¡Basta con unirse, compañeras!

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Laura Arroyo1Compositora. Puede verse el tema en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=U8xtjHL0STY

Cuando el martes 3 de marzo nos dimos cita más de 70 mujeres en el Parque de la Exposición supe que, en efecto, teníamos razón. Setenta mujeres habían respondido a una convocatoria que lo único que anticipaba era que se convocaba a feministas que quisieran “romper el silencio”. Los mensajes pregun­tando las indicaciones (hora, lugar, fecha) no se hi­cieron esperar. En tan solo 48 horas la convocatoria desbordó. Todas queríamos construir algo juntas. El resultado lo vieron todos y todas el 8 de marzo, pero he de confirmar que lo mejor de “Tenemos razón” no está en su letra, los acordes de la melodía, la poten­cia de las voces o el videoclip potente que acompaña este himno feminista. Lo mejor está en aquel martes 3 de marzo, en las escenas que no se ven, en la invi­sible pero poderosa unión entre mujeres que no se conocían, en los lazos de apoyo de cara a esa convo­catoria y que continúan a día de hoy en un activo grupo de Whatsapp, en la autogestión colectiva para conseguir pañuelos verdes y morados, en el cuida­do con el que cada una mantuvo la información en secreto hasta el 8 de marzo, en los ensayos caseros previos del coro de un tema que conocieron apenas unas horas antes de cantarlo y en las más de cinco horas que vivimos bajo el sol dispuestas a seguir dándolo todo unidas. Después de vivir aquel martes es imposible no soltar una sonrisa confiada en que cuando cantamos que “se va a caer” lo hacemos muy en serio.

“No recuerdo haber firmado un acta de sumisión”

No hay nada más feminista que reconocernos en nuestro amor hacia otras mujeres que fueron ejem­plo. No hay nada más feminista que mirar a los ojos a otra mujer y agradecerle lo que nos lega, el camino que andó por nosotras, la lucha que no empieza de cero porque ella se encargó de ello. Para hablar del origen de “Tenemos razón” no puedo evitar citar a la mujer a la que no puedo mirar a los ojos para agra­decerle, pero que es en esencia la primera “razón” de este proyecto. Su nombre es Inés Camacho y es mi abuela.

Hacia fines de octubre se despedía de nosotros y no­sotras muy a su estilo: poco convencional, directa, honesta, veloz. Viví entonces los peores días inten­tando sacarle la vuelta a la distancia y las diferen­cias horarias. Cogí un billete de avión, llegué a Lima, pero ella ya había partido. Sin embargo, se encargó de dejarme una razón para no volver a irme del todo.

Mi abuela no se definía feminista porque no era un rótulo que siquiera pasara por su cabeza. Tam­poco hacía falta. Si de alguien aprendí lo que es el empoderamiento es de ella. Tozuda, independiente, rebelde y adelantada a su tiempo. De aquellas que jamás se “sometieron” ni a un nombre propio ni al dictado de una sociedad que pone el silencio por delante de la justicia y la igualdad. Ella partió poco menos de veinticuatro horas antes de que “Tenemos razón” naciera. No es casual. La noticia me pilló en plena campaña electoral al sur de España (Granada) y, aunque no era una sorpresa del todo, nunca sen­tí una revolución interna tan poderosa. Era ella, sin duda. Como fue ella también -lo creo de verdad- la que hizo que en el piano horas después de la noticia compusiera de un tirón la canción (música y letra) que el 8 de marzo interpretamos 21 mujeres al uní­sono.

Mi abucha se las había ingeniado para que no solo volviera a Perú a despedirla, si no que volviera tam­bién a quedarme de alguna manera. Y vaya si lo lo­gró.

“Las brujas tenían razón”

Siempre que piso Lima me reencuentro con mi aque­larre personal, la manada feminista que me arropa transoceánicamente. “Tenemos razón” es un proyec­to que hubiera sido imposible sin la manada de so­roridad que ha habido detrás de él desde el minuto uno. Jimena, Corali y Claudia, mi manada feminista, fueron las primeras en oír un tema que por aquel entonces era solo piano y voz. Todas se subieron al coche de esta aventura que todavía no tenía mucho cuerpo.

Jimena se apresuró en decir “¿cómo hacemos?” des­de el primer día. Algunos meses después ella sería la encargada de centralizar la convocatoria que reunió a más de 70 mujeres donde grabamos las escenas más potentes del videoclip de “Tenemos Razón”. Por su parte, Corali, sería quien gestionaría con el teatro Yuyachkani (ideal por su labor en la lucha por la democracia en Perú) la po­sibilidad de grabar ahí las escenas de las cantantes. Como ven, no fue un equi­po de producción especiali­zado el que construyó este proyecto, sino mujeres anó­nimas que invisiblemente -como siempre- pusieron sus hombros para sacar adelante algo histórico.

Pero, como en el feminismo, este proyecto ha sido resultado de la sororidad y también de las alianzas. Este proyecto hubiera sido imposible sin el empuje constante de Gustavo de la Torre quien, desde que oyó la maqueta que grabé en Granada aquel octubre, no dejó de insistir en que esto no podía quedar en­tre mi piano y yo como tantas otras canciones que nacen pero no crecen. Si algo hermoso tiene el fe­minismo es que te reencuentra con los hombres que reflexionan sobre sus privilegios y se indignan por ello. Los que, en efecto, se van deconstruyendo -valga el gerundio- cotidianamente. Reunirme con mi gran amigo desde mi feminismo mucho más maduro que cuando partí hacia Madrid hace seis años, y desde su proceso de deconstrucción, nos permitió encontrarnos en el camino. Este proyec­to es posible por quienes, como él, libran batallas dia­rias contra la sociedad que los crió patriarcalmente y, muchas veces, batallan también contra sí mismos.

Era enero de 2020 -ya a contrarreloj- cuando nos dimos cita en La Guarida records junto con el ta­lentoso David Martin. Aquel dia grabe la primera maqueta de “Tenemos Razón”. Aquella noche la tendrían en sus manos mi manada feminista y mi madre, quien se memorizó el tema en tan solo mi­nutos, en especial la línea que sentencia: “no bas­ta con decir ‘te quiero’ si no aceptas mi decisión”. Pero lo importante de aquella grabación no fue la maqueta, sino la decisión. Yo tenía claro que lo que quería era una canción cantada por mujeres y no solo por mí. Siempre, desde que la compuse, sentí que no era una canción mía, sino un himno que me excedía. Pensé en aquel momento que si echábamos mano de los contactos que cada uno aportaba a la mesa podríamos conseguir que unas 5 mujeres se animaran a participar. Me equivoca­ba. Fueron finalmente decenas de mujeres las que participaron.

“Basta con unirse, compañeras“

En las entrevistas en que he podido explicar el naci­miento y el fondo de este proyecto musical siempre me hacen la misma pregunta ¿como lograste unir a 21 mujeres? Y lo cierto es que, de tanto responder a esa pregunta tengo cada vez más clara la respuesta. No lo logré yo. Lo logró el proyecto. Y lo logró por­que, en realidad, todas las que participamos en él estábamos esperando un proyecto así.

Reunir a 21 artistas, intérpretes, arreglistas, musi­cales, compositoras, cantantes, podría parecer una audacia épica, pero en realidad he de decir que cada una de las mujeres que han dado voz, música y vida a este proyecto lo han hecho tremendamen­te fácil. Cuadrar los horarios y las agendas fue lo más trabajoso, pero una vez en el estudio, cada una dio un nuevo color, un nuevo aire y hasta un nuevo sonido a la canción que, como digo, construimos todas juntas.

Por eso me gusta poner el énfasis en el carácter fe­minista de este proyecto no por el resultado final que ha obtenido, sino por el proceso que supuso elaborarlo. Por un lado, la sororidad inmediata de todas las que participamos en el proyecto. Por otro, el cuidado y el respeto que todas ellas han tenido con un tema que, si bien compuse yo, se volvió de todas en cuanto lo puse sobre la mesa. Todas las participantes han cuidado que tanto la música como la letra fuera fiel a la intención inicial y, si alguna tenia sugerencias para hacerla más potente, tuvieron siempre el cuidado de hacerme llegar las sugerencias desde el respeto absoluto por el tema y con un cuidado hacia mí como compositora que me resultó simplemente hermoso. Pero además, el proceso es feminista en tanto construcción que se da colectivamente. Cada una de las que grababa en estudio dejaba su huella, su idioma, su propia his­toria. No puedo describir lo distintas que suenan todas las versiones de la canción que he guardado celosamente pues cada vez que aparecía una nueva integrante en el equipo toda la canción se veía revolucionada. El resultado final es una armonía compartida desde ahí. No solo desde la suma de vo­ces múltiples, sino desde las personalidades diver­sas de cada una como la variable indispensable en este proceso de construcción.

El virtuosismo de Naysha con su charango, la po­tencia invencible de Ruby Palomino, el sentimiento con que GalaBriê interpreta sus líneas, la frescura musical de la hermosa Wendy Sulca, la profundidad de mi admirada Pamela Llosa, la bella voz agamuza­da de Micaela Salaverry, las armonías indispensa­bles de Lua Rodriguez, el carácter vocal de Josefina Miró Quesada, el talento y compromiso de la maes­tra Valeria Valencia (Negra Valencia), el groove de Karina Castillo, la energía propia de las victorias que nos regaló Marina Kapoor, el poder que solo la maravillosa Renata Flores puede hacer verso, la ge­nialidad de La Mamba One quien compuso su pro­pio estribillo en uno de los momentos más icónicos de la canción, los arreglos vocales de la tremenda Sandra Muente, el desbordante talento de Leslie Pa­tten que no toca instrumentos sino que narra una historias con ellos, la chambaza de las grandes de Paradero Astral quienes tocaron la base de toda la canción y, por supuesto, la genialidad indescriptible de Magali Luque, crearon algo mucho más grande que una canción.

Desde nuestra diversidad, nuestros ma­tices, nuestros colores de voz, nuestros géneros musicales, nuestras edades, nuestras historias, todas nos volvimos una. Nunca podré terminar de agra­decerle a cada una de las mujeres que participan en este proyecto por este re­galo que nos dimos. Y sobre todo, por la valentía de protagonizar un proyecto como este en un país en el que definirse “feminista” puede implicar costes. Es un honor caminar y cantar al lado de uste­des, hermanas.

“Los villanos serán los primeros en pedir otra solución”

Los últimos tres meses han sido meses de arduo trabajo en la confección de una canción que es más que eso. Pero si algo tiene claro el feminismo, además de que solas no podemos pero juntas lo podemos todo, es que hay que pensar en el día después. Si este es un himno feminista lo es porque cada cosa que dice es verdad. ¿A quién no la han llamado loca o histérica por re­clamar justicia? Pero es justamente porque la letra de este himno sigue siendo una verdad que toca no bajar la guardia, sino utilizar este hermoso punto de llegada como nuestro próximo punto de partida.

“Tenemos Razón” es un proyecto construido de aba­jo hacia arriba, sin instituciones que convocaran, sin financiamiento de ninguna organización. Todo lo hemos logrado creyendo en lo que estábamos construyendo, contando el proyecto a amigos y ami­gas que se sumaron a aportar como pudieran porque le vieron el valor a lo que queríamos decir, con el aporte de tiempo, apoyo, consejo y ganas de tantas personas que, como Carla Marroquín, nos regalaron un arte hermoso para poder difundir esta canción por todas las plataformas digitales. Son tantas las que han construido con mucho más que granos de arena esta playa que no podría enumerar una lista. Pero lo que tengo claro ahora que puedo reposar y sobre todo volver a mirar lo que hemos logrado en tiempo récord es que la batalla contra el machismo la estamos ganando porque, aunque nos quieran ha­cer pensar lo contrario, somos muchísimas y muchí­simos librandola.

Este himno ya no es ni mío ni de las que cantamos en él, sino de todas aquellas que han hecho de este video un viral en redes sociales sin contar con pauta publicitaria, de las que han coreado junto a nosotras aquel martes 3 de marzo sin haber oído más que un fragmento muy corto de esta canción, de las que han compartido este vi­deo junto con sus historias de violencia y de empodera­miento, de las que han hecho eco de esta canción repro­duciendo toda la letra para que a nadie se le escape ni un solo dato y también de las que han querido compartir sus relatos conmigo y a quienes les estoy muy agradeci­da por esta confianza surgida de la magia que este pro­yecto ha generado. Es, en suma, un himno de todas las que están narrando con voz y ojos de mujer la historia.

Pero sobre todo, este himno es para todas aquellas que nos han arrebatado y hoy no pueden cantar, es de todas las que estuvieron antes que nosotras como mi abuela Inés y mi referente del feminismo en Perú, la inolvida­ble y amada Ana Tallada, a quienes espero haber hecho sentir orgullosas. Y es para todas las que vendrán.

Se va a caer, hermanas.

Se va a caer, porque nos estamos encargando de ello.

¡Basta con unirse, compañeras!


[1] Compositora. Puede verse el tema en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=U8xtjHL0STY

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