LA SEMPITERNA LUCHA DE ÁNGELA RAMOS

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PRIMERA PARTE: LA HIJA DEL PUERTO

Ricardo Gavilán Cortez [1]

a través de la inmundicia

bajar un poco aún

donde todo es oscuridad

se vislumbra el manantial.

Samuel Beckett, Después de bajar un poco.

ANGELUCHA

En marzo de 1987, el cineasta Francisco Adrianzén, representando a la mítica productora peruana Perfo Studio en colaboración con el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos -primera institución cultural de la Revolución Cubana-, era recibido por la mismísima Ángela Ramos Relayze en la tranquilidad de su hogar. ‘Pancho’ Adrianzén[2] llegaba junto a un equipo de filmación para entablar una larga conversación con la considerada primera reportera profesional del país y la primera mujer del Partido Comunista Peruano, cuyo ingreso se debió a específicas instrucciones dejadas nada menos que por José Carlos Mariátegui a raíz de su prematura muerte. Se trataba de la realización de un documental en clave de entrevista que registraría su historia de vida en 35 mm. “Jamás creí que a los 91 años iba a tener la misma suerte que Marilyn Monroe”, comentaba festivamente ante la presencia de las cámaras. Angelucha[3], tal como se titula el valioso producto final de 15 minutos de duración, nos presenta a una Ángela Ramos a poco más de un año antes de fallecer. Sin embargo, la elección del título no era gratuita, hacía eco a una conocida anécdota que la bautizó con dicho sobrenombre: al momento de venir al mundo -un amigo comentó en broma-, Dios le dijo ‘Ángela, lucha’, pasando a convertirse a partir de ese momento en ‘Angelucha’.

Pero ¿cuál era la sustancia de esa larga lucha a la que dedicó obra y vida esta mujer de aparente inacabable energía? Los presos y, junto a ellos, las cárceles. En ese orden. Defendió en su juventud a los primeros contra Augusto B. Leguía y encaró la masacre de los penales de 1986, aún se encontrase nonagenaria, frente a un joven presidente Alan García. Dentro de otras varias cuestiones que ocuparon su vida -las artes y la militancia política-, las campañas por los presos comunes fue su batalla más personal. Asumió un debate público abogando por mejores condiciones carcelarias y denunciando la terrible selectividad del aparato penal bajo fórmulas legales como la infame Ley de Vagancia. Radicalizó su postura en determinados momentos, animándose por el cierre de conocidas prisiones limeñas. Las tumbas de los penitenciados, para ella. En un país de manifiesta tradición autoritaria apostó por nadar contra la corriente; cultivar una sensibilidad opuesta al punitivismo local. Esto es, se propuso conocer el mundo interior de las cárceles -como periodista primero, como activista luego-, y ser la voz de las poblaciones olvidadas que las componían. Ella fue la principal vocera por la abolición de la realidad descarnada de los presos peruanos. Era una mujer que amaba la libertad. La amaba tanto que se convenció que el encarcelado es el que más sufre. Y persistió. Esta es su lucha.

Dentro de otras varias cuestiones que ocuparon su vida -las artes y la militancia política-, las campañas por los presos comunes fue su batalla más personal. Asumió un debate público abogando por mejores condiciones carcelarias y denunciando la terrible selectividad del aparato penal bajo fórmulas legales como la infame Ley de Vagancia.

Las hazañas de Ángela Ramos Relayze empiezan en el puerto del Callao[4]. Nació en esta ciudad en 1896, cuando el siglo XIX peruano se despedía y asimismo un nuevo capítulo en la historia republicana se escribía, esta vez bajo la configuración del oxímoron más famoso de nuestra historiografía: la República Aristocrática. La ciudad que conoce Ángela Ramos venía reconstruyéndose de la derrota en la Guerra del Pacífico y la consiguiente ocupación chilena. Jorge Basadre, el historiador detrás del oxímoron, nos habla en su Historia de la República que para este periodo de postguerra no era barato ni fácil, como lo será después, la comunicación entre el puerto y Lima, agregando que en el primero no abundaban las familias acomodadas. No obstante, los padres de Ángela eran chalacos, una raigambre que, como asegura uno de sus biógrafos, será significativa a lo largo de su vida. Siendo la mayor de tres hermanos, su formación desde un inicio estuvo empapada con una serie de grandes esfuerzos chalacos que buscaban levantar la ciudad portuaria. Su temprana instrucción coincidió con un nuevo capítulo en la historia educacional del Callao: pasó la primaria en el Liceo Grau, emblemático centro escolar dirigido por las hermanas Zoila y Angélica Palacios Ravenhill, maestras que perdieron todo trágicamente tras el desolador terremoto de 1940; y cursó la secundaria en el Instituto Callao o Instituto Sabogal -como luego fue conocido gracias a la dirección del pedagogo don Patricio Sabogal-, institución protagonista del renacimiento de la educación secundaria en el puerto, en caída a causa de la clausura de los colegios por la guerra[5].

De igual manera, al volver a casa contaba con una nutrida biblioteca familiar, actualizada con revistas extranjeras con las que su padre mantenía suscripción. La influencia de éste será gigante en su personalidad, siendo el promotor más entusiasta en su largo aprendizaje con las lecturas. Con su fallecimiento se revela un punto de quiebre en la biografía de Ángela. Claro está, el legado fue transmitido: se convirtió a temprana edad en una extraordinaria lectora y en una estudiante aplicada; además, las materias escolares estaban acompañadas con clases de piano y clases de inglés, del cual tuvo pronto dominio. Pero basta con su formación básica, podemos ubicar la emergencia de su lucha al término de sus estudios escolares, cuando entra a laburar en la misma compañía donde se encontraba trabajando su padre, la Compañía Inglesa de Vapores. Ingresó como ayudante de uno de los secretarios de esta empresa, cumpliendo una jornada diaria, incluidos los sábados y domingos por la mañana, durante cuatro años. Sobre su jefe, Ángela ha confesado: “hombre acomplejado que no desperdiciaba oportunidad para humillarme”[6]. Finalmente, ver a su padre llorar al ser despedido para que la empresa pueda eludir su posible jubilación fue determinante en su postura crítica ante los abusos y su apuesta por la máquina de escribir. Sumado este hecho a la experiencia del descontento por el salario inglés y la falta de trato justo, Ángela, a sus 22 años, se propuso tomar acción, sentándose y redactando su primer artículo, una nota de protesta nombrada El sufrimiento de la mujer que trabaja (1918). Así Callao, más que Lima, fue el lugar donde ella aprendió a estimar y defenderse.

SOR PRESA

Como se ve, Ángela Ramos absorbió lo mejor de su tiempo y los años modernos de la segunda y tercera década del siglo XX no hacen más que reforzar este planteamiento. Llevará su artículo para consultar cuestiones de calidad literaria a Zoila Aurora Cáceres – intelectual, escritora feminista e hija del Mariscal Cáceres-, quien debió haber recibido el original con grata impresión, pues ella misma había publicado a sus 24 años su importante ensayo La emancipación de la mujer[7], incluso en el año exacto cuando nació Ángela, la joven que ahora se acercaba en busca de guía. Zoila Cáceres le brindó genuino apoyo, contactándola con Óscar Miró Quesada, criminólogo y futuro periodista científico más conocido como ‘Racso’ (Óscar al revés), quien publicó su texto en forma de carta de queja en El Comercio, el diario de su familia. Esta fue su presentación frente a la opinión pública. Su amistad con el más docto de los Miró Quesada la llevará a seguir colaborando para el diario más antiguo del país, escribiendo carillas no remuneradas de forma anónima, artículos de determinada medida especificadas por Racso. Tempranamente escogerá el ingenioso y augurante pseudónimo de ‘Sor Presa’ -al que hará merecida fama- como firma para algunas de sus colaboraciones[8].

Zoila Cáceres le brindó genuino apoyo, contactándola con Óscar Miró Quesada, criminólogo y futuro periodista científico más conocido como ‘Racso’ (Óscar al revés), quien publicó su texto en forma de carta de queja en El Comercio, el diario de su familia. Esta fue su presentación frente a la opinión pública.

Otra gran amiga, la poetisa y escritora de teatro María Wiesse, esposa del pintor José Sabogal, le recomendó pasar a trabajar para la Empresa de Teatros y Cinemas, destacada compañía encargada de exhibir y distribuir películas en la capital, como autora de los resúmenes de los filmes que se publicitaban en la prensa. Al aceptar el puesto, se convertía en el reemplazo de las dos personas anteriormente responsables: Abraham Valdelomar y Gastón Roger, pseudónimo del periodista Ezequiel Balarezo Pinillos. De hecho, su hermana Rebeca Ramos Relayze llegó a casarse con el escritor y periodista Antonio Garland, conocido integrante del grupo Colónida, aquellos jóvenes de gozada fama bohemia liderados por Valdelomar.

Por esos años también pasa muchísimos días junto a César Vallejo. Ella le llegó a decir feo y él la trataba de convencer de su loco deseo de irse del país: “Vente conmigo, aquí no vas a poder hacer nada”, le insistía agradablemente. Hasta llegó a entregarle un ejemplar de Los Heraldos Negros (1919) para que lo leyese y le comentara cuál era el poema que más le agradaba. Cuando por fin Vallejo decidió confesarse, Ángela le respondió: “Has llegado tarde porque hace una semana me he comprometido con Felipe Rotalde”. “Yo siempre llego tarde”, le contestó el poeta[9]. En efecto, en 1922 Ángela Ramos se casaba con Felipe Rotalde[10], colega y poeta que había participado solo dos años atrás en el proyecto experimental Una novela limeña[11] (1920). Aunque enamorada hasta la imbecilidad, como lo estuvo, Ángela no terminó cediendo ante aquellos sonetos que escondían la “tiranía del baño, del almuerzo y de las camisas”. Al parecer, su esposo buscaba solamente el reemplazo de una cocinera y una lavandera y ella era una mujer moderna, futurista, que frecuentaba el cine e iba a la opereta. Vibrante como la estación de la OAX*, se refería sobre sí[12]. No obstante de terminar públicamente, muy a su estilo, en 1926, a inicio de los años treinta la familia se había incrementado gracias a las dos hijas que a partir de ese momento nunca dejaron de acompañarla.

Aunque enamorada hasta la imbecilidad, como lo estuvo, Ángela no terminó cediendo ante aquellos sonetos que escondían la “tiranía del baño, del almuerzo y de las camisas”. Al parecer, su esposo buscaba solamente el reemplazo de una cocinera y una lavandera y ella era una mujer moderna, futurista, que frecuentaba el cine e iba a la opereta.

Por otro lado, había expandido su obra literaria con la publicación de su libro de cuentos Sorpresa (1920), además de incursionar en la crítica teatral y de ballet. Se identificó con el teatro costumbrista y galanteó con el de vanguardia, escribiendo las piezas teatrales La discípula (s/e) y Por un marido (1922), obra cuya puesta en escena en el Teatro Colón tuvo difundido éxito en su estreno[13]. Más allá de ser reconocida por sus pares como la primera reportera profesional, Ángela consiguió una asombrosa trayectoria en su rubro, tomando con auténtica seriedad el periodismo[14]. Con su formación autodidacta va despegando una carrera en los principales medios de su época: las entrevistas con las que colaboraba para El Comercio de los hermanos Miró Quesada; en las oficinas donde conoció a su esposo del diario La Crónica y la revista Variedades, dirigidas por Clemente Palma, hijo de Ricardo Palma; en el prestigioso semanario Mundial de Andrés Aramburú Salinas, hijo del legendario periodista Andrés Avelino Aramburú; en el diario La Noche dirigido por Gastón Roger, donde impulsaba su espacio “La interviú de todos los días”; y en la revista Cascabel, el buque emblema de Federico More, entre otros muchos más. De esta forma, Angela aka Angelucha aka Sor Presa, concurrió con los bohemios más agradables de la ciudad, guardando igualmente la atención y respeto por parte de la intelligentsia local. Sin embargo, una persona resaltará dentro de todas. Un hombre que retornaba a la capital tras más de tres años de despojar algunas ideas durante su estancia europea.

JOSÉ CARLOS MARIÁTEGUI

Hacia 1926, Ángela Ramos almacenaba innegable experticia en la técnica de la entrevista. Adquirió pericia y soltura después de sus primeros años de campo bajo la sala de redacción de El Comercio. Ella planificaba su trabajo con un método infalible: revisaba la lista de los pasajeros de los barcos que tomaban tierra en el puerto del Callao, encontrando siempre un gran espectro de personajes muy interesantes para entrevistar como sopranos, malabaristas, actrices, deportistas, políticos, etc.[15]. Pero en julio de ese año, le tocaba entrevistar a José Carlos Mariátegui, entonces columnista permanente de Mundial -misma revista que la estaba encomendando dicha entrevista-, cuya fama empezaba a encenderse como representante clave del marxismo de Latinoamérica. Este acontecimiento fue clave para la pronta lucha de Ángela, quien había dado honesto seguimiento a la vida y obra quien para sus ojos era un hombre excepcional. Sintiendo una honda admiración, sin siquiera conocerlo llegó a sentenciar que era “el único escritor de vanguardia entre nosotros”[16]. Tratándolo por fin en persona en el día de la entrevista, y recibida gratamente por la familia Mariátegui, Ángela nunca escondió sus intenciones de ser una aliada y verdadera amiga, tal como sucedió.

Pero en julio de ese año, le tocaba entrevistar a José Carlos Mariátegui, entonces columnista permanente de Mundial -misma revista que la estaba encomendando dicha entrevista-, cuya fama empezaba a encenderse como representante clave del marxismo de Latinoamérica.

Mariátegui tuvo que salir del Perú en 1919, forzado a aceptar un viaje de estudios al extranjero por parte del flamante gobierno. Cuando partió hacia Europa, los estandartes de la República Aristocrática cayeron bajo la mano de uno de sus protagonistas más prominentes, el empresario chiclayano y expresidente Augusto B. Leguía. Tomado el poder, Leguía inauguró un periodo sorpresivamente largo para conocidos, desconocidos y enemigos; se trataron de once años que cubrieron toda la década del veinte en el Perú. Eran los tiempos de la ‘Patria Nueva’: nueva constitución, nueva ciudad, nuevas carreteras, nuevo código penal, nueva policía, nuevas leyes y nuevas leyes represivas. Mariátegui solo había elegido la deportación a la cárcel. A pesar de ello, volvía de su prolongado viaje reconociendo trascendentes aprendizajes, desde haber devorado amplias obras marxistas -literatura que ahora afectaba, precisamente por él, al debate nacional-, hasta entrar en contacto con la avanzada artística europea, suceso que le planteó el acertado menester de emprender su propia cadena editorial. Para el día en que ambos se conocieron, Mariátegui ya tenía tres años asentado en tierras peruanas. El tiempo lo invirtió a dar forma al trabajo intelectual que requería la construcción de una interpretación, también propia, de la sociedad peruana; la armonización de lo que había leído con la realidad anhelada a comprender. Había logrado hacerse de un nombre no solo como autor, sino como dueño junto a su hermano del sello editorial Minerva. Encima, su pierna derecha había sido amputada por una enfermedad casi mortal.

Desde entonces Ángela, como gran parte de su generación, no dejó de presentarse en el famoso Rincón Rojo, tal como se conoció a la casa de Mariátegui. A veces acompañada por su hermano menor, se hallaba inmersa en un esfuerzo colectivo de organización de notables profesionales y líderes sindicales; la puesta en marcha de lo aprendido. En días de cátedra libre y fecundas discusiones se establecía la vanguardia de los mariateguistas de primera hora, y Ángela era uno de ellos. Terminó de forjar su conciencia revolucionaria asistiendo a una formación marxista con el primer marxista latinoamericano. Cuando Mariátegui sacaba a la luz a fines de 1926 la tribuna de esa generación, fundando la revista Amauta -nombre con el que también se lo asociaba-, ella se hallaba en una fase de definición a sus 30 años; una etapa de madurez de pensamiento que tuvo expresión en su ahora reforzado compromiso social. Era la vibrante señal accediendo a la causa revolucionaria. Ángela se renovó en contenido y vocabulario, revelándose ante ella una historia distinta del Perú, una historia donde el problema del indio aparecía en el centro del debate. Aun cuando sus colaboraciones en la revista Amauta se limitaron sobre todo a crónicas de libros y artículos como el dedicado a la ruptura de su matrimonio y la despedida a Mariátegui; es en los últimos años de la década el veinte cuando su lucha se hace pública e intensa, es decir, realmente inicia.


[1] Investigador Asociado de INCRIDES. Maestrista en Criminología por la Universidad Nacional del Litoral.              

[2] Veterano sonidista y director de documentales peruano. El corte final de su cinta coral Desde el lado del corazón. Un documental acerca de la izquierda en el Perú (2013), está compuesto por 30 testimonios seleccionados entre las más de 60 entrevistas que el director concretó con diversos actores de la izquierda peruana. La entrevista a Ángela Ramos puede verse como un antecedente con el espíritu de este filme.

[3] En un anuncio público del 2016, el director Adrianzén compartió lo siguiente: “El documental lo reencontramos hace poco entre antiguos casetes de video, luego de considerarlo irremediablemente perdido, pues no creemos que exista alguna copia en celuloide, material original en que fue registrado”. El contenido se encuentra disponible en: «https://www.youtube.com/watch?v=6_gCt86fObY».

[4] Una confiable y sentida semblanza la hallamos en el prólogo que le dedica el psiquiatra Javier Mariátegui Chiappe, hijo de José Carlos Mariátegui, para la antología de gran parte de su obra escrita editada en dos volúmenes. Esta biografía se complementa con las repartidas entrevistas que Ángela concedió en vida. “Evocación de Ángela Ramos” en Ángela Ramos. Una vida sin tregua. Tomo I, 1993, pp. IX-XXIII.

[5] Basadre, Jorge. Historia de la República, Tomo XV, Lima, Editorial Universitaria, 1968, p. 39.

[6] Cuenta Ángela Ramos sobre la empresa de navegación a vapor: “La Pacific Steam Navigation Company (P.S.N.C) fue bautizada con el ingenio limeño [por sus siglas] como Poca Será Nuestra Comida. A lo que el humor inglés contestó Peor Será No Comer”. Sara Beatriz Guardia, Mujeres peruanas. El otro lado de la historia, Lima, Imprenta Humboldt, 1985. Entrevista a Ángela Ramos.

[7] La historia de vida de Zoila Cáceres lo hallamos en el estudio preliminar a sus cartas en Pachas Maceda, Sofía, Zoila Aurora Cáceres y la ciudadanía femenina. La correspondencia de Feminismo Peruano Lima: Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 2019.

[8] Cfr. “Renunciamiento (Pasa RACSO)” en Variedades, N° 541, 1918, pp. 668-669. Firmado como Sor Presa.

[9] «La vida que yo he vivido…», La República, 30 de marzo de 1986, p. 39.

[10] Jefe de redacción de La Crónica. En una reseña literaria en el mismo diario, el comentador curiosamente compara y contrasta las obras de Rotalde y Vallejo. Ver La Crónica, 20 de junio de 1921, pp. 6-7.

[11] Novela colectiva que buscó no tener fin al ser expandida cada vez más por un nuevo escritor. Alcanzando hasta el capítulo trece, fue interrumpida tras el cierre de HOGAR, la revista que acogió el experimento. Luis Alberto Sánchez publicaría la obra muchos años después, acuñándole el título con la que ahora se la conoce. En su prólogo da una reseña biográfica de cada uno de los participantes. Sobre Felipe Rotalde, poco o nada nos dice. Una novela limeña, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, 1967.

* Nombre de la primera estación de radio en el Perú.

[12] Da fin a su relación con un ácido artículo -ella admitió hacerlo de «malafe»- donde comenta: “En cuanto a estas últimas [camisas], era más tirano que Mussolini, porque al menos este se conforma con su camisa negra”. “El poeta de los ojos dorados”, Amauta, Año I, diciembre 1926, pp. 33.

[13] Beatriz Guardia, Sara. Mujeres de Amauta, Fundación Biblioteca Ayacucho, Caracas, 2014, p. 4. 

[14] Las tempranas crónicas de Ángela Ramos son analizadas a profundad en Portaro, Iliana (2014). “Ángela Ramos y la búsqueda de noticias: estrategias periodísticas y la cuestión del salario” en Aguilar, Marcela, Claudia Darrigrandi, Mariela Méndez, and Antonia Viu (eds.) Escrituras a ras de suelo: Crónica latinoamericana del siglo XX. Santiago de Chile: Ediciones Universidad Finis Terrae, 2014.

[15] Ángela Ramos, Una vida sin tregua, Tomo II, Lima, 1990.

[16] “Una encuesta a José Carlos Mariátegui”. Mundial, Año VII, N° 319. Lima, 23 julio de 1926, pp. 9-14.

Leyenda de la Fotografía: Fiesta de la Planta en Vitarte. 3 de febrero de 1929. Archivo José Carlos Mariátegui. En el automóvil, de izquierda a derecha: José Carlos Mariátegui, su hermano Julio César Mariátegui, Ángela Ramos, Carlos A. Velásquez y al volante Ricardo Martínez de la Torre.


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