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JULIO DURAND LAZO

Quienes hacemos la revista Ojo Zurdo, expresamos nuestro profundo pesar por la partida de Julio Durand Lazo, padre de nuestra compañera del Comité Editorial Anahí Durand Guevara.

Como reza una canción de su Huancavelica natal, Julio Durand parte “llevando el quipi (atado) de sus esperanzas”. Sociólogo, animador cultural y político, impulsor de publicaciones entendidas como herramientas para proyectos de cambio sociocultural.

Que nuestras condolencias a su familia conlleven la solidaridad con todos los deudos de un mal que muestra, con costos irreparables, la urgencia de seguir luchando para cambiar profundamente la realidad del país y el mundo, pues siempre la muerte de una persona es la de todos y todas.

Comité Editorial de Ojo Zurdo.
Lima, 18 de junio de 2020

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#DefundThePolice (#DesfinanciaLaPolicía)

Black Lives Matter1Petición del movimiento “Black Lives Matter” ante la matanza de George Floyd a manos de la policía de Minneapolis. La petición se encuentra en el siguiente enlace: https://blacklivesmatter.com/defundthepolice/ Traducción: Gabriel Valenzuela Oblitas

Ya basta

Nuestro dolor, nuestros gritos, y la exigencia de ser vistos y escuchados resuenan en todo el país.

Exigimos que nos reconozcan y se asuman responsabilidades por la devaluación y deshumanización de la vida negra a manos de la policía.

Pedimos soluciones radicales y sostenibles que aseguren la prosperidad de las vidas negras.

La muerte violenta de George Floyd fue un punto de inflexión, un recordatorio demasiado conocido para el pueblo negro, de que las fuerzas policiales no protegen o salvan nuestras vidas. Con frecuencia las amenazan y nos las quitan.

En este momento, Minneapolis y las ciudades de nuestro país están en llamas y nuestro pueblo está sufriendo, la violencia desatada contra los cuerpos negros en el transcurso de la desobediencia civil masiva, todo ello mientras lidiamos con una pandemia que nos afecta, contagia y mata de manera desproporcionada.   

Pedimos que se ponga fin al racismo sistémico que permite que esta cultura de la corrupción se quede impune y que nos quite la vida.

Pedimos el desfinanciamiento nacional de la policía. Exigimos inversión en nuestras comunidades y los recursos para asegurar que las personas negras no sólo sobrevivan, sino que prosperen. Si están de nuestro lado, agreguen su nombre a la petición ya mismo y ayúdennos a difundir el mensaje.

Actualmente, estamos luchando contra dos virus mortales: COVID-19 está amenazando nuestra salud. La Supremacía Blanca está amenazando nuestra existencia. Y ambos nos están matando todos los días.

Exigimos una transformación real ya. Una transformación que hará responsables a las fuerzas policiales y la violencia que ellos infligen, la transformación de este sistema racista que engendra la corrupción, y una transformación que asegure que nuestro pueblo no se quede atrás.

Es hora de que nuestras ciudades y estados #DefundThePolice (#DesfinanciaLaPolicía) y #InvestInCommunities (#InvierteEnComunidades). Firma la petición ahora mismo, y compartela con amigos y familiares

29 de mayo de 2020

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EL ESTALLIDO SOCIAL CHILENO: A SIETE MESES DEL 18-O

La revolución, la pandemia y el horizonte que se avecina.

Lourdes Murri1Maestranda en Estudios Latinoamericanos (Universidad Nacional de Cuyo)(texto) y Martín Obreque2Fotógrafo chileno: https://martinobreque.myportfolio.com/ y @martin.obreke(fotos)
Con la colaboración de Nicole Kramm3Fotografa chilena: @nicole_kramm

En octubre de 2019 se desencadenó un ciclo de protestas en  todo el territorio considerado chileno, con enorme participación popular, poniendo en jaque al gobierno de  Sebastián Piñera.  El “estallido social chileno”, la “revolución chilena”, “el despertar de Chile” se encaminaba hacia la reforma constitucional que finalmente sería plebiscitada el domingo 26 de abril. Sin embargo, la situación de pandemia global alteró bruscamente la agenda política y social y el ansiado plebiscito ha sido reprogramado para el 25 de octubre próximo.

En este fotorrelato no pretendemos exhaustividad frente a un proceso que consideramos inacabado y que pese a las nuevas restricciones por la situación de salud, permanece latente y a la espera de un contexto social que permita rehabitar el espacio público. Sí nos parece importante no dejar pasar estas fechas, visibilizar lo que pasó y lo que sigue ocurriendo en Chile y aprender de las lecciones que nos deja un pueblo que ha logrado poner en jaque al sistema neoliberal en su conjunto.

Martín desde Santiago de Chile, con el cuerpo y el lente en las movilizaciones, ha ido elaborando un registro de las jornadas de lucha popular y represión estatal.

Concebimos a la fotografía como una forma de arte-denuncia, un manifiesto, un documento testimonial que ha sido central para difundir la violencia de las fuerzas del orden, a tal punto que los ojos que despertaron para ver fueron el blanco de perdigones y balas.  Tal es el caso del fotógrafo y estudiante universitario Gustavo Gatica, quien ha quedado ciego de ambos ojos por disparos de carabineros durante las movilizaciones. A él, y a todos y todas quienes han sufrido y sufren la represión estatal por luchar por una sociedad mejor.

18-0: QUE VIVAN LXS ESTUDIANTES

“¡Que vivan lxs estudiantes,

Jardín de nuestra alegría,

Son aves que no se asustan

De animal ni policía!”

La Violeta canta la fuerza de lxs estudiantes. Una generación que  nació en democracia pero que integra  el segmento de la población que se enfrenta a las peores condiciones. Sin salud, sin educación de calidad, sin trabajo digno, SIN MIEDO.

¡Evadir, no pagar, otra forma de luchar!  Nicole Kramm. 2019

No son 30 pesos, son 30 años. Cuando lxs estudiantes secundarixs llamaron a evadir el metro ¿podía vislumbrarse el inicio de una revolución?

Las manifestaciones en Chile  han sido las más extensas y profundas desde el retorno a la democracia.  Algo que comenzó como el llamado a evasión del metro por parte de lxs estudiantes secundarixs, se radicalizó transformándose en una resistencia transversal a todos los sectores de la sociedad. De octubre a marzo-previo a la cuarentena- el gobierno de Piñera estuvo en jaque, prefiriendo la represión a escuchar los reclamos populares. La popularidad del mandatario se desplomó hasta llegar a apenas un 6%, según un estudio del Centro de Estudios Públicos (CEP) presentado en enero de este año. Sólo la crisis del coronavirus pudo darle una tregua a un presidente sin legitimidad, que en otras circunstancias difícilmente hubiera podido concluir su mandato.

En estas jornadas de lucha sobresalen las exigencias de renuncia del presidente y la conformación de una asamblea constituyente para una nueva constitución. Las prácticas represivas en Chile, de especial violencia contra mujeres y jóvenes, parecieran replicar los métodos dictatoriales, generando un perturbador puente entre los años pinochetistas y el presente. Puente que además ha sido construido con bases en una constitución autoritaria y un modelo económico neoliberal cuya fecha de imposición data del 11 de setiembre de 1973.

El héroe colectivo. Martín Obreque, 2019.

Las protestas de los pingüinos lejos de quedar aisladas en el aumento del transporte se fueron extendiendo hacia otras cuestiones consideradas intolerables. Ante el apoyo de amplios sectores sociales,  que apoyaban lo justo de los reclamos, ante un endeudamiento de la vida cada vez mayor,  el día 18 de octubre se convocó a una manifestación que resultó masiva, iniciándose así el  “estallido social”.

Santiagazo. Martín Obreque, 2019.

Pese a la fuerte represión, la declaración de estado de emergencia y toque de queda,  las movilizaciones se fueron acrecentando e intensificando. En lugar de causar el efecto de retracción, la conciencia frente a la desigualdad social y la represión desmedida de carabineros y fuerzas armadas chilenas aglutinaron al pueblo y sus consignas. Del aumento de la tarifa del transporte, rápidamente las demandas fueron extendiéndose, empezando por el cuestionamiento al alto costo  de vida en Chile, uno de los países más caros de Latinoamérica, hasta llegar a las bases mismas del sistema que subyacen en la constitución pinochetista de 1980, identificadas  como las causantes de la desigualdad y puestas en cuestión en cada protesta.

Territorialidad: Arica, Valparaíso, Concepción, Coquimbo, Valdivia, Antofagasta, Rancagua, Temuco, Punta Arenas,  Iquique, Talca, protestas y tanques, toques de queda, cacerolazos en todo Chile.

Los pacos de Piñera. Martín Obreque, 2019.

La represión y el toque de queda lejos de generar miedo  acrecientan  la rabia y el repudio hacia el gobierno. Las movilizaciones se intensifican y en clara alusión contra el capital se incendian edificios de corporaciones, bancos, malls y se producen cientos de saqueos a supermercados.

La institucionalidad de la democracia y la propiedad privada son cuestionadas colectivamente. Nadie tiene derecho a tener tanto.

Resistencia. Martin Obreque, 2019.
Sin miedo, aguante el pueblo. Martin Obreque, 2019
ACAB, venganza. Enfrentamientos entre manifestantes y policía en calle Corvalán, Santiago. Martín Obreque, marzo 2020.

A la par de las medidas represivas, la primera “concesión” del gobierno fue, luego de un fin de semana plagado de revueltas, congelar la tarifa del metro, es decir anular el último aumento. Sin embargo, pese a la desinformación de los medios, la consigna “no son 30 pesos, son 30 años” se iba imponiendo en la sociedad. Tardía y desactualizada quedó la medida defensiva de Piñera, que sólo demostraba la poca conexión con los reclamos de la gente.  Eso resultó ser una constante en el modus operandi del gobierno en los meses siguientes.

EN CHILE

                    SE VIOLAN

                                          DERECHOS HUMANOS

En el Informe de Naciones Unidas (ACNUDH), dado a conocer el 13 de diciembre, se constata que en Chile desde octubre, se han producido violaciones graves, masivas y reiteradas a los derechos humanos. Entre otras cosas, se denuncian los siguientes actos por parte de Carabineros:

                               VIOLACIONESMALOSTRATOSTORTURASLESIONES

                                   USOINDEBIDODEARMASLESIONESOCULARES

                                EJECUCIONESEXTRAJUDICIALESVIOLENCIASEXUAL

                             DETENCIONESARBITRARIASUSOEXCESIVODEFUERZA

Pese a la masividad de las protestas y la legitimidad de las demandas, la represión de fuerzas armadas y carabineros de Chile arroja terribles números. Según los resultados de la misión de observadores de la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos (ACNUDH) de Naciones Unidas, entre los días 30 de octubre y 22 de noviembre de 2019, entre otras cosas, el organismo concluyó que desde el 18 de octubre, tanto Carabineros como el Ejército “no han adherido a las normas y estándares internacionales de derechos humanos” (ACNUDH, 2019:9), habiendo realizado “un uso innecesario y desproporcionado de armas menos letales (…)durante manifestaciones pacíficas y/o fuera del contexto de enfrentamientos” (ACNUDH, 2019:9).  También se señala que Carabineros sólo está autorizado a utilizar perdigones de goma como munición, pese a lo cual la mayoría de los heridos ha sido por perdigones de plomo. Según el Instituto Nacional de Derechos Humanos “de las 3.449 personas heridas, 1.554 son por heridas con perdigones” (INDH, 2019). 

El ACNUDH  ha registrado en su informe 26 muertes durante las movilizaciones sociales hasta el 22 de noviembre, siendo la gran parte de estos muertes ilícitas por parte de agentes del estado. La mayoría de los muertos eran jóvenes, y su deceso se debió a un abuso de fuerza en el contexto de estado de emergencia.

Al 6 de diciembre, el INDH contaba con 3.449 personas lesionadas durante las protestas que se hicieron atender en dependencias estatales, sin embargo este es un registro difícil de llevar con precisión.

Se calcula que más de 350 personas han sufrido lesiones oculares por parte de disparos de Carabineros entre el 18 de octubre y el 2 de diciembre (INDH). El 28 de octubre, la Sociedad Chilena de Oftalmología y el Colegio Médico calificaron la situación como «una emergencia de salud visual nunca antes vista en el país».

Por los ojos del pueblo. Martín Obreque, 2019.

Por estos disparos, decenas de personas han perdido totalmente la vista en uno o ambos ojos. Un caso que conmovió al mundo, fue el de Gustavo Gatica, quien el 8 de noviembre, junto a otras siete personas, fue agredido en Plaza Italia por Carabineros, recibiendo disparos de las escopetas lo cual le valió la pérdida de la vista en ambos ojos.

Fabiola Campillay  (36) trabajadora, dirigenta social y madre, pérdida completa de la visión en ambos ojos.

Gustavo Gatica (21) estudiante y fotógrafo, pérdida completa de la visión en ambos ojos.

Mario (30), disparo por perdigones de carabineros, pérdida total de la visión en un ojo.

y 350 más…

Heridos en las cercanías de Plaza Dignidad atendido por voluntarios de salud. Martin Obreque, 2019.

Particularmente, la represión de Carabineros tuvo como blanco los cuerpos de las mujeres y disidencias, habiendo un alto registro de violencia sexual y sicológica, que incluye violaciones, amenazas y todo tipo de torturas hacia mujeres, en su mayoría jóvenes, y también hacia algunos varones que fueron violentados por su orientación sexual. Casi todos los hechos documentados fueron perpetuados en las comisarías o durante los traslados.

Chile, el que paga vive. Ley del Cancer. Martin Obreque, 2019.
LA LUCHA FEMINISTA, ANTIPATRIARCAL Y ANTINEOLIBERAL

Las mujeres han sido vanguardia en estos meses de lucha, no sólo en Chile, sino en toda América Latina. Lo cierto es que los feminismos aparecen hoy como uno de los frentes de resistencia  con mayor poder de movilización, visibilización y con amplias posibilidades de articulación con otros movimientos.

Las mujeres han estado en la Primera Línea de las protestas, como así también han sido el sostén material y emocional de tantas semanas de lucha, sirva como ejemplo el Colectivo de “Mamitas Capucha”, mujeres de barrios periféricos que todos los viernes preparan alimentos para lxs jóvenes que están sosteniendo las protestas desde la Primera Línea en la Plaza de la Dignidad (ex Plaza Italia).

Así también, colectivos de mujeres artistas han realizado distintas intervenciones y performances para levantar los reclamos de las mujeres y para denunciar la presencia del patriarcado en las instituciones estatales. Tal es el caso de la colectiva Las Tesis de Valparaíso, que con la performance de “Un violador en tu camino” lograron saltar las fronteras y hacer uno el reclamo de las mujeres en distintas partes del mundo como Argentina, Perú,, México, Francia, Turquía etcétera.

Nuestros cuerpos, nuestros territorios. Nicole Kramm, 2019.
Martín Obreque, 2019
LOS HORIZONTES QUE SE ABRIERON

Las movilizaciones en Chile si bien se encuentran paralizadas por la situación de pandemia global, dejaron varios aprendizajes y caminos abiertos. Por un lado, aparentemente la salida será institucional. El plebiscito que se haría para la nueva constitución sería en abril y ha sido pospuesto para el mes de octubre. Todo indica que ganaría el sí.

Por otro lado, hubo un proceso constituyente “desde abajo” que se fue dando durante los últimos meses organizados en cabildos abiertos y asambleas ciudadanas como nuevas maneras de construir poder popular, democratizando la política. De la mano de este mismo proceso se consiguió recuperar los  espacios públicos para actividades culturales, sociales y políticas.

A su vez, vale afirmar que en Chile se ha corrido el límite de lo posible. El estallido comenzó un viernes y ya el martes se había aprobado el proyecto de ley de las 40hs, lo cual semanas antes era una lucha bastante débil. Y finalmente se ha llegado a cierto consenso respecto a la necesidad de una nueva constitución, del pueblo dependerá cómo se realizará ese proceso, qué tan democrático y profundo será.

Otro aspecto  a señalar es la presencia de la juventud. Y es que una generación completa ha sido protagonista, enfrentándose abiertamente a regímenes económicos y políticos violentos. La generación nacida en los noventa, tiene en común la permanente flexibilidad laboral, las pocas expectativas de estabilidad y crecimiento económico y un enorme acceso a la información. Podríamos decir que se trata de una generación consolidada en el neoliberalismo pero que no ha sacado ninguna ventaja de ello más que mirar desde las vitrinas. A esto se suma un factor central: es una generación sin miedo. Nacida y crecida en democracia, esta generación no sufrió física ni psicológicamente los efectos del terrorismo estatal que sí han vivido sus padres, madres, abuelas y abuelos.

Balas y fuego. Martin Obreque, marzo 2020.
Lxs capucha, sobre el muro y más allá del muro. Martin Obreque, marzo 2020.

Pero, a lo largo de todos los meses de protesta, si bien la juventud ha sido la protagonista,  llama la atención la intergeneracionalidad del movimiento. Todos los viernes podía verse en las marchas familias enteras, niñes, adultes mayores y mucha juventud. Las marchas solían ser pacíficas, contando con enorme creatividad para hacer llegar sus mensajes, con un repertorio de protesta de lo más diversos (música, danza, performances) y además con una destacada presencia de las mujeres. La intergeneracionalidad es un reflejo de que el sistema económico impuesto en Chile afecta a todas las etapas de la vida: desde las AFP, el acceso a la salud, a la educación, a la vivienda, etcétera.

Otra de las características que resulta llamativa es la horizontalidad de las convocatorias, realizadas por medio las redes sociales con ausencia de liderazgos visibles. Esto se convirtió en una ventaja para el campo popular, ya que la táctica del gobierno ante conflicto sociales había sido la convocatoria a una mesa de diálogo, sin embargo ahora no había referentes a quienes convocar para sentarse a negociar. Así como parte de la dirigencia visible del 2006 terminó en los ministerios y la del 2011 llegó a las bancas legislativas, el gobierno no ha podido atacar ni coaptar dirigentes por la ausencia de voceros o cabecillas. Esto resulta una novedad y requiere la actualización en  las formas de hacer política ante una nueva manera de organización de los movimientos sociales. En este sentido se ha retomado una tradición antigua que es la de los cabildos o asambleas, las cuales son autoconvocadas y se han extendido a lo largo de todo el territorio chileno.

Luchar hasta que la dignidad se haga costumbre. Martín Obreque, 2019.
EL NEOLIBERALISMO MATA MÁS QUE EL CORONAVIRUS

¿Cuál es el camino que tomará la sociedad chilena luego del confinamiento por la pandemia? ¿Cómo será el contexto politico y economico chileno tras vivir un estallido social sin precedentes para luego ser uno de los paises mas afectados por el COVID-19?

Los últimos datos del Ministerio de Salud de Chile señalan que hay más de 46 mil contagios y unos 470 decesos por coronavirus. Chile aparece como el cuarto país latinaomericano con mayor cantidad de contagios, despues de Mexico, Perú y Brasil.  Estos números dejan en evidencia la posiblidad de colapso del sistema de salud chileno.

El piñera virus. Últimas protestas antes de radicalización del confinamiento. Martin Obreque, marzo 2020.

Pese a estos números, las medidas de las autoridades chilenas han sido irregulares. La pandemia nuevamente ha dejado en evidencia que los intereses del presidente y su gestión están puestos en salvar los mercados más que a las personas. A fines de abril Piñera autorizaba la apertura de malls, tiendas, obligaba a las personas a tener que desplazarse a sus lugares de trabajo alegando la vuelta a una “nueva normalidad”. De allí que no fueran suficientes las medidas de aislamiento sólo en algunas comunas. Frente al aumento brusco del número de contagios- que también se registraron entre congresistas- recién el 15 de mayo se decretó el aislamiento obligatorio para la Región Metropolitana y el gran Santiago.

Lo que sí se apresuró a decretar Piñera fue el toque de queda, en Chile antes de tener el aislamiento o aumentos para la salud, se sacaron a las fuerzas armadas nuevamente a las calles. Además de contar nuevos protocolos de represión, el panorama pos-coronavirus no es muy alentador. En plena pandemia, el estado chileno ha solicitado un crédito al FMI  de 23.800 millones de dólares. El porcentaje de desocupación va en aumento, y la crisis está afectando a los sectores más pobres.

Despliegue militar en Estado de Catástrofe por pandemia en ciudad fronteriza de Arica. Martin Obreque, abril, 2020.

Sabemos que la crisis que vivimos a nivel planetario no afecta a todos por igual. Las desigualdades estructurales quedan en evidencia y esto también se siente duramente en Chile. Muchas personas no pueden sostenerse en este momento y necesitan salir a trabajar, porque si no los mata el coronavirus los mata el hambre y la falta de recursos.

SI bien las movilizaciones ya no están permitidas, las personas han hecho sentir su descontento con la gestión de Piñera durante estas semanas de aislamiento a través de las redes y de algunas protestas reducidas, como el pasado 27 de abril donde se vieron algunas barricadas en Santiago, Antofagasta, Concepción y Valparaíso. Sin embargo, más que el riesgo de contagio, el mayor temor está en salir a calles que se encuentran militarizadas, lo cual es agrava si pensamos en el accionar de las fuerzas represivas durante el estallido social.

Piñera quiere apresurar el retorno a la “nueva normalidad”, aun a costa de la vida y la salud de las personas. Pero vale preguntarnos ¿qué normalidad es esa? Seguramente para él,  la normalidad del “oasis” antes del 18 de octubre. Claramente, es la normalidad que el pueblo rechaza. Lo que venga después sabemos que no será fácil, una crisis económica y social afectará a todo el mundo, y más aún a nuestra región.

La salida es colectiva. Que nunca más   torturen, violenten y asesinen a los pueblos  por luchar por justicia social. FORTALEZCAMOS LOS VÍNCULOS, NO NORMALICEMOS LA VIGILANCIA Y EL AISLAMIENTO.

Fuera Piñera, volveremos. Martin Obreque, Plaza Dignidad, marzo 2020.

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REACTIVACIÓN ECONÓMICA

ENTRE EL PARCIAL “SUICIDIO ECONÓMICO” Y EL SUICIDIO SOCIAL
José Antonio Lapa Romero[1]

En el Perú reactivar la economía formal es una necesidad pero un suicidio social. Con un índice de letalidad de 2.78%, 45,928 mil casos positivos con coronavirus en acelerado crecimiento, sistemas de salud colapsados en algunas regiones del país (Lambayeque, Piura y Loreto) y a punto de colapsar a nivel nacional, sin mayores inversiones significativas en salud más allá de la emergencia y miles de atenciones postergadas, protestas permanentes del personal de salud por la insuficiente dotación de mascarillas y material sanitario, motines en los penales por el temor al contagio o la muerte, miles de infectados en los mercados populares en Lima en crecimiento, más de 10 mil de lo que han mal llamado caminantes cuando en general son los excluidos y marginados del Perú que migran para trabajar o por atenciones de salud centralizados, miles que han perdido el empleo, y millones que sobreviven y tiene que salir a las calles a ganarse el pan de cada día. Es decir, millones de excluidos que viven dentro de las economías de sobrevivencia, precariedades estatales y una sociedad que se mueve entre la informalidad, la pobreza y la pobreza extrema, alejada de una sociedad inventada llena de éxito, competitividad, glamour y consumismo dentro de un supuesto, hasta hace un par de meses, exitosísimo modelo peruano.

Es indudable que requerimos reactivar aún más la economía formal (sector minero, agroexportador, financiero y otros han continuado trabajando en menor intensidad en medio de la pandemia), y por supuesto algunos sectores y actores económicos podrán hacerlo y otros no en esta primera fase aprobada por el gobierno, dada la economía predominantemente informal. Lo cierto es que la reactivación centrada en sectores económicos como el minero, el agroexportador y el industrial está focalizada en sectores formales que reactivarán miles de empleos: son 3 de cada 10 empleos en el país con “mejores condiciones” económicas y sanitarias. Sería un suicidio económico no hacerlo dado los miles de desempleos ya generados por la pandemia y la recesión económica en la que estaremos envueltos. Sin embargo, el independetariado, los cachueleros, los ambulantes, y otros, ya ha salido y seguirán saliendo a las calles a ganarse el pan de cada día porque además, con bono o sin bono, el dilema esta dibujado entre el hambre y la posibilidad de contagio y/o muerte, por lo que es un suicidio social no salir a la calle pero es también un suicidio social exponerse al contagio o contagiarse en medio del crecimiento exponencial de contagios y servicios de salud desbordados y precarios.

Así, esta centralidad en el sector y en los empleos formales, olvidándose olímpicamente del sector y los empleos informales que es el 73 % de la economía peruana (en el sector minero con toda la logística y recursos económicos ya tiene 251 trabajadores positivos al COVID y un trabajador fallecido de Antamina), significa arrojar a millones de familias al suicidio social porque ni tenemos sistemas de salud similares a Alemania y Nueva Zelanda, ni una mayoría de trabajadores que pueden quedarse en casa sino que nadamos en precariedad institucional, en la exclusión estructural de millones que necesitan salir a las calles para sobrevivir el día a día. Estamos viviendo en el Perú un cierto tipo de darwinismo social donde viven los que más tienen y son más afectados los que menos tienen.

Estamos volviendo a nuestra obsesiva normalidad dentro de una casi absoluta anormalidad que no ha cambiado.


[1] Sociólogo. Este texto fue escrito el 4 de mayo de 2020.

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CIUDAD POST-PANDEMIA

¿Qué lecciones nos dejaron algunas de las pandemias más letales de la historia?

Crysteri Hidalgo, Daniel García, Norma Zorrilla y Andy Philipps.

Colaboradores en el recojo de información: Andrea Gonzales y Marggiori García. Correctores de estilo: Sadith Vela y Jesús Miguel Céspedes.

La pandemia de COVID-19 ha desencadenado no solo una crisis sanitaria, sino que a su vez ha provocado una crisis económica sin precedentes en los últimos cincuenta años. Con más de cuatro millones de contagios en todo el mundo y más de quinientos mil fallecidos, la COVID-19 es una amenaza global para la que todavía no se encuentra una vacuna. No obstante, sí podemos anticipar una serie de medidas que vayan conformando la agenda urbana post-pandemia.

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El presente artículo parte de dos premisas. La primera es que la actual crisis sanitaria causada por la propagación de la COVID-19 se agudiza en y por las ciudades en las que, a 2018, ya vive el 55% de la población mundial. Además, y esta es la segunda premisa, la situación actual abre un escenario en el que las propuestas de reformas que persigan mejorar los niveles de mitigación y prevención del contagio – y, por lo tanto, preservar la salud pública –  deberán ser tomadas muy en cuenta.

Así entonces, lo que trataremos de demostrar es que la historia del urbanismo está estrechamente vinculada a, entre otras cosas, la aparición y propagación de distintas pandemias a través de un breve recuento de las medidas que provocaron tres de las más impactantes en la historia del urbanismo[1]: la peste bubónica, la influenza o la “gripe española” y el cólera. Desde este conocimiento, haremos una breve reflexión sobre el “futuro”.

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La peste bubónica o “peste negra”

En primer lugar, la peste negra o muerte negra es registrada como la pandemia más devastadora a la fecha con unos 25 millones muertes durante los siglos XIV y XV, solo en Europa. El origen de la peste se relaciona con un brote causado por una variante de la bacteria Yersinia pestis, que se contagia a través de la picadura de pulgas infectadas, contacto directo con tejidos infectados o inhalación de gotículas respiratorias infectadas.

Hay que recordar que las medidas que motivaron el efecto letal de esta epidemia[2] o pandemia[3] estaban fundamentadas en el conocimiento de la época, pero también en creencias. En este sentido, Gibert (2019) señala que antes de 1348 medidas como la limpieza de las calles, el recojo y el envío fuera de las ciudades de los productos de desecho o la realización de procesiones e incluso la expulsión de personas que supuestamente llevaban una vida que podía ofender a Dios se mostraron totalmente insuficientes e incluso inútiles. Nosotros intentaremos centrarnos en las que tuvieron un impacto empíricamente positivo en el bienestar de las personas.

Entre 1484 y 1485, la peste diezmó significativamente la población de Milán, lo que llevó a Ludovico Sforza, duque de Milán en aquel entonces, a pedir a Leonardo Da Vinci propuestas para que esto no se repitiera (Solera, 2018). Recordemos que las ciudades medievales, caracterizadas por estar amuralladas y presentar calle y canales estrechos e irregulares, eran difíciles de transitar y mantener limpias propiciando con ello la propagación de las enfermedades.

Entre los planteamiento de Da Vinci, consignados en su “Manuscrito B”, podemos destacar la demolición  de las murallas, a fin de reducir la densidad de las ciudades; un trazo menos irregular y más cuadriculado de las calles, lo que facilitaría el discurrir del agua a través de la ciudad (canales) y dentro de las viviendas (abastecimiento de agua y evacuación de residuales); y una división de la ciudad en dos niveles: una parte superior, para la circulación de las personas con vías abiertas y luminosas; y una inferior para los carros de carga y las embarcaciones navieras (Solera, 2018). Un apunte adicional: fue precisamente en el norte de Italia donde se comenzó a utilizar el vocablo “cuarentena” para referirse al aislamiento de los sospechosos de portar la peste durante cuarenta días.

En Londres, motivados por la peste de 1665, el gran incendio de 1666 y la influencia política que pudiera ejercer el pueblo londinense como multitud, se aprobó el Acta de Reconstrucción de 1667 que partía de la idea de que la ciudad estaba sobrepoblada y los edificios estaban muy juntos y hechos con materiales precarios. De manera que las casas comenzaron a construirse con ladrillos y no con madera, y el gobierno se propuso regular el crecimiento fijando a tres millas a partir de las puertas de la Ciudad de Londres el límite del suelo urbanizable (Evans, 2006).

También fue en Europa, en el norte de España, y luego de una virulenta epidemia conocida como “peste de Pasajes” que acabó en unos meses de 1781 con más del 10% de la población del puerto de Guipúzcoa, donde se crearon los modernos cementerios civiles extramuros.

En el Perú, entre 1903 y 1930 hubo cerca de veinte mil casos (Long en Cueto, 2000) de peste bubónica, de los cuales fallecieron el 50% de ellos. Cuenta Marcos Cueto que hasta los años veinte, las campañas contra la peste fueron esporádicas, rutinarias, simbólicas y limitadas a los períodos de crisis, y que no fue hasta el gobierno de Leguía que se tomaron una serie de medidas de saneamiento ambiental (2000). Algunas de ellas fueron la Ley 4126 que facultó al gobierno para contratar la ejecución de obras sanitarias en Lima y 32 ciudades del país y que autorizó a gastar cincuenta millones de dólares para realizar caminos, desagües, pavimentación de calles, sistemas de eliminación de basuras, agua potable y refacción de puertos. No obstante, señala el autor que aún de mayor importancia fueron la progresiva utilización de cemento en las construcciones urbanas y la instalación de nuevas tuberías de fierro fundido en las ciudades.

Más allá del terreno urbano, la tardía contención y control de esta epidemia tuvo que ver con la creación de instituciones especializadas como el Instituto Municipal de Higiene, la Dirección de Salubridad Pública y la Junta Directiva de la Campaña contra la Peste Bubónica de la Provincia de Lima, toda vez comenzaba a darse un aumento en la disponibilidad de una mayor variedad de alimentos, una cierta mejora en los niveles educativos en la costa y  mayor participación de los médicos en los asuntos públicos (Cueto, 2000).

Algunas de las medidas aquí subrayadas explican que en Europa, Asia o América ya no se registren o se registren pequeños números de casos de peste bubónica.

El cólera

En segundo lugar, el cólera es una enfermedad infecto-contagiosa intestinal aguda, provocada por la bacteria Vibrio cholerae, que produce una diarrea acuosa de gran volumen que lleva rápidamente a la deshidratación del organismo. Seis pandemias sucesivas mataron a millones de personas en todos los continentes. En la actualidad, el cólera es endémico en muchos países y su principal vía de contagio es la ingesta de agua o alimentos contaminados.

La fundación ‘We are water’ cuenta que, a raíz de una epidemia de cólera de gran mortandad en 1847, el médico inglés John Snow, entendió que el cólera era causado por el agua potable contaminada con la fecal. La misma fundación señala que a partir del siglo XIX las leyes de distintos países impusieron limitaciones a la construcción de pozos de agua o pozos negros, los mismos que fueron restringidos a zonas sin alcantarillado y convertidos en fosas sépticas mucho más seguras. Resuelta la emergencia sanitaria, en Hamburgo, Barcelona, París o Londres se comenzó a instalar desde finales del siglo XIX una red de alcantarillado subterráneo. El saneamiento, entendido como el suministro de instalaciones y servicios que permiten eliminar sin riesgo la orina y las heces, comenzó a ser una prioridad; así como el cambio de la costumbre popular de botar agua sucia por la ventana de sus casas a la calle.

En el continente americano, concretamente en los Estados Unidos, dice la profesora de arquitecta Carr, hubo un movimiento coordinado similar en el siglo XIX para mantener más limpias las calles y llevar agua limpia a las casas. En consecuencia, se construyeron calles más rectas para acomodar largas tuberías debajo y se idearon métodos de recojo de los desechos más seguros. En el caso particular de la ciudad de Filadelfia, se creó el parque Parque Fairmount que sirve como separador entre el río y el vecindario, así como aprobaron leyes que establecieron requisitos para viviendas que garanticen un mínimo de espacio y ventilación.

En el Perú, las condiciones del suministro y tratamiento del agua en Perú han sido caracterizadas como a la espera de que ocurra una catástrofe en cualquier momento. Por ejemplo, en Lima hacia 1990, el 25 por ciento de la población no tenía agua corriente, y se proveían principalmente mediante camiones de agua.  Efectivamente, solo en 1991 murieron casi tres mil personas a causa de la epidemia de cólera.

La influenza de 1918 o “gripe española”

En tercer lugar, la pandemia de la influenza de 1918 o “gripe española” provocada por el virus H1N1, cuyo contagio se produce a través de las gotitas que van por el aire luego de toser, estornudar o hablar, causó entre 1918 y 1920 casi cincuenta millones de muertes según la Revista Panamericana de Salud. La influenza tuvo consecuencias en las políticas públicas aplicadas en higiene y salud en todo el mundo. No obstante, de las relacionadas a urbanismo y vivienda, podemos destacar las leyes de reforma habitacional que hicieron las viviendas más ventiladas en la ciudad de Nueva York (Aimone, 2010) y la decisión de mantener las calles limpias constantemente. No menos importante es la gestión del transporte y de los espacios públicos para el control del hacinamiento y la desinfección periódica por parte del gobierno, como ocurriera en Lyon durante estos años (Kabbabe, 2019). Esto no significa que solamente la cuestión urbana se vio afectada por la pandemia ni que sólo del diseño urbano depende la gravedad de la catástrofe, pero queda constatado que las epidemias tuvieron un impacto en el diseño y planificación de determinadas ciudades que buscaron imposibilitar un nuevo brote de las mismas.

En el Perú, aunque no se cuenta con datos precisos sobre la mortalidad de esta epidemia, se documentaron tres olas de gripe, dice el Dr. Elmer Huerta en un artículo publicado en El Comercio en 2018: la primera en Lima en 1918, la segunda entre noviembre de 1918 y febrero de 1919 extendiéndose por la costa norte y el río Amazonas, mientras que la tercera ola se dará entre enero y octubre de 1920 en la costa central Ica. A esto, hay que añadirle que, como hemos visto, la epidemia de la influenza (1918 – 1929) avanzará en paralelo a otra gran epidemia: la peste bubónica (1903-1930).

Hasta aquí este el breve repaso del impacto de estas conocidas pandemias. Con esto, no queremos decir que solamente la cuestión urbana se vio afectada por la epidemia ni que solo del diseño urbano depende la gravedad de la catástrofe, pero queda constatado que las epidemias tuvieron un impacto en el diseño y la planificación de determinadas ciudades a fin de imposibilitar un nuevo brote de las mismas.

Tampoco debemos olvidar que cuatro connotados médicos peruanos han afirmado que gran parte de las crisis sanitarias generadas por las epidemias fueron afrontadas con decisiones coyunturales que no se volvieron una mejora permanente (Maguiña Vargas, et al.; 2010), lo que reproduce un sistema de protección social muy precario.

***

A modo de conclusión

La élite mundial o los vendepatria no descansan y en su discurso podemos notar, al menos, tres vías para afrontar esta y futuras pandemias: a) un futuro caótico del “sálvese quien pueda”, donde “quien puede, puede”; b) la militarización social, esto es, parafraseando a Calvo Rufanges, la imposición de valores castrenses en la sociedad como la centralización de la autoridad, jerarquización, agresividad y xenofobia impulsada por la exaltación continua del patriotismo y sus símbolos (Calvo, 2015); o, en el mejor de los casos, c) un futuro en el que “solo la tecnología salvará al pueblo”, como si la tecnología no fuera gobernada y no se orientase hoy básicamente a la automatización de los procesos productivos y a la reproducción del capital. Pero esto no es lo que necesariamente tiene que pasar. No esta vez.

“El futuro no es lo que va a pasar sino lo que vamos a hacer” decía Borges. Por ejemplo, el futuro no es que compres y vivas temporalmente en un búnker ni que preveas un “espacio para poder trabajar en casa”, sino hacer efectivo el derecho a una vivienda digna. El futuro no es ir a comprar en auto a un supermercado ‘inteligente’, sino garantizar un abastecimiento seguro a trabajadores y clientes de unos mercados que sin perder su carácter popular establezcan claros protocoles de higiene y distanciamiento físico. El futuro no es el control masivo del movimiento de las personas a  través de aplicaciones móviles, sino la construcción de espacios públicos que hagan posible cumplir con el derecho al esparcimiento o al juego de las y los niños, así como la implantación de un sistema de protección social de alta cobertura que utilice la ciencia y tecnología para cumplir sus fines.

En este sentido, y teniendo en cuenta el fácil contagio a través del aire y la necesidad establecer distancia física obligatoria, ¿qué tipo de medidas deberían adoptarse en el plano urbano tras el paso de la COVID-19 que hoy suma más de 60 mil contagiados en el Perú y más de 300,000 en América Latina? Como mínimo proponemos las siguientes cinco líneas de acción para Lima que esperamos sean públicamente discutidas, especialmente, tras el estado de emergencia nacional: democratizar la higiene en la ciudad, así como el acceso al espacio público, ahora más que nunca en disputa; garantizar una movilidad urbana segura para todos pues es un importante vector de contagio; intervenir el sector inmobiliario y regularlo garantizando vivienda digna a cada familia; medidas específicas de mitigación y prevención de riesgo de contagio en mercados y centros de abastos, principal foco de contagio durante la cuarentena.

En esta línea algunas organizaciones como la Unión de Estudiantes Arquitectos de Lima o foros académicos como Limapolis 2020 han vuelto a discutir con más fuerza la agenda urbana en Lima a partir de la evidente necesidad de mantener un distanciamiento social y proponen medidas concretas, factibles y más necesarias que nunca en torno a la vivienda y los espacios públicos. Un resumen aquí o aquí.

La desigualdad, la ausencia de Estado y el excesivo centralismo del poder son tres de los factores que hacen complicado creer que la ciudad pueda superar esta crisis sanitaria rápidamente. Ni mucho menos que la ciudad pueda ser un espacio más habitable tras ella; sin embargo, y como lo hemos visto, las crisis también abren oportunidades para que nos extrañe e incluso lleguemos a rechazar aquello a lo que nos habíamos acostumbrado.

Bibliografía

AIMONE, F. (2010). The 1918 influenza epidemic in New York City: a review of the public health response. Public Health Reports, 125, 71-79.

CALVO, J. (2015). “Militarización” en Calvo Rufanges, J. y A. Pozo Marín, (coords.) Diccionario de la guerra, la paz y el desarme. Barcelona, Icaria.

CUETO, M. (2000). El regreso de las epidemias. Salud y sociedad en el Perú del siglo XX. Instituto de Estudios Peruanos.

EVANS, A. W. (2006). “Planificación, cinturones verdes y límites al crecimiento urbano”, en Santiago. Dónde estamos y hacia dónde vamos (Galetovic, A., ed.). Santiago, Centro de Estudios Público, 186-188.

HARATANI, J. y HERNÁNDEZ, D. (1991). “El cólera en Perú: Una evaluación rápida de la infraestructura de abastecimiento de agua y saneamiento del país y su papel en la epidemia”, Water and Sanitation for Health Project (WASH), No. 331, Informe de campo preparado por J. Haratani y D. Hernández, Lima, mayo.

KABBABE, S. (2019). La pandemia de Gripe Española de 1918. Medicina Interna, Vol. 35, Núm. 2.

RIUS I GIBERT (2019). La peste a lo largo de la historia. Revista Enfermedades Emergentes. Vol. 18(3):119-127.

MAGUIÑA, C., SEAS, C., GALÁN, E., & SANTANA, J. (2010). Historia del cólera en el Perú en 1991. Acta Médica Peruana, 27(3), 212-217. Recuperado en 02 de mayo de 2020, de http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1728-59172010000300011&lng=es&tlng=es.

SOLERA, B (2018). Propuestas urbanas de Leonardo da Vinci. Una resconstitución gráfica. Proyecto Fin de Carrera.

VÁSQUEZ, T. (2005). Espacio público: un territorio en disputa. Revista de Ciencias Humanas de la UTP. Núm. 35


[1] Si bien se ha tomado como referencia literatura que, principalmente, se enfoca geográficamente en Europa y Norteamérica, para el caso peruano, se han incorporado algunas anotaciones de determinados textos del historiador Marcos Cueto y del médico Elmer Huerta.

[2] Enfermedad que ataca a un gran número de personas o de animales en un mismo lugar y durante un mismo período de tiempo. Utilizaremos para hablar a escala nacional.

[3] Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región. Utilizaremos para hablar a escala internacional.

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LA CALLE COMO ESPACIO POLÍTICO

FEMINISMO EN EL ESTALLIDO SOCIAL CHILENO
Paloma Rodríguez*

El estallido social chileno ha conjugado diversas demandas ciudadanas que tienen en común la búsqueda de una vida digna. Entre las diferentes luchas que han convergido en el “despertar”, ha sido significativa la nueva ola feminista en el país, comenzada con fuerza desde el “mayo feminista” del 2018. Así, el feminismo chileno ha logrado utilizar diferentes técnicas bastante creativas para trasmitir un posicionamiento político y ocupar los espacios públicos históricamente negados a las mujeres. También, el movimiento feminista ha sido un sector crítico con la estructura neoliberal chilena. Como mencionó French-Davis, “Chile comenzó a aplicar el modelo neoliberal casi 20 años antes que recibiera su nombre actual”. Y agregaba “fue pionero y lo aplicó brutalmente amparado en el miedo que existía en la dictadura”. Asimismo, esta fórmula fue más extrema que la de Ronald Reagan en Estados Unidos y la de Margaret Thatcher.[1]

Por otra parte, la ideología de Guzmán, principal gestor de la Constitución de 1980, consistía en considerar a la sociedad como una organización corporativa, despolitizándola. Guzmán criticaba la democracia parlamentaria y liberal y abogaba por un Estado fuerte, ligado a la Iglesia Católica y a un pensamiento conservador.

El “modelo chileno” se construyó por economistas, tecnócratas y militares, a puertas cerradas de una población que era reprimida, desaparecida y asesinada. Muchas mujeres sufrieron violencia política y fueron relegadas al espacio privado bajo una moral católica conservadora. El aborto terapéutico, aprobado en 1931, fue eliminado en 1989, durante el último lapso de la dictadura. De esta manera, los derechos de salud pública y reproductiva de las mujeres retrocedieron en el país durante este periodo, a la par que los derechos humanos.

El pueblo pasa a ser considerado un agente apolítico y, por ende, pasivo y sin poder influir en la sociedad. Las calles se cerraron, se desmovilizó a la población en base del miedo y la represión, y por varios años Chile cayó en un letargo engendrado del dolor y el trauma. Las generaciones que vivieron el golpe militar, se encerraron en sus casas y las avenidas se cerraron.

Empero, desde el 2011, se dio paso al ciclo de crisis del sistema neoliberal chileno, con el movimiento estudiantil. Los estudiantes se tomaron los colegios y universidades y salieron a las calles exigiendo una educación pública, gratuita y de calidad. La consigna del movimiento “no al lucro” adquirió gran relevancia en el debate público porque “gracias a esta frase emerge una demanda de prohibición, la existencia de una frontera que debe marcar el fin de la impunidad de los poderosos que, en situaciones de mercado, carecen de prohibiciones”.[2]  Así, se atacaba el corazón mismo del sistema neoliberal.

Posteriormente, en el 2018, el movimiento feminista volvió a cuestionar a la educación chilena. Para que la educación fuese de calidad, no debía ser sexista ni discriminar a las mujeres. Se cuestionó el “currículum oculto”, es decir, “los valores esperados diferencialmente para niños o niñas y las construcciones culturales que sostienen la diferenciación sexual y que organizan las prácticas escolares”[3]. Asimismo, se criticó el machismo y los estereotipos de género en la academia. También, el “mayo feminista” logró visibilizar los abusos de autoridad y el acoso universitario. Las mujeres sacaron la voz para denunciar a profesores e intelectuales emblemáticos de universidades. “Las estudiantes dijimos fuerte y claro a compañeros, profesores y rectores que no permitiremos más acosadores, abusadores y violadores (…) Exigimos una educación que nos entregue espacios seguros para poder desarrollarnos como futuras profesionales con dignidad y derechos”.[4]

Fuente: Historiadora Paloma Rodríguez
Fuente: Foto tomada por la historiadora Paloma Rodríguez

Las estudiantes se apropiaron tanto del espacio público como de sus cuerpos. Durante las marchas, las mujeres salían con el dorso descubierto, protestando en contra de la construcción sexista realizada por hombres sobre el cuerpo femenino. Las críticas y polémicas pronto se hicieron escuchar, pues para los hombres era “violento” ver pechos descubiertos de mujeres de una manera política, y no para su consumo y placer. Las manifestantes también reclamaban el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos, y el derecho al aborto libre, “no bastan tres causales[5] es el grito que hasta hoy resuena en las calles del país.

Por otra parte, el colectivo “Las Tesis” de Valparaíso, formado el 2018, se dio a conocer en el contexto del estallido social chileno, un año después. El colectivo surgió con la intención de decodificar las tesis y publicaciones feministas y adaptarlas a una performance sonora y visual. De este modo, se podrían difundir las principales ideas feministas mediante el activismo y la intervención del espacio público. Las cuatro integrantes se hicieron conocidas a nivel nacional e internacional por su canción y performance de “un violador en tu camino”, realizada por primera vez el 25 de noviembre del 2019, el día de la no violencia contra la mujer. La letra de la canción se inspiró en los estudios de la antropóloga Rita Segato para denunciar y visibilizar la violencia estructural patriarcal que recae sobre las mujeres. Así, se adaptó la letra para denunciar la violencia y cultura de la violación que se encuentra en las instituciones y órganos de poder, como la culpa que se les suele atribuir a las mujeres víctimas de violencia.

La letra se adapta al contexto chileno, al recriminar el actuar de carabineros, la policía del país. Durante el estallido, se han registrado una serie de uso desmedido de la fuerza y abusos por la policía. Según el Informe de Human Right Watch, en los primeros 30 días de protestas se habían recibido 442 querellas de abuso policial, y 77 de ellas eran de abuso sexual.

Como menciona Silvana Bustos de la red chilena contra la violencia contra las mujeres, “la práctica de violencia política sexual, se define como cualquier acción violenta de carácter sexual o sexista dirigida en contra de las mujeres por el hecho de serlo, para desanimarlas de participar en política.”[6] Su objetivo es castigar a las mujeres y disidencias por desafiar el orden al tomar un espacio que no les pertenece según la lógica patriarcal. Es una manera de “devolverlas a su lugar”. Hasta hoy, la calle es un espacio peligroso para las mujeres y sus derechos. En la performance de “un violador en tu camino” cuando las manifestantes hacen cuclillas, hace alusión al abuso de carabineros, pues muchas detenidas han denunciado la humillación vivida al obligarlas a desnudarse y realizar cuclillas.

Así, el trabajo colaborativo, autónomo y no institucional de diferentes colectivos ha sido una forma de reclamo de la ciudadanía durante el estallido chileno. “Las Tesis” han expresado que no esperaban lograr el impacto que generó su presentación, la que ha dado la vuelta al mundo. Incluso en países como Turquía, en donde las mujeres arriesgan su libertad y vida por manifestarse, han realizado la performance.

En este sentido, las mujeres se han unido creando poder desde la organización colectiva, pues lamentablemente en este caso, nos une el hecho terrible de ser víctimas por años de violencia institucionalizada.” Las Tesis” aseveran no pactar con las instituciones neoliberales que han sometido a las mujeres. Pues, afirman “nos vinculamos con lo político y no con la política”.[7] La lucha entonces para la búsqueda de nuevas narrativas y la ampliación de derechos, se ha desplazado al espacio público.

Bajo esta misma lógica, los muros de las calles se han transformado en un verdadero museo de la revuelta. La intervención urbana ha servido como una voz y representación de las demandas ciudadanas, y se han creado nuevos referentes en esta época de reconstrucción nacional. La artista Paloma Rodríguez se ha convertido en un ícono de la lucha por su arte de protesta y por generar emblemas para los manifestantes. Dentro de sus referentes contestatarios, las mujeres ocupan un papel central.

La llamada “Santísima Dignidad” es una mujer con el dorso desnudo y con el pañuelo verde amarrado como capucha. Asimismo, en “its a matchrepresenta a una pareja de “la primera línea” combinando un lenguaje moderno de las redes sociales. De esta forma, se visibiliza a las mujeres y adolescentes que son parte del frente de la batalla en contra las fuerzas especiales en la marcha, no siendo un lugar solamente masculino. En su obra ni tuya ni yutatambién hace una crítica al abuso policial y expresa la autonomía femenina. El muralismo desplegado en las calles chilenas se convierte en un arte de crítica y rebeldía ante los poderes oficiales y, al mismo tiempo, sirven para representar a los sectores generalmente excluidos.

El despertar chileno también ha posicionado a los mapuches y grupos indígenas por años segregados y violentados por el Estado. Así, las representaciones de las mujeres mapuches recorren las calles del país. En febrero, se pudo ver a la “Virgen de las barricadas”, una mujer con símbolos de la cultura mapuche en pie de lucha, y en la parte inferior de la obra aparece “protégenos del mal gobierno”. Las disidencias y minorías étnicas han sido incluidas en el nuevo relato de resistencia chilena. De esta manera, se busca representar a todas las mujeres, desde un enfoque decolonial.

Por otra parte, vemos cómo se conjugan ideales religiosos católicos como “La Santísima Dignidad” y la “Virgen de las barricadas”, pero con una representación de mujeres combativas y empoderadas. Puede ser una lectura y crítica a los ideales que impone la religión, pues de los roles pasivos y de abnegación femeninos encontrados en la Biblia y referentes católicos, se pasa a heroínas activas y apropiadas de su sexualidad e influyentes en la sociedad.

Fuente: Artista Paloma Rodríguez
Fuente: Artista Paloma Rodríguez

Por otro lado, a raíz del estallido, los manifestantes pidieron cancelar el famoso Festival de Viña del presente año, ya que el país estaba en medio de una crisis política y moral que no necesitaba “pan y circo”. Sin embargo, el gobierno hizo caso omiso a dicha solicitud por lo que el espectáculo se llevó a cabo, indudablemente con tal de “tapar” el problema y tratar de calmar los ánimos. Pero, el Estado apeló a la censura, pues se decretó la prohibición de ingresar con carteles y hacer alusión al movimiento social comenzado en octubre. No obstante, el público encontró maneras de protestar ante las cámaras, ya sea tapándose los ojos -por las pérdidas oculares realizadas por carabineros a los manifestantes-, o escribiéndose en el cuerpo frases de protesta.

Los artistas también ocuparon el espacio para hacer rutinas o actuaciones como un medio de protesta y crítica. Una de las noches más emblemáticas fue el “lunes femenino” del 24 de febrero. Tres destacadas artistas nacionales compartieron el escenario. La cantante Mon la Ferte abrió la noche, cantando sus temas más conocidos. Entre ellos, cantó “plata ta tá”, un reguetón que alude al estallido social y critica al sistema neoliberal, así como también menciona el feminismo chileno actual. “Nos sacamos los sostenes, Levantamos los pañuelos verdes” dice parte de su letra. Anteriormente, la artista ya había causado polémica al salir en la alfombra roja de la gala de los Latin Grammy en noviembre del 2019 con su dorso destapado. Con la frase escrita “En Chile torturan; violan y matan” en él, y con su pañuelo verde amarrado en el cuello.

La cantante tomaba posición aprovechando un espacio sumamente mediatizado para denunciar internacionalmente los abusos y violaciones de los derechos humanos cometidos en Chile, por parte de carabineros. Asimismo, cuando fue invitada a un programa de Univisón, habló sobre los varios montajes realizados por parte de las fuerzas policiales durante el estallido, poniendo en entre dicho la quema de las estaciones del metro por parte de manifestantes. Luego de su entrevista, carabineros la citó a declarar ante la justicia chilena pues decretaron una demanda penal en su contra por expresar su punto de vista. En la noche del festival, la cantante se tomó unos minutos para mencionar la censura y actuar de carabineros en su contra. La Ferte se ha convertido en un referente en la lucha en contra de la represión policial en el país. También aprovechó su presentación para llenar el escenario con 30 mujeres, entre ellas, Francisca Valenzuela. Ambas cantantes bailaron una cueca flameando los pañuelos verdes, reivindicando la lucha feminista por el aborto libre.

Prosiguió la rutina humorística de Javiera Contador, quién rompió con el típico humor facilista machista, y conversó sobre lo que aqueja a varias mujeres, como por ejemplo ser juzgadas por nuestro cuerpo, así como el peso que recae sobre las mujeres y los problemas de la maternidad. De esta manera, Contador problematizaba y visibilizaba a las mujeres reales en el festival. Aparecen las mujeres como sujetos plenos y no objetos para el goce masculino, como suele ser en las tónicas humorísticas sexistas que denigran a las mujeres.

Finalizó la noche Francisca Valenzuela, cantante y activista feminista. Valenzuela es productora y fundadora de “ruidosa fest”, proyecto que desde el 2016 visibiliza las voces de mujeres y disidencias en la música e industrias creativas. En su presentación cantó sus temas más conocidos y con letras feministas. Por ejemplo, “Héroe empodera a las mujeres con el mensaje de que cada mujer debe ser su propio héroe, sin esperar que un hombre las “rescate”. Por otra parte, “Tómame” expresa la sexualidad y visibiliza el deseo sexual femenino, condenado por una sociedad patriarcal. La artista también ocupó la plataforma para denunciar los crímenes y abusos cometido por carabineros, tapándose su ojo como medio de protesta y apareciendo con una chaqueta negra con múltiples frases de protesta y reivindicaciones escritas en ella.

De este modo, el “lunes femenino”, se convirtió en una noche histórica en la Quinta Vergara. Las tres artistas ocuparon el show televisado tanto en Chile como a nivel internacional, para transmitir un fuerte mensaje político. A su vez, salieron las mujeres de verdad y reales. No aquellas a las que el Festival tenía acostumbrado. Las mujeres, que en general acaparaban la atención, eran aquellas que se disputaban la corona por ser la reina del certamen. Los comentarios se reducían a comentar la belleza de las participantes, su talla de bikini y múltiples comentarios sexistas y de cosificación. Aquí, las artistas se apropiaron del espacio público como una forma de reivindicación feminista y política. Al fin, no eran hombres definiendo y encasillando a las mujeres en ideales patriarcales, sino que ellas mismas levantaban su voz y su cuerpo, como medio de protesta. De esta manera, la potente noche plasma la oportunidad de revelar modelos alternativos al rol tradicional de mujeres para las futuras generaciones. Y afirma que las mujeres son agentes autónomos, que pueden también influir y ser protagonistas de su propia historia y agentes de cambios e influencia nacional.

Por otra parte, el inicio de marzo trajo consigo victorias para el feminismo chileno, así como también nuevas manifestaciones e intervenciones públicas. El 2 de marzo, se aprobó la “Ley Gabriela” que tipifica como femicidio aquellos casos en que el agresor mantenía una relación de vínculo afectivo con la víctima. Si bien dicha ley implica una victoria, los dichos del presidente tras la promulgación fueron sumamente machistas. Piñera, expresaba que “a veces no es solamente la voluntad de los hombres de abusar, sino que también la posición de las mujeres de ser abusadas.”[8] Piñera atribuyó responsabilidad y culpabilidad a la víctima, ejemplificando la violencia patriarcal en contra de las mujeres por parte del Estado y en la promulgación de una ley que, justamente, busca parar la violencia de género.

Asimismo, a mediados de marzo la ministra de la mujer, renunció a su cargo por la presión feminista. Plá, trató de explicar los dichos del presidente, lo que causó indignación. Por otro lado, la ministra había guardado silencio ante las denuncias de abusos realizadas en contra de carabineros durante el movimiento social, lo que había causado que varios colectivos feministas pidieran su renuncia.

Así también, de los múltiples rayados callejeros del “nunca más sin nosotras” que se leen en los muros y edificios de Chile, se logró que el 4 de marzo se aprobara la paridad de género en un eventual órgano constituyente. El hecho histórico había sido demandando desde las calles por el feminismo chileno, logrando el activismo repercutir en la política institucional y en una mayor participación femenina en el ámbito político.

De la misma manera, en los días previos a la conmemoración del día de la mujer, las feministas chilenas con su creatividad característica hicieron diferentes manifestaciones callejeras. En el “superlunes” del 2 de marzo, la Asamblea Feminista Plurinacional intervino las señaléticas de las calles, reemplazándolas por nombres de chilenas históricas. De esta manera, la calle principal de Santiago fue nombrada Gabriela Mistral como un acto simbólico y de rescate a las mujeres invisibilizadas en la historia del país.

Por su parte, el colectivo “Callejeras Autoconvocadas” en la ciudad de Concepción, adoptó la canción “una muñeca me habló” del programa nacional “31 minutos” para transmitir un mensaje feminista.” Mi muñeca me habló, me dijo ‘lucha’, que no se puede repetir lo que pasa en el país”, corearon decenas de mujeres frente a la catedral de Concepción, en el sur de Chile”.[9] Las manifestaciones feministas, como en el caso citado, se han realizado en varias ocasiones fuera de instituciones que han enjuiciado a las mujeres y decidido por ellas y sus cuerpos, como la Iglesia Católica. El feminismo durante el estallido social también ha logrado conectar las provincias con la capital. Finalizando la semana feminista, en el 8M dos millones de mujeres hacían historia en las calles de Santiago.

Se puede concluir diciendo que el feminismo contemporáneo en Chile ha encontrado diferentes y nuevas formas de hacer y ejercer la política a través de protestas que se apropian y transforman el espacio público. Como mencionó Butler, el feminismo chileno está a la vanguardia y “marca una diferencia al pensar en tácticas, estrategias y objetivos”.[10]

Además, el feminismo chileno ha logrado comprender el poder como lo menciona Beard. “No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura. Y eso significa que hay que considerar el poder de forma distinta: significa separarlo del prestigio público; significa pensar de forma colaborativa, en el poder de los seguidores y no solo en los líderes; significa, sobre todo, pensar en el poder como atributo o incluso como verbo (“empoderar”) no como una propiedad”.[11]

Desde el mayo feminista hasta la fecha, el feminismo chileno ha influido de manera directa en la sociedad. Al apropiarse del espacio público, se han creado formas creativas de resistencia, que han cuestionado y denunciado la violencia estructural del sistema neoliberal patriarcal predominante en el país. Las mujeres han estado en el frente de batalla, y se han transformado en íconos de la revuelta popular. Las luchas por la vida digna, los derechos ciudadanos, la libertad sexual y reproductiva, y la igualdad, han posicionado a las mujeres chilenas como sujetos fundamentales para lograr el cambio político y socioeconómico en Chile. El poder colaborativo y las diferentes estrategias de hacer política popular, han logrado remover los cimientos del régimen instaurado durante la dictadura militar.


* Historiadora y Feminista

[1] Entrevista a Ricardo FFrench Davis, el economista Chicago Boy disidente. La Segunda, jueves 21 de noviembre,2019.

[2] Alberto Mayol, Big Bang. Estallido Social. Editorial Catalonia,2019.

[3] Loreto Rebolledo y Ximena Valdés. “Género y orden social: dificultades para implementar relaciones de género igualitarias en la vida cotidiana” En Mujeres Insurrectas. Anales de la Universidad de Chile,2018.

[4] Karla Toro, “Estudiantes en movimiento: Nunca más sin nosotras “En Palabra Pública, Universidad de Chile Universidad de Chile, número 13 de mayo 2019.

[5] Durante el gobierno de Michelle Bachelet en el 2017, se logró la aprobación del aborto en tres causales, pero el movimiento feminista actual reclama el derecho de decisión de las mujeres a abortar sin condiciones previas.

[6] Silvana del Valle, Violencia política, sexual y la reivindicación del foro público para las mujeres. En Palabra Pública, Universidad de Chile. Número 16, noviembre-diciembre,2016.

[7] Entrevista a “Las Tesis”. En Puerto TV Producciones. Valparaíso, 13 de diciembre, 2019.

[8] Diario Concepción, Frase del presidente Piñera marcó la promulgación de Ley Gabriela. 2 de marzo del 2020.

[9] Diario El País. ‘Mi muñeca me habló’, la canción de ‘31 minutos’, se vuelve un canto feminista en Chile.6 de marzo del 2020.

[10] Diario El Desconcierto. Judith Butler asegura que el movimiento feminista en Chile está “a la vanguardia de la izquierda”. 10 de febrero del 2020.

[11] Mary Beard. Mujeres y poder. Un manifiesto. Editorial Crítica, 2018.

Fuente de la imagen de portada: Foto tomada por la historiadora Paloma Rodríguez

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PREGOOONES, COMETAS Y MASCARILLAS

Guillermo Valdizan

Barrios en pie de cuidados y juegos

Ante la aplastante retórica estatal de la “guerra contra el enemigo invisible” que a diario predican los jefes de Estado, generales y periodistas; en el corazón de los barrios populares de Lima alzan vuelo otros imaginarios, fundados en prácticas ingeniosas, lúdicas y comunitarias, a través de las cuales se recrean y potencian vínculos vecinales de solidaridad en medio del confinamiento, la expansión mortal del virus y el azote de las necesidades básicas.

Por eso, mientras que el Estado apela a la metáfora bélica para mantener la “unidad nacional”, centrada en acatar el “distanciamiento social”; otros atrevimientos colaborativos nos muestran gestos de potenciales formas de convivencia, donde el distanciamiento no es “social” sino “físico”, y donde la comunidad se reconstruye desde los “acercamientos sociales”.

Esos atrevimientos toman forma de acciones y objetos cotidianos: pregones ambulantes, cometas de techo y mascarillas diseñadas. Tres inventos de raíces antiguas y emparentados con el flujo del aire. Hoy estas prácticas y artefactos vienen renovando su presencia, ocupando paisajes y rostros en cuarentena, redefiniendo así su carga expresiva y la fortaleza de territorios populares que se afirman en pie de cuidados y juegos.

  • Pregones ambulantes

Siguiendo la tradición de pregones de la Lima virreinal, y sus mutaciones en el comercio ambulatorio, hoy se escuchan por las calles el rugido de tiendas rodantes de alimentos vendiendo melones, papas y hasta pollos. Entre la disyuntiva de morir de COVID-19 o morir de hambre, varios comerciantes recorren las zonas metidas con sus carretillas parlantes e invaden las ventanas con “súper ofertas” (claro, para que la mercadería salga y no se les malogre).

Con una pequeña batería, funcionan el motor del vehículo y su parlante tipo campana, movilizándose usualmente por dúos a mitad de la mañana o mitad de la tarde, amenizando el confinamiento con charlas, chistes y ventas. “Melones del tamaño de mi cabeza”, “Compre chirimoya, la única golosina que no te pica el diente”, “Lleva papa y si no te gusta la devuelves”, “Casera, casera, pollo sin cuarentena”, “Compre antes que nos lleve la policía”. El repertorio mezcla frases hechas y diálogos con la clientela, lo que permite renovar sus ocurrencias.

También podemos reconocer a ciertos vendedores por sus voces (a pesar de la distorsión metálica de sus aparatos sónicos) y los estilos de picardía surtidos en sus pregones. Así los sonidos ambulantes son presencias que emergen entre ruidos, alarmas, conversaciones y radios; intensificándose según su cercanía, lejanía o velocidad. Radio bemba, comedia móvil y comercio al por menor se ensamblan, amenizando y dotando de texturas sonoras al tiempo del encierro.

  • Cometas de techo

Alzando la mirada al cielo, descubrimos otro barrio que vibra al ritmo de las cometas. Este artefacto volador, que cuenta con una historia de siglos (dicen que fue creado en la China del siglo XI con fines militares), ha sido transmitido por generaciones, macerando sabiduría manual y estética entre amistades y familias. Hoy está logrando sortear la cuarentena sobre los techos de las casas ubicadas en los cerros de Lima, aunque poco a poco ha llegado a las zonas planas.

Fue al finalizar la primera semana del estado de Emergencia Nacional. Asomó tímidamente una oscura cometa, confeccionada con la sencillez de una bolsa plástica, la cruz o asterisco de carrizo como estructura base, un hilo guiador y su cola en tira. Transcurridos los días, y al compás de la extensión del virus, se multiplicaron las cometas y en pocas semanas llegaron a contarse por decenas. Desde las ventanas-palcos resulta visualmente liberadora la transformación del paisaje aéreo de una ciudad obligada a encerrarse para sobrevivir.

Cada tarde, a partir de las tres, familias enteras suben a las azoteas. Usualmente son niños y niñas quienes pilotean las naves romboides de alargadas colas, como jugando a rebelarse contra el viento y la adversidad. Las técnicas de pilotaje deben adaptarse al breve plano del techo, lo cual implica que no pueden correr para “agarrar vuelo” sino que deben aprovechar el ánimo del aire, dialogarle, y aun así es tarea fina mantener la altura. A quienes observamos el espectáculo desde lejos nos obliga a alzar la mirada y reencontrar un paisaje vivido y en movimiento, lleno de interacción lúdica.

  • Mascarillas diseñadas

Apenas en los primeros días del estado de Emergencia Nacional, cuando las farmacias y boticas agotaron su stock de mascarillas, salieron vendedores ambulantes de mascarillas cerca de mercados o avenidas principales. Pasado los días, el Estado decretó su uso obligatorio, generando una pronta escasez de las mismas y el aumento del precio, lo cual se agravó debido a que emporios textiles, como Gamarra, estaban impedidos de reanudar actividades.

En tal escenario, varios talleres textiles caseros empezaron la producción de miles de mascarillas contra el COVID-19. Lo particular es que, si bien producían los clásicos modelos blancos y turquesas, también elaboraron unos con gráficas altamente sugerentes. Bajo referentes visuales globales, esas mascarillas te ponían en la boca la risa de Homero Simpson o el rugido del Rey León. Así tu quijada se convertía en mandíbula de dinosaurio, labios de anime, o simplemente en afiche de bandas de moda. Entre toda esa visualidad, también irrumpió la iniciativa de la artista Venuca Evanan y sus mascarillas con motivos sarhuinos. Así, las gráficas estampadas en este masivo escudo facial nos van adelantando que nuestra gestualidad tendrá que reconstruirse en el mediano plazo, a través del filtro de las mascarillas (y, por supuesto de las pantallas).

En tanto empeora la curva de infectados y víctimas mortales, distintas empresas e instituciones han empezado a confeccionar mascarillas, siguiendo pautas del Ministerio de Salud e incorporando el necesario bagaje científico para ello. No obstante, ante el vacío actual y la copiosa demanda, los talleres textiles caseros siguen produciéndolas artesanalmente, adhiriendo la gráfica como una atracción para el gusto del cliente y a favor sus ventas.

La voluntad de existir

En Perú, la retórica de la guerra agudiza choques políticos y culturales que preceden a la pandemia, como el desprestigio de la democracia y la demanda de militarizar la “mano dura” para resolver conflictos sociales en una sociedad empujada al individualismo, la desigualdad y la discriminación. En ese marco, la invocación bélica puede decretar la “unidad nacional” más no construir la “comunidad nacional”. Por el contrario, al definirnos como “soldados” y “enemigos”, al mismo tiempo, refuerza imaginarios que, cual fósforos prendidos en un barril de kerosene, nos llenan de sospechas hacia los demás e inflaman las tentaciones autoritarias. Igualmente, el distanciamiento social del “quédate en tu casa” se hace una consigna necesaria, pero insuficiente para canalizar productivamente dos abundancias ciudadanas en esta cuarentena y que pueden hacer la diferencia para encarar la crisis: tiempo e ideas.

Desde otro hacer, los barrios populares están cultivando prácticas ingeniosas, lúdicas y comunitarias de “acercamientos sociales”. Los tres inventos nombrados son apenas ejemplos creativos de una potencia que detona en lo territorial. Potencia que también se expresa en iniciativas orgánicas como “Solidaridad y Creatividad Vecinal”, impulsada por grupos culturales de El Agustino; la elaboración de data sobre la situación actual de los grupos metropolitanos de hip hop o de los grupos foklóricos de Villa El Salvador; la creación de redes de apoyo distrital frente a necesidades básicas en San Juan de Lurigancho, Comas y Collique; entre otras. Asimismo, surgen prácticas solidarias y cuidadoras en diversos barrios populares: las “banderas blancas” en casas para señalar familias que no recibieron apoyo estatal, la ubicación callejera de envases con comida para perros y la elaboración de carteles (o periódicos murales) comunicando pautas sobre salud y seguridad a peatones.

En cada una de estas prácticas localizadas resuenan ecos de las faenas que forjaron nuestros barrios: las sensibilidades y repertorios estéticos, las tradiciones y conocimientos situados, las múltiples formas de organizar la producción y alentar la comunicación, los gustos y juegos que nos sanan. Ahí, pese a las graves condiciones sociales, está nítidamente expresada nuestra voluntad de existir. Ahí la fuerza vital para experimentar otras formas de convivencia guiadas por la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad. Sin embargo, esa voluntad solo podrá persistir, extenderse y orientar el futuro próximo si hoy decidimos fortalecerla desde el Estado y la sociedad en conjunto. Ningún cambio de tal magnitud se produce por combustión espontánea. Precisamos decisiones políticas para ello y las precisamos ahora.

Fuente de la imagen: Bereniz Tello

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¿HAY ESPACIO PARA UNA AGENDA AMBIENTAL EN PERÚ?

Diego Espejo y Leslie Forsyth

El Covid 19 es un evento catastrófico para el Perú y el mundo. En el Perú representa en 6 semanas 572 muertos, 20 914 infectados, aislamiento social de la población, parálisis económica, pérdidas de empleo, cierre de empresas y precarización de la economía familiar. ¿Qué hacer en esta situación sin precedentes?

Los desastres se pueden analizar en tres grandes momentos: antes, durante y después. El antes está definido por la conciencia de nuestra vulnerabilidad y todas las acciones de prevención y preparación ante un evento. El durante, configura todas las acciones que se implementan como parte de la gestión de la crisis. Finalmente, el después está orientado a todas las estrategias de reparación, recuperación y transformación que se puede realizar para superar el desastre.

Vulnerabilidad en evidencia

Si siempre hemos sido vulnerables a la naturaleza es porque las decisiones sociales y políticas condicionan a la humanidad de ser perjudicada. No se trata de echarle la culpa al murciélago — como se vió en la región de Cajamarca, con el ataque colectivo a 500 ejemplares usando fuego directo — , sino de entender que el impacto de una amenaza no proviene directamente de la magnitud del riesgo que representa, sino de nuestra capacidad de respuesta ante él, de cuán vulnerables somos.

En el 2013, el Foro Económico Mundial definió la resiliencia como la capacidad para “recuperarse más rápido después del estrés, soportar mayores tensiones y verse menos afectado por una determinada cantidad de estrés”. El concepto inmediatamente nos obliga a alejarnos de la escala temporal corta y acceder a una que permita analizar si nuestro país está preparado ante la inminencia de una siguiente amenaza.

No recuperarse de eventos adversos, fortalecidos, generaría un riesgo mucho mayor, regresionar a la situación previa a la amenaza con la capacidad y visión de entonces. El peligro de “volver a la normalidad” — algo que los políticos vienen repitiendo con popularidad — puede significar el tránsito de una crisis a otra.

Amenazas como el COVID-19 no sólo ponen a prueba el desempeño político de tomadores de decisiones, sino la solidez o fragilidad de sistemas esenciales para una nación: salud, agricultura, energía, industria, transporte, finanzas, educación, ambiente, etc. ¿Qué hemos aprendido de los “desastres” previos? ¿Seguimos siendo igual de vulnerables o hemos construido resiliencia luego de un desastre?

Ante la pandemia del COVID-19, se estima que el Perú perderá un millón de puestos de trabajo en micro y pequeñas empresas (mypes), un fuerte impacto en los trabajadores informales (que aportan casi tres cuartas partes al PBI nacional) y el inevitable incremento de la desigualdad con más de un millón de personas que pueden volver a ubicarse por debajo de la línea de pobreza.

¿Qué acciones se están tomando?

Junto a la declaración del Estado de Emergencia, el domingo 15 de Marzo se comunicaron diversas medidas tomadas con el fin de responder positivamente ante esta situación. Si bien las principales acciones se dan desde el Ministerio de Salud, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) es el responsable de evitar un colapso de la economía como consecuencia de esta prolongada cuarentena.

Se prevé que Perú invertirá un monto equivalente al 12% de su PBI, sin duda, uno de los más grandes paquetes de estímulo económico en su historia. Surge una gran oportunidad para reconfigurar las intervenciones económicas hacia unas que contengan criterios ambientales. Sin embargo, hay quienes se oponen y consideran que no es el momento, pues se debería priorizar la estabilidad económica a través de métodos tradicionales.

Se están aplicando distintas estrategias de recuperación económica a través de paquetes de incentivos económicos, transferencias económicas a través de un bono a familias vulnerables en el ámbito urbano y rural (se calcula que 6.8 millones de familias afectadas podrán recibir el bono de 760 nuevos soles), así como transferencias a los gobiernos regionales y locales para la implementación de acciones de prevención. Si bien estas medidas son de corto plazo, hay medidas de largo plazo que deberán ser evaluadas desde una perspectiva de cambio hacia una economía verde.

La principal premisa desde el MEF es minimizar la disrupción de las cadenas de pago de manera que se evite que las empresas quiebren y se den despidos masivos. Para las empresas, algunas de las medidas comunicadas han sido: el subsidio del 35% de planillas para empleados con sueldos menores a 1 500 nuevos soles y el programa Reactiva Perú que busca dar garantía a las empresas para que puedan obtener créditos de capital de trabajo.

Asimismo, se propone la elevación del gasto público centrado en rubros sanitarios como la compra masiva de mascarillas, obras de saneamiento, como también proyectos de infraestructura. Hasta el momento, las propuestas están más enfocadas en aspectos tradicionales, y es que no todos los sectores se han visto afectados de la misma manera, por lo que no se puede esperar que todos transiten hacia una economía verde en el mismo momento. En el Perú, se estima que el 95% de las empresas son mypes y emplean a más del 75% de la población. Sin embargo, debido a sus características, en este contexto sería imposible condicionar un apoyo económico a la implementación de medidas verdes.

Fuente: revistaganamas.com.pe

¿En qué espacios se puede unir una agenda de rescate económico y de sostenibilidad?

A inicio de año, la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco) proyectó para este año, un crecimiento de 3.78% en este sector. Sin embargo, este sector ha sido duramente golpeado por el cese de actividades a partir de las medidas tomadas por el gobierno en las últimas semanas. Se calcula que actualmente, 111 000 obreros se encuentran con licencia sin goce de haber. A través de sus gremios este sector solicita que se extienda el bono de 380 nuevos soles a los obreros.

Dentro de las estrategias que se podrían implementar para reactivar este sector, que puedan ser acompañadas de un enfoque verde, se encuentran: instalación de energía solar en techos, incrementar los fondos públicos para construcción de viviendas sostenibles con sistemas de manejo de energía, un adecuado manejo de agua y desagüe, así como planes de gestión ambiental, entre otras.

Otro punto fundamental es retomar la reconstrucción del norte a consecuencia del Fenómeno del Niño, es una necesidad con el fin de promover la reactivación económica de esas regiones. El hecho de que esta aún no haya sido terminada elucida la baja capacidad de ejecución del presupuesto asignado para emergencias, tanto de lo lejos que estamos de construir resiliencia después de una catástrofe (climática o pandémica). Asimismo, hay que tomar en cuenta que el riesgo de un nuevo episodio del Niño sería un nuevo desastre para la reactivación que hoy se está implementando con la pandemia.

Asimismo, en el sector construcción de gran escala como de hidroeléctricas o carreteras — que suelen desarrollarse a través de licitaciones públicas — ya se venía hablando sobre las formas de reducir su impacto ambiental en términos de emisiones de carbono y el impacto en ecosistemas adyacentes. Si bien se piensa que no estamos para imponer condicionalidades a los estímulos de rescate y que pocos están en el privilegio de preocuparse por el cambio climático, es necesario tener en cuenta que esta es una prueba del compromiso de los gobiernos y las empresas por verificar si el énfasis en las transiciones de energía limpia se desvanece cuando las condiciones del mercado se vuelven más desafiantes.

Otro sector que ha sido duramente afectado es la industria del turismo, con pérdidas de empleo en diferentes regiones y en muchos casos afectando a las poblaciones vulnerables que dependen del turismo vivencial. El presidente de la Cámara Nacional de Turismo del Perú (Canatur) señala que el 95% del turismo se encuentra paralizado debido al cierre de fronteras y a la inmovilización ciudadana. Canatur estima que en el primer trimestre del año se dejarán de percibir 2,000 millones de dólares.

Si bien el sector turismo es de los más afectados por la limitación en la movilidad ciudadana, preocupan las condiciones a futuro en las que los trabajadores volverían a sus labores y el peligro que significaría la interacción entre ellos y los clientes. En este sentido, el enfoque ambiental se entiende desde las condiciones de seguridad ambiental. Cuando las actividades turísticas empiecen a reactivarse, ¿será obligatorio el distanciamiento físico con los turistas? ¿debería haber una reforma en la regulación de la infraestructura hotelera que proteja a trabajadores como a clientes? Es urgente iniciar este debate para un sector que contribuye al 4% del PBI nacional.

Por otro lado, el futuro de las aerolíneas es incierto y se habla de la más grande crisis en la aviación civil mundial. La Asociación de Empresas de Transporte Aéreo Internacional (AETAI) ha presentado un plan de salvataje. Sus solicitudes se enfocan en reducir las tarifas aeroportuarias, la reactivación de la ley de importación temporal de naves y sus repuestos, así como otros beneficios que les permitirían superar la crisis. ¿Es posible exigirle a esta industria que incorpore medidas ambientales en medio de esta crisis?

Una propuesta en Estados Unidos para el rescate financiero de 60 mil millones de dólares a las aerolíneas, era que el Estado adquiera participación en acciones de aerolíneas; de esta manera se podría tener un mayor papel fiscalizador en relación a temas laborales y ambientales. Sin embargo, en el caso peruano muchas de estas aerolíneas son compañías internacionales, lo que dificulta esta opción.

Medidas posteriores

El aspecto económico es crucial, pero la atención lógicamente está girando alrededor de los servicios públicos de salud. Es indudable que una reforma integral del sistema de salud es fundamental para lograr un sistema único que permita descentralizar servicios que garanticen el acceso óptimo y universal. Esta situación de emergencia ha evidenciado el deterioro del sistema de salud, consecuencia de décadas de abandono en términos de presupuesto, infraestructura, recursos humanos, eficiencia de gasto, entre otros. Si bien se ha dado un incremento en el porcentaje del gasto en salud sobre el PBI, Perú sigue registrando una inversión per cápita por debajo del promedio en América Latina.

Adicionalmente a los rescates económicos y subsidios que el Ejecutivo pueda ofrecer, la implementación de políticas sociales focalizadas son claves para asegurar el crecimiento inclusivo, contribuyendo al desarrollo sostenible y construyendo mejor capacidad de respuesta: resiliencia. Estas políticas deben reestructurarse de forma que se brinde apoyo temporal a todas las familias pobres urbanas, que suelen no ser consideradas en las políticas sociales, las cuales se enfocan principalmente en reducir las cifras de pobreza rural. Un importante obstáculo son los altos niveles de informalidad que existen en el país, donde más del 70% de la fuerza laboral es informal.

Ante esta situación, los municipios locales y regionales cumplen un rol fundamental. Se deben identificar y registrar de forma más eficiente los hogares vulnerables con el objetivo de tener un Padrón General de Hogares más fidedigno que permita que las políticas sociales y las transferencias económicas estén efectivamente focalizadas.

Perspectivas a futuro

Las crisis pueden ser también una oportunidad. Podría ser un momento de enseñanza social cuando se superpone con una crisis aún mayor, la climática, que — incluso mientras luchamos contra la pandemia actual — continúa desarrollándose sin interrupción en forma de mares en desborde, calor anómalo, sequías, inundaciones e incendios forestales sin precedentes.

El Perú es un país vulnerable al cambio climático, por su geografía, por la gran dependencia económica en los recursos naturales y por las poblaciones vulnerables que, tanto urbanas como rurales, se ven afectadas constantemente por eventos climáticos. De ahí la importancia de transitar hacia una economía verde que nos permita construir resiliencia.

Si bien las acciones propuestas desde el Ejecutivo buscan reactivar la economía, incorporar el componente ambiental será fundamental para apoyar a poblaciones más vulnerables (como las comunidades indígenas en contacto inicial) y disminuir el riesgo ante una emergencia climática.

Las medidas económicas que se han tomado para hacer frente a la emergencia del Covid-19 han demostrado que se pueden y deben tomar medidas similares a estas para hacer frente a la emergencia del cambio climático.

Los gobiernos tienen herramientas para realizar y proponer reformas económicas y sociales. La oportunidad de crear empleos verdes y sostenibles que mejoren la calidad de vida de las personas no solo fortalecerán la economía en un futuro sino también la harán más resiliente a los futuros cambios frente a una emergencia climática u otra pandemia. Es fundamental estar preparados y no depender de respuestas inmediatas.

Hay una lección para nosotros durante el COVID-19 cuando verificamos la fragilidad de nuestra creciente civilización, sus modos de consumo, nuestra dependencia de una infraestructura débil y a la vez masiva de alimentos, agua y espacio, en un planeta con recursos finitos. Ese estilo de vida puede ser un factor subyacente y vital que favorece pandemias como la actual.

¿La crisis actual nos ayudará a ver la naturaleza como un refugio en lugar de un recurso para la explotación sin fin? ¿Nos ayudará a tomar en serio la responsabilidad cívica por el bien común?

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LA PANDEMIA: LA PRECARIZACIÓN LABORAL QUE VENDRÁ

Miguel Antonio Malpartida Martínez

El planeta entero está sumido en una paralización total, en un confinamiento forzado por una pandemia de origen viral que ha provocado una crisis global humanitaria sanitaria, la más grave de toda su historia, superando a las dos guerras mundiales. Casi 5 mil millones de personas están en aislamiento social o cuarentena y en Estados de emergencia, alarma o de excepción, según la legislación de cada país, pero lo que vendrá después de que baje la intensidad del contagio y logre levantarse los estados de emergencia sanitaria, será la Gran Depresión Económica Mundial, la más profunda de todos los tiempos. Esto parece una película de terror o de ciencia ficción, pero es la realidad palpable que estamos viviendo, así de macabro.

Podemos extendernos con datos y cifras estadísticas de cuánto caerá el PBI mundial, que según dice el FMI será de -3% o -4%; de cuánto se elevarán los montos de las deudas públicas externas, los déficit de las balanzas de pagos y comercial, de la pronta caída del dinero fiduciario, el incremento del precio del oro; y de cómo la Reserva Federal de Estados Unidos emitirá papel moneda de billones de dólares (y ya lo está haciendo), devaluando más la divisa norteamericana, que de poco servirá cuando esta no es solo una crisis financiera, sino de oferta y de producción, es decir, de la economía real. Esos análisis cuantitativos son importantes y precisos, pero ahora tocaremos un tema más agudo y humano.

En lo laboral, la situación es más deprimente y catastrófica, ya que viene un desempleo masivo de centenares de millones de trabajadores parados y que quedarán en la más absoluta miseria y pobreza. Según la OIT, solo en el primer semestre de este año habrá 195 millones de trabajadores que perderían su empleo. Esto se refiere a los empleados que pierden sus puestos y que en los países desarrollados tienen por lo menos unos cuantos meses de seguros de desempleo, y en otros países en desarrollo, tienen sus CTS (compensaciones de tiempo de servicios), pero no todo es formal en el mundo. Según este mismo organismo, existen por lo menos 2000 millones de trabajadores que viven en la informalidad, que son los pequeños productores y comerciantes ambulatorios o de negocios familiares o personales y que la gran mayoría de ellos quedarían en la quiebra de sus comercios y/o actividades que realizan. Esta situación traerá hambrunas nunca antes vistas, miseria extrema de personas que morirán en total abandono y que contraerían muchas enfermedades, peores que los coronavirus de la gripe.

Los empleos que concentran grandes multitudes de personas y trabajadores en serie y organizados se perderían y serán eliminados y reemplazados, como ejemplo tenemos a Construcción Civil; la manufactura; agricultores de las comunidades campesinas, nativas independientes; negocios pequeños en los grandes mercados populosos para ser reemplazados por las grandes cadenas de suministros de los supermercados; pequeñas boticas o boticas populares que vendían productos farmacéuticos genéricos que serán reemplazadas por cadenas de la industria farmacéutica e impondrán los medicamentos patentados y vacunas obligatorias de precios elevados. Es decir, el poder de los grandes monopolios u oligopolios de las grandes corporaciones que controlan el mundo tratarán de crear un nuevo orden mundial después del desastre.

Como consecuencia de esto, la sobreexplotación laboral llegará a niveles de esclavización, ya no existirá la jornada de 8 horas ni la estabilidad laboral ni los contratos indeterminados o a plazo fijo ni los beneficios que los trabajadores formales gozábamos, como gratificaciones, escolaridad, apoyo familiar, seguros de salud y de accidentes, derechos previsionales y otros que se perderán con los años. Ahora los grandes capitalistas y oligarcas convertidos en nuevos esclavistas y señores feudales tendrán mano de obra esclavizada trabajando más de 12 o 14 horas sin descanso semanal y con pagos irrisorios, como se da en muchos sitios de los países africanos y de Asia Menor en las explotaciones mineras y plantaciones rurales, solo que esto ahora abarcará también a Latinoamérica y Europa.

Los inmigrantes que viven en los países desarrollados (Europa y Estados Unidos) serán los nuevos siervos o esclavos del mundo del gran poder económico imperialista, el cual generó esta crisis pandémica. Tendremos una precarización laboral muchos más grave y de consecuencias inevitables. Los proletarios de Karl Marx y los precarios de Guy Standing, que fueron los trabajadores más explotados en el capitalismo imperialista hasta los 90 y del capitalismo globalizante hasta ahora, serán superados en miles de millones de masas laborales esclavizadas y sin derechos. Permitiremos, o al menos las nuevas generaciones permitirán, que destruyan el mundo y lo reconfiguren a los antojos e intereses imperiales de los grandes oligarcas banqueros gánsteres. Seremos actores pasivos de esta tragedia a escala planetaria.

Nadie quería el mundo capitalista globalizado con su modelo neoliberal que se impuso en 1990 cuando fue destruido el sistema socialista encabezados en ese entonces por la Unión Soviética (hoy Rusia) y la China Popular Socialista (hoy convertido en capitalismo de Estado), de un mundo bipolar que hacía contrapeso al sistema capitalista imperialista de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. En ese mundo bipolar de dos sistemas, después de la Segunda Guerra Mundial, se pudo conseguir muchos derechos laborales y beneficios sociales, pero eso se fue perdiendo después en el neoliberalismo más rampante de los últimos treinta años. Ahora la situación es peor. El neoliberalismo tiene que ser aplastado y enterrado y el sistema capitalista globalizante de igual manera, por eso la resistencia del poder imperial norteamericano en decadencia.

¿Pero cuál es el poder alternativo o contrapoder en esta reconfiguración del mundo que quieren hacer? No podemos permanecer quejándonos, criticando o siendo manipulados por el miedo exagerado a una pandemia. Los que pueden generar los cambios y revoluciones no son las masas desorganizadas, tienen que ser los trabajadores organizados y consientes y eso ya se estaba despertando en Francia, los chalecos amarillos; en Chile; Colombia; Ecuador; en Estados Unidos, los jóvenes de Occupy Wall Street; y en varios países más, fueron movimientos que en su columna vertebral eran trabajadores de diferente sectores formales o independientes, pero organizados, y ahora eso no se puede destruir. Por eso nos hablan todos los gobernantes del mundo, como títeres del poder global, que el aislamiento social y prohibición a las reuniones o movilizaciones de multitudes tiene que extenderse por lo menos hasta mediados del 2021 o hasta el año 2022. Ese es un plan diseñado con fines políticos para impedir la organización de las clases de trabajadores y no tener masas organizadas y sindicatos fuertes, sino borregos y ciudadanos obedientes y sometidos. No podemos perder nuestro valor más grande que tenemos, después de la vida: la libertad.

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UNOS POCOS HOMBRES BUENOS

Trump, los generales y la corrosión de las relaciones civiles y militares
Max Boot [1]

Cuando Donald Trump fue elegido presidente de los Estados Unidos, había una buena causa para pensar que sería popular entre las fuerzas armadas. Fue, para empezar, un republicano, y el ejército se inclina fuertemente por el campo conservador. ¡También había dirigido una campaña ostentosamente pro-militar, prometiendo “reconstruir el ejército, cuidar de los veteranos y hacer que el mundo respete a los EE.UU. de nuevo!» Había, sin duda, algunas señales de advertencia de problemas por venir, como cuando atacó al héroe de guerra John McCain, un senador republicano de Arizona («Me gusta la gente que no fue capturada«), y menospreció a los padres de un soldado que había muerto en combate después de que se atrevieron a criticarlo.

Pero inicialmente, al menos desde la perspectiva de los militares, lo bueno parecía superar con creces lo malo. Trump impulsó un mayor gasto en defensa; envió más fuerzas estadounidenses y potencia de fuego a Afganistán, Irak y Siria; y liberalizó las reglas de combate de los militares, dando a los comandantes sobre el terreno más libertad de maniobra. Aún más llamativo fue su nombramiento de generales para altos cargos civiles: el general retirado del Cuerpo de Marines James Mattis se convirtió en el secretario de defensa, el general retirado de la Marina John Kelly se convirtió en el secretario de seguridad nacional y luego el jefe de estado mayor de la Casa Blanca, el teniente general retirado del ejército Michael Flynn se convirtió en el asesor de seguridad nacional de Trump, y, cuando se “quemó” en sólo 24 días, fue reemplazado por el entonces teniente del ejército en servicio activo, el general H. R. McMaster. Trump, por su parte, se deleitaba con el aura de hombría de los generales, saludando a «Mad Dog» Mattis (un apodo que Mattis odiaba) como «un verdadero general de generales!».

A algunos críticos les preocupaba que la sobrerrepresentación de los generales en la administración afectara al control civil de las fuerzas armadas. Pero muchos otros celebraron el nombramiento de estos generales, con la esperanza de que su presencia en la administración proporcionaría a la estrella de “reality shows” (Trump tenía un programa de TV) convertirse en presidente con una supervisión «adulta» muy necesaria.

Las cosas salieron mal casi de inmediato. Cómo sucedió eso —cómo la promesa de relaciones civiles-militares suaves se convirtió en acritud, mordeduras y desconciertos— está documentada en cuatro nuevos libros. Dos son relatos periodísticos: “Trump y sus generales”, una visión justa y completa de la política exterior de Trump por el periodista y el “think tanker” (analista de un centro de estudios) Peter Bergen, y “A Very Stable Genius”, un trabajo de cobertura de noticias de primer nivel y valiosa visión de Philip Rucker y Carol Leonnig, reporteros del The Washington Post (donde soy columnista). Los otros dos libros son memorias. “Holding the Line”, de Guy Snodgrass, un oficial retirado de la Marina de los Estados Unidos que sirvió como escritor de discursos de Mattis en el Pentágono, da la impresión de estar escrito apresuradamente e incluye más polémicas entre oficinas estatales de lo que la mayoría de los lectores querrán saber. Pero proporciona algunas pepitas que no han sido reportadas en otros lugares, como la afirmación de que Trump le dijo a Mattis que «jodiera a Amazon» en un contrato importante porque estaba tan descontento con el Washington Post (que es propiedad del fundador de Amazon, Jeff Bezos). La otra memoria —“Call Sign Chaos”, de Mattis y Bing West— no trata en absoluto de las controversias de la administración Trump. «Estoy pasado de moda: no escribo sobre presidentes sentados», explica Mattis. Pero el libro proporciona un relato experto de la carrera de Mattis, que ayuda a explicar por qué el matrimonio entre Trump y sus generales estaba destinado al divorcio.

https://www.amazon.com/-/es/Peter-Bergen/dp/0525522417

OTRO MUERDE EL POLVO

Un punto de inflexión clave en la relación fue una reunión informativa para Trump de julio de 2017 celebrada en lo que se conoce como «el Tanque», una sala de conferencias segura del Pentágono utilizada por los Jefes de Estado Mayor Conjuntos. Los relatos de la reunión son proporcionados por Bergen (que comienza su libro con él), Snodgrass (quien lo organizó y estuvo presente), y Rucker y Leonnig (que ofrecen los detalles más jugosos). Mattis había convocado al presidente y a sus asesores superiores para explicar por qué el sistema liderado por Estados Unidos de alianzas de seguridad y relaciones comerciales todavía beneficiaba a los Estados Unidos. No salió bien. Todos están de acuerdo en que Trump, que tiene una capacidad de atención notoriamente corta y un temperamento “fosforito”, se enfadó abiertamente durante la presentación de Mattis. Según Rucker y Leonnig, el presidente arremetió contra los aliados de EE.UU., diciendo a sus generales: «¡Se nos debe dinero que no has estado recolectando!» Mattis intervino: «Esto es lo que nos mantiene a salvo», pero Trump previsiblemente no lo estaba escuchando. «Todos ustedes son perdedores», escupió. «Ya no saben ganar.» Unos minutos más tarde, el presidente, que había pretextado problemas de espalda para evadir el servicio en la Guerra de Vietnam— gritó a un auditorio lleno de generales condecorados: «No iría a la guerra con ustedes. Son una banda de idiotas y bebés».

Los generales, condicionados a no cuestionar la autoridad del comandante en jefe, se sentaron en silencio aturdidos. Se le dejó la palabra al entonces Secretario de Estado Rex Tillerson para mediar. «No, eso está mal», replicó. «Señor Presidente, está totalmente equivocado. Nada de eso es cierto». Después de la reunión, frente a algunas personas en las que confiaba, Tillerson llamó al presidente «un puto idiota» (fucking moron). Cuando ese comentario fue reportado por NBC News unos meses más tarde, selló el destino de Tillerson.

El despido de Tillerson a mediados de marzo de 2018 tuvo una consecuencia involuntaria: dejó al secretario de defensa sin refuerzos. Hasta entonces, Tillerson y Mattis habían formado un equipo de etiqueta para detener los impulsos más imprudentes de Trump. Habían logrado impedir que el presidente se retirara del acuerdo nuclear con Irán y abandonara la disposición de la OTAN de defensa mutua. Mattis también había trabajado con Kelly para retrasar la implementación de las peticiones más provocadoras de Trump, escribe Bergen, como la orden a principios de 2018 para evacuar a los civiles estadounidenses de Corea del Sur en preparación para un posible ataque militar en Corea del Norte.

Con Tillerson fuera, era sólo cuestión de tiempo antes de que Mattis también saliera por la puerta. Snodgrass escribe que se enteró ya en el verano de 2018 que Mattis estaba planeando servir sólo hasta el final del año. El último altercado llegó en diciembre, cuando Mattis se opuso a la decisión inicial de Trump de sacar a las fuerzas estadounidenses del norte de Siria. Kelly, que estaba cerca de Mattis después de años de servicio juntos del Cuerpo de Marines, se fue poco después de Mattis. McMaster ya había sido despedido en marzo de ese año después de chocar con Trump, así como con Mattis. (Bergen escribe que Mattis «se refirió con puntillosidad» al asesor de seguridad nacional como «Teniente General McMaster» para dejar claro que lo superaba.)

El único oficial de alto rango que ha mantenido una influencia constante con Trump desde el inicio de la administración es el general retirado Jack Keane, un ex vicejefe del Estado Mayor del ejército que fue fundamental para promover el «incremento” de tropas en Irak en 2006-7. Sin embargo, Keane nunca ha aceptado un nombramiento oficial, prefiriendo proporcionar asesoramiento informal. Bergen escribe que, en varios momentos, Keane ayudó a disuadir a Trump de su deseo de sacar tropas del norte de Siria y Afganistán, pero ni siquiera Keane podía detener a Trump. Desde entonces, Trump ha abandonado a los kurdos sirios trasladando a las tropas estadounidenses a los pequeños campos petroleros de Siria, y ha aceptado retirar todas las tropas estadounidenses de Afganistán en mayo de 2020 como parte de un acuerdo con los talibanes.

INTERPRETANDO LECTURAS

Aunque “Call Sign Chaos” no detalla el mandato de Mattis en el Departamento de Defensa, revela por qué él y los otros generales tan a menudo se enfrentaron con Trump. Mattis escribe que, desde una edad temprana, en el Cuerpo de Marines le inculcaron los fundamentos del liderazgo, que resume como «las tres Cs»: competencia («No te engañes en tu trabajo; debes dominarlo»), cariñoso («Un marine sabe cuándo estás invirtiendo en su carácter, sus sueños y su desarrollo. Hombres así no renuncian a ti»), y convicción («Declara tus reglas claramente y apégate a ellas… Al mismo tiempo, estimula tu pasión profesional con humildad personal y compasión por tus tropas). Es difícil imaginar un ethos más alejado de la autopromoción implacable de Trump, el desprecio por sus subordinados y el desdén por la experiencia. El término «autosacrificio» no es parte del vocabulario de Trump, y ve la lealtad como una calle unidireccional: quiere que los subordinados sean leales a él, incluso a costa de violar la ley, pero será desleal con ellos siempre que sea ventajoso hacerlo, a menudo afirmando que apenas los conoce cuando se meten en problemas.

Nada más ajeno a Trump que el espíritu militar de Mattis, es el amor del ex secretario de defensa por la lectura. “Call Sign Chaos” se terminó de redactar en gran medida antes de que Mattis se uniera a la administración, pero se lee como si Mattis se dirigiera encubiertamente al presidente cuando escribe: «Si no has leído cientos de libros, eres funcionalmente analfabeto, y serás incompetente, porque tus experiencias personales por sí solas no son lo suficientemente amplias como para sostenerte. Cualquier comandante que diga que está «demasiado ocupado para leer» va a llenar bolsas de cadáveres con sus tropas mientras aprenderá de la manera más cruel». Trump es, por supuesto, notoriamente conocido por no leer [17] largos documentos informativos, y mucho menos libros.

Por el contrario, todos los generales que sirvieron en la parte superior de la administración Trump eran lectores voraces, y les perturbó tener que tratar con un presidente tan chato intelectualmente y seguro de que ya lo sabía todo –aún cuando, Rucker y Leonnig informan, Trump ni siquiera sabía que la India comparte una frontera de 2.000 millas con China. Trump quedó desencantado con McMaster porque el asesor de seguridad nacional era demasiado profesoral, tratando de atiborrarlo con demasiada información. «Trump ridiculizaba a McMaster», escriben Rucker y Leonnig, «describiendo el tema del día y desplegando una serie de frases grandes y complejas para indicar lo aburrido que iba a ser la reunión informativa de McMaster». Agregan que «el personal del Consejo de Seguridad Nacional estaba profundamente perturbado por el trato que Trump dio a su jefe», y con razón. Debido a que muchos de esos empleados eran oficiales militares, se corrió la voz a través de la comunidad militar sobre cómo Trump trataba mal al veterano general condecorado de la Guerra del Golfo, Irak y Afganistán.

Fuente: https://www.amazon.es/Stable-Genius-Trump%C2%B4s-Testing-America/dp/1984877496

TODOS HABLAN

La hostilidad entre Trump y los generales ha irrumpido desde entonces a la vista pública. Después de que Mattis escribió su furiosa carta de renuncia, Trump lo llamó «el general más sobrevalorado del mundo«. Kelly esperó más de un año después de su partida para criticar públicamente a Trump, y cuando lo hizo, en febrero de este año, Trump lo atacó en Twitter: «Cuando dejé a John Kelly, lo cual no pude hacer lo suficientemente rápido, supo muy bien que estaba muy por encima de su cabeza. Ser Jefe de Estado Mayor simplemente no era para él». Esa crítica, por supuesto, sólo plantea la cuestión de por qué Trump nombró a Kelly, y a tantos otros funcionarios que ahora menosprecia.

Más allá de su ruptura pública con sus generales, la relación de Trump con el ejército se deterioró debido a una serie de decisiones que no sentaron bien en las fuerzas armadas. Mis conversaciones con oficiales actuales y anteriores indican que aprobaron la decisión de Trump del asesinato de Qasem Soleimani, el general iraní que fue responsable de cientos de muertes estadounidenses en Irak, y de Abu Bakr al-Baghdadi, el jefe del Estado Islámico (o EIIL). Pero muchos con los que hablé estaban furiosos cuando Trump decidió en octubre pasado abandonar a las fuerzas kurdas sirias moviendo al personal militar estadounidense que había servido durante mucho tiempo como amortiguador entre los kurdos y las fuerzas turcas hostiles, a pesar del hecho de que los kurdos habían luchado junto a Estados Unidos para derrotar a EIIL y habían perdido 11.000 soldados en este proceso. Esa decisión, según muchos, fue contraria al compromiso de los militares con los camaradas en el campo de batalla. Muchos en el ejército de Los Estados Unidos no estaban contentos de que Trump restaurara el rango del SEAL de la Marina Edward Gallagher, que fue acusado de crímenes de guerra en Irak, y despidió al teniente coronel Alexander Vindman, un veterano de guerra de Irak que había testificado sobre los intentos de Trump de presionar a Ucrania para que ayudara a su campaña de reelección. Trump tuvo a Vindman y a su hermano gemelo, también un teniente coronel que servía en el personal del Consejo de Seguridad Nacional, escoltados desde los terrenos de la Casa Blanca y luego sugirieron que el ejército iniciara un procedimiento disciplinario contra Vindman, algo que el ejército se negó a hacer. Kelly elogió a Vindman después de su despido por hacer «exactamente lo que les enseñamos a hacer» al negarse a obedecer una «orden ilegal» y criticó el apoyo de Trump a Gallagher como «exactamente lo incorrecto que hay que hacer». Oficiales como Kelly saben lo difícil que es mantener la disciplina y el buen orden cuando el comandante en jefe está señalando que los crímenes de guerra son aceptables, pero decir la verdad no lo es.

Muchos militares, todavía apoyan a Trump y aprueban sus fanfarronadas, pero los ataques del presidente contra las tradiciones sagradas de los militares de «deber, honor, patria» han molestado a muchos otros. Las encuestas del Military Times sobre el personal militar reflejan este desencanto: cuando Trump fue elegido por primera vez, en noviembre de 2016, el 46 por ciento de los encuestados tenía una visión positiva de él, y el 37 por ciento tenía uno negativo. En noviembre de 2019, se había producido un cambio brusco: 42 por ciento positivo, 50 por ciento negativo. Ese mismo mes, varios generales criticaron a Trump, aunque detrás del anonimato, en un artículo en The Atlantic de Mark Bowden. Algunos han criticado a los generales ahora destituidos por no hablar más en público, pero su reticencia es comprensible dado que se les ha enseñado desde el principio de sus carreras a alejarse de la política y que la oposición a Trump podría crear una reacción presidencial contra sus colegas que aún están en servicio activo. Al mismo tiempo, al no venir a la defensa de Trump, los generales retirados han dejado claro que no son fans del presidente.

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BESAR EL ANILLO

La presidencia de Trump ha sido un proceso de aprendizaje tanto para el comandante en jefe como para las tropas que dirige. Trump, que sabía poco de gobierno al principio, aprendió sobre cuánto poder puede ejercer. No parece haber aprendido por qué los presidentes anteriores se restringieron, por ejemplo, al no decirle al Departamento de Justicia a quién enjuiciar o qué penas de prisión recomendar. Trump se ha envalentonado porque siente que sus decisiones controvertidas, como trasladar la embajada de Estados Unidos en Israel a Jerusalén y matar a Soleimani, han funcionado mejor de lo que los escépticos predijeron. Se ha vuelto más obstinado y menos dispuesto a escuchar consejos cuanto más tiempo ha estado en el cargo.

Los generales, por su parte, aprendieron que no podían simplemente continuar con los negocios como de costumbre. Trump disipó esa esperanza al sorprender a los líderes del Pentágono con órdenes fuera de lo común para detener los ejercicios militares con Corea del Sur y expulsar a las tropas transgénero [33]; esta última decisión, escribe Snodgrass, «creó el caos en el Pentágono». Mattis trató de sonreir a Trump tanto como pudo, para bloquearlo tanto como sea posible. Snodgrass recuerda que Mattis dijo que «preferiría tragar ácido» que celebrar el desfile militar de Trump en Washington y señala que Mattis fue el único dentro el gabinete que se negó a alabar el liderazgo de Trump. Pero incluso Mattis hizo compromisos, como enviar a la Guardia Nacional a la frontera en un despliegue inútil diseñado para anotar puntos políticos para Trump. Y aunque la decisión de Mattis de evitar criticar al presidente en servicio tiene sentido desde su perspectiva como general retirado, debió darse cuenta de que estaba sirviendo en una capacidad civil y que le debe al pueblo estadounidense una explicación completa antes de la elección de 2020 de si Trump es apto para seguir siendo presidente, basado en su experiencia personal. Precisamente porque Mattis es una figura tan conocida y respetada, su juicio tendría peso, especialmente dentro de los votantes republicanos. Su sucesor, Mark Esper, carece del prestigio de Mattis (y de aliados en el escalón superior del gobierno) y por lo tanto es más fácilmente susceptible a la influencia política.

Trump ahora se ha rodeado de partidarios incondicionales, como Mike Pompeo, su secretario de Estado, y Robert O’Brien, su asesor de seguridad nacional, que se ven a sí mismos como facilitadores del presidente, no sus disuasores. (O’Brien al parecer distribuye impresiones de los tweets de Trump a su personal para guiar sus decisiones y prioridades.) Las agencias que supervisan han sufrido daños duraderos: en el Consejo de Seguridad Nacional, O’Brien ha reducido la dotación de personal por un tercio, y en el Departamento de Estado, la moral se desplomó después de que Pompeo se negara a defender a diplomáticos como William Taylor y Marie Yovanovitch contra las críticas del presidente y sus aliados políticos.

Por el contrario, el Departamento de Defensa, porque es mucho más grande que cualquier otra agencia gubernamental y tan impregnado del espíritu militar, es más resistente a la influencia externa. Pero no es inmune. Vean como ejemplo, la decisión de Trump en febrero de despedir a John Rood, un subsecretario de defensa que se había enfrentado con el presidente presionando para liberar ayuda a Ucrania y oponiéndose a la designación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán como organización terrorista.

Los intentos de Trump de doblegar el Departamento de Defensa a su voluntad, emplearlo con fines políticos y purgarlo de todos los puntos de vista disidentes sólo se acelerarán si gana otro mandato. Los generales que fueron aclamados como el «eje de los adultos» se han ido hace mucho tiempo, y sus sucesores, tanto militares como civiles, han recibido el mensaje sobre lo que le sucede a cualquier funcionario que se atreva a enfrentarse a un jefe ejecutivo veleidoso e iracundo. Cuanto más tiempo permanezca Trump en el cargo, más difícil será salvaguardar las tradiciones apolíticas de servicio a la nación, la dedicación al estado de derecho y la lealtad a la Constitución, que son las señas de identidad de las fuerzas armadas estadounidenses.

Si Trump pierde en noviembre, el proceso de reparación del daño puede comenzar, pero los últimos tres años han demostrado la facilidad con la que un presidente hambriento de poder puede cabalgar sobre las normas de maneras que dañan las instituciones del país. Trump seguramente no es el último demagogo populista en ganar el cargo. En el futuro, el Congreso debe imponer mayores límites a la autoridad del presidente para prevenir abusos como la interferencia política en el Departamento de Justicia y los despliegues de tropas con fines políticos. El Congreso ya está tomando medidas para limitar la autoridad bélica del presidente, por ejemplo, derogando las autorizaciones para el uso de la fuerza militar, aunque esa legislación no se promulgará mientras Trump esté en la Casa Blanca y Mitch McConnell, republicano de Kentucky, tenga el control del Senado. Pero los límites a la autoridad del presidente siempre serán más difíciles de hacer en el ámbito de la seguridad nacional, donde hay buenas razones para darle al comandante en jefe considerable discreción para defender la nación. En última instancia, la mayor salvaguardia contra el uso indebido de las fuerzas armadas es inculcar una fuerte devoción al estado de derecho entre el cuerpo de oficiales para que los futuros líderes militares luchen contra las ordenes ilegales o poco éticas, como Mattis, Kelly y McMaster han hecho recientemente en muchos (pero no todos) los casos.

Derechos de autor © 2020 por el Consejo de Relaciones Exteriores, Inc.


[1] MAX BOOT es “Jeane J. Kirkpatrick” Senior Fellow for National Security Studies en el Council on Foreign Relations. La versión original de este texto, publicado el 6 de Abril de 2020, se encuentra disponible en: https://www.foreignaffairs.com/reviews/review-essay/2020-04-06/few-good-men. La traducción fue hecha por José Cornejo.

Fuente de la imagen de portada: https://es.theepochtimes.com/trump-ofrece-militares-a-mexico-para-una-guerra-que-borre-de-la-faz-de-la-tierra-a-los-carteles_552365.html