Una trama de múltiples tejidos: el encuentro de Huancayo y los caminos hacia una mayoría popular

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Anahí Durand Guevara1Socióloga, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

Los últimos tiempos, el espectro político del país se ha movido de manera tal que poco queda de los partidos que disputaron la segunda vuelta electoral del 2016. Ex presidentes y líderes políticos enfrentan hoy sendos juicios por corrupción, el Congreso vive la peor deslegitimación de su historia lo mismo que el poder judicial y el ministerio público. La crisis de régimen ha desnudado la podredumbre de la clase política que se ha turnado el poder desde 1990 y son cada vez más las y los peruanos que consideran necesario empujar cambios profundos.

En efecto, superar la crisis requiere llevar adelante cam­bios y en esa línea los distintos grupos y actores políticos configuran ya algunas salidas. Los sectores (neo) liberales aliados a grupos de poder empresarial, temerosos de que peligre el sistema que tantos beneficios económicos les ha dado, empujan una salida normalizadora. Vizcarra es una pieza en este juego y probablemente otros como Julio Guzmán o Alfredo Barrenechea también lo sean, prometiendo algunas reformas cosméticas, pero manteniendo lo sustancial del modelo. Otra salida es la que alienta la derecha más bruta, esa que clama por un Bolsonaro local y pretende mostrarse como una propuesta de normaliza­ción basada en la imposición de la mano dura, la defensa de la religión, la exacerbación del machismo, la xenofobia y la defensa de los privilegios de los ricos de siempre.

Contra esas salidas normalizadoras empeñadas en iniciar un nuevo ciclo de gobernabilidad neoliberal -con nuevos rostros, pero el mismo esquema de acumulación, desposesión y corrupción- es urgente afirmar otro camino. Con­sideramos que hay espacio para impulsar una salida democratizadora y popular, que ponga punto final al ciclo de captura neoliberal del Estado iniciado con el autogolpe fujimorista del 1992 y legitimado por la Constitución de 1993. El actual modelo político económico es insostenible; genera violencia en los territorios, se ensaña con los cuer­pos de las mujeres, precariza a las y los trabajadores, incrementa la desigualdad y enriquece a unos pocos privando al pueblo de vida digna. Existe un sector importante de la población que quiere cambios de fondo y no ha dejado de movilizarse exigiendo derechos laborales, manifestándo­se contra la violencia a las mujeres, reclamando contra la corrupción y los jueces mafiosos etc. Afirmar esta salida democratizadora y popular requiere por un lado aglutinar una mayoría capaz de politizarse y movilizarse y, por otro lado, articular un instrumento político que represente a esa mayoría y dispute poder y gobierno. En ambos as­pectos existe hoy un potencial enorme de construcción y articulación, pero también serias limitaciones que no se resolverán en el corto plazo y requieren amplios esfuerzos articuladores. Analicemos estas posibilidades.

La crisis de régimen y el camino hacia salida democratizadora

Tal como se mencionó, afirmar una salida democratiza­dora, requiere en primer término congregar una mayo­ría social con capacidad de politizarse y movilizarse. En tal sendido, es importante asumir que la fragmentación social se mantiene. Factores como el conflicto armado in­terno, el clientelismo fujimorista, la crisis del sindicalismo y la penetración de lógicas individualistas han socavado profundamente la capacidad de movilizar la indignación de los sectores populares. Si bien en esta crisis el descon­tento fue latente y se desarrollaron varias movilizaciones, estas carecieron de cohesión y contundencia…en medio del desmadre nacional vivido el 2018, el desarrollo de mo­vilizaciones masivas, politizadas y coordinadas hubiera inclinado el escenario hacia salidas destituyentes, empu­jando, por ejemplo, un adelanto de elecciones, el cierre del Congreso e incluso una posible convocatoria a Asamblea Constituyente. Pero eso no ocurrió y esta mayoría socio política se encuentra todavía en (re) construcción, depen­diendo su fortalecimiento de enlazar distintas experien­cias. Es un momento clave para que las organizaciones y las personas descontentas con la voracidad del neolibera­lismo se encuentren y aporten a la conformación de una nueva mayoría popular, que se nutra de la diversidad de tradiciones y demandas presentes en los sindicatos, las co­munidades que defienden sus territorios, las mujeres, las diversidades sexuales, los pueblos indígenas, los colectivos ciudadanos etc.

En segundo lugar, avanzar en una salida democrática a la crisis, requiere la construcción de un instrumento políti­co capaz de representar esa mayoría y ganar el gobierno, para lo cual es indispensable tener en cuenta limitaciones y potencialidades existentes. Las fuerzas de izquierda dispuestas a asumir esta tarea deben reconocer que ninguna tiene la suficiente fuerza para llevar a cabo la tarea sola. Las ultimas experiencias de construcción y participación político electoral de las izquierdas no han sido alentado­ras. Por un lado, no han logrado cumplir con las excluyen­tes reglas de juego que benefician a quienes tienen dinero, y se han quedado sin inscripción formal como el Nuevo Perú. Por otro lado, los grupos que participaron en las elec­ciones regionales ensayaron estrategias distintas con los mismos malos resultados; Juntos por el Perú aglutinó si­glas, pero estuvo lejísimos de congregar apoyo electoral, y el MAS de Goyo Santos ensayó construir su propio bloque plebeyo popular, incluyendo empresarios como la Capu­ñay, obteniendo malos resultados en Lima y una dura de­rrota en Cajamarca. Algunas fuerzas regionales como las que lideran Vladimir Cerron en Junín, Walter Aduviri en Puno o Zenon Cuevas en Moquegua lograron ganar los go­biernos regionales pero su proyección nacional es suma­mente limitada.

¿Cómo construir esa mayoría político social que permita afirmar una salida popular, democratizadora y anti neo­liberal a la crisis? ¿Cuál debería ser el instrumento polí­tico que dote de representación a esa mayoría y dispute el gobierno? Antes que ensayar respuestas infalibles debe quedar claro que se trata de procesos concurrentes pues articular una mayoría socio política fortalece las posibilidades de consolidar un instrumento político electoral con opciones de ganar y viceversa. Construir esta nueva mayoría hegemónica requiere que organizaciones sociales y fuerzas políticas se encuentren en esta doble tarea, articulando las demandas sociales desde abajo, politizando el descontento, reconstruyendo el tejido social, generan­do dinámicas militantes y también consolidando una alternativa electoral. En esta línea las organizaciones comprometidas con la transformación del orden neoliberal convocaron al Encuentro Nacional de organizaciones políticas de izquierda en Huancayo.

La noticia del Encuentro de Huancayo fue recibida con severas críticas desde distintos ámbitos del espectro político nacional. La mayoría de analistas y opinólogos coincidían en augurar un (nuevo) fracaso y una muestra más de la fal­ta de rumbo de la izquierda peruana. Desde algunos secto­res progresistas las críticas enfatizaban en la larga trayec­toria de esfuerzos fallidos emprendidos por las izquierdas para armar frentes electorales que negociaban la compo­sición de la plancha electoral y pronto acababan por esta­llar debido al sectarismo y ataques caudillistas. Desde las derechas, las críticas alertaban más bien del peligro que representaba este conclave de izquierdistas dispuestos a complotar para acabar con el modelo económico que tanto bienestar les ha traído. Tampoco todos los actores políticos del campo de las izquierdas estuvieron de acuerdo con el Encuentro. No asistió Yehude Simon, líder de Juntos por el Perú, la otra coalición con inscripción partidaria posible­mente simpatizante con alianzas más al centro, tampoco el presidente regional de Puno Walter Aduviri ni el Frente Amplio de Marco Arana que ni siquiera respondió la carta de invitación enviada.

Caminito de Huancayo; un paso de varios más

El 26 de enero Huancayo vivió un ambiente de fiesta. Ni las lluvias ni los derrumbes en la carretera central pudie­ron frenar a los cientos de militantes y simpatizantes de distintas partes del país que se congregaban en las afueras del auditorio mientras se desarrollaba la primera parte del Encuentro abocada al debate programático. Ya en la tarde, numerosas y coloridas comparsas de bailarines de waylas y orquestas tradicionales colmaron completamente el co­liseo. El evento inició con los discursos de los cinco diri­gentes congregados -Vladimir Cerrón, Goyo Santos, Zenon Cuevas, Luis Villanueva y Verónika Mendoza- quienes, con distintos énfasis, resaltaron la necesidad de confluir para empujar una salida democratizadora a la crisis, coinci­diendo en la urgencia de impulsar cambios de fondo inclu­yendo una nueva constitución producto de una Asamblea Constituyente. Punto aparte merece el potente discurso de Vero Mendoza que dejo en claro que el nuevo Perú será feminista, provinciano y popular. El evento cerró con la lectura del “Manifiesto de Huancayo: voces para cambiar el Perú”2Ver documento en: https://bit.ly/2LZJoqw que, entre otros temas, remarca la importancia de avanzar en un proceso de más largo aliento, que sume a las fuerzas comprometidas con la articulación de una gran mayoría social y política que nazca de las bases y dialo­gue con la ciudadanía para transformar el país. Se resaltó también el compromiso de organizar próximos eventos de carácter político social.

Vistos los acontecimientos hasta aquí, conviene valorar el Encuentro de Huancayo como un paso de varios por caminar, resaltando su importancia como espacio de encuentro con gran potencial para convocar y articular esa mayoría popular que excede las izquierdas pero que las contiene de manera central. En esa línea es que debe continuar sumando, asumiendo que esa potencialidad no radica en la suma de siglas sino en la ampliación del marco de resonancia, donde lo que se multiplica y refuerza es el acumulado articulador de cada fuerza. No se trata de in­sistir en la fórmula de unidad izquierdista ensayada en los 70; esa unidad estilo frentista donde estructuras orgánicas ideologizadas se juntaban bajo el paraguas de un frente negociando el orden de la participación electoral fracasó. Hoy los tiempos son otros, otros los protagonistas y las claves de articulación también. Antes que proclamar una plancha presidencial o competir en radicalidad y/o pure­za, lo que se necesita es avanzar en diálogos que sienten las bases de una gran plataforma social, política y ciudadana, que sume a la mayoría necesaria para ganar las elecciones, generar un proceso constituyente y sostener ese proceso de cambio. En tal sentido, el Encuentro de los Pueblos el 16 de febrero en Lima será otro hito clave, pues además de organizaciones políticas convoca a movimientos socia­les, colectivos culturales, feministas, frentes de defensa locales y sindicatos. Todas estas organizaciones han sido y son fundamentales en la impugnación al neoliberalismo y pese a su debilidad y fragmentación, son indispensables como motor de movilización y politización, siendo un eje clave para ampliar y articular esa trama de múltiples teji­dos que configure el nuevo bloque histórico para el Perú del bicentenario.

En el Perú y la región vivimos un momento grave, los sectores más recalcitrantes de la derecha se sienten empoderados y atacan abiertamente todo aquello que desobedece su modelo patriarcal, occidental centristas de pobres su­misos y pocos privilegiados, por eso odian a las mujeres, a los pueblos indígenas, a la población GLBTI. Y saben que para imponerse no es suficiente con llegar al gobierno por ello tejen alianzas con grupos religiosos y delictivos para colonizar el mundo de la vida instalándose en los territo­rios más empobrecidos. No podemos hacer frente a estos poderes enfrentándonos en un radicalismo ideologicista que nos marginaliza, tampoco lo haremos cediendo a un centro liberal complaciente con la corrupción y las fuer­zas ultra conservadoras. Tenemos una responsabilidad hasta generacional de impulsar un nuevo momento de articulación social y política, que incluyan a ciudadanos y ciudadanas que no militan pero que se suman a esta voluntad de cambio, al igual que a los sectores políticos sociales y organizados. Hay que moverse para sentir las ca­denas decía Rosa Luxemburgo hace cien años, insistamos en encontrarnos y movilizarnos o las cadenas seguirán bloqueando las opciones de cambio.


[1] Socióloga, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.

[2] Ver documento en: https://bit.ly/2LZJoqw