LA ESTRATEGIA DEL MIEDO

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Diego Lazo Herrera

No hay persona que, en algún grado, no sienta fascinación por el miedo, por eso disfrutamos viendo películas de terror, leyendo las novelas de Stephen King, haciendo puénting o recorremos la Casa del Horror y nos subimos a juegos mecánicos que nos provocan pánico. El miedo es, junto con el deseo, una de las emociones más poderosas en el ser humano y por esto, si es instrumentalizado, una de las más eficaces herramientas de manipulación que puedan existir. Muchas veces no nos percatamos, pero el miedo determina varias de las decisiones que tomamos, por ello los políticos apelan al miedo para movilizar instintivamente a las personas.

En las últimas semanas, hemos visto como una persistente campaña en redes sociales contra la telefonía celular, motivó el incendio de una antena y el secuestro de un equipo de ingenieros enviados a Huancavelica. La mentira difundida hasta el cansancio por las redes sociales que llegan, irónicamente, gracias a esa misma antena, afirmaba que la tecnología 5G produce cáncer y baja las defensas, haciendo más fácil el contagio de coronavirus. Otra teoría de conspiración que se está difundiendo con fuerza, es la que asegura que existe un plan diabólico, orquestado por la OMS y Bill Gates, para insertar chips en las vacunas de millones de niños. Para muchos resulta ridículo, pero las campañas antivacunación y contra el 5G han sido retuiteadas hasta el cansancio por personajes famosos como Enrique Bunbury o Miguel Bosé, que tienen gran capacidad de difusión. El bulo ha sido repetido en una homilía por el cardenal español Cañizares, quien afirmó que las vacunas “son obra del diablo” porque se obtienen gracias a células de niños abortados. Por supuesto, no sustentó su afirmación con investigación alguna, pues no le hace falta, basta con apelar al “Nuevo Orden Mundial”; la nueva mazamorra ideológica donde se mezcla casi todo, al gobierno socialista español, el “neomarxismo”, el enfoque de género, George Soros, las antenas 5G, las vacunas, la OMS ya Bill Gates.

Varias organizaciones de derecha siempre han apostado por la estrategia del miedo para batallar políticamente. Tanto en la derecha liberal vargasllosiana como en la derecha ultraconservadora de Con Mis Hijos No Te Metas, hay ejemplos de instrumentalización del miedo. Recientemente, el nobel arequipeño ha criticado con dureza la supuesta censura “Lo que el viento se llevó”, cuando fue retirada momentáneamente de una plataforma de streaming, para incluir en su transmisión un aviso que aclarara el contexto racista en el que se desarrolla la historia del filme. Aunque este hecho está muy lejos de ser una censura, porque la película ya ha sido repuesta y durante su breve retiro de HBO, estuvo disponible en DVD y otros formatos, para el escritor peruano, esto plantea una censura inaceptable, que nos llevará inevitablemente la prohibición de libros y películas. Vargas Llosa exagera ahora y cada cierto tiempo hace lo mismo. Constantemente apela a la falacia de la pendiente resbaladiza, para vaticinar que cualquier medida que restrinja un ápice la libertad, nos precipitara a un abismo de tiranías.

Esta misma lógica del miedo, la hemos visto cuando se han tildado de “chavistas” a todos los candidatos presidenciales de izquierda en Iberoamérica. Desde Pablo Iglesias en España, hasta la chilena Beatriz Sánchez del Frente Amplio, pasando por Verónika Mendoza y Gustavo Petro en Colombia, a todos se les ha echado la cruz encima, advirtiendo que, de ganar, mutarán en Maduro e impondrán una dictadura.

Junto a lo de chavista, la estrategia del terruqueo también se ha utilizado en España, en Colombia y constantemente en el Perú. El intento de censura de la película “Río Profundo” sobre la vida de Hugo Blanco, nuevamente ha explotado el miedo al terrorismo, que ha sido uno de los principales elementos en las campañas de la derecha peruana, pues siempre ha sido negocio para gente como el hoy encarcelado general Donayre, el fujimorismo y Phillip Butters.

El caso de la campaña CMHNTM es el más grosero ejemplo de explotación del miedo. Angélica Motta en el libro “Develando la retórica del miedo de los fundamentalismos”, explica que bajo el lema “salvemos a nuestros hijos”, esta campaña ha tratado de generar pánico frente a un supuesto “reclutamiento homosexual”, apelando a la ansiedad colectiva como principal movilizador. Esta misma ansiedad es trasladada al campo económico por los defensores del neoliberalismo para sostener el “piloto automático” y frenar cualquier reforma, por más pequeña que sea, porque, incluso sin son diminutas, atentan contra la absoluta y total libertad de mercado. En cada proceso electoral, somos testigos de los pánicos generados por los gremios empresariales para asegurarse de que ninguna medida de intervención estatal, ni siquiera para eliminar monopolios, se concrete. La retórica del miedo siempre resultará útil para generar pánico y ansiedad, de modo que, providencialmente, aparezcan figuras políticas y mediáticas que prometan apaciguar ese terror, prometiendo imponer orden, tanto económico como social, e impedir cualquier posibilidad de cambio. El miedo y las derechas llevan décadas de una eficaz convivencia y persistirán en utilizar la mejor herramienta que han encontrado en mucho tiempo, bien sea para tirarse abajo antenas, frenar la homosexualización de niños o “disciplinar” la economía de un país.


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