7 ensayos sobre socialismo y nación

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José Gandarilla1Doctor en filosofía, docente en la Universidad Nacional Autonoma de Mexico.

El legado de Mariátegui ha nutrido, desde su pronta partida, las mejores tradiciones del pensamiento social latinoamerica­no. Los materiales escritos que giran alrededor de su pensa­miento nos siguen sorprendiendo por su frescura y por la sis­tematicidad que ofrecen en el trato del texto mariateguiano. Es el caso del reciente volumen que nos ha ofrecido el sociólo­go y politólogo argentino Diego Giller, quien ya desde el título elegido, Siete ensayos sobre socialismo y nación (incursiones mariateguianas), marca una conexión explícita con la mayor de las obras del marxista peruano. Una característica distinti­va del proyecto llevado a buen término de Giller fue mezclar tres tipos de narrativa, de tal modo que en las páginas se es­clarecen pensamientos no sobre Mariátegui, sino desde y con Mariátegui. La línea argumentativa emplaza la problemática de la nación en una exigencia de ser mirada en las dificultades de su construcción histórica (por ello en su condición de in­completud), pero en la tentativa de orientarla hacia un senti­do emancipador, en avanzar hacia un horizonte democrático, socialista, liberador.

El libro se sostiene en una sólida base desde su ensayo introductorio. Giller hubo de optar entre las intervenciones a pro­pósito de Mariátegui y entre aquellos posicionamientos que van hilando un elemento de unidad que subraya el sentido global del libro. Como resultado, un bien interconectado con­junto de materiales que opera en seguimiento estricto a lo que al Amauta le hubiera dado gusto propiciar: un enfoque o pers­pectiva (“una interpretación de la realidad”) que trasciende el suelo (europeo) que le ofreció las condiciones para emerger, y que se plasma en sendos capítulos del “marxismo latinoamericano”.

Dos son los retos más complicados en un libro de esta naturaleza. Por un lado, la exigencia de articulación de cada apar­tado en torno a la unidad de análisis: cómo “la cuestión de la nación” se urde en el marco de la expansión del capitalismo y de la lucha por la superación de dicho orden social, y ha­cerlo de la mano de una serie de textos (extemporáneos) sin que de éstos sobresalga, en lugar de ángulos iluminadores de la cuestión a debate, el sello de su propio momento histórico. El reto es, pues, desplazarse sobre un suelo que quizá no ha de revelarse firme, justo por la distancia de nuestra específica realidad y sus problemas. Los ensayos muestran actualidad, y desde ellos brota una pertinencia crítica ante el desgajamien­to actual del sentido de lo nacional frente a la ofensiva neoli­beral en la región.

Iniciamos apuntando estas cuestiones de forma, porque lo que comenzó con la intención de poner en contrapunto las intervenciones de dos autorizados marxistas sudamericanos sobre Mariátegui -René Zavaleta y José Aricó-, fue ampliándose, hasta derivar en un libro que ya no es solo seguimien­to de un rastro sobre la huella del archivo, sino homenaje en tono de problematización y lectura cargada de las exigencias del presente. Hay una intención en el organizador del libro: explicar en la persona del autor cómo es que el acto creativo de una idea es la síntesis problematizadora de su momento; conexión entonces, de la teoría y la praxis. En segundo lugar, hacer del criterio selectivo una identificación de los lugares y el tono adecuado de una emisión o encargo, al interior de la producción de Mariátegui. En tercer lugar, sugerir también un ángulo de lectura de una perspectiva propia y pertinente, y defender de ella los méritos de ser recuperable (por su vigencia), y que aquí hemos de nombrar como “tanteos de un cierto mar(x)riateguismo”, que se detectan también en ciertos pasajes del grupo de Pasado y Presente y en la prosa barroca de René Zavaleta.

La tesis que defiende Giller es arriesgada pero sólida: fue en los marxistas latinoamericanos exiliados en México, y en los años ochenta, que se alcanzó la mejor problematización alrededor de “la cuestión de la nación”, puesto que ahí se hicieron transi­tar creativamente algunos de los planteamientos mariateguia­nos: qué es lo cosmopolita o exótico respecto a una identidad definida como propia, pero cuya característica ha sido relegar a los grupos sociales originarios en quienes reside el sustra­to social y mítico de mayor anclaje histórico y trascendencia; cómo incluso la nación secuestrada por el Estado dirige la mi­rada en la búsqueda de su ancestralidad; cómo opera la sínte­sis entre lo local y lo universal; cuáles son las contradicciones más significativas de la nación, que configuran a las clases mismas y definen los horizontes de sus luchas.

El libro de Giller, parece sugerirnos la tarea de entretejer Ma­riátegui, el exilio, y México. Lo que sugerimos es que, así como México y algunos de sus grandes personajes estuvieron siem­pre en la mira del peruano, fue en este suelo en que su obra alcanzó un segundo impulso de difusión, desde una época in­cluso anterior al grupo del que se ocupa Diego Giller, corres­pondiendo también a otros personajes del exilio latinoame­ricano la labor de antologarlo y debatirlo (Jiménez Ricardez, 1979; Carrión, 1966, 1976; y Quijano, 1981, 1991). Más adelante se recopilaron los materiales presentados en un homenaje a Mariátegui (Ciudad de México, 1994) con motivo del centena­rio de su nacimiento (Weinberg-Melgar, 2000). Otros textos posteriores producidos o difundidos desde suelo mexicano y cercanos en temporalidad al alzamiento zapatista estarían, sospechamos, procesando ese influjo, en un sentido ético y filosófico, como el caso de los artículos de Adolfo Sánchez Vázquez, Elvira Concheiro, Enrique Dussel, Raúl Fornet-Be­tancourt, Alberto Saladino García o Alfonso Ibañez.

El de Diego Giller es un trabajo que se suma a una bien consolidada tradición que sigue en un muy específico modo la producción del pensamiento social latinoamericano; es una historia social del trabajo intelectual que no lo rastrea como mérito individual, sino como expresión de una intención co­lectiva, estratégica y programática por incidir en la realidad; esta historia de los colectivos o proyectos en que se plasma la historia intelectual de la región, que tiene entre sus nuevos ex­ponentes no solo a Giller, sino también a Diego García, Martín Cortés, o Ana Grondona, entre otros que recorren los pasos ya avanzados por una generación anterior.


[1] Doctor en filosofía, docente en la Universidad Nacional Autonoma de Mexico.

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