Dagongmei: género y capital en la China contemporánea

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Yuri Gómez Cervantes1Miembro del Comité Editorial de Ojo Zurdo.

A pesar de su apertura al mercado global, en la China del denominado largo siglo XX por Wang Hui2Hui, Wang, China´s Twentieth Century. London: Verso, 2016. todavía persiste cier­ta permeabilidad al acceso de información. Incluso, inversio­nistas especulativos sostienen que la poca apertura dificulta sus intereses de participación en una de las pocas economías que tuvo un crecimiento económico en esta década. Sin em­bargo, nada de esto ha interrumpido la transformación del gigante asiático en una especie de fábrica mundial dentro de la división internacional del trabajo del capitalismo global.

El libro de Ngai 3Ngai, Pun. Made in China. Women Factory Workers in a Global Workplace. Duke Press: 2005.explora el impacto poco conocido de este proceso en el trabajo. Para este fin, centra su investigación en las zonas económicas especiales, donde confluyen los modos de regulación del Estado y la mercantilización de la sociedad liderada por el capital internacional. Resultante de la reforma económica conducida por Deng Xiaoping a fines de la dé­cada de 1970, la sociedad china distingue a quienes trabajan en estos espacios con la palabra dagong, mientras mingong alude al campesino y gongren al obrero vinculado a la indus­tria estatal. Así pues, el último no solo trabaja para el patrón representado por el Estado, sino que también es producto de la China de Mao, portador de estatus revolucionario y privile­gios como empleo permanente, seguridad social y educación gratuita para la siguiente generación. En cambio, dagong sir­ve a un jefe distinto, el capital privado, sin protección estatal.

Más allá del cambio de patrón, la palabra expresaría una reconfiguración en la valorización, ya que ha producido un su­jeto social particular vinculado al trabajo, al mismo tiempo que a condiciones sociales y culturales nuevas. No en vano, dentro de las zonas económicas especiales el motor de la pro­ducción es la dagongmei: mujeres trabajadoras entre 16 y 24 años provenientes del campo que, por las restricciones del sistema hukou4El hukou es el sistema de registro poblacional según su lugar de nacimiento rural o urbano. En ese sentido, el gobierno Chino entrega boletas de identificación diferenciadas que restringen el desplazamiento poblacional, por ejemplo, quien nace en el ámbito rural debe permanecer en este, restringiendo la migración a la ciudad, y viceversa., migran temporalmente a la ciudad. En este proceso, la edad es un factor clave, porque coincide con el término de la educación básica y el límite para contraer ma­trimonio en la sociedad rural china. De ese modo, un severo control estatal, junto con una rígida tradición patriarcal, faci­litan un flujo constante de ida y retorno de mano obra barata para inversores privados.

Mujeres, campesinas y trabajadoras migrantes son sujetos liminales, de quienes se extrae la máxima productividad posible: trabajan doce horas, con sueldos bajos, sin seguridad social, hospedadas en viviendas paupérrimas propiedad del empleador. En pocas palabras, el capital saca el jugo a la vida útil de estas mujeres convertidas por un lapso en dagongmei.

En ese sentido, llama la atención, de la autora y propia, que la organización del trabajo esté alineada con el modelo fordista. A diferencia de la producción flexible hegemónica en el mer­cado internacional, allí perdura la organización jerárquica en un amplio territorio con una distribución especializada de ta­reas subordinadas al ritmo de la máquina, en donde el tiempo métrico de Taylor lo es todo para la acumulación.

Un dato adicional: el Estado también saca provecho de la situación. Por una parte, las empresas amortiguan una contri­bución al gobierno por cada dagongmei; y, por otra parte, ellas pagan por salvoconductos de renovación anual. A la articu­lación del género y trabajo, confluye la raza, porque las com­pañías usan a su favor las diferencias étnicas y la identidad territorial. Las mujeres construyen redes por afinidad étnica para conseguir trabajo y compartir habitación, de ahí que su empleador las ubica en una misma actividad dentro de la ca­dena productiva; sin embargo, siempre insertan una persona de un grupo étnico distinto como elemento distorsionador, por ejemplo, como la supervisora del grupo, garantizando la fragmentación del conjunto.

Entre la dominación y la explotación hay margen para la resistencia. Según la autora, las dagongmei reconocen su con­dición de mercancía de corta duración sin la gesta de una consciencia colectiva. Pero sus cuerpos sí contraatacan con la somatización de distintos dolores que en ocasiones detie­nen la producción. Todas estas cuestiones son analizadas por Ngai, luego de un año de etnografía como dagongmei. Desde diferentes aristas, cada capítulo hilvana la formación de otro sujeto social vinculado a la producción en un espacio donde dialogan las fuerzas universalistas del mercado y la especifica­da histórica, por medio de prácticas de gobernabilidad y tec­nologías del yo, en términos foucaultianos.


[1] Miembro del Comité Editorial de Ojo Zurdo.

[2] Hui, Wang, China´s Twentieth Century. London: Verso, 2016.

[3] Ngai, Pun. Made in China. Women Factory Workers in a Global Workplace. Duke Press: 2005.

[4] El hukou es el sistema de registro poblacional según su lugar de nacimiento rural o urbano. En ese sentido, el gobierno Chino entrega boletas de identificación diferenciadas que restringen el desplazamiento poblacional, por ejemplo, quien nace en el ámbito rural debe permanecer en este, restringiendo la migración a la ciudad, y viceversa.

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