CIUDAD POST-PANDEMIA

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¿Qué lecciones nos dejaron algunas de las pandemias más letales de la historia?

Crysteri Hidalgo, Daniel García, Norma Zorrilla y Andy Philipps.

Colaboradores en el recojo de información: Andrea Gonzales y Marggiori García. Correctores de estilo: Sadith Vela y Jesús Miguel Céspedes.

La pandemia de COVID-19 ha desencadenado no solo una crisis sanitaria, sino que a su vez ha provocado una crisis económica sin precedentes en los últimos cincuenta años. Con más de cuatro millones de contagios en todo el mundo y más de quinientos mil fallecidos, la COVID-19 es una amenaza global para la que todavía no se encuentra una vacuna. No obstante, sí podemos anticipar una serie de medidas que vayan conformando la agenda urbana post-pandemia.

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El presente artículo parte de dos premisas. La primera es que la actual crisis sanitaria causada por la propagación de la COVID-19 se agudiza en y por las ciudades en las que, a 2018, ya vive el 55% de la población mundial. Además, y esta es la segunda premisa, la situación actual abre un escenario en el que las propuestas de reformas que persigan mejorar los niveles de mitigación y prevención del contagio – y, por lo tanto, preservar la salud pública –  deberán ser tomadas muy en cuenta.

Así entonces, lo que trataremos de demostrar es que la historia del urbanismo está estrechamente vinculada a, entre otras cosas, la aparición y propagación de distintas pandemias a través de un breve recuento de las medidas que provocaron tres de las más impactantes en la historia del urbanismo[1]: la peste bubónica, la influenza o la “gripe española” y el cólera. Desde este conocimiento, haremos una breve reflexión sobre el “futuro”.

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La peste bubónica o “peste negra”

En primer lugar, la peste negra o muerte negra es registrada como la pandemia más devastadora a la fecha con unos 25 millones muertes durante los siglos XIV y XV, solo en Europa. El origen de la peste se relaciona con un brote causado por una variante de la bacteria Yersinia pestis, que se contagia a través de la picadura de pulgas infectadas, contacto directo con tejidos infectados o inhalación de gotículas respiratorias infectadas.

Hay que recordar que las medidas que motivaron el efecto letal de esta epidemia[2] o pandemia[3] estaban fundamentadas en el conocimiento de la época, pero también en creencias. En este sentido, Gibert (2019) señala que antes de 1348 medidas como la limpieza de las calles, el recojo y el envío fuera de las ciudades de los productos de desecho o la realización de procesiones e incluso la expulsión de personas que supuestamente llevaban una vida que podía ofender a Dios se mostraron totalmente insuficientes e incluso inútiles. Nosotros intentaremos centrarnos en las que tuvieron un impacto empíricamente positivo en el bienestar de las personas.

Entre 1484 y 1485, la peste diezmó significativamente la población de Milán, lo que llevó a Ludovico Sforza, duque de Milán en aquel entonces, a pedir a Leonardo Da Vinci propuestas para que esto no se repitiera (Solera, 2018). Recordemos que las ciudades medievales, caracterizadas por estar amuralladas y presentar calle y canales estrechos e irregulares, eran difíciles de transitar y mantener limpias propiciando con ello la propagación de las enfermedades.

Entre los planteamiento de Da Vinci, consignados en su “Manuscrito B”, podemos destacar la demolición  de las murallas, a fin de reducir la densidad de las ciudades; un trazo menos irregular y más cuadriculado de las calles, lo que facilitaría el discurrir del agua a través de la ciudad (canales) y dentro de las viviendas (abastecimiento de agua y evacuación de residuales); y una división de la ciudad en dos niveles: una parte superior, para la circulación de las personas con vías abiertas y luminosas; y una inferior para los carros de carga y las embarcaciones navieras (Solera, 2018). Un apunte adicional: fue precisamente en el norte de Italia donde se comenzó a utilizar el vocablo “cuarentena” para referirse al aislamiento de los sospechosos de portar la peste durante cuarenta días.

En Londres, motivados por la peste de 1665, el gran incendio de 1666 y la influencia política que pudiera ejercer el pueblo londinense como multitud, se aprobó el Acta de Reconstrucción de 1667 que partía de la idea de que la ciudad estaba sobrepoblada y los edificios estaban muy juntos y hechos con materiales precarios. De manera que las casas comenzaron a construirse con ladrillos y no con madera, y el gobierno se propuso regular el crecimiento fijando a tres millas a partir de las puertas de la Ciudad de Londres el límite del suelo urbanizable (Evans, 2006).

También fue en Europa, en el norte de España, y luego de una virulenta epidemia conocida como “peste de Pasajes” que acabó en unos meses de 1781 con más del 10% de la población del puerto de Guipúzcoa, donde se crearon los modernos cementerios civiles extramuros.

En el Perú, entre 1903 y 1930 hubo cerca de veinte mil casos (Long en Cueto, 2000) de peste bubónica, de los cuales fallecieron el 50% de ellos. Cuenta Marcos Cueto que hasta los años veinte, las campañas contra la peste fueron esporádicas, rutinarias, simbólicas y limitadas a los períodos de crisis, y que no fue hasta el gobierno de Leguía que se tomaron una serie de medidas de saneamiento ambiental (2000). Algunas de ellas fueron la Ley 4126 que facultó al gobierno para contratar la ejecución de obras sanitarias en Lima y 32 ciudades del país y que autorizó a gastar cincuenta millones de dólares para realizar caminos, desagües, pavimentación de calles, sistemas de eliminación de basuras, agua potable y refacción de puertos. No obstante, señala el autor que aún de mayor importancia fueron la progresiva utilización de cemento en las construcciones urbanas y la instalación de nuevas tuberías de fierro fundido en las ciudades.

Más allá del terreno urbano, la tardía contención y control de esta epidemia tuvo que ver con la creación de instituciones especializadas como el Instituto Municipal de Higiene, la Dirección de Salubridad Pública y la Junta Directiva de la Campaña contra la Peste Bubónica de la Provincia de Lima, toda vez comenzaba a darse un aumento en la disponibilidad de una mayor variedad de alimentos, una cierta mejora en los niveles educativos en la costa y  mayor participación de los médicos en los asuntos públicos (Cueto, 2000).

Algunas de las medidas aquí subrayadas explican que en Europa, Asia o América ya no se registren o se registren pequeños números de casos de peste bubónica.

El cólera

En segundo lugar, el cólera es una enfermedad infecto-contagiosa intestinal aguda, provocada por la bacteria Vibrio cholerae, que produce una diarrea acuosa de gran volumen que lleva rápidamente a la deshidratación del organismo. Seis pandemias sucesivas mataron a millones de personas en todos los continentes. En la actualidad, el cólera es endémico en muchos países y su principal vía de contagio es la ingesta de agua o alimentos contaminados.

La fundación ‘We are water’ cuenta que, a raíz de una epidemia de cólera de gran mortandad en 1847, el médico inglés John Snow, entendió que el cólera era causado por el agua potable contaminada con la fecal. La misma fundación señala que a partir del siglo XIX las leyes de distintos países impusieron limitaciones a la construcción de pozos de agua o pozos negros, los mismos que fueron restringidos a zonas sin alcantarillado y convertidos en fosas sépticas mucho más seguras. Resuelta la emergencia sanitaria, en Hamburgo, Barcelona, París o Londres se comenzó a instalar desde finales del siglo XIX una red de alcantarillado subterráneo. El saneamiento, entendido como el suministro de instalaciones y servicios que permiten eliminar sin riesgo la orina y las heces, comenzó a ser una prioridad; así como el cambio de la costumbre popular de botar agua sucia por la ventana de sus casas a la calle.

En el continente americano, concretamente en los Estados Unidos, dice la profesora de arquitecta Carr, hubo un movimiento coordinado similar en el siglo XIX para mantener más limpias las calles y llevar agua limpia a las casas. En consecuencia, se construyeron calles más rectas para acomodar largas tuberías debajo y se idearon métodos de recojo de los desechos más seguros. En el caso particular de la ciudad de Filadelfia, se creó el parque Parque Fairmount que sirve como separador entre el río y el vecindario, así como aprobaron leyes que establecieron requisitos para viviendas que garanticen un mínimo de espacio y ventilación.

En el Perú, las condiciones del suministro y tratamiento del agua en Perú han sido caracterizadas como a la espera de que ocurra una catástrofe en cualquier momento. Por ejemplo, en Lima hacia 1990, el 25 por ciento de la población no tenía agua corriente, y se proveían principalmente mediante camiones de agua.  Efectivamente, solo en 1991 murieron casi tres mil personas a causa de la epidemia de cólera.

La influenza de 1918 o “gripe española”

En tercer lugar, la pandemia de la influenza de 1918 o “gripe española” provocada por el virus H1N1, cuyo contagio se produce a través de las gotitas que van por el aire luego de toser, estornudar o hablar, causó entre 1918 y 1920 casi cincuenta millones de muertes según la Revista Panamericana de Salud. La influenza tuvo consecuencias en las políticas públicas aplicadas en higiene y salud en todo el mundo. No obstante, de las relacionadas a urbanismo y vivienda, podemos destacar las leyes de reforma habitacional que hicieron las viviendas más ventiladas en la ciudad de Nueva York (Aimone, 2010) y la decisión de mantener las calles limpias constantemente. No menos importante es la gestión del transporte y de los espacios públicos para el control del hacinamiento y la desinfección periódica por parte del gobierno, como ocurriera en Lyon durante estos años (Kabbabe, 2019). Esto no significa que solamente la cuestión urbana se vio afectada por la pandemia ni que sólo del diseño urbano depende la gravedad de la catástrofe, pero queda constatado que las epidemias tuvieron un impacto en el diseño y planificación de determinadas ciudades que buscaron imposibilitar un nuevo brote de las mismas.

En el Perú, aunque no se cuenta con datos precisos sobre la mortalidad de esta epidemia, se documentaron tres olas de gripe, dice el Dr. Elmer Huerta en un artículo publicado en El Comercio en 2018: la primera en Lima en 1918, la segunda entre noviembre de 1918 y febrero de 1919 extendiéndose por la costa norte y el río Amazonas, mientras que la tercera ola se dará entre enero y octubre de 1920 en la costa central Ica. A esto, hay que añadirle que, como hemos visto, la epidemia de la influenza (1918 – 1929) avanzará en paralelo a otra gran epidemia: la peste bubónica (1903-1930).

Hasta aquí este el breve repaso del impacto de estas conocidas pandemias. Con esto, no queremos decir que solamente la cuestión urbana se vio afectada por la epidemia ni que solo del diseño urbano depende la gravedad de la catástrofe, pero queda constatado que las epidemias tuvieron un impacto en el diseño y la planificación de determinadas ciudades a fin de imposibilitar un nuevo brote de las mismas.

Tampoco debemos olvidar que cuatro connotados médicos peruanos han afirmado que gran parte de las crisis sanitarias generadas por las epidemias fueron afrontadas con decisiones coyunturales que no se volvieron una mejora permanente (Maguiña Vargas, et al.; 2010), lo que reproduce un sistema de protección social muy precario.

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A modo de conclusión

La élite mundial o los vendepatria no descansan y en su discurso podemos notar, al menos, tres vías para afrontar esta y futuras pandemias: a) un futuro caótico del “sálvese quien pueda”, donde “quien puede, puede”; b) la militarización social, esto es, parafraseando a Calvo Rufanges, la imposición de valores castrenses en la sociedad como la centralización de la autoridad, jerarquización, agresividad y xenofobia impulsada por la exaltación continua del patriotismo y sus símbolos (Calvo, 2015); o, en el mejor de los casos, c) un futuro en el que “solo la tecnología salvará al pueblo”, como si la tecnología no fuera gobernada y no se orientase hoy básicamente a la automatización de los procesos productivos y a la reproducción del capital. Pero esto no es lo que necesariamente tiene que pasar. No esta vez.

“El futuro no es lo que va a pasar sino lo que vamos a hacer” decía Borges. Por ejemplo, el futuro no es que compres y vivas temporalmente en un búnker ni que preveas un “espacio para poder trabajar en casa”, sino hacer efectivo el derecho a una vivienda digna. El futuro no es ir a comprar en auto a un supermercado ‘inteligente’, sino garantizar un abastecimiento seguro a trabajadores y clientes de unos mercados que sin perder su carácter popular establezcan claros protocoles de higiene y distanciamiento físico. El futuro no es el control masivo del movimiento de las personas a  través de aplicaciones móviles, sino la construcción de espacios públicos que hagan posible cumplir con el derecho al esparcimiento o al juego de las y los niños, así como la implantación de un sistema de protección social de alta cobertura que utilice la ciencia y tecnología para cumplir sus fines.

En este sentido, y teniendo en cuenta el fácil contagio a través del aire y la necesidad establecer distancia física obligatoria, ¿qué tipo de medidas deberían adoptarse en el plano urbano tras el paso de la COVID-19 que hoy suma más de 60 mil contagiados en el Perú y más de 300,000 en América Latina? Como mínimo proponemos las siguientes cinco líneas de acción para Lima que esperamos sean públicamente discutidas, especialmente, tras el estado de emergencia nacional: democratizar la higiene en la ciudad, así como el acceso al espacio público, ahora más que nunca en disputa; garantizar una movilidad urbana segura para todos pues es un importante vector de contagio; intervenir el sector inmobiliario y regularlo garantizando vivienda digna a cada familia; medidas específicas de mitigación y prevención de riesgo de contagio en mercados y centros de abastos, principal foco de contagio durante la cuarentena.

En esta línea algunas organizaciones como la Unión de Estudiantes Arquitectos de Lima o foros académicos como Limapolis 2020 han vuelto a discutir con más fuerza la agenda urbana en Lima a partir de la evidente necesidad de mantener un distanciamiento social y proponen medidas concretas, factibles y más necesarias que nunca en torno a la vivienda y los espacios públicos. Un resumen aquí o aquí.

La desigualdad, la ausencia de Estado y el excesivo centralismo del poder son tres de los factores que hacen complicado creer que la ciudad pueda superar esta crisis sanitaria rápidamente. Ni mucho menos que la ciudad pueda ser un espacio más habitable tras ella; sin embargo, y como lo hemos visto, las crisis también abren oportunidades para que nos extrañe e incluso lleguemos a rechazar aquello a lo que nos habíamos acostumbrado.

Bibliografía

AIMONE, F. (2010). The 1918 influenza epidemic in New York City: a review of the public health response. Public Health Reports, 125, 71-79.

CALVO, J. (2015). “Militarización” en Calvo Rufanges, J. y A. Pozo Marín, (coords.) Diccionario de la guerra, la paz y el desarme. Barcelona, Icaria.

CUETO, M. (2000). El regreso de las epidemias. Salud y sociedad en el Perú del siglo XX. Instituto de Estudios Peruanos.

EVANS, A. W. (2006). “Planificación, cinturones verdes y límites al crecimiento urbano”, en Santiago. Dónde estamos y hacia dónde vamos (Galetovic, A., ed.). Santiago, Centro de Estudios Público, 186-188.

HARATANI, J. y HERNÁNDEZ, D. (1991). “El cólera en Perú: Una evaluación rápida de la infraestructura de abastecimiento de agua y saneamiento del país y su papel en la epidemia”, Water and Sanitation for Health Project (WASH), No. 331, Informe de campo preparado por J. Haratani y D. Hernández, Lima, mayo.

KABBABE, S. (2019). La pandemia de Gripe Española de 1918. Medicina Interna, Vol. 35, Núm. 2.

RIUS I GIBERT (2019). La peste a lo largo de la historia. Revista Enfermedades Emergentes. Vol. 18(3):119-127.

MAGUIÑA, C., SEAS, C., GALÁN, E., & SANTANA, J. (2010). Historia del cólera en el Perú en 1991. Acta Médica Peruana, 27(3), 212-217. Recuperado en 02 de mayo de 2020, de http://www.scielo.org.pe/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1728-59172010000300011&lng=es&tlng=es.

SOLERA, B (2018). Propuestas urbanas de Leonardo da Vinci. Una resconstitución gráfica. Proyecto Fin de Carrera.

VÁSQUEZ, T. (2005). Espacio público: un territorio en disputa. Revista de Ciencias Humanas de la UTP. Núm. 35


[1] Si bien se ha tomado como referencia literatura que, principalmente, se enfoca geográficamente en Europa y Norteamérica, para el caso peruano, se han incorporado algunas anotaciones de determinados textos del historiador Marcos Cueto y del médico Elmer Huerta.

[2] Enfermedad que ataca a un gran número de personas o de animales en un mismo lugar y durante un mismo período de tiempo. Utilizaremos para hablar a escala nacional.

[3] Enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región. Utilizaremos para hablar a escala internacional.


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