opresiones que se encarnan en los cuerpos de las mujeres (interseccionali­dad). Hoy todos estos feminismos están presentes más que nunca en las calles, desde “El Canto a la vida” iniciado en los ochenta y retomado en la actualidad a la multitudina­ria “Ni una menos”.

Por primera vez vivimos momentos de masividad del feminismo, posibilitado quizá por la ampliación de las cla­ses medias, la mayor democratización de la educación y amparado por un movimiento global de denuncia a la ya intolerable violencia machista. Hoy nos enfrentamos a re­tos mayores sobre los caminos que deben tomar los femi­nismos. Quizá la particularidad del momento que vivimos y de la historia de nuestro país puede ser una invitación para recordar los orígenes y recorridos de nuestros femi­nismos. Seguir profundizando un diálogo fructífero con el movimiento indígena, en resistencia a la mercantilización de la naturaleza y al cambio climático y el potente vínculo cuerpo-territorio, organizaciones como ONAMIAP Y FEMUCARINAP. La crisis del cuidado del planeta se extiende a los cuidados de los seres humanos y, sin caer en la estrategia maternalista del pasado, las ideas de la economía fe­minista, junto con el movimiento popular de mujeres y su experiencia de autogestión es otro espacio a reivindicar y repensar. En momentos donde campea el individualismo y la mercantilización de la vida, las apuestas feministas deben reafirmar las sendas de la liberación de las mujeres desde lo comunitario, incluyendo el derecho a decidir. La resistencia al avance conservador invita a una alianza con el movimiento LGBTI, y la gran movilización contra la violencia nos obliga a ir más allá del punitivismo. Finalmente, la persistencia del modelo neoliberal, que profundiza las desigualdades de género, a un diálogo para repensar la relación con las tradiciones de izquierdas y marxistas de crítica al núcleo duro capitalismo/patriarcado.


[1] Historiadora feminista, magister en Género y Desarrollo.

[2] Francesca Gargallo, “Ideas feministas Latinoamericanas”. Caracas, Fundación El Perro y la rana, 2006.

[3] En el Perú, narraciones históricas citado en El abanico y la cigarrera, Francesca Denegri.

[4] La Asociación Pro-Indígena, que como recuerda Zegarra, estaba inspiradas en las ligas anti-esclavistas del hemisferio norte, lugar donde el movimiento abolicionista de mujeres decantó luego en la exigencia al sufragio.

[5] Dora Mayer “La Moral Femenina” ponencia enviada al I congreso Internacional de BB. AA. 1910

[6] Carolina Carlessi, “Mujeres en el origen del movimiento sindical”.

[7] “También antes hubo algo” en 25 años de feminismo en el Perú. Historia, confluencias y perspectivas, CMP Flora Tristán 2004.

[8] Introducción a Helen Orvig. ¡Comprendí por qué éramos tantas! El despertar de las mujeres en el Perú. Lima: CMP Flora Trsitán – UPCH, 2015.

[9] Maruja Barrig. Cinturon de Castidad. Lima: IEP, 2017.

[10] Nancy Fraser. “El Feminismo, El capitalismo y la astucia de la historia”. Ver https://newleftreview.es/issues/56/articles/nancy-fraser-el-feminismo-el-capitalismo-y-la-astucia-de-la-historia.pdf

[11] “Un bosquejo de feminismo(s) peruanos: los múltiples desafiíos”. Fanni Muñoz y Violeta Barrientos en Género y mujeres en la historia del Perú Del hogar al espacio público. Lima, PUCP: 2019.

[12] En Víctor Álvarez Ponce. “Miss Universo 1982 y la crítica feminista. Una aproximación a dos discurso socialmente divididos sobre las mujeres en el Perú” en Rosas (2019).

[13] Voz Rebelde N° 12- Especial- Agosto 1983. I Congreso Nacional MIR. Tesis políticas.

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