“La calle sigue siendo un terreno clave”. Crisis del gobierno de PPK y perspectivas para la izquierda

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Eliana Carlin, Marco Sipán y Hernán Maldonado
En medio del crítico escenario de país abierto en relación al indulto a Fujimori y la vacancia de PPK, convocamos al presente Diálogo Zurdo a tres compañeros de las nuevas hornadas de la izquierda peruana. Agradecemos la recepción a nuestro llamado de Eliana Carlin, activista anti fujimorista, Marco Sipán, militante del MAS, y Hernán Maldonado, sociólogo y analista político.
Ojo Zurdo: ¿Cómo evalúan en términos generales el escenario po­lítico configurado en el país luego del sacudón de fines de diciem­bre que trajo el fracaso de la vacancia y el indulto a Fujimori? ¿Estamos ante una crisis de régimen?

Marco Sipán: Existe una crisis de poder en el Perú. Por un lado tenemos a las grandes familias que han controlado el poder, conviviendo junto a nuevos actores del neoliberalismo como Chlimper y Dayer que son actores que quieren acumular, enriquecerse y lograr mayor poder, reordenando con ello la ubicación de esta nueva oligarquía. Este es el enfrentamiento entre PPK y el fujimorismo y en esa línea la estrategia de la CONFIEP es incorporar a ambos sectores dentro del ámbito del poder económico. Aunque todavía no es tan fuerte, Roque Benavides desde la CONFIEP sería el actor político que puede representarlos y competir electoralmente. La CONFIEP quie­re jugar el 2021 como un actor propio, la oligarquía lo ha hecho antes y lo ha hecho siempre del lado del APRA, no sería raro una nueva versión de estas alianzas del siglo pasado.

Sin embargo, también puede cobrar fuerza una articulación de los actores sometidos al poder, como las agremiaciones de cafetaleros, arroceros o paperos. En la mirada cortoplacista de la izquierda limeña la articulación de varias demandas de clases medias puede ser la alternativa para modificar el modelo económico, pero hay más bien una crisis de sistema. Por eso el acercamiento entre Goyo Santos y Verónika Men­doza adquiere importancia, porque es la complementación del Nuevo Perú, más articulado a los sectores profesionales dentro de las ciudades, y la gente del MAS, más articulada a los sectores un poco más marginados, en especial del campo.

Hernán Maldonado: Si vemos comparativamente la histo­ria política de los últimos 30 años podemos tener una justa medida del tipo de crisis que vivimos. Yo dudo que estemos ante una crisis de régimen y más aún tengo dudas de que sea una crisis de sistema. La crisis del 90/92 que en realidad fue un conjunto de crisis que suponían crisis económica, crisis de modelos de dominación, crisis del Estado en medio de un nivel de violencia política que vivíamos desde los 80, fue cla­ramente sistémica y permitió una modificación sustantiva en la correlación de fuerzas, pero de carácter desdemocratiza­dor. Permitió la hegemonía de los grupos neoliberales, fue la oportunidad para que los actores vinculados al gran capital, -que nunca perdieron el poder, pero que lo compartían con otros sectores-, impusieran su hegemonía artículándose a la hegemonía global del neoliberalismo. Otro momento fue la crisis del 2000, donde no hubo una crisis sistémica y tampo­co hubo una crisis orgánica, es decir no se puso en cuestión el modelo económico, pero sí se puso en cuestión lo que en­tendemos como régimen político; es decir, las reglas, las insti­tuciones, los mecanismos alrededor de los cuales se compite por el poder.

La actual crisis, si bien muestra los límites de una forma de organizar el Estado, basada en el lobismo y la “puerta girato­ria”, un Estado capturado por el capital financiero y por va­rios grandes intereses privados, pero no es una crisis sistémi­ca y creo que tampoco de régimen. Pero fundamentalmente no lo es -y eso es lo qie debe preocuparnos-, porque esta crisis no tiene conexión con las preocupaciones en la sociedad, y ahí está la responsabilidad de los actores políticos para co­nectar la agenda constituyente, de cambios y reformas, con una mayoría de ciudadanos segmentados. Por eso para mi es más crisis de gobierno que una crisis de régimen o estruc­tural, tanto así que todos, o por lo menos los principales ac­tores de la escena política, plantean salidas de acuerdo a las propias reglas del régimen, lo cual es distinto al escenario del 2001. Aunque muchos ya reconocemos los límites del modelo, creo que para la mayoría en este momento el modelo no está todavía en cuestión y eso explica mucho de la sensación ge­neral de malestar y estancamiento que prima en el ambiente político y la sociedad en general.

Eliana Carlin: Yo no sé si hay una crisis de régimen, pero no es una crisis sistémica. Temas como el indulto a Fujimori mues­tran que el régimen ha entrado a una lucha por la supervi­vencia, y estamos hablando de un gobierno que tiene un año y medio en el poder. Esta situación me lleva a plantear una paradoja: estamos en un escenario donde la elite empresarial ha disputado la toma de poder y ha logrado el gobierno, pero al final son un grupo de gente enemiga del Estado, enemiga del rol del Estado, que sin embargo hoy ocupan cargos en ese Estado y sostienen una tecnocracia al servicio de intereses privados. Yo creo que son un grupo de personas dedicadas básicamente a la empresa, cuyas incursiones en el Estado son para servirse del mismo, es lo que se ha evidenciado ahora con el propio presidente de la República.

En medio de esta crisis agravada por el indulto, es evidente el pésimo trabajo de Estado realizado en dieciocho meses de gobierno, es un gobierno que está paralizado no solamente porque está en un momento de entrampamiento político del que no saben salir, sino porque desde el día uno no ha teni­do idea de qué hacer. Veamos la situación terrible de la re­construcción tras el fenómeno del niño costero, ¿dónde están entonces los famosos técnicos?, ¿dónde esas personas de lujo que nos iban a enseñar cómo se trabaja eficientemente?

Hernán Maldonado: Lo que dice Eliana es clave, con PPK se ha caído el mito de la tecnocracia eficiente, o sea ni siquiera en sus propios términos pueden resolver problemas como el de la reconstrucción u otros. Tenemos un Estado más o me­nos paralizado y una economía que si bien no está en crisis tampoco está creciendo en los términos de sus propias posibi­lidades. Eso nos lleva a pensar que la mayor parte de las élites y el empresariado ya le bajó el dedo a PPK y ahí está la contra­dicción que le planteo a Marco: ya casi nadie sostiene a PPK, más bien presumo que están buscando una salida de lo más estable para que en ese marco no se filtren otras demandas y agendas que no son de su interés, y es la agenda que más bien nosotros estamos promoviendo: La de los productores, de las regiones, los estudiantes, los trabajadores y de algo que no se dice mucho también, que son los consumidores. Creo que por ahí tenemos que empezar a pensar en salidas, es decir: ¿Cómo en ese marco donde todo el mundo está pensando en salidas políticas a esta crisis, se abre otro curso de solución in­corporando a sectores populares y ciudadanos en perspectiva democratizadora? Necesitamos, justamente a partir de esa crisis, otros cuestionamientos y otras lecturas de la sociedad, para hacer la conexión entre los problemas que tiene la gente, el modelo económico, el modelo de acumulación y el propio régimen político.

Marco Sipán: Esta crisis política es reflejo del tema económi­co, pero no porque se haya precarizado mucho las condicio­nes de vida, eso no genera la crisis. Lo que genera la crisis es la contienda de poder. Cuando explicamos la crisis nos falta justo ese enfoque del poder, de quien tiene el poder, quien maneja el poder y cómo ese poder no solamente puede venir desde lo hegemónico, sino también desde lo contra hegemó­nico. Si no se han podido articular las luchas, si no se puede bajar a PPK, si no se puede hacer muchas cosas es porque no logramos ser fuertes en la contra hegemonía. Decimos que esta situación es muy parecida a la situación del 2001, o sea el pueblo sale a la calle, pero el bloque contra hegemónico no puede lograr hegemonía y al final se mantiene la dictadura neoliberal, y somos los actores los que la mantenemos todos estos años. La crisis está en el bloque contra hegemónico, o sea es la izquierda, son los sindicatos, los movimientos socia­les, ahí está la crisis, porque estamos en un momento en el cual hay una generación que emerge y esos somos nosotros, pero todavía no podemos sacarnos las taras del pasado de la izquierda. Por ejemplo, se sigue manteniendo la articulación de Juntos por el Perú con su dirección, y ellos tienen las ha­bilidades y las mañas políticas; los actores emergentes como nosotros no podemos todavía plasmar una nueva propuesta y nuevas demandas. Aún no tenemos aún la capacidad de re­emplazarlos, entonces hay gente que parece como de izquier­da, pero repite todo el tema neoliberal y al final justifica y afianza ese poder neoliberal, entonces yo creo que eso es un punto que debemos analizar.

Hernán Maldonado: Has dado un punto clave aunque no necesariamente concuerdo contigo, pero sí creo que es fun­damental abrir un proceso de transformación, de generar un cambio sustancial en el manejo de las cosas en el país, y en cómo se maneja el poder, la economía, la relación con la sociedad, etc. Ello supone un permanente ejercicio de reno­vación y creatividad, de crear nuevas formas e iniciativas, pero no concluyo como tú que el problema sean ciertas lec­turas según las cuales la crisis ya está dada y lo que faltaría es la vanguardia. Creo que el reto de ir en una perspectiva de transformación requiere dejar las inercias, que finalmente promueven lo de siempre, con el mismo lenguaje, las mismas formas organizativas y probablemente las mismas lecturas. Más bien debemos estar permanentemente generando inno­vación e iniciativas tácticas. A mí lo que me sorprende, por ejemplo, es que se ha perdido la cultura de la iniciativa tácti­ca, que paradójicamente sí muestran los colectivos ciudada­nos como “No a Keiko” o “Habla Castañeda”, entre otros. Eso que Negri llama una “continuidad de operaciones de renova­ción” en un horizonte constituyente, lo tienen los colectivos en los movimientos ciudadanos y no lo tienen los partidos. El punto es cómo enganchamos esas dinámicas, porque una salida política progresista, que hable de mayores niveles de­mocratización, en lo cual los tres coincidimos, supone dos carriles: Uno institucional, de reglas, de buscar salidas insti­tucionales que es fundamentalmente el Congreso, y otro de movimientos sociales, la calle. Esa conexión es indispensable.

Ojo Zurdo: Tomando en cuenta que más allá de los membretes coincidimos en que el Perú atraviesa una grave crisis, y que PPK ha perdido irreversiblemente legitimidad, entonces: ¿Qué lo sos­tiene?, ¿Qué sostiene finalmente a este régimen?

Marco Sipán: Un régimen político se sostiene por tres cosas: Uno lo económico, dos lo político, y tres la cultura. Si bien en los dos primeros aspectos hay problemas, en la cultura llevan gran ventaja. La gente en Lima está acomodada, la gente va al cine, a comer, a hacer un sin fin de cosas, pero la realidad es que en comunidades de Huancavelica, del interior de Ayacu­cho o aquí en Huacho, es imposible de que haya esa cultura. Se impone la desigualdad como cultura, inclusive el racismo y el machismo forman parte de un patrón de poder que sos­tiene culturalmente el modelo.

Hernán Maldonado: Creo que a PPK lo sostiene hoy el he­cho de que los actores políticos no se ponen de acuerdo sobre cómo sacarlo. Ante eso el gobierno se mueve algo, incorpora el tema internacional a la agenda nacional, cree que golpean­do a Maduro va a dejar de estar jodido, anuncia subir el suel­do mínimo y luego va a sacar del sombrero una u otra cosa. La permanencia de PPK y su gobierno responde a que los ac­tores políticos no se ponen de acuerdo sobre cómo y cuándo sacarlo, pero creo que ya tiene categoría de zombi.

Eliana Carlin: Yo creo que a PPK se sostiene porque todavía no se lee bien a Vizcarra. Los distintos sectores que quieren sacar a PPK, incluso sus tecnócratas que deben de ser sus amigos de la playa o Cieneguilla no tienen claridad sobre eso. Lo que ocurre es que Vizcarra es un personaje al que se le pue­de leer de distintas formas: Ha sido muy buen gestor, tiene la experiencia de gobierno regional en Moquegua, todo bien por ese lado, pero la derecha lo puede leer como aliado de manera muy fácil, y en determinado escenario la izquierda también lo puede leer como aliado. Creo que aquí hay una disputa por Vizcarra, por darle contenido a Vizcarra, por ganarlo, y él mismo debe estar pensando a quien hacerle guiño para poder entrar limpio y gobernar hasta el 2021.

Ojo Zurdo: Entrando a un segundo tema, si bien vivimos en un país de hegemonía neoliberal, también por años hemos tenido protestas dispersas con agendas distintas, y el punto es ¿Por qué estas protestas no tienen consecuencias políticas? Nos parece una pregunta clave para la izquierda: ¿Qué está pasando con la pro­testa social? ¿Cómo ven la posibilidad de que las calles permitan una salida de PPK y la eventualidad de un cambio político favo­rable para la izquierda?

Eliana Carlin: A la calle le toca la agitación, pero no creo que la calle sola pueda sacar a PPK, lo que tiene que hacer es ca­pitalizar esa salida, jalar agua para su molino lo más que se pueda. La calle sigue siendo un terreno clave, puede hacer otras cosas y no salir a marchar en el mismo lugar, ha habido intentos de romper eso, pero hay una lógica muy fuerte de hacer marchas casi como única movilización colectiva. Hay problemas de fondo con la movilización, nosotros queremos representar a toda la sociedad, a todo el pueblo, pero la des­afección política, que es nuestra realidad, nos revela que al pueblo y a la gente les importa poco quién lo represente. Sal­vo en algunos momentos electorales, no existe una cultura cívica participativa para que la gente politice asuntos que ocurren en la vida diaria, como esas tarjetas que cobra unos intereses insólitos. La ausencia de una cultura cívica partici­pante hace que no relacionemos estos temas cotidianos con el Estado que no regula nada.

Marco Sipán: Concuerdo con que la gente debe seguir ha­ ciendo acción colectiva, seguir en las calles, pero vuelvo a las taras de la cultura política que arrastramos y la necesidad de derrotar incluso generacionalmente a sectores que terminan afianzando el sistema, siendo sumamente funcionales. Ese es un punto que hay que analizar, porque frena todo avance y si logramos convocar, sumar, movilizar, quien se aprovecha de esa movilización al final y al cabo son otros; o sea, hay al­guien, un grupo o grupos de izquierdistas que gestionan todo este avance del movimiento popular a su favor, y eso se ve claramente con la CGTP o el SUTEP.

Hernán Maldonado: Para mi queda claro que el tema de la calle tiene límites, incluso en el mejor escenario, porque a diferencia de hace veinte años, no estamos al frente de una crisis orgánica, ni una crisis de una envergadura que lance a cientos de miles de personas a la calle como en Brasil, Argen­tina, Chile. Y eso no va a cambiar en el corto plazo, depende mucho de la conducción y representación acumulada, que aún es débil. Creo que lo que corresponde hacer en el media­no y largo plazo, y cuando más antes empecemos mejor, es construir una hegemonía basada en un relato que represen­te más eficazmente a los sectores que queremos representar. Actualmente la izquierda no tiene sujetos de transforma­ción y ha perdido la idea de que los procesos de cambio se construyen a partir de sujetos. Apela a los viejos sujetos de siempre, que no son mayoritarios. Volvamos a Lenin, cuando recomienda partir de la realidad y no de los deseos. Hoy tie­nes una multiplicidad de actores en tensión con el modelo, aunque ellos no lo se asuman necesariamente así, y eso tie­ne que ver con la hegemonía del neoliberalismo, pero tienes productores, trabajadores, sectores emergentes, estudiantes, ciudadanos consumidores. Sin embargo la articulación de to­dos estos actores ni siquiera se pone en la mesa para discutir y pensar. Hay un tema terrible, de la izquierda en general, de no repensar y apelar solo a actores que de alguna manera re­producen una visión tradicional. Pareciera que no estamos reconociendo cambios culturales profundos que ha tenido la sociedad, transformaciones a nivel cultural de las ciudades, que han roto todos los paradigmas de la izquierda; sin embar­go, seguimos teniendo reflejos sobre identidades populares de hace mucho tiempo. Lo mismo en el campo, hay una nueva ruralidad, hay un conjunto de actores productivos políticos, eso no lo estamos viendo y tampoco lo estamos protagonizan­do, no lo estamos poniendo a la mesa.

Ojo Zurdo: Justo a propósito de esto: ¿Cómo evalúan la situación de la izquierda en este escenario de crisis abierto desde diciembre? ¿Qué perspectivas podemos ubicar hacia adelante para que la iz­quierda pueda generar esa nueva fuerza política participante?

Hernán Maldonado: Creo que carecemos de un nuevo relato, me parece que estamos perdiendo la oportunidad de construir un relato, que incorpore una épica popular, que interpele al modelo neoliberal. En efecto, hay en mesa relatos específicos, parciales, y ese puede ser el daño del discurso post moderno, de que todos los actores son iguales de importantes, en todos los momentos. Lo que quiero decir es que hemos perdido una discusión sobre los sujetos transformadores. Como decía Ma­riátegui: ¿Cuál es el nuevo mito desde el que articulamos a múltiples actores?

Marco Sipán: En su libro Aristocracia y Plebe, Tito Flores Galindo hablaba de Lima y menciona que cuando se fueron los españoles y la aristocracia se metió dentro de sus propios guetos, era la gente del pueblo la que transmitía la herencia colonial. Creo que ahora es igual. Es la gente del pueblo que está reproduciendo esto, existe un sector popular neoliberal y nosotros queremos como izquierda incorporar justo eso des­de otro tipo de identidad que no reconocen. Allí entra la idea de incorporar al otro, que es nuestro discurso, y por eso el postmodernismo no tiene la capacidad suficiente para incor­porar a estos sectores. Para mí la crisis es mas de utopía, sin utopía no existe pueblo, las masas están desarmadas, o sea la izquierda no le está dando armas a las masas para que pue­dan constituirse como pueblo y por lo tanto ostentar el poder, esas nuevas armas las tenemos que descubrir y encontrar al calor de ese pueblo neoliberal que ha surgido de la pobreza.

Hernán Maldonado: Tengo distancias sobre el discurso de la utopía, no me parece que sea un factor central de articula­ción y movilización. Sí creo en la necesidad de un nuevo mito, no necesariamente utópico, en el sentido de que tendría que estar en curso, no en un futuro indeterminado; tendría que estar en algo que es potencia, que es posibilidad, pero que ya está. En ese sentido insisto en la necesidad del relato, porque creo que acá ha habido una épica plebeya, que ha emergido en las peores condiciones, por ejemplo como plantea Mar­tuccelli, los informales en realidad se volvieron empresarios porque querían seguir siendo trabajadores, o sea no era el discurso de Hernando de Soto según el cual ellos creían en el mercado y odiaban al Estado. Sin embargo, ellos lograron un relato épico de esa gesta, que era popular y plebeya, acor­démonos de esa canción popular de Los Chapis, “ambulante soy, proletario soy”. Ellos como ambulantes, como comercian­tes, se asumieron como proletarios, como trabajadores, hoy ya estamos en otra situación obviamente, pero creo que sería importante una épica, un relato que articule a la mayor canti­dad del pueblo, en distintas dimensiones.

Aquí el tema de la producción y el trabajo es clave, pero tam­bién el tema de consumo, pues la gente vive agobiada por la economia de la deuda, los productores de papa por ejemplo, los ciudadanos como consumidores, hay cosas que estamos dejando de lado. La labor de la izquierda en este contexto, más que dar la caracterización especifica de la crisis, es meter esas agendas, meterse en la realidad más allá de nuestros deseos de cómo deberian ser los sujetos, y en ese marco la calle pue­de ayudar a incluir una agenda distinta y por eso cuanta más gente en la calle mejor, y mucho mejor si no capitalizan los de siempre. Seguro en esas movilizaciones emergerán otros liderazgos, otros compañeros, y en las regiones emergerán otros actores. Allí el tema constituyente va a ser clave, pero las constituyentes pueden ser vistas como demasiado lejanas, tenemos que traducir esa idea en cosas más específicas, en campañas específicas sobre salud, monopolios de farmacias, puertas giratorias, cosas que hagan que la gente interpele y cuestione el modelo neoliberal.

Marco Sipán: Yo he estado haciendo una investigación sobre la acción colectiva de “Con mis hijos no te metas” y puedes constatar que la gente se moviliza en buena parte por la uto­pía, la idea del paraíso. No es que del mundo de la objetividad material salga la idea de que te movilices. Son cinco organiza­ciones que construyen un movimiento, un proyecto, con pla­nificación, con recursos, con cuadros políticos, con iglesias, con estructuras, o sea como un partido político. Pareciera que la gente no es ciudadana hasta antes de la religión, o sea son trabajadores desde las seis de la mañana hasta las once de la noche, y en la iglesia encuentran la idea de igualdad, encuen­tran la idea de participar en lo público, y este reconocimiento de sus iguales. Eso lo puede hacer la izquierda, o sea construir. Finalmente son organizaciones sociales que desde su acción colectiva tienen discurso, implementan campañas, tienen re­pertorios; a esta calle que sale en muchos casos espontánea­mente la izquierda la puede articular, proponerse constituir una organización de los campesinos, una organización de los sectores medios, una organización magisterial como la que se está forjando, o sea, grandes bloques que pueden articular en lo que Gramsci llama el bloque de los desposeídos, el bloque histórico de los desposeídos, esa es la chamba.

Eliana Carlin: Yo nunca he pertenecido a un partido for­malmente, más me he vinculado al movimiento social anti fujimorista, de hecho me interesa eso más que otra ubica­ción política, pero veo que entre los partidos y movimientos formales de izquierda con participación en el Congreso, hay incluso conductas infraternas, como forma de discrepar, su­mamente complicadas. Frente a eso las ganas de militar van apagándose. Pero más allá de mi experiencia personal, lo que me llama mucho la atención es esta forma de comunicarse e interactuar que tienen como compañeros de los distintos espacios de izquierda, que alejan a cualquiera. Son muy con­frontacionales y hasta destructivos. Yo me considero una per­sona comprometida, con interés en participar en política sin ninguna duda, pero espanta la idea de participar en espacios donde una pueda ser vejada o maltratada por personas que supuestamente son compañeros. Así abiertamente lo pongo sobre la mesa. Si es así, cómo se puede ofrecer a alguien un espacio en el que pueda llenar otro tipo de necesidades, sentir que ejerce ciudadanía, si en su espacio de militancia eso no ocurre.

Marco Sipán: Yo he viajado mucho en estos últimos meses, creo que a Iquitos y Tacna nomás no he llegado. Nosotros he­mos constituido más o menos veintiún comités, y en muchos de esos comités llegaba la gente de Nuevo Perú y planteaban la exigencia de que se vincule a Goyo con Verónika, no es una exigencia de las direcciones, es de abajo, porque no existe la izquierda como actor protagónico salvo en algunos momen­tos. Hoy se está partiendo de la tesis de Juntos por el Perú de que es suficiente reafirmarnos como izquierda, cuando noso­tros decimos que hace falta refundar otra izquierda. ¿Es mo­mento de reafirmarnos bajo la línea de los PCs o romper el molde y construir otra izquierda se llame como se llame? No­sotros estamos en lo segundo, por romper el molde. Hay una apuesta por lo contra hegemónico, porque nos oponemos al neoliberalismo, pues reproduce todo el sistema. No podemos seguir reproduciendo lo mismo.

Hernán Maldonado: En efecto hay un problema de la izquier­da que tiene que ver con su débil arraigo social, regional, po­pular, etcétera. Ese problema se está tratando de resolver des­de distintas iniciativas y espero que el MAS y el Nuevo Perú puedan sumar en ese esfuerzo, pero creo que esto demanda avanzar también en términos de un nuevo relato, un nuevo discurso, por el cual se acerca a la gente, a un proyecto colec­tivo, a una idea de comunidad. En segundo lugar, creo que hay que cambiar la cultura política, porque efectivamente hay discursos y prácticas que espantan. ¿Cómo y con quienes construimos una alternativa a esto que está al frente? Una alternativa finalmente moderna, secularizada. Porque ahora el fujimorismo tiene una coalición con grupos mal llamados conservadores, pues en realidad sus nucleos más activos son abiertamente reaccionarios, ya que están claramente contra una agenda de igualdad. Entonces no solo es género, el tema aquí es la defensa de la igualdad, contra una visión jerárqui­ca, porque estos grupos no creen en la igualdad. Entonces hay un elemento que la izquierda tiene que reconstruir o reno­var, es decir, aprehender a coexistir en lógica de frentes. Por otro lado, hay mucha ansiedad cuando repecto a aspectos co­yunturales, electorales, ha pasado con el tema de las conver­saciones entre Verónika Mendoza y Goyo Santos y también con Juntos por el Perú. Me parece que lo más importante es generar condiciones para caminar juntos y eso supone por ejemplo ver la unidad a partir del de trabajo conjunto, no ne­cesariamente a nivel orgánico, partidario, electoral, sino en iniciativas tácticas que ayuden a reactivar la conexión entre la sociedad y la política. Ese es un enorme reto para toda la izquierda.

Eliana Carlin: Yo creo que el único camino de la izquierda es la construcción y consolidación de un frente único convo­cante. Esta crisis no va a desencadenar en un escenario cons­tituyente necesariamente, pero si lo hiciera incluso preocu­paría muchísimo más, porque una asamblea constituyente mañana sería una asamblea absolutamente fujimorista. Creo que la crisis va a desencadenar en que PPK va a salir y entra Vizcarra y esto no necesariamente es un cambio de gobierno, ¿no?