Editorial

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Al diseñar el presente número de Ojo Zurdo, nos plantea­mos discutir el continuismo neoliberal durante el gobierno de Kuczynski. En el camino, se desató la crisis de vacancia e indulto y, poco tiempo después, asistimos al desenlace que aún se encuentra en curso, con la juramentación de Martín Vizcarra como nuevo Presidente, y del gabinete Villanueva que acaba de asumir funciones. Estas circunstancias expli­can el tema central de la presente edición: “Tiempo de crisis, democracia a la deriva”. Nuestro interés, en consonancia con la perspectiva crítica socialista que nos caracteriza, es ir más allá del simple análisis de coyuntura, promoviendo el deba­te sobre las raíces profundas de la crisis política, y sobre las perspectivas de transformación real en el país.

Desde nuestro punto de vista, el flamante gobierno de Viz­carra expresa una sucesión presidencial que resulta insu­ficiente para resolver los graves problemas vinculados a la continuidad de la hegemonía neoliberal, así como a la crisis de representación que envuelve a un (inexistente) sistema de partidos, y a un Estado capturado por los grupos de poder que siguen beneficiándose del orden neoliberal. Una suce­sión presidencial, aun siendo legal y Constitucional, tiene un carácter diferente a una transición de régimen como la que necesitamos en Perú. Una transición capaz de sentar nuevas bases para avanzar hacia una mayor democratización en to­dos los planos de nuestra vida social.

El origen de la crisis que sacude a la sociedad peruana, se ha­lla en la permanencia de un sistema neoliberal que se alimen­ta de corrupción, destrucción del tejido social y privatización del Estado en beneficio de unos cuantos poderosos. Pero tanto como esto, resulta fundamental la paulatina domesticación de una izquierda que, reducida a su condición parlamentaria, parece incapaz de reemplazar el sueño revolucionario del pa­sado por un proyecto nacional de profunda transformación democrática. El abismo entre las luchas sociales anti neolibe­rales de la actualidad, y el accionar de una izquierda política que no se plantea ir más allá del orden establecido, es uno de los ingredientes de la dramática crisis peruana de estos días.

A pesar del discurso de éxito que nos han vendido desde la infame década fujimorista, la realidad es que las cifras del crecimiento neoliberal, e incluso la reducción de la pobreza, tienen el costo de mayor desigualdad social y progresiva des­humanización de la vida cotidiana, en una sociedad asolada por el egoísmo, la reproducción de múltiples violencias y la pérdida de cohesión social. En este escenario, las luchas po­pulares existentes, aunque todavía débiles, siguen sataniza­das como amenazas, presentadas como simples “conflictos sociales” o “ruido político” a ser extirpado.

El régimen neoliberal a la peruana, legalizado por el espurio diseño de la Constitución fujimorista, ha tocado sus límites con el escándalo Lava Jato, que puede ser visto como radio­grafía de la pobredumbre que lo sostiene. Al tocar costas pe­ruanas, la ola del tsunami brasileño de corrupción desnudó completamente nuestra endeble democracia neoliberal. Puso en evidencia el error histórico de la última transición: Pensar que la recuperación democrática no requería el cambio de modelo, de Constitución ni de régimen económico. Con los destapes de Lava Jato, Kuczynski terminó de mostrarse como lo que siempre fue: Un monigote al servicio de los ricos y po­derosos, una pieza de recambio en la historia reciente de la captura privada del Estado peruano.

El segundo round de la crisis fue el intento fujimorista de lim­piarse la cara sacrificando al monigote. Eso explica el primer pedido de vacancia, que encalló debido a la mafiosa lucha dinástica entre los hermanos Keiko y Kenji Fujimori. Un mo­ribundo Kuczynski aceptó pagar el costo de su permanencia con la libertad del asesino y ex dictador Alberto Fujimori. Lo que no esperaba es que el indulto navideño dividiría al país y que, a pesar de la despolitización reinante, despertara una indignación callejera que, mediante cinco sucesivas jornadas de protesta, mostró una auténtica reserva moral de democra­cia y dignidad ciudadana.

Desde diciembre pasado, el fracaso de la primera vacancia, el indulto y la indignación en las calles, produjeron un rea­lineamiento de las fuerzas políticas, que condujo al segundo pedido de vacancia en el Congreso. El sector liderado por Kei­ko Fujimori, al mismo estilo de su padre y su asesor Monte­sinos, montó entonces una operación mafiosa para dejar en evidencia la alianza, también mafiosa, entre Kuczynski y su hermano Kenji. Los videos que destaparon la compra de votos a favor del gobierno, terminaron de derrumbar a Kuczynski, mostrando que el país requería, más que una sucesión presi­dencial, una auténtica transición democrática.

Pero el desenlace de este tercer round de la crisis política, fue más bien el retorno de Martín Vizcarra como flamante Presi­dente. En setiembre de 2017, al ser nombrado embajador en la lejana Canadá, luego de renunciar al Ejecutivo por el escánda­lo del aeropuerto de Chinchero, pocos imaginaron este final digno de un cuento de hadas. En su primer mensaje, Vizcarra anunció tímida pero correctamente, que impulsaría mejoras en lucha anticorrupción, educación y salud, así como la re­construcción de las regiones afectadas por el Fenómeno del Niño. Una sucesión presidencial en el sentido pleno de la fra­se, que abre un escenario interesante de posibles reformas, pero que se halla bastante lejos de una transición democrá­tica capaz de asumir en toda su dimensión la magnitud de la crisis que nos envuelve.

Al cierre de este número de Ojo Zurdo, con la juramentación del nuevo gabinete ministerial, el gobierno ha iniciado plena­mente sus funciones. Exhibe un perfil básicamente técnico y pragmático, que se guiará por la búsqueda de resultados, a través de un estilo de gobierno directo, más cercano al logro de eficacia en las calles que a los escritorios en las oficinas.

Entretanto, la crisis política sigue su curso. El terremoto Lava Jato que derrumbó a Kuczynski y dejó expuesto el carácter mafioso del sistema político imperante, también dejó en­trever un amplio rechazo ciudadano a la actual democracia neoliberal, finalmente funcional al continuismo del modelo hegemónico. Una real democracia política supone actores capaces de representar intereses sociales reales, y no mafias enquistadas en el Estado con el único fin de beneficiarse del poder. De allí que la tarea histórica por asumir desde la iz­quierda, consiste en arraigar un proyecto de cambio desde las esperanzas profundas del pueblo peruano.

Esta quinta entrega de Ojo Zurdo, busca contribuir a dicha tarea desde el plano de la reflexión y el debate. De allí que el análisis del tema central, se acompaña de nuestras acostum­bradas secciones, y de un especial en homenaje al reciente centenario de la revolución rusa de 1917. Un horizonte revo­lucionario implica, ahora más que nunca, la capacidad de crí­tica, imaginación y renovación, que solo puede brotar como resultado de la acción política de izquierda –en las calles, el debate de ideas, la construcción orgánica y la gestión públi­ca– realmente comprometida con las expectativas y luchas democráticas del pueblo en movimiento.

Este número incluye también ilustraciones y gráficos de la exposición “Resistencia Visual 1992-2017. Carpeta colaborati­va” coordinada por Karen Bernedo. La carpeta consta de un conjunto de imágenes en serigrafía –algunas de conmemo­ración y homenaje, otras críticas y cuestionadoras– sobre los hechos enmarcados en la dictadura de Alberto Fujimori. El año pasado, la exposición de esta muestra en el Lugar de la Memoria (LUM), generó presiones sobre esta institución que arrastraron la renuncia de su ex director, Guillermo Nugent. Por eso quisimos incluir aquí las imágenes, gracias a la cola­boración de las y los artistas participantes.

Agradecemos como siempre a nuestros lectores por seguir apoyando, al leer estas páginas, un proyecto editorial alter­nativo y autogestionario que depende de sus propias ventas. Éstas no siempre alcanzan para llegar hasta la imprenta, por lo cual expresamos nuestro agradecimiento a un grupo de compañeros peruanos residentes en España, quienes han he­cho posible que Ojo Zurdo continúe su rumbo.

Lima/Cuzco, abril de 2018.