COVID-19

ALEMANIA, PERÚ Y LA CRISIS VIRAL

Andreas Baumgart [1]

Una querida compañera peruana y cosmopolita me pidió proporcionarle información sobre el manejo de la crisis del Corona Virus en Alemania. Aquí un intento de resumir lo que me parece importante. Obviamente es una interpretación subjetiva y no terminada, porque la crisis aún no caduca. Aproveché para hacer algunas comparaciones entre Alemania y Perú en base a mis modestos conocimientos de ambas sociedades. Además, aproveché el tema para ubicarlo en un contexto más amplio de crítica del sistema de mercado, en el que todos estamos avasallados y al que estamos subsumidos en totalidad, queramos o no.

I

En Alemania el virus no está controlado aún. Cierto es que la mortalidad es muy inferior a la de Italia, España y algunos otros. Por el momento existen 43.938 infecciones comprobadas, tendencia creciente, 267 fallecidos y alrededor de 5.700 recuperados. Sin embargo, hay que considerar que la pandemia no alcanza su tope en Alemania. Se espera aún un alza significativa. Además, las estadísticas de las diferentes naciones varían bastante en sus métodos analíticos. Dependen entre otros de la base de datos, la cantidad de pruebas tomadas, regiones aún no consideradas y la composición de la pirámide de edades. Los científicos constatan que las condiciones de vida, la polución, nutrición, enfermedades crónicas y el excesivo uso de antibióticos causan diferentes niveles de debilitamiento del sistema inmunológico de las personas en diferentes regiones, ciudades y estados.

En Alemania el gobierno coordina a diario con el Robert Koch-Institut. Es un instituto estatal, pero independiente en su accionar: https://www.rki.de/DE/Home/homepage_node.html. Este investiga y analiza el desarrollo del virus en coordinación con institutos en todo el mundo y en Alemania misma. El instituto aconseja al gobierno las medidas a tomar. Todos los días informa oficialmente en la televisión estatal sobre el desarrollo en torno al virus en Alemania y todo el mundo, además de dar consejos a la población. Esto propicia alta seriedad y claridad para la población. Como en todo el mundo, existen conjuras de sobra y harta desinformación en las redes, pero la gran mayoría de la población confía en las informaciones del gobierno y del instituto Robert Koch.

Alemania empezó tomando pruebas únicamente a personas con síntomas graves, debido a la reducida cantidad de kits de pruebas. Sin embargo, se logró aumentar su producción y por el momento se ha logrado tomar pruebas a medio millón de personas por semana. Nos acercamos a la estrategia de Corea del Sur, tomar la máxima cantidad de pruebas posibles, que resultó ser muy efectiva.

No todas las personas que desean tomar una prueba lo pueden hacer. El sistema funciona de la siguiente manera: cuando tienes síntomas básicos como fiebre, tos, constipado, a veces diarreas y/o también fuertes dolores de las extremidades, avisas a tú médico. Como cada persona tiene seguro de salud, todos tienen por lo menos un médico de familia (Hausarzt). Este indica cómo proceder. O te hace ir a su consultorio, pasa por tu casa o te envía directamente a una estación municipal para tomar una prueba. Si te encuentras en estado de emergencia, te hace ir directamente a una clínica. Si no tienes todos los síntomas, te aconseja quedarte en casa en cuarentena. Los consultorios están al borde de sus capacidades, allí faltan equipos de protección. En este sentido estamos más mal que bien, pero las clínicas están relativamente bien equipadas.

Las clínicas están empezando a crear centros de pruebas separados de la atención médica cotidiana para no poner en peligro a la gente. Si estás con urgencia, también te puedes dirigir directamente a la ambulancia de una clínica, pero existe la posibilidad, si faltan síntomas claros, que no te atiendan.

Conforme se producen más kits de pruebas se instala el “Drive Ins” como en Corea del Sur, donde te puedes tomar la prueba en tu automóvil. Esto minimiza el peligro de contagio. Obviamente esto solo funciona si no hay prohibición de circulación ni toque de queda. El manejo exige bastante disciplina de parte de los ciudadanos.

El debate sobre la soberanía de los estados federados es fuerte, pero la población exige una política centralizada nacional para abordar esta crisis. Recién desde este lunes 23 de marzo tenemos reglamentos nacionales, aprobados por el Bundestag (parlamento) y Bundesrat (consejo de estados).

Alemania es un estado federado y la salud es cuestión federal y en menor medida nacional. Cada estado regional puede imponer propios métodos y prácticas. Esto llevó a diferentes medidas en las regiones. Baviera y ciudades como Friburgo tuvieron y tienen las reglas más rígidas por sus cercanías a las fronteras con Francia y Austria. El debate sobre la soberanía de los estados federados es fuerte, pero la población exige una política centralizada nacional para abordar esta crisis. Recién desde este lunes 23 de marzo tenemos reglamentos nacionales, aprobados por el Bundestag (parlamento) y Bundesrat (consejo de estados). Estos prohíben entre otros la circulación de más de dos personas juntas, reuniones privadas y fiestas con ajenos o familiares que no residen en tu hogar, una distancia de 1 ½ a 2 metros entre las personas en cualquier sitio y el cierre de todos los servicios y locales que no sean de necesidad básica. Escuelas, universidades, jardines de infancia están clausuradas. Sin embargo, existe un cuidado de emergencia para niños de familias y personas que trabajan en los sectores elementales de la salud. Únicamente tiendas de abastecimiento nutricional y productos de uso diario, farmacias y bancos pueden abrir. Puedes salir al parque, a la calle y hacer deporte al aire libre. Solo, se entiende. No hay toque de queda ni prohibición de circulación. Se supone que la gente se atiene a las reglas decretadas. La mayoría de las empresas productivas siguen funcionando, aunque muchos pasaron a jornadas reducidas. Siempre y cuando sea posible, se transfiere las tareas al Home Office.

Fuente: http://www.rfi.fr/es/20200309-alemania-supera-los-1000-casos-del-nuevo-coronavirus

II

A pesar de todos los problemas, estamos relativamente bien. No tocaré aquí todos los aspectos negativos individuales o sociales que surgen y surgirán conforme se prolongue el aislamiento generalizado. Aquí va una pequeña lista de factores que me parecen decisivos para la aún aceptable situación. De hecho, se trata de un análisis subjetivo, personal.

1. Alemania tiene una infraestructura sanitaria muy amplia y técnicamente avanzada. A pesar de las privatizaciones de las clínicas en las últimas décadas, y del ahorro en personal y camas, sigue siendo buena la cobertura general. Esto permite, por ahora, un tratamiento de los pacientes con Corona Virus de manera adecuada e impide una alta mortalidad.

2. Alemania es un país altamente industrializado y con una amplia infraestructura tecnológica. Esto permite, en caso sea necesario, aumentar la producción de insumos sanitarios dentro de un espacio relativamente corto. Actualmente no hacen falta equipos de respiración ni personal para manejarlos. Eso sí, están al límite de esfuerzos y en algunos casos mal abastecidos, pero se progresa rápidamente. Esto permite incluso el tratamiento de personas en estado crítico de Francia y Italia, que son desplazados hacia hospitales alemanes en helicópteros.

3. Debido al alto grado de descentralización federal, la infraestructura avanzada está generalizada en toda Alemania. Hay desniveles entre el campo y la ciudad, pero no son muy acentuados. Dos tercios de la población viven en el campo y ciudades pequeñas. Justamente la buena infraestructura regional permite esta amplia dispersión de la población. Un tercio vive en una de las 85 ciudades con más de 100000 habitantes. Solo existen 4 ciudades sobre el millón de habitantes.

4. La amplia existencia de ciudades de pequeño y mediano tamaño, la fiscalización regional, la redistribución del presupuesto nacional conforma las necesidades de los estados federados y la transferencia presupuestal de estados federados con mayores ingresos hacia los de menos ingresos, garantizan el mismo nivel de abastecimiento sanitario y nutricional para la gran mayoría de la población en Alemania, incluyendo inmigrantes y fugitivos. La única ciudad realmente grande es Berlin (con 3,7 Mio.) y es allí y en Múnich (1,4 Mio.) donde hubo inicialmente los más grandes problemas con el manejo del virus, debido a que mucha gente no se acogía a los consejos y se seguía realizando amplia vida nocturna y eventos de gran envergadura.

La amplia existencia de ciudades de pequeño y mediano tamaño, la fiscalización regional, la redistribución del presupuesto nacional conforma las necesidades de los estados federados y la transferencia presupuestal de estados federados con mayores ingresos hacia los de menos ingresos, garantizan el mismo nivel de abastecimiento sanitario y nutricional para la gran mayoría de la población en Alemania, incluyendo inmigrantes y fugitivos.

5. Dentro de las ciudades hay suficiente infraestructura en tiendas de comestibles, supermercados y farmacias. Esto impide que la gente se tenga que aglomerar para adquirir víveres y medicinas.

6. No existen grandes mercados abiertos con alta convulsión de consumidores. Los malls son de número reducido y relativamente modestos, en general más pequeños que los peruanos.

7. La infraestructura de transporte público es amplia y permite evitar, aparte de horas punta, una aglomeración de gente. Además, la mayoría de la gente tiene coche propio.

8. No existe la informalidad, que obliga a la gente a transitar e instalarse en las calles. Mercados tipo Gamarra, legales, informales e ilegales no existen, con pocas excepciones.

9. La gran mayoría de la población es muy disciplinada y se acoge a las medidas aconsejadas y ordenadas.

10. A diferencia de otros estados europeos, Alemania ha mantenido una disciplina fiscal-financiera muy rígida. Esta política ha sido muy criticada en Europa y dentro de Alemania misma. Los grandes ahorros se hicieron a costo de los ingresos y nivel de vida de los más necesitados y hubo un fuerte deterioro de la infraestructura estatal nacional. Pero esta política ahora permite lanzar el paquete financiero más amplio de la historia del país. Incluso más alto que el de la crisis financiera del 2007/8. Varios cientos de billones en ayuda directa e indirecta a empresas grandes, medianas, pequeñas, microempresas e independientes de todo tipo. Subvenciones masivas para pago de salarios en empresas en crisis. Aplazo de pago de impuestos por un tiempo para empresas e independientes en peligro y varias medidas más. Todo esto permite a muchísima gente quedarse en casa sin graves consecuencias para su ingreso. Esto sirve para mantener distancia física y acatar las medidas de aislamiento.

Concluyendo: las ventajas claves son la buena infraestructura generalizada, la industria y la base tecnológica. Un sistema de salud, muy cuestionado siempre, pero en perspectiva internacional bastante bueno. La ausencia de informalidad masiva. Gente más o menos racional y disciplinada.

Fuente: https://elpais.com/especiales/2020/coronavirus-covid-19/un-mundo-de-calles-vacias/

III

No podría decir si el tratamiento alemán de la crisis del virus pueda ser ejemplar también para el Perú. Las condiciones son muy diferentes. Más bien sería ejemplar el regionalismo y la cobertura casi total con infraestructura moderna.

Ahora, la crisis aumentará el déficit financiero y acelerará el derrumbe de la burbuja especulativa-financiera ya existente, con gravísimas consecuencias para la producción industrial y monocultura agrícola mecanizada. Los países industrializados son altamente vulnerables en tiempos de crisis masiva por sus estrechas interrelaciones económicas y cadenas de producción “just-in-time” (producción justo al tiempo).

Los países como el Perú, con todas las desventajas existentes y su orientación extractivista y exportadora, aún mantienen un nivel de producción agraria nacional muy alta. Esto puede ser una gran ventaja, si se logra frenar la agricultura para la exportación e implementar políticas de desarrollo regional y para el abastecimiento regional. Se tendrá que romper con el clásico esquema de la producción para el mercado y orientarse a otras formas de distribución directa y producción colectiva y apoyo mutuo. El Perú aún tiene la chance de promover un agro para el autoabastecimiento de la sociedad en el territorio peruano de alta calidad y abundancia. Esto no significa aislarse del mundo y dejar de modernizar el agro. Pero debería ser de una manera adaptada a las condiciones regionales.

Los países como el Perú, con todas las desventajas existentes y su orientación extractivista y exportadora, aún mantienen un nivel de producción agraria nacional muy alta. Esto puede ser una gran ventaja…

Otro aspecto central es el desarrollo industrial y digital, poniendo el énfasis en las necesidades y posibilidades que rigen en el Perú y que existen en la población. Para ello es indispensable una cooperación internacional que permita implementar las tecnologías más avanzadas en el sentido ecológico, sostenible y manejable. Construir en torno a ellas una nueva infraestructura energética, digital e industrial adaptada. No propago un nacionalismo, ni para el Perú ni para cualquier otro estado. Lo considero una ideología de construcción de identidad imaginaria, abstracta, que no está dirigida a los individuos concretos y sus necesidades concretas. Separa a los hombres y los somete a competencia hasta la guerra. El desarrollo se debe destinar a los individuos, considerando las especificidades regionales y personales y no a entidades imaginadas como naciones, masas, pueblos, etnias y razas. El intercambio humano a nivel mundial es indispensable. Enriquece a los seres humanos, los acerca y amplía sus conocimientos y expresiones culturales. Esto no significa dejar de practicar y mantener tradiciones regionales, autóctonas, conforme las personas y grupos lo deseen, siempre y cuando consideren también el amplio desarrollo del individuo.

Fuente: https://andina.pe/ingles/noticia-peru-agroexports-totaled-4359-billion-between-janoct-2017-692094.aspx

IV

El Corona Virus nos visualiza la fragilidad de la sociedad de mercancía, que hace dependiente el destino de la humanidad de los mercados, del intercambio de mercancía, de la puesta en valor de toda expresión humana para su comercialización, el trabajo asalariado como motor de la producción de valor. Estoy convencido que el sistema monetario, el sistema del valor se acaba. No necesitamos valores sino productos útiles y conocimiento compartido por todas y todos. En este sentido urgen los debates sobre las posibilidades concretas de cooperación y comunicación directa sin interferencia del dinero y la propiedad. Y urge el debate sobre el camino a tomar, para lograr esa meta.

En la economía de mercado o el capitalismo (sinónimos), lo que importa es el valor. Es el precio. La rentabilidad monetaria, que define lo que se produce, cómo y cuánto. Convertir dinero en más dinero es la obligación de todo emprendedor. Sin ser competitivo y lograrlo, se hunde en corto tiempo. Tampoco es el esfuerzo de tu labor en sí lo que define cuanto te corresponde de la torta. Es el ingreso monetario individual. El mercado en crisis dice: si las empresas pierden su valor, ya no existen. Se cierran y para la producción. Los asalariados son despedidos. Sin ingreso monetario y poder de adquisición son superfluos. En última consecuencia muere la gente de hambre al costado de fábricas, edificios, tecnologías, cualidades, habilidades y conocimiento realmente existentes, porque no son de su propiedad, no tienen expresión de valor y por ende están excluidos de todo uso. Prohibido reproducirse en base a lo existente.

Si tienen comentarios, no duden en hacérmelos llegar.

Saludos solidarios y fuerza para salir de la crisis y desarrollar alternativas transcendentes.


[1] Hamburgo, 27.03.2020

COVID-19

LA ESTRATEGIA DE SECURITIZACIÓN DE LA SALUD

Luciana Jáuregui Jinés [1]
Marcelo Arequipa Azurduy [2]

En las últimas semanas el crecimiento exponencial de los casos de Coronavirus ha enfrentado a la humanidad a una experiencia poco común. No es que las epidemias sean algo nuevo, sino que la globalización suscita una rápida viralización espacial de la enfermedad como fruto de la intensificación de los flujos de personas, bienes y servicios y la poca capacidad de acción de los Estados nacionales para contenerla.  El fenómeno ha puesto en cierto modo en cuestión el credo liberal, obligando, en la mayoría de los casos, a revitalizar las estructuras estatales, a fin de responder al desborde de la accesibilidad y la capacidad efectiva de los sistemas de salud privatizados. Quizás la novedad sea la forma en que la pandemia ha instalado un nuevo germen de organización de la sociedad, aunque aún ni el derrotero pedagógico o disciplinador del proceso abierto con la enfermedad se vislumbre con nitidez.  

Lo cierto es que la salud se ha convertido progresivamente en un tema de seguridad nacional, en la medida en que la expansión de la enfermedad afecta considerablemente a la población y a la economía del Estado. En correspondencia, se ha puesto en marcha un proceso de securitización de la salud como un recurso práctico de resolución de la crisis por medio de una movilización inusual de recursos técnicos y económicos, pero a su vez de despliegue de un dispositivo de poder que se nutre de la retórica del peligro a fin de justificar medidas excepcionales que operan por fuera de los mecanismos ordinarios de decisión política. La securitización de la salud supone su desplazamiento de la esfera pública a un ámbito restringido de las normas y procedimientos democráticos establecidos, en la que los gobernantes buscan dotarse de atribuciones excepcionales enmarcando la enfermedad dentro de una situación de amenaza y monopolizando el manejo de aquellos temas que han sido securitizados. Desde esta perspectiva, interesa menos abordar las causas estructurales y ecológicas de los problemas de salud y más construir un sistema de vigilancia epidemiológico que proteja coyunturalmente a los Estados de las enfermedades infecciosas. Así, se construye progresivamente un discurso político en el que la protección de la población y la gestión de la nueva inseguridad -la enfermedad- debe darse transgrediendo las competencias tradicionales del uso de la fuerza. 

Sin embargo, éste no es un proceso unidireccional. La vulnerabilidad humana frente a una economía de la salud mercantilizada y una lógica que replica el darwinismo social de antaño instala una predisposición subjetiva que evoca una añoranza colectiva cuasi hobbesiana del retorno del Estado. La securitización de la salud supone también un modo por el cual el gobierno encauza los miedos sociales en un determinado sentido, legitimando el aumento de sus prerrogativas e intervenciones estatales con amplia aceptación colectiva. Para esto, despliega una narrativa de la enfermedad que construye una dicotomía entre un adentro susceptible de verse afectado por un afuera ya infectado, que insta a solapar las divergencias internas y encumbrar una supuesta unidad nacional. En correspondencia, se implementa una respuesta que se asume  global y “universal” y que tiende a homogenizar a las poblaciones privilegiando ciertas racionalidades y valores en un contexto de heteronegeidad. De ese modo, la narrativa de la enfermedad como inseguridad reorganiza a los actores políticos y las relaciones entre los sujetos, haciendo incluso que ciertas realidades, espacios y poblaciones sean visibles y se conviertan en sujetos de intervención.

Lo cierto es que las dimensiones políticas, ideológicas, culturales y económicas en las que se inserta la enfermedad son en cada lugar definitivamente otras. En Bolivia el virus penetra cada vez más en las grietas estructurales y coyunturales de una sociedad que nunca ha podido ser una. El discurso de la securitización de la salud se instala en el marco de la precariedad institucional, la falta de cohesión política y la desigualdad social. Las circunstancias más próximas remiten efectivamente a una coyuntura electoral decisiva en la que el gobierno transitorio busca sortear su continuidad en medio de la crisis sanitaria, mientras que en perspectiva la pandemia ensombrece la carencia de un proyecto post hegemónico de poder. El gobierno actuó hasta ahora al margen de una política integral y bajo dos modalidades contradictorias: primero, mostrando señales tardías de decisión política enfocados casi exclusivamente en los conglomerados públicos en contraposición a la efectividad mostrada en los niveles subnacionales; segundo, y como efecto del desborde de  lo anterior,  optando por la vía violenta, el control, la vigilancia, y la persecución mediante la acción de las fuerzas de seguridad. Aquí la securitización de la salud opera profundizando las grietas sociopolíticas de las que emergió el gobierno, que bajo el discurso de la “unidad nacional” y el vaciamiento de lo político proyecta la división masismo/antimasismo esta vez desde el clivaje civilización vs barbarie. El efecto procura preservar al gobierno, incluso por encima de los intereses de la sociedad, reconfigurando el tablero político para debilitar la posición del medio, y poblar  a la luz de la crisis, los extremos. 

En todo caso, la pandemia como problema público ha develado la desigualdad socioeconómica de varios segmentos sociales que no sólo no pueden permitirse una cuarentena, sino que la sostienen materialmente. A su vez, ha exacerbado las fracturas sociales activas ya durante la crisis política de octubre, estigmatizando a los sectores populares bajo las etiquetas de salvajes e ignorantes, sin detenerse en comprender los procesos sociales que han configurado históricamente una relación de desconfianza y hasta de antagonismo de los indios y los pobres con el Estado. El gobierno, carente de legitimidad alguna, ha encontrando oxígeno en la crisis, escondiendo su incapacidad bajo la alfombra y dando curso a una tendencia autoritaria ya visible desde el principio, pero esta vez bajo el discurso de la securitización de la salud que de momento pone a la política en un callejón sin salida. El panorama se pone oscuro si la política de salud se reduce al ayuno matinal y a la militarización. Dado que no hay nada más político que la vida, cabe sacar de una vez por todas a la política de la cuarentena. 


[1] Socióloga

[2] Politólogo