La derecha en el Perú y sus alcances

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Alberto Adrianzen, Katherine Sarmiento y Pedro Francke

Para abrir una discusión sobre los alcances de la derecha en el país, así como el surgimiento de una nueva derecha conservadora, invitamos al Diálogo Zurdo a Alberto Adrianzén, sociólogo e intelectual de izquierda de larga trayectoria; Katherine Sarmiento, socióloga y militante del Movimiento Socialista Emancipación, y Pedro Francke, economista y militante de izquierda.

Ojo Zurdo: Comencemos situando a la derecha peruana de hoy: ¿Cómo está conformada? ¿Cuáles son sus expresiones políticas y sociales en términos de liderazgos, partidos, gremios u otro tipo de organizaciones?

Alberto Adrianzén: Habría que preguntar si existe una derecha en el Perú. Cuando uno habla de derecha se cree que hay ideología de por medio o un programa. En el Perú históricamente no existen partidos de derecha, salvo la Unión Revolucionaria de Flores en el año 3. En Colombia hay partidos que tienen más de un siglo de creación; acá no hay partidos liberales, ni siquiera partidos conserva­dores. Lo que hemos tenido es una élite conservadora de contención al progresismo, esos grupos no necesitaron formar una derecha. Además, tampoco tienen intelec­tuales. Si vemos a Belaunde o Riva Agüero, hablan de un partido reformista, futurista, liberal, y luego se ponen a la derecha, pero fracasan en política. Creo que es difícil ha­blar de derecha, prefiero hablar de élites que utilizan cada cierto tiempo a determinados grupos, al fujimorismo, a PPK, a García, haciendo acuerdos para que administren una parte del Estado. No son una derecha responsable con el país, les preocupa que vayan bien sus negocios, su modo de vida, que nadie les moleste en las playas. Para que haya una derecha debe haber una crítica feroz a la élite y eso aquí no se hace, porque es una élite que no se puede re­novar, es una élite que rápidamente afirma posiciones de privilegio y posturas conservadoras. No es una ideología, no hay ideólogos, los que pretendieron serlo fueron, como decía Mariátegui, los continuadores de los encomenderos, de la generación del novecientos; tenían argumentos muy interesantes, pero fracasaron.

Pedro Francke: Para mí la derecha es el bloque que busca conservar las situaciones de desigualdad imperantes en el Perú, las estructuras económicas y políticas. Concuerdo con Beto en que lo central no es una ideología, lo princi­pal es su configuración de élite, como conglomerados de poder económico y empresarial, además con una fuerza enorme que son los medios de comunicación, como El Co­mercio, estrechamente ligados con los grupos económicos. Tienen una forma de participar en política muchas veces indirectamente, financiando, apoyando, capturando al poder del Estado a dos niveles: el de la tecnocracia y a través de las figuras presidenciales, con base en diversos víncu­los a lo largo de los años. Por ello Fujimori, Toledo o Hu­mala terminaron capturados en esta misma élite, cuando tal vez originariamente no eran vistos como el proyecto de esa élite empresarial. En este bloque central se puede incluir un cierto tono modernizante, con cierta apertura a considerar temas como la equidad de género o el matri­monio igualitario, porque son temas que se tocan afuera. Al mismo tiempo hay una derecha conservadora, retarda­taria sobre esos temas, que tiene que ver con esas iglesias evangélicas y tiene incluso un tono más político hacia la idea de lo militar, la mano dura. Creo que es una rama re­levante de la derecha, y que las tres se articulan.

Katherine Sarmiento: Creo que hay que entender a la derecha no sólo como un actor del espectro político sino también anclada en una estructura de poder que atraviesa lo político, económico, cultural y simbólico. Si uno revisa los últimos treinta años la cuestión es clara, los discursos y proyectos de derecha han estado orientados a privilegiar a una élite conformada por el gran empresariado, corporaciones que han logrado hegemonía través del manejo neoliberal de la economía, pero también en política al con­sagrar reglas de juego favorables a sus intereses. Entonces creo que la derecha termina siendo la confluencia de di­versos partidos que asumen la defensa de los intereses del gran empresariado y los presentan como los intereses del país. En esta línea su forma de operar ha sido asegurar­se ganar a través de múltiples operadores, mediante este vínculo funcional de la política con los intereses del gran empresariado

Ojo Zurdo: Detengámonos en los proyectos de derecha: ¿Exis­ten? ¿Cuáles serían sus contenidos y alcances?

Alberto Adrianzén: En la historia política del siglo XX el ciclo político de la década del 30 se refiere al fracaso del liberalismo económico; ante ello aquí no se planteó un nuevo tipo de relación Estado-Sociedad, lo que se buscó fue la contención. Este afán de contención hace que la oligarquía reunida en el Club Nacional decida que este perso­naje piurano, Flores, sea presidente de la república, y más adelante los lleva a aceptar a Sánchez Cerro. Priorizar la contención hace que la derecha no tenga una ideología, salvo el anti comunismo pero ya en los 60 con el MIR, el APRA, trostkistas y leninistas. Yo creo que ese problema de la crisis del 30 lo resuelve Velasco y abre otro ciclo económico respecto al carácter del Estado, a su relación con la sociedad. Al fracasar el proyecto de Velasco la crisis la resuelve Fujimori y por primera vez sus operadores tuvieron una ideología que él llamaba neoliberal, que venía de los ochenta. El gran proyecto de la derecha es el proyecto neoliberal de Fujimori, quien tiene que imponer una dictadura para instaurar el modelo económico. Además desa­rrolla una tecnocracia, que comienza a controlar lo que se llama “el islote de la modernidad”: la SUNAT, INDECOPI, etc. Es una élite que se puede comprar, capturar al Estado a través de candidatos. Lo único que se ha parecido a esa derecha es PPK, que habla inglés, Toledo era un advenedi­zo. Yo creo que recién estamos ante una derecha que ha asumido una ideología, y que hoy se está cruzando en un movimiento conservador como lo son los evangélicos. Mi tesis es que estamos frente a una derecha conservadora y neoliberal, porque vivimos un momento conservador y lo que expresa eso, es Brasil. La derecha de hoy existe con una ideología en crisis, pero nadie tiene la capacidad de derrotarlos. La izquierda tampoco es central en el país…

Pedro Francke: El último proyecto de derecha que ha habido es el neoliberal. En los 90 se alinean un cambio en la escena internacional y en la correlación de fuerzas nacionales e internacionales que se puede definir como “la tormenta perfecta”: en el mundo el derrumbe de la URSS y en Perú la destrucción social producto de la guerra in­terna y la hiperinflación de Alan García. Todo eso facilitó la imposición del proyecto neoliberal caracterizado por el libre mercado, destrucción del mercado interno, funciona­miento de la libre empresa, el individuo como centro de la sociedad. Cuando veo que la derecha pide flexibilidad lo que está pidiendo es regresar al fujimorismo de los 90. La derecha nacional es tan pasadista y retrógrada que su gran programa es flexibilización laboral. Ni en Davos, ni en el FMI ni en el Banco Mundial el proyecto es flexibilización laboral. Hoy la OIT está discutiendo sobre el problema de la robótica y el cambio tecnológico en el mundo del traba­jo, y la derecha peruana ni por asomo se involucra en esa discusión, no se da por enterada, es totalmente pasadista.

El programa neoliberal se está agotando en el mundo y por eso el Consenso de Washington ya no es un progra­ma de consenso mundial como hace 20 años. Joseph Sti­glitz hace veinte años planteó la importancia del Estado y la reforma institucional. Además, en el mundo hay una gran transformación social, las redes sociales, las nuevas tecnologías de información, la lucha por la igualdad de las mujeres. El mundo ha cambiado y la derecha sigue con la agenda antigua del programa neoliberal, a la cual se suma ahora esta otra derecha conservadora que prácticamente se plantea el regreso al pasado. Si uno piensa cuál es el proyecto de la derecha peruana, pareciera que sólo es eso, el conservadurismo.

Katherine Sarmiento: Lo más logrado en la derecha tiene que ver con el proyecto neoliberal de Hernando de Soto, con su proyecto de capitalismo popular, de emprenduris­mo, crítica al Estado burocrático, pero eso es a nivel de mo­delo. Para entender los proyectos hay que dejar de pensar en la derecha como un “modelo ideal” y pensar en la dere­cha realmente existente. Efectivamente, la aplicación del neoliberalismo en la práctica ha tenido algunas características centrales. Sin necesidad de que el gran empresario se siente a pensar en cómo aplicar eso en el Perú, ha ido po­niendo sobre la marcha ciertos elementos comunes en los diferentes gobiernos. Con Fujimori es claro: apertura a los grandes capitales extranjeros, promoción de la inversión, mercados desregulados, precarización del empleo, fuerte represión a la protesta, alianza con economías ilegales, to­dos estos son elementos que se han mantenido. A ello se agrega un elemento importante como es el debilitamiento del movimiento social.

Ojo Zurdo: Situándonos en el escenario internacional, cómo ven ustedes el avance de las derechas expresado en la reciente victoria de Bolsonaro, la reunificación de la ultraderecha en Europa. ¿Cómo lo relacionan con el surgimiento de los evangélicos en política?

Pedro Francke: Pienso que hay un crecimiento de la dere­cha, pero decir un “triunfo de la derecha en Europa” me parece exagerado. Soy consciente de los datos, la victoria en el parlamento alemán, en Andalucía una región de Es­paña, pero en Inglaterra la ultraderecha era ahora inexis­tente, tampoco están bien parados en Francia. Yo esto lo veo como una cosa fluida, no aseguro que no estén en ascenso, pero tampoco es que estemos ante un nuevo do­minio de esta derecha que tiene un claro tono retrógrado, religioso, fascista. En América Latina está Bolsonaro pero también López Obrador; entonces hay un escenario donde debemos asumir que hay un riesgo de ascenso de un nuevo movimiento conservador pero no me parece que ya sea un hecho inminente. Así como veo a Trump en USA veo también por primera vez en la historia del Partido demócrata un movimiento que se afirma claramente a la izquierda. Mi evaluación es que ha emergido una fuerza de derecha insurgente muy conservadora, populista y con tonos fas­cistas en varias partes del mundo, es innegable, pero no lo veo como algo definido, lo veo como una posibilidad, un momento de disputa.

Alberto Adrianzén: Sí debemos ver con preocupación lo que pasa en países como Nicaragua, Honduras, El Salva­dor, Guatemala, donde el 20% son evangélicos pentecosta­les. En América Latina por un asunto de coalición entre la iglesia católica y evangélica, que se han fusionado en una plataforma conservadora, tenemos un consenso conservador propiamente latinoamericano, no europeo ni nor­teamericano. Creo que estamos frente a un movimiento conservador que mezcla el anticomunismo, el anti género, anti aborto etcétera. Lo vemos en el país y está mejor organizado que la izquierda. Los movimientos Con mis hijos no te metas, Basta ya, están financiados y conectados. No es comparable la ultraderecha de ahora con el fascismo del 30, incluso lo que podemos llamar “fascismo de ahora” o “post fascismo” no quiere saber nada con el del 30, tiene otro discurso.

También está apareciendo una nueva derecha que reclama y defiende los intereses que la izquierda antes defendía, como la democracia. Por adherir un programa neoliberal, la izquierda ha perdido en las bases, y ha desaparecido en países como Italia. Estamos en un momento muy comple­jo, en el plano internacional Trump ha entendido que tie­ne que salirse de una serie de sitios donde está perdiendo, como Siria, Afganistán e Irak. Por eso creo que se va a con­centrar en América latina, tiene que reestructurar su hege­monía y no en el esquema de guerra fría. Lo que estamos viendo es la hegemonía global, la disputa es global, ya no es el bloque Este contra el Oeste. Ahora es global. El punto es cómo se va a integrar la economía global bajo el nuevo esquema norteamericano ¿Por qué vemos que Colombia, Brasil y otros se quieren meter a la OTAN? Me parece que aquí va a empezar otro escenario donde a Estados Unidos está claro que no le gustan los Lulas, Chávez, Morales, no le gustan esas cosas. Eso va a permitir que lo que venga en América latina sea una polarización entre izquierda y de­recha conservadora anti comunista. He viajado bastante por América Latina y creo que este país es el más anticha­vista, más anticomunista, más antiaborto, atrasado en el punto de vista de valores laicos… Mi visión del país no es la más optimista.

Ojo Zurdo: ¿Necesitamos ver entonces a las derechas no como algo etéreo sino como algo más fuerte en los sentidos comunes? ¿Qué escenarios nos plantea ello?

Katherine Sarmiento: Tal vez nos puede servir el caso del fujimorismo y los operadores vinculados a Vizcarra, que ha sido uno de los últimos enfrentamientos a nivel político. Lo que uno tiene es un fujimorismo que se ha consolidado como una de las pocas expresiones de partido de derecha con cierto nivel de base social. Usando este apoyo popular electoral, una vez en los espacios de poder resultan funcionales a los intereses del gran empresariado, pero también a las economías ilegales, hecho que no resulta menor en un país como Perú. Con la caída del fujimorismo, es cierto que se han debilitado ciertos operadores, pero si uno va al nivel de las personas concretas, vemos una reconfigu­ración de operadores vinculados. Ejemplo de ello son San Martín y Loreto, donde junto a las estrategias de desarro­llo alternativo siguen los operadores de economías ilega­les, y muchos vinculados al fujimorismo se han pasado a plataformas como APP, que los han recibido en la línea de generar redes de poder. Entonces más que una derecha por encima de otra, hay un reacomodo de los operadores que siguen siendo funcionales no solo a sectores ilegales, también al gran empresariado. No es que sean los ilegales por un lado y los legales por otro, el funcionamiento del Estado vincula una trama de economías legales e ilícitas. El tema de las derechas, independientemente de las for­mas, muestra rostros que siguen siendo bastante similares o al menos muy parecidos.

Alberto Adrianzén: Yo creo que esas economías ilegales son como subsistemas sociales. Hay que fijarse más allá del peso económico que tienen, hay que reparar en cómo organizan la vida de los hombres y mujeres. Vemos cómo el alcalde de La Victoria quiere sacar a los ambulantes de Gamarra, planteando una batalla campal como en Pandi­llas de Nueva York. Es un mundo social que vive aparte del mundo formal, de la fabricación que las élites han creado para vivir como ellos quieren vivir, para amurallarse ima­ginariamente como en Asia, donde no quieren tocarse con este sector social. En Lima no se convive: se coexiste. Creo que la derecha justamente alimenta ese estilo de vida, ade­más del racismo, la xenofobia, el machismo.

En ese contexto, para que haya una crisis que ponga en cuestión este modelo alguien tiene que producir la crisis. Yo no veo factores de crisis en el corto plazo, salvo que se unan los gobiernos regionales y comiencen a exigir una plataforma que tenga capacidad de movilización. Pero la crisis no es espontánea, alguien tiene que asumir y representar las demandas, y hasta ahora no veo ningún grupo político que tenga esa capacidad, entonces no veo una crisis en el corto plazo. Vizcarra ha resuelto el problema clásico de la política: ¿Quién manda? Él manda, ha derrotado al Congreso en base a su destrucción, es el único país del mundo en que el Congreso y el Presidente no son de partidos. Lo único que más o menos se empieza a mover es el sindicalismo y las cuestiones regionales, como la propuesta de Aduviri, después no veo más, la gente está muy escindida para poder provocar una crisis. ¿Quiénes van a generar la crisis? Los que van a las marchas No a Keiko, o a apoyar al fiscal Domingo Perez no van a las marchas de los trabajadores, son dos mundos aparte. Entonces yo no veo un factor de crisis en el corto plazo, salvo que haya actores con capacidad de representación y fuerza, que no es la izquierda de hoy, es gente que tiene poder, gobiernos regionales, alcaldes, que tienen cierto grado de poder. Y creo que el problema de la izquierda es que tiene que re­construir un mundo social al cual representar; mientras ese mundo social no exista, la izquierda va a estar someti­da al almanaque electoral y a las disputas por los puestos.

Pedro Francke: Los dos proyectos de derecha que pasaron a la segunda vuelta electoral del 2016 han terminado destruidos. PPK y Keiko están destruidos, aunque al fujimorismo le queden algunos restos. El proyecto de PPK no al­canzó a ser un proyecto político orgánico, era la presencia directa de la CONFIEP en el gobierno y él mismo no aspi­raba a ningún proyecto político, más allá de administrar lo existente. Los empresarios estaban confiados, en el sen­tido de pensar que PPKausas y fujimoristas se pondrían de acuerdo, habría un gobierno tranquilo y el 2021 Keiko asumiría el gobierno. Es la derecha con bases populares, la derecha con un nuevo ánimo que ha reconectado con el Perú y todo tranquilo. Pero creo que ambos proyectos han quedado destruidos, en parte por los escándalos de corrupción y en parte por sus propios enfrentamientos. Evidentemente esto tiene que ver con la lucha contra la corrupción y el sistema judicial, pero políticamente hay un gran vacío, y está bastante claro que quien ha llenado el vacío es Vizcarra en lo inmediato, pero se abre una gran interrogante: ¿y el 2021 qué?

Hace un par de años la respuesta obvia de la derecha era que gobierne PPK y siga Keiko. Ahora no está claro quién es el candidato de la derecha el 2021. Puede ser Guzmán, Barrenechea, lo cierto es que hay una incertidumbre, quedan como dos años y nadie sabe quién va a ser el candida­to de la derecha. Vizcarra ha resuelto el tema del gobierno en lo inmediato, pero nadie sabe qué pasará. El enfrenta­miento y caída de estas dos fuerzas de la derecha abre un vacío. No digo que se llene automáticamente, es probable que haya alguien amigable a las élites empresarias perua­nas y que reconstruya un discurso similar, pero ahora el asunto está por resolverse.

Katherine Sarmiento: Yo tengo una visión un poco más pesimista, insisto en este vínculo del gran empresariado con la política y como condicionan el escenario. Veni­mos de un proceso de desaceleración económica, enton­ces las medidas que se han ido tomando en los últimos años han sido orientadas justamente a que el gran em­presario logre mantener su parte de la torta. La actual política de la promoción de la competitividad va en esa línea, sacar más excedente aplicando una serie de me­didas en el mercado laboral. Si ponemos eso en consi­deración, uno diría que tomando los recursos que tiene, esta clase dominante podría poner una agenda y ciertas políticas sobre la marcha ¿Por qué no lo hace? Lo está haciendo en parte, pero tiene un obstáculo y es la total fragilidad institucional del Estado, por eso se demora en implementar estas agendas. Creo que justamente este interés por mantener la parte de la torta, del exceden­te que mantienen, va a llevarlos a ejercer más presión para aplicar estas reformas, y eso en un escenario como el actual, de élites que no saben manejar la situación social, podría suponer mayor nivel de represión al movimiento social y conflictividad. Ese no saber manejar la situación podría dar algún tipo de opción a salidas más radicales. En medio de la oleada de derechas a nivel de región, en Perú se pueden generar condiciones para que aparezca un populismo más radical, puede ser de derecha como también de izquierda. No digo que tenga éxito, pero al 2021 puede aparecer. Creo que eso podría dar condiciones a alguien muy similar a Bolsonaro, de derecha conservadora, que aproveche este clima de ten­sión y conflictividad para poder solventarse.

Ojo Zurdo: Muchas gracias por ayudarnos a abrir el escenario y empezar a pensar en los retos que nos plantean las nuevas derechas.

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