Cultura

PASADO Y PRESENTE Y PENSAMIENTO CRÍTICO

Gramsci entre dos proyectos editoriales en la crisis de la izquierda latinoamericana de los 60

Luis Alvarenga
Departamento de Filosofía
UCA, El Salvador

¿Qué le dijo el movimiento comunista internacional a Gramsci?
No tengo edad, no tengo edaaaad para amarte….”.
Roque Dalton

Las revistas Pasado y Presente y Pensamiento Crítico, surgidas ambas en los años sesenta, la primera en Argentina y la segunda en Cuba, tienen como elemento común el hecho de haberse constituido en proyectos editoriales (y apuestas políticas) que intentaron dar una respuesta, desde lecturas originales del marxismo, a la crisis del marxismo de matriz estalinista y sus insuficiencias, comprobadas décadas atrás por Mariátegui, para comprender y ayudar a transformar las realidades latinoamericanas. Se trata de dos publicaciones surgidas en la misma década, con apenas algunos años de diferencia, en ese momento histórico abierto con el triunfo de la revolución cubana, caracterizado por una fecunda crisis en la izquierda latinoamericana, en el que se impugnó el paradigma estalinista defendido por los partidos comunistas tradicionales, prosoviéticos, y surgieron diferentes propuestas de izquierda. No solamente la izquierda revolucionaria armada, sino expresiones y articulaciones políticas y teóricas de nuevos sujetos revolucionarios: la lucha feminista, la teología de la liberación, la teoría de la dependencia, por citar algunas. Se trata del período que Michael Löwy denomina “el nuevo período revolucionario, después de la Revolución Cubana, que ve la ascención (o consolidación) de corrientes radicales, cuyos puntos de referencia comunes son la naturaleza socialista de la revolución y la legitimidad, en ciertas situaciones,  de la lucha armada y cuya inspiración y símbolo en su máximo nivel, fue Ernesto Che Guevara”.1Michael Löwy, El marxismo en América Latina, p. 10. Este período surge del desgaste del larguísimo período de hegemonía estalinista (“de mediados de la década de 1920 hasta 1959”,2Ibídem, p. 9. según la periodización de este mismo autor).

Otro elemento común entre Pasado y Presente y Pensamiento Crítico lo constituye Gramsci, tanto así que en los textos reunidos en el libro La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina, de 1988, José Aricó, uno de los principales impulsores del colectivo editorial de Pasado y Presente, hace un recuento de la historia de esta revista impulsada por un grupo de jóvenes disidentes del PCA, en el que la figura de Gramsci es fundamental, incluso para comprender por qué estos jóvenes intelectuales fueron expulsados del comunismo argentino tras la primera edición de la revista. En lo que hace a Pensamiento Crítico, si bien el nombre de Gramsci es fundamental en el recuento que hace, por ejemplo, Fernando Martínez Heredia, el teórico comunista italiano fue parte de una compleja empresa político-editorial en la que Gramsci fue una de las muchas fuentes, entre marxistas latinoamericanos, africanos y europeos heterodoxos, que fueron difundidos por el grupo de jóvenes profesores de filosofía de la Universidad de La Habana que animó esa revista.

En este artículo, queremos comparar los itinerarios (para retomar la palabra usada por Aricó) de ambas revistas, en diferentes aspectos. El primero, son los usos de Gramsci en ambas publicaciones y a qué realidades y posicionamientos políticos constituyen dichos usos. El segundo, es la relación entre las revistas cubana y argentina y la lucha de la izquierda en sus países. El tercero recoge un tema típicamente gramsciano y que sigue siendo espinoso: La relación de los intelectuales con los movimientos políticos. A este respecto, permítasenos adelantar algo: ambas publicaciones dejaron de circular tras problemas políticos. No obstante, las posturas políticas de los responsables de ambos colectivos editoriales con respecto a los proyectos de transformación político en sus respectivos países, difirieron sustancialmente, y con ello también, la manera de entender cuál es el papel del pensamiento crítico.

1. Los usos de Gramsci

La crisis del pensamiento estalinista en América Latina llegó a su punto más alto en los años sesenta, como consecuencia del triunfo de la revolución cubana.  Esto se tradujo en las crisis internas dentro de la izquierda tradicional  y en las diversas búsquedas de referentes ideológicos alternativos al paradigma estalinista, ya fuera para apuntalar el rechazo al mal llamado «marxismo-leninismo», y/o para fortalecer la opción armada. Un punto en el que ambas publicaciones convergen fue Gramsci. El fundador del Partido Comunista Italiano, introducido en América Latina en los años 60, plantea una serie de tesis novedosas en las que las búsquedas teóricas y políticas de los sectores de izquierda críticos del marxismo soviético encuentran un lugar espléndido.  Ambas publicaciones usan a Gramsci para fundamentar sus posiciones, bastante opuestas en sus consecuencias políticas prácticas.  No hay nada peyorativo en estos usos de Gramsci, para recoger el título homónimo del libro de Juan Carlos Portantiero. Usar a un autor o autora es apropiarse crítica y creativamente de sus tesis, aún yendo contra su interpretación canónica. Lo contrario es la pretensión hermenéutica de todo dogmatismo: lograr y proteger la recta interpretación de una fuente de pensamiento o de doctrina, cuya aplicabilidad en todos los contextos es indubitable.

1.1. Un Gramsci antileninista

Las publicaciones de las que nos ocuparemos forman parte de ese vasto contexto. La primera de ellas, Pasado y Presente, fue fundada en 1963 en la ciudad argentina de Córdoba por un grupo de jóvenes militantes del PCA. El grupo, del que formaron parte José Aricó y Juan Carlos Portantiero, se definió como gramsciano. Se trata de un grupo bastante peculiar. Como bien lo señala Aricó, el grupo editorial -cuya labor tendría más adelante una repercusión importante fuera de Argentina- surgió en la ciudad de Córdoba. Es decir: no surgió en Buenos Aires, centro, como han sido todas las capitales latinoamericanas que han padecido la tradición colonialista de un centralismo excesivo, de la actividad política e intelectual, sino en una “provincia”. Provincia que, como lo recuerda el autor, albergó fábricas automotrices y, como resultado de ello, dinámicas sociológicas, culturales y políticas novedosas, como resultado de este nivel de desarrollo industrial.3“Una revista que se edita en Córdoba no puede desconocer la profunda transformación que se está operando en la ciudad y que tiende a convertirla rápidamente en un moderno centro industrial de considerable peso económico. El proceso de crecimiento de la industria al disgregar la arcaica estructura «tradicional» sobre la que se asentaba la función burocrática-administrativa cumplida por la ciudad ha contribuido a transformar también el clásico distanciamiento ciudad-campo que caracteriza la historia de nuestra región. Sería interesante rastrear en el pasado cómo se configuró este distanciamiento. Retomar el discurso que con profunda sagacidad crítica iniciara Sarmiento en el Facundo. Sin embargo, podemos quizás afirmar que las transformaciones provocadas han abierto las posibilidades para que esta ciudad, tradicionalmente vuelta de espaldas al campo, pueda cambiar de función y estructurar una unidad profunda con las fuerzas rurales innovadoras, vale decir, que la Córdoba monacal y conservadora comience a perfilarse como uno de los centros políticos y económicos de la lucha por la reconstrucción nacional”. José Aricó, “Pasado y Presente” (Editorial del primer número). Juega también un rol importante la influencia de producciones políticas y culturales italianas de la época. Junto a Gramsci, “importado” de la península por un viejo dirigente del PCA, Héctor Agosti, se veía mucho el Cinema Nuovo y se leían a los grandes escritores de la posguerra. No es extraño, tratándose la Argentina de un país con una fuerte emigración italiana, reforzada por los exiliados intelectuales del fascismo, siendo Rodolfo Mondolfo uno de los nombres más reconocidos.

El mismo título de la publicación, Pasado y Presente, alude a las notas de los cuadernos carcelarios de Gramsci con este título. La publicación nació como un esfuerzo propio  del equipo editorial y no como un órgano oficial del Partido. En su recuento sobre la revista, Aricó recuerda que el grupo fue expulsado de las filas del PCA tras salir a la luz el primer número de esta revista cuya primera época llegó hasta 1965. No es difícil adivinar el porqué.  El editorial del primer número, escrito por Aricó, parte de un texto de Gramsci en el que se plantea la relación dialéctica entre pasado y presente. A partir de esta idea, el editorialista hace varios señalamientos críticos a la izquierda tradicional argentina, señalamientos que incluían a la linea política del PCA. Hacer esos señalamientos en público y no en el nivel partidario interno ya era de por sí un rechazo explícito al partido y a cualquier posible debate interno.

Gramsci aparece aquí como la expresión de la necesaria renovación del marxismo y de la superación de la obsolescencia teórica y práctica, pero también como un rechazo indiferenciado al marxismo leninismo. Interesante, porque el Gramsci que Aricó, Portantiero y otros intelectuales argentinos tradujeron, editaron y difundieron (y desde el cual polemizaron) llegó a la Argentina gracias a un antiguo dirigente del PCA, Héctor Agosti, quien formó un colectivo de traductores y editores (entre los que estaban los responsables de Pasado y Presente), lo cual posibilitó la publicación de los Cuadernos en la Editorial Lautaro. Es decir, la introducción de Gramsci fue algo avalado por la dirigencia comunista argentina. En virtud de la publicación de los Cuadernos, Gramsci comenzó a circular en América Latina, incluyendo Cuba. Como lo señala Néstor Kohan en su balance crítico de la labor del grupo de Aricó, Agosti no sólo fue el impulsor de la publicación de Gramsci, sino que además había dirigido publicaciones culturales de izquierda y emprendido, según Kohan y Aricó, un estudio del novelista Esteban Echeverría y de los procesos culturales y políticos de la construcción de la nación sudamericana con categorías gramsciana. Según Kohan,

Interlocutor de Henri Lefebvre, con quien se carteaba, Agosti fue el “padrino” intelectual del joven Portantiero. Aricó, que vivía en Córdoba, se vinculó con él poco después. Ambos fueron alentados por Agosti, director de Cuadernos de Cultura, donde los dos jóvenes comenzaron a escribir. En esa mítica revista comunista, en 1957, Aricó arremetió duramente contra Rodolfo Mondolfo. En 1960 Portantiero hizo lo mismo escribiendo contra la nueva izquierda.4Néstor Kohan, “Pasado y Presente y los ‘gramscianos’ argentinos”. Disponible en: https://marxismocritico.com/2014/11/10/jose-arico-pasado-y-presente-y-los-gramscianos-argentinos/

Ahora bien, nadie podría sospechar el alcance de Gramsci en el contexto de los debates de la izquierda latinoamericana.  En particular, Gramsci contrastaba con la línea política del PCA. Para más señas, su secretario general desde 1941 había sido Victorio Codovilla. De origen italiano, este cuadro incorporado al PCA protagonizó una recia polémica contra las tesis heréticas de Mariátegui en el seno de la conferencia de Partidos Comunistas sostenida en Buenos Aires en 1929. El novedoso análisis de los Siete ensayos se contrastaba con las tesis estalinista de la revolución por etapas, la tesis igualmente estalinista de las nacionalidades y la conceptualización de las formaciones económico sociales latinoamericanas como «feudales». Otro dato: las posiciones de Codovilla, Ghioldi y el PCA son criticadas duramente por Roque Dalton en su libro ¿Revolución en la revolución? y la critica de derecha (Casa de las Américas, 1970), como ejemplo, justamente, de los argumentos «de derecha» de los partidos comunistas más tradicionales contra las tesis de Régis Debray a favor de la lucha armada.

El Gramsci de Pasado y Presente se diferencia radicalmente de las posturas conservadoras del PCA, pero el camino al que esta diferenciación conduce no es el de la radicalización de izquierda (como en el caso de Dalton o el de la línea política dentro de la revolución cubana representada en el plano teórico por Pensamiento Crítico.  Al contrario, se perfila como una crítica hacia el leninismo, confundiéndolo con el dogmatizado «marxismo leninismo» soviético. Si hubo alguna referencia a Lenin, es con un Lenin debidamente podado para que no tuviera mayor parecido de familia con el contexto soviético: “Lenin era, para nosotros, la demostración práctica de la vitalidad de un método y no una suma de principios abstractos e inmutables; su filosofía no debía buscarse allí donde se creía poder encontrarla sino en su acción práctica y en las reflexiones vinculadas a esta. No en Materialismo y empiriocriticismo, sino en las Tesis de Abril, para dar un ejemplo”.5José Aricó, La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina, p. 64. Un Lenin que, a la postre, termina diluyéndose en el rechazo al dogmatismo del PCA, pero también un rechazo a las posturas más de izquierda y un paulatino alejamiento del ejercicio intelectual con respecto a la lucha política.

Pasado y Presente circula, ya al margen del PCA y con ciertas afinidades a sectores nuevos de la izquierda argentina como Montoneros (aunque sin una conexión orgánica con este movimiento armado) hasta 1965. Tendrá un breve resurgimiento algunos años más tarde. A raíz de la dictadura, sus integrantes se van al exilio. Particularmente, Aricó, quien se va a México, hace un trabajo editorial importante con Siglo XXI, impulsando colecciones como la Biblioteca del Pensamiento Socialista y los Cuadernos de Pasado y Presente. Ni Aricó ni Portantiero tuvieron mayores vinculaciones con movimientos políticos de izquierda. El final lógico de un debate, o de una falta de debate, de parte de la izquierda tradicional.

1.2. Gramsci y la herejía cubana

En el emblemático año de 1967, aparece en La Habana una publicación animada por un grupo de jóvenes profesores de filosofía de la universidad de la capital cubana. Su nombre: Pensamiento Crítico. Al contrario de Pasado y Presente, la publicación de la que nos ocupamos en este apartado no sólo no surgió al margen (o, mejor aún, con una “autonomía relativa” que, en el caso de la publicación argentina devino en enfrentamiento y ruptura) de la organización de izquierda, sino, más bien, como algo requerido por las autoridades revolucionarias. Sin formar parte oficial del Partido Comunista Cubana, Pensamiento Crítico fue la concreción del planteamiento hecho por Fidel Castro a un grupo de profesores universitarios jóvenes, entre los que estaban Fernando Martínez Heredia y Aurelio Alonso, entre otros, en el sentido de que era importante trabajar arduamente en el plano teórico del proceso revolucionario. “La revolución cubana no cabía, ni en sus realidades ni en sus necesidades, dentro de la manera que existían para las revoluciones. Eso hacía que en la práctica fuera una herejía. Pero era necesario que fuera una herejía también en el pensamiento”,6Fernando Martínez Heredia, Pensar en tiempo de Revolución. Antología esencial, p. 1218. como señala Martínez Heredia, para quien…

La revolución cubana realizaba unas prácticas extraordinarias, pero no tenía un pensamiento organizado, estructurado, que pudiera satisfacer aquella necesidad. La transición socialista –que es como le llamo a esta época, porque el comunismo solo puede ser mundial– no puede vivir si no es capaz de pensar lo que quiere hacer; planear, inclusive, algo de lo que quiere hacer, aun si después no le sale bien el planeamiento. Y sobre todo está obligada a inventar, crear, ser original: a no imitar. Eso era muy duro y difícil. El Che había emprendido una campaña muy radical en el Ministerio de Industrias y en el conjunto de su actividad, una conspiración dentro de la propia revolución. Su Sistema Presupuestario de Financiamiento era solo la punta de un iceberg. ¿Cómo hacer que el pensamiento de Cuba fuera idóneo para empujar a la revolución hacia adelante, para forzarla a revisarse ella misma, autocriticarse, renovarse, cambiarse, ser superior? Y a la vez, ¿cómo multiplicar las fuerzas con que contaba, que eran tan pequeñas, comparadas con las fuerzas del imperialismo, o con las del capitalismo mundial y las capacidades que ejerce sobre cada persona?7Ibídem, p. 1219.

Fue así cómo, a raíz del llamado de Fidel, estos intelectuales, que venían impartiendo una filosofía marxista distinta a la del canon soviético en las aulas y que, como en el caso de Martínez Heredia, provenían también del trabajo editorial y cultural en publicaciones como El Caimán Barbudo, crean primero el Instituto del Libro en 1966, para poner al alcance de la población obras científicas y culturales de gran valor, a fin de elevar el nivel de conocimiento de la sociedad cubana, para luego lanzarse a la publicación de una revista teórica que fuera también el punto de contacto con las corrientes críticas del marxismo y los movimientos revolucionarios de liberación nacional. La revista, llamada Pensamiento Crítico no era una revista teórica para un público reducido. La tirada inicial, de 4,000 ejemplares, que en cuestión de las primeras ediciones llegó a los 15,000, nos dice mucho de la importancia que le daba la dirección cubana a este esfuerzo de divulgación del pensamiento crítico.

Al igual que en el caso de Pasado y Presente,  Gramsci ocupó un lugar importante en Pensamiento Crítico. Su trayectoria de marxista, de comunista militante, pero también de hereje con respecto al dogmatismo soviético (Martínez Heredia recuerda, con justeza, el texto en el que el pensador italiano critica severamente el manual de Bujarin), hace que Gramsci caiga al pelo en el ambiente cubano:

La herejía cubana asumió a Gramsci con naturalidad cuando aún resultaba muy problemático hacerlo en la URSS y Europa oriental. Conocimos los Cuadernos de la cárcel a partir de aquella edición de los cuatro “libros verdes” de Lautaro (les llamábamos así por sus portadas verde oscuro, en rústica), traídos a Cuba en cantidad apreciable antes de 1965. Un folleto biográfico, el artículo “Una revolución contra El Capital” (Gramsci, 1917) y algunos otros textos gramscianos iban ampliando la información de cierto número de cubanos ansiosos de conocer marxismo en esos primeros años sesenta.8Ibid., p. 182.

Pensamiento Crítico, y con él, la formidable recepción cubana de Gramsci y otros autores heréticos, llegó hasta 1971. En este año, en el que inicia el llamado “Quinquenio Gris”, como le llama Ambrosio Fornet, se da un retroceso político y de pensamiento en el proceso cubano, caracterizado por la influencia soviética en diferentes planos, incluyendo el del pensamiento. El recrudecimiento del bloqueo estadounidense obliga a Cuba a estrechar vínculos y a depender de la ayuda soviética. A esto se le suma, como lo dice Martínez Heredia, que la muerte del Che y la derrota de diferentes experiencias guerrilleras se tradujo en un reflujo de la lucha armada y en una correlación de fuerzas en América Latina sumamente adversas para Cuba, cuya máxima expresión se daría con el golpe de estado en Chile en 1973.  A nivel interno, estos factores fortalecieron las posiciones de un sector de las fuerzas de izquierda cubana vinculado al viejo Partido Socialista Popular (PSP), el PC tradicional -no el PCC, que fue resultado de la unificación de las fuerzas revolucionarias, incluyendo al Movimiento 26 de Julio. Este sector y sus prácticas terminaron imponiéndose por encima de los dirigentes procedentes del movimiento de la Sierra Maestra, quienes sostenían una postura “herética” y más independiente del canon soviético.

Conclusión

Las experiencias de estas dos publicaciones son sumamente ricas y estas líneas no alcanzan a examinarlas en su complejidad. Pero quisiéramos concluir, provisionalmente, planteando cuáles son las problemáticas que ponen de manifiesto estas publicaciones.

Una, las relaciones complejas entre los intelectuales y los procesos revolucionarios. Pesa mucho aquello que Roque Dalton llama el “espíritu de secta” de este grupo social que muchas veces se autoconcibe como al margen del conjunto social al que pertenece. En ciertas palabras de Aricó brilla un poco este espíritu, cuando alaba al Gramsci que se dirige “a nosotros, los intelectuales”. Pesa también, como en el caso del enfrentamiento del PCA y la expulsión de Aricó y compañía -quienes parecían haber escrito un editorial exprofeso para que los expulsaran-, la ausencia de una mejor gestión de las discrepancias. Es diferente el caso de Pensamiento Crítico, pues expresa una mejor articulación entre el proceso revolucionario y los intelectuales que participan en él, al menos antes del Quinquenio Gris.

La segunda cuestión viene con Gramsci y sus usos. Las lecturas o usos distintos del autor italiano nos muestran cómo puede verse a un Gramsci no leninista (y que se aproxima mucho al Gramsci culturalista de ciertos estudios) o a un Gramsci “herético”, pero militante y crítico hacia el mal llamado “marxismo leninismo”. Lo que podríamos decir, ya para cerrar, es que en los años sesenta, y posiblemente hasta el presente, nos ocurra lo que indican las palabras tragicómicas de una canción romántica italiana en la que se describe la imposibilidad del amor entre una jovencita y un hombre ya mayor, palabras que fueron recogidas por Dalton para responder a la pregunta sobre qué le dijo el movimiento comunista internacional a Gramsci: “No tengo edad para amarte”.


Bibliografía

Aricó, José (1988). La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina. Caracas: Nueva Sociedad.

Aricó, José. Pasado y Presente. Editorial del primer número de la revista. Disponible en: http://www.filosofia.org/hem/dep/pyp/6301001.htm. Consultado el 1° de septiembre de 2020.

Kohan, Néstor.  “Pasado y Presente y los ‘gramscianos’ argentinos”. Disponible en: https://marxismocritico.com/2014/11/10/jose-arico-pasado-y-presente-y-los-gramscianos-argentinos/. Consultado el 1° de septiembre de 2020.

Löwy, Michael (2007). El marxismo en América Latina. Santiago: Lom. Martínez Heredia, Fernando (2018). Pensar en tiempos de Revolución. Antología esencial. Buenos Aires: CLACSO.


[1] Michael Löwy, El marxismo en América Latina, p. 10.

[2] Ibídem, p. 9.

[3] “Una revista que se edita en Córdoba no puede desconocer la profunda transformación que se está operando en la ciudad y que tiende a convertirla rápidamente en un moderno centro industrial de considerable peso económico. El proceso de crecimiento de la industria al disgregar la arcaica estructura «tradicional» sobre la que se asentaba la función burocrática-administrativa cumplida por la ciudad ha contribuido a transformar también el clásico distanciamiento ciudad-campo que caracteriza la historia de nuestra región. Sería interesante rastrear en el pasado cómo se configuró este distanciamiento. Retomar el discurso que con profunda sagacidad crítica iniciara Sarmiento en el Facundo. Sin embargo, podemos quizás afirmar que las transformaciones provocadas han abierto las posibilidades para que esta ciudad, tradicionalmente vuelta de espaldas al campo, pueda cambiar de función y estructurar una unidad profunda con las fuerzas rurales innovadoras, vale decir, que la Córdoba monacal y conservadora comience a perfilarse como uno de los centros políticos y económicos de la lucha por la reconstrucción nacional”. José Aricó, “Pasado y Presente” (Editorial del primer número).

[4] Néstor Kohan, “Pasado y Presente y los ‘gramscianos’ argentinos”. Disponible en: https://marxismocritico.com/2014/11/10/jose-arico-pasado-y-presente-y-los-gramscianos-argentinos/

[5] José Aricó, La cola del diablo. Itinerario de Gramsci en América Latina, p. 64.

[6] Fernando Martínez Heredia, Pensar en tiempo de Revolución. Antología esencial, p. 1218.

[7] Ibídem, p. 1219.

[8] Ibid., p. 182.

COVID-19

REFLEXIONES SOBRE LA CRISIS DESDE LA FILOSOFÍA

Antonio Pérez Valerga
Universidad Antonio Ruiz de Montoya

Quisiera centrar mis reflexiones en cinco puntos principales.

En primer lugar, la actual pandemia nos debe hacer pensar en nuestra común vulnerabilidad y, en el extremo, en el miedo a la muerte.

De hecho, el modelo político de Hobbes empieza por ahí, aunque yo quisiera conseguir conclusiones distintas a las que él llega. Hobbes, en efecto, parte de un estado de naturaleza en el que todos somos iguales en cuanto al poder (astucia y fuerza) y a la vulnerabilidad (el ya citado temor a la muerte violenta), de donde se sigue un invivible estado de guerra de todos contra todos y del que solo la razón  (también común a todos los seres humanos) nos indica la salida: el pacto social, por el que todos juntos nos despojamos de nuestra fuerza y astucia, lo único que tenemos para hacer valer nuestros derechos en ese estado inicial, y se lo cedemos a un soberano que introduce el derecho y la legalidad por primera vez.

Pero la pandemia, si bien ha desatado esta lógica de la supervivencia personal -lo que era previsible y hasta deseable, por supuesto-, también ha dejado ver la preocupación por los demás; en nuestro país, muchos hemos pensado también en los otros, es decir, los pobres, los vendedores ambulantes, los viajeros varados prácticamente en la calle y nos hemos preocupado por los más vulnerables que nosotros. Todos aprobamos las políticas de ayuda del Gobierno, la habilitación de espacios públicos para dar albergue y comida a los “sin techo”, especialmente a los más ancianos y muchos hemos contribuido también con colectas de solidaridad con personas cercanas (los porteros de nuestros edificios, las señoras de limpieza y cocina en nuestras casas) y con desconocidos a través de organizaciones civiles y religiosas.

En este segundo caso, la vulnerabilidad se manifiesta como una preocupación por el otro, una sensibilidad extrema no por nuestro bienestar sino por el de alguien que tal vez no conocemos ni conoceremos personalmente nunca; pero nos afecta su vulnerabilidad, no como una culpa o un remordimiento, sino activamente, como una responsabilidad nuestra y de ningún otro. Eso es justamente lo que Levinas llama el rostro del otro, esta exposición extrema a su mirada que nos ruega/ordena (el rostro es ambiguo) que nos hagamos cargo de él: responsabilidad, asimetría, proximidad, solidaridad -rostro, la misma subjetividad del sujeto, dice Levinas-.

Esta solidaridad me permite pasar al segundo punto de mi reflexión, la economía. Porque a diferencia de la pobreza cotidiana de los otros (el extranjero, el migrante quechua-hablante, los niños-mendigos y todos los que nos abordan y cuestionan cada día), esta situación excepcional en la que vivimos ahora puede hacernos pensar también en las causas de esa extrema vulnerabilidad de algunos de nuestros compatriotas: la (absurda, me parece) economía de mercado que rige nuestra vida contemporánea y que no respeta ningún vínculo social tradicional y, así, multiplica nuestra natural fragilidad corporal y psíquica, lo que recrudece sobre todo en las grandes ciudades y se expresa de múltiples maneras: desempleo, migración forzada, alcoholismo, prostitución y trata de personas y, en general, marginación de todos los derechos sociales, económicos y políticos.

Frente a esto, y en tercer lugar, es difícil pensar que solo los buenos sentimientos ante el peligro común puedan lograr un cambio; la mercantilización neoliberal o el predominio del mercado es ya un proceso que no depende de ninguna persona ni de ninguna ideología, sino del “crecimiento” del producto bruto interno y de la expansión económica que no respeta fronteras y rompe todas las barreras culturales, sociales, morales. Parece que el mercado ha cumplido su cometido y ha hecho de nosotros un conjunto de consumidores anónimos, adictos a los objetos y buscando la satisfacción inmediata y sin límites. Como dice el título de un reciente libro de Anselm Jappe, vivimos en una sociedad autófaga, que está devorándose a sí misma y todos los recursos naturales sin ningún pudor.

No parece que podamos esperar algo mejor de la política, en la que derechas e izquierdas son espectadoras impotentes de la lógica del mercado y donde no queda ya imaginación capaz de encontrar alternativas. A lo que se añade el peligro hoy más que nunca presente de la transformación de la democracia en un bio-poder: ya no un orden social participativo y orientado hacia el bien común, como lo era en su origen, sino una simple administración de las personas y de las cosas, indistintamente. Es como si la política hubiera degenerado, nos dice Giorgio Agamben, desde la participación en el espacio -público, donde los seres humanos cuentan como seres racionales, con una vida cualificada (bíos)-, hasta la administración de la vida desnuda (zoe), que en el mundo antiguo estaba cobijada bajo la autoridad del padre, una simple economía (literalmente oiko nomos, ley de la casa), donde se decide sobre la vida y la muerte, no sobre la vida humana con sentido.

El nihilismo, por último, el inquietante diagnóstico de Nietzsche sobre la cultura occidental, que hoy domina el mundo entero, nos permite, tal vez, comprender esta crisis desde una perspectiva más amplia. Según este autor, en efecto, la crisis ecológica no habría empezado en este siglo, ni siquiera en los últimos quinientos años de “dominio” humano sobre la naturaleza, sino al principio, hace dos milenios y medio con Sócrates y Platón, con la sobrevaloración del mundo puramente espiritual de las ideas eternas y el consiguiente desprecio de este mundo puramente físico.

¿No es la presente pandemia (y las anteriores, y las por venir) producto de la misma destrucción del medio ambiente en la que estamos empeñados? La misma imprudencia que está destruyendo la selva amazónica es también el origen de todas ellas: nuestro contacto abusivo con los animales -las aves, los puercos, los murciélagos, las vacas locas- y con el planeta entero.

¿Cómo detenernos, qué hacer? Sería bueno que saquemos algunas lecciones de esta emergencia, que reactivemos nuestra humanidad y solidaridad, pero para ello es necesario encontrar una expresión política que nos ponga en acción -y nada es más difícil-.