LA CALLE COMO ESPACIO POLÍTICO

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FEMINISMO EN EL ESTALLIDO SOCIAL CHILENO
Paloma Rodríguez*

El estallido social chileno ha conjugado diversas demandas ciudadanas que tienen en común la búsqueda de una vida digna. Entre las diferentes luchas que han convergido en el “despertar”, ha sido significativa la nueva ola feminista en el país, comenzada con fuerza desde el “mayo feminista” del 2018. Así, el feminismo chileno ha logrado utilizar diferentes técnicas bastante creativas para trasmitir un posicionamiento político y ocupar los espacios públicos históricamente negados a las mujeres. También, el movimiento feminista ha sido un sector crítico con la estructura neoliberal chilena. Como mencionó French-Davis, “Chile comenzó a aplicar el modelo neoliberal casi 20 años antes que recibiera su nombre actual”. Y agregaba “fue pionero y lo aplicó brutalmente amparado en el miedo que existía en la dictadura”. Asimismo, esta fórmula fue más extrema que la de Ronald Reagan en Estados Unidos y la de Margaret Thatcher.[1]

Por otra parte, la ideología de Guzmán, principal gestor de la Constitución de 1980, consistía en considerar a la sociedad como una organización corporativa, despolitizándola. Guzmán criticaba la democracia parlamentaria y liberal y abogaba por un Estado fuerte, ligado a la Iglesia Católica y a un pensamiento conservador.

El “modelo chileno” se construyó por economistas, tecnócratas y militares, a puertas cerradas de una población que era reprimida, desaparecida y asesinada. Muchas mujeres sufrieron violencia política y fueron relegadas al espacio privado bajo una moral católica conservadora. El aborto terapéutico, aprobado en 1931, fue eliminado en 1989, durante el último lapso de la dictadura. De esta manera, los derechos de salud pública y reproductiva de las mujeres retrocedieron en el país durante este periodo, a la par que los derechos humanos.

El pueblo pasa a ser considerado un agente apolítico y, por ende, pasivo y sin poder influir en la sociedad. Las calles se cerraron, se desmovilizó a la población en base del miedo y la represión, y por varios años Chile cayó en un letargo engendrado del dolor y el trauma. Las generaciones que vivieron el golpe militar, se encerraron en sus casas y las avenidas se cerraron.

Empero, desde el 2011, se dio paso al ciclo de crisis del sistema neoliberal chileno, con el movimiento estudiantil. Los estudiantes se tomaron los colegios y universidades y salieron a las calles exigiendo una educación pública, gratuita y de calidad. La consigna del movimiento “no al lucro” adquirió gran relevancia en el debate público porque “gracias a esta frase emerge una demanda de prohibición, la existencia de una frontera que debe marcar el fin de la impunidad de los poderosos que, en situaciones de mercado, carecen de prohibiciones”.[2]  Así, se atacaba el corazón mismo del sistema neoliberal.

Posteriormente, en el 2018, el movimiento feminista volvió a cuestionar a la educación chilena. Para que la educación fuese de calidad, no debía ser sexista ni discriminar a las mujeres. Se cuestionó el “currículum oculto”, es decir, “los valores esperados diferencialmente para niños o niñas y las construcciones culturales que sostienen la diferenciación sexual y que organizan las prácticas escolares”[3]. Asimismo, se criticó el machismo y los estereotipos de género en la academia. También, el “mayo feminista” logró visibilizar los abusos de autoridad y el acoso universitario. Las mujeres sacaron la voz para denunciar a profesores e intelectuales emblemáticos de universidades. “Las estudiantes dijimos fuerte y claro a compañeros, profesores y rectores que no permitiremos más acosadores, abusadores y violadores (…) Exigimos una educación que nos entregue espacios seguros para poder desarrollarnos como futuras profesionales con dignidad y derechos”.[4]

Fuente: Historiadora Paloma Rodríguez
Fuente: Foto tomada por la historiadora Paloma Rodríguez

Las estudiantes se apropiaron tanto del espacio público como de sus cuerpos. Durante las marchas, las mujeres salían con el dorso descubierto, protestando en contra de la construcción sexista realizada por hombres sobre el cuerpo femenino. Las críticas y polémicas pronto se hicieron escuchar, pues para los hombres era “violento” ver pechos descubiertos de mujeres de una manera política, y no para su consumo y placer. Las manifestantes también reclamaban el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos, y el derecho al aborto libre, “no bastan tres causales[5] es el grito que hasta hoy resuena en las calles del país.

Por otra parte, el colectivo “Las Tesis” de Valparaíso, formado el 2018, se dio a conocer en el contexto del estallido social chileno, un año después. El colectivo surgió con la intención de decodificar las tesis y publicaciones feministas y adaptarlas a una performance sonora y visual. De este modo, se podrían difundir las principales ideas feministas mediante el activismo y la intervención del espacio público. Las cuatro integrantes se hicieron conocidas a nivel nacional e internacional por su canción y performance de “un violador en tu camino”, realizada por primera vez el 25 de noviembre del 2019, el día de la no violencia contra la mujer. La letra de la canción se inspiró en los estudios de la antropóloga Rita Segato para denunciar y visibilizar la violencia estructural patriarcal que recae sobre las mujeres. Así, se adaptó la letra para denunciar la violencia y cultura de la violación que se encuentra en las instituciones y órganos de poder, como la culpa que se les suele atribuir a las mujeres víctimas de violencia.

La letra se adapta al contexto chileno, al recriminar el actuar de carabineros, la policía del país. Durante el estallido, se han registrado una serie de uso desmedido de la fuerza y abusos por la policía. Según el Informe de Human Right Watch, en los primeros 30 días de protestas se habían recibido 442 querellas de abuso policial, y 77 de ellas eran de abuso sexual.

Como menciona Silvana Bustos de la red chilena contra la violencia contra las mujeres, “la práctica de violencia política sexual, se define como cualquier acción violenta de carácter sexual o sexista dirigida en contra de las mujeres por el hecho de serlo, para desanimarlas de participar en política.”[6] Su objetivo es castigar a las mujeres y disidencias por desafiar el orden al tomar un espacio que no les pertenece según la lógica patriarcal. Es una manera de “devolverlas a su lugar”. Hasta hoy, la calle es un espacio peligroso para las mujeres y sus derechos. En la performance de “un violador en tu camino” cuando las manifestantes hacen cuclillas, hace alusión al abuso de carabineros, pues muchas detenidas han denunciado la humillación vivida al obligarlas a desnudarse y realizar cuclillas.

Así, el trabajo colaborativo, autónomo y no institucional de diferentes colectivos ha sido una forma de reclamo de la ciudadanía durante el estallido chileno. “Las Tesis” han expresado que no esperaban lograr el impacto que generó su presentación, la que ha dado la vuelta al mundo. Incluso en países como Turquía, en donde las mujeres arriesgan su libertad y vida por manifestarse, han realizado la performance.

En este sentido, las mujeres se han unido creando poder desde la organización colectiva, pues lamentablemente en este caso, nos une el hecho terrible de ser víctimas por años de violencia institucionalizada.” Las Tesis” aseveran no pactar con las instituciones neoliberales que han sometido a las mujeres. Pues, afirman “nos vinculamos con lo político y no con la política”.[7] La lucha entonces para la búsqueda de nuevas narrativas y la ampliación de derechos, se ha desplazado al espacio público.

Bajo esta misma lógica, los muros de las calles se han transformado en un verdadero museo de la revuelta. La intervención urbana ha servido como una voz y representación de las demandas ciudadanas, y se han creado nuevos referentes en esta época de reconstrucción nacional. La artista Paloma Rodríguez se ha convertido en un ícono de la lucha por su arte de protesta y por generar emblemas para los manifestantes. Dentro de sus referentes contestatarios, las mujeres ocupan un papel central.

La llamada “Santísima Dignidad” es una mujer con el dorso desnudo y con el pañuelo verde amarrado como capucha. Asimismo, en “its a matchrepresenta a una pareja de “la primera línea” combinando un lenguaje moderno de las redes sociales. De esta forma, se visibiliza a las mujeres y adolescentes que son parte del frente de la batalla en contra las fuerzas especiales en la marcha, no siendo un lugar solamente masculino. En su obra ni tuya ni yutatambién hace una crítica al abuso policial y expresa la autonomía femenina. El muralismo desplegado en las calles chilenas se convierte en un arte de crítica y rebeldía ante los poderes oficiales y, al mismo tiempo, sirven para representar a los sectores generalmente excluidos.

El despertar chileno también ha posicionado a los mapuches y grupos indígenas por años segregados y violentados por el Estado. Así, las representaciones de las mujeres mapuches recorren las calles del país. En febrero, se pudo ver a la “Virgen de las barricadas”, una mujer con símbolos de la cultura mapuche en pie de lucha, y en la parte inferior de la obra aparece “protégenos del mal gobierno”. Las disidencias y minorías étnicas han sido incluidas en el nuevo relato de resistencia chilena. De esta manera, se busca representar a todas las mujeres, desde un enfoque decolonial.

Por otra parte, vemos cómo se conjugan ideales religiosos católicos como “La Santísima Dignidad” y la “Virgen de las barricadas”, pero con una representación de mujeres combativas y empoderadas. Puede ser una lectura y crítica a los ideales que impone la religión, pues de los roles pasivos y de abnegación femeninos encontrados en la Biblia y referentes católicos, se pasa a heroínas activas y apropiadas de su sexualidad e influyentes en la sociedad.

Fuente: Artista Paloma Rodríguez
Fuente: Artista Paloma Rodríguez

Por otro lado, a raíz del estallido, los manifestantes pidieron cancelar el famoso Festival de Viña del presente año, ya que el país estaba en medio de una crisis política y moral que no necesitaba “pan y circo”. Sin embargo, el gobierno hizo caso omiso a dicha solicitud por lo que el espectáculo se llevó a cabo, indudablemente con tal de “tapar” el problema y tratar de calmar los ánimos. Pero, el Estado apeló a la censura, pues se decretó la prohibición de ingresar con carteles y hacer alusión al movimiento social comenzado en octubre. No obstante, el público encontró maneras de protestar ante las cámaras, ya sea tapándose los ojos -por las pérdidas oculares realizadas por carabineros a los manifestantes-, o escribiéndose en el cuerpo frases de protesta.

Los artistas también ocuparon el espacio para hacer rutinas o actuaciones como un medio de protesta y crítica. Una de las noches más emblemáticas fue el “lunes femenino” del 24 de febrero. Tres destacadas artistas nacionales compartieron el escenario. La cantante Mon la Ferte abrió la noche, cantando sus temas más conocidos. Entre ellos, cantó “plata ta tá”, un reguetón que alude al estallido social y critica al sistema neoliberal, así como también menciona el feminismo chileno actual. “Nos sacamos los sostenes, Levantamos los pañuelos verdes” dice parte de su letra. Anteriormente, la artista ya había causado polémica al salir en la alfombra roja de la gala de los Latin Grammy en noviembre del 2019 con su dorso destapado. Con la frase escrita “En Chile torturan; violan y matan” en él, y con su pañuelo verde amarrado en el cuello.

La cantante tomaba posición aprovechando un espacio sumamente mediatizado para denunciar internacionalmente los abusos y violaciones de los derechos humanos cometidos en Chile, por parte de carabineros. Asimismo, cuando fue invitada a un programa de Univisón, habló sobre los varios montajes realizados por parte de las fuerzas policiales durante el estallido, poniendo en entre dicho la quema de las estaciones del metro por parte de manifestantes. Luego de su entrevista, carabineros la citó a declarar ante la justicia chilena pues decretaron una demanda penal en su contra por expresar su punto de vista. En la noche del festival, la cantante se tomó unos minutos para mencionar la censura y actuar de carabineros en su contra. La Ferte se ha convertido en un referente en la lucha en contra de la represión policial en el país. También aprovechó su presentación para llenar el escenario con 30 mujeres, entre ellas, Francisca Valenzuela. Ambas cantantes bailaron una cueca flameando los pañuelos verdes, reivindicando la lucha feminista por el aborto libre.

Prosiguió la rutina humorística de Javiera Contador, quién rompió con el típico humor facilista machista, y conversó sobre lo que aqueja a varias mujeres, como por ejemplo ser juzgadas por nuestro cuerpo, así como el peso que recae sobre las mujeres y los problemas de la maternidad. De esta manera, Contador problematizaba y visibilizaba a las mujeres reales en el festival. Aparecen las mujeres como sujetos plenos y no objetos para el goce masculino, como suele ser en las tónicas humorísticas sexistas que denigran a las mujeres.

Finalizó la noche Francisca Valenzuela, cantante y activista feminista. Valenzuela es productora y fundadora de “ruidosa fest”, proyecto que desde el 2016 visibiliza las voces de mujeres y disidencias en la música e industrias creativas. En su presentación cantó sus temas más conocidos y con letras feministas. Por ejemplo, “Héroe empodera a las mujeres con el mensaje de que cada mujer debe ser su propio héroe, sin esperar que un hombre las “rescate”. Por otra parte, “Tómame” expresa la sexualidad y visibiliza el deseo sexual femenino, condenado por una sociedad patriarcal. La artista también ocupó la plataforma para denunciar los crímenes y abusos cometido por carabineros, tapándose su ojo como medio de protesta y apareciendo con una chaqueta negra con múltiples frases de protesta y reivindicaciones escritas en ella.

De este modo, el “lunes femenino”, se convirtió en una noche histórica en la Quinta Vergara. Las tres artistas ocuparon el show televisado tanto en Chile como a nivel internacional, para transmitir un fuerte mensaje político. A su vez, salieron las mujeres de verdad y reales. No aquellas a las que el Festival tenía acostumbrado. Las mujeres, que en general acaparaban la atención, eran aquellas que se disputaban la corona por ser la reina del certamen. Los comentarios se reducían a comentar la belleza de las participantes, su talla de bikini y múltiples comentarios sexistas y de cosificación. Aquí, las artistas se apropiaron del espacio público como una forma de reivindicación feminista y política. Al fin, no eran hombres definiendo y encasillando a las mujeres en ideales patriarcales, sino que ellas mismas levantaban su voz y su cuerpo, como medio de protesta. De esta manera, la potente noche plasma la oportunidad de revelar modelos alternativos al rol tradicional de mujeres para las futuras generaciones. Y afirma que las mujeres son agentes autónomos, que pueden también influir y ser protagonistas de su propia historia y agentes de cambios e influencia nacional.

Por otra parte, el inicio de marzo trajo consigo victorias para el feminismo chileno, así como también nuevas manifestaciones e intervenciones públicas. El 2 de marzo, se aprobó la “Ley Gabriela” que tipifica como femicidio aquellos casos en que el agresor mantenía una relación de vínculo afectivo con la víctima. Si bien dicha ley implica una victoria, los dichos del presidente tras la promulgación fueron sumamente machistas. Piñera, expresaba que “a veces no es solamente la voluntad de los hombres de abusar, sino que también la posición de las mujeres de ser abusadas.”[8] Piñera atribuyó responsabilidad y culpabilidad a la víctima, ejemplificando la violencia patriarcal en contra de las mujeres por parte del Estado y en la promulgación de una ley que, justamente, busca parar la violencia de género.

Asimismo, a mediados de marzo la ministra de la mujer, renunció a su cargo por la presión feminista. Plá, trató de explicar los dichos del presidente, lo que causó indignación. Por otro lado, la ministra había guardado silencio ante las denuncias de abusos realizadas en contra de carabineros durante el movimiento social, lo que había causado que varios colectivos feministas pidieran su renuncia.

Así también, de los múltiples rayados callejeros del “nunca más sin nosotras” que se leen en los muros y edificios de Chile, se logró que el 4 de marzo se aprobara la paridad de género en un eventual órgano constituyente. El hecho histórico había sido demandando desde las calles por el feminismo chileno, logrando el activismo repercutir en la política institucional y en una mayor participación femenina en el ámbito político.

De la misma manera, en los días previos a la conmemoración del día de la mujer, las feministas chilenas con su creatividad característica hicieron diferentes manifestaciones callejeras. En el “superlunes” del 2 de marzo, la Asamblea Feminista Plurinacional intervino las señaléticas de las calles, reemplazándolas por nombres de chilenas históricas. De esta manera, la calle principal de Santiago fue nombrada Gabriela Mistral como un acto simbólico y de rescate a las mujeres invisibilizadas en la historia del país.

Por su parte, el colectivo “Callejeras Autoconvocadas” en la ciudad de Concepción, adoptó la canción “una muñeca me habló” del programa nacional “31 minutos” para transmitir un mensaje feminista.” Mi muñeca me habló, me dijo ‘lucha’, que no se puede repetir lo que pasa en el país”, corearon decenas de mujeres frente a la catedral de Concepción, en el sur de Chile”.[9] Las manifestaciones feministas, como en el caso citado, se han realizado en varias ocasiones fuera de instituciones que han enjuiciado a las mujeres y decidido por ellas y sus cuerpos, como la Iglesia Católica. El feminismo durante el estallido social también ha logrado conectar las provincias con la capital. Finalizando la semana feminista, en el 8M dos millones de mujeres hacían historia en las calles de Santiago.

Se puede concluir diciendo que el feminismo contemporáneo en Chile ha encontrado diferentes y nuevas formas de hacer y ejercer la política a través de protestas que se apropian y transforman el espacio público. Como mencionó Butler, el feminismo chileno está a la vanguardia y “marca una diferencia al pensar en tácticas, estrategias y objetivos”.[10]

Además, el feminismo chileno ha logrado comprender el poder como lo menciona Beard. “No es fácil hacer encajar a las mujeres en una estructura que, de entrada, está codificada como masculina: lo que hay que hacer es cambiar la estructura. Y eso significa que hay que considerar el poder de forma distinta: significa separarlo del prestigio público; significa pensar de forma colaborativa, en el poder de los seguidores y no solo en los líderes; significa, sobre todo, pensar en el poder como atributo o incluso como verbo (“empoderar”) no como una propiedad”.[11]

Desde el mayo feminista hasta la fecha, el feminismo chileno ha influido de manera directa en la sociedad. Al apropiarse del espacio público, se han creado formas creativas de resistencia, que han cuestionado y denunciado la violencia estructural del sistema neoliberal patriarcal predominante en el país. Las mujeres han estado en el frente de batalla, y se han transformado en íconos de la revuelta popular. Las luchas por la vida digna, los derechos ciudadanos, la libertad sexual y reproductiva, y la igualdad, han posicionado a las mujeres chilenas como sujetos fundamentales para lograr el cambio político y socioeconómico en Chile. El poder colaborativo y las diferentes estrategias de hacer política popular, han logrado remover los cimientos del régimen instaurado durante la dictadura militar.


* Historiadora y Feminista

[1] Entrevista a Ricardo FFrench Davis, el economista Chicago Boy disidente. La Segunda, jueves 21 de noviembre,2019.

[2] Alberto Mayol, Big Bang. Estallido Social. Editorial Catalonia,2019.

[3] Loreto Rebolledo y Ximena Valdés. “Género y orden social: dificultades para implementar relaciones de género igualitarias en la vida cotidiana” En Mujeres Insurrectas. Anales de la Universidad de Chile,2018.

[4] Karla Toro, “Estudiantes en movimiento: Nunca más sin nosotras “En Palabra Pública, Universidad de Chile Universidad de Chile, número 13 de mayo 2019.

[5] Durante el gobierno de Michelle Bachelet en el 2017, se logró la aprobación del aborto en tres causales, pero el movimiento feminista actual reclama el derecho de decisión de las mujeres a abortar sin condiciones previas.

[6] Silvana del Valle, Violencia política, sexual y la reivindicación del foro público para las mujeres. En Palabra Pública, Universidad de Chile. Número 16, noviembre-diciembre,2016.

[7] Entrevista a “Las Tesis”. En Puerto TV Producciones. Valparaíso, 13 de diciembre, 2019.

[8] Diario Concepción, Frase del presidente Piñera marcó la promulgación de Ley Gabriela. 2 de marzo del 2020.

[9] Diario El País. ‘Mi muñeca me habló’, la canción de ‘31 minutos’, se vuelve un canto feminista en Chile.6 de marzo del 2020.

[10] Diario El Desconcierto. Judith Butler asegura que el movimiento feminista en Chile está “a la vanguardia de la izquierda”. 10 de febrero del 2020.

[11] Mary Beard. Mujeres y poder. Un manifiesto. Editorial Crítica, 2018.

Fuente de la imagen de portada: Foto tomada por la historiadora Paloma Rodríguez


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