INMOVILIZACIÓN SOCIAL EN LOS HOGARES DE LIMA METROPOLITANA

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Consecuencias económicas y cambios en los hábitos de abastecimiento de alimentos
Tania Herrera Romero y Aurélien Reys

El objetivo de nuestra investigación es aproximarnos a las consecuencias económicas directas presentes y futuras de la medida de cuarentena para los hogares[1] de Lima Metropolitana según las diferentes clases sociales, y analizar los cambios en los hábitos de compra de alimentos.

El primer caso de Covid-19 en el Perú fue de conocimiento público el viernes 06 de marzo. Cinco días después, el Ministerio de Salud emitió la Declaratoria de Emergencia Sanitaria por noventa días a raíz de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) califica de pandemia al Covid-19. Desde ese día se desplegó una serie de medidas de prevención y control para evitar la propagación del virus: se suspendieron actividades educativas y, en relación al flujo migratorio, se estableció que los viajeros provenientes de “países con antecedentes epidemiológicos” (Italia, España, Francia y China) debían pasar catorce días en aislamiento domiciliario (Decreto Supremo N° 008-2020-SA, p.7). El Gobierno instó a tomar medidas para evitar la propagación del virus en los medios de transporte, en centros laborales, y sugirió evitar concentración de personas en espacios públicos y privados.

Las medidas no se intensificaron hasta la noche del 15 de marzo, cuando se declaró “Estado de Emergencia Nacional” por quince días y se dispuso “el aislamiento social obligatorio (cuarentena)” (Decreto Supremo Nº 044-2020-PCM, p. 11), se suspendió el ejercicio de derechos constitucionales, se limitó el ejercicio del derecho a la libertad de tránsito de las personas,[2] quedó restringido el acceso a locales y establecimientos, “a excepción de los establecimientos comerciales minoristas de alimentación, bebidas, productos y bienes de primera necesidad, establecimientos farmacéuticos, médicos, ópticas y productos ortopédicos, productos higiénicos, grifos y establecimientos de venta de combustible” (op.cit). Se cerraron las fronteras, se suspendió el transporte internacional, el transporte interprovincial de pasajeros y se redujo a la mitad la oferta del transporte urbano en el territorio nacional. También cerraron los restaurantes, los museos, se suspendieron actividades civiles que supusieran riesgo para la salud pública.

La cuarentena ya se ha prorrogado en dos ocasiones y, a la fecha, se ha extendido hasta el 26 de abril de 2020. La inmovilización social obligatoria implica que nadie puede salir de su casa entre las 18:00 y las 05:00 horas, salvo para los departamentos Tumbes, Piura, Lambayeque, La Libertad y Loreto donde la restricción es entre las 16:00 y las 04:00 horas (Decreto Supremo Nº 064-2020-PCM, p.10). La compra de alimentos y medicinas, así como la realización de trámites financieros son las principales razones por las que las personas pueden salir de sus hogares; deben hacerlo portando una mascarilla y solo está permitido que lo haga un miembro del hogar entre los días lunes y sábado (op.cit.).

En el Perú, la metrópoli de Lima registra el mayor número de decesos a causa de Covid-19 (61% del total nacional) y, según las pruebas de despistaje realizadas, también concentra el mayor número de personas infectadas (80% de casos).[3] Por recomendación del Gobierno, las personas deben cumplir el distanciamiento social, lo que quiere decir que deben guardar por lo menos un metro de distancia con otras personas y evitar aglomeraciones en espacios públicos.[4]

Algunos investigadores ya han alertado sobre la urgencia de tomar medidas específicas en las zonas más vulnerables de la ciudad, las que se encuentran principalmente en los distritos San Juan de Lurigancho, Comas Los Olivos, Rímac, El Agustino, La Victoria, Villa María del Triunfo y San Juan de Miraflores (Fort et ál, 2020 a y b). En estos distritos, donde habita la población más pobre (INEI, 2016), la mayoría de personas realiza sus compras en mercados próximos a sus hogares y no existen suficientes equipamientos públicos o privados para el abastecimiento de alimentos. La venta informal se extiende alrededor de los mercados existentes, lo que implica aglomeración en el espacio público debido a la dificultad de desplazamiento.

Con esta investigación, buscamos conocer ¿cómo afecta las medidas de inmovilización social a la economía de los hogares y sus hábitos de abastecimiento de alimentos? Y ¿en qué medida estos hábitos varían según las clases sociales y, por extensión, según los espacios geográficos de la ciudad? 

Metodología

Compartimos un cuestionario hecho en Google Formulario con un total de 33 preguntas, entre las 13:00 horas del martes 07 y las 08:00 horas del miércoles 09 de abril. El cuestionario se compartió a estudiantes y docentes de la especialidad de Geografía de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos por correo electrónico. También hubo difusión del mismo en Facebook, en páginas de municipalidades, asociaciones civiles, ONG, equipos de futbol, partidos políticos, entre otras. Cuando no fue posible poner el anuncio en la biografía de estas páginas, se envió el cuestionario en mensaje privado, sin obtener respuesta de manera sistemática. En todos los casos, se solicitó a los encuestados que compartieran el cuestionario entre sus contactos. En total, obtuvimos 356 respuestas, de las cuales once fueron eliminadas por faltar repuestas fundamentales para nuestra investigación, lo que dejó un total de 345 respuestas consideradas al final.

Para la clasificación de la categoría socioeconómica según ingresos, consideramos como punto de partida la propuesta del Instituto Nacional de Estadística e Informática (2016) [5] que readaptamos. A partir de estos estratos y según los ingresos totales de los hogares encuestados, obtuvimos 33 respuestas de hogares de clase baja (ingresos inferiores a S/.898.99), 90 respuestas de hogares de clase media (ingresos entre S/. 899 y S/.2192.19), 96 respuestas de hogares de clase alta (ingresos entre S/. 2192.20 y S/.4384.39) y 126 respuestas de hogares de clase más alta (ingresos de S/. 4384.40 a más) (ver Gráfico 1).

Gráfico 1. Distribución de los encuestados según zonas de Lima y clases sociales. Fuente: CAPECO (RPP, 2015) y encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Podemos observar que en nuestra investigación hay una sobre-representación de algunos grupos sociales y áreas geográficas, principalmente pertenecientes a clases altas y medias. Buscamos compensar esta situación durante el procesamiento de los datos al considerar sistemáticamente el total de respuestas por cada clase social sin hacer ponderaciones de manera general.

En relación al número de personas por hogar, los hogares que pertenecen a clase media cuentan con la mayoría de individuos (4.7), seguidos por la clase alta (4), baja (3.9) y más alta (3.7). Los hogares de clase baja y media cuentan ligeramente con más niños y adolescentes (uno de cada cinco miembros tiene menos de 17 años). Por su parte, los hogares de clase alta y más alta cuentan con más personas mayores de 65 años (uno de cada seis miembros tiene más de 65 años). No se observa mayor diferencia en lo que respecta a la proporción de mujeres en el hogar según clase social (seis de cada diez miembros es mujer).

Uno de cada dos hogares de las clases más pobres vive en una casa, más abundantes en los distritos periféricos, mientras que uno de cada dos hogares de las clases más acomodadas vive en departamento en edificio, más abundantes en los distritos de mayor renta. La casa está muy presente para todas las clases sociales, más aún para los más pobres, y las viviendas de tipo “departamento en casa familiar” y “habitación” son las menos comunes.

En lo que respecta al régimen de tenencia de la vivienda (propietario, inquilino, etc.), no encontramos mayor diferencia entre clases sociales. En toda Lima Metropolitana, más de la mitad de encuestados son propietarios de los espacios donde residen. Sobre las condiciones de habitabilidad, la mayoría de los hogares cuenta con acceso permanente a agua potable por conexión domiciliaria. Sin embargo, hay dificultades vinculadas a factores geográficos a expensas de distritos periféricos, donde entre 10 y 40% de los hogares no tienen acceso continuo a agua potable.

Disparidades en los ingresos de los hogares y rápido consumo de sus ahorros

Observamos que la cuarentena tiene importantes consecuencias en las actividades profesionales y en los ingresos de los hogares, y vemos que las consecuencias difieren significativamente según la clase social pues afecta mucho más gravemente a los hogares más pobres (ver Gráfico 2).

Gráfico 2. Situación económica de los hogares durante la cuarentena. Fuente: Encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Cuanto más rico sea el hogar, más probabilidades hay de que más personas tengan un trabajo y que éste se efectúe en una relación de dependencia. La mayoría de hogares ricos tiene una relación de dependencia (76% del total), y mientras menor sea la clase social, este porcentaje disminuye. En las clases altas la relación de dependencia se encuentra en 68%, en las medias en 64% y en las bajas en 56%. Cuanto más pobre es el hogar, más probable es que uno haya tenido que dejar de trabajar a causa del confinamiento. Se puede observar que el teletrabajo es posible principalmente para las personas de las clases más acomodadas: el 61% de los hogares pobres dejaron de trabajar y solo 24% hace teletrabajo durante la cuarentena.

En cuanto a la evolución de los ingresos, más de la mitad de los hogares pobres perdió todos o la mayoría de sus ingresos durante la cuarentena, mientras que solo uno de cinco hogares mantiene sus ingresos sin variación o con una ligera disminución. Estos datos contrastan con la situación económica de las clases más altas y media, quienes menos han visto afectada su situación. Así, entre los más ricos, 43% mantiene sus ingresos y 39% ha visto una ligera disminución de los mismos.

Muy pocas personas encuestadas señalan que recibieron el Bono entregado por el Estado a los hogares más pobres del país. A pesar de esta situación, vemos que únicamente uno de cinco hogares pobres beneficia del Bono puesto en marcha por el Gobierno, cifra que es un poco menor a la de los hogares de clase media. Extrañamente, notamos que algunos hogares ricos (4 de 126) y altos (1 de 99) reciben esta ayuda del gobierno, quizás porque entre sus miembros se encuentran personas de clase baja (probablemente trabajadoras del hogar).

Por otro lado, casi todos los hogares más pobres están utilizando sus ahorros para hacer frente a la caída de los ingresos, en comparación con poco más de un tercio de los hogares más ricos. Siete de diez hogares de clase media manifiestan que están utilizando dinero de sus ahorros durante la cuarentena, y es el caso también para uno de cada dos hogares de clase alta. Ocho de cada diez hogares pobres y de clase media dicen que no le quedará más dinero después de un mes. Es el caso para un tercio de los hogares de clase alta. En detalle, se puede observar que casi la mitad de los hogares de la clase baja habrán gastado la totalidad de sus ahorros en dos semanas, en comparación con once y ocho semanas para las dos clases más ricas. En otras palabras, mientras más pobre es un hogar, más rápido se les acabará el dinero.

En la encuesta se preguntó cómo piensan resolver las necesidades económicas del hogar si se prolonga la cuarentena hasta el mes de mayo o más y, en general, las estrategias difieren según la clase social. Los hogares más ricos absorberían fácilmente el choque gracias a los ingresos del trabajo vigente (cuatro de diez hogares) y los ahorros (tres de diez hogares). Los hogares de clase alta también recurren principalmente a estas alternativas y considerarían más significativamente la posibilidad de financiar sus gastos con préstamos del banco y con un mayor racionamiento de los recursos disponibles (uno de diez hogares, respectivamente). Asimismo, algunos hogares de clase alta y media manifiestan que retirarían dinero de los fondos de pensiones (AFP) u otros fondos (CTS). Los hogares de clase media apuntan mayormente al crédito, a los ahorros, o manifiestan no saber qué harían (uno de cinco hogares, respectivamente). La incertidumbre es, contradictoriamente, la principal alternativa de una cuarta parte de los hogares más pobres, quienes no saben cómo harán para sobrellevar económicamente esta situación. Las estrategias para este grupo oscilan entre pedir ayuda a familiares o amigos (uno de cinco hogares), racionar los recursos con los que se cuenta (también uno de cinco hogares), seguir trabajando o buscar algún trabajo (uno de cada diez hogares) (ver Gráfico 3).

Gráfico 3. Estrategias económicas más frecuentes según clase social. Fuente: Encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Las respuestas que señalan el racionamiento de recursos generalmente ponen ejemplos relacionados a la alimentación (como cambiar hábitos alimenticios) y al uso de dinero reservado para otros gastos. Por ejemplo, tuvimos algunas respuestas donde indicaban que sobrellevarían la cuarentena con dinero que estaba reservado para la educación de los hijos (compra de útiles escolares y uniformes). También tuvimos respuestas que señalaban que venderían objetos del hogar para hacer frente a las necesidades económicas. Finalmente, algunas respuestas apuntaban a refinanciar y aplazar deudas ya existentes con el banco, retirar dinero de cuentas de ahorro a plazo fijo, o “regresar a provincia”.

Las dificultades económicas se extienden también a la cobertura de salud, porque cuanto más pobre es uno, menos probable es que toda su familia cuente con algún seguro de salud.  Del total de encuestados, el 36% manifiesta que solo algunos miembros de la familia cuentan con seguro de salud, lo que muestra que hay situaciones desiguales incluso al interior de una familia. En los hogares más ricos, la mayoría manifiesta estar cubierto por un seguro privado, público, o por ambos (69%). En 27% de estos hogares solo algunos miembros están cubiertos y el 4% restante señala que ningún miembro lo está. En la mayoría de los hogares más pobres solo algunos miembros del hogar están cubiertos (41%) y un cuarto de los hogares manifiesta que ningún miembro tiene seguro.

Al respecto, es interesante observar que aproximadamente la mitad de los hogares, independientemente de la clase, no sabe si estarán cubiertos en caso de que uno de los miembros necesite ser tratado a causa de Covid-19. Eso también pone de relieve algunos de los problemas de comunicación de parte del Ministerio de Salud, y también revela la desconfianza existente hacia el sistema de salud en el país.

Menos compras por semana y persistencia de desigualdades de género

La medida de la cuarentena impacta mayormente la movilidad cotidiana de las personas, ya que esta se ha visto reducida al desplazamiento para comprar alimentos, medicinas y para realizar trámites financieros. Como puede verse en el Gráfico 4, en todas las clases se registró una disminución de la frecuencia de los viajes para comprar alimentos, especialmente entre los hogares más pobres, que informaron de que viajaban con mayor frecuencia (cada dos días) que las clases más ricas (cada tres días) antes de la crisis del Covid-19. Hoy en día, los encuestados señalan que en sus hogares viajan en promedio menos de dos veces por semana y los hogares de clase baja viajan aún menos.

Gráfico 4. Cambios en los hábitos de abastecimiento de alimentos después de la cuarentena. Fuente: Encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Es lógico observar un aumento de los desplazamientos a pie para hacer compras de alimentos, especialmente para los hogares más ricos que parecen haber abandonado los viajes en auto desde el inicio del confinamiento: menos del 5% utiliza hoy este modo de transporte, que antes era utilizado en un 42%. Por otro lado, los hogares menos acomodados usan menos el transporte público. El taxi es usado solo por algunos hogares de las clases media y más alta, el mototaxi solo por algunos hogares de las clases media y más baja.

En general, los encuestados afirman que las mujeres compran los alimentos para el hogar con mayor regularidad que los hombres, y esto es aún más cierto en los hogares pobres. El reparto de tareas sería mucho más equilibrado desde la crisis. Los hombres jefes de hogar parecen tener mayor participación en esta tarea, que durante la cuarentena recae menos en mujeres jefas de hogar. Ha aumentado la participación de alguna mujer del hogar en esta tarea y aún más la de algún hombre del hogar, aunque para todas las clases se sigue observando desigualdad de género en la realización de estas actividades.[6]

Las respuestas de los encuestados muestran también que las compras de alimentos se hacen principalmente en tres tipos de lugares: mercados, supermercados y bodegas, que son frecuentados por hogares de todas las clases sociales. Antes de la cuarentena, los hogares más pobres iban mayormente al mercado (91%), al supermercado (33%) o a bodegas (30%); los hogares de clase media siguen ese patrón (85%, 26% y 20% respectivamente), al igual que los hogares de clase alta (78%, 59% y 26% respectivamente). Los hogares más ricos van más al supermercado (75%), al mercado (58%) o a las bodegas (19%), lo que guarda sentido con el uso predominante de automóviles en sus desplazamientos para las compras. Otros establecimientos frecuentados por los hogares corresponden a bioferias y son más populares entre las clases más altas. Después de la cuarentena, vemos que los hogares más acomodados tienden a frecuentar más a menudo los supermercados y observamos también un aumento -todavía tímido, pero en progreso- de los delivery.

Las observaciones realizadas en los últimos días, después de la entrada en vigor del «pico y placa por género»,[7] muestran que las dinámicas de compra son en general similares a las anteriores a la cuarentena, a pesar de algunas diferencias: los hogares más acomodados tienden a frecuentar los supermercados más a menudo que los mercados o bodegas y los hogares menos acomodados tienden a frecuentar más los mercados (ver Gráfico 5).

Gráfico 5. Lugares frecuentados durante el «pico y placa por género». Fuente: Encuesta propia. Elaboración: autores, abril 2020.

Observamos también que, durante la vigencia del “pico y placa por género”, aumentó el número de veces por semana en que se hacían las compras. Extrapolando, podríamos considerar que las compras semanales aumentaron a 2.5 y 3 veces. Según las respuestas de los encuestados, en los días precedentes a esta medida hacían las compras menos de dos veces por semana. Sin embargo, razonablemente podemos pensar que esto se explica por el hecho de que en muchos hogares se realizan compras los fines de semana, a lo que se sumó el anuncio presidencial, la tarde del 06 de abril, donde se prohibió salir los días 09 y 10 de abril, lo que puede haber causado un aumento del número de compradoras el martes 07, día en que únicamente podían salir las mujeres.

Observamos de nuevo que hay una tendencia a que las mujeres hagan compras en el mercado con más frecuencia que los hombres. La información sobre distribución por género de estas tareas demuestra que las mismas recayeron más pesadamente en las mujeres los días en que rigió la medida gubernamental del “pico y placa por género”.

El viernes 03 de abril, más de la mitad de encuestados en todas las clases sociales manifiesta que no hicieron compras ese día. Esta cifra es mayor entre los hogares más pobres, donde ocho de cada diez personas compraron en el mercado o en varios establecimientos. Los hombres de los hogares de clase media fueron los que más salieron ese día, principalmente a mercados (uno de cada tres hogares), supermercados, bodegas o a varios establecimientos. En la clase más alta no salieron en más de la mitad de hogares, y los que salieron fueron principalmente al supermercado, al mercado o a bodegas. El lunes 06 de abril, día en que le tocó salir nuevamente a los hombres, nadie salió en el 60% de hogares de todas las clases sociales.

El sábado 04 de abril, día en que salieron las mujeres, en más de la mitad de hogares sí salieron ese día, menos en las clases más altas. En los hogares más pobres, las mujeres fueron principalmente al mercado (41%), al supermercado (9%) o a varios lugares (6%). Más de la mitad de los hogares más ricos no salió ese día y las mujeres que salieron fueron principalmente al supermercado (16%), al mercado (11%), a la bodega (7%) o recurrieron a otros modos de aprovisionamiento que incluyen la compra por delivery. Por último, el martes 07 de abril, más de un tercio de hogares –de todas las clases sociales- sí hizo compras y el mercado fue el lugar más frecuentado por las mujeres de todas las clases sociales.   

Conclusiones

Los resultados obtenidos en esta breve investigación cuestionan, en primer lugar, las políticas públicas recientemente establecidas que se basan esencialmente en la reducción del número de días de apertura de los puntos de venta de alimentos durante la semana y en las restricciones de desplazamiento según género. En segundo lugar, los resultados dan algunas luces sobre las consecuencias económicas de la cuarentena para los hogares más pobres.

Primero, desde el comienzo de la crisis vemos que los hogares han cambiado su comportamiento y ya han reducido la frecuentación a los lugares de abastecimiento de alimentos, y parece difícil para los hogares hacer sus compras semanales, a pie y con más de cuatro o cinco días de antelación, lo que ya es la media actual. Además, la reducción del número de visitas semanales tiende a aumentar la concentración de personas en estos lugares, no solo porque se deben hacer compras en mayor cantidad, sino también porque los horarios de mercados, supermercados y bodegas se han reducido debido al toque de queda. Pese a una tendencia a la homogeneización, se observa la continuidad de disparidades de género en las tareas de aprovisionamiento de alimentos, independientemente de la clase. Esto puede llevar a la superpoblación de mujeres en ciertos días de la semana cuando las reglas de distanciamiento buscan apoyar lo contrario.

En cuanto a las consecuencias económicas de la cuarentena, parece que lo más complicado está por venir, especialmente para los hogares más pobres. De hecho, observamos que una gran parte de las clases más acomodadas sigue trabajando, ya sea en el lugar de trabajo habitual o a distancia, y estos hogares tienen ahorros que les permitirán pasar los próximos meses con serenidad. Vimos que las clases medias están en una situación intermedia. De persistir la cuarentena, los hogares encuestados señalan optar por el endeudamiento a través de préstamos contraídos con los bancos, y cuentan con la utilización de los fondos de pensiones (AFP) y otros (CTS); es decir, elegirían sacrificar garantías del futuro para poder sobrellevar el presente.

En cambio, la situación de los hogares más pobres parece ser catastrófica, debido a que un mayor número de personas en estos hogares ha tenido que interrumpir sus actividades laborales. Entre los más pobres, quienes tienen un trabajo son generalmente trabajadores independientes que no pueden realizar su trabajo a distancia. Esto ha provocado una disminución muy significativa de sus ingresos (más de la mitad de los hogares más pobres no tiene ningún ingreso o tiene pocos ingresos hoy en día) y estos últimos días debieron utilizar los escasos ahorros que habían reservado. Es imperativo prestar asistencia a los hogares más pobres, pues estos no podrán sostener el racionamiento de los alimentos y el apoyo familiar por más tiempo.

Fuentes consultadas

Fort, R.; Espinoza, A.; Rivarola, R. y Malquichagua, M. (2020a). Zonas prioritarias para la prevención y control del contagio del COVID-19 en Lima. Lima: GRADE. En: http://www.grade.org.pe/novedades/zonas-prioritarias-para-la-prevencion-y-control-del-contagio-del-covid-19-en-lima-por-ricardo-fort-y-alvaro-espinoza/ (Fecha de consulta: 11 de abril).

Fort, R.; Espinoza, A.; Rivarola, R. y Malquichagua, M. (2020b). Potenciales focos de contagio del COVID-19: mercados y supermercados. Lima: GRADE. En: https://www.grade.org.pe/novedades/potenciales-focos-de-contagio-del-covid-19-mercados-y-supermercados/ (Fecha de consulta: 11 de abril).

Gobierno del Perú. (2020). ¿Cómo prevenir el coronavirus? Lima: GOB.PE. En: https://www.gob.pe/8663-ministerio-de-salud-como-prevenir-el-coronavirus (Fecha de consulta: 11 de abril)

Instituto Nacional de Estadística e Informática. (2016). Planos estratificados de Lima Metropolitana a Nivel de Manzana, 2016. Según ingresso per cápita del hogar, según grupos de pobreza monetária. Lima: INEI, IRD.

Instituto Nacional de Estadística e Informática. (2018). Perú: Perfil Sociodemográfico. Informe Nacional. Lima: INEI.

Ministerio de Salud del Perú. (2020a). Minsa: Casos confirmados por coronavirus COVID-19 ascienden a 6 848 en el Perú (Comunicado N° 62). En https://www.gob.pe/institucion/minsa/noticias/112163-minsa-casos-confirmados-por-coronavirus-covid-19-ascienden-a-6-848-en-el-peru-comunicado-n-62 (Fecha de consulta: 11 de abril)

Ministerio de Salud del Perú. (2020b). Sala Situacional COVID-19. En: https://covid19.minsa.gob.pe/sala_situacional.asp (Fecha de consulta: 11 de abril)

Radio Programas del Perú -RPP. (2015). ¿Cuánto subieron los departamentos en cada zona de Lima entre 2007 y 2015? [INTERACTIVO]. Lima: RPP.En https://rpp.pe/economia/economia/cuanto-subieron-los-precios-de-los-departamentos-para-vivienda-en-cada-zona-de-lima-entre-2007-y-2015-noticia-918034?ref=rpp


[1] Para el Instituto Nacional de Estadística e Informática, el hogar “(…) es la agrupación primaria que permite atender las necesidades de supervivencia de sus miembros y, a su vez, es el elemento primario de la organización social. En general, los hogares adoptan diferentes tipos de arreglos, que tienen como núcleo fundamental a la pareja con o sin hijos, al que se agregan otras personas con las que pueden o no tener relaciones de parentesco” (INEI, 2018: 355). Los hogares pueden estar conformados por una sola persona.

[2] Esto implica que “(…) las personas únicamente pueden circular por las vías de uso público para la prestación y acceso a los siguientes servicios y bienes esenciales: a) Adquisición, producción y abastecimiento de alimentos, lo que incluye su almacenamiento y distribución para la venta al público. b) Adquisición, producción y abastecimiento de productos farmacéuticos y de primera necesidad. c) Asistencia a centros, servicios y establecimientos de salud, así como centros de diagnóstico, en casos de emergencias y urgencias. d) Prestación laboral, profesional o empresarial para garantizar los servicios enumerados en el artículo 2. e) Retorno al lugar de residencia habitual. f) Asistencia y cuidado a personas adultas mayores, niñas, niños, adolescentes, dependientes, personas con discapacidad o personas en situación de vulnerabilidad. g) Entidades financieras, seguros y pensiones, así como los servicios complementarios y conexos que garanticen su adecuado funcionamiento. h) Producción, almacenamiento, transporte, distribución y venta de combustible. i) Hoteles y centros de alojamiento, solo con la finalidad de cumplir con la cuarentena dispuesta. j) Medios de comunicación y centrales de atención telefónica (call center). k) Los/as trabajadores/as del sector público que excepcionalmente presten servicios necesarios para la atención de acciones relacionadas con la emergencia sanitaria producida por el COVID-19 podrán desplazarse a sus centros de trabajo en forma restringida. l) Por excepción, en los casos de sectores productivos e industriales, el Ministerio de Economía y Finanzas, en coordinación con el sector competente, podrá incluir actividades adicionales estrictamente indispensables a las señaladas en los numerales precedentes, que no afecten el estado de emergencia nacional. m) Cualquier otra actividad de naturaleza análoga a las enumeradas en los literales precedentes o que deban realizarse por caso fortuito o fuerza mayor” (Decreto Supremo Nº 044-2020-PCM, p.11). Hasta entonces, se permite el uso de vehículos particulares para realizar dichas actividades.

[3] Hasta las 13 horas del sábado 11 de abril, Lima Metropolitana (los cincuenta distritos de Lima y Callao) registra 5474 casos confirmados de Covid-19 y 110 fallecidos a la fecha, de un total de 6848 casos y 181 fallecidos a nivel nacional (MINSA, 2020 a y b).

[4] En la página del Gobierno del Perú se recomienda mantener un metro de distancia y evitar “(…) el contacto directo con personas que muestren síntomas como los del resfrío o gripe” (Gobierno del Perú, 2020).

[5] El INEI (2016) establece en estrato bajo los hogares cuyos ingresos per cápita no alcanzan los S/.575.69, medio bajo cuando los ingresos están entre S/.575.70 y S/.898.99, medio cuando están entre S/.899 y S/.1330.09, medio alto cuando están entre S/.1330.10 y S/.2192.19, y alto cuando superan los S/.2192.20

[6] Antes del confinamiento, en los hogares más pobres las compras las realizaban las mujeres y hombres del hogar (42%), la mujer jefa del hogar (27%), alguna mujer del hogar (18%), el hombre jefe del hogar (9%) o algún hombre del hogar (3%). En la clase media, las compras de alimentos las realizaban principalmente mujeres jefas de hogar (42%), mujeres y hombres del hogar (28%), alguna mujer (22%), el hombre jefe de hogar (6%) o algún hombre del hogar (2%). En la clase alta, esta tarea o recaía en mujeres jefas de hogar (33%) o se repartía entre mujeres y hombres del hogar (33%), la realizaba alguna mujer del hogar (19%), el hombre jefe de hogar (10%) o algún hombre del hogar (4%). Por último, en la clase más alta, las compras de alimentos las realizaban mujeres y hombres del hogar (43%), mujeres jefas de hogar (34%), hombres jefes de hogar (11%), alguna mujer del hogar (10%) o algún hombre del hogar (2%).

[7] La expresión se deriva de la restricción a la circulación en auto privado según la matriculación (la placa). La norma, popularizada como “pico y placa por género”, fue anunciada por el Presidente de la República Martín Vizcarra y emitida el jueves 02 de abril, estableciendo que “Los días lunes, miércoles y viernes únicamente podrán transitar personas del sexo masculino y los martes, jueves y sábados las personas del sexo femenino. Asimismo, el día domingo, la inmovilización social obligatoria es para todos los ciudadanos en el territorio nacional durante todo el día” (Decreto Supremo Nº 057-2020-PCM, p. 2). Tras recibir fuertes críticas, el 10 de abril la medida quedó sin efecto, pero se mantuvo la interdicción de salir el día domingo (Decreto Supremo Nº 064-2020-PCM, p. 10).

Fuente de la imagen de portada: https://elcomercio.pe/lima/sucesos/coronavirus-peru-se-registran-largas-colas-y-aglomeracion-de-personas-en-mercados-limenos-fotos-estado-de-emergencia-nndc-noticia/


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5 COMENTARIOS
  • Blanca Marchand
    Responder

    Felicitaciones por el trabajo Tania y Aurélien. Se necesitan estas miradas para la toma de decisiones. El gran reto es llegar a los estratos más bajos porque así se pueden pensar acciones que realmente los atiendan, y se eviten situaciones como las de ayer en la Carretera Central. Es muy alarmante. Me pregunto si eso se logra sin un nivel de organización, sin dirigentes?
    Una curiosidad, ustedes no usaron la clasificación del INEI para los hogares. No merecería eso una nota de parte de ustedes?
    Un abrazo Tania y sigan con esfuerzos de esta calidad.

  • Ronald Orellana
    Responder

    Interesante investigación Tania y Aurélien! Seria bueno hacer este ejercicio en otras ciudades y ver si el comportamiento de estas varian con respecto a Lima. Sobre las necesidades de las clases sociales bajs o «pobres» es preocupante primero la capacidad de gasto frente al aislamiento social , y segundo el casi nulo acceso a programas de salud (SIS, Seguro social privada o estatal), sin lugar a dudas me temo que será tiempos dificiles para está población. El estado debería apuntar sus estrategías a estas personas vulneradas.

  • Tania Herrera
    Responder

    Buenas tardes, Blanca, muchas gracias por el reconocimiento a nuestro trabajo.
    Sobre la clasificación de hogares, se refiere a los estratos por ingreso per cápita, o tal vez a otro tipo de clasificación? Consideramos que debíamos ampliar los estratos considerados por el INEI (2016) -ver la nota 5- porque era necesario visibilizar también a los hogares que tienen más dinero en la ciudad, lo que llamamos clase alta y más alta (estas últimas no son visibilizadas en la clasificación por estratos del Inei). Las desigualdades en nuestra ciudad son abismales, como mosotramos en la investigación, y así como hay hogares que están pasando este período sin mayor problema, otros están agotando sus alternativas. En ese sentido, totalmente de acuerdo con que lo central para el Estado debe ser llegar a las personas más pobres de nuestro país, quienes están inmersas en la incertidumbre y la desesperación, como vamos viendo en las noticias estos últimos días.

  • José Manuel Mamani
    Responder

    Es una pena que no podamos realizar trabajo de campo pues sería interesante saber las estrategias que están usando las personas más vulnerables para completar la «canasta básica». Quizá en algunos barrios existan redes solidarias (familia, vecinos y otro tipo de apoyos) que permitan sortear esta situación, aunque de seguro no indefinidamente. Más difícil lo deben tener quienes viven en barrios más consolidados, ya que: a)Probablemente vivan en viviendas alquiladas ¿cómo seguir pagando el alquiler? y b)El sentido de vecindad y las redes solidarias y/o familiares quizá estén menos presentes.

  • Tania Herrera
    Responder

    Buenos días, José Manuel, disculpa la demora en la respuesta. Sí, lamentablemente las entrevistas presenciales son imposibles ahora, pero veo que se despliegan otras formas de recojo de información, como llamadas telefónicas y cuestionarios virtuales. La observación y conversaciones informales suman también. Tal vez ahora toca visibilizar las estrategias desplegadas en los territorios, la solidaridad entre vecinos y familia, todas las iniciativas de la población que hacen posible sobrevivir estos días. Un abrazo

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