NUESTRA HISTORIA, NUESTRAS LUCHAS

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(A propósito de las luchas por la tierra, la indignación y nosotros)

Anahí Durand

In memoriam Julio Durand, mi papá.

En estos días, mientras se deterioraba la salud de mi padre, pude leer un renovado debate sobre la memoria de las luchas por la tierra y la conveniencia, o no, de que el Ministerio de Cultura financiara un documental sobre Hugo Blanco, indiscutible protagonista de esa etapa. Como ocurre siempre que se rememora procesos históricos que resaltan la voz de los de abajo, diversos representantes de la derecha peruana se apuraron en relativizar el pasado de explotación, estigmatizando y criminalizando a quienes se organizaron y levantaron para ponerle fin.

Leía ese debate y pensaba, inevitablemente, en mi padre y todas las conversaciones e historias compartidas sobre su Huancavelica natal; tierra del mercurio, pero también del nefasto sistema de haciendas que sobrevivió en el Perú hasta fines de los ‘60. Mi padre venía de una familia de clase media acomodada, con mucho capital cultural y cada vez menos capital económico, con bis abuelos y tíos hacendados de esos que tenían tierras “hasta donde la vista se perdía”, y cuyo sistema de tenencia y trabajo incluía fórmulas coloniales para que la población indígena cultivara las tierras del gamonal y realizara servicio doméstico en sus casas como mitas o pongos1El “pongo” designaba al indígena que prestaba servicio doméstico en la casa del hacendado de manera rotativa, obligatorio y no remunerada.. Pero el núcleo más cercano de mi padre no era de esos, su abuelo fue pintor y mi abuela, a mucha honra, fue la primera bibliotecaria de la provincia. Supongo que ese ambiente más bien intelectual y libre pensador marcó su espíritu inquieto y contestatario que pronto entró en tensión con la anquilosada sociedad huancavelicana y lo fue orientando hacia la izquierda.

Justamente, cuando yo estaba en la secundaria y empezaba a interesarme en la política, pregunté a mi papá por qué era de izquierda y cómo empezó a militar en el Partido Comunista (Patria Roja). Su respuesta fue muy ilustrativa: “Porque nací y crecí en Huancavelica”. Y a esa respuesta le sumaría siempre diversas historias y vivencias relacionadas con una provincia asfixiada por su pasado colonial, por la decadencia del régimen de hacienda, por lo arraigado del racismo en las relaciones sociales y por las estrategias de sobrevivencia y resistencia indígena/campesina. Obviamente también estaba la ideología, las lecturas de Marx, Lenin, el ejemplo del Che y Fidel, pero esa realidad inmediata de injusticias sin duda fue determinante.

Una de esas historias se me quedó grabada por lo gráfica que resultaba y por la indignación que todavía transmitía mi padre al evocarla. Era un partido de futbol de chicos de segundo o tercero de secundaria del Colegio La Victoria de Ayacucho, la cancha estaba cerca de un río y era época de crecida. En esos tiempos, contaba, era frecuente todavía que algunos de los varios hijos de hacendados llegaran al colegio con “sus pongos” que les llevaban el refrigerio o los esperaban a la salida para acompañarlos a sus casas y cargarles las mochilas, caminando algunos pasos tras de ellos. Los hijos de los pongos interactuaban con los hijos de los hacendados y, como suele ocurrir entre chiquillos, a veces se involucraban en sus juegos. En el partido de futbol que relataba mi padre participaba el “pongo” de un “niño” hijo de un reputado hacendado local; jugaba bastante bien, pero tuvo la mala suerte de lanzar la pelota al río. No hizo falta ninguna orden ni reclamo; el “niño” lanzó una mirada de dominio al joven sirviente de la hacienda que, casi de inmediato y sin alegar nada, se lanzó al río a intentar recuperar la pelota. Por supuesto murió ahogado, por supuesto nadie respondió por esa muerte, por supuesto el niño hijo del hacendado y los demás apenas se inmutaron…pero otros como mi papá sí lo hicieron y sería determinante en sus trayectorias militantes

Mi padre narraba esta historia con una mezcla de indignación y tristeza, contaba que los padres del chico ahogado habían buscado al juez y este los había despachado diciéndoles que se arreglen con su patrón y que el patrón los había ninguneado… Y, casi como tomándome la lección, me preguntaba en qué parte del cuerpo, o el alma, debe una persona tener impregnada la dominación para arriesgar la vida por el capricho del niño de la hacienda, cómo hace una sociedad para que alguien asuma con tanta naturalidad el privilegio de disponer por otras vidas… Y estamos hablando del Perú de 1963 no del siglo XVIII, aunque se parecieran tanto. Creo que esta rabia, impotencia y melancolía acompañaron a mi padre toda la vida y marcaron su ambivalente relación con Huancavelica, donde nunca más vivió de forma permanente. Apenas terminó la secundaria migró a Lima y estudió en San Marcos, su heterodoxia lo hizo alejarse de Patria y el devenir de su tiempo lo acercó más al mundo andino… siempre estuvo en la orilla correcta de la historia, contra las injusticias y del lado de los desposeídos, pero los últimos años andaba en una búsqueda por acercar la izquierda a la identidad inca y el Tahuantinsuyo que ya no tuve tiempo de entender… pero esa ya es otra historia.

Me he permitido este recorrido personal para resaltar nuestro reciente pasado nacional, surcado por profundas injusticias. Sin duda el Perú ha cambiado, la reforma agraria se realizó, las haciendas y “los pongos” ya no existen y el país se fue “cholificando”. Pero esos cambios no fueron una dadiva de las élites gobernantes; fueron producto de las luchas de indígenas/campesinos que decidieron sepultar una vida de explotación y servidumbre, con personajes como Hugo Blanco dispuestos a la acción en medio de tanta pasividad, con miles de jóvenes que, como mi padre, decidieron apuntalar proyectos de cambio. Aunque no les guste a los grupos de poder y hoy quieren edulcorar la historia o criminalizar a los luchadores populares, tener una sociedad algo más justa, un poco más democrática, es resultado de la permanente pugna por erradicar la dominación y sus secuelas de humillación y privilegios. Sin duda, es un proceso inconcluso, pero es una tarea vigente que en estos momentos de muerte y enfermedad urge retomar. Hoy la pandemia revela una realidad de desigualdad y pobreza, con un Estado incapaz de asegurar salud de sus ciudadanos, pero sumiso ante los grupos de poder. Mientras muchas familias esperan atención en la puerta de los hospitales, otros se endeudan con clínicas usureras y otros más mueren en sus casas, no podemos resignarnos a este abusivo orden donde prima el “sálvese quien pueda” porque los que pueden son unos pocos con dinero o influencias. Con la memoria de nuestras luchas y recuperando la capacidad de indignación quizá podremos abrir paso a la esperanza.


[1] El “pongo” designaba al indígena que prestaba servicio doméstico en la casa del hacendado de manera rotativa, obligatorio y no remunerada.


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4 COMENTARIOS
  • Fernando Reusche Flores
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    El relato de Anahí, se repitió tanto en épocas de hacienda que no puedo más que alegrarme que se haya terminado hace más de medio siglo, pero como bien lo afirma, SIN LUCHAS, SIN LIDERES QUE DIERON LA VIDA O PAGARON CÁRCEL no hubiese sido posible, es necesario que «los que entendemos» tengamos el valor para enfrentar lo que desdeñamos y mejorar lo que creemos está bien.
    Felicitaciones a Anahí Durand

  • Jesus Orccottoma
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    Me gustó muchísimo….conozco Huanxavelica por razones laborales. Estuve en tres épocas diferentes….pero la primera, la que me marco para siempre mi vida. Allí a los hacendados arrinconados por la Reforma Agraria…pidiendo favores para hacer fugar a sus ganados y maquinarias…Lo que más indigno fue entra narración: en un problema judicial es encarcelado el yerno de un hacendado por 4 años…y para que atendiera a ese criminal fue llevado un pongo de la hacienda del suegro…por 4 años….Épocas nefastas y crueles…

  • nolberto huamanñahui caballero
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    ES LA VERDAD SIN LUCHA SI NO FUERA LUCHADORES SOCIALES , NUNCA LOS GAMONALES HUBIERAN DEJADOS LAS TIERRAS QUE POSEÍAN,NADA FUE FÁCIL LA LUZ , AGUA , TELEFONO, NO SE LOGRO DE REGALO FUE AÑOS DE PELEA TODO SE HA CONSEGUIDO CON MUERTES , ESCUELAS, COLEGIOS, LOS MISMOS PADRES CONSTRUÍAN CON MUCHO SACRIFICIO Y PARA QUE MANDEN UN PROFESOR LA COMUNIDADES TENÍAN QUE ORGANIZARSE, AHORA LOS QUE NO SABEN O LO HAN VIVIDO ESAS ÉPOCAS , AL QUE LEVANTA LA VOZ POR SUS DERECHOS LOS TILDAN DE TERRORISTA, , ROJO. ESTOS ABUSOS HOY EN DIA ES EN OTRAS FORMAS SIGUE LATENTE EL RACISMO .

  • María del Carmen Cuadros s
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    Anahi te acompaño en ese dolor de sentir cercana la muerte
    Cuando acepte ir a Huancavelica, evalúe esas razones de olvido y marginación, q ahora me unen a los sueños de tu padre y a los tuyos… En esa esperanza y justeza nos encontramos,
    ABRAZO COMPROMETIDO
    Carmen

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