Perú

Ayer Bagua, hoy Loreto. ¿Y mañana dónde?

Ramón Pajuelo Teves

Tres muertos y al menos once heridos, es el irreparable saldo de un enfrentamiento ocurrido en la localidad de Bretaña (Loreto), entre indígenas del pueblo Kukama Kukamiria movilizados desde hace días en pos de sus derechos colectivos, y policías encargados de proteger las instalaciones de la empresa petrolera PetroTal. Esta tragedia, que acaba de ocurrir en pleno día internacional de los pueblos indígenas, refleja el grave abismo entre el empuje a la explotación de recursos como petróleo y gas, frente a la pobreza y desprotección de los pueblos indígenas que habitan ancestralmente los territorios donde se extraen dichos recursos. Muestra el engranaje perverso entre un Estado que abandona sus obligaciones básicas (proteger la vida de sus ciudadanos) y una forma hegemónica de modernidad y desarrollo mercantil, que gira en torno al rol dinamizador del capital extractivo.           

El listado de víctimas sobrevivientes del enfrentamiento, recoge los nombres de comuneros indígenas kukama de Bretaña y otras comunidades del río Puinahua, con diversas edades que van desde los 23 a los 62 años. En prácticamente todos los casos la causa de su condición de heridos corresponde a impactos de bala. También los tres muertos registrados hasta el momento, perdieron la vida debido a los disparos de las fuerzas del orden. Se trata de una noticia doblemente grave y triste, considerando la situación crítica que acompaña el avance de la actual pandemia. El virus viene afectando con especial dureza a las comunidades de diversos pueblos indígenas, los cuales prácticamente se hallan librados a sus propias posibilidades de sobrevivencia. 

En los próximos días, ojalá se aclaren las brumas de información que hoy rodean los lamentables sucesos ocurridos en las instalaciones de la empresa PetroTal. Algunos videos parecen mostrar que en la oscuridad de la noche, la violencia se desbordó ante el intento de tomar las instalaciones como forma de llamar la atención del Estado. Algunas organizaciones indígenas, como ORPIO y AIDESEP, no han tardado en denunciar que los comuneros movilizados no portaban armas de fuego, sino apenas lanzas y flechas de uso tradicional. Entretanto, es necesario resaltar que la tragedia que hoy enluta al pueblo Kukama, en cierta medida estaba anunciada. La violencia podía rebasar en cualquier momento la delicada situación existente en regiones amazónicas como Loreto y Amazonas. O bien, como vimos los días pasados en Espinar (Cuzco), en cualquiera de los demás lugares del país en las cuales, bajo nuevas condiciones vinculadas a la evolución de la pandemia, han comenzado a resurgir conflictos entre empresas extractivas y poblaciones locales. Esto mientras el Estado parece brillar por su ausencia, inacción, ineficiencia o simple colusión con los intereses privados de las empresas extractivas.

Desde hace varios meses los pueblos indígenas de diversas zonas del país, reclaman acciones concretas mínimas de protección frente al duro embate de la pandemia. Los esfuerzos realizados desde gobiernos regionales que han mostrado su debilidad e inoperancia, o desde un gobierno central que sigue viendo a los territorios indígenas como zonas de conquista económica, han resultado completamente insuficientes. Ello viene desatando acciones de protesta que empalman la demanda de atención estatal, junto al reclamo de beneficios derivados de la actividad extractiva. Así, desde hace días diversas comunidades adyacentes al curso del río Marañón, justamente venían movilizándose en demanda de que el Estado y las empresas cumplan sus compromisos, o simplemente hagan efectivas sus promesas de ayuda.

En el caso de la empresa Petro Tal, cuyas operaciones ocupan el lote 95, en pleno territorio ancestral del pueblo Kukama y zona de amortiguamiento de la reserva Pacaya Samiria, el eje de los reclamos indígenas no es un sentimiento de rechazo frontal a la explotación petrolera y gasífera. Se trata más bien de un caso de conflicto que muestra el simple incumplimiento de compromisos adquiridos. La empresa no ha tardado en señalar que la pandemia ha retrasado sus planes de apoyo social. Más allá de las circunstancias inmediatas, es posible apreciar severas deficiencias de fondo, que incluyen reglas de juego destinadas fundamentalmente a proteger la inversión privada. La sangre derramada hoy en Loreto, muestra el límite de las reglas de juego adoptadas desde la vigencia de la Ley de Consulta Previa del año 2011, la cual fue el producto de los trágicos sucesos ocurridos previamente en Bagua.    

El reclamo de las comunidades movilizadas en Loreto, no es otro que la exigencia de cumplimiento de los acuerdos que permitieron el consentimiento local para el avance de las actividades de explotación de hidrocarburos. De acuerdo a la jerga legal de dichos acuerdos, se trata de medidas destinadas al “cierre de brechas” en la zona de impacto social del proyecto. Esto quiere decir que los ingresos de la actividad extractiva permitan obras de desarrollo tales como la ampliación del acceso a electricidad, mejora de la provisión de agua potable, saneamiento básico, fortalecimiento de los servicios de salud y educación, entre otros. Parece indudable que las condiciones de la pandemia han multiplicado las expectativas y demandas entre la población local. Pero el foco del asunto parece ser el incumplimiento de los acuerdos previos por parte de la empresa. Ante la ausencia de cierre de las mencionadas brechas, y el incremento de la sensación de exclusión frente a instalaciones privadas que parecen una isla de comodidad en medio de un mar de necesidades inmediatas, la respuesta de las comunidades consistió en coordinar acciones de protesta. Ello condujo a la toma de instalaciones de la estación N° 5 en Saramiriza. Ante la movilización de las comunidades, el Estado simplemente se limitó a reforzar la dotación policial, a fin de proteger a cualquier costo las instalaciones privadas. Dicha decisión, dirigida a evitar que en el campamento de Bretaña ocurra una toma similar a la de Saramiriza, acaba de terminar con una tragedia irreparable. Parte clave de la desgracia es el hecho de que las comunidades, como hemos visto repetidas veces en el pasado reciente, fundamentalmente buscaban llamar la atención de las autoridades estatales, a fin de obtener ayuda urgente, así como el cumplimiento de los acuerdos pactados  con la empresa.    

Resulta inevitable recordar los muertos y heridos de la masacre de Bagua, ocurrida en junio de 2009. Nuevamente, la sangre de humildes peruanos indígenas, esperanzados en la promesa de prosperidad y progreso asociada a la explotación de recursos naturales de sus territorios ancestrales, muestra que tras el telón de los conflictos hay algo mucho más complejo que un simple problema de oposición ambiental, de reclamos insatisfechos o de prepotencia empresarial. Un Estado completamente coludido con intereses privados, termina reproduciendo una larga historia de exclusión que marca nuestra trayectoria republicana, que puede describirse como una disociación entre derechos ciudadanos y pertenencia étnico étnico-cultural. Así, la condición de ciudadanos sujetos de derechos básicos, termina siendo un privilegio excluyente, que alcanza fundamentalmente a las personas no indígenas.

Más allá de las reglas de juego teóricamente correctas de la interculturalidad reconvertida al lenguaje burocrático, el consentimiento previo, la reducción de brechas y las ambiciosas disposiciones de la Ley de Consulta, siguen predominando viejos problemas de exclusión y desigualdad, que atañen a la propia esencia de un orden nominalmente republicano y democrático. El Estado no solo acepta desproteger a aquellos que, en el fondo, terminan considerados como no-ciudadanos. Además termina asumiendo el triste rol de agente promotor de una modernidad etnocida. Porque a pesar de los cantos de sirena del progreso y desarrollo, los miembros de los pueblos indígenas resultan condenados al sacrificio de su propia cultura e identidad, con tal de acceder a algunos retazos de “ciudadanía” o “desarrollo”. Terminan siendo infra ciudadanos. Por esa razón, los muertos y heridos indígenas de los conflictos sociales, resultan siendo víctimas desechables: se trata de no-ciudadanos cuyas vidas parecen ser el costo necesario a pagar, a fin de mantener el rumbo de nuestro crecimiento neoliberal.    

Pero ocurre que los muertos y heridos siempre tienen responsables concretos. No se trata solamente de los miembros de las fuerzas del orden haciendo uso o abuso de sus armas de fuego. Es decir, de los policías causantes de disparos a quemarropa, que muchas veces expresan situaciones extremas de miedo, así como ansias desesperadas de seguridad ante escenarios impredecibles de violencia. Resulta imperativo esclarecer el origen de las órdenes dirigidas a reprimir la movilización social, incluso mediante el asesinato de los comuneros indígenas. Los sucesos de Bagua, que dejaron un saldo indeterminado de muertos y heridos, fueron resultado del intento del gobierno de Alan García de imponer un paquete de medidas destinadas a promover la inversión privada en territorios amazónicos. Dicha tragedia siempre será recordada como triste corolario de un tiempo durante el cual, el Estado peruano sencillamente se alineó a intereses privados, con el fin de facilitar actividades de explotación de materias primas, así como la firma de los otrora famosos tratados de libre comercio (TLC). Entonces la responsabilidad política alcanzó al propio presidente García, así como a su primer ministro Yehude Simon, la ministra de comercio exterior Mercedes Araoz y la ministra del interior Mercedes Cabanillas. Y como siempre, la impunidad de los poderosos contrastó con el espectáculo penoso de decenas de indígenas enjuiciados durante años por su participación en los hechos, que incluyeron el lamentable asesinato de un grupo de policías encargados de custodiar las instalaciones de la estación N° 6 de Petro Perú.       

Esta vez resulta igual de grave que el actual gobierno de Martín Vizcarra haya permitido el desborde irreparable de una situación en gran medida anunciada. Porque desde hace días, como ya se ha indicado, diversas comunidades de las zonas adyacentes al río Marañón, han venido movilizándose con el fin de reclamar ayuda para enfrentar al virus, así como el cumplimiento de diversos ofrecimientos por parte del Estado y las empresas extractivas que operan en sus territorios. A pesar de las señales, lamentablemente el Estado prefirió continuar con la receta que viene aplicando luego del fin de la cuarentena: impulsar la economía a cualquier costo, incluso por encima del resguardo de la salud pública y el riesgo de expansión de la pandemia. Perú ha terminado sumando, así, las consecuencias de una crisis sanitaria sin precedentes, junto a una profunda crisis de representación política y una crisis económica de consecuencias imprevisibles en los próximos años. A ellas se acaba de añadir ahora, con el costo trágico de los muertos y heridos del pueblo Kukama, una crisis social que apenas se asoma en el escenario. No es pura casualidad que el Perú se encuentre hoy, a pesar de haber implementado una temprana y estricta cuarentena, entre los países del mundo más duramente golpeados por la pandemia del coronavirus. 

A mediados de julio, al juramentar como ratificado ministro de cultura del breve gabinete Cateriano, el escritor Alejandro Neyra usó una bella mascarilla con motivos indígenas. El gesto fue destacado como muestra de su voluntad por darle un  nuevo rumbo a la cartera a su cargo en lo referente a las políticas indígenas del Estado. Hace unos días, la actual ministra de  desarrollo e inclusión social, Patricia Donayre, tuvo un gesto similar. Al volver a juramentar como parte del actual gabinete Martos, lució un vistoso vestido con motivos indígenas amazónicos, destacando así su origen loretano y su voluntad de aportar al mejor manejo gubernamental de los temas indígenas y regionales.

Más allá de los usos simbólicos, hay una enorme distancia entre las buenas intenciones de funcionarios y políticos de turno, y la situación real que enfrentan día a día los pueblos indígenas, en su lucha por sobrevivir y alcanzar progreso, desarrollo, dignidad y reconocimiento pleno como peruanos. Más aún en el contexto de una pandemia que los ha afectado severamente, incrementando aún más la pobreza y desigualdad, y mostrando que ad portas de su bicentenario, el Estado sigue prestándose a reproducir los engranajes de viejas exclusiones que aún nos diferencian como ciudadanos, peruanos o simples personas. Se trata de una distancia honda y dolorosa, imposible de remediar mediante el simple cumplimiento de protocolos interculturales garantes de la reglas de juego del orden neoliberal. Una distancia que a unos, desde las alturas del Estado, les permite lucir bellas obras de arte indígena, mientras que a otros simplemente los mata o hiere a balazos.

Minería

ESPINAR: MOVILIZACIÓN, VIOLENCIA, CRIMINALIZACIÓN Y PRIVATIZACIÓN DE LA FUERZA…

Soc. José Antonio Lapa Romero

La población de Espinar tiene una larga historia de relación de convivencia tensa y conflictiva. Particularmente en la última década, una relación “tóxica” con la actividad minera que se desarrolla en su territorio por casi 40 años. Así, la imagen idílica e inexistente de feliz convivencia de empresa y población ha sido producto del marketing empresarial, dado que la realidad de Espinar está atravesada por una extendida pobreza estructural; impactos mineros crecientes en la economía de las familias de las comunidades del entorno minero y en la salud de las personas; fuentes de agua contaminadas; encarecimiento del costo de vida; fragmentación social; criminalización y permanentes conflictos en un escenario de hegemonía del poder minero.

Foto: Álvaro Franco

1. EL PODER MINERO: ENTRE UN MAR DE RIQUEZA Y UN OCÉANO DE POBREZA

Antapaccay, de la transnacional Glencore (antes de Xstrata Tintaya) viene explotando desde el 2012, principalmente cobre (oro y plata), en el distrito de Espinar. El 2012 su producción de cobre alcanzó 51,876 TMF1Toneladas Métricas Finas (MTF).; y en el 2018, 205,414 de TMF2MINISTERIO DE ENERGÍA Y MINAS (MEM). Anuario Minero 2018. Consulta: 26 de julio de 2020 <http://www.minem.gob.pe/publicacion.php?idSector=1&idPublicacion=543>. De otro lado, su producción de oro alcanzó a 4,124,241 gramos finos en el 2018, y plata 44,306 kilogramos finos. Traduciéndose en una venta anual de S/. 3’ 690,612,000 para el 20163Las Minas del Perú. Perú: Proyectos y prospectos 2017-2019. Perú Top Publicaciones 2017.. El mar de riqueza producida, concentrada y acumulada se da dentro de un océano de pobreza y pobreza extrema, que no se ha transformado significativamente en su área de influencia que alcanza en promedio al 70 %. Así, según información del Ministerio de Desarrollo e Inclusión Social (MIDIS), para mayo del 20204INFOMIDIS. Padrón general de hogares. Consulta: 20 de julio de 2020 <http://sdv.midis.gob.pe/Infomidis/#/padronGralHog> en Espinar, el 30% de hogares son no pobres, 48% pobres y 22% pobres extremos. A este escenario se le añade una extendida exclusión histórica y afectaciones aún no resueltas: 506 personas de 6 comunidades aledañas a la explotación minera, de los cuales el 100% se encuentran con niveles biológicos detectables de arsénico, cadmio, mercurio y plomo en sus cuerpos5COOPERACCION y otros. Metales Pesados Tóxicos y Salud Pública. El Caso de Espinar. Lima. 2016. Págs. 14-17.; incremento de la mortandad de animales (Ovino, Alpaca y Vacuno); contaminación de los ríos Cañipia y Salado; polvos del transporte minero y las explosiones de sus operaciones; vertimientos de aguas industriales al río Cañipia y filtraciones de la presa de relave de Huinipampa; y la criminalización de líderes/dirigentes que vienen siendo procesados durante ya más de 8 años por el conflicto del 2012.

2. VIEJAS Y NUEVAS CAUSAS DEL CONFLICTO

Los conflictos en Espinar tienen historia. Así, el conflicto de julio del 2020 tiene en sus orígenes viejas y nuevas causas. Viejas causas que estuvieron presentes en el conflicto del 2012 y los acuerdos de la mesa de diálogo cuya implementación, en gran medida, aún 8 años después, sigue estando pendiente de ser resuelta en sus elementos centrales: 1) reformulación del convenio marco; y 2) atención a la salud a las personas con metales tóxicos en sus cuerpos. El actual conflicto en sus inicios irrumpe en un escenario de lucha política que se venía desarrollando por la consulta previa del proyecto Coroccohuayco; que vuelve causa central a el bono solidario de los S/ 1,000 soles, en un escenario donde la pandemia ha afectado y viene afectando las economías familiares de una mayoría de espinarenses. Esta situación se da, no obstante la actividad minera de Glencore, y los espinaerenses siguen viviendo de la agricultura, ganadería, comercio y servicios. La situación se intensifica por el retorno de cientos de espinarenses de las ciudades cercanas como Arequipa y Cusco, y el limitado acceso a los bonos del Estado en el marco de la Pandemia.

En efecto, este nuevo conflicto en Espinar posterior a la ratificación del bono en el comité de gestión del convenio marco el 14 de mayo por una amplia mayoría (5 a favor, 2 abstenciones y 1 en contra), constituyó un campo político de tensión y lucha política por casi 60 días que se manifestó; en primer lugar, en la conformación del comité de lucha provincial. En segundo lugar, a través de movilizaciones y cacerolazos a favor del bono por parte de los distritos de Espinar, Pallpapta y Coporaque (también pequeñas movilizaciones de comunidades a favor de la empresa); y en tercer lugar, en una intensa campaña mediática de Antapaccay a través de su propuesta Reactiva Espinar, y sobre las donaciones de alimentos en el marco de la pandemia y el número creciente de casos de COVID-19 detectados en los trabajadores mineros que en julio alcanzó a 48 (también era parte de su publicidad las donaciones al Hospital de Espinar y de 100,000 mil soles al gobierno regional de Cusco para la planta de oxigeno). Así, no obstante los intentos de resolución del conflicto por vía dialogada por parte de los actores en disputa y el Estado no dieron resultando; por el contrario, fue polarizando las posiciones en disputa.

3. VIOLENCIA, CRIMINALIZACIÓN Y PRIVATIZACIÓN DEL USO DE LA FUERZA PÚBLICA

El paro indefinido provincial que inicia 15 de julio en sus ocho primeros días no solo fue creciendo en el número de movilizados con la incorporación cada vez más activa de los distritos sino se fue radicalizando cada día más por los enfrentamientos permanentes, los heridos y las agresiones que se fueron produciendo entre las fuerzas estatales (Policía y el Ejercito) y los movilizados. Situación que en el octavo día llegó a la cumbre máxima del conflicto generando heridos por la violencia desatada, y con 3 heridos de bala producto del uso de bombas lacrimógenas, perdigones y armas de fuego; situación de violencia vivida de manera muy similar en el conflicto del 2012. La violencia vivida ha sido descrita por los mismos jóvenes, “el vehículo en el que viajaban fue detenido por los agentes, quienes lanzaron una bomba lacrimógena a su interior, lo que los obligó a salir. Cuando ya estaba fuera los redujeron a golpes de patadas y con las armas de reglamento. Algunos dicen que recibieron amenazas de disparo por lo que tuvieron que estar tirados en el piso durante mucho tiempo6Pulso Regional. Lo que ha dejado el paro indefinido en Espinar. Consulta: 27 de julio de 2020 <https://www.pulsoregional.pe/2020/07/25/lo-que-ha-dejado-el-paro-indefinido-en-espinar/>.

Así, a este patrón de uso de la violencia se suma la criminalización que se expresaba al inicio del paro indefinido, ya que 8 dirigentes de las principales organizaciones de Espinar han sido notificados por el Ministerio Público-Comité de Lucha de Espinar, Frente Único de Defensa de los Intereses de Espinar (FUDIE) y Construcción Civil Espinar, en vía de prevención del delito por la “comisión de delito contra la Administración Pública, en la modalidad de resistencia o desobediencia a la Autoridad, tipificado en el artículo 368° del código penal, en agravio del Estado”, que tenía un claro objetivo de amedrentamiento, desmovilización y criminalización.

Mientras que el tercer patrón se muestra a través de la privatización del uso de la fuerza pública, que si bien en el conflicto 2012 se expresaba a través del convenio que tenía la empresa con la Policía, se mostraba en los hechos durante el conflicto del 2020 en el resguardo por parte de las fuerzas policiales de las instalaciones de la empresa minera empleándose las fuerzas públicas de manera parcializada a favor de intereses privados. Se buscó luego una figura creativa, dado que al octavo día de mayor violencia Antapaccay informaba que ante los actos “vandálicos” las “fuerzas del orden, conforme a sus atribuciones, han procedido a custodiar la unidad minera Antapaccay”7Antapaccay. Comunicado: Campamento minero Antapaccay en custodia de las fuerzas del orden”. 23 de julio de 2020. Consulta: 26 de julio de 2020 <https://www.facebook.com/Antapaccay/photos/a.1711152682490182/26857343850 32002/?type=3&theater>.

Así, este conflicto nuevamente está atravesado por patrones de violencia estatal, criminalización y privatización de la fuerza pública. No obstante la tregua y aparente calma en Espinar, se espera que este conflicto sea resuelto por la vía dialogada.

27 de julio de 2020

Foto: Álvaro Franco

[1] Toneladas Métricas Finas (MTF).

[2] MINISTERIO DE ENERGÍA Y MINAS (MEM). Anuario Minero 2018. Consulta: 26 de julio de 2020 <http://www.minem.gob.pe/publicacion.php?idSector=1&idPublicacion=543>

[3] Las Minas del Perú. Perú: Proyectos y prospectos 2017-2019. Perú Top Publicaciones 2017.

[4] INFOMIDIS. Padrón general de hogares. Consulta: 20 de julio de 2020 <http://sdv.midis.gob.pe/Infomidis/#/padron GralHog>

[5] COOPERACCION y otros. Metales Pesados Tóxicos y Salud Pública. El Caso de Espinar. Lima. 2016. Págs. 14-17.

[6] Pulso Regional. Lo que ha dejado el paro indefinido en Espinar. Consulta: 27 de julio de 2020 <https://www.pulsoregional.pe/ 2020/07/25/lo-que-ha-dejado-el-paro-indefinido-en-espinar/>

[7] Antapaccay. Comunicado: Campamento minero Antapaccay en custodia de las fuerzas del orden”. 23 de julio de 2020. Consulta: 26 de julio de 2020 <https://www.facebook.com/Antapaccay/photos/a.1711152682490182/26857343850 32002/?type=3&theater>

COVID-19

APRENDÍ A QUERER A PIURA

Víctor Caballero

Aprendí a querer a Piura cuando conocí a sus dirigentes campesinos en los inicios de la década de 1970. Eran ellos de movilización campesina por la tierra, y en ella se venían labrando su propio destino una generación de dirigentes a través de las luchas campesinas: tomando las tierras de los hacendados, peleando tercamente por su independencia política frente a los intentos del gobierno militar de imponerles un modelo asociativo, distante de su tradición histórica de la comunidad campesina.

Los vi por primera vez en la Asamblea Nacional de Mazo (Huaura – 1973) donde junto a dirigentes campesinas de varios departamentos, iniciaban el trabajo de reconstrucción de la Confederación Campesina del Perú, concretada al año siguiente en el IV Congreso Nacional en la localidad de Torreblanca, Huaral. Los volví a ver en 1975  en la convulsionada comunidad de Querecotillo – Sullana en el II Congreso Extraordinario de la CCP, para entonces, las comunidades habían desplegado todas sus fuerzas en tomas de haciendas, y en la terca apuesta por la defensa de las comunidades campesinas, como sujetos históricos de la transformación social del campo peruano.

En ese proceso conocí a Andrés Luna Vargas (comunidad de Vichayal, preso en 1974, y estando en la cárcel fue elegido Secretario General de la CCP); a los hermanos Víctor y Gregorio Alama Camacho, de la comunidad de Querecotillo – Sullana, que en 1975 (meses después del II Congreso Extraordinario) fuera tomada por los militares con un despliegue de tanques y de soldados ordenadas por el Gobierno Militar; a Marcial Quintana Litano, de la comunidad San Juan de Catacaos, que en esa época luchaba por la recuperación de las tierras de la comunidad y se resistían a la imposición de un modelo ajeno a la tradición comunera; y junto a él, a Víctor Mechato de verbo radical en las feroces polémicas que se daban dentro del movimiento campesino. Posteriormente fueron surgiendo extraordinarios dirigentes campesinos como Luis Montalván y los hermanos César Zapata y  Armando Zapata; a Carlos López Jiménez quien fuera luego uno de los mejores alcaldes de Santo Domingo en la provincia de Morropón .

César Zapata

Repasando los hechos a la distancia del tiempo, me permiten comprender cómo del corazón del campo piurano, surgieron estos dirigentes que marcaron un rumbo en la historia del movimiento campesino. Los recuerdo generosos en la camaradería, solidarios con los campesinos de otras regiones a donde acudían a prestar su contribución a la lucha, apoyarlos en la organización sindical, a defenderlos aún a costa de sus vidas y familias, sin pedir nada a cambio.

Cuando estaba junto a ellos, en las reuniones, en las asambleas, congresos, y en sus comunidades, era una fiesta por la alegría y el dulce hablar de los campesinos de los arenales de Piura, tan encantador y tan risueño. Escuchar sus historias, convivir en sus experiencias, ha sido, sin duda, unos de las mejores experiencias políticas que he tenido.

Tuve la suerte de acompañar a Marcial Quintana en la CCP (apoyaba al CEN – CCP), estar en su comunidad y en Piura, percibí y entendí su profunda fe católica; era  apoyado por los jesuitas del CIPCA que le dieron una formidable formación política, fortaleciendo en él sus raíces culturales de la cultura Tallán. Alegre siempre, narrador de historias como buen piurano, un hombre libre, que la lucha por su comunidad había fortalecido sus convicciones democráticas. Fue designado para hablar a nombre de los campesinos al papa Juan Pablo II que venía de visita a Piura. Todavía lo recuerdo a Marcial, con su sombrero de paja, su camisa blanca, de pie y luego de rodillas, hablándole a Juan Pablo II, ante un inmenso y multitudinario evento,  sobre el sufrimiento de los pobres, de la esperanza de los campesinos en la justicia social, en la acción liberadora de las luchas campesinas, del cual él era uno de sus mejores representantes. Era una relación desigual, por cierto, Juan Pablo II venía a combatir la Teología de la Liberación, que precisamente había formado a líderes tan honestos y abnegados como Marcial Quintana. No importa. Marcial es ahora el símbolo de una generación de campesinos que ha construido el Perú y vivirá en el recuerdo de todo su pueblo.

Marcial Quintana

Conocí a César Zapata en las asambleas campesinas de la FRADEPT del cual llegó a ser dirigente. Ya para entonces, la comunidad de Catacaos había logrado defender con éxito su comunidad y su modelo de cooperativa comunal; y como tal, como dirigente muy joven, destacaba en la polémica y en las negociaciones con el Estado y con los acopiadores por mejores precios para el algodón, principalmente. Flaco, alto, con voz firme y con una inteligencia aguda y rápida lo vi discutir contra los acopiadores de algodón y los funcionarios del Estado, quienes imponían precios y empobrecían a los agricultores algodoneros. Ahí destacó, hábil en la negociación, firme en la defensa de su gremio algodonero, hasta ser elegido luego como dirigente nacional de los productores algodoneros, y directivo de las cooperativas comunales productores de algodón. Nunca abandonó su comunidad, siempre defendió a los productores algodoneros ya sea de Piura como de otras regiones. 

La muerte de los dos queridos amigos y camaradas ciertamente nos duele; peor aún, las circunstancias de su muerte por el corona virus. No tengo palabras para calificar ese terrible hecho. Solo traigo a mi memoria la frase de consuelo que siempre se daba ante la muerte de un camarada: ¡Qué el dolor se convierta en fuerza! El camino es largo, y se requiere energías para ello.

Quedan las grandes enseñanzas que nos dejan estos dirigentes: ¿Cómo entender ese despliegue generosos? ¿Qué enseñanzas nos dejan? Ellos eran la continuidad de una tradición comunal de larga data en Piura; herederos de una historia de lucha y rebeldía que formó a numerosos dirigentes que hicieron posible que las comunidades campesinas en Piura perduren y resistan los embates de quienes quisieron desaparecerla. 

Algunos han dicho  – desde la ignorancia y la escasez de investigaciones – que las comunidades campesinas al impedir la propiedad privada, cortan la libertad y condenan al campesino a la pobreza. Nada más falso: las luchas de las comunidades fueron luchas liberadoras, emancipadoras, y en ese proceso se forjaron líderes de gran valía como los líderes campesinos de Piura; las luchas de las comunidades forjaron nuevos ciudadanos, hombres libres que le han dado a la democracia nueva vitalidad surgida desde la base popular; y respecto de la pobreza, la causa no la encontramos en la comunidad sino en el sistema de precios que asfixió a los campesinos, la falta de apoyo del Estado en inversiones en infraestructura agraria y de riego que abandonó el campo, y contra el cual se levantaron en numerosas ocasiones los campesinos piuranos.

La alegría de vivir; la alegría de luchar, ha sido la característica central de los dirigentes campesinos de Piura cuyos exponentes fundamentales han sido Marcial Quintana y César Zapata. A ellos mi homenaje y mi reconocimiento eterno. 

Descansen en paz amigos queridos.

Perú

LA PANDEMIA COMO HORIZONTE DE ÉPOCA: La salud como…

Rosi Rojas Navarro1Cirujano dentista. Estudia una maestría en filosofía política. Tiene el poemario inédito Súmmum Malum.

¡Oh Aurora árabe!
Dile al usurpador de nuestra tierra
que el alumbramiento es una fuerza desconocida para él
Que la tierra cicatrizada
inaugura la vida
en el momento del alba
Cuando la rosa de sangre
florece en la herida.

Fadwa Tuqan (Palestina,1917-2003)

El Covid como sujeto político

El statu quo de ¨tranquilidad”, que si analizamos globalmente, se trata de sólo un intervalo, se ve arremetido de manera despiadada por esta crisis sanitaria, que se transforma de manera inminente en una económica, y  de facto promueve la construcción de un nuevo sujeto político, instalado en el preciso momento de la declaración de pandemia por la OMS.

(…) de facto promueve la construcción de un nuevo sujeto político, instalado en el preciso momento de la declaración de pandemia por la OMS.

De pronto nos encontramos ante un acontecimiento que se quedará inmerso en lo cotidiano, y que despoja, paradójicamente, a la palabra crisis de su lógica intermitente. Perplejos ante la incapacidad de tolerancia a la fatalidad, se declara la guerra a los discursos de “verdad” del todo lo puedo, del yo desvinculado; desposeídos ahora del discurso de felicidad, se nos presenta el virus con el don de la ubicuidad, pero poniendo al descubierto sólo el cuerpo de algunos.

El mundo pasó de alianzas político-económicas a desglobalización de industria sanitaria-científica; imperando la nacionalización del mercado. Este mandato reabre nuevamente contradicciones, debido a que la ciencia funcionaba totalmente globalizada, pero la razón política de sanidad mundial evidentemente no. Los ciudadanos se preguntan cómo es que en un mundo donde todo era posible con esfuerzo individual y dócil coaching, con circulación de dinero, economía de deuda y consumo y con crecimiento sostenido, nos encontremos ahora al pie de la ventana mirando al precipicio, y somos ahora muchos “los sin dientes”2Referencia privada para referirse a los pobres del expresidente Françoise Hollande..

Precisamente antes estas circunstancias los Estados murmuran soluciones casi apologéticas a la excepción, ostentando la prolongación de medidas coercitivas y de vigilancia, así como cuestiones como patentes de vacunas contra el virus flotan en el aire, y sólo quizás algunos piensen en soluciones que converjan al dialogo con cooperación y solidaridad. Como dice Yuval Harari «La humanidad tiene todo lo que necesita para contener y vencer esta epidemia; no estamos en la Edad Media, no es la peste negra, no es como si la gente estuviera muriendo y no tuviéramos ni idea, de qué los está matando y qué se puede hacer al respecto».

La racionalidad política, aún en medio de esta crisis, no deja de estar sustraída por el capital, y en lugar de fomentar el intercambio de conocimientos y la distribución de recursos y materiales, fragmentan las posibilidades de solución, en aras de proteger la competencia de bienes monetarios ante un virus que, si bien es democrático por el aire que se respira, no lo es las condiciones socioeconómicas. Habrá de admitirse la congruencia en la irracionalidad, si observamos, cómo algunas de las grandes potencias quitan presupuesto a la OMS en plena crisis.

El logro del capitalismo es haber encontrado la manera de hacer que “el desecho cuente”3Zupančič, Alenka. “When surplus enjoyment meets surplus value”. Justin Clemens & Russell Grigg (eds.). Jacques Lacan and the other side of psychoanalysis: Reflections on Seminar XVII. Durham y Londres, Duke University Press, 2006, p. 170.; pero en esta crisis se ha visto increpado en su lógica de irrefrenable valorización, así el límite de lo monetarizable se vuelve nítido, al mostrar los dolorosos rostros de lo invaluable.

El flujo económico, determinante ontológico

Los estados democráticos se subordinan a los mercados, gobiernan para ellos y su legitimidad corre la misma suerte de estos. Quedamos sumergidos a los imperativos de la conducta del mercado, que nos integra subjetivamente en los propósitos de la empresa, que se impregna de ese modo, en todo el cuerpo social; y en consecuencia quedamos emancipados de los social, de lo público, de lo colectivo.

En ese marco, el capitalismo se sirve de nuestras afecciones para reproducir las relaciones de producción. Así es como Marx, en base a sus lecturas de Spinoza, menciona cómo las estructuras están alojadas en los deseos, que son afecciones alegres si se componen en el conatus; que es así mismo ontología de la potencia y naturaleza intrínseca de cada cual de permanecer en su ser, pero también están las afecciones tristes o pasiones ajenas, como el miedo y la esperanza, más cercanas al lenguaje que usa el capital –que como nuevas formas de ideología- se nos presenta desde un discurso de Plus Placer como reverso de plus Valor4Lacan, Jacques, Le Seminaire, libre XVI, op.cit, p,17.; y que refiere a esa imposibilidad de acceder al placer sin el costo que ello signifique, a diferencia del aguijón del hambre, que toma la fuerza de trabajo por medio de la coerción. Se produce ahora como sumisión, a través de las esperanzas que están inscritas en la promesa del consumo5Frédéric Lordon, Capitalismo, deseo y servidumbre: Marx y Spinoza, Tinta Limón, 2015., de la misma forma. Desde la perspectiva de Lacan, el deseo deviene del otro, expresado en una filosofía que se opone directamente con el cogito, una ideología pensada como una construcción imaginaria, como la del reflejo de un niño en el espejo, que se reconoce en un sentido pleno, desde una falsa complitud, que se confronta inevitablemente con sus propios procesos incompletos y fragmentados y enajenados del yo;  marcándose así, una cicatriz por esa “falta”, que será llenada por el capitalismo.

Por consiguiente, para que se preserven las condiciones de producción, estas deben ser reproducidas desde una ideología dominante que aseguren su prevalencia. Althusser bajo el espectro de Marx, define que “la estructura de toda sociedad está constituida por niveles o instancias articuladas por una determinación específica; la infraestructura o la base económica y la superestructura que comprende instancias jurídicas e ideológicas, que usando como metáfora la figura de un edificio, sería insostenible sin una base sólida6Louis Althusser, Ideología y Aparatos ideológicos del estado, Ideología un mapa de la cuestión Slavoj Zizek compilador.. El autor nombra a estos difusores de ideología, como aparatos ideológicos del Estado, que se comprenden en el orden de lo privado y más allá del derecho y funcionan, no con violencia -ahí se asocia a la idea nuevamente de la promesa de felicidad – pero que sí censuran o adiestran, sin explicita severidad, sino por una armonía nociva. Así Spinoza se pregunta: “¿Por qué el pueblo es tan profundamente irracional?, ¿Por qué se enorgullece de su propia esclavitud?, ¿Por qué luchan por su esclavitud como si se tratara de la libertad?”7Guilles Deleuze, Spinoza filosofía y practica..

Se puede comprender entonces, que para el capitalismo, todo lo sólido se disuelve en el aire, no se pregunta por la justicia o la equidad, ni lo que es necesario y lo que es banal, promoviendo una economización implacable, que sólo puede verse realizada si atraviesan todos los planos de la vida, no discierne, “transformado el cuerpo en capital humano, que tiene un valor y hasta posicionamiento competitivo”8Wendy Brown, El pueblo sin atributos. 2017.. Entonces no es sólo un sistema de producción, sino una intromisión en todas las posibilidades del ser.

Si entendemos por ejemplo, en ideas de Brotons Navarro, que el recurso más utilizado que Séneca propugnaba, era la dignidad, no como una cualidad privativa, sino más bien como una característica esencial de la condición humana; o en Bentham, cuando mencionaba que la protección moral política debía sostenerse sobre la indefectible cualidad del sufrimiento; o para Aristóteles cuando expone que la dimensión política del hombre -que es justamente su sociabilidad- se basa en su incapacidad para tener una vida en plenitud autárquica; o según el filósofo Spinoza, cuando sustenta que a mayor conocimiento  adecuado de las cosas habrá mayor correspondencia con el bien común y cuanta más ética habrá más política, y que por lo tanto, el arte de la democracia descansa en vivir una vida con dignidad compartida; podemos observar que todas estas teorías que cimentan los derechos fundamentales, se ven confrontadas por el neoliberalismo, porque sin los medios necesarios para la realización del cumplimiento de necesidades básicas como la salud, no se puede cumplir la tan mentada igualdad de oportunidades; entonces la democracia como garantizadora de derechos, no existe.

(…) podemos observar que todas estas teorías que cimentan los derechos fundamentales, se ven confrontadas por el neoliberalismo, porque sin los medios necesarios para la realización del cumplimiento de necesidades básicas como la salud, no se puede cumplir la tan mentada igualdad de oportunidades; entonces la democracia como garantizadora de derechos, no existe.

Se califica todo a modo monetario, valorizando como inversión o gasto, categorías de la existencia humana, donde conceptos como dignidad, libertad, o justicia son solo abstracciones y ecos; en esta pandemia, quedan solo los vestigios de su ausencia como efectos desdemocratizadores, poniendo en juego nuestra propia existencia, que homologa la dignidad de vivir o morir a cualquier empresarialismo; sometiendo a la medicina a esta racionalidad, alejándola de su verdadera ontología.

Así la salud que debería ser adjetivada de invaluable, que tiene la connotación de derecho universal, también debe ser mercantilizada, y es amputada de su lógica fundamental de un telos, que debería ser en sí mismo, el restablecimiento de la salud de las personas y se equipará más bien, a otras techne que tienen un telos meramente productivo.

Cuerpos que no importan

La medicina es definida como “el arte de curar y su fin esencialmente humano”9Hans-Geor Gadamer, El estado oculto de la Salud, 1993., en donde la ética regiría la principal vía de relación con el paciente, y el arte de curar como fundamento del sentido hipocrático, que se rinde en lograr de forma perentoria el restablecimiento total de la salud, definida como la profesión más humana, con características fundamentales como responsabilidad social y eticidad”10Lain Entralgo, Historia de la Medicina, Salvat 1978., que tiene el fin esencial, de la realización plena de la persona.

La medicina, conceptualizada como ciencia humana que debería estar sujeta a un progreso científico, pero con un derrotero respaldado en la eticidad, comprendida en la autocorrección que deviene de una racionalización pensada desde el hombre como fin y nunca como medio, así en palabras de Aristóteles, concibe el deber del ser médico como: “Inventor de todo bien”.

Fue en Jonia donde nació la filosofía, y fue en dialecto jónico en que fueron encontrados los primeros escritos de medicina. Es por ello que el acento del juico de la medicina está inscrito en la concepción del ser humano en toda su dimensión, la medicina distinguiéndose de cualquier ciencia, porque debe mostrar su respeto profundo por el bien del hombre, Según el filósofo Hipócrates, el trabajo del médico se fundamenta en el exhaustivo conocimiento de la biología y fisiología humana y su propósito principal es volver al natural equilibrio de la salud de las personas. La salud era un bien altamente apreciado por los griegos, pues se inscribía en el ideal de lo bueno y lo bello11Juan Carlos Alby Universidad Nacional del Litoral Dirección: Santiago del Estero 2638 3000 Santa Fe Argentina..

El medico constituye su saber en entender por qué razón una curación tiene éxito, y estudia cada caso en su totalidad, por eso Gadamer denomina a la medicina como el arte de curar, que además cavila por lo más justo para el paciente, y regresar a la naturaleza sana, restableciendo la salud allí donde se ha visto perturbada: “De este modo la naturaleza es concebida como una entidad que se mantiene a sí misma dentro de sus propios carriles, este es el pensamiento básico de la cosmología jónica”. El médico debe entender al paciente, como esa persona que ha dejado de ser la que fue, que de pronto se aleja de primera situación de vitalidad, pero que pliega su confianza en el retorno hacia su sanidad.

Cabe preguntarse si los profesionales de la salud pueden entender que no existe una divisibilidad entre el cuerpo y la vida, y que el tratamiento del alma que padece es integrada al cuerpo.

Cabe preguntarse si los profesionales de la salud pueden entender que no existe una divisibilidad entre el cuerpo y la vida, y que el tratamiento del alma que padece es integrada al cuerpo. Ya lo menciona Norbert Elias cuando escribía que los médicos se especializan en ciertos órganos del cuerpo y ello los convierte en conocedores de procesos parciales de la persona, cuando lo que los pacientes necesitan son profesionales que se percaten del proceso completo, que capten su necesidad de afecto y pertenencia… si ellos -los médicos- tuvieran una visión más amplia, cobrarían conciencia de que la relación entre las personas tienen influencia en la génesis de los síntomas patológicos.

El tratamiento cuidadoso, sobrepasa los progresos alcanzados por la técnica moderna, los profesionales de la salud, deben preocuparse “por la mano que palpa, el oído fino, el ojo alerta que además se suma a una mirada consoladora que es esencial para la curación”.

Pero los propósitos virtuosos de la medicina se han infectado: “Su mejor expresión en el discurso capitalista, es su curiosa copulación con la ciencia”12Lacan Jacques el seminario 17 el reverso del psicoanálisis. Buenos Aires, Paidós 2015 p, 116., y entonces la medicina es sometida también a la voluntad del capital y difiere drásticamente de la concepción en nuestra contemporaneidad; donde la salud es objeto de consumo y donde se establece la creación de  instituciones económicas como intermediarias entre el paciente y el médico, con una falsa consigna de seguridad social, donde el comercio es lo que permanece como ideal, se negocia la salud deslegitimando el juramento hipocrático o promesa del médico. “La medicina se ha abandonado de su esencia humanista y la identidad profesional se tergiversó”13Ramon Cordoba palacio, La bioética y la práctica médica posmoderna, 2006., porque el capitalismo también se extendió a ella.

De hecho, es evidente cómo la industria farmacéutica en general se rige por un criterio que no tiene en absoluto que ver con evitar o terminar con el padecimiento de una enfermedad, sino más bien que se caracteriza por la preservación de las dolencias o angustias. La ideología neoliberal introduce el concepto del mercado, que tiene una apariencia de modernidad pero que reduce a las personas a sólo mercancías.

La publicidad nos recuerda el cuerpo, desde un miramiento invasivo de nuestras anomalías, las cuales serán refaccionadas por el consumo. Nuestra conciencia corporal estará sometida a la publicidad, y emerge cuando el cuerpo como tal ya no responde a lo establecido y a las exigencias del aparato de producción consumiendo tecnologías quirúrgicas que remodelan nuestros cuerpos bajo normas estéticas establecidas que configuran nuestra imaginación de manera probablemente inconsciente y alienada. En este sentido el cuerpo se convierte en mercancía. Así la cultura de la cirugía estética es un negocio masivo global; en las antípodas de la llamada medicina hipocrática.

Lamentablemente como podremos comprobar en los ejemplos puntuales siguientes, el problema de salud, no sólo se ve somatizado en esta pandemia. Más bien este cambio se produce, desde que la racionalidad económica es la que se impone sobre los principios supremos de lo eminente humano que debería tener la medicina.

Costo y Beneficio

El Provigil es un compuesto que tiene por efecto despertar al individuo y prolongar su estado de vigilia– ha tenido en los últimos años un enorme éxito de venta en los Estados Unidos, en tanto que, se corresponde con las exigencias del mundo laboral. Aunque originalmente Provigil obtuvo su licencia como un remedio para la narcolepsia, sus usos y su comercialización se han diversificado, como el uso por las tropas británicas en Irak, lo que abre un nuevo campo de aplicaciones insospechadas14Cfr.Jara, 2007, 286 ss.

Nótese, por ejemplo, en la obstetricia actual, el impresionante incremento de nacimientos por cesáreas, según un reciente estudio publicado en la revista médica The Lancet, el número de cesáreas casi se ha duplicado en 15 años, hasta alcanzar proporciones alarmantes. La cifra subió de 16 millones de cesáreas en 2000 hasta 29,7 millones en 2015. 

Es el caso, así mismo, de la enfermedad del sueño o tripanosomiasis, que mata unas 150.000 personas al año en África; pese a existir un fármaco para su tratamiento (Ornidyl), su producción y comercialización ha sido abandonada por razones financieras.

A comienzos de 2007 el Primer Banco Nacional del Líbano ofreció un nuevo producto, único en el Medio Oriente: préstamos para cirugías cosméticas. Dicho lanzamiento del producto fue aplazado debido a la guerra de Israel contra el movimiento Hezbolá en el Líbano, pero cuando la campaña publicitaria de estos nuevos préstamos comenzó, los procedimientos estéticos se duplicaron -no dejaré de mencionar que las publicidades de mujeres que invocaban a las operaciones eran rubias y blancas-. Datos recientes muestran que esta industria estaría cotizada entre 25 y 30 millones de dólares15Ferry Biedermann, “Loans for Plastic Surgery Answers Lebanon’s Yearning for Fresh Start”, Financial Times (8 May 2007).. Los asiáticos solicitan a sus cirujanos operaciones explicitas con la finalidad de agrandar sus ojos, afinar sus narices y aumentar sus senos –rasgos no característicos de ellos16Plastic extrema auge de la cirugía estética Anthony Elliott PhD..

Aterrizando al plano local

Para Gonzalo Portocarrero “la imagen está encuadrada en el discurso capitalista contemporáneo, pues ella trata de crear el deseo por mercancías cuyo consumo hará realidad la promesa de bienestar que la imagen cristaliza de manera tan contundente”. La crítica cultural muchas veces ha manifestado que estos anuncios son racistas, porque en efecto las características fenotípicas de los modelos tienen muy poco que ver con el fenotipo de la gran mayoría de peruanos, que en su mayoría, no son del prototipo caucásico, sino más bien trigueño. No es en absoluto difícil poder asociar la hipótesis de Portocarrero, al aumento exorbitante de clínicas estéticas en el País: para este caso no existe la centralización de la medicina.

El 80% de los cirujanos estéticos laboran en clínicas privadas quedando los hospitales desabastecidos de profesionales, que tendrían una gran labor para cirugía reconstructiva de personas con quemaduras graves, por ejemplo; pero la motivación humanística no es suficiente174 / edición 60- año v – 2016 / www.diariomedico.pe.

Así también , es imposible dejar de mencionar cómo habiendo existido un crecimiento sostenido en nuestro país, según cifras del Banco Mundial, registramos un gasto público en salud per cápita, por debajo del promedio de América Latina. Además, América Latina como región, representa aproximadamente el 1% de la producción científica del mundo y de está, Brasil, Argentina, Chile, y México representan el 86%18Anales de la facultad de medicina ISSN, UNMSM, Vol 58, 1998.. Ante las políticas de ajuste estructural de los años 90, tuvimos efectos devastadores en las redes de trabajo científico, donde no nos queda más que replicar la tecnología del primer mundo que nos lleva a tener una industria tipo réplica, donde producimos insumos en materia prima, con casi nula industria médica tecnológica19Villegas R, Cardoza América Latina, Informe Médico sobre la ciencia. UNESCO, 1995 pág. 29-43..

Cabe destacar también que, Carlos Rodríguez-Pastor controla el 83% de las ventas por boticas, donde la azitromicina, un antibiótico necesario para aliviar los síntomas del Covid 19, es vendida hasta en 12 soles cuando su precio de costo es de 15 centavos por tableta, evidentemente la salud es mostrada como una mercancía más.

El virus que nos arremete en esta pandemia tiene una tasa de mortalidad que puede llegar a ser hasta del 4%20https://saludconlupa.com/noticias/la-gripe-versus-el-covid-19/, además una posibilidad importante de tener secuelas de pérdida de capacidad pulmonar de hasta el 30% 21https://www.elconfidencial.com/espana/coronavirus/2020-04-14/secuelas-coronavirus-covid19_2548163/. Los factores de riesgo que pueden causar muerte o daños irreparables van desde la hipertensión, diabetes, desnutrición y edad avanzada -como dato importante estos dos últimos factores se conjugan, ya que la prevalencia de desnutrición en ancianos que vive en comunidad puede llegar a tazas del 21%22http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1018-130X2013000300002.-. Así, estos datos nos grafican la crisis sanitaria, donde en los “picos”, las infraestructuras hospitalarias no podrán sostenerse. El síntoma de la precarización de nuestro sistema se revela sin tapujos, con la escasez en suministro de alcohol en gel, mascarillas, jabón, guantes, entre otros, y más aún en los imprescindibles kits de diagnóstico.

Hemos pretendido demostrar cómo la medicina y la salud de las personas tienen un lugar no privilegiado dentro de la racionalidad de la política económica, y cómo el rol del Estado juega un papel de la menor intervención en estos temas.

Nos hemos enfrentado a un sistema que ha dejado al desnudo la crisis del capitalismo, y como dice el politólogo Andrés Malamud, ¨el mercado manda y los políticos se someten¨. Así el Covid 19, se ha presentado como un golpe, esperemos sino definitivo, mínimamente reflexivo, a una sociedad y sus instituciones ya precarizadas.

Algo tiene que pasar

Hemos pretendido demostrar cómo la medicina y la salud de las personas tienen un lugar no privilegiado dentro de la racionalidad de la política económica, y cómo el rol del Estado juega un papel de la menor intervención en estos temas. Así no es posible hablar de la posibilidad de alcanzar dignidad y justicia, porque nos encontramos ante un sistema de salud que sigue subsumido al imperativo de la lógica económica; también queremos destacar que en esta pandemia el hecho de la muerte digna y los afectos -que deberían ser brindados a los enfermos- están excluidos también de los alcances de la medicina.

Esta crisis nos demanda ponernos en un lugar en la línea divisoria, “En donde están los que esperan que todo siga igual y lo que esperan que todo cambie”. La medicina como principio, no puede ser un bien de consumo para los intereses de unos pocos, sino que debe ser practicada como posibilitadora de equidad y dignidad.

Esta crisis nos demanda ponernos en un lugar en la línea divisoria, “En donde están los que esperan que todo siga igual y lo que esperan que todo cambie”. La medicina como principio, no puede ser un bien de consumo para los intereses de unos pocos, sino que debe ser practicada como posibilitadora de equidad y dignidad. Las consecuencias de esta pandemia aún no las sabemos, pero de lo que podemos estar seguros es que el sufrimiento traerá secuelas. Así mismo, esta situación de crisis nos debería permitir reflexionar en la posibilidad de pensar una sociedad formada por un conjunto de hombres y mujeres que se compongan para formar un todo más igualitario y alegre, donde “se vuelva a experimentar la potencia de una multitud libre”, de una multitud sana.


[1] Cirujano dentista. Estudia una maestría en filosofía política. Tiene el poemario inédito Súmmum Malum.

[2] Referencia privada para referirse a los pobres del expresidente Françoise Hollande.

[3] Zupančič, Alenka. “When surplus enjoyment meets surplus value”. Justin Clemens & Russell Grigg (eds.). Jacques Lacan and the other side of psychoanalysis: Reflections on Seminar XVII. Durham y Londres, Duke University Press, 2006, p. 170.

[4]Lacan, Jacques, Le Seminaire, libre XVI, op.cit, p,17

[5] Frédéric Lordon, Capitalismo, deseo y servidumbre: Marx y Spinoza, Tinta Limón, 2015

[6] Louis Althusser, Ideología y Aparatos ideológicos del estado, Ideología un mapa de la cuestión Slavoj Zizek compilador

[7] Guilles Deleuze, Spinoza filosofía y practica

[8] Wendy Brown, el pueblo sin atributos 2017

[9] Hans-Geor Gadamer, El estado oculto de la Salud, 1993

[10] Lain Entralgo, Historia de la Medicina, Salvat 1978

[11] Juan Carlos Alby Universidad Nacional del Litoral Dirección: Santiago del Estero 2638 3000 Santa Fe Argentina

[12] Lacan Jacques el seminario 17 el reverso del psicoanálisis   buenos aires Paidós 2015 p, 116

[13] Ramon Cordoba palacio, La bioética y la práctica médica posmoderna, 2006

[14] Cfr.Jara, 2007, 286 ss

[15] Ferry Biedermann, “Loans for Plastic Surgery Answers Lebanon’s Yearning for Fresh Start”, Financial Times (8 May 2007).

[16] Plastic extrema auge de la cirugía estética Anthony Elliott PhD.

[17] 4 / edición 60- año v – 2016 / www.diariomedico.pe

[18] Anales de la facultad de medicina ISSN, UNMSM, Vol 58, 1998

[19] Villegas R, Cardoza América Latina, Informe Médico sobre la ciencia. UNESCO, 1995 pág. 29-43

[20] https://saludconlupa.com/noticias/la-gripe-versus-el-covid-19/

[21] https://www.elconfidencial.com/espana/coronavirus/2020-04-14/secuelas-coronavirus-covid19_2548163/

[22] http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1018-130X2013000300002.

Perú

LA ESTRATEGIA DEL MIEDO

Diego Lazo Herrera

No hay persona que, en algún grado, no sienta fascinación por el miedo, por eso disfrutamos viendo películas de terror, leyendo las novelas de Stephen King, haciendo puénting o recorremos la Casa del Horror y nos subimos a juegos mecánicos que nos provocan pánico. El miedo es, junto con el deseo, una de las emociones más poderosas en el ser humano y por esto, si es instrumentalizado, una de las más eficaces herramientas de manipulación que puedan existir. Muchas veces no nos percatamos, pero el miedo determina varias de las decisiones que tomamos, por ello los políticos apelan al miedo para movilizar instintivamente a las personas.

En las últimas semanas, hemos visto como una persistente campaña en redes sociales contra la telefonía celular, motivó el incendio de una antena y el secuestro de un equipo de ingenieros enviados a Huancavelica. La mentira difundida hasta el cansancio por las redes sociales que llegan, irónicamente, gracias a esa misma antena, afirmaba que la tecnología 5G produce cáncer y baja las defensas, haciendo más fácil el contagio de coronavirus. Otra teoría de conspiración que se está difundiendo con fuerza, es la que asegura que existe un plan diabólico, orquestado por la OMS y Bill Gates, para insertar chips en las vacunas de millones de niños. Para muchos resulta ridículo, pero las campañas antivacunación y contra el 5G han sido retuiteadas hasta el cansancio por personajes famosos como Enrique Bunbury o Miguel Bosé, que tienen gran capacidad de difusión. El bulo ha sido repetido en una homilía por el cardenal español Cañizares, quien afirmó que las vacunas “son obra del diablo” porque se obtienen gracias a células de niños abortados. Por supuesto, no sustentó su afirmación con investigación alguna, pues no le hace falta, basta con apelar al “Nuevo Orden Mundial”; la nueva mazamorra ideológica donde se mezcla casi todo, al gobierno socialista español, el “neomarxismo”, el enfoque de género, George Soros, las antenas 5G, las vacunas, la OMS ya Bill Gates.

Varias organizaciones de derecha siempre han apostado por la estrategia del miedo para batallar políticamente. Tanto en la derecha liberal vargasllosiana como en la derecha ultraconservadora de Con Mis Hijos No Te Metas, hay ejemplos de instrumentalización del miedo. Recientemente, el nobel arequipeño ha criticado con dureza la supuesta censura “Lo que el viento se llevó”, cuando fue retirada momentáneamente de una plataforma de streaming, para incluir en su transmisión un aviso que aclarara el contexto racista en el que se desarrolla la historia del filme. Aunque este hecho está muy lejos de ser una censura, porque la película ya ha sido repuesta y durante su breve retiro de HBO, estuvo disponible en DVD y otros formatos, para el escritor peruano, esto plantea una censura inaceptable, que nos llevará inevitablemente la prohibición de libros y películas. Vargas Llosa exagera ahora y cada cierto tiempo hace lo mismo. Constantemente apela a la falacia de la pendiente resbaladiza, para vaticinar que cualquier medida que restrinja un ápice la libertad, nos precipitara a un abismo de tiranías.

Esta misma lógica del miedo, la hemos visto cuando se han tildado de “chavistas” a todos los candidatos presidenciales de izquierda en Iberoamérica. Desde Pablo Iglesias en España, hasta la chilena Beatriz Sánchez del Frente Amplio, pasando por Verónika Mendoza y Gustavo Petro en Colombia, a todos se les ha echado la cruz encima, advirtiendo que, de ganar, mutarán en Maduro e impondrán una dictadura.

Junto a lo de chavista, la estrategia del terruqueo también se ha utilizado en España, en Colombia y constantemente en el Perú. El intento de censura de la película “Río Profundo” sobre la vida de Hugo Blanco, nuevamente ha explotado el miedo al terrorismo, que ha sido uno de los principales elementos en las campañas de la derecha peruana, pues siempre ha sido negocio para gente como el hoy encarcelado general Donayre, el fujimorismo y Phillip Butters.

El caso de la campaña CMHNTM es el más grosero ejemplo de explotación del miedo. Angélica Motta en el libro “Develando la retórica del miedo de los fundamentalismos”, explica que bajo el lema “salvemos a nuestros hijos”, esta campaña ha tratado de generar pánico frente a un supuesto “reclutamiento homosexual”, apelando a la ansiedad colectiva como principal movilizador. Esta misma ansiedad es trasladada al campo económico por los defensores del neoliberalismo para sostener el “piloto automático” y frenar cualquier reforma, por más pequeña que sea, porque, incluso sin son diminutas, atentan contra la absoluta y total libertad de mercado. En cada proceso electoral, somos testigos de los pánicos generados por los gremios empresariales para asegurarse de que ninguna medida de intervención estatal, ni siquiera para eliminar monopolios, se concrete. La retórica del miedo siempre resultará útil para generar pánico y ansiedad, de modo que, providencialmente, aparezcan figuras políticas y mediáticas que prometan apaciguar ese terror, prometiendo imponer orden, tanto económico como social, e impedir cualquier posibilidad de cambio. El miedo y las derechas llevan décadas de una eficaz convivencia y persistirán en utilizar la mejor herramienta que han encontrado en mucho tiempo, bien sea para tirarse abajo antenas, frenar la homosexualización de niños o “disciplinar” la economía de un país.

Perú

LOS PUEBLOS INDÍGENAS ENTRE CONSULTAS VIRTUALES Y EL COVID-19

Natalí Durand Guevara 1Antropóloga, candidata a doctora en antropología por la Universidad Iberoamericana, Docente UNMSM.

Cuando un awajun nace entierran su cordón
umbilical en la puerta de su casa,
porque mueran donde mueran siempre volverán a casa.
(mito awajún, las ausencias siguen aumentando)

Transcurridos más de cien días desde que el Estado decretó el Estado de emergencia por la expansión de la pandemia Covid-19, si hay algo que está mal desde el inicio es cómo el Gobierno viene tratando a los pueblos indígenas; la ayuda tarda en llegar o no llega, cada día se registran más contagios y se suman más muertes. Ante esta indiferencia e inacción, los diversos pueblos de la amazonía se vienen organizando y apelan a la solidaridad para poder comprar medicinas o el bien más preciado en estos tiempos: “oxígeno”, demandando también al Estado ser beneficiarios de los Bonos ofrecidos.

Diversos líderes indígenas, con el avance de la pandemia y sabiendo que son parte de la denominada población riesgo, han solicitado en repetidas oportunidades al Estado que no los deje desprotegidos. Esta vulnerabilidad responde a motivos como el cambio de su dieta tradicional (yuca, pescado, carne de monte, frutas, etc) por productos altos en carbohidratos y azucares los cuales traen enfermedades como diabetes, la presión alta y la anemia; las condiciones precarias de higiene pues no se cuenta con agua potable solamente entubada (sin tratar); servicios higiénicos poco adecuados (no se tienen baños con letrinas, duchas, lavabo, etc.) convirtiéndose en un foco infeccioso. A ello se suma el difícil acceso al territorio, con carreteras en mal estado, que no llegan a los centros de las comunidades y hacen que sea letal trasladar a un paciente enfermo al centro médico más cercano, sobre todo en enfermedades como el Covid-19 donde la falta de oxígeno puede matar en cuestión de segundos.

Pese a este desolador panorama, la titular del MEF María Antonieta Alva, que no ha dudado en favorecer a los empresarios con programas como “Reactiva Perú”, recién mencionó a los pueblos indígenas la semana pasada, esta vez para lanzar la brillante idea de realizar “Consultas Previas Virtuales”. Esto parece una broma (y de muy mal gusto) por diversos motivos, pasaremos a explicar algunos.

* Todo tipo de acuerdo emana de una decisión comunal generalmente tomada en asamblea; desde el acuerdo más pequeño (limpieza del local comunal, fiesta de la comunidad, campeonatos deportivos, etc) hasta los que implican decisión sobre su territorio. Estas asambleas se realizan mayormente los domingos y cuentan con la participación todas las personas de la comunidad, en este espacio se discute, se debate, se escuchan las demandas y las quejas de los pobladores y de ser necesario se sanciona2Una de las sanciones que es utilizada con frecuencia por los pueblos de la amazonía es el “hichango”, a la persona que ha cometido una falta se le golpea con esta planta la cual produce comezón y ardor en el cuerpo, depende de la falta que haya cometido la sanción será más dura, estas tienden a ser inmediatas, resolviéndose siempre en la asamblea comunal.; no es posible llegar a una decisión sin ser consultada por todos y todas. 

* No existen recursos disponibles; son muchas las comunidades indígenas que cuentan con electricidad, algunas tienen algunas horas del día, otras utilizan paneles solares y el motor para cargar algunos artefactos, mayoritariamente una radio; la señal de internet es un bien esquivo a veces capta señal en medio del río o bajo un árbol de mangos; convirtiéndose en el punto de encuentro de los jóvenes de las comunidades. Tampoco se cuenta con computadoras, en el mes de abril3https://www.gob.pe/institucion/presidencia/noticias/126149-presidente-vizcarra-gobierno-adquirira-mas-de-840-mil-tablets-para-destinarlas-a-los-estudiantes-de-la-zona-rural-y-urbana-en-situacion-de-pobreza el gobierno prometió a las escuelas “Tablets” para que los menores puedan realizar las clases de manera virtual, y para que los padres vieran si les correspondía algún tipo de ayuda del Estado; una bonita iniciativa, pero hasta el día de hoy parece no haberse concretado.

* La intencionalidad de favorecer grandes capitales; en medio de la tragedia y la muerte que ronda a causa del Covid-19 se busca otorgar concesiones a proyectos extractivistas vulnerando aún más su territorio y la salud de las poblaciones afectadas.

Las diversas organizaciones indígenas han rechazado este proyecto emitiendo un pronunciamiento colectivo4http://www.caaap.org.pe/website/2020/07/03/rechazo-frontal-a-la-consulta-previa-virtual-porque-va-contra-el-dialogo-intercultural-y-vulnera-el-consentimiento-previo-libre-e-informado/?fbclid=IwAR1yO3I5EiULU9yWCoazd-w9RuShKy0hhkISyN-0BmapZEsrHp6Db6uc-VA y deben ser respaldadas desde todos los ámbitos posibles. No se pueden seguir vulnerando sus derechos y peor aún aprovechándose de esta crisis para impulsar proyectos que las diversas comunidades han rechazado, incluso con levantamientos que han costado la vida de diversos dirigentes en defensa de su territorio.

El territorio awajum y la pandemia

Uno de los levantamientos amazónicos más recordados es el llamado “Baguazo” en el año 2009, el cual dejó 33 muertos (23 policías y 10 pobladores entre ellos 5 indígenas) 1 policía desaparecido, 200 heridos (Informe de la Defensoría del Pueblo). Este levantamiento se dio con el fin de derogar los paquetes legislativos decretos legislativos5https://www.servindi.org/actualidad/5532 1064, 1080, 1081, 1089 y 1090 los cuales vulneraban sus derechos sobre el uso de su territorio. Gracias a este levantamiento no solamente se logró la derogatoria de estos decretos, sino también, que por fin se promulgó y reglamentó la “Ley de la Consulta Previa, Libre e Informada”.

El líder awajún Santiago Manuin, fundador del Consejo Aguaruna Huambisa, fue uno de los heridos en el Baguazo recibiendo ocho balazos por parte de la policia en dicho levantamiento y, como otros muchos y muchas awajún y wampís que se levantaron, fue sometido a largos juicios que los debilitaron económica pero también anímicamente; juicios que duraron años y de los cuales lograron salir absueltos.

Manuin, venía pidiendo constantemente que el Estado no los deje desprotegidos en medio de esta pandemia “A los hermanos/as peruanos/as, en especial a los pueblos indígenas Amazónicos y Andinos. Ante todo, quiero expresar mi profundo sentimiento y preocupación por la situación de salud que esta atravesando el mundo y en especial nuestro país6Santiago Manuin, 22 de marzo 2020.”…pero su llamado no fue escuchado.

El primero de julio, Santiago Manuin, así cómo Francisco Juwau primer alcalde awajún de Condorcanqui, fallecieron víctimas del Covid-19 otra vez abandonados por el Estado, dos luchadores por la vida y por la tierra volvían a los brazos de Ajutap. Al igual que la mayoría de distritos y comunidades de la selva, Condorcanqui no cuenta con un hospital que tenga las medidas mínimas para poder atender a los pacientes de Covid-19; los cuales se ven obligadas a gestionar diversas ayudas. Por ejemplo, la iglesia de Condorcanqui y particularmente el párroco de Nieva, está liderando una campaña para comprar una planta de oxígeno que atienda a los pacientes que día a día van aumentando.  Estas iniciativas se han replicado también en Ucayali y Loreto, siendo la implementación de plantas de oxígeno medicinal de vital importancia pues el traslado de una ciudad mediana a un hospital equipado puede tardar más de 10 horas, que hace imposible que los pacientes de Covid-19 resistan el traslado, muriendo en el trayecto. A las comunidades solo les queda apelar a la solidaridad, ya sea de iglesias, artistas, antropólogos, músicos, etc, pues ya ha estas alturas se han resignado a que el Estado no les brinde algún tipo de ayuda oportunamente.

Lamentablemente, tampoco el Viceministerio de Interculturalidad del Ministerio de Cultura ha tenido una adecuada respuesta a esta crisis, demostrado inoperatividad ineficiencia y poco conocimiento del tema. En tal sentido, ha promulgado normas como el DL 1489, el cual como bien señala el antropólogo Alberto Chirif “no solo es insignificante para atender la emergencia creada por el COVID-19 en las comunidades indígenas del país, sino que además contiene medidas equivocadas que demuestran la falta de conocimiento de sus gestores acerca de la realidad nacional”7http://www.caaap.org.pe/website/2020/05/25/control-comunal-vs-desconcierto-estatal/?fbclid=IwAR1s8af4PTdOP43RxWNJJomO9yGDEXoMCKSq7t1-iEZSwepJzMSgEHrml1M, sin un plan claro y sin siquiera atender las propuestas realizadas por las organizaciones indígenas.

A manera de Epílogo: Hoy la amazonía se viene tiñendo de enfermedad y muerte. En las diversas ciudades, pueblos y comunidades los contagios aumentan, los muertos aumentan, cada día llegan nuevas desalentadoras noticias sobre el fallecimiento de más sabios y luchadores a causa del COVID-19. Recordemos por ejemplo al profesor Shimpukat, el comunicador Kinin, el alcalde de Masisea Silvio Vallés Lomas, el presidente de Feconatiya8Federación de Comunidades Nativas Ticuna y Yagua del Bajo Amazonas., Humberto Chota; los líderes Santiago Manuin, Carmen Wasmit, Francisco Juwau, Mélida Yanua entre tantos otros y otras. Es duro y triste, pero nos quedan sus lecciones, las historias compartidas, los saberes entregados a sus pueblos. Esperamos que sus espíritus vuelvan a su tierra que amaron y defendieron; esperamos, además, que no se sigan vulnerando sus derechos y que la ayuda estatal tan necesaria llegue antes que sigamos sumando nombres a esta terrible lista.


[1] Antropóloga, candidata a doctora en antropología por la Universidad Iberoamericana, Docente UNMSM.

[2] Una de las sanciones que es utilizada con frecuencia por los pueblos de la amazonía es el “hichango”, a la persona que ha cometido una falta se le golpea con esta planta la cual produce comezón y ardor en el cuerpo, depende de la falta que haya cometido la sanción será más dura, estas tienden a ser inmediatas, resolviéndose siempre en la asamblea comunal.

[3] https://www.gob.pe/institucion/presidencia/noticias/126149-presidente-vizcarra-gobierno-adquirira-mas-de-840-mil-tablets-para-destinarlas-a-los-estudiantes-de-la-zona-rural-y-urbana-en-situacion-de-pobreza

[4] http://www.caaap.org.pe/website/2020/07/03/rechazo-frontal-a-la-consulta-previa-virtual-porque-va-contra-el-dialogo-intercultural-y-vulnera-el-consentimiento-previo-libre-e-informado/?fbclid=IwAR1yO3I5EiULU9yWCoazd-w9RuShKy0hhkISyN-0BmapZEsrHp6Db6uc-VA

[5] https://www.servindi.org/actualidad/5532

[6] Santiago Manuin, 22 de marzo 2020.

[7] http://www.caaap.org.pe/website/2020/05/25/control-comunal-vs-desconcierto-estatal/?fbclid=IwAR1s8af4PTdOP43RxWNJJomO9yGDEXoMCKSq7t1-iEZSwepJzMSgEHrml1M

[8] Federación de Comunidades Nativas Ticuna y Yagua del Bajo Amazonas.

Perú

FANTASMAS Y MEMORIAS

HUGO BLANCO Y EL PERÚ DE AYER, HOY Y MAÑANA.
Ramón Pajuelo Teves

Los personajes históricos adquieren diversos significados y dimensiones como parte de la construcción de memorias en torno al pasado. Más aún cuando se trata de un pasado reciente cuyos protagonistas aún viven. Generalmente, dichos significados corresponden solo parcialmente a la verdad histórica, enredada en gran medida por la proximidad de las situaciones y circunstancias del ayer inmediato. La necesidad de elaborar discursos destinados a legitimar acciones y luchas del presente, alimenta distintas maneras de recordar, de elaborar memorias sobre los sucesos ocurridos. Se trata de imágenes entrecruzadas con los relatos historiográficos, pero que resultan sustancialmente distintos (estos tampoco son homogéneos, pero ofrecen interpretaciones del pasado basadas en análisis pacientes y, hasta donde resulta posible antes del avance de las brumas del tiempo, el cotejo de sólidas evidencias documentales, testimoniales y de otro tipo). Una de las herramientas más útiles con que cuentan los historiadores para traspasar los condicionamientos que impone el paso del tiempo, es la reconstrucción de lo que podemos denominar como presente histórico: ¿Cómo fue el presente o actualidad que vivieron los propios protagonistas y que otorgó sentido a sus acciones? Esta aproximación al pasado puede resultar, irónicamente, más difícil cuando se trata de acontecimientos recientes, pero no resulta imposible, y puede verse enormemente facilitada por el recurso a fuentes de información únicas, como son los recuerdos de los protagonistas.    

No existe una sola verdad histórica y, en ese sentido, resulta muy difícil hablar de la existencia de algún lado correcto (o incorrecto) del propio sentido de la historia. Quienes juzgan el pasado desde su propio presente, desde el privilegio de una perspectiva despreocupada por considerar diversas ópticas y posibilidades históricas, pero sobre todo sin la mínima distancia que otorga el paso del tiempo, terminan supeditando sus explicaciones a las urgencias inmediatas de sus propias circunstancias. De allí que muchas veces existan diversas maneras de recordar y comprender el pasado. Distintas memorias. Más aún cuando se trata de un pasado que aún resulta cercano. Pero el arte de la Historia como disciplina social, del acercamiento más fidedigno posible a una verdad histórica, no se circunscribe a los (inevitables) juicios éticos y políticos de quienes recuerdan el pasado. El discurso histórico no se agota en las memorias. Se sostiene más bien en la operación historiográfica que conduce a reconstruir, hasta donde resulta posible, un tiempo que ya no existe, cotejando los recuerdos y perspectivas actuales en relación a otros datos disponibles, así como a las propias lógicas de acción de quienes vivieron en carne propia los acontecimientos.

El discurso histórico no elabora verdades definitivas, pero tampoco deja de juzgar los hechos del pasado desde el presente particular que nos permite comprender y valorar los sucesos. Dicha mirada no se agota en los recuerdos de los actores directos. Más bien se dirige a elaborar interpretaciones explicativas, que pueden coincidir o discrepar con otras, pero también con las diversas memorias existentes. Queda claro que la objetividad historiográfica no es sinónimo de relativismo. Sin embargo, al compartir fronteras delicadas con las memorias sobre el pasado, puede caer en el error irreparable de confundirse con ellas. Se trata justamente de delimitar sus propios alcances y contenidos respecto a las memorias, en tanto forma de conocimiento, en tanto discurso peculiar sobre el pasado.

Motiva estas reflexiones la polémica desatada en torno al documental Hugo Blanco, río profundo.1Película documental de 109 minutos, dirigida por Malena Martínez Cabrera, estrenada en agosto de 2019. Nuevamente, un grupo de militares y activistas fujimoristas, contando con el eco de cierta prensa neoliberal que concibe su función como maniobra permanente de información en pos de la defensa del modelo, pretende imponer sobre el conjunto del país su sesgada visión sobre la historia reciente. Se trata de una burda manipulación del pasado, con el fin de justificar una posición supuestamente correcta en torno al episodio de violencia, autoritarismo y represión que condujo al establecimiento del actual orden neoliberal. Vale remarcar esto: en el fondo, lo que les preocupa tanto no es la memoria de las luchas campesinas por la tierra, encarnadas en un personaje vivo de nuestra historia, sino más bien la restauración de la aureola de legitimidad que rodeó al fujimorismo y aún cobija el orden neoliberal. Buscando encumbrarse a la posición de censores, poseedores de una verdad absoluta, se hallan empeñados en silenciar toda manifestación de la cultura de izquierda en el país. Así, ahora intentan presentar a Hugo Blanco como terrorista, convirtiendo al reciente documental sobre su vida en un delito de apología del terrorismo. Desde esa lógica, denuncian el supuesto escándalo de un financiamiento estatal para la producción de un documental que sería lesivo a los intereses nacionales. Una suma de mentiras envueltas bajo la figura de un destape moral. Para ello, con el fin de justificar su caza de brujas, utilizan un hecho sumamente sensible: la muerte de policías durante las tomas de tierras ocurridas en La Convención a inicios de la década de 1960, de las cuales Blanco fue el principal dirigente.   

Como otras veces, los ataques de estos nuevos inquisidores ocasionan mucho daño. Alimentan una grosera tergiversación de sucesos históricos de honda significación humana y política. Pero también generan el efecto contrario. Gracias a la campaña de desprestigio, el documental ha ganado mucha más audiencia, y ni siquiera la pandemia del Covid-19 ha logrado obstaculizar el interés que ahora despierta, reflejado inclusive en proyecciones realizadas a través de nuevos recursos virtuales disponibles en la actualidad (streaming). Algo parecido ocurrió hace unos años, cuando se acusó a la revista Ojo Zurdo de ser una publicación vinculada a la subversión y el terrorismo (que en el Perú neoliberal han terminado convertidos en sinónimos). Gracias a los ataques y al intento de censura se agotaron los ejemplares de los dos primeros números de la revista, y la multiplicación de lectores otorgó mayor difusión a un medio que sencillamente no ha cesado de insistir en la urgencia de reinventar el horizonte socialista y democrático, como base de futuro para la izquierda peruana.2Al respecto puede verse en diversos recursos en línea: Comité Editorial de Ojo Zurdo, “Sobre el reportaje de Sin Medias Tintas acerca de Ojo Zurdo N° 2”, Lima, 31 de octubre de 2016. También el ideario de “Presentación” de Ojo Zurdo, N° 1, Lima, junio de 2016.

Esta vez, el intento de manipulación de la memoria histórica ya no se centra directamente en el episodio atroz de violencia que enlutó al país durante las dos décadas finales del siglo XX. Pero sus instrumentos y objetivos -especialmente la idea de terrorismo y la búsqueda de notoriedad política con miras hacia las próximas elecciones-, siguen apostando a capitalizar el miedo que sostiene la memoria victoriosa impuesta a los peruanos en torno a ese trágico episodio nacional. Se trata de una memoria hegemónica convertida en gran medida en sentido común, que desde la década de 1990 convirtió el miedo y rechazo al terror en un ingrediente útil para el sostenimiento político de un régimen dictatorial. Y que luego de la estrepitosa caída del fujimorismo, ha seguido funcionando para prolongar, por encima del posterior momento de alternancia política, un modelo de desarrollo neoliberal extremo (el mismo que ahora, en medio de la crisis global del nuevo coronavirus, simplemente hace aguas, exhibiendo con toda crudeza la inhumanidad del modelo).3Sobre la crisis desatada por la pandemia del Covid-19 en Perú puede verse: Ramón Pajuelo, “El momento más grave… Perú en la crisis global de nuevo coronavirus”. Ojo Zurdo N° 9. Lima, mayo 2020. Disponible en: https://revistaojozurdo.pe/elmomentomasgrave/

Algunos analistas piensan que desde la izquierda peruana la crítica al neoliberalismo se ha convertido en un estribillo que impide considerar los antecedentes históricos de los problemas peruanos. Plantean rastrear el fracaso de las promesas que albergaron la creación del Estado peruano, a fin de recuperar una agenda republicana como base para una agenda de futuro.4Alberto Vergara, “La crisis del Covid-19 como Aleph peruano”. Lima, junio 2020. Disponible en: ciup.up.edu.pe/analisis/la-crisis-covid-19-como-aleph-peruano/ Lamentablemente, cometen el desliz inverso: terminan minimizando la dimensión del orden neoliberal, de cara a una agenda política que no traspasa las fronteras de un liberalismo democrático bien intencionado. El neoliberalismo no se agota en el funcionamiento de la economía y las instituciones políticas, sino que consiste en un modelo de convivencia social mucho más amplio, que incluye por ejemplo una profunda transformación sociocultural, evidenciada en formas de conducta y sentidos comunes bastante arraigados. Se trata de un régimen de estructuración de la vida social que en Perú terminó configurando un nuevo ciclo histórico. El sistema sociopolítico vigente en el Perú actual, proviene justamente de la “revolución” neoliberal que una alianza político/empresarial/militar impuso en el país, sobre los escombros de la violencia y una honda crisis de representación social y de los partidos. Contrariamente a lo que observa Alberto Vergara, la dificultad central de la izquierda actual radica más bien en haberse quedado atrapada en su propio pasado, sin poder articular un proyecto coherente, capaz de abarcar críticamente toda la dimensión del orden neoliberal (ello explica, por cierto, que algunos sectores de izquierda levanten ahora, con inexplicable nostalgia, la figura de Velasco como ejemplo a seguir, olvidando que el velasquismo fue un régimen que si bien aplicó algunas medidas progresistas, fue esencialmente autoritario y corporativo en su control del tejido social). Por lo demás, resulta ingenuo apreciar un discurso anti-neoliberal capaz de dejar en el tintero los problemas históricos nacionales de largo plazo. Vergara y otros intelectuales liberales parecen buscar angustiosamente una alternativa de regeneración política de centro derecha en el país, ensalzando el republicanismo decimonónico. No solo realizan un vaciamiento poco cuidadoso de la idea de neoliberalismo, sino que caen en el error de reducir el republicanismo a sus aspectos liberales. Urge recuperar una discusión en torno a los alcances más amplio del republicanismo, en tanto promesa inconclusa de construcción nacional y estatal en el Perú. Aunque aún es pronto para hablar de un nuevo republicanismo neoliberal, es posible que dicho discurso asome con vistas a la próxima conmemoración del bicentenario.

Pero volvamos al tema central. No es casualidad que ahora un grupo de periodistas ultra conservadores, ex militares fujimoristas y políticos de derecha, inquietados por las inocultables limitaciones del modelo neoliberal en medio de la pandemia del Covid-19, intenten resucitar el fantasma del terrorismo, esta vez en torno a la figura de Hugo Blanco. El terruqueo se ha convertido en el deporte mediático de un sector retrógrado, neoliberal, autoritario, empeñado en perseguir a una izquierda que solo en su desesperación e irrealismo constituye una amenaza al sistema. Tras el telón de sus pataletas mediáticas, más allá de sus cortinas de humo esporádicas contra personajes, agrupaciones y diversas formas de expresión cultural de izquierda, se agazapa su real preocupación por no perder el terreno político (y los consecuentes beneficios) que usufructuaron en el país desde la década de 1990. Se entiende así que entre dichos censuradores, figuran ciertos personajes que justifican, o bien se hallan comprometidos directamente, en casos de crímenes y violaciones a los derechos humanos cometidos durante los años de violencia y dictadura. Pero su limitada visión de cosas les lleva a desnaturalizar la noción universal de derechos humanos: para ellos sencillamente existen abusos justificables y vidas desechables.          

Como muestra el caso de Hugo Blanco, en el Perú de estos días la acusación de terrorista puede proyectarse como por arte de magia hacia el pasado. Al terruqueo no le importa un mínimo de objetividad histórica: simplemente busca subsistir mediante la invención de un adversario político a su medida. Así de simple. Resulta evidente que ello ocurre con Blanco, el objeto de su actual campaña, porque todavía vive. A pesar del paso de los años sigue hablando, escribiendo, incomodando, y no solo a la derecha neoliberal sino también a una izquierda que se resiste a escuchar en serio su demanda de otra noción de poder y lucha política. Ello puede verse en diversos libros y folletos (sobre todo Nosotros los indios, libro que cuenta con varias ediciones en Perú y el extranjero), en las páginas del periódico Lucha indígena, así como videos ydocumentales en los cuales exhibe una enorme capacidad de autocrítica y esperanza en el futuro. Especialmente significativo es un libro en su homenaje preparado hace unos años por Rodrigo Montoya,5Rodrigo Montoya, Tierra y política en Perú (1888-1980). En honor de Hugo Blanco. Cusco: Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco. el cual no tuvo la acogida que merecía. A través del relato testimonial, la crónica histórica y diversos textos del propio Blanco, dicho libro ayuda a comprender mejor los sucesos que lo llevaron, a inicios de los 60s, a ser el principal dirigente de las luchas por la tierra que abrieron los cauces de la reforma agraria peruana.  

Blanco ya era entonces un cuajado militante trotskista, hecho que sin duda lo catapultó a dirigir la Federación de Sindicatos Campesinos de La Convención y Lares. Pero es justo remarcar que su liderazgo, fue en realidad el símbolo visible de un extenso movimiento de recuperación de tierras que sacudió entonces a diversas zonas del país. En los valles cafetaleros cusqueños de La Convención y Lares, los campesinos arrendires más humildes, sometidos a brutales condiciones de explotación y violencia, vieron en su figura la posibilidad de un representante con aptitud para hablarles de igual a igual a los gamonales, con capacidad para de frenar los abusos de los poderosos. Y Hugo Blanco no les falló. Sacó a luz la subsistencia del régimen inhumano de las haciendas, organizó sindicatos y encabezó tomas de tierras, pagando largos años de cárcel y destierro por su osadía. Para los poderosos de siempre, Blanco se convirtió desde entonces en un fantasma a extirpar de la memoria; pero para los siervos y campesinos comuneros de todo el país, simplemente pasó a convertirse en una figura de leyenda. La misma que hasta ahora, con singular aprecio y admiración, es recordada por los hijos y nietos de quienes lucharon por la tierra. Entre muchos campesinos y agricultores peruanos, se recuerda la recuperación de la tierra junto al fin de la servidumbre de los mayores, junto a la cancelación de la explotación de los hacendados. Y el nombre de Hugo Blanco es el emblema de esa victoria, así como de la aplicación de la reforma agraria y la completa extinción de las haciendas.            

Como siempre, la historia tiene idas y vueltas impresionantes. Luego de años de destierro, al final de la década de 1970 Blanco retornó al país y nuevamente ganó inusual protagonismo en la política nacional. Entonces el Perú vivía días que lo asemejaban a un volcán a punto de estallar. Poderosos movimientos sociales habían arrinconado al gobierno militar, obligándolo a convocar a una Asamblea Constituyente, en la cual fue elegido representante. Las imágenes que muestran la recepción de masas que acompañó el regreso de Hugo Blanco al país, no dejan dudas respecto a sus posibilidades de aspirar a la presidencia. Se vivió entonces, sobre todo con la formación de la ARI (la confluencia de agrupaciones de izquierda que antecedió a la Izquierda Unida), una particular encrucijada frente a la cual el conjunto de la izquierda, pero sobre todo el propio Blanco, lamentablemente no supieron estar a la altura de una enorme responsabilidad histórica: forjar la unidad del campo popular y mantener una representación política unitaria, a pesar de todas las diferencias. El resultado de la división fue un regalo gratuito para la derecha, que se reflejó en las urnas en 1980 (elecciones en las cuales Blanco fue elegido diputado). Simultáneamente, el país empezó sumergirse en el período de violencia más desgraciado de toda nuestra historia.

Posteriormente, Blanco siguió contribuyendo a lo largo de años, desde la militancia de base, con la Federación Departamental de Campesinos del Cusco. Y en las elecciones de 1990 nuevamente volvió a ser elegido parlamentario, como senador de Izquierda Unida. Luego del golpe de Estado de 1992, vivió una intensa experiencia en México, en contacto directo con las comunidades zapatistas, que lo condujo a una reelaboración profunda de sus ideas sobre el poder, la lucha política y la izquierda. Ello le condujo a un nuevo momento de su vida que se prolonga hasta nuestros días.   

A pesar de toda esa trayectoria vital apenas esbozada aquí, el grupo de autonombrados censores de la historia peruana, áulicos del fujimorismo y la impunidad que no pierden ocasión para volver a mostrar sus fauces, simplemente buscan beneficiarse del renovado terruqueo dirigido ahora contra la figura de Hugo Blanco. No han hallado mejor maniobra que lanzar su cruzada de extirpación de fantasmas hacia el pasado, tras la memoria del período de luchas por la tierra que transformó para siempre al Perú. Sucesos en los cuales Blanco cumplió un rol protagónico, que resulta valioso recordar (y discutir) a través de documentales como el que ahora buscan censurar. Más allá de lo anecdótico, resulta clave destacar que el propio Blanco ejemplifica una lección fundamental: atreverse a renovar el contenido, el fondo de sus perspectivas y convicciones políticas, sin renegar jamás de sus ideales de justicia y lucha social. En su trayectoria dos elementos resultan claves: la revaloración de las culturas indígenas y el cuestionamiento crítico de la racionalidad instrumental que, en gran medida, aún sigue orientando los pasos de la izquierda peruana. Una racionalidad instrumental afiebrada por la obtención de poder y beneficios inmediatos, incapaz de proponer una transformación profunda del conjunto de la lógica neoliberal que organiza la vida social en el país.       

A mitad de la década pasada, tuve ocasión de acompañar a Hugo Blanco en un viaje riesgoso para su salud, pero que había decidido realizar de todas maneras, pues le permitiría reunirse y hablar directamente con representantes de las comunidades campesinas aymaras de Ilave, donde unos meses antes había ocurrido la terrible muerte del alcalde de esa localidad. Quedé intrigado por la fascinación de los comuneros, deseosos de conocer y escuchar directamente al personaje que encarnaba nada menos que su memoria colectiva de lucha por la tierra, su memoria de la derrota del poder de los gamonales. Comprendí entonces porqué Hugo Blanco aparecía retratado entre la maraña de recuerdos de Gregorio Condori Mamani, un cargador indígena cusqueño que a inicios de la década de 1970 relató los sucesos de su vida a los antropólogos Ricardo Valderrama y Carmen Escalante. En su memoria, el humilde cargador retrató a Blanco como un personaje casi mítico, empeñado en luchar a favor de los campesinos, protegido de la persecución gubernamental por los apus andinos, apresado y finalmente exiliado:                                                             

“Cuando no se hablaba todavía de la Ley Agraria, se empezó a hablar de Hugo Blanco. Él vivía como cualquier otro arrendire en el valle. Ya después, su nombre salió del valle, cuando formaron sindicatos y él se hizo cabecilla. Y en la asamblea de estos sindicatos Hugo Blanco había dicho:

– Que ya no haya ninguna hacienda, las tierras de las haciendas van a ser tierras del ayllu.

Por eso los hacendados se habían opuesto haciéndole la contra. Pero Hugo Blanco había respondido:

– No importa que se opongan esos hacendaditos, nosotros derramaremos contentos nuestra sangre, por la tierra.

Asustados con esta amenaza, los hacendados pidieron guardias. Los días que se hablaba de Hugo Blanco en el valle, los soldados y guardias eran como hormigas para buscar a Hugo Blanco. Pero él estaba oculto como gentil machu en el hueco de una peña. Aquí, dice, sus amigos le llevaban comida sólo de noche. Desde ese hueco miraba durante el día, cómo le buscaban los guardias, tonteando, por todos los lados. Pero cierto día, cuando un guardia pasaba cerca del hueco donde estaba Hugo Blanco, había pisado una mina de dinamita que había hecho volar en pedazos al pobre guardia. Iban otros guardias y también se hacían volar con otras dinamitas. Entonces llegaron más guardias y agarraron a Hugo Blanco, cuando estaba escapando de su hueco.

Cuando lo chaparon, fueron aviones y helicópteros al valle, para traerlo a la cárcel. Dice que Hugo Blanco estando preso en el cuartel, un día había pensado escaparse, y ya cuando estaba en la puerta, lo habían capturado los vigías. Como el cuartel también ya no era seguro para Hugo Blanco, el gobierno lo había despachado a la Colonia Penal del Frontón. Pero del Frontón también el Gobierno lo había despachado al extranjero. Así, ahora, Hugo Blanco está preso en el extranjero”.6Ricardo Valderrama y Carmen Escalante, Gregorio Condori Mamani. Autobiografía. Cusco: Centro de Estudios Rurales Andinos Bartolomé de las Casas, 1982, 2da edición, pp. 84-85.

En medio de la polémica de estos días en torno a la figura de Hugo Blanco, vale la pena resaltar que su terca lucha, con sus aciertos y errores, le guardó para siempre un sitio en la memoria de los peruanos y peruanas más humildes. Y no se trata de una memoria muerta en torno a un pasado muerto. Ilumina más bien otra forma de imaginar el futuro: uno realmente capaz de asegurar la vida, con dignidad, plena igualdad de derechos y progreso democrático para todos y todas.      


[1] Película documental de 109 minutos, dirigida por Malena Martínez Cabrera, estrenada en agosto de 2019. 

[2] Al respecto puede verse en diversos recursos en línea: Comité Editorial de Ojo Zurdo, “Sobre el reportaje de Sin Medias Tintas acerca de Ojo Zurdo N° 2”, Lima, 31 de octubre de 2016. También el ideario de “Presentación” de Ojo Zurdo, N° 1, Lima, junio de 2016.  

[3] Sobre la crisis desatada por la pandemia del Covid-19 en Perú puede verse: Ramón Pajuelo, “El momento más grave… Perú en la crisis global de nuevo coronavirus”. Ojo Zurdo N° 9. Lima, mayo 2020. Disponible en: https://revistaojozurdo.pe/elmomentomasgrave/

[4] Alberto Vergara, “La crisis del Covid-19 como Aleph peruano”. Lima, junio 2020. Disponible en: ciup.up.edu.pe/analisis/la-crisis-covid-19-como-aleph-peruano/

[5] Rodrigo Montoya, Tierra y política en Perú (1888-1980). En honor de Hugo Blanco. Cusco: Dirección Desconcentrada de Cultura de Cusco.  

[6] Ricardo Valderrama y Carmen Escalante, Gregorio Condori Mamani. Autobiografía. Cusco: Centro de Estudios Rurales Andinos Bartolomé de las Casas, 1982, 2da edición, pp. 84-85.

COVID-19

¡EL GRITO DE MI PUEBLO!

Compartimos el siguiente texto de Bikut Sanchium, estudiante de Economía y Gestión Ambiental de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya. Asimismo, instamos a apoyar la campaña de solidaridad con Santiago Manuin, quien se encuentra delicado de salud. Adjuntamos los detalles en la imagen final.

No son uno, no son dos, no son tres ni son cien, ni mil, sino un pueblo entero que grita auxilio. Un grito sin respuesta. Un grito que para los que sentimos el dolor del otro no hay tiempo para dormir.

En cada mañana suena el celular. Es un mensaje. Reviso el mensaje y siento dolor. «Hay uno menos del pueblo» me digo con la garganta seca. Llega otro mensaje «murió» es la palabra que leo. Me acuesto mirando el techo de mi cuarto. Suena otra vez el celular. Los abro. Son videos de distintas comunidades de Amazonas. En los videos veo a mis viejos, a mis hermanos, a mi pueblo. Oigo voces: son llantos. «Es el dolor de mi pueblo clamando una mano» digo en silencio sentado sobre el piso, mirando una nada ya.

Me acuesto en el piso. Pienso en las lágrimas, en la voz accidentada de dolor y en el clamor de la señora del video. Me paro y me apoyo contra la pared. Pienso en las cuatro enfermeras de Mesones Muro que se ingenian para atender a los 2 mil pobladores; en los 60 enfermeros de Chiriaco que se alistan a recibir a los 16 mil de su zona. «La realidad en el resto de mi pueblo es igual». Pienso en el tiempo de cada enfermero/a; en el dolor de su corazón al ver morir a sus pacientes. En mi imaginación recorro el pueblo de Nieva, Santiago, El Cenepa. En mi caminata veo a tantos hermanos corriendo por las farmacias, buscando a algún enfermero, pidiendo dinerito para comprarse alguna pastilla y ampolla. Me siento en la silla y pienso en los del poder. Los imagino que se ríen con las copas de vino entre sus manos, vacilándose con sus amigos mientras comen una deliciosa comida.

Tiembla el celular. Es una llamada de la frontera de El Cenepa. Allá también el COVID-19 llegó. Pero aún no llegan los medicamentos. No hay equipos de protección. No hay enfermeros. Hay enfermos. Hay muertos. Hay lluvia de lágrimas. La gente no sabe qué hacer. Vuelvo a sentarme en la silla. Sigo pensando. Mi gato se acerca. Me mira con ojos inundados de lágrimas. No sé qué le pasa. Vuelve a timbrar el celular. Ahora lo alzó con miedo. Es una llamada de Santiago, el pueblo de mis hermanos Wampis. «Aquí no hay medicinas. Los enfermeros también se han contagiado. La gente se muere» es la voz que escucho. Una voz que de sollozo se convierte en llanto. Siento un frío electrizante de cabeza a pies. Llora el hombre del otro lado del celular. Lloro yo también en silencio.

En mi cuarto camino de un lugar a otro. ¿Qué puedo hacer? ¿Dónde están las autoridades? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Cómo ayudarles? me pregunto mientras agito mis manos. Mis ojos se abren más. Es una luz de esperanza. Me siento frente a la pantalla de la laptop. Les escribo a mis amigos (as) y hermanos (as) de otras regiones del Perú y del resto del mundo. Les cuento la realidad de mi pueblo que lo sufro con mi corazón.

-Qué puedo hacer. No tengo tiempo ni para comer. A nosotros no nos pagan por todo lo que hacemos. Ni tengo tiempo para responder la llamada-me dice una enfermera de Imaza.

¡Qué valiente la mujer! quiero decir. Pero no. Es un abuso. Violentación de su derecho. ¿Cómo recompensarles? pienso entre lágrimas. Suspiro lleno de energía.

Me llega una lista de personas fallecidas; me llegan más mensajes, videos, testimonios de la guerra contra la pandemia; un combate sin ningún arma de los enfermeros y médicos de Imaza, Nieva, Santiago, El Cenepa. Mi pueblo que los hipócritas del mundo alababan como el pulmón del mundo muere asfixiado ante la mirada atenta de los poderosos.

Suspiro impotentemente. Mi corazón llueve dolor. En mis ojos brotan lágrimas. Mis manos siguen dando pasitos veloces en las teclas. Les escribo a todos los que les conozco: Ayúdenme por favor. Mi pueblo está muriendo-digo. Unas líneas de lágrimas pasan a los costados de mi nariz. Ya es madrugada. No tengo sueño. No duermo, y si duermo, no descanso. No me da hambre, pero me sirvo la comida y como sin sentir su sabor. En mi memoria viene un recuerdo. Es un recuerdo de mi primer amor. El efecto de aquel amor es lo que siento ahora por mi pueblo: ¡Amo a mi pueblo!

¡Ayúdenme! -grito en los mensajes que no sé cuándo terminaré de escribir; mensajes que no sé si me ayudarán a recibir apoyo. Son letras que viajan como soldados sueltos a buscar refuerzos.

La imagen de la portada fue extraída de aquí: https://forbescentroamerica.com/2020/05/11/los-indigenas-de-la-amazonia-se-enfrentan-al-covid-19-desprotegidos-y-vulnerables/
Latinoamérica

MARIÁTEGUI HA CUMPLIDO 126 AÑOS, !CELEBRÉMOSLO!

Eduardo Cáceres Valdivia

En 1894, el país no terminaba de recuperarse de la destrucción y desmembramiento que siguió a la derrota en la Guerra del Pacífico y ya incubaba una nueva guerra civil. Tras el fallecimiento del presidente Morales Bermúdez en abril de aquel año, el general Cáceres manejó la sucesión para volver a la presidencia a través de un proceso electoral que, como todos los de la república criolla, fue un fraude mayúsculo. En los meses posteriores se sucedieron alzamientos y montoneras que crearon las condiciones para la increíble coalición entre los civilistas y Piérola. Cuando en marzo de 1895 los insurrectos entraron en Lima por la Portada de Cocharcas, los enfrentamientos dejaron varios miles de muertos. El general de la Breña tuvo que abdicar y se convocaron nuevas elecciones. El ejército peruano había sido derrotado una vez más y Piérola fue proclamado presidente. Mientras tanto, la fecha inicialmente fijada para el plebiscito en las provincias cautivas, el 28 de marzo de 1894, había pasado casi desapercibido.

Aquel año, desde Paris donde residía desde 1891, Manuel González Prada publicó Pájinas Libres, antología de artículos y discursos que habían remecido Lima y algunas provincias, abriendo el ciclo del enjuiciamiento crítico de la República: “Hoy el Perú es organismo enfermo, donde se aplica el dedo brota el pus…” se lee en el más célebre de aquellos textos. En Lima, Javier Prado inauguraba el año académico en San Marcos con su célebre discurso acerca del Estado social del Perú durante la dominación colonial, caracterizando a la clase dominante previa como “defectuosa y falsa”.

En medio de un país en ruinas, una mujer embarazada probablemente acompañada de una hija de 7 u 8 años emprendió un largo viaje, desde Huacho hasta Moquegua, es decir hasta la frontera de facto con Chile. No está claro porque lo hizo. Se asume que la invitó quien resultaría luego su comadre, doña Carmen Chocano. La mujer en cuestión, doña Amalia La Chira Rojas, de ancestros piuranos, había nacido en Sayán y se ganaba la vida como costurera dada la inestabilidad de su relación conyugal con Francisco Eduardo Mariátegui, cuyo nombre real era Francisco Javier Mariátegui Requejo. Habían tenido 4 hijos, de los cuales solo sobrevivió Guillermina. ¿Cuándo llego a Moquegua y cuánto tiempo estuvo allí? Son asuntos que permanecen en la penumbra.

Lo relevante es que, como resultado de esta decisión, el 14 de junio de 1894 nació en Moquegua un niño que sería bautizado el 16 de julio con los nombres de José del Carmen Eliseo. Para complicar más la historia, la partida lo registra como “hijo natural de María Amalia La Chira viuda de Mariátegui”, aun cuando el conyugue de doña Amalia seguía vivo (moriría el año 1907). En algún momento de su infancia, Josecito pasó a llamarse José Carlos. Antes, la pequeña familia, la madre y sus dos hijos, había retornado a la costa central del país. Estuvo algún tiempo en Lima, allí nació –en diciembre de 1895- Juan Clímaco Julio Mariátegui, quien luego cambiaría su nombre a Julio César y sería el complemento indispensable de José Carlos en sus aventuras editoriales y empresariales. Y luego regresaron a Huacho donde Josecito comenzó la primaria para abandonarla muy pronto, en 1902, a raíz de un accidente que le lesionó la pierna izquierda y derivó en un nuevo traslado a Lima para ser internado en la clínica Maison de Santé. El resto de la historia es bastante conocido y no es el caso intentar sintetizarlo aquí.

Solemos recordar los nacimientos y los celebramos como “cumpleaños”. Es decir, celebramos que se ha cumplido, se ha realizado, ha culminado un año. Cuando se trata de alguien que ya no está con nosotros, recordar el nacimiento es celebrar una vida. No un año en particular, sino toda una vida: su cumplimiento, su realización, su culminación. Hoy (o ayer, según qué día se lean estas líneas) celebramos 124 años del nacimiento de José Carlos, el inicio de una vida – ¡sin duda! – cumplida. Y el recuento previo de las circunstancias que rodearon su nacimiento, y que luego se endurecieron más durante la niñez y la adolescencia, es indispensable para valorar en toda su dimensión “la vida cumplida” del Amauta. Niñez sin padre, sin domicilio fijo, atado a una cama por meses, sin escuela… Solo, con su curiosidad y su imaginación, con su extraordinaria inteligencia, comenzó a construir esa poderosa subjetividad que lo llevaría a mirar las calles, las gentes, la sociedad toda, de una manera radicalmente nueva. Alrededor de los 20 años se recuerda a sí mismo como “un niño un poco místico y otro poco sensual”. Es cierto que tuvo poderosos alicientes para emprender el camino que hoy nos asombra. Su madre y su hermana, quienes suplieron lo básico que la escuela no pudo darle; Juan Clímaco La Chira, tío materno, que lo introdujo a las narrativas populares del valle de Huaura y Sayán; luego, los excepcionales periodistas de La Prensa. Pero ninguno de estos factores explica por sí solo la excepcionalidad de Mariátegui. Su propia experiencia vital fue el principal antídoto contra cualquier determinismo material o cultural. De allí su sintonía con las versiones más volitivas (por no decir voluntaristas) del marxismo y en general con las filosofías de la vida y la voluntad.

Ayer ha circulado una hermosa musicalización de un poema de Martín Adán dedicado a su mentor, es decir a José Carlos. Y junto con el poema/canción se recuerda una frase del poeta en una entrevista casi al final de su vida: “Mariátegui es un héroe”. Y para justificar su afirmación, Martín Adán alude a “su inteligencia, su laboriosidad y, sobre todo, su temple moral”. No la heroicidad de un instante, de un acto, sino la heroicidad de toda una vida. No hay título más adecuado para su obra que el elegido por Alberto Flores Galindo y Ricardo Portocarrero para la mejor antología de los escritos del Amauta: Invitación a la vida heroica. En muchos lugares, José Carlos da cuenta de que él era plenamente consciente de esta dimensión de su vida. En una entrevista se define como una flecha que debe dar en el blanco: en el Colofón a La Casa de Cartón marca su distancia con el personaje de la novela, afirmando: El deseo del hombre aventurero está siempre insatisfecho. Cada vez que se realiza, renace más grande y ambicioso. Elijo, para terminar, un extracto de la carta que le escribe a Blanca del Prado, cuando esta atravesaba por un momento de duda en torno a las opciones que había tomado: La animo, resueltamente, a perseverar en su lucha, por dura y riesgosa que sea. No influye creadoramente en nuestro destino sino la fatiga difícil. Ésta es mi mejor experiencia de la vida.

Un mes después de escribir esta carta, murió. Sin duda cumplió su destino.

14-06-20

COVID-19

NUESTRA HISTORIA, NUESTRAS LUCHAS

(A propósito de las luchas por la tierra, la indignación y nosotros)

Anahí Durand

In memoriam Julio Durand, mi papá.

En estos días, mientras se deterioraba la salud de mi padre, pude leer un renovado debate sobre la memoria de las luchas por la tierra y la conveniencia, o no, de que el Ministerio de Cultura financiara un documental sobre Hugo Blanco, indiscutible protagonista de esa etapa. Como ocurre siempre que se rememora procesos históricos que resaltan la voz de los de abajo, diversos representantes de la derecha peruana se apuraron en relativizar el pasado de explotación, estigmatizando y criminalizando a quienes se organizaron y levantaron para ponerle fin.

Leía ese debate y pensaba, inevitablemente, en mi padre y todas las conversaciones e historias compartidas sobre su Huancavelica natal; tierra del mercurio, pero también del nefasto sistema de haciendas que sobrevivió en el Perú hasta fines de los ‘60. Mi padre venía de una familia de clase media acomodada, con mucho capital cultural y cada vez menos capital económico, con bis abuelos y tíos hacendados de esos que tenían tierras “hasta donde la vista se perdía”, y cuyo sistema de tenencia y trabajo incluía fórmulas coloniales para que la población indígena cultivara las tierras del gamonal y realizara servicio doméstico en sus casas como mitas o pongos1El “pongo” designaba al indígena que prestaba servicio doméstico en la casa del hacendado de manera rotativa, obligatorio y no remunerada.. Pero el núcleo más cercano de mi padre no era de esos, su abuelo fue pintor y mi abuela, a mucha honra, fue la primera bibliotecaria de la provincia. Supongo que ese ambiente más bien intelectual y libre pensador marcó su espíritu inquieto y contestatario que pronto entró en tensión con la anquilosada sociedad huancavelicana y lo fue orientando hacia la izquierda.

Justamente, cuando yo estaba en la secundaria y empezaba a interesarme en la política, pregunté a mi papá por qué era de izquierda y cómo empezó a militar en el Partido Comunista (Patria Roja). Su respuesta fue muy ilustrativa: “Porque nací y crecí en Huancavelica”. Y a esa respuesta le sumaría siempre diversas historias y vivencias relacionadas con una provincia asfixiada por su pasado colonial, por la decadencia del régimen de hacienda, por lo arraigado del racismo en las relaciones sociales y por las estrategias de sobrevivencia y resistencia indígena/campesina. Obviamente también estaba la ideología, las lecturas de Marx, Lenin, el ejemplo del Che y Fidel, pero esa realidad inmediata de injusticias sin duda fue determinante.

Una de esas historias se me quedó grabada por lo gráfica que resultaba y por la indignación que todavía transmitía mi padre al evocarla. Era un partido de futbol de chicos de segundo o tercero de secundaria del Colegio La Victoria de Ayacucho, la cancha estaba cerca de un río y era época de crecida. En esos tiempos, contaba, era frecuente todavía que algunos de los varios hijos de hacendados llegaran al colegio con “sus pongos” que les llevaban el refrigerio o los esperaban a la salida para acompañarlos a sus casas y cargarles las mochilas, caminando algunos pasos tras de ellos. Los hijos de los pongos interactuaban con los hijos de los hacendados y, como suele ocurrir entre chiquillos, a veces se involucraban en sus juegos. En el partido de futbol que relataba mi padre participaba el “pongo” de un “niño” hijo de un reputado hacendado local; jugaba bastante bien, pero tuvo la mala suerte de lanzar la pelota al río. No hizo falta ninguna orden ni reclamo; el “niño” lanzó una mirada de dominio al joven sirviente de la hacienda que, casi de inmediato y sin alegar nada, se lanzó al río a intentar recuperar la pelota. Por supuesto murió ahogado, por supuesto nadie respondió por esa muerte, por supuesto el niño hijo del hacendado y los demás apenas se inmutaron…pero otros como mi papá sí lo hicieron y sería determinante en sus trayectorias militantes

Mi padre narraba esta historia con una mezcla de indignación y tristeza, contaba que los padres del chico ahogado habían buscado al juez y este los había despachado diciéndoles que se arreglen con su patrón y que el patrón los había ninguneado… Y, casi como tomándome la lección, me preguntaba en qué parte del cuerpo, o el alma, debe una persona tener impregnada la dominación para arriesgar la vida por el capricho del niño de la hacienda, cómo hace una sociedad para que alguien asuma con tanta naturalidad el privilegio de disponer por otras vidas… Y estamos hablando del Perú de 1963 no del siglo XVIII, aunque se parecieran tanto. Creo que esta rabia, impotencia y melancolía acompañaron a mi padre toda la vida y marcaron su ambivalente relación con Huancavelica, donde nunca más vivió de forma permanente. Apenas terminó la secundaria migró a Lima y estudió en San Marcos, su heterodoxia lo hizo alejarse de Patria y el devenir de su tiempo lo acercó más al mundo andino… siempre estuvo en la orilla correcta de la historia, contra las injusticias y del lado de los desposeídos, pero los últimos años andaba en una búsqueda por acercar la izquierda a la identidad inca y el Tahuantinsuyo que ya no tuve tiempo de entender… pero esa ya es otra historia.

Me he permitido este recorrido personal para resaltar nuestro reciente pasado nacional, surcado por profundas injusticias. Sin duda el Perú ha cambiado, la reforma agraria se realizó, las haciendas y “los pongos” ya no existen y el país se fue “cholificando”. Pero esos cambios no fueron una dadiva de las élites gobernantes; fueron producto de las luchas de indígenas/campesinos que decidieron sepultar una vida de explotación y servidumbre, con personajes como Hugo Blanco dispuestos a la acción en medio de tanta pasividad, con miles de jóvenes que, como mi padre, decidieron apuntalar proyectos de cambio. Aunque no les guste a los grupos de poder y hoy quieren edulcorar la historia o criminalizar a los luchadores populares, tener una sociedad algo más justa, un poco más democrática, es resultado de la permanente pugna por erradicar la dominación y sus secuelas de humillación y privilegios. Sin duda, es un proceso inconcluso, pero es una tarea vigente que en estos momentos de muerte y enfermedad urge retomar. Hoy la pandemia revela una realidad de desigualdad y pobreza, con un Estado incapaz de asegurar salud de sus ciudadanos, pero sumiso ante los grupos de poder. Mientras muchas familias esperan atención en la puerta de los hospitales, otros se endeudan con clínicas usureras y otros más mueren en sus casas, no podemos resignarnos a este abusivo orden donde prima el “sálvese quien pueda” porque los que pueden son unos pocos con dinero o influencias. Con la memoria de nuestras luchas y recuperando la capacidad de indignación quizá podremos abrir paso a la esperanza.


[1] El “pongo” designaba al indígena que prestaba servicio doméstico en la casa del hacendado de manera rotativa, obligatorio y no remunerada.