“No vamos a renunciar a la batalla por la memoria”

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Doris Caqui, Antonio Zapata y José Carlos Agüero

Para dialogar sobre el tema central de este número de Ojo Zurdo, convocamos a Doris Caqui, lideresa con muchos años de lucha por la memoria de las víctimas de la violencia; a Antonio Zapata, historiador y militante de izquierda; y a José Carlos Agüero, poeta, escritor e historiador de temas de memoria y poder.

Ojo Zurdo: ¿Cómo evalúan ustedes la situación actual de los procesos de memoria relacionada al conflicto armado interno en el Perú? ¿Qué avances y retrocesos identifican?

Doris Caqui: Desde las organizaciones de familiares nues­tra lucha ha sido permanente. Frente a los hechos ocurri­dos durante las dos décadas de 1980 y 2000 nunca hemos parado de exigir verdad, justicia y memoria. Pero cuando creíamos que estábamos avanzando, hoy vienen los gol­pes. Sentimos que nos van arrebatando esa memoria que nos ha costado trabajar, que nos la arrancan y quieren reescribirla los “vencedores”. Para reescribirla ellos hacen referencia a cómo combatieron a los terroristas, se sienten impecables, dicen que no han arrasado las comunidades, que no han cometido ningún error; pero si les recuerdas que hay casos sancionados con penas de cárcel, entonces dicen que fue un error o que fueron casos aislados. La ver­dad no es esa que quieren imponer, tenemos cuantiosos casos de delitos de lesa humanidad probados. Son cosas que nos sacuden y por eso nos preguntamos: ¿Cómo callar esos horrores vividos? No negamos que Sendero inició el terrorismo, cuando ellos entraban a las comunidades de­cían que era para reivindicar a la clase campesina también arrasaban y desarrollaban su lucha armada cometiendo grandes atrocidades. Pero acto seguido llegaban los milita­res y eso fue más grave todavía, porque esperábamos que ellos resguardaran a los pobladores y todo lo que hicieron fue terror, arrasar comunidades, violaciones sexuales, ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas… y actuaban sin distinción alguna contra ancianos, mujeres embarazadas, niñas; no hubo piedad. Hoy no se quieren reconocer esos hechos horrorosos cometidos por la poli­cía, Fuerzas Armadas, Marina de Guerra. Esa es la historia que hoy pretenden negar. Hay una tremenda disputa, y el empeño del fujimorismo de escribir la historia a su ma­nera, estableciendo el negacionismo. Pero confío en que no lo van a lograr, en que vamos a seguir dando la batalla.

Antonio Zapata: Yo comenzaría por resaltar el argumen­to establecido quince años atrás por el Informe Final de la Comisión de la Verdad, que parte de reconocer la memoria de las víctimas. La idea central fue recoger la voz de los inocentes, de quienes quedaron atrapados en el cruce de fuego. Durante unos años la estrategia de la derecha no fue contradecir, sino ocultar el informe de la CVR. Pasa­dos unos años, las instituciones empezaron a contestar y el año 2010 se publicó el libro En honor a la Verdad, acerca de la participación del ejército en la lucha contra el terro­rismo, escrito por el comandante Carlos Freyre y bajo la comandancia general de Otto Givowitch. Según ese libro no hubo nunca una estrategia de terror de parte del Esta­do, lo que hubo fue una guerra en la que se peleó en frentes aislados y bajo órdenes generales, y que algunos jefes a la hora de aplicarlas individualmente perdieron la cabeza y cometieron algunas masacres. El año 2013 se publicó un li­bro muy parecido de la Marina, escrito por el comandante Jorge Ortiz, quien escribe la historia sobre la infantería de la Marina y dedica un capítulo al conflicto armado inter­no, resaltando que los militares fueron enviados a la gue­rra sin ninguna orientación ni compromiso por parte de la clase política. Desde el otro lado, Sendero Luminoso difun­dió también una versión que, paradójicamente, coincide con la visión de los militares en tanto sólo habla de exce­sos. Estas memorias de los protagonistas armados, grosso modo, sostienen lo mismo: que en ningún caso hubo órde­nes directas de matanza, que se les escapó de las manos y que la dirección no se involucraba en planes concretos, al­gunos perdieron la cabeza, pero nada puede ser achacado al aparato partidario. Hoy ya no estamos en el momento de la elaboración de versiones distintas a la CVR, estas fueron elaboradas en los últimos 10 años. Lo de ahora es la batalla por la difusión y enfrentamiento entre versiones. El actual negacionismo pretende negar la versión de las víctimas, sacarlas del relato, no busca decir: “mira, aquí está la ver­sión de los militares, senderistas y víctimas”, quiere sacar a la CVR del relato El negacionismo consiste en afirmar este otro relato ya construido como único, eliminando la versión de las víctimas en que donde los militares parecen responsables de tremenda cantidad de actos de violación de los derechos humanos judicialmente probados.

José Carlos Agüero: Creo que un asunto clave es saber para qué es útil la memoria hoy, ese es el quid de la situación: ¿Qué funciones cumple o puede cumplir la memoria en el presente? ¿Para qué sirve y para quién? Para algunos de nosotros, personas que apuestan por la democracia (iz­quierda o derecha), la memoria se puede definir como un medio para generar justicia institucional. Pero no es así para un grupo ultraconservador en lo social y económico, conformado por el fujimorismo y otras agrupaciones. Den­tro de su diversidad, este grupo de poder presenta aspectos en común que los hace ser aliados: desprecian los valores de la democracia pero la usan tácticamente, no tienen nin­gún interés en construir institucionalidad y sobre todo, comparten un elemento, que es entre cultural y social que acaba por transformarse políticamente, que es generar ambigüedad en torno a la idea de la legalidad. Intentan construir un sentido común y una práctica ambigua en torno a la legalidad, y que todos estemos dispuestos a asu­mir eso como si fuera hacer política. Un ejemplo extremo puede ser el gobierno regional de Ancash, donde tenemos una legalidad ambigua, donde confluyen traficantes de te­rrenos con narcotraficantes, con fujimoristas, con conser­vadores, con militares en retiro y con militares en servicio, con evangélicos que se oponen al enfoque de género: todos quieren controlar el aparato del Estado para medrar de él, controlar los negocios y mantener la fachada de legalidad. Para ellos es importante recuperar el pasado porque tie­ne que ver con su presente y su futuro. Hasta hace poco era algo vergonzoso reclamar la herencia del fujimorismo, había cierto malestar en reivindicar un gobierno de facto, corrupto, con violaciones a los derechos humanos. Hoy no es así, quieren reivindicar ese pasado porque se parece a su proyecto de futuro. Yo veo este esfuerzo de rescribir la historia muy político, tiene que ver con la configuración de un grupo que se ha consolidado y quiere que el pasado le sea funcional. En los últimos años, quienes defendemos una memoria de justicia y verdad hemos perdido varios puntos de apoyo; por ejemplo, el informe de la CVR ha perdido mucha legitimidad, las organizaciones de vícti­mas son marginalizadas o “terruqueadas”, los partidos de izquierda, que son un soporte en la defensa de los dere­chos humanos están débiles, y los procesos de justicia han perdido todo efecto político. Todos esos puntos de apoyo han sido los diques que se han perdido y eso ha generado un espacio que resulta oportuno para consolidar sus ideas.

Ojo Zurdo: ¿Cómo evalúan o analizan ustedes el papel que está desempeñando la izquierda en esta disputa por la memoria?

Antonio Zapata: Las batallas ideológicas son interesantes, ayudan a posicionar posturas de fondo sobre la sociedad e incluso sobre los individuos. En este caso no hay que rehuir al debate con las instituciones componentes del aparato del Estado, las fuerzas represivas, su rol, su evaluación. Yo entraría de lleno a la disputa, organizando foros, publica­ciones especializadas, difusión para académicos, para el público en general. No reduciría el debate, al contrario, le­vantaría mi perfil en medio del debate. Creo que para una posición de izquierda de cara al 2021 vale lo mismo que para Keiko; ella piensa que tiene la mayoría nacional de su lado, quizás, pero, aunque sea así existe una minoría considerable que es necesario ganar, porque la disputa por la memoria y lo que se pueda capitalizar de ella no va a ser capitalizado por Barrenechea o Guzmán; este es un tema que puede ser capitalizado por la izquierda. Esto porque la izquierda tiene un bagaje intelectual al respecto, y tiene un poco de valor para no rehuir al llamado. Podría ser un momento de reorganizar y reconstruir, ver la CVR y pen­sar cómo se puede contestar al resto de actores y armar un discurso a través de muchas actividades, foros, congresos, seminarios, publicaciones; diría que es una oportunidad.

José Carlos Agüero: Coincido en el escenario. Si el fujimo­rismo y los grupos conservadores te plantean una dispu­ta, lo peor que puedes hacer es dejarles la cancha vacía. Cualquiera que quiera ganar el proceso electoral debería aprovechar que alguien está planteado una discusión para asumirla. El escenario plantea posibilidades de crecer y la izquierda debe ser activa en las respuestas, es una opor­tunidad que no debe ser sólo táctica. Los grupos conser­vadores negacionistas van a la médula, realmente ponen en cuestión valores claves de la democracia y relativizan los derechos humanos; eso es grave. Por ejemplo, los tex­tos escolares. Más allá de que se cambien cinco o seis pági­nas, lo que se está discutiendo es el significado de la pelea, le quitan rectoría al Poder Ejecutivo y atentan contra un principio básico de la democracia diciéndole al otro lo que tiene que hacer. Lo mismo cuando el Congreso cita a la Mi­nistra de Cultura y ella acepta que los curriculum vitae de los trabajadores del LUM pasen por mecanismos de segu­ridad del Estado. Ahí ganan ellos la batalla, porque queda normalizado y políticamente aceptado que pueda existir una vigilancia, casi un Estado policiaco. O en el tema de género, donde los evangélicos aliados con el fujimorismo y los militares en retiro coinciden en negar una política de Estado vigente en el mundo, empujando a que sea un juez el que decida si el enfoque de género debe estar presente en el currículo escolar. No les importa que haya un Minis­terio de la Mujer ni políticas de Estado, les importa dejar el mensaje de que “los derechos humanos son relativos”.

Pero todo esto justamente abre la posibilidad de enfrentar­los. La izquierda puede defender los valores básicos de la democracia, es una oportunidad no sólo táctica, sino de re­futación, de consolidación de una izquierda democrática, que construya instituciones, que afirme los derechos hu­manos como universales e irreversibles. Esa defensa hoy no la hace nadie, no la está haciendo el gobierno porque está gobernando desde el chantaje. Además, los partidos o movimientos que se puedan ir construyendo desde la iz­quierda y que se atrevan a refundarse basados en las nue­vas necesidades, deben incluir la defensa de la memoria, porque atañe a la dignidad de las personas. El sufrimiento de las víctimas, y las víctimas en un sentido muy amplio, la lucha contra la violencia y el abuso de poder debe ser central, no puede ser algo residual, un costo para el pro­greso, para la paz o cualquier cosa que se invoque. No es fácil luchar contra esas cosas porque parecen haber im­pregnado el sentido común mayoritario, pero veo señales de una renovación de la resistencia.

Doris Caqui: Solo agregar que si nuestra izquierda perua­na quiere seguir manteniéndose vigente tiene que llegar a los lugares más recónditos de nuestro país. Hoy lo que está haciendo es centralizarse en Lima, y hay tanto pesar que en las provincias y regiones, la gente está desilusionada porque frecuentemente se van dividiendo, no toman en cuenta sus ideas, sus apreciaciones. Hace poco estuve por Huánuco, mi esposo fue militante de izquierda y nosotros hemos llegado a muchos pueblos y comunidades, los pue­blos de Cerro de Pasco, y veo muchas expectativas, pero también desilusión, porque las discusiones y actividades políticas están centradas en Lima. Creo que la gente está con ideas nuevas, y a los jóvenes principalmente les pre­ocupa cómo nosotros desde la izquierda fortalecemos la democracia. Creo también que muchos que tenemos más años y hemos sido víctimas, debemos reivindicar nuestro derecho de seguir siendo militantes de izquierda. Se debe empezar yendo a las regiones y trabajar, es lo que hacen los fujimoristas, la gente de la derecha. ¿Por qué Keiko aún se mantiene a pesar de lo enlodada que está? Porque llegan a todas partes, a donde no llegamos nosotros.

Ojo Zurdo: Mirando a futuro ¿qué agenda consideran ustedes tocaría asumir hacia adelante para no perder esta disputa por la memoria?

José Carlos Agüero: Es difícil recomendar, pero creo en primer lugar que no se puede hacer política asumiendo un chantaje, siento que no sólo la izquierda, todo el mundo hace cosas pensando en no perder algo, evitando por ello plantear problemas de fondo, y no se puede jugar así. No puedes gobernar ni hacer política de oposición desde el miedo, calculando siempre: “por ahí voy a perder”. Así no se puede. Mientras más osadas sean las apuestas es me­jor. De otro lado, sería muy útil que cualquier actor, de iz­quierda, centro o liberal, rompa el hechizo de que esto que vivimos es política normal. Pareciera que todos asumimos que es normal que un narcotraficante sea financista de tal grupo y que acabe en el directorio de empresas del Esta­do, sabiendo que todo eso fluye hacia abajo para gobernar asuntos importantes de negocios, aduanas, involucrando además al sistema de justicia. Todos fingimos mutuamen­te que es política, pero no es así, y cada vez se diluye más la distinción entre lo que es el crimen y hacer política. No puedes seguir fingiendo que lo otro no es mafioso, si segui­mos en ese juego vamos a perder, porque les otorgamos el espacio natural para ejercer su control.

Antonio Zapata: Sobre este tema de memoria e ilegalidad, de acuerdo a estudios de sociología contemporáneos, por ejemplo, los de Paco Durand, el Perú vive una situación de presencia simultánea de tres economías: formal, informal e ilegal creciendo bastante. Ahí está el tema del narcotrá­fico, minería ilegal, contrabando, trata de personas, diver­sas irregularidades que han penetrado hace tiempo al apa­rato del Estado, a nivel local en algunas zonas y también al aparato central. Los vasos comunicantes entre lo ilegal y legal son tan profundos, que realmente el paquete se ve bien deteriorado, ese es el principal reto estructural del país: ¿cómo enfrentar una situación que camina rápida­mente hacia la mexicana, a un grado de irregularidad muy presente en la vida cotidiana y de articulación de todo el sistema? Por otro lado, la democracia y los derechos hu­manos son uno de los grandes temas hoy: ¿cómo se posi­cionará la izquierda de cara al 2021, con respecto a gobier­nos concretos de América Latina como los de Maduro en Venezuela u Ortega en Nicaragua? Es un dilema si vamos a estar de ese lado o no, porque hay algunos dirigentes de la izquierda que están en la dinámica de defenderlos ardua­mente, pero también hay sectores que están distanciados y miran más bien hacia gobiernos de izquierda muy demo­cráticos, como el uruguayo, o grupos emergentes incluso más radicales como en Chile, que no quieren derrumbar el sistema republicano para reconstruirlo en un sistema po­pulista. Me parece que de cara al 2021, si se quiere ganar, ahí habrá uno de los nudos del debate político, donde la ambigüedad, que hasta ahora sigue siendo un mecanismo para salir del debate, no ayuda nada si quieres ganar.

Doris Caqui: Nosotros desde el espacio de los familiares seguiremos adelante combatiendo la impunidad. No va­mos a renunciar a la batalla por la memoria, hemos vivi­do la historia de violación de los derechos humanos por las Fuerzas Armadas, la Marina, policías, sabemos que ha sido política de Estado y esa verdad no la vamos a dejar de contar. Fueron política de Estado las torturas, la construc­ción de hornos en el Pentagonito, en Cabitos, eso no va a cambiar, es nuestra memoria, la verdad. Vamos a seguir dando una batalla hacia adelante, enfrentando a los mi­litares, fujimoristas o cualquier grupo político que quiera trastocar el tema de la memoria de las víctimas. Así lo he­mos hecho a lo largo de los años. A nosotros nadie nos ha regalado, todo lo hemos luchado. La misma CVR surgió a consecuencia de nuestras luchas, que el gobierno de tran­sición supo recoger. El Consejo de Reparaciones también es producto de nuestras luchas, la creación del Registro Único de Victimas, la Comisión Sectorial de Alto Nivel que atiende el tema de reparaciones, la construcción del Lu­gar de la Memoria, también. Nosotros tallamos la primera piedra del LUM, comprometiendo a Mario Vargas Llosa a que sea nuestra voz en aquella época, pese a que nosotros somos de izquierda y su discurso tiene que ser siempre atacando a Cuba o Venezuela. Pese a ello nos metimos y le dijimos: usted lidera esto y camina junto a nosotros, todos lo hemos batallado y no pensamos tirarnos, seguiremos adelante.

Ojo Zurdo: Hoy asistimos al agotamiento de la transición que dio origen a la CVR. No sabemos qué sigue, y en medio de esta crisis se dan estas disputas por la memoria…

Antonio Zapata: La memoria siempre es subjetiva y siem­pre está posicionada respecto al presente. Quien escribe una memoria no piensa en libros de memorias, lo que uno escribe al final de su vida son hechos pensando en el presente, y es una forma de organizar los recuerdos del pasado para sustentar un argumento sobre el momento actual. Por eso es que toda memoria es subjetiva, y si quie­res construir una versión un poco más equilibrada tienes que darle pie a más vidas, presentar diversas memorias, si­tuarlas en tu discurso tomando en cuenta diversas formas de recordar y aflorar sentimientos, porque son sobre todo sentimientos colocados como relato histórico. En ese sen­tido, no puedes seguir cualquier memoria, tienes que estar dispuesto a afrontar una batalla por la memoria, que no se limita a decir: “qué horror que no se acepte la memoria, la CVR”. He escuchado a algunos con ese tipo de postura y no estoy de acuerdo. Me parece natural que haya una ba­talla por la memoria y que esté abierta. Las instituciones militares han escrito un libro al respecto, dentro de sus li­mitaciones los grupos armados también, y ahora estamos en una fase de confrontación casi terminal de esa batalla.

José Carlos Agüero: Creo que necesitamos otra transi­ción. Esa transición fue más una continuidad, con fases de mayor o menor aislamiento que ahora veo que se con­solida. Pero hay de dónde recomponer cosas, hay pueblo de dónde agarrar. En el siglo XX al menos, el ciudadano se ha ido haciendo a la fuerza; también ha habido otras tendencias, pero, como lo demuestran las investigaciones más recientes en el Perú, la ciudadanía se ha hecho desde abajo. Si bien la izquierda creo que adolece todavía de una visión crítica de su rol en las últimas décadas, en algún momento sí logró articularse a estos procesos más largos de construcción de ciudadanía que ha atravesado la socie­dad peruana durante más de un siglo, y que no importa si son verídicos ante los historiadores. Tenemos una riquí­sima trayectoria y tradición que puede recomponerse y reimaginarse ahora. Todo eso fue muy potente, práctica­mente obligó al Estado a replantear su idea de lo que era una República y a poblarla de ciudadanos que no existían y tuvieron que existir a la fuerza. Más allá de que sea o no la historia oficial de la izquierda, revela un proceso de­mocratizador progresista y ahí radica una memoria más larga de la cual sentirse parte y orgulloso. El fujimorismo cortó con todo eso para mal, Sendero también, y más allá de que la tradición puede ser muy relevante, no creo que en lo más profundo haya sido lo que primó. La transición es una continuidad, se ha vivido una etapa de autoritaris­mo muy fuerte, ilegal, construyendo la idea de que todo lo ilegal es legítimo y la democracia es pantomima, que cedió un poco y ahora vuelve a intentar imponerse como se ha­bía hecho en los 90. Esa es una tradición contra la que ir, recuperando otras memorias más ancladas en la historia.

Ojo Zurdo: Muchas gracias a los tres por compartir este Diá­logo Zurdo.