Editorial

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Ojo Zurdo llega a su sexto número continuando la tarea que anunciamos al salir a luz hace dos años: contribuir al debate sobre la realidad y perspectivas del país desde una meridiana posición socialista y, por ende, democráti­ca. Buscamos aportar desde una mirada de izquierda que reivindica explícitamente la necesidad de cambios pro­fundos en nuestra sociedad, transformando las relaciones de poder que sustentan un orden social injusto y desigual, así como un sistema político solo aparentemente demo­crático. Nuestra convicción de modificar desde la raíz esta realidad, implica un proceso constante de conocimiento y acción, desde una firme opción por los explotados y do­minados. Entendemos la política como fuente y resultado, como praxis creativa resultante de esta lucha intelectual y vital al mismo tiempo. Así, cada número de esta revista quiere sumar a la urgente tarea de reinventar la izquierda peruana desde sus cimientos, recuperando al mismo tiem­po su irrenunciable apuesta e identidad transformadora, revolucionaria, hacia una continua democratización de la vida social. Esto convoca un proyecto histórico capaz de trascender el empobrecimiento de la política que corroe en estos tiempos incluso las filas de la izquierda: ser el “ne­gocio” de un grupo, no aspirar a ir más allá del auto en­cierro parlamentario, no ser capaces de crear alternativas desde y con lo electoral, pero sin quedar engullidos por esa dinámica. Ser de izquierda supone mantener la integridad de no acomodarse simplemente a las necesidades del po­der.

Ojo Zurdo #6 aparece en un escenario revuelto por la con­vocatoria presidencial a un referéndum, en medio de la más grave crisis institucional ocurrida en el país desde la última transición democrática. Como en un juego de do­minó político, a partir del escándalo Lava Jato hemos visto una sucesión de hechos —liberación ilegal del ex dictador Fujimori, caída de PPK, juramentación de Vizcarra, des­crédito del Congreso controlado por el fujimorismo, des­tape de los audios de la corrupción enquistada en el Poder Judicial, entre otros— que muestran la profunda crisis del sistema neoliberal aún vigente en Perú. La actual crisis del modelo, sin embargo, aún no coincide con la existencia de fuerzas sociales y políticas capaces de impulsar otras al­ternativas. A pesar de ello, el grave deterioro político y so­cial aún predominante, mostró cómo mucha gente decidió movilizarse, saliendo a las calles para defender la demo­cracia, los derechos humanos y, en general, los derechos ciudadanos. Esa indignación viene a sumarse a la férrea resistencia que protagonizan otros sectores afectados por el “desarrollo” neoliberal (trabajadores, comunidades y pueblos indígenas, entre otros).

La caída de PPK abrió paso a un nuevo mandato suma­mente frágil e inestable. No solo porque el actual presiden­te Vizcarra, hallándose prácticamente en un exilio dorado como embajador en Canadá, no pensaba reemplazarlo, sino fundamentalmente debido al grado de descomposi­ción del sistema vigente. Vizcarra optó en un principio por ser simplemente una pieza de recambio, sometida a la cua­si dictadura parlamentaria del fujimorismo, pero cuando vio que ese perfil no aseguraba su permanencia hasta el 2021, decidió emprender algunas reformas destinadas a mantener su popularidad y legitimidad por encima de todo. Eso explica el contenido del último mensaje presi­dencial que, sin duda, ha abierto una nueva coyuntura. No hay duda que se requieren reformas en lo político y judi­cial, y un referéndum como el anunciado abre expectati­vas. Pero sabemos bien que la podredumbre existente, de la cual Lava Jato y Lava Juez no son más que la punta del iceberg, requiere una auténtica refundación estatal y re­publicana, así como un nuevo diseño constitucional post neoliberal. Es decir, un sistema completamente distinto al construido desde los 90s por el fujimorismo, que se ha mantenido desde entonces con la complicidad de la clase empresarial, los militares y una derecha famélica de votos e ideas, pero siempre sedienta de prebendas y pingües ga­nancias.

La lucha por otro futuro es también una lucha por la me­moria. En ese sentido, el tema central de este número de Ojo Zurdo es: “Memoria y poder: disputas sobre la historia reciente”. Alcanzamos aportes valiosos (artículos escritos por Rafael Salgado, Alexandra Hibbett, Anahí Durand y Francisco Soberón, Deborah Poole y Gerardo Rénique) para discutir las nuevas condiciones de elaborar memoria sobre nuestro pasado reciente de violencia y horror. A 15 años de la presentación del Informe Final de la Comisión de la Verdad, se hace más necesario que nunca defender las banderas de lucha por justicia y verdad en la sociedad peruana. Sobre todo, ante el surgimiento de un “negacio­nismo” reciente, que no solo busca tergiversar los hechos, sino que pretende una impunidad acorde a las necesida­des del fujimorismo y otros sectores, que buscan lavarse la cara para seguir ganando influencia y poder. A los artí­culos ya mencionados, se añade el acostumbrado Diálogo Zurdo titulado esta vez: “No vamos a renunciar a la batalla por la memoria”. Al mismo convocamos a Doris Caqui, An­tonio Zapata y José Carlos Agüero, cuyas lúcidas reflexio­nes hacen pensar en la vigencia del llamado de la CVR a un nuevo “pacto fundacional” auténticamente democráti­co en el país.

Vista retrospectivamente, la transición democrática que se inició con el nuevo siglo resultó errática e insuficiente. Se necesitaba cambiar de raíz las cosas, poniendo freno al continuismo de un sistema que ha convertido incluso la gestión estatal en un negocio privado, en vez de erigirse en representación democrática y de amplio sentido ciudada­no. Lo que tuvimos después de la transición fue la sucesión de gobiernos electos que se acomodaron sin tapujos al modelo, agarrándose al famoso “piloto automático” para asegurar su continuismo. A pesar de la desorientación de una izquierda que desde hace rato vaga como perdida en el desierto (neoliberal), ha sido la propia población que ha podido avanzar y resistir todos estos años, aún en medio de una fuerte despolitización. Parte de esa lucha ha con­sistido en avanzar construyendo memoria justa, a pesar del horror, sin olvidar los miles y miles de muertos y des­aparecidos, así como el dolor que impregna la vida (y las luchas por progreso y dignidad) de familiares y víctimas.

Este número incluye también un especial de agradecido recuerdo y homenaje a Aníbal Quijano, mediante un con­junto de artículos escritos por Carolina Ortiz, César Ger­maná, Manuel Valladares, Boris Marañón, Danilo de Assis Climaco y Ramón Pajuelo. La reciente partida de Aníbal Quijano deja a la izquierda del Perú y América Latina sin la presencia física de uno de sus pensadores más represen­tativos. Quijano nos deja una obra valiosa, cuyo sentido excede largamente sus contenidos académicos, pues nun­ca dejó de asumir el riesgo de pensar la realidad desde un auténtico compromiso teórico y político de izquierda. A lo largo de su trayectoria, aportó siempre a la utopía de otro mundo posible, de una sociedad plenamente liberada del poder y la dominación capitalista. Ese camino lo condujo a elaborar un pensamiento que destaca por su originalidad y excepcional rigor teórico, con base en su explícita mili­tancia y defensa de un marxismo auténticamente maria­teguiano y latinoamericano.

Como siempre, otras secciones de Ojo Zurdo recogen distin­tos aportes referidos a la situación de coyuntura (Eduardo Ballón, Diego Lazo y Gustavo Ávila), la escena internacio­nal (Alexander Gamba, Víctor Hugo Pacheco, Jaime Ortega y Boaventura de Souza), y los movimientos sociales (Mar­tha Dillon y Karen Bernedo). Asimismo, nuestra sección Culturas y Sentidos recoge tres poemas de José María Mi­llones Campana y un relato de Víctor Liza. Completan este número las acostumbradas reseñas, así como un conjunto de viñetas y dibujos inéditos del artista y antropólogo aya­cuchano Edilberto Jiménez Quispe.

Lima, agosto de 2018