Edgardo Rivera Martínez en la historia y cultura de Jauja

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Carlos H. Hurtado Ames1Historiador de la Universidad de Trujillo.

El fallecimiento de Edgardo Rivera Martínez, en octubre del 2018, ha significado una de las pérdidas más importantes para las letras peruanas y particularmente para la de la sierra central peruana, especialmente para la ciudad y la provincia de Jauja. Rivera Martínez ha desarro­llado la mayor parte de su producción literaria teniendo como base esta ciudad y su entorno, involucrando en ello muchas características de su proceso social e histórico que han quedado retratadas en sus novelas y cuentos. Vale de­cir, de los jaujinos y de la historia y cultura de Jauja.

Hay una bibliografía ciertamente importante en la que se pondera y posiciona la producción literaria de Rivera Mar­tínez, y que ha destacado, principalmente, la propuesta de una sociedad integrada, de la andina con la occidental, en una amalgama pacífica de castas, como una característi­ca central del proceso social de Jauja.2Ferreira, César e Ismael Márquez (eds.), De lo andino a lo universal. La obra de Edgardo Rivera Martínez. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1999; Ferreira, César (ed.), Edgardo Rivera Martínez: Nuevas lecturas. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2006. Aunque el vértice de estas propuestas está en la novela País de Jauja (1993), también se aprecia ello en Libro del amor y las profecías (1999) y A la hora de la tarde y de los juegos (1996). La acla­mada novela País de Jauja, particularmente, ha sido objeto de muchos estudios y, seguramente, lo seguirá siendo. No obstante, es importante anotar que está pendiente un tra­bajo que analice la historicidad de esta novela, así como de la mayor parte de la producción literaria de este autor. Se debe ello a que Rivera Martínez suele hacer una ubicación temporal específica en sus narrativas, principalmente el periodo que comprende la segunda mitad del siglo XX. Así las cosas, no sorprendería verificar que, por lo menos en los títulos citados, en buena medida se está contando la historia de Jauja en este proceso temporal en particular.

Pero la producción de Rivera Martínez ha trascendido las novelas y cuentos. El famoso narrador también fue un riguroso académico que ha publicado importantes recopilaciones de diversas regiones, como por ejemplo la Antología de Trujillo (1998); Imagen y leyenda de Arequipa (1996) o Antología de la Amazonía del Perú (2007). Lo más trascendente de ellos es el énfasis en el proceso regional, diferente al que se desarrolla en la capital, y en la cual se puede percibir una cierta particularidad de un proceso lo­cal y regional. Además, se trata de materiales que ayudan mucho a los investigadores que trabajan cualquier temáti­ca que involucre algunos de estos procesos. Esta vertiente suya evidencia un conocimiento bibliográfico del Perú que sorprende y que está a la par con las antologías que solía hacer, por ejemplo, Raúl Porras Barrenechea.

También se ha abocado al estudio de los distintos viajeros que pisaron suelo peruano en distintas épocas, producto del cual es el libro El Perú en la literatura de viaje europea de los siglos XVI, XVII y XVIII (1963) y que fue presentada como tesis de doctorado en literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sobre uno de estos viaje­ros tuvo particular fascinación y le dedicaría un estudio aparte, tal cual es La obra peruanista de Léonce Angrand (1834-1838) (2010), quizás por los vívidos dibujos con los que este viajero acompañaba sus relatos, y que pudo cono­cer en su trabajo en bibliotecas que hizo en París, y que en el caso del valle de Mantaro, en muchos casos, son piezas únicas.

Poco es lo que se ha dicho sobre cómo, tanto la producción literaria como la académica de Rivera Martínez, ha impactado en la historia y cultura local de la ciudad de Jauja. En esta ciudad vivió la mayor parte de su vida hasta antes de migrar a Lima por motivos de estudio a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Sus estudios secundarios los realizó en el Colegio San José de esta ciudad, uno de los más importantes de la sierra central peruana y en el que convergían alumnos de distintas partes de la provincia. Fue, precisamente, en la revista que publicaba este cole­gio, llamada Xauxa, que publicó hacia noviembre de 1950 su primer cuento, bajo la batuta de Pedro Monge Córdova, un respetado profesor de Castellano y Literatura, titulado “La cruz de piedra”.

Justamente, Monge, en aquella edición, hizo un comenta­rio, a propósito de este cuento y de su novel autor, que vale la pena recoger: “Con «La cruz de piedra» inicia su carrera literaria el joven Rivera Martínez. Lector impenitente ha barajado a todos los representantes de la literatura universal en un afán encomiable de acopiar concepciones estéti­cas y modelos de estilo para iniciar su propia elaboración literaria”. De acuerdo con este profesor: “Temperamentos y méritos como los de Edgardo Rivera Martínez justifican holgadamente que un profesor rompa sus rígidas normas de rígida imparcialidad para saludar al discípulo distin­guido, con la seguridad de saludar en él a uno de los futu­ros escritores del Perú.”

Años después, cuando Monge estaba llegando al desenlace de su vida, Rivera Martínez lo animó y convenció que publicara varios de sus artículos, escritos a manera de ensayo costumbrista, que estaban dispersos en diversas revistas regionales y en otros casos inéditos, en formato de libro. Este es el origen de Estampas de Jauja (1980), uno de los tra­bajos más importantes de la literatura regional, de la cual hizo el estudio introductorio y donde queda de manifiesto el respeto que le tenía y el valor que le debe a su trabajo. En el mismo sentido, también tuvo injerencia en la publica­ción de Cuentos populares de Jauja (1981), del mismo autor, que se publicaron póstumamente y de la que también hizo el prólogo a la segunda edición (1993).

Edgardo Rivera Martínez tuvo una cátedra en la Univer­sidad Nacional del Centro del Perú, donde tuvo una muy fértil y prolífica actividad académica, desde 1962 hasta 1971, cuando se trasladó a la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. El dato de su permanencia en el valle del Mantaro por este espacio de tiempo es importante porque muestra que estaba involucrado y conectado con esta rea­lidad, de la que nuca se desligó. Una muestra de ello es que luego de solicitar su cese en la última universidad men­cionada, en 1986, regresó a Jauja y fundó un Instituto de Estudios Cultura y Sociedad en los Andes, que tenía como principal órgano Literaturas andinas, que se comenzó a pu­blicar en 1988 y de la que tenemos noticia se publicó por lo menos hasta el sexto número hacia 1991. Rivera Martínez era el director de esta publicación y en ella incluía traba­jos de crítica literaria, estudios bibliográficos y literaturas orales, donde daba a conocer por entregas los trabajos recopilatorios de Pedro Monge.

Para lo que aquí interesa, se debe destacar que esta revista tenía como dirección postal su casa en Jauja. Uno puede colegir que siempre tuvo en mente hacer un instituto de esta naturaleza en esta ciudad en los andes y recién luego de jubilarse pudo concretarse. La fecha cuando comienza a descontinuarse la revista no es casual ya que coincide con la redacción del manuscrito final de País de Jauja. De este modo, se puede apreciar una conexión entre el autor y la ciudad que nunca dejó de tensarse.

Fue durante su permanencia en la Universidad Nacional del Centro que se publicó Imagen de Jauja (1968). En el pró­logo de este trabajo Rivera Martínez agradece el “apoyo moral” de la Universidad, lo que en buena medida quiere decir que la edición y sus costos fueron asumidas por él. En Jauja hasta hace poco algunos vendedores de libros re­cordaban a “un profesor de la universidad” que les había dejado ejemplares de este volumen con ellos para su venta y esporádicamente preguntaba si se habían movido. Un gesto elocuente del compromiso que tenía y sentía con su tierra, y que también remite a las dificultades y limitacio­nes de hacer cultura en los espacios regionales en un país como el Perú.

Imagen de Jauja es un libro fundamental por mucha ra­zones. Se trata de una recopilación de casi todo lo que se ha dicho y escrito sobre Jauja desde antes de la llegada de los españoles a la región hasta finales del siglo XIX. Es un trabajo erudito que evidencia un importante recorrido de bibliotecas y diversos repositorios tanto en el Perú como en el extranjero, así como un prolijo conocimiento de los cronistas y viajeros. Es un material de primer orden para todo aquel que se interese en el estudio de la historia y la cultura de la sierra central en general en este marco tem­poral. Comparándolo con otros trabajos que realizó para otros lugares con una connotación similar, las antologías que se han citado, Imagen de Jauja tiene una diferencia. Se nota aquí que el examen de los autores es mucho más de­tallado, además de estar oportunamente comentado. Los otros trabajos podemos decir que son recopilaciones y an­tologías. En Imagen de Jauja sí se intenta una comprensión y hasta interpretación. En este sentido, en esencia, se trata de un libro de historia.

Una de las razones que esgrime en el prólogo para que haya tomado la decisión de hacer un trabajo de esta natu­raleza era, principalmente, la adhesión y cariño que siem­pre había tenido hacia Jauja, un hecho que nuevamente remite a la conexión que tenía con la ciudad. El contenido mismo, como hemos dicho, da cuenta de ello, tanto por el afán de no dejar ninguna información sin recoger, ni nin­gún autor que haya dicho algo de Jauja sin expurgar. Al final de este trabajo Rivera Martínez señalaba que haría una continuación a este volumen, que se centraría en la realidad de Jauja del siglo XX. Por razones que ignoramos este importante proyecto nunca llegó a ver la luz.

Otro importante trabajo centrado en la realidad de Jauja, y que es relativamente poco conocido, es Historia y leyenda de la tierra de Jauja. Es una compilación de la diferentes versiones que hay sobre la leyenda de Jauja, aquella que se refiere a la palabra Jauja como sinónimo de un lugar de ensueño, pero que tiene su base en un proceso históri­co real, que fue la riqueza que encontraron los españoles en el centro administrativo de Hatun Xauxa, uno de los segundos Cuzco, donde había una réplica del Coricancha que deslumbró a los forasteros. Hay algunos autores que han reflexionado sobre cómo el término “Jauja” llegó a la Península y derivó en un concepto asociado a la felicidad. En los diccionarios Jauja significa literalmente felicidad. De toda esta problemática es que se ocupa este trabajo.

Finalmente, no se puede dejar de decir que la obra de Edgardo Rivera Martínez, principalmente la de carác­ter literario, ha generado una suerte de reafirmación de la identidad local entre los jaujinos, que se suma a una identidad preexistente vinculada más a lo festivo. Además de los trabajos y hechos concretos que realizó por la historia y cultura de la ciudad de Jauja, tanto por difundir a auto­res de la ciudad así como de diversos artistas plásticos, a los cuales les escribió notables presentaciones en sus ca­tálogos, y por el hecho de poner el nombre de Jauja en la palestra, en diversos aspectos. El recuerdo de lo que hizo y cómo esto es asumido por la colectividad ahora se han convertido en parte de la realidad. Sus novelas, principal­mente País de Jauja, y su nombre mismo, evocan la sen­sación que permiten decir que ahora entre los jaujinos es “parte de nosotros”.


[1] Historiador de la Universidad de Trujillo.

[2] Ferreira, César e Ismael Márquez (eds.), De lo andino a lo universal. La obra de Edgardo Rivera Martínez. Lima: Pontificia Universidad Católica del Perú, 1999; Ferreira, César (ed.), Edgardo Rivera Martínez: Nuevas lecturas. Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2006.