La cosmo-visión andina en el manuscrito de Huarochirí

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Jorge Millones[1]

El célebre “Manuscrito de Huarochirí” es el documento en quechua más antiguo (siglo XVI) y relata la cosmogonía de la zona centro de los andes. El original se encuentra en la Biblioteca Nacional de Madrid, como parte de la documentación recogida por Francisco de Ávila, “cura de San Damián y vicario de Huarochirí”, pudo ser el autor o el que coordinó el levantamiento de toda la información de la zona.

Fue traducido por José María Arguedas en 1966 y es quien mejor interpretó los simbolismos del manuscrito, quizás por su raigambre andina y sensibilidad artística. Ha sido traducido también por Gerald Taylor y George L. Urioste entre otros. También es motivo de muchas investigaciones, esta vez es abordado por Zenón Depáz[2] con la vocación (devoción) de un “waqasa”, con la certeza de que algo muy importante ha estado “diciendo” ése texto durante muchos años dormido. A partir de sus estudios de quechua, de un análisis multidisciplinario multidisciplinario, de muchísimas lecturas cotejando traducciones, versiones y textos colaterales que complementaban la investigación, Zenón Depáz logra construir un interesante enfoque que sirve de puente, de vinculo dialógico entre la tradición filosófica occidental y la cosmovisión andina.

Confluyen en este “puente”, en este tinkuy conceptual: la hermenéutica gadameriana, el enfoque simbólico de Ricoeur, el martillo de Nietzsche, la filosofía de Heidegger, el enorme aporte sobre el mito de Mircea Eliade, la antropología, los cronistas, la historia, hasta los juegos de Wittgenstein, dialogando con conceptos andinos como kama, Yachay, Pacha, Yana y Waka. Otra ontología se abre paso, una “ontología relacional”, diría yo, que se activa y le da sentido a la vida en la medida que se vincula con todo. Es una filosofía del vínculo, sin duda, pues todo está vinculado y cada cosa encuentra su sentido y hasta su identidad a través del vínculo. Se suspende el tiempo de los cristianos y se abre (despliegan) otros mundos, y desde allí, oteamos la maravilla de la cosmovisión andina tan presente entre nosotros mismos. Y aunque no entendamos sus bellas metáforas, las descubrimos en nuestro uso cotidiano del lenguaje, en la toponimia, en la historia, en el inconsciente colectivo de todos los peruanos.

Con esta investigación Depáz logra ampliar las posibilidades de la filosofía, enriquecerla con este enfoque que echa raíces en una tradición que ha sobrevivido más de 500 años de exterminio. Una cosmovisión que ha sobrevivido no sólo en la cultura viva de nuestros pueblos indígenas (fiestas, ritualidad, música, tejidos, arte, lengua, ciencia, restos monumentales que nos han legado), sino también, en una fuente histórica primordial: los Manuscritos de Huarochiri. En este extraordinario documento se ha fijado, sin duda alguna, la huella más importante de la cosmovisión andina y la profundidad conceptual de su pensamiento.

Y la “voz” que ha “descubierto” Zenón Depáz a partir del estudio del manuscrito, es capaz de enunciar desde un tiempo distinto, desde una descentración del continuo histórico eurocéntrico, más allá del objetivismo cientificista y nos enfrenta directamente a nuestro ser en tanto país andino, en tanto somos parte de una matriz civilizatoria importante, nos enfrenta al desafío de tener que reflexionar desde nuestro ser andino.

Después de este “guantazo” que Zenón le da a la filosofía peruana y americana al estilo del gran Gamaliel Churata (tan grande como Heidegger) ya no es posible: 1. Tratar el manuscrito de Huarochirí como hasta ahora se ha venido haciendo, una mera “fuente” histórica, antropológica, lingüística, etc. 2. Y en lo que concierne a la filosofía peruana, ya es imposible no tomar en cuenta este “puente-tinkuy conceptual” a través de cuyo prisma hemos redescubierto un mundo que siempre se ha resistido a desaparecer, que se autoproduce y reproduce la vida. La obsesión por el número 5 –pocas veces observada entre los investigadores del manuscrito– es recogida, atendida y puesta de relieve por Zenón. Desde esta misteriosa cifra construye Zenón también la estructura de su texto. Siempre el impar, que juega a esconderse como aquella diosa andina que nunca se muestra, pero que le da sentido a la historia y mueve los engranajes del mito. Ese impar que vincula a las otras cuatro, que se mueve antes y debajo, que llega primero y se va primero, ese impar que apenas es aludido por nuestro rudimentario lenguaje.

El libro está prologado por Edmundo Murrugarra, un “hombre-puente” que suele moverse bien en varios mundos (a decir del propio Arguedas) y que menciona bien la historia de la investigación y sus implicancias, sobre todo en la educación y la política.

Hay que mencionar también, el aporte del colectivo Chawpi Atoq, del cual Zenón Depáz es parte, que agrupa a diversos y apasionados investigadores de muchas disciplinas que han dialogado ructíferamente.


[1] Filósofo y canta autor, miembro del Comité Editorial de Ojo Zurdo.

[2] Zenón Depáz, La cosmo-visión andina en el manuscrito de Huarochirí. Lima: Ediciones Vicio Perpetuo Vicio Perfecto, 2015, 344 páginas.