El monstruo finalmente está en la puerta

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Mike Davis1Fuente: http://links.org.au/mike-davis-covid-19-monster-finally-at-the-door / Traducción: Guillermo Rochabrún. Mike Davis (California 1946) es un sociólogo marxista norteamericano, de orientación trotskista. Fue un activista radical, que luego se graduó como sociólogo urbano, habiendo hecho también estudios en historia. Es parte de la llamada “Escuela de Los Ángeles”, de sociología urbana. Integra la revista inglesa New Left Review así como el colectivo catalán Sin Permiso. Ha escrito numerosos libros, algunos de los cuales han recibido distinciones. En castellano, entre otros se han publicado Planeta de Ciudades Miseria; Ciudad de Cuarzo y El Monstruo Llama a Nuestra Puerta: la Amenaza Global de la Gripe Aviar, que da título al presente artículo. Es, obviamente, un autor muy controvertido. Sobre él puede verse el enlace https://en.wikipedia.org/wiki/Mike_Davis_(scholar).

COVID-19 es finalmente el monstruo en la puerta. Los investigadores trabajan día y noche para carac­terizar el brote, pero se enfrentan a tres grandes de­safíos.

En primer lugar, la permanente escasez o falta de disponibilidad de los kits de prueba ha desvanecido toda esperanza de contención. Además, impide te­ner estimaciones precisas de parámetros clave, tales como la tasa de reproducción, el tamaño de la pobla­ción infectada y el número de infecciones benignas. El resultado es un caos en las cifras.

Sin embargo, hay datos más confiables sobre el im­pacto del virus en ciertos grupos de unos pocos paí­ses. Es sumamente aterrador. Italia y Gran Bretaña, por ejemplo, vienen informando de una tasa de mor­talidad mucho más alta entre las personas mayores de 65 años. La «gripe corona» que Trump desestima, es un peligro sin precedentes para las poblaciones geriátricas, con un número potencial de muertes del orden de millones.

En segundo lugar, al igual que las gripes anuales, este virus está mutando a medida que atraviesa po­blaciones con diferentes composiciones de edad e inmunidades adquiridas. La variedad que los esta­dounidenses tienen más probabilidades de adquirir ya es ligeramente diferente de la del brote original en Wuhan. Una mutación adicional podría ser tri­vial, o podría alterar la distribución actual de la virulencia, la cual aumenta con la edad, con bebés y niños pequeños que muestran un escaso riesgo de infección grave, mientras que los octogenarios en­frentan un peligro mortal de neumonía viral.

Tercero, incluso si el virus permaneciera estable y con poca mutación, su impacto en las cohortes de menores de 65 años puede diferir radicalmente en los países pobres y entre los grupos de pobreza ex­trema. Consideremos la experiencia global de la gri­pe española en 1918-19, que se estima que mató del 1 al 2 por ciento de la humanidad. A diferencia del virus corona, fue más mortal para los adultos jóve­nes. Esto a menudo se ha explicado como resultado de sus sistemas inmunes relativamente más fuer­tes, que sobre-reaccionaron a la infección al liberar mortales «tormentas de citoquinas» contra las célu­las pulmonares. El H1N1 original encontró un nicho particularmente favorable en los campamentos del ejército y en las trincheras de los campos de batalla, donde abatió a decenas de miles de jóvenes soldados. El colapso de la gran ofensiva alemana de la prima­vera de 1918, y por lo tanto el resultado de la guerra, ha sido atribuido a que los Aliados, a diferencia de su enemigo, pudieron reponer a sus maltrechos ejér­citos con tropas estadounidenses recién llegadas.

Sin embargo, rara vez se toma debidamente en cuen­ta, que el 60% de la mortalidad mundial se produjo en el oeste de la India, donde las exportaciones de granos a Gran Bretaña y las brutales prácticas re­quisitorias, coincidieron con una gran sequía. La escasez de alimentos resultante llevó a millones de pobres al borde de la ina­nición. Fueron víctimas de una sinergia siniestra entre la desnutrición, que suprimió su respuesta inmuno­lógica a la infección, y una neumonía bacteriana y vi­ral desenfrenada. En otro caso, el Irán ocupado por los británicos, varios años de sequía, cólera y esca­sez de alimentos, seguidos de un brote generalizado de malaria, condicionaron la muerte de una quinta parte de la población.

Esta historia -especialmente las consecuencias des­conocidas de las interacciones de la desnutrición con las infecciones existentes-, debería advertirnos de que COVID-19 podría tomar un camino diferente y más mortal en los barrios marginales de África y el sur de Asia. El peligro para los pobres del mundo ha sido ignorado casi por completo por los perio­distas y los gobiernos occidentales. Según el único artículo publicado que he visto, debido a que la po­blación urbana de África Occidental es la más joven del mundo, la pandemia debería tener un impacto leve. A la luz de la experiencia de 1918, esta es una ex­trapolación insustentable. Nadie sabe lo que sucederá en las próximas semanas en Lagos, Nairobi, Karachi o Kolkata. La única certeza es que los países ricos y las clases ricas estarán con­centrados en salvarse a sí mismos, excluyendo la soli­daridad internacional y la ayuda médica. Muros, no vacunas: ¿podría haber un esquema más perverso para el futuro?

De aquí a un año podremos mirar retrospectivamen­te con admiración el éxito de China en contener la pandemia, pero ver con horror el fracaso de los Esta­dos Unidos. (Estoy haciendo el supuesto heroico que la declaración china de una transmisión en declina­ción rápida es más o menos exacta). La incapacidad de nuestras instituciones para mantener cerrada la caja de Pandora, por supuesto, no es una sorpresa. Desde el año 2000 hemos visto repetidamente retro­cesos en la atención médica básica.

Por ejemplo, la temporada de gripe 2018 sobrepasó a los hospitales de todo el país, revelando la sorpren­dente escasez de camas de hospital, luego de veinte años de reducciones en la capacidad de hospitali­zación con fines de lucro (la versión industrial de la gestión de inventario “just-in-time”). Los cierres de hospitales privados y de caridad y la escasez de servicios de enfermería, igualmente aplicada por la lógica del mercado, han devastado los servicios de salud en las poblaciones más pobres y en las zonas rurales, transfiriendo la carga a los hospitales públi­cos y las instalaciones de VA2“VA”: acrónimo de “Veterans Health Administration”. Es un sistema de salud para los retirados de las fuerzas armadas de los EEUU. (Nota del traductor.) con fondos insuficien­tes. Las condiciones de la sala de emergencias en tales instituciones ya no pueden hacer frente a las infecciones estacionales. Entonces, ¿cómo enfrenta­rán una sobrecarga inminente de casos críticos?

Estamos en las primeras etapas de un Katrina sani­tario. A pesar de años de advertencias sobre la gri­pe aviar y otras pandemias, los equipos básicos de emergencia, como los respiradores, no son suficien­tes para lidiar con la marea de casos críticos que se espera. Los sindicatos de enfermeras militantes en California y otros estados están procurando que todos comprendamos los graves peligros creados por las reservas inadecuadas de suministros de pro­tección esenciales, como las mascarillas N95. Aún más vulnerables, por ser invisibles, son los cientos de miles de trabajadores de atención domiciliaria y personal de hogares de ancianos, con bajos salarios y exceso de trabajo.

El rubro de hogares de ancianos y de atención asis­tida, que alberga a 2.5 millones de estadounidenses de edad avanzada, la mayoría de ellos con Medicare, ha sido durante mucho tiempo un escándalo nacio­nal. Según el New York Times, un increíble número de 380,000 pacientes de hogares de ancianos muere cada año por la negligencia de las instalaciones de los procedimientos básicos de control de infeccio­nes. Muchos albergues, particularmente en los esta­dos del sur, encuentran que es más barato pagar las multas por violaciones sanitarias, que contratar per­sonal adicional y brindarles la capacitación adecua­da. Ahora, como advierte el caso de Seattle, docenas más -quizás cientos- de hogares de ancianos, se con­vertirán en focos de coronavirus, y sus trabajadores con salario mínimo optarán racionalmente por pro­teger a sus propias familias al quedarse en casa. En tal caso, el sistema podría colapsar, y no deberíamos esperar que la Guardia Nacional vacíe las sábanas.

El brote ha expuesto súbitamente la marcada divi­sión de clases en el cuidado de la salud: aquellos con buenos planes de salud, que también pueden traba­jar o enseñar desde casa, están cómodamente aisla­dos mientras cumplan con las debidas precauciones. Los empleados públicos y otros grupos de trabajado­res, sindicalizados, con cobertura decente, deberán tomar opciones difíciles entre recibir ingresos, o protegerse. Mientras tanto, millones de trabajadores de bajos salarios, empleados agrícolas, trabajadores temporales sin cobertura, desempleados y perso­nas sin hogar, serán arrojados a los lobos. Incluso si Washington finalmente resuelve el fiasco de las pruebas fallidas, y proporciona un número adecuado de kits, los no asegurados aún tendrán que pagar a los médicos u hospitales por la aplicación de éstas. En general, las facturas médicas familiares se dispa­rarán al mismo tiempo que millones de trabajadores están perdiendo sus empleos y el seguro proporcio­nado por su empleador. ¿Podría haber un caso más fuerte y más urgente a favor de Medicare for All?

Pero la cobertura universal es solo un primer paso. Es decepcionante, por decir lo menos, que en los debates primarios ni Sanders ni Warren hayan des­tacado la abdicación de Big Pharma de investigar y desarrollar nuevos antibióticos y antivirales. De las 18 compañías farmacéuticas más grandes, 15 han abandonado totalmente ese campo. Los medicamen­tos para el corazón, los tranquilizantes adictivos, y los tratamientos para la impotencia masculina, lide­ran las ganancias; no la protección contra las infec­ciones hospitalarias, las enfermedades emergentes y las enfermedades tropicales tradicionales fatales. Una vacuna universal contra la influenza -es decir, una vacuna que se dirige a las partes inmutables de las proteínas de la superficie del virus-, ha sido una posibilidad durante décadas, pero nunca una priori­dad rentable.

A medida que la revolución antibiótica se revierta, reaparecerán viejas enfermedades junto con nuevas infecciones, y los hospitales se convertirán en osa­rios. Incluso Trump puede oponerse de manera opor­tunista a costos de recetas absurdos, pero necesita­mos una visión más audaz que busque romper los monopolios farmacéuticos, y proporcionar al público la producción de medica­mentos vitales. (Así solía ocurrir: durante la Segun­da Guerra Mundial, el Ejér­cito reclutó a Jonas Salk y a otros investigadores para desarrollar la primera vacuna contra la gripe). Como escribí hace quince años, en mi libro The Monster at Our Door The Global Threat of Avian Flu:

«El acceso a medicamentos vitales, incluidas vacunas, antibióticos y antivirales, debe ser un dere­cho humano, disponible universalmente sin costo alguno. Si los mercados no pueden proporcionar incentivos para producir dichos medicamentos a bajo costo, los gobiernos y las organizaciones sin fi­nes de lucro deberían asumir la responsabilidad de su fabricación y distribución. La supervivencia de los pobres debe considerarse en todo momento una prioridad mayor a las ganancias de Big Pharma.»

La pandemia actual amplía el argumento: la globali­zación capitalista ahora parece ser biológicamente insostenible en ausencia de una verdadera infraes­tructura de salud pública internacional. Pero tal in­fraestructura nunca existirá hasta que la gente mo­vilizada rompa el poder de Big Pharma y la atención médica con fines de lucro.

12 de marzo de 2020


[1] Fuente: http://links.org.au/mike-davis-covid-19-monster-finally-at-the-door / Traducción: Guillermo Rochabrún. Mike Davis (California 1946) es un sociólogo marxista norteamericano, de orientación trotskista. Fue un activista radical, que luego se graduó como sociólogo urbano, habiendo hecho también estudios en historia. Es parte de la llamada “Escuela de Los Ángeles”, de sociología urbana. Integra la revista inglesa New Left Review así como el colectivo catalán Sin Permiso. Ha escrito numerosos libros, algunos de los cuales han recibido distinciones. En castellano, entre otros se han publicado Planeta de Ciudades Miseria; Ciudad de Cuarzo y El Monstruo Llama a Nuestra Puerta: la Amenaza Global de la Gripe Aviar, que da título al presente artículo. Es, obviamente, un autor muy controvertido. Sobre él puede verse el enlace https://en.wikipedia.org/wiki/Mike_Davis_(scholar).

[2] “VA”: acrónimo de “Veterans Health Administration”. Es un sistema de salud para los retirados de las fuerzas armadas de los EEUU. (Nota del traductor.)

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