“El feminismo de ahora se debe en buena cuenta al camino hecho en los años anteriores”

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Maruja Barrig, Rosa Montalvo y Maya Taipe

En el presente Diálogo Zurdo, con la finalidad de discutir los avances y límites de las luchas feministas, convocamos a tres compañeras especialmente comprometidas. Maya Taipe Castro, feminista descolonial, estudiante de sociología en la PUCP. Miembra del Bloque Universitario Feminista; Rosa Montalvo, feminista con experiencia en género, interculturalidad y pueblos indígenas; Maruja Barrig, investigadora, activista y escritora feminista.

Ojo Zurdo: Iniciemos el diálogo aproximándonos a cómo surgen las luchas feministas en el Perú, intentando una mirada crítica de este desarrollo en términos de hitos y conexiones ge­neracionales.

Rosa Montalvo: Creo que un hito importante fue la declaración del Decenio de las Naciones Unidas para la Mujer (1976-1985). Fue un hito importante para América Latina y el Perú porque influyó en el surgimiento de nuevas iniciativas y brindó un nuevo impulso al feminismo; fue un momento en el que se sacó lo privado a lo público y la violencia hacia la mujer pasó a ser un problema público. El hecho de que ahora tengamos políticas públicas se debe a ese momento histórico en que se empieza a hablar que lo personal es político. Otro tema importante tiene que ver con la izquierda, muchas de nosotras estuvimos en parti­dos de izquierda, y la pelea era dentro de los partidos, para que se recuperara la cuestión de la mujer, su problemática y reivindicaciones. En ese tiempo yo militaba en el Movimiento revolucionario de los trabajadores en Ecuador y empezamos a leer a Kolontái que fue fundamental para debatir al interior del partido sobre las formas en que se trataba a las mujeres, porque si eras mujer y tenías comportamientos considerados “inapropiados” pasabas por el juicio de la célula. Estábamos en esa pugna que algunas teóricas han llamado “doble militancia”, creo que aquí muchas mujeres feministas que fueron precursoras salen de partidos de izquierda y tienen esa confrontación con los mismos partidos que no logran incluir las reivindica­ciones de las mujeres militantes.

Maruja Barrig: En los 70s y 80s el movimiento feminis­ta en varios países de América del Sur creció y se expresó también como un movimiento social contra las dictaduras, como lo aseguraron las feministas chilenas en su slogan: “Democracia en el país y en la casa”. Hubo una globaliza­ción de las luchas feministas en un contexto político muy particular en Argentina, Chile, Brasil, incluyendo a la Igle­sia Católica progresista. Por ejemplo, en Chile, la Vicaría de la Solidaridad jugó un papel muy importante en cobijar a las ONG de mujeres que se formaron en esa etapa. En esta dinámica se articula la participación de las feministas en los partidos políticos, lo cual generó todo un debate: al­gunas se oponían a considerar a las militantes de partidos como “verdaderas” feministas. Creo que es importante mi­rar esa etapa en el contexto latinoamericano de lucha por la democracia y de los partidos de izquierda asimilando el tema. En el caso de Vanguardia Revolucionaria, formamos una Comisión de la Mujer con posiciones que podían ser consideradas en ese momento de avanzada, como la despenalización del aborto, por ejemplo.

Maya Taipe: Agregaría la importancia de los encuentros feministas latinoamericanos y caribeños y la posición de las mujeres lesbianas o ser lesbiana dentro del movimien­to feminista. Otro hito importante en Perú, ya en la década de los 90, es la institucionalización del feminismo en las ONG, y su repliegue en los barrios, creo que eso es algo que ha impactado mucho y no solo al movimiento feminista, a los movimientos sociales en general. Desde el 2014, 2015 las jóvenes estamos en las calles, disputando luchas que creo que no son de ahora pero que vuelven; por ejemplo, el tema del aborto o la violencia contra las mujeres. Tam­bién las diversas ONG han aportado con sus plataformas de apoyo psicológico, asesoría legal y jurídica, creo que eso también alimentó al movimiento.

Ojo Zurdo: Sobre este punto, centrándonos en el feminismo en el Perú y esta generación de mujeres del movimiento urbano popular como María Elena Moyano, ¿qué pasó con esta presen­cia del movimiento de mujeres en el ámbito urbano-popular?

Maruja Barrig: Yo creo que eso está ligado al trabajo de promoción que tuvieron las ONG en el mundo urbano popular. Por ejemplo, el papel de Cáritas a fines de los 70 fue fundamental para la formación de los comedores popu­lares, porque antes existía una distribución individual de alimentos. Se hizo un trabajo para transferir herramien­tas sobre derechos, y hacer perder el miedo a mujeres dirigentas de esas organizaciones a intervenir públicamente; ellas posteriormente tuvieron una intervención política en elecciones locales. No sé si esto se perdió o no, pero se debe reconocer que existen cambios importantes en el mo­vimiento urbano popular. Hace años, hubo una importan­te presencia de las mujeres organizadas por la sobreviven­cia y luego una dinámica social que resistió la cooptación política en el periodo de Fujimori y también los embates de Sendero, que persiguió y asesinó a dirigentas. Yo me pregunto: ¿Qué pasó con las hijas de estas dirigentes? ¿En qué están? ¿Son diferentes de sus madres? ¿Cuáles son sus expectativas?

Rosa Montalvo: La cooptación del fujimorismo fue un asunto grave porque eso desmovilizó mucho. Hace veinticinco años hicimos un documental sobre la Central de Comedores Autónomos en San Juan de Lurigancho y el movimiento era muy fuerte, había una movilización increíble para reclamar y reivindicar las políticas públicas, no solo eran las cuestiones relacionadas al género, sino a todo lo que tenía que ver con la comunidad, con el barrio… eso sí creo que se perdió, en general los cambios urbanos impactaron. Y sí, muchas dirigentes fueron amenazadas de diversos modos, algunas se exiliaron, otras se desmovilizaron.

Ojo Zurdo: Eso nos lleva a preguntarnos por los avances y di­ficultades que en las reivindicaciones feministas en la región, ¿qué avances y dificultades destacarían?

Rosa Montalvo: Creo que no habría políticas públicas y todos los instrumentos que existen si no hubieran sido impulsadas por el feminismo; la violencia hacia la mujer no sería un problema público como es ahora. El feminismo de ahora se debe en buena cuenta a ese camino hecho en los años anteriores, de posicionar esos problemas, en esa épo­ca ya hablábamos del aborto, del derecho de tener una sexualidad libre de violencia, y esas son las agendas que hoy se retoman con nueva fuerza. También hemos logrado en la región que hoy se hable no sólo de las opresiones de las mujeres como género, sino enlazándolas a otros sistemas de opresión. Por ejemplo, hay grupos hablando del racis­mo como elemento estructural de las opresiones; esos son los feminismos nuevos, el feminismo interseccional que plantea que el racismo, la discriminación, también son elementos de la opresión que vivimos las mujeres y que se debe considerar cuando se analiza la situación de las mujeres. Dentro de lo que podemos señalar como las difi­cultades, creo que no hemos escuchado y mirado mucho a las diversidades y sus expresiones y formas de resistencia. Recuerdo que en el 2000 salimos a la Marcha Mundial de Mujeres contra el Hambre y la Pobreza con un grupo de mujeres indígenas que habían trabajado anteriormente sus consignas, con sus canciones y estaban bailando y lle­garon un grupo de compañeras obreras, y les empezaron a gritar “esto es protesta, no es una fiesta”. Estas formas de resistencia distintas de “las otras” no se han comprendido, ahora hay más apertura pero todavía falta conexión para escuchar a esas mujeres que tienen formas de resistencia distintas, que hablan y piensan con otra lógica. Muchas veces escuchamos decir “ella no tiene nivel” porque cree­mos que todos deben hablar académicamente. Casi es inconsciente, y es bueno que el desprecio al conocimiento distinto hoy sea cuestionando por el feminismo.

Maya Taipe: Creo que los avances importantes del movimiento feminista han sido en las políticas públicas. Tener un Ministerio es un logro que mal que bien pone en agen­da la violencia de género hacia las mujeres. En lo que son dificultades considero difícil el intercambio generacional de conocimientos, creo que como movimiento no se ha podido lograr, no porque las compañeras mayores no quieran hacerlo, si no por los sucesos históricos. Yo personalmente creo que la dictadura fujimorista fue un golpe muy fuerte para el movimiento feminista y el movimiento de mujeres en general, y no hemos procesado información respecto a eso. Otra dificultad es no tener espacios donde conversar, como los Encuentros Nacionales de Mujeres de Argentina o Chile, donde confluye una diversidad de com­pañeras, aquí no hay eso. Sí resalto que hoy tenemos una marcha como la del 25 de noviembre, que viene desde la lucha feminista y ahora es mucho más masiva, poniendo el ojo público en la violencia contra las mujeres, pero in­sisto en que las jóvenes feministas necesitamos esos espa­cios de converger y seguir en la lucha, conversar. Coincido en que es importante que se descentralicen las voces del movimiento feminista y veamos a las compañeras indíge­nas, amazónicas, que no necesariamente se asumen femi­nistas, pero tienen batallas propias dentro de sus organi­zaciones mixtas. Hay organizaciones muy activas como las compañeras afro peruanas de Presencia y Palabra, que fueron muy visibles en la marcha del 8 de marzo, creo que esa es una forma de decirle al movimiento general, que ellas también tienen una voz propia, no que hablen por ellas, que se escuchen sus propios reclamos al estado.

Maruja Barrig: No debemos olvidar que el Ministerio de la Mujer lo creó Alberto Fujimori. Fue el único presidente que asistió a la Conferencia de la Mujer en Beijing, y anun­ció en su discurso que las mujeres en el Perú iban a poder decidir si querían o no tener hijos, porque se eliminó la condición de que la pareja firmara el consentimiento para la ligadura de trompas, lo cual fue muy aplaudido porque era una reivindicación de la autonomía de las mujeres… luego ya sabemos lo que pasó con las esterilizaciones ma­sivas. Creo que hay que ir con calma, mirando los claros­curos de ese momento. Otro aporte es que el movimiento se ha enfocado a tener impacto e incidencia en las políti­cas: sacar de la casa la violencia, que se consideraba un tema del ámbito privado y convertirlo en un eje central de la agenda pública y que es un derecho apropiado por las mujeres. El reto es de qué manera hay mayor conexión entre la política pública y la vida de las mujeres. Por ello, una de las cosas que me preocupa es que lo que Nancy Fraser llama el “feminismo cultural”, aparece central en la agenda feminista actual y está como desdibujada la re­producción de la vida cotidiana, la vida de las mujeres en la pobreza, mujeres que no tienen capacidad emocional y económica de separarse de un hombre abusivo ¿Dónde las estamos dejando? ¿Cuál es nuestro discurso, nuestra pro­puesta para ellas?

Maya Taipe: Creo que es posible la articulación de una agenda pública que incluya no solo a jóvenes feministas, también a compañeras que no necesariamente se asumen feministas, pero son mujeres que trabajan organizada­mente en los barrios. He visto mujeres que hacen inciden­cias en mesas o instancias en sus distritos, como en Comas, Villa el Salvador y activan por la ley contra la violencia de género, esas mujeres están luchando en sus barrios. Una cosa es la agenda pública y las demandas colectivas del movimiento y otra cosa es lo que se trabaja en los territo­rios, y creo que sí existe una dinámica territorial. En Villa El Salvador tienes a las “Mujeres de Arena” con casi diez años de trabajo con mujeres y niñas. Que no sean dinámi­cas muy visibles no las omite, las voces del feminismo son muy heterogéneas. Yo soy parte del Bloque Universitario Feminista y desde mi universidad trabajo el tema, también lo hago en San Juan de Lurigancho trabajando con niños y niñas sobre violencia de género y derechos humanos. Creo que es un trabajo de a dos lados y se tendría que articular, por un lado, las agendas públicas que son necesarias de empujar para concretar temas urgentes como derecho al aborto o embarazo infantil forzado, y por otro lado el tra­bajo político en barrios y territorios que ya existe.

Rosa Montalvo: No creo que se trate solamente de articular agendas y que una cosa es lo público y otra lo territorial; el feminismo tiene el reto de hacer que en esa agenda públi­ca estén presentes las reivindicaciones de las mujeres que hacen acción feminista y que no se consideran feministas. Muy pocas mujeres indígenas se consideran feministas, es un camino que hay que hacer para que ellas también puedan reconocerse en su acción, porque el feminismo siempre ha tenido como enemigo incluso las narrativas de los hombres dirigentes indígenas. Yo recuerdo que a Glad­ys Vila un hombre le dijo “feminista neoliberal” cuando empezó a reivindicar las necesidades de las mujeres indígenas. Cuando una mujer indígena se asume feminista tiene en contra a sus dirigentes hombres que no quieren perder sus privilegios. Creo que el reto es cómo trabajamos articuladamente y aportamos juntas para que las reivindicaciones de las mujeres que están en los territorios, que están empobrecidas por el modelo extractivista sean parte de la agenda pública feminista… hasta ahora en la agenda los temas más potentes están relacionados al cuerpo, al de­recho a la sexualidad libre de violencia, lo que me parece muy bien, pero estas otras miradas sobre el territorio que tienen que ver con colectividad no se encuentran todavía o son incipientes

Ojo Zurdo: Hoy el feminismo y la política en general se vuelven performáticos, con un gran protagonismo de las redes. He­mos identificado el “Me too” como un hito de entrada al siglo XXI, donde el testimonio se vuelve una herramienta de impac­to en las mujeres. Entonces: ¿Vivimos una evolución frente a aquellas violencias que han sido normalizadas por años?¿Qué tanto ayuda el testimonio como una herramienta no sólo de liberación individual sino colectiva ¿Cuáles son sus ventajas y limitaciones?

Maya Taipe: El testimonio es importante, sobre todo en una sociedad donde la palabra de la mujer nunca es con­siderada, ni siquiera en los procesos legales. Creo que las redes sociales, al menos para las jóvenes, son un instru­mento importante; es una forma de poder decir lo que no te atreves a decir fuerte y libremente. Esa ha sido la vía por la que muchas de mis compañeras pudieron denunciar a sus profesores, acosadores, violadores, que son gente muy cercana. También ayuda para dejar de mitificar al agresor, que no es un monstruo lejano, fuera de la sociedad, sino que puede ser cualquiera incluyendo tus amigos. Eso tam­bién te hace reafirmar el valor del testimonio en sí. Cuando se habla por redes frecuentemente dicen: “es mentira, que nos pruebe lo que ha pasado”. En la Universidad Católica, por ejemplo, todo el año pasado se ha denunciado a profe­sores, jefes de práctica, alumnos, pero muchas compañe­ras han preferido no abrir procesos disciplinarios porque sigue siendo complicado y difícil, aún sigue habiendo es­tigmas contra quien denuncia.

Rosa Montalvo: Yo me interpelo un poco sobre estas relaciones de hermandad y me pregunto ¿cuáles son las hermanas? Porque el testimonio me parece potente, me parece increíble que ahora se digan cosas sobre la violencia que hemos vivido y hemos callado durante siglos, el problema para mi es que es anónimo y volátil. Haces el testimonio en la red y al rato pasas a otra cosa, por eso digo: ¿cuál es la hermandad? Yo creo que la hermandad se hace desde el feminismo cuando te veo, te escucho, te miro… aquí no te miro, solo es alguien que denunció. No estoy subvaloran­do, me parece muy importante el hecho de que se hable; por ejemplo el testimonio contra Pavel, que fue profesor del colegio de mis hijos; es potentísimo que se denuncie algo que ya se murmuraba… pero no sabemos quién lo dijo ¿Cómo generas hermandad cuando no sé tu nombre ni sé cómo piensas? Aunque entiendo la importancia del ano­nimato, este tiene su límite. Y ojo, cuando hablas de las jóvenes estás hablando básicamente de jóvenes urbanas universitarias que tienen acceso a redes. Todas las otras jóvenes que están en barrios, en comunidades que no tie­nen acceso a redes ni a la información, ¿qué les decimos a ellas? ¿Por qué redes hablan ellas? Hay un límite también en ese sentido y es una cosa que hay que leer en un país con una brecha digital bastante grande.

Maruja Barrig: Justamente al feminismo en los años 70 se le criticó por ser urbano y clasemediero y no veo mucha diferencia con el feminismo del 2020, que es igualmente urbano y clasemediero. Sobre el uso de las redes, cada generación tiene sus instrumentos también. A mí me parece que este cambio de decir “sea bella o sea hermosa, la mu­jer no es una cosa” como se agitaba hace 30 años, a decir “chucha con chucha, esta es mi lucha” es significativo, o como cuando salíamos a las marchas del 8 de marzo con banderolas lilas y florecitas en la mano. No tiene nada que ver con las nuevas expresiones corporales de las jóvenes en las marchas de hoy. Cada período tiene sus propias expresiones. Pero voy a ser provocadora: ¿Por qué tendrían mujeres de comunidades campesinas que declararse feministas? Si ni la ley contra la violencia funciona, por ejemplo, en comunidades a lo largo del río Ucayali. ¿Qué ganas denunciando si el presidente de la comunidad es el compadre, el papá o el padrino del abusador? ¿Y si quieres irte hasta Pucallpa a hacerte escuchar con tu denuncia y no tienes para pagar la lancha? ¿Qué opciones tienen las mujeres con poca capacidad de autonomía? Es muy complicado, no es solo un tema generacional o de acceso a la tecnología, también de la heterogeneidad del país, ubicaciones geográficas, creencias y costumbres.

Ojo Zurdo: Es un tema para continuar profundizando, pero debemos avanzar a nuestra última pregunta ¿cómo analizan ustedes los vínculos entre feminismo e izquierda?

Rosa Montalvo: Dos cosas primero. Uno, es que la izquier­da, y lo digo en base a mi experiencia anterior, no debe pretender captar el movimiento feminista, los feminismos son diversos y tienen que hacer su propio camino, mien­tras más militantes de izquierda haya en los feminismos mejor porque pueden plantear y enfrentar sus posiciones. Dos, creo en la justicia restaurativa por lo que no siempre se trata de sacar del mapa, expulsar al militante y creo que la izquierda tiene que reflexionar sobre las concepciones de género que tenemos todos, todas, todes, porque esto de que los hombres que se quieren aprovechar, han pasado siempre. Yo recuerdo, cuando entré jovencita al partido, todos los viejos estaban encima… siempre ha existido eso, en la concepción de género de los hombres está que estamos ahí a su disposición ¿Por qué no hemos hablado de eso? O por ejemplo antes no se denunciaba a los profesores que acosaban a las alumnas porque estaba normalizado, todas estas acciones masculinas eran y son todavía normaliza­das. La izquierda tiene que cuestionar esta normalización, cuestionarnos nosotras mismas sobre cómo aguantamos y no decimos nada hasta que nos toca, pero si no me hago la loca, miro para otro lado o juzgo a la mujer. Porque esos hombres son nuestros amigos, pueden ser nuestros hijos y una puede educar a sus hijos en casa pero la sociedad en la que están inmersos es tremendamente patriarcal, hay que interpelar esa masculinidad con los militantes, y creo que sí hay hombres que están dispuestos a ser interpelados.

Maruja Barrig: El feminismo para nosotras, las mayores, era una forma muy clara de rebeldía contra mandatos culturales, sociales, como la virginidad antes del matrimonio, por ejemplo, y una serie de tabúes presentes en la clase me­dia limeña que ya no existen. Creo que las jóvenes la tienen más difícil, porque, aunque ahora hay más autonomía, un margen mayor de crecimiento personal, profesional, eso genera mayores dosis de responsabilidad. Estos cambios positivos para las mujeres tienen una reacción masculina que no está acompasada y, a veces, con algo de ingenuidad se les atribuye a los acompañantes mucho más sentido co­mún del que en realidad tienen. Como si esos hombres / amigos / novios hubieran cambiado su chip machista por uno de respeto a la integridad o la dignidad de las mujeres. En mi época había un eslogan feminista que era algo así como “Los hombres quieren una mujer del siglo pasado y las mujeres queremos un hombre que todavía no nació”, a eso me estoy refiriendo.

Maya Taipe: Yo creo que es complicado, y siempre a las mujeres se nos atribuye la responsabilidad de ser cautas hagamos lo que hagamos, o salgamos con quienes salga­mos, siempre debemos estar alertas y tener una doble per­cepción de las cosas para que nada nos pase. No creo que las compañeras se victimicen cuando cuentan sus testimo­nios, no me parece siempre cargarles la responsabilidad a las mujeres, aunque hoy en día tengamos mayores liberta­des. No podemos cargarle la responsabilidad de cómo está construida la sociedad a las mujeres y no todas tenemos la misma capacidad o posibilidad de poner freno a un acosa­dor, yo puedo gritarle a cierta persona, pero creo que hasta un punto te intimidan ciertas situaciones. Decir “puedes decirle que no, tirarle un golpe o una piedra” es ilógico, yo sí creo que hay que entender que las feministas y mujeres aún no hemos logrado la capacidad o no tenemos las herramientas para hacerle el pare a los agresores. Por eso me parece clave que la izquierda y el feminismo cuestionen cada vez más los estereotipos de género, los roles dentro de los espacios organizativos, cómo se construye el respeto hacia las compañeras o compañeros, entre todos, respetar al otre, en su diversidad eso es importante. Personalmente, creo que por siglos se nos ha puesto dicho “tú puedes hacer cosas que eviten que sufras violencia” cuando no sé si es real, no sé todas las mujeres puedan… muchas compañe­ras militantes, feministas no pueden decir que han sufrido violencia de algún tipo a veces justamente porque son feministas y les cuesta mucho decir o denunciar; tampoco disponemos de herramientas para sostenernos, habría que ir por los dos lados.

Rosa Montalvo: Creo que a la izquierda le falta interculturizarce. Mientras que en la izquierda no se trabaje, no se discutan estos tres ejes de opresión –género, etnicidad/ racismo y clase– me parece que no van a conectarse con las necesidades y demandas de la población. Es importan­te para el feminismo escuchar a las otras, estas formas dis­tintas de resistencia, muchas veces para la izquierda estas otras formas de conocimiento son sub valoradas cuando son otras formas de entender el mundo, de mirar la vida ¿Cómo conectamos con quien mira al apu y cree que ahí hay vida? Lo miramos con el desconcierto de que está lo­quito, o es folklórico. Desde la izquierda y el feminismo también tenemos que cuestionarnos la mirada salvadora de las otras. Dejar la idea de que las feministas salvamos a las mujeres, por ejemplo, he escuchado algunas veces que las mujeres indígenas no tienen disfrute sexual, “po­brecitas, son víctimas” siempre. Una mirada distinta y comprensión de su capacidad de agencia es parte de los desafíos que tenemos.

Maruja Barrig: Aquí plantearía más bien una serie de preguntas… ¿Cuáles son las fronteras de lo que definimos como izquierda y movimientos de izquierda? ¿Cuáles son las fronteras en la heterogeneidad del feminismo? ¿Cómo el movimiento de mujeres indígenas que luchan por sus derechos y la tierra también dialogan con feminismos urbanos y cómo esos dialogan con grupos de izquierda? Creo que todavía como izquierda no encontramos nuestros pro­pios parámetros de actuación ahora, en 2019. Antes era más sencillo, te ibas a la calle o al sindicato, a la fábrica y volanteabas, pero ahora ¿a dónde vas? ¿A Gamarra, al Facebook…?

Maya Taipe: Los espacios de izquierda deberían asumirse feministas, eso también es un reto para los movimientos de izquierda… El otro día estábamos en un Ágora feminis­ta, y hablábamos sobre si queríamos que todas las mujeres seamos feministas, o si queríamos más bien que el feminismo incida en la vida de las mujeres, que se vuelva un sentido común la lucha de los feminismos. Creo que eso también con la izquierda, que se hable abiertamente, no sólo con los idearios sino desde la práctica política, creo que eso es más complicado, porque es arrebatar posiciones de poder dentro de espacios de izquierda y lograr que ni las mujeres, ni las diversidades étnicas, seamos cuota si no que seamos una presencia con voz.

Ojo Zurdo: Muchas gracias por sus afirmaciones, preguntas y retos para seguir construyendo.

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