El asedio del capital

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Wendy Brown. El Pueblo sin atributos. La secreta revolución del neoliberalismo. Malpaso Ediciones, Barcelona, 2016, 313 págs. Autónoma de Mexico.
Hernán Maldonado1Sociólogo y analista político

A estas alturas, ya tenemos cierta familiaridad sobre la histo­ria y características del neoliberalismo como modelo econó­mico-político o ideología hegemónica. Este bicho “cambiante, asistemático, contradictorio, e impuro” (p. 58), viene siendo motivo de distintos estudios y ensayos, que coinciden con su hegemonía planetaria y las crisis y respuestas políticas que ha provocado en distintas partes del mundo.

De la mano de Foucault

El libro de Wendy Brown, politóloga de Ciencias Políticas de la universidad de California, nos ofrece una aproximación —poco habitual— desde la producción de la subjetividad y cierta interiorización o inmanentización del capital2LORDON, Fréderic. Capitalismo, deseo y servidumbre. Marx y Spinoza. Tinta Limón Ediciones. Buenos Aires, 2010. en su for­ma contemporánea, con el objetivo de “teorizar sobre la anu­lación de la democracia y del imaginario democrático”.

Para ello, Brown echa mano de los iniciales hallazgos de Mi­chel Foucault3FOUCAULT, Michel. Nacimiento de la biopolítica. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2012. y su perspectiva de la gubernamentalidad y la producción del sujeto, tesis temprana y premonitoria, sobre la naturaleza específica del neoliberalismo antes de su plena expansión y hegemonía planetaria.

Con él, avanza un buen tramo, cuando este lo identifica como “una mutación de enorme trascendencia” en el liberalismo clási­co —una “reprogramación” de la gubernamentalidad liberal—, donde ya no se trata solo de “liberar la economía”, sino prin­cipalmente de extender los poderes del mercado, diseminán­dolo al conjunto de la vida y el tejido social, interiorizándolo en los sujetos, profundizando —radicalmente— el “homo oe­conomicus.

Pero no se trata de una teoría política foucaltiana. Aunque reconoce que ayuda a enmarcar el problema, considera que no lo resuelve por dos razones centrales que explica amplia­mente en el libro: En primer lugar, la poca preocupación por los efectos desdemocratizadores del neoliberalismo —le re­procha que no le importara la política del neoliberalismo— y, en segundo lugar, por la nula importancia que le da al capital como forma de dominación, lo que considera que proviene de la antipatía que Foucault le tenía al marxismo.

De ese modo, Brown advierte que busca “presentar ciertas di­mensiones del análisis del capitalismo de Marx que es nece­sario unir a la apreciación que Foucault que hace de la razón neoliberal para generar una explicación rica de la desdemo­cratización neoliberal” (p. 99).

La doble captura del neoliberalismo

Para Brown, la operación más profunda, no es la desregu­lación, sino una radical economización de la vida en donde “los sujetos toman la forma de capital humano para fortale­cer su posicionamiento competitivo y apreciar su valor como una figura de intercambio o interés” (p. 40-41). De ese modo, contando con el Estado —capturado y absorbido por la econo­mización, al converger con la Governanza4Aclara que no son lo mismo, pero la gobernanza terminó convirtiéndose en “la forma de administración primaria del neoliberalismo”. como modalidad política—, se disemina la idea de la valorización —de cada uno— en todos los dominios de la vida a través de “prácticas de autoinversión y atracción de inversionistas”5Hace unos meses en Lima, una conocida universidad privada realizaba una campaña publicitaria donde ofertaba en paneles estudios de postgrado con el siguiente slogan: “Haz que el interés por ti siempre cotice al alza. Invierte en ti mismo”. o, incluso, a través de seguidores, likes y retweets, sea a través de “clasifica­ciones y calificaciones de cada actividad y esfera”6Una situación cada vez más frecuente que una serie británica la ha llevado, en modo distópico, al extremo. Ver: “Black Mirror. “Caída en picada” (Nosedive) 2,016. Episodio 1 Temporada 3..

En ese marco, una de las tesis más provocadoras del libro es la que sostiene que ya no es el interés el corazón del capitalismo, sino lo que llama la responsabilización de los individuos, en don­de el sujeto es forzado a convertirse en un inversor y provee­dor responsable de si mismo, alineado a la moral del Estado y el crecimiento macroeconómico, en un contexto de creciente incertidumbre y precariedad. Por ello afirma que el “sacrificio es el que reemplaza al interés individual” (p.110-112).

Asimismo, en varios pasajes del libro, insiste en establecer las diferencias del liberalismo clásico con los neoliberales: Los primeros establecían una economización limitada, donde había espacio para la virtud cívica y el homo políticus no era subsumido por una lógica económica, al mantenerse separa­das las esferas económicas y políticas; pero los neoliberales, en cambio, van más allá con la generalización del Homo e­conomicus como paradigma y base cultural y subjetiva del neoliberalismo.

Democracia contra el demos

La consecuencia será la disolución de los elementos republi­canos de la ciudadanía formulada como un compromiso con el interés público (p.293). Un aspecto que abona a ello -lo ex­plica en un capitulo entero- es el deterioro y abandono de la educación humanista, mediante lo que llama la neoliberaliza­ción del conocimiento y la modificación de las instituciones educativas universitarias cada vez más fusionadas a los nego­cios, dejando de formar a los jóvenes para la participación y la vida pública.

Así, todo este coctel neoliberal, produce una catástrofe para la democracia, ya que las virtudes civiles -incluso las pensadas y defendidas por el liberalismo clásico-, como la deliberación en torno a la justicia y la diversidad de deseos sobre la vida en común –que para pensadores como Maquiavelo eran funda­mentales para la salud de una república-, se desvanecen, re­duciendo el espacio para una ciudadanía activa, debilitando el demos (p. 100).

Finalmente, concluye que la democracia pierde su carácter vivo al separarse de la política y la economía, reduciéndose a puros procedimientos (p.171). Por eso llama la atención sobre el limitado malestar hacia el Neoliberalismo como amenaza a la democracia (p. 290), señalando que “incluso, si muchas po­líticas neoliberales se abandonaran esto no reduciría el debi­litamiento de la democracia provocado por la economización de la vida política y la usurpación del homo politicus” (p. 279).


[1] Sociólogo y analista político.

[2] LORDON, Fréderic. Capitalismo, deseo y servidumbre. Marx y Spinoza. Tinta Limón Ediciones. Buenos Aires, 2010.

[3] FOUCAULT, Michel. Nacimiento de la biopolítica. Fondo de Cultura Económica. Buenos Aires. 2012.

[4] Aclara que no son lo mismo, pero la gobernanza terminó convirtiéndose en “la forma de administración primaria del neoliberalismo”.

[5] Hace unos meses en Lima, una conocida universidad privada realizaba una campaña publicitaria donde ofertaba en paneles estudios de postgrado con el siguiente slogan: “Haz que el interés por ti siempre cotice al alza. Invierte en ti mismo”.

[6] Una situación cada vez más frecuente que una serie británica la ha llevado, en modo distópico, al extremo. Ver: “Black Mirror. “Caída en picada” (Nosedive) 2,016. Episodio 1 Temporada 3.