DE RESPONSABLES A CÓMPLICES

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La nueva estrategia discursiva del Gobierno de Vizcarra

Gabriel Valenzuela Oblitas

El gobierno de Martín Vizcarra hace cualquier cosa con tal de individualizar y penalizar a la ciudadanía para culpabilizarla de las muertes de la Covid-19. No asume sus propios fallos, no existen indicios de autocrítica y menos de responsabilidad por parte del mismo mandatario y sus ministros. Asimismo, no reconfigura una nueva gestión crítica para afrontar la pandemia partiendo de un análisis histórico, comparativo, sistémico o estructural. Sin embargo, mientras miles de personas mueren, al gobierno le resulta más fácil solventar esta crisis con una nueva estrategia discursiva más agresiva y directa para constituir ya no un sujeto de la responsabilidad (la Secretaria de Comunicación Social impulsó las campañas “Yo me quedo en casa” en dos etapas – al inicio de la pandemia- y “Primero mi salud” –para la apertura de actividades económicas- las cuales manifestaron esta articulación discursiva funcional a la subjetividad neoliberal: un individuo desprendido de la razón política, el compromiso político para con su autonomía política – el ser ciudadano político- y el ethos democrático) sino un sujeto delincuente basado en un discurso sancionador que dicotomiza el espacio político en el binario inocente/cómplice. Bajo la campaña de “El Covid no mata #NoSeamosCómplices” el gobierno intenta nuevamente culpar al individuo tachándolo de coparticipe de las muertes que ocurren en el país. Un sujeto delincuente que coopera directa o indirectamente con el virus «que no mata solo». Pero esta campaña hace algo más, rearticula una campaña similar a la que realizó el gobierno de España de manera más culposa penalizando a los mismos individuos, incluyendo a los miembros de la familia (primos, hermanos, sobrinos, nietos, etc), las amistades del barrio y toda asociación que forme algún tipo de comunidad vecinal o barrial (A diferencia de la estrategia discursiva agresiva del gobierno peruano, la campaña del gobierno Español subrayaba que para prevenir el rebrote podrías «disfrutar de los tuyos respetando las medidas de seguridad contra el covid-19, siempre»).  

Para este discurso político, el cómplice del virus se asocia a los «barrios», “los jóvenes”, «las pichangas» y las «reuniones familiares» y brilla por su ausencia la crítica a las clínicas buitre que cobran exorbitantes precios a las familias de los pacientes (familias hoy sobrendeudadas), las empresas extractivas que continuaron funcionando en pleno estado de emergencia (generando cientos de contagios), las aseguradoras privadas extorsionadoras, las empresas grandes que se han beneficiado del dinero de todos los contribuyentes por medio de programas del gobierno (inclusive a aquellas que habían despedido y suspendido laboralmente a miles de trabajadores, evadido impuestos y participado en tramas delincuenciales y corruptas) y los “vecinos” de los barrios ricos que se juntan sin que nadie les diga nada. Con esta nueva campaña del gobierno, queda claro quien es el bueno y quien es el malo de esta película: Cuando los pobres salen a “pichanguear” y se reúnen en sus barrios son considerados cómplices y por lo tanto culpables de la muerte por el Coronavirus, pero cuando los ricos pichanguean con la vida de las personas estas no son consideradas cómplices de la muerte sino actos de inocentes angelitos. Como se ha analizado objetivamente en numerosas ocasiones por los expertos y el periodismo de investigación serio, la dimensión de clase es fundamental para entender estas asimetrías a la hora de confrontar el virus.

Con esta nueva estrategia discursiva del gobierno, no desaparece el sujeto de la responsabilidad sino que esta se articula con el sujeto delincuente. Estas dos figuras dominantes se refuerzan la una con la otra en esta nueva campaña del gobierno, sumándose al discurso belicista. Estas dos frases tomadas de la página web de la campaña (www.noseamoscomplices.pe) resumen muy bien cómo se articulan todos los elementos mencionados:

“Si te gusta salir a pichanguear, pisa bien el balón. Lo recordarás cuando necesites uno de oxígeno”

“Si has dejado la pichanga para cuando pase la pandemia, eres un verdadero héroe. Estás salvando muchas vidas”

Como se observa en estas dos frases pichanguear se asocia a no disponer del balón de oxígeno, es decir a la vida, mientras que dejar de hacerlo, significa ser un “verdadero héroe” que salva vidas. De este modo se articula el juego, la diversión, la asociación, el barrio, las reuniones familiares con la irresponsabilidad y el ser cómplice del virus y la muerte, mientras que dejar de hacerlo se vincula con la postergación del juego y la diversión (la seriedad), la individualidad con la heroicidad, la responsabilidad, la inocencia y la vida.

A pesar de la hegemonía política de Vizcarra (como indican numerosas encuestas) y el dominio de la gobernanza cultural neoliberal (producidos por los aparatos hegemónicos culturales y consumidos y reproducidos por millones de personas – de forma acrítica o de distintas formas críticas-), se abren nuevas posibilidades para la emergencia de discursos críticos y un nuevo frente contrahegemónico. ¿Será algún actor político capaz de llevarlo a cabo? Queda claro que la izquierda nacional popular no es capaz de encarnar la rabia de miles de familias, las aspiraciones y expectativas económicas fallidas de las micro, pequeñas y medianas empresas (la mayoría de ellas en quiebra, de difícil recuperación y peor aún en una economía en depresión), la recuperación de los derechos sociales y económicos (incluyendo los derechos laborales) de distintos movimientos sociales en torno a un horizonte compartido y mucho menos de transformar el Estado-nación por medio de un proceso constituyente democratizador (inexistente si no hay una poder constituyente que surja para darle una base desde la cual expandirse hegemónicamente a través del famoso núcleo irradiador). Sus principales debilidades residen en que no es capaz de organizar la rabia, es decir, pasar del movimiento desarticulado y fragmentado a la organización política y ofertar políticamente un horizonte democrático viable y transitorio al socialismo dado su falta de oferta política (claramente existe un problema importante a la hora de disponer un programa que vaya más allá de las propuestas de la socialdemocracia y el socialismo a la antigua de tipo nacional en torno al instrumento de cambio social que es el Estado-nación vis-à-vis otras propuestas posnacionales) sino por factores estructurales como la globalización financiera, la posición periférica del Perú en el sistema mundo capitalista, la selectividad estructural del Estado capitalista peruano y el debilitamiento de la clase obrera en relación a la clase dominante nacional. En este contexto coyuntural, entonces, ¿qué puede hacer el militante mientras tanto? Dentro de lo posible, formar multititudes, redes y vínculos solidarios, organizar asociaciones vecinales, unirse y constituir colectivos autónomos y destituyentes que partiendo desde abajo logren generar una potenzia capaz de ir más allá del Capital y el Estado (resistencias que pueden darse también en el ámbito digital), partiendo siempre de la vulnerabilidad como eje central que todos tenemos y que es lo que nos une en este momento (a diferencia de la derecha que explota el momento para echarle la culpa a los inmigrantes y a la izquierda). A raíz de esta situación catastrófica, es todo lo que se puede hacer de momento.


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