Editorial No. 8

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Comité editorial

Ojo Zurdo N° 8 sale a luz en un momento sumamente crítico para el país. En el mensaje a la nación de Fiestas Patrias, el presidente Martín Vizcarra propuso el adelanto de elecciones generales –presidenciales y congresales- como una posibilidad para superar la crisis política que el país viene arrastrando desde las elecciones del 2016. Al momento de enviar a imprenta estas páginas, se torna evidente la formación de una coalición política, empresarial, y mediática; cuya finalidad es apartar a Vizcarra del poder, evitando así el adelanto de elecciones y el recorte del mandato de un Congreso que será recordado como uno de los más repudiados en la historia nacional. En el fondo, lo que se busca es frenar la posibilidad de una reforma política y, sobre todo, traerse abajo las investigaciones en torno al escándalo Lava Jato. Se intenta pues imponer el borrón y cuenta nueva, el olvido y la impunidad, a fin de llevar a foja cero la lucha contra la corrupción.

Creemos que este panorama no es casualidad. Ocurre que esta lucha -merced a los avances de un valiente equipo fiscal y a la amplia indignación ciudadana- logró nada menos que evidenciar el carácter mafioso y corrupto del sistema neoliberal imperante en la sociedad peruana. No podemos dejar de alertar respecto a este afán golpista, que en el futuro inmediato parece enrumbarse hacia zanjar la crisis política reemplazando a Martín Vizcarra por Mercedes Aráoz, actual vicepresidenta y recordada “Miss Bagua” del gobierno aprista. Es decir, los poderosos de siempre y sus aliados de turno han decidido restaurar la normalidad neoliberal, salvando el pellejo de la mafia fujimorista y asegurando sus pingües negocios, así como las prebendas de sus corifeos dentro y fuera del Congreso.

El factor que aceleró la crisis política fue el torpe intento gubernamental de imponer el proyecto minero Tía María. Sin embargo, la movilización de la población de Valle del Tambo en defensa de su propio modelo de desarrollo agropecuario, no solo hizo retroceder este intento, sino que sacó a luz la incoherencia de un gobierno que aplicó la vieja fórmula de pactar con Dios y con el diablo al mismo tiempo. El fracaso del intento de contentar a las élites empresariales (CONFIEP y capitales mineros), tratando simultáneamente de conservar su legitimidad social, ha dejado al régimen sin el respaldo de los grupos de poder, generándose un reacomodo de la correlación de fuerzas en torno a la crisis. El desenlace de esta situación aún resulta imprevisible.

Uno de los elementos principales de la crisis ha sido la tensión recurrente entre un Ejecutivo maniatado por la sujeción al modelo neoliberal (primero con Kuczynski y ahora con Vizcarra), y un Legislativo convertido en la principal plataforma de operación de la mafia fujimorista y sus aliados. Sin embargo, solo desde la óptica de cierta ciencia política incapaz de ver más allá de lo estrictamente institucional, se puede creer que la crisis se reduce a dichos aspectos, y puede resolverse en torno a ellos. En realidad, la crisis de la política y del sistema institucional establecido junto a la actual hegemonía neoliberal, debe verse como un ingrediente al interior de una crisis mucho más compleja y profunda.

Una interpretación diferente, elaborada desde una perspectiva de izquierda, aprecia una situación irreversible de crisis de régimen, que brindaría el contexto ideal para una salida constituyente. Necesitamos discutir más esta hipótesis. Desde nuestro punto de vista, es claro que las aristas de la crisis no se limitan a un simple desajuste institucional o a un enfrentamiento de poderes únicamente. Sin embargo, ¿hasta qué punto es posible hablar de una crisis de régimen en el sentido pleno de esta noción? Esta pregunta resulta crucial en la medida que continúa vigente una hegemonía neoliberal que, en las últimas tres décadas, ha transformado completamente a la sociedad peruana. Una hegemonía que no solo ha modificado la naturaleza del poder y de la dominación, sino que ha redefinido también el tejido social y las expectativas de cambio de la gente. Así, el momento actual muestra, junto a la profunda corrosión del sistema político, un fuerte desinterés y hasta indiferencia respecto a la crisis política. Si bien la indignación y movilización social han sido claves en la configuración del actual escenario, siguen lejos de constituir un movimiento social plenamente articulado a un proyecto de transformación con rostro de izquierda. Sigue predominando un sentido común neoliberal que orienta las expectativas de bienestar y ascenso social. Ello plantea un desafío fundamental para seguir construyendo a la izquierda como opción de cambio histórico.

En este contexto, sigue pendiente el reto de dar fuerza a una izquierda política y social realmente alternativa, capaz de encarnar una opción concreta de cambio y futuro democrático para la sociedad peruana en su conjunto. En los últimos años, hemos apreciado el retorno de la izquierda al ámbito de la política oficial, especialmente en el Congreso. Sin embargo el balance que podemos efectuar, sobre todo a la luz de la crisis actual, es realmente decepcionante. A la izquierda parlamentaria de estos días, le ha quedado grande el encargo de expresar y actuar políticamente, a fin de refundar desde sus cimientos un proyecto de transformación social de raigambre popular, capaz de
representar una alternativa real ante el neoliberalismo dominante. De otro lado, si bien se aprecian luchas y movimientos sociales que en el fondo demandan otras formas de vida posible, persiste la debilidad, desarticulación y despolitización imperantes. Más aún en una realidad sometida permanentemente a la amenaza de la desintegración y cooptación de lo social. La sociedad peruana de hoy sigue exhibiendo la destrucción de actores colectivos, pero al mismo tiempo sigue incubando demandas profundas de igualdad, derechos, ciudadanía y democratización del poder. Ello implica un desafío para seguir pensando y actuando desde el ideal de un socialismo sin calco ni copia, entendido como una constante democratización del poder y la vida social en su conjunto, desde las necesidades tangibles de lo cotidiano.

El tema central del presente número es el de las luchas feministas y de las mujeres en el Perú. Nosotros pensamos que cualquier alternativa de izquierda requiere rehacerse desde una auténtica construcción de igualdad, desde una radical contestación del orden patriarcal. Reconocer los avances, pero también las debilidades y límites de esa agenda, es un aporte para seguir avanzando y construyendo. Como ya es costumbre, nuestra sección “Diálogo Zurdo” también se halla dedicada al abordaje del tema central de la revista.

Alcanzamos asimismo otros materiales para el análisis y reflexión en torno a la agitada coyuntura nacional (el conflicto en torno al proyecto Tía María y las dimensiones de la crisis actual camino al Bicentenario) e internacional (las situaciones de Venezuela, la migración de comunidades en la frontera de Ecuador y Colombia, y el micro fascismo en Chile). Seguimos recogiendo esfuerzos por aportar al pensamiento crítico sobre cuestiones de especial interés, como la unidad del campo popular y los cambios de la representación de lo nacional. En la sección “Culturas y Sentidos”, esto último se aborda desde el ámbito de la creación estética y la sensibilidad individual y colectiva. Una mención especial requiere la participación de un grupo de compañeras artistas creadoras de una muestra grupal sobre las luchas emancipadoras de las mujeres en la historia peruana.

Nuestra sección “Memoria y Homenaje” brinda una valoración de los aportes de dos personajes inolvidables: el periodista César Lévano y el sociólogo Julio Cotler. Asimismo, con este número inauguramos una nueva sección denominada “Historia y Sociedad”, la cual se propone recoger materiales de divulgación y análisis sobre los hechos históricos que van definiendo las opciones y posibilidades del presente y del futuro. Como ya es habitual, cerramos con reseñas en torno a publicaciones de interés.

Lima, 21 de agosto de 2019