PREGOOONES, COMETAS Y MASCARILLAS

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Guillermo Valdizan

Barrios en pie de cuidados y juegos

Ante la aplastante retórica estatal de la “guerra contra el enemigo invisible” que a diario predican los jefes de Estado, generales y periodistas; en el corazón de los barrios populares de Lima alzan vuelo otros imaginarios, fundados en prácticas ingeniosas, lúdicas y comunitarias, a través de las cuales se recrean y potencian vínculos vecinales de solidaridad en medio del confinamiento, la expansión mortal del virus y el azote de las necesidades básicas.

Por eso, mientras que el Estado apela a la metáfora bélica para mantener la “unidad nacional”, centrada en acatar el “distanciamiento social”; otros atrevimientos colaborativos nos muestran gestos de potenciales formas de convivencia, donde el distanciamiento no es “social” sino “físico”, y donde la comunidad se reconstruye desde los “acercamientos sociales”.

Esos atrevimientos toman forma de acciones y objetos cotidianos: pregones ambulantes, cometas de techo y mascarillas diseñadas. Tres inventos de raíces antiguas y emparentados con el flujo del aire. Hoy estas prácticas y artefactos vienen renovando su presencia, ocupando paisajes y rostros en cuarentena, redefiniendo así su carga expresiva y la fortaleza de territorios populares que se afirman en pie de cuidados y juegos.

  • Pregones ambulantes

Siguiendo la tradición de pregones de la Lima virreinal, y sus mutaciones en el comercio ambulatorio, hoy se escuchan por las calles el rugido de tiendas rodantes de alimentos vendiendo melones, papas y hasta pollos. Entre la disyuntiva de morir de COVID-19 o morir de hambre, varios comerciantes recorren las zonas metidas con sus carretillas parlantes e invaden las ventanas con “súper ofertas” (claro, para que la mercadería salga y no se les malogre).

Con una pequeña batería, funcionan el motor del vehículo y su parlante tipo campana, movilizándose usualmente por dúos a mitad de la mañana o mitad de la tarde, amenizando el confinamiento con charlas, chistes y ventas. “Melones del tamaño de mi cabeza”, “Compre chirimoya, la única golosina que no te pica el diente”, “Lleva papa y si no te gusta la devuelves”, “Casera, casera, pollo sin cuarentena”, “Compre antes que nos lleve la policía”. El repertorio mezcla frases hechas y diálogos con la clientela, lo que permite renovar sus ocurrencias.

También podemos reconocer a ciertos vendedores por sus voces (a pesar de la distorsión metálica de sus aparatos sónicos) y los estilos de picardía surtidos en sus pregones. Así los sonidos ambulantes son presencias que emergen entre ruidos, alarmas, conversaciones y radios; intensificándose según su cercanía, lejanía o velocidad. Radio bemba, comedia móvil y comercio al por menor se ensamblan, amenizando y dotando de texturas sonoras al tiempo del encierro.

  • Cometas de techo

Alzando la mirada al cielo, descubrimos otro barrio que vibra al ritmo de las cometas. Este artefacto volador, que cuenta con una historia de siglos (dicen que fue creado en la China del siglo XI con fines militares), ha sido transmitido por generaciones, macerando sabiduría manual y estética entre amistades y familias. Hoy está logrando sortear la cuarentena sobre los techos de las casas ubicadas en los cerros de Lima, aunque poco a poco ha llegado a las zonas planas.

Fue al finalizar la primera semana del estado de Emergencia Nacional. Asomó tímidamente una oscura cometa, confeccionada con la sencillez de una bolsa plástica, la cruz o asterisco de carrizo como estructura base, un hilo guiador y su cola en tira. Transcurridos los días, y al compás de la extensión del virus, se multiplicaron las cometas y en pocas semanas llegaron a contarse por decenas. Desde las ventanas-palcos resulta visualmente liberadora la transformación del paisaje aéreo de una ciudad obligada a encerrarse para sobrevivir.

Cada tarde, a partir de las tres, familias enteras suben a las azoteas. Usualmente son niños y niñas quienes pilotean las naves romboides de alargadas colas, como jugando a rebelarse contra el viento y la adversidad. Las técnicas de pilotaje deben adaptarse al breve plano del techo, lo cual implica que no pueden correr para “agarrar vuelo” sino que deben aprovechar el ánimo del aire, dialogarle, y aun así es tarea fina mantener la altura. A quienes observamos el espectáculo desde lejos nos obliga a alzar la mirada y reencontrar un paisaje vivido y en movimiento, lleno de interacción lúdica.

  • Mascarillas diseñadas

Apenas en los primeros días del estado de Emergencia Nacional, cuando las farmacias y boticas agotaron su stock de mascarillas, salieron vendedores ambulantes de mascarillas cerca de mercados o avenidas principales. Pasado los días, el Estado decretó su uso obligatorio, generando una pronta escasez de las mismas y el aumento del precio, lo cual se agravó debido a que emporios textiles, como Gamarra, estaban impedidos de reanudar actividades.

En tal escenario, varios talleres textiles caseros empezaron la producción de miles de mascarillas contra el COVID-19. Lo particular es que, si bien producían los clásicos modelos blancos y turquesas, también elaboraron unos con gráficas altamente sugerentes. Bajo referentes visuales globales, esas mascarillas te ponían en la boca la risa de Homero Simpson o el rugido del Rey León. Así tu quijada se convertía en mandíbula de dinosaurio, labios de anime, o simplemente en afiche de bandas de moda. Entre toda esa visualidad, también irrumpió la iniciativa de la artista Venuca Evanan y sus mascarillas con motivos sarhuinos. Así, las gráficas estampadas en este masivo escudo facial nos van adelantando que nuestra gestualidad tendrá que reconstruirse en el mediano plazo, a través del filtro de las mascarillas (y, por supuesto de las pantallas).

En tanto empeora la curva de infectados y víctimas mortales, distintas empresas e instituciones han empezado a confeccionar mascarillas, siguiendo pautas del Ministerio de Salud e incorporando el necesario bagaje científico para ello. No obstante, ante el vacío actual y la copiosa demanda, los talleres textiles caseros siguen produciéndolas artesanalmente, adhiriendo la gráfica como una atracción para el gusto del cliente y a favor sus ventas.

La voluntad de existir

En Perú, la retórica de la guerra agudiza choques políticos y culturales que preceden a la pandemia, como el desprestigio de la democracia y la demanda de militarizar la “mano dura” para resolver conflictos sociales en una sociedad empujada al individualismo, la desigualdad y la discriminación. En ese marco, la invocación bélica puede decretar la “unidad nacional” más no construir la “comunidad nacional”. Por el contrario, al definirnos como “soldados” y “enemigos”, al mismo tiempo, refuerza imaginarios que, cual fósforos prendidos en un barril de kerosene, nos llenan de sospechas hacia los demás e inflaman las tentaciones autoritarias. Igualmente, el distanciamiento social del “quédate en tu casa” se hace una consigna necesaria, pero insuficiente para canalizar productivamente dos abundancias ciudadanas en esta cuarentena y que pueden hacer la diferencia para encarar la crisis: tiempo e ideas.

Desde otro hacer, los barrios populares están cultivando prácticas ingeniosas, lúdicas y comunitarias de “acercamientos sociales”. Los tres inventos nombrados son apenas ejemplos creativos de una potencia que detona en lo territorial. Potencia que también se expresa en iniciativas orgánicas como “Solidaridad y Creatividad Vecinal”, impulsada por grupos culturales de El Agustino; la elaboración de data sobre la situación actual de los grupos metropolitanos de hip hop o de los grupos foklóricos de Villa El Salvador; la creación de redes de apoyo distrital frente a necesidades básicas en San Juan de Lurigancho, Comas y Collique; entre otras. Asimismo, surgen prácticas solidarias y cuidadoras en diversos barrios populares: las “banderas blancas” en casas para señalar familias que no recibieron apoyo estatal, la ubicación callejera de envases con comida para perros y la elaboración de carteles (o periódicos murales) comunicando pautas sobre salud y seguridad a peatones.

En cada una de estas prácticas localizadas resuenan ecos de las faenas que forjaron nuestros barrios: las sensibilidades y repertorios estéticos, las tradiciones y conocimientos situados, las múltiples formas de organizar la producción y alentar la comunicación, los gustos y juegos que nos sanan. Ahí, pese a las graves condiciones sociales, está nítidamente expresada nuestra voluntad de existir. Ahí la fuerza vital para experimentar otras formas de convivencia guiadas por la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad. Sin embargo, esa voluntad solo podrá persistir, extenderse y orientar el futuro próximo si hoy decidimos fortalecerla desde el Estado y la sociedad en conjunto. Ningún cambio de tal magnitud se produce por combustión espontánea. Precisamos decisiones políticas para ello y las precisamos ahora.

Fuente de la imagen: Bereniz Tello


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1 COMENTARIO
  • Paquito
    Responder

    La imaginación popular con la agradable y saludable mirada del nuevo muchacho en el barrio.

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