Dos poemas

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Julio Carmona[1]

1

No me pidas que abra los ojos al silencio

Que deguste los potajes de la angustia

Con fruición que haga la vista gorda y la voz

Flaca por los escupitajos del venerable

Y su función de domador de ángeles

Ya estoy harto de ser parte de ese coro

De cantar sottovoce o en el sótano

Y escuchar solo el silbido de las sílfides

Me doy de alta en este entierro y tomo el timo

Por la risa y lo reviento de una sola risotada

De esas que tengo bien guardadas por el odio

Que manifiestan tener los que nos tienen hartos

Y hasta el perno y por si acaso no es venganza

Es el derecho a eso que muchos llamamos rebelión

2

Yo tendría que estar entre los muertos

O rodeado de estiércol o excremento

Para creer que el mundo es un recuerdo

Y el sueño una presencia in crescendo

¿De qué me sirve el mágico silencio

Aupado en un solícito misterio

Acaso para hacer en mis adentros

Una misa a mí mismo con sahumerio?

Si de belleza suma estoy repleto:

Dentro y fuera de mí (aunque haya cercos

De púas que la aíslan de mis dedos)

Por ella y por su libre desempeño

Me contagio de cólera y de pueblo

Y en sus alas creadoras me rebelo


[1] Escritor y docente de Piura