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PREGOOONES, COMETAS Y MASCARILLAS

Guillermo Valdizan

Barrios en pie de cuidados y juegos

Ante la aplastante retórica estatal de la “guerra contra el enemigo invisible” que a diario predican los jefes de Estado, generales y periodistas; en el corazón de los barrios populares de Lima alzan vuelo otros imaginarios, fundados en prácticas ingeniosas, lúdicas y comunitarias, a través de las cuales se recrean y potencian vínculos vecinales de solidaridad en medio del confinamiento, la expansión mortal del virus y el azote de las necesidades básicas.

Por eso, mientras que el Estado apela a la metáfora bélica para mantener la “unidad nacional”, centrada en acatar el “distanciamiento social”; otros atrevimientos colaborativos nos muestran gestos de potenciales formas de convivencia, donde el distanciamiento no es “social” sino “físico”, y donde la comunidad se reconstruye desde los “acercamientos sociales”.

Esos atrevimientos toman forma de acciones y objetos cotidianos: pregones ambulantes, cometas de techo y mascarillas diseñadas. Tres inventos de raíces antiguas y emparentados con el flujo del aire. Hoy estas prácticas y artefactos vienen renovando su presencia, ocupando paisajes y rostros en cuarentena, redefiniendo así su carga expresiva y la fortaleza de territorios populares que se afirman en pie de cuidados y juegos.

  • Pregones ambulantes

Siguiendo la tradición de pregones de la Lima virreinal, y sus mutaciones en el comercio ambulatorio, hoy se escuchan por las calles el rugido de tiendas rodantes de alimentos vendiendo melones, papas y hasta pollos. Entre la disyuntiva de morir de COVID-19 o morir de hambre, varios comerciantes recorren las zonas metidas con sus carretillas parlantes e invaden las ventanas con “súper ofertas” (claro, para que la mercadería salga y no se les malogre).

Con una pequeña batería, funcionan el motor del vehículo y su parlante tipo campana, movilizándose usualmente por dúos a mitad de la mañana o mitad de la tarde, amenizando el confinamiento con charlas, chistes y ventas. “Melones del tamaño de mi cabeza”, “Compre chirimoya, la única golosina que no te pica el diente”, “Lleva papa y si no te gusta la devuelves”, “Casera, casera, pollo sin cuarentena”, “Compre antes que nos lleve la policía”. El repertorio mezcla frases hechas y diálogos con la clientela, lo que permite renovar sus ocurrencias.

También podemos reconocer a ciertos vendedores por sus voces (a pesar de la distorsión metálica de sus aparatos sónicos) y los estilos de picardía surtidos en sus pregones. Así los sonidos ambulantes son presencias que emergen entre ruidos, alarmas, conversaciones y radios; intensificándose según su cercanía, lejanía o velocidad. Radio bemba, comedia móvil y comercio al por menor se ensamblan, amenizando y dotando de texturas sonoras al tiempo del encierro.

  • Cometas de techo

Alzando la mirada al cielo, descubrimos otro barrio que vibra al ritmo de las cometas. Este artefacto volador, que cuenta con una historia de siglos (dicen que fue creado en la China del siglo XI con fines militares), ha sido transmitido por generaciones, macerando sabiduría manual y estética entre amistades y familias. Hoy está logrando sortear la cuarentena sobre los techos de las casas ubicadas en los cerros de Lima, aunque poco a poco ha llegado a las zonas planas.

Fue al finalizar la primera semana del estado de Emergencia Nacional. Asomó tímidamente una oscura cometa, confeccionada con la sencillez de una bolsa plástica, la cruz o asterisco de carrizo como estructura base, un hilo guiador y su cola en tira. Transcurridos los días, y al compás de la extensión del virus, se multiplicaron las cometas y en pocas semanas llegaron a contarse por decenas. Desde las ventanas-palcos resulta visualmente liberadora la transformación del paisaje aéreo de una ciudad obligada a encerrarse para sobrevivir.

Cada tarde, a partir de las tres, familias enteras suben a las azoteas. Usualmente son niños y niñas quienes pilotean las naves romboides de alargadas colas, como jugando a rebelarse contra el viento y la adversidad. Las técnicas de pilotaje deben adaptarse al breve plano del techo, lo cual implica que no pueden correr para “agarrar vuelo” sino que deben aprovechar el ánimo del aire, dialogarle, y aun así es tarea fina mantener la altura. A quienes observamos el espectáculo desde lejos nos obliga a alzar la mirada y reencontrar un paisaje vivido y en movimiento, lleno de interacción lúdica.

  • Mascarillas diseñadas

Apenas en los primeros días del estado de Emergencia Nacional, cuando las farmacias y boticas agotaron su stock de mascarillas, salieron vendedores ambulantes de mascarillas cerca de mercados o avenidas principales. Pasado los días, el Estado decretó su uso obligatorio, generando una pronta escasez de las mismas y el aumento del precio, lo cual se agravó debido a que emporios textiles, como Gamarra, estaban impedidos de reanudar actividades.

En tal escenario, varios talleres textiles caseros empezaron la producción de miles de mascarillas contra el COVID-19. Lo particular es que, si bien producían los clásicos modelos blancos y turquesas, también elaboraron unos con gráficas altamente sugerentes. Bajo referentes visuales globales, esas mascarillas te ponían en la boca la risa de Homero Simpson o el rugido del Rey León. Así tu quijada se convertía en mandíbula de dinosaurio, labios de anime, o simplemente en afiche de bandas de moda. Entre toda esa visualidad, también irrumpió la iniciativa de la artista Venuca Evanan y sus mascarillas con motivos sarhuinos. Así, las gráficas estampadas en este masivo escudo facial nos van adelantando que nuestra gestualidad tendrá que reconstruirse en el mediano plazo, a través del filtro de las mascarillas (y, por supuesto de las pantallas).

En tanto empeora la curva de infectados y víctimas mortales, distintas empresas e instituciones han empezado a confeccionar mascarillas, siguiendo pautas del Ministerio de Salud e incorporando el necesario bagaje científico para ello. No obstante, ante el vacío actual y la copiosa demanda, los talleres textiles caseros siguen produciéndolas artesanalmente, adhiriendo la gráfica como una atracción para el gusto del cliente y a favor sus ventas.

La voluntad de existir

En Perú, la retórica de la guerra agudiza choques políticos y culturales que preceden a la pandemia, como el desprestigio de la democracia y la demanda de militarizar la “mano dura” para resolver conflictos sociales en una sociedad empujada al individualismo, la desigualdad y la discriminación. En ese marco, la invocación bélica puede decretar la “unidad nacional” más no construir la “comunidad nacional”. Por el contrario, al definirnos como “soldados” y “enemigos”, al mismo tiempo, refuerza imaginarios que, cual fósforos prendidos en un barril de kerosene, nos llenan de sospechas hacia los demás e inflaman las tentaciones autoritarias. Igualmente, el distanciamiento social del “quédate en tu casa” se hace una consigna necesaria, pero insuficiente para canalizar productivamente dos abundancias ciudadanas en esta cuarentena y que pueden hacer la diferencia para encarar la crisis: tiempo e ideas.

Desde otro hacer, los barrios populares están cultivando prácticas ingeniosas, lúdicas y comunitarias de “acercamientos sociales”. Los tres inventos nombrados son apenas ejemplos creativos de una potencia que detona en lo territorial. Potencia que también se expresa en iniciativas orgánicas como “Solidaridad y Creatividad Vecinal”, impulsada por grupos culturales de El Agustino; la elaboración de data sobre la situación actual de los grupos metropolitanos de hip hop o de los grupos foklóricos de Villa El Salvador; la creación de redes de apoyo distrital frente a necesidades básicas en San Juan de Lurigancho, Comas y Collique; entre otras. Asimismo, surgen prácticas solidarias y cuidadoras en diversos barrios populares: las “banderas blancas” en casas para señalar familias que no recibieron apoyo estatal, la ubicación callejera de envases con comida para perros y la elaboración de carteles (o periódicos murales) comunicando pautas sobre salud y seguridad a peatones.

En cada una de estas prácticas localizadas resuenan ecos de las faenas que forjaron nuestros barrios: las sensibilidades y repertorios estéticos, las tradiciones y conocimientos situados, las múltiples formas de organizar la producción y alentar la comunicación, los gustos y juegos que nos sanan. Ahí, pese a las graves condiciones sociales, está nítidamente expresada nuestra voluntad de existir. Ahí la fuerza vital para experimentar otras formas de convivencia guiadas por la solidaridad, la cooperación y la reciprocidad. Sin embargo, esa voluntad solo podrá persistir, extenderse y orientar el futuro próximo si hoy decidimos fortalecerla desde el Estado y la sociedad en conjunto. Ningún cambio de tal magnitud se produce por combustión espontánea. Precisamos decisiones políticas para ello y las precisamos ahora.

Fuente de la imagen: Bereniz Tello

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¿HAY ESPACIO PARA UNA AGENDA AMBIENTAL EN PERÚ?

Diego Espejo y Leslie Forsyth

El Covid 19 es un evento catastrófico para el Perú y el mundo. En el Perú representa en 6 semanas 572 muertos, 20 914 infectados, aislamiento social de la población, parálisis económica, pérdidas de empleo, cierre de empresas y precarización de la economía familiar. ¿Qué hacer en esta situación sin precedentes?

Los desastres se pueden analizar en tres grandes momentos: antes, durante y después. El antes está definido por la conciencia de nuestra vulnerabilidad y todas las acciones de prevención y preparación ante un evento. El durante, configura todas las acciones que se implementan como parte de la gestión de la crisis. Finalmente, el después está orientado a todas las estrategias de reparación, recuperación y transformación que se puede realizar para superar el desastre.

Vulnerabilidad en evidencia

Si siempre hemos sido vulnerables a la naturaleza es porque las decisiones sociales y políticas condicionan a la humanidad de ser perjudicada. No se trata de echarle la culpa al murciélago — como se vió en la región de Cajamarca, con el ataque colectivo a 500 ejemplares usando fuego directo — , sino de entender que el impacto de una amenaza no proviene directamente de la magnitud del riesgo que representa, sino de nuestra capacidad de respuesta ante él, de cuán vulnerables somos.

En el 2013, el Foro Económico Mundial definió la resiliencia como la capacidad para “recuperarse más rápido después del estrés, soportar mayores tensiones y verse menos afectado por una determinada cantidad de estrés”. El concepto inmediatamente nos obliga a alejarnos de la escala temporal corta y acceder a una que permita analizar si nuestro país está preparado ante la inminencia de una siguiente amenaza.

No recuperarse de eventos adversos, fortalecidos, generaría un riesgo mucho mayor, regresionar a la situación previa a la amenaza con la capacidad y visión de entonces. El peligro de “volver a la normalidad” — algo que los políticos vienen repitiendo con popularidad — puede significar el tránsito de una crisis a otra.

Amenazas como el COVID-19 no sólo ponen a prueba el desempeño político de tomadores de decisiones, sino la solidez o fragilidad de sistemas esenciales para una nación: salud, agricultura, energía, industria, transporte, finanzas, educación, ambiente, etc. ¿Qué hemos aprendido de los “desastres” previos? ¿Seguimos siendo igual de vulnerables o hemos construido resiliencia luego de un desastre?

Ante la pandemia del COVID-19, se estima que el Perú perderá un millón de puestos de trabajo en micro y pequeñas empresas (mypes), un fuerte impacto en los trabajadores informales (que aportan casi tres cuartas partes al PBI nacional) y el inevitable incremento de la desigualdad con más de un millón de personas que pueden volver a ubicarse por debajo de la línea de pobreza.

¿Qué acciones se están tomando?

Junto a la declaración del Estado de Emergencia, el domingo 15 de Marzo se comunicaron diversas medidas tomadas con el fin de responder positivamente ante esta situación. Si bien las principales acciones se dan desde el Ministerio de Salud, el Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) es el responsable de evitar un colapso de la economía como consecuencia de esta prolongada cuarentena.

Se prevé que Perú invertirá un monto equivalente al 12% de su PBI, sin duda, uno de los más grandes paquetes de estímulo económico en su historia. Surge una gran oportunidad para reconfigurar las intervenciones económicas hacia unas que contengan criterios ambientales. Sin embargo, hay quienes se oponen y consideran que no es el momento, pues se debería priorizar la estabilidad económica a través de métodos tradicionales.

Se están aplicando distintas estrategias de recuperación económica a través de paquetes de incentivos económicos, transferencias económicas a través de un bono a familias vulnerables en el ámbito urbano y rural (se calcula que 6.8 millones de familias afectadas podrán recibir el bono de 760 nuevos soles), así como transferencias a los gobiernos regionales y locales para la implementación de acciones de prevención. Si bien estas medidas son de corto plazo, hay medidas de largo plazo que deberán ser evaluadas desde una perspectiva de cambio hacia una economía verde.

La principal premisa desde el MEF es minimizar la disrupción de las cadenas de pago de manera que se evite que las empresas quiebren y se den despidos masivos. Para las empresas, algunas de las medidas comunicadas han sido: el subsidio del 35% de planillas para empleados con sueldos menores a 1 500 nuevos soles y el programa Reactiva Perú que busca dar garantía a las empresas para que puedan obtener créditos de capital de trabajo.

Asimismo, se propone la elevación del gasto público centrado en rubros sanitarios como la compra masiva de mascarillas, obras de saneamiento, como también proyectos de infraestructura. Hasta el momento, las propuestas están más enfocadas en aspectos tradicionales, y es que no todos los sectores se han visto afectados de la misma manera, por lo que no se puede esperar que todos transiten hacia una economía verde en el mismo momento. En el Perú, se estima que el 95% de las empresas son mypes y emplean a más del 75% de la población. Sin embargo, debido a sus características, en este contexto sería imposible condicionar un apoyo económico a la implementación de medidas verdes.

Fuente: revistaganamas.com.pe

¿En qué espacios se puede unir una agenda de rescate económico y de sostenibilidad?

A inicio de año, la Cámara Peruana de la Construcción (Capeco) proyectó para este año, un crecimiento de 3.78% en este sector. Sin embargo, este sector ha sido duramente golpeado por el cese de actividades a partir de las medidas tomadas por el gobierno en las últimas semanas. Se calcula que actualmente, 111 000 obreros se encuentran con licencia sin goce de haber. A través de sus gremios este sector solicita que se extienda el bono de 380 nuevos soles a los obreros.

Dentro de las estrategias que se podrían implementar para reactivar este sector, que puedan ser acompañadas de un enfoque verde, se encuentran: instalación de energía solar en techos, incrementar los fondos públicos para construcción de viviendas sostenibles con sistemas de manejo de energía, un adecuado manejo de agua y desagüe, así como planes de gestión ambiental, entre otras.

Otro punto fundamental es retomar la reconstrucción del norte a consecuencia del Fenómeno del Niño, es una necesidad con el fin de promover la reactivación económica de esas regiones. El hecho de que esta aún no haya sido terminada elucida la baja capacidad de ejecución del presupuesto asignado para emergencias, tanto de lo lejos que estamos de construir resiliencia después de una catástrofe (climática o pandémica). Asimismo, hay que tomar en cuenta que el riesgo de un nuevo episodio del Niño sería un nuevo desastre para la reactivación que hoy se está implementando con la pandemia.

Asimismo, en el sector construcción de gran escala como de hidroeléctricas o carreteras — que suelen desarrollarse a través de licitaciones públicas — ya se venía hablando sobre las formas de reducir su impacto ambiental en términos de emisiones de carbono y el impacto en ecosistemas adyacentes. Si bien se piensa que no estamos para imponer condicionalidades a los estímulos de rescate y que pocos están en el privilegio de preocuparse por el cambio climático, es necesario tener en cuenta que esta es una prueba del compromiso de los gobiernos y las empresas por verificar si el énfasis en las transiciones de energía limpia se desvanece cuando las condiciones del mercado se vuelven más desafiantes.

Otro sector que ha sido duramente afectado es la industria del turismo, con pérdidas de empleo en diferentes regiones y en muchos casos afectando a las poblaciones vulnerables que dependen del turismo vivencial. El presidente de la Cámara Nacional de Turismo del Perú (Canatur) señala que el 95% del turismo se encuentra paralizado debido al cierre de fronteras y a la inmovilización ciudadana. Canatur estima que en el primer trimestre del año se dejarán de percibir 2,000 millones de dólares.

Si bien el sector turismo es de los más afectados por la limitación en la movilidad ciudadana, preocupan las condiciones a futuro en las que los trabajadores volverían a sus labores y el peligro que significaría la interacción entre ellos y los clientes. En este sentido, el enfoque ambiental se entiende desde las condiciones de seguridad ambiental. Cuando las actividades turísticas empiecen a reactivarse, ¿será obligatorio el distanciamiento físico con los turistas? ¿debería haber una reforma en la regulación de la infraestructura hotelera que proteja a trabajadores como a clientes? Es urgente iniciar este debate para un sector que contribuye al 4% del PBI nacional.

Por otro lado, el futuro de las aerolíneas es incierto y se habla de la más grande crisis en la aviación civil mundial. La Asociación de Empresas de Transporte Aéreo Internacional (AETAI) ha presentado un plan de salvataje. Sus solicitudes se enfocan en reducir las tarifas aeroportuarias, la reactivación de la ley de importación temporal de naves y sus repuestos, así como otros beneficios que les permitirían superar la crisis. ¿Es posible exigirle a esta industria que incorpore medidas ambientales en medio de esta crisis?

Una propuesta en Estados Unidos para el rescate financiero de 60 mil millones de dólares a las aerolíneas, era que el Estado adquiera participación en acciones de aerolíneas; de esta manera se podría tener un mayor papel fiscalizador en relación a temas laborales y ambientales. Sin embargo, en el caso peruano muchas de estas aerolíneas son compañías internacionales, lo que dificulta esta opción.

Medidas posteriores

El aspecto económico es crucial, pero la atención lógicamente está girando alrededor de los servicios públicos de salud. Es indudable que una reforma integral del sistema de salud es fundamental para lograr un sistema único que permita descentralizar servicios que garanticen el acceso óptimo y universal. Esta situación de emergencia ha evidenciado el deterioro del sistema de salud, consecuencia de décadas de abandono en términos de presupuesto, infraestructura, recursos humanos, eficiencia de gasto, entre otros. Si bien se ha dado un incremento en el porcentaje del gasto en salud sobre el PBI, Perú sigue registrando una inversión per cápita por debajo del promedio en América Latina.

Adicionalmente a los rescates económicos y subsidios que el Ejecutivo pueda ofrecer, la implementación de políticas sociales focalizadas son claves para asegurar el crecimiento inclusivo, contribuyendo al desarrollo sostenible y construyendo mejor capacidad de respuesta: resiliencia. Estas políticas deben reestructurarse de forma que se brinde apoyo temporal a todas las familias pobres urbanas, que suelen no ser consideradas en las políticas sociales, las cuales se enfocan principalmente en reducir las cifras de pobreza rural. Un importante obstáculo son los altos niveles de informalidad que existen en el país, donde más del 70% de la fuerza laboral es informal.

Ante esta situación, los municipios locales y regionales cumplen un rol fundamental. Se deben identificar y registrar de forma más eficiente los hogares vulnerables con el objetivo de tener un Padrón General de Hogares más fidedigno que permita que las políticas sociales y las transferencias económicas estén efectivamente focalizadas.

Perspectivas a futuro

Las crisis pueden ser también una oportunidad. Podría ser un momento de enseñanza social cuando se superpone con una crisis aún mayor, la climática, que — incluso mientras luchamos contra la pandemia actual — continúa desarrollándose sin interrupción en forma de mares en desborde, calor anómalo, sequías, inundaciones e incendios forestales sin precedentes.

El Perú es un país vulnerable al cambio climático, por su geografía, por la gran dependencia económica en los recursos naturales y por las poblaciones vulnerables que, tanto urbanas como rurales, se ven afectadas constantemente por eventos climáticos. De ahí la importancia de transitar hacia una economía verde que nos permita construir resiliencia.

Si bien las acciones propuestas desde el Ejecutivo buscan reactivar la economía, incorporar el componente ambiental será fundamental para apoyar a poblaciones más vulnerables (como las comunidades indígenas en contacto inicial) y disminuir el riesgo ante una emergencia climática.

Las medidas económicas que se han tomado para hacer frente a la emergencia del Covid-19 han demostrado que se pueden y deben tomar medidas similares a estas para hacer frente a la emergencia del cambio climático.

Los gobiernos tienen herramientas para realizar y proponer reformas económicas y sociales. La oportunidad de crear empleos verdes y sostenibles que mejoren la calidad de vida de las personas no solo fortalecerán la economía en un futuro sino también la harán más resiliente a los futuros cambios frente a una emergencia climática u otra pandemia. Es fundamental estar preparados y no depender de respuestas inmediatas.

Hay una lección para nosotros durante el COVID-19 cuando verificamos la fragilidad de nuestra creciente civilización, sus modos de consumo, nuestra dependencia de una infraestructura débil y a la vez masiva de alimentos, agua y espacio, en un planeta con recursos finitos. Ese estilo de vida puede ser un factor subyacente y vital que favorece pandemias como la actual.

¿La crisis actual nos ayudará a ver la naturaleza como un refugio en lugar de un recurso para la explotación sin fin? ¿Nos ayudará a tomar en serio la responsabilidad cívica por el bien común?

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LA PANDEMIA: LA PRECARIZACIÓN LABORAL QUE VENDRÁ

Miguel Antonio Malpartida Martínez

El planeta entero está sumido en una paralización total, en un confinamiento forzado por una pandemia de origen viral que ha provocado una crisis global humanitaria sanitaria, la más grave de toda su historia, superando a las dos guerras mundiales. Casi 5 mil millones de personas están en aislamiento social o cuarentena y en Estados de emergencia, alarma o de excepción, según la legislación de cada país, pero lo que vendrá después de que baje la intensidad del contagio y logre levantarse los estados de emergencia sanitaria, será la Gran Depresión Económica Mundial, la más profunda de todos los tiempos. Esto parece una película de terror o de ciencia ficción, pero es la realidad palpable que estamos viviendo, así de macabro.

Podemos extendernos con datos y cifras estadísticas de cuánto caerá el PBI mundial, que según dice el FMI será de -3% o -4%; de cuánto se elevarán los montos de las deudas públicas externas, los déficit de las balanzas de pagos y comercial, de la pronta caída del dinero fiduciario, el incremento del precio del oro; y de cómo la Reserva Federal de Estados Unidos emitirá papel moneda de billones de dólares (y ya lo está haciendo), devaluando más la divisa norteamericana, que de poco servirá cuando esta no es solo una crisis financiera, sino de oferta y de producción, es decir, de la economía real. Esos análisis cuantitativos son importantes y precisos, pero ahora tocaremos un tema más agudo y humano.

En lo laboral, la situación es más deprimente y catastrófica, ya que viene un desempleo masivo de centenares de millones de trabajadores parados y que quedarán en la más absoluta miseria y pobreza. Según la OIT, solo en el primer semestre de este año habrá 195 millones de trabajadores que perderían su empleo. Esto se refiere a los empleados que pierden sus puestos y que en los países desarrollados tienen por lo menos unos cuantos meses de seguros de desempleo, y en otros países en desarrollo, tienen sus CTS (compensaciones de tiempo de servicios), pero no todo es formal en el mundo. Según este mismo organismo, existen por lo menos 2000 millones de trabajadores que viven en la informalidad, que son los pequeños productores y comerciantes ambulatorios o de negocios familiares o personales y que la gran mayoría de ellos quedarían en la quiebra de sus comercios y/o actividades que realizan. Esta situación traerá hambrunas nunca antes vistas, miseria extrema de personas que morirán en total abandono y que contraerían muchas enfermedades, peores que los coronavirus de la gripe.

Los empleos que concentran grandes multitudes de personas y trabajadores en serie y organizados se perderían y serán eliminados y reemplazados, como ejemplo tenemos a Construcción Civil; la manufactura; agricultores de las comunidades campesinas, nativas independientes; negocios pequeños en los grandes mercados populosos para ser reemplazados por las grandes cadenas de suministros de los supermercados; pequeñas boticas o boticas populares que vendían productos farmacéuticos genéricos que serán reemplazadas por cadenas de la industria farmacéutica e impondrán los medicamentos patentados y vacunas obligatorias de precios elevados. Es decir, el poder de los grandes monopolios u oligopolios de las grandes corporaciones que controlan el mundo tratarán de crear un nuevo orden mundial después del desastre.

Como consecuencia de esto, la sobreexplotación laboral llegará a niveles de esclavización, ya no existirá la jornada de 8 horas ni la estabilidad laboral ni los contratos indeterminados o a plazo fijo ni los beneficios que los trabajadores formales gozábamos, como gratificaciones, escolaridad, apoyo familiar, seguros de salud y de accidentes, derechos previsionales y otros que se perderán con los años. Ahora los grandes capitalistas y oligarcas convertidos en nuevos esclavistas y señores feudales tendrán mano de obra esclavizada trabajando más de 12 o 14 horas sin descanso semanal y con pagos irrisorios, como se da en muchos sitios de los países africanos y de Asia Menor en las explotaciones mineras y plantaciones rurales, solo que esto ahora abarcará también a Latinoamérica y Europa.

Los inmigrantes que viven en los países desarrollados (Europa y Estados Unidos) serán los nuevos siervos o esclavos del mundo del gran poder económico imperialista, el cual generó esta crisis pandémica. Tendremos una precarización laboral muchos más grave y de consecuencias inevitables. Los proletarios de Karl Marx y los precarios de Guy Standing, que fueron los trabajadores más explotados en el capitalismo imperialista hasta los 90 y del capitalismo globalizante hasta ahora, serán superados en miles de millones de masas laborales esclavizadas y sin derechos. Permitiremos, o al menos las nuevas generaciones permitirán, que destruyan el mundo y lo reconfiguren a los antojos e intereses imperiales de los grandes oligarcas banqueros gánsteres. Seremos actores pasivos de esta tragedia a escala planetaria.

Nadie quería el mundo capitalista globalizado con su modelo neoliberal que se impuso en 1990 cuando fue destruido el sistema socialista encabezados en ese entonces por la Unión Soviética (hoy Rusia) y la China Popular Socialista (hoy convertido en capitalismo de Estado), de un mundo bipolar que hacía contrapeso al sistema capitalista imperialista de Estados Unidos, Europa Occidental y Japón. En ese mundo bipolar de dos sistemas, después de la Segunda Guerra Mundial, se pudo conseguir muchos derechos laborales y beneficios sociales, pero eso se fue perdiendo después en el neoliberalismo más rampante de los últimos treinta años. Ahora la situación es peor. El neoliberalismo tiene que ser aplastado y enterrado y el sistema capitalista globalizante de igual manera, por eso la resistencia del poder imperial norteamericano en decadencia.

¿Pero cuál es el poder alternativo o contrapoder en esta reconfiguración del mundo que quieren hacer? No podemos permanecer quejándonos, criticando o siendo manipulados por el miedo exagerado a una pandemia. Los que pueden generar los cambios y revoluciones no son las masas desorganizadas, tienen que ser los trabajadores organizados y consientes y eso ya se estaba despertando en Francia, los chalecos amarillos; en Chile; Colombia; Ecuador; en Estados Unidos, los jóvenes de Occupy Wall Street; y en varios países más, fueron movimientos que en su columna vertebral eran trabajadores de diferente sectores formales o independientes, pero organizados, y ahora eso no se puede destruir. Por eso nos hablan todos los gobernantes del mundo, como títeres del poder global, que el aislamiento social y prohibición a las reuniones o movilizaciones de multitudes tiene que extenderse por lo menos hasta mediados del 2021 o hasta el año 2022. Ese es un plan diseñado con fines políticos para impedir la organización de las clases de trabajadores y no tener masas organizadas y sindicatos fuertes, sino borregos y ciudadanos obedientes y sometidos. No podemos perder nuestro valor más grande que tenemos, después de la vida: la libertad.

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UNOS POCOS HOMBRES BUENOS

Trump, los generales y la corrosión de las relaciones civiles y militares
Max Boot [1]

Cuando Donald Trump fue elegido presidente de los Estados Unidos, había una buena causa para pensar que sería popular entre las fuerzas armadas. Fue, para empezar, un republicano, y el ejército se inclina fuertemente por el campo conservador. ¡También había dirigido una campaña ostentosamente pro-militar, prometiendo “reconstruir el ejército, cuidar de los veteranos y hacer que el mundo respete a los EE.UU. de nuevo!» Había, sin duda, algunas señales de advertencia de problemas por venir, como cuando atacó al héroe de guerra John McCain, un senador republicano de Arizona («Me gusta la gente que no fue capturada«), y menospreció a los padres de un soldado que había muerto en combate después de que se atrevieron a criticarlo.

Pero inicialmente, al menos desde la perspectiva de los militares, lo bueno parecía superar con creces lo malo. Trump impulsó un mayor gasto en defensa; envió más fuerzas estadounidenses y potencia de fuego a Afganistán, Irak y Siria; y liberalizó las reglas de combate de los militares, dando a los comandantes sobre el terreno más libertad de maniobra. Aún más llamativo fue su nombramiento de generales para altos cargos civiles: el general retirado del Cuerpo de Marines James Mattis se convirtió en el secretario de defensa, el general retirado de la Marina John Kelly se convirtió en el secretario de seguridad nacional y luego el jefe de estado mayor de la Casa Blanca, el teniente general retirado del ejército Michael Flynn se convirtió en el asesor de seguridad nacional de Trump, y, cuando se “quemó” en sólo 24 días, fue reemplazado por el entonces teniente del ejército en servicio activo, el general H. R. McMaster. Trump, por su parte, se deleitaba con el aura de hombría de los generales, saludando a «Mad Dog» Mattis (un apodo que Mattis odiaba) como «un verdadero general de generales!».

A algunos críticos les preocupaba que la sobrerrepresentación de los generales en la administración afectara al control civil de las fuerzas armadas. Pero muchos otros celebraron el nombramiento de estos generales, con la esperanza de que su presencia en la administración proporcionaría a la estrella de “reality shows” (Trump tenía un programa de TV) convertirse en presidente con una supervisión «adulta» muy necesaria.

Las cosas salieron mal casi de inmediato. Cómo sucedió eso —cómo la promesa de relaciones civiles-militares suaves se convirtió en acritud, mordeduras y desconciertos— está documentada en cuatro nuevos libros. Dos son relatos periodísticos: “Trump y sus generales”, una visión justa y completa de la política exterior de Trump por el periodista y el “think tanker” (analista de un centro de estudios) Peter Bergen, y “A Very Stable Genius”, un trabajo de cobertura de noticias de primer nivel y valiosa visión de Philip Rucker y Carol Leonnig, reporteros del The Washington Post (donde soy columnista). Los otros dos libros son memorias. “Holding the Line”, de Guy Snodgrass, un oficial retirado de la Marina de los Estados Unidos que sirvió como escritor de discursos de Mattis en el Pentágono, da la impresión de estar escrito apresuradamente e incluye más polémicas entre oficinas estatales de lo que la mayoría de los lectores querrán saber. Pero proporciona algunas pepitas que no han sido reportadas en otros lugares, como la afirmación de que Trump le dijo a Mattis que «jodiera a Amazon» en un contrato importante porque estaba tan descontento con el Washington Post (que es propiedad del fundador de Amazon, Jeff Bezos). La otra memoria —“Call Sign Chaos”, de Mattis y Bing West— no trata en absoluto de las controversias de la administración Trump. «Estoy pasado de moda: no escribo sobre presidentes sentados», explica Mattis. Pero el libro proporciona un relato experto de la carrera de Mattis, que ayuda a explicar por qué el matrimonio entre Trump y sus generales estaba destinado al divorcio.

https://www.amazon.com/-/es/Peter-Bergen/dp/0525522417

OTRO MUERDE EL POLVO

Un punto de inflexión clave en la relación fue una reunión informativa para Trump de julio de 2017 celebrada en lo que se conoce como «el Tanque», una sala de conferencias segura del Pentágono utilizada por los Jefes de Estado Mayor Conjuntos. Los relatos de la reunión son proporcionados por Bergen (que comienza su libro con él), Snodgrass (quien lo organizó y estuvo presente), y Rucker y Leonnig (que ofrecen los detalles más jugosos). Mattis había convocado al presidente y a sus asesores superiores para explicar por qué el sistema liderado por Estados Unidos de alianzas de seguridad y relaciones comerciales todavía beneficiaba a los Estados Unidos. No salió bien. Todos están de acuerdo en que Trump, que tiene una capacidad de atención notoriamente corta y un temperamento “fosforito”, se enfadó abiertamente durante la presentación de Mattis. Según Rucker y Leonnig, el presidente arremetió contra los aliados de EE.UU., diciendo a sus generales: «¡Se nos debe dinero que no has estado recolectando!» Mattis intervino: «Esto es lo que nos mantiene a salvo», pero Trump previsiblemente no lo estaba escuchando. «Todos ustedes son perdedores», escupió. «Ya no saben ganar.» Unos minutos más tarde, el presidente, que había pretextado problemas de espalda para evadir el servicio en la Guerra de Vietnam— gritó a un auditorio lleno de generales condecorados: «No iría a la guerra con ustedes. Son una banda de idiotas y bebés».

Los generales, condicionados a no cuestionar la autoridad del comandante en jefe, se sentaron en silencio aturdidos. Se le dejó la palabra al entonces Secretario de Estado Rex Tillerson para mediar. «No, eso está mal», replicó. «Señor Presidente, está totalmente equivocado. Nada de eso es cierto». Después de la reunión, frente a algunas personas en las que confiaba, Tillerson llamó al presidente «un puto idiota» (fucking moron). Cuando ese comentario fue reportado por NBC News unos meses más tarde, selló el destino de Tillerson.

El despido de Tillerson a mediados de marzo de 2018 tuvo una consecuencia involuntaria: dejó al secretario de defensa sin refuerzos. Hasta entonces, Tillerson y Mattis habían formado un equipo de etiqueta para detener los impulsos más imprudentes de Trump. Habían logrado impedir que el presidente se retirara del acuerdo nuclear con Irán y abandonara la disposición de la OTAN de defensa mutua. Mattis también había trabajado con Kelly para retrasar la implementación de las peticiones más provocadoras de Trump, escribe Bergen, como la orden a principios de 2018 para evacuar a los civiles estadounidenses de Corea del Sur en preparación para un posible ataque militar en Corea del Norte.

Con Tillerson fuera, era sólo cuestión de tiempo antes de que Mattis también saliera por la puerta. Snodgrass escribe que se enteró ya en el verano de 2018 que Mattis estaba planeando servir sólo hasta el final del año. El último altercado llegó en diciembre, cuando Mattis se opuso a la decisión inicial de Trump de sacar a las fuerzas estadounidenses del norte de Siria. Kelly, que estaba cerca de Mattis después de años de servicio juntos del Cuerpo de Marines, se fue poco después de Mattis. McMaster ya había sido despedido en marzo de ese año después de chocar con Trump, así como con Mattis. (Bergen escribe que Mattis «se refirió con puntillosidad» al asesor de seguridad nacional como «Teniente General McMaster» para dejar claro que lo superaba.)

El único oficial de alto rango que ha mantenido una influencia constante con Trump desde el inicio de la administración es el general retirado Jack Keane, un ex vicejefe del Estado Mayor del ejército que fue fundamental para promover el «incremento” de tropas en Irak en 2006-7. Sin embargo, Keane nunca ha aceptado un nombramiento oficial, prefiriendo proporcionar asesoramiento informal. Bergen escribe que, en varios momentos, Keane ayudó a disuadir a Trump de su deseo de sacar tropas del norte de Siria y Afganistán, pero ni siquiera Keane podía detener a Trump. Desde entonces, Trump ha abandonado a los kurdos sirios trasladando a las tropas estadounidenses a los pequeños campos petroleros de Siria, y ha aceptado retirar todas las tropas estadounidenses de Afganistán en mayo de 2020 como parte de un acuerdo con los talibanes.

INTERPRETANDO LECTURAS

Aunque “Call Sign Chaos” no detalla el mandato de Mattis en el Departamento de Defensa, revela por qué él y los otros generales tan a menudo se enfrentaron con Trump. Mattis escribe que, desde una edad temprana, en el Cuerpo de Marines le inculcaron los fundamentos del liderazgo, que resume como «las tres Cs»: competencia («No te engañes en tu trabajo; debes dominarlo»), cariñoso («Un marine sabe cuándo estás invirtiendo en su carácter, sus sueños y su desarrollo. Hombres así no renuncian a ti»), y convicción («Declara tus reglas claramente y apégate a ellas… Al mismo tiempo, estimula tu pasión profesional con humildad personal y compasión por tus tropas). Es difícil imaginar un ethos más alejado de la autopromoción implacable de Trump, el desprecio por sus subordinados y el desdén por la experiencia. El término «autosacrificio» no es parte del vocabulario de Trump, y ve la lealtad como una calle unidireccional: quiere que los subordinados sean leales a él, incluso a costa de violar la ley, pero será desleal con ellos siempre que sea ventajoso hacerlo, a menudo afirmando que apenas los conoce cuando se meten en problemas.

Nada más ajeno a Trump que el espíritu militar de Mattis, es el amor del ex secretario de defensa por la lectura. “Call Sign Chaos” se terminó de redactar en gran medida antes de que Mattis se uniera a la administración, pero se lee como si Mattis se dirigiera encubiertamente al presidente cuando escribe: «Si no has leído cientos de libros, eres funcionalmente analfabeto, y serás incompetente, porque tus experiencias personales por sí solas no son lo suficientemente amplias como para sostenerte. Cualquier comandante que diga que está «demasiado ocupado para leer» va a llenar bolsas de cadáveres con sus tropas mientras aprenderá de la manera más cruel». Trump es, por supuesto, notoriamente conocido por no leer [17] largos documentos informativos, y mucho menos libros.

Por el contrario, todos los generales que sirvieron en la parte superior de la administración Trump eran lectores voraces, y les perturbó tener que tratar con un presidente tan chato intelectualmente y seguro de que ya lo sabía todo –aún cuando, Rucker y Leonnig informan, Trump ni siquiera sabía que la India comparte una frontera de 2.000 millas con China. Trump quedó desencantado con McMaster porque el asesor de seguridad nacional era demasiado profesoral, tratando de atiborrarlo con demasiada información. «Trump ridiculizaba a McMaster», escriben Rucker y Leonnig, «describiendo el tema del día y desplegando una serie de frases grandes y complejas para indicar lo aburrido que iba a ser la reunión informativa de McMaster». Agregan que «el personal del Consejo de Seguridad Nacional estaba profundamente perturbado por el trato que Trump dio a su jefe», y con razón. Debido a que muchos de esos empleados eran oficiales militares, se corrió la voz a través de la comunidad militar sobre cómo Trump trataba mal al veterano general condecorado de la Guerra del Golfo, Irak y Afganistán.

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TODOS HABLAN

La hostilidad entre Trump y los generales ha irrumpido desde entonces a la vista pública. Después de que Mattis escribió su furiosa carta de renuncia, Trump lo llamó «el general más sobrevalorado del mundo«. Kelly esperó más de un año después de su partida para criticar públicamente a Trump, y cuando lo hizo, en febrero de este año, Trump lo atacó en Twitter: «Cuando dejé a John Kelly, lo cual no pude hacer lo suficientemente rápido, supo muy bien que estaba muy por encima de su cabeza. Ser Jefe de Estado Mayor simplemente no era para él». Esa crítica, por supuesto, sólo plantea la cuestión de por qué Trump nombró a Kelly, y a tantos otros funcionarios que ahora menosprecia.

Más allá de su ruptura pública con sus generales, la relación de Trump con el ejército se deterioró debido a una serie de decisiones que no sentaron bien en las fuerzas armadas. Mis conversaciones con oficiales actuales y anteriores indican que aprobaron la decisión de Trump del asesinato de Qasem Soleimani, el general iraní que fue responsable de cientos de muertes estadounidenses en Irak, y de Abu Bakr al-Baghdadi, el jefe del Estado Islámico (o EIIL). Pero muchos con los que hablé estaban furiosos cuando Trump decidió en octubre pasado abandonar a las fuerzas kurdas sirias moviendo al personal militar estadounidense que había servido durante mucho tiempo como amortiguador entre los kurdos y las fuerzas turcas hostiles, a pesar del hecho de que los kurdos habían luchado junto a Estados Unidos para derrotar a EIIL y habían perdido 11.000 soldados en este proceso. Esa decisión, según muchos, fue contraria al compromiso de los militares con los camaradas en el campo de batalla. Muchos en el ejército de Los Estados Unidos no estaban contentos de que Trump restaurara el rango del SEAL de la Marina Edward Gallagher, que fue acusado de crímenes de guerra en Irak, y despidió al teniente coronel Alexander Vindman, un veterano de guerra de Irak que había testificado sobre los intentos de Trump de presionar a Ucrania para que ayudara a su campaña de reelección. Trump tuvo a Vindman y a su hermano gemelo, también un teniente coronel que servía en el personal del Consejo de Seguridad Nacional, escoltados desde los terrenos de la Casa Blanca y luego sugirieron que el ejército iniciara un procedimiento disciplinario contra Vindman, algo que el ejército se negó a hacer. Kelly elogió a Vindman después de su despido por hacer «exactamente lo que les enseñamos a hacer» al negarse a obedecer una «orden ilegal» y criticó el apoyo de Trump a Gallagher como «exactamente lo incorrecto que hay que hacer». Oficiales como Kelly saben lo difícil que es mantener la disciplina y el buen orden cuando el comandante en jefe está señalando que los crímenes de guerra son aceptables, pero decir la verdad no lo es.

Muchos militares, todavía apoyan a Trump y aprueban sus fanfarronadas, pero los ataques del presidente contra las tradiciones sagradas de los militares de «deber, honor, patria» han molestado a muchos otros. Las encuestas del Military Times sobre el personal militar reflejan este desencanto: cuando Trump fue elegido por primera vez, en noviembre de 2016, el 46 por ciento de los encuestados tenía una visión positiva de él, y el 37 por ciento tenía uno negativo. En noviembre de 2019, se había producido un cambio brusco: 42 por ciento positivo, 50 por ciento negativo. Ese mismo mes, varios generales criticaron a Trump, aunque detrás del anonimato, en un artículo en The Atlantic de Mark Bowden. Algunos han criticado a los generales ahora destituidos por no hablar más en público, pero su reticencia es comprensible dado que se les ha enseñado desde el principio de sus carreras a alejarse de la política y que la oposición a Trump podría crear una reacción presidencial contra sus colegas que aún están en servicio activo. Al mismo tiempo, al no venir a la defensa de Trump, los generales retirados han dejado claro que no son fans del presidente.

Fuente: https://www.amazon.com/Holding-Line-Inside-Pentagon-Secretary-ebook/dp/B07NZK1ZZ4

BESAR EL ANILLO

La presidencia de Trump ha sido un proceso de aprendizaje tanto para el comandante en jefe como para las tropas que dirige. Trump, que sabía poco de gobierno al principio, aprendió sobre cuánto poder puede ejercer. No parece haber aprendido por qué los presidentes anteriores se restringieron, por ejemplo, al no decirle al Departamento de Justicia a quién enjuiciar o qué penas de prisión recomendar. Trump se ha envalentonado porque siente que sus decisiones controvertidas, como trasladar la embajada de Estados Unidos en Israel a Jerusalén y matar a Soleimani, han funcionado mejor de lo que los escépticos predijeron. Se ha vuelto más obstinado y menos dispuesto a escuchar consejos cuanto más tiempo ha estado en el cargo.

Los generales, por su parte, aprendieron que no podían simplemente continuar con los negocios como de costumbre. Trump disipó esa esperanza al sorprender a los líderes del Pentágono con órdenes fuera de lo común para detener los ejercicios militares con Corea del Sur y expulsar a las tropas transgénero [33]; esta última decisión, escribe Snodgrass, «creó el caos en el Pentágono». Mattis trató de sonreir a Trump tanto como pudo, para bloquearlo tanto como sea posible. Snodgrass recuerda que Mattis dijo que «preferiría tragar ácido» que celebrar el desfile militar de Trump en Washington y señala que Mattis fue el único dentro el gabinete que se negó a alabar el liderazgo de Trump. Pero incluso Mattis hizo compromisos, como enviar a la Guardia Nacional a la frontera en un despliegue inútil diseñado para anotar puntos políticos para Trump. Y aunque la decisión de Mattis de evitar criticar al presidente en servicio tiene sentido desde su perspectiva como general retirado, debió darse cuenta de que estaba sirviendo en una capacidad civil y que le debe al pueblo estadounidense una explicación completa antes de la elección de 2020 de si Trump es apto para seguir siendo presidente, basado en su experiencia personal. Precisamente porque Mattis es una figura tan conocida y respetada, su juicio tendría peso, especialmente dentro de los votantes republicanos. Su sucesor, Mark Esper, carece del prestigio de Mattis (y de aliados en el escalón superior del gobierno) y por lo tanto es más fácilmente susceptible a la influencia política.

Trump ahora se ha rodeado de partidarios incondicionales, como Mike Pompeo, su secretario de Estado, y Robert O’Brien, su asesor de seguridad nacional, que se ven a sí mismos como facilitadores del presidente, no sus disuasores. (O’Brien al parecer distribuye impresiones de los tweets de Trump a su personal para guiar sus decisiones y prioridades.) Las agencias que supervisan han sufrido daños duraderos: en el Consejo de Seguridad Nacional, O’Brien ha reducido la dotación de personal por un tercio, y en el Departamento de Estado, la moral se desplomó después de que Pompeo se negara a defender a diplomáticos como William Taylor y Marie Yovanovitch contra las críticas del presidente y sus aliados políticos.

Por el contrario, el Departamento de Defensa, porque es mucho más grande que cualquier otra agencia gubernamental y tan impregnado del espíritu militar, es más resistente a la influencia externa. Pero no es inmune. Vean como ejemplo, la decisión de Trump en febrero de despedir a John Rood, un subsecretario de defensa que se había enfrentado con el presidente presionando para liberar ayuda a Ucrania y oponiéndose a la designación del Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán como organización terrorista.

Los intentos de Trump de doblegar el Departamento de Defensa a su voluntad, emplearlo con fines políticos y purgarlo de todos los puntos de vista disidentes sólo se acelerarán si gana otro mandato. Los generales que fueron aclamados como el «eje de los adultos» se han ido hace mucho tiempo, y sus sucesores, tanto militares como civiles, han recibido el mensaje sobre lo que le sucede a cualquier funcionario que se atreva a enfrentarse a un jefe ejecutivo veleidoso e iracundo. Cuanto más tiempo permanezca Trump en el cargo, más difícil será salvaguardar las tradiciones apolíticas de servicio a la nación, la dedicación al estado de derecho y la lealtad a la Constitución, que son las señas de identidad de las fuerzas armadas estadounidenses.

Si Trump pierde en noviembre, el proceso de reparación del daño puede comenzar, pero los últimos tres años han demostrado la facilidad con la que un presidente hambriento de poder puede cabalgar sobre las normas de maneras que dañan las instituciones del país. Trump seguramente no es el último demagogo populista en ganar el cargo. En el futuro, el Congreso debe imponer mayores límites a la autoridad del presidente para prevenir abusos como la interferencia política en el Departamento de Justicia y los despliegues de tropas con fines políticos. El Congreso ya está tomando medidas para limitar la autoridad bélica del presidente, por ejemplo, derogando las autorizaciones para el uso de la fuerza militar, aunque esa legislación no se promulgará mientras Trump esté en la Casa Blanca y Mitch McConnell, republicano de Kentucky, tenga el control del Senado. Pero los límites a la autoridad del presidente siempre serán más difíciles de hacer en el ámbito de la seguridad nacional, donde hay buenas razones para darle al comandante en jefe considerable discreción para defender la nación. En última instancia, la mayor salvaguardia contra el uso indebido de las fuerzas armadas es inculcar una fuerte devoción al estado de derecho entre el cuerpo de oficiales para que los futuros líderes militares luchen contra las ordenes ilegales o poco éticas, como Mattis, Kelly y McMaster han hecho recientemente en muchos (pero no todos) los casos.

Derechos de autor © 2020 por el Consejo de Relaciones Exteriores, Inc.


[1] MAX BOOT es “Jeane J. Kirkpatrick” Senior Fellow for National Security Studies en el Council on Foreign Relations. La versión original de este texto, publicado el 6 de Abril de 2020, se encuentra disponible en: https://www.foreignaffairs.com/reviews/review-essay/2020-04-06/few-good-men. La traducción fue hecha por José Cornejo.

Fuente de la imagen de portada: https://es.theepochtimes.com/trump-ofrece-militares-a-mexico-para-una-guerra-que-borre-de-la-faz-de-la-tierra-a-los-carteles_552365.html

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EDWARD SNOWDEN SOBRE LA CRISIS DEL COVID-19

Edward Snowden es un héroe de la libertad. En el 2013, siendo analista de inteligencia de la Agencia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, hizo saber al mundo de la estructura mundial de vigilancia masiva que existía. El gobierno de los Estados Unidos recopila la información de las comunicaciones privadas de millones de personas en el mundo, a través de conversaciones telefónicas, correos electrónicos y redes sociales. El documental Citizenfour cuenta detalladamente toda la lucha de Snowden, quien ahora vive exiliado en Rusia.

El 10 de Abril de 2020, Edward Snowden fue entrevistado en el programa “Shelter in Place” que dirige el periodista Shane Smith. El tema central fue el futuro de las libertades civiles en el contexto del COVID-19. Y es que Snowden alerta de que está construyéndose una “arquitectura de la opresión”. A continuación, transcribimos en español toda la entrevista:

Shane Smith: Nuestro ciclo de noticias está cambiando, si no es diario, cada hora o por minuto. Y hay tanta información actualmente, y es difícil navegar por las aguas de las noticias. Así que una de las cosas que quiero hacer es hablar con algunos de los pensadores más importantes del mundo y decir “Oye, ¿Cuáles son estos problemas?” y “¿Cuáles son las consecuencias imprevistas de lo que sucede ahora?” Una de las preguntas más importantes es, todas estas medidas de emergencia, toda la recopilación de datos para decir “Bueno, ¿qué está pasando con la pandemia y sus efectos colaterales?” Y creo que uno de los mejores pensadores en torno a las libertades civiles y estas consecuencias imprevistas es Edward Snowden. Así que hoy vamos a hablar con él sobre sus pensamientos sobre el virus COVID, así como, ¿Qué significa eso para nuestras libertades civiles? Edward Snowden, gracias por estar con nosotros hoy.

Edward Snowden: Es un placer estar contigo.

Shane Smith: Vayamos al punto. ¿Por qué parece que estamos tan mal preparados? Estamos actuando como si el COVID-19 fuera un virus nunca antes visto y que esto acaba de salir de la nada. Sorpresa, sorpresa. Tú sabes, tuvimos SARS, tuvimos MERS. Hemos tenido este tipo de cosas antes, y de hecho sabíamos que íbamos a tener más de ellos. Sin embargo, no estábamos listos o parece que estamos completamente desconcertados que esto esté sucediendo ahora y está teniendo, ya sabes, un efecto tan profundo cuando, si hablas con cualquier epidemiólogo o virólogo, sabían que esto iba a suceder.

Edward Snowden: No hay nada más previsible como una crisis de salud pública para, ya sabes, de nuevo, reconocer un mundo donde solo estamos viviendo uno encima del otro en ciudades abarrotadas y contaminadas, que una pandemia. Y sí, cada académico, cada investigador que ha mirado esto sabría que vendría. Y de hecho, incluso las agencias de inteligencia, puedo decirte de primera mano porque solía leer los informes, habían estado planificando las pandemias. Y, sin embargo, cuando lo necesitábamos, el sistema nos ha fallado. Y nos ha fallado ampliamente. Y lo que me parece grotesco de esta situación, es que ahora las personas a las que se les pide sacrificarse más, son las personas que están en las posiciones más precarias, quienes tienen menos para dar. Constantemente nos dicen: somos el país más rico del mundo. Pero cuando la gente comienza a perder sus trabajos, cuando los alquileres se vuelven difíciles de pagar, porque no hay trabajo para ninguna camarera en ningún restaurante en Nueva York justo ahora, ¿Dónde están nuestros recursos? Cuando nuestros hospitales dicen que necesitan ventiladores, ¿Dónde está toda esta gran tecnología que se usa para vigilar a todos, hasta la más pequeña uña del pie, cuando la necesitamos para crear cosas que realmente salven vidas?

Shane Smith: En Corea del Sur, que ha tenido éxito al menos en allanar su curva, el gobierno ha estado enviando mensajes de texto a personas que han entrado en contacto con personas que saben que tienen COVID-19, lo que significa que saben quién tiene COVID-19, ellos saben con quién se encuentran, ellos saben sus números de mensajes de texto. Saben cómo ponerse en contacto con ellos. Taiwán está haciendo un “cerco móvil” donde, si saben que estás infectado, te van a poner un cerco móvil, y si te vas, te meterás en problemas. Es básicamente que tú teléfono móvil es el nuevo brazalete en el tobillo. Sabes, miramos lo que hizo China, incluyendo soldar ciertas puertas cerradas, y parecemos ser una especie de autómatas adhoc. Estamos diciendo culturalmente no podemos hacer esto. Sin embargo, nuestros números están por las nubes. Entonces, ¿son mejores los regímenes autocráticos al tratar cosas como estas que los democráticos?

Edward Snowden: No lo creo. Quiero decir, se están dando argumentos de que China puede hacer cosas que Estados Unidos no puede hacer. Ahora, eso no significa que lo que están haciendo estos países autocráticos en realidad es más efectivo. Realmente solo hay dos cosas que sabemos que son ciertas. Una es que nadie sabe la verdadera cantidad de infectados porque solo podemos, en el mejor de los casos, conocer los casos confirmados de personas que han sido analizadas. Y una vez que comiences a examinar con detalle en este tipo autocrático, o yo diría un tipo más autoritario de estructura política, lo que termina uno viendo es que en lugar de la política guiada por la ciencia y los hechos, comienzas a ver cosas como comunicados informativos convirtiéndose en decisiones políticas. Ahora, esto no es nuevo. De hecho, la gripe española alrededor de 1918 en realidad no se originó en España. En realidad, se estaba extendiendo en la primera guerra mundial, a través de las trincheras, donde todos estaban en condiciones terribles. Pero los militares de la época habían impuesto restricciones sobre lo que la prensa podría informar pues eso podría afectar la guerra. Y así, España siendo un país neutral, estaba publicando lo que realmente estaban viendo en su país. Y entonces supusimos, porque eran los únicos que decían la verdad, que venía de ellos. Ahora estamos un poco más adelante que eso hoy. Pero eso no borra el hecho de que las personas en el poder, quienes ven que hay una ventaja política para disfrazar o encubrir o maquillar o negar números, pueden escoger mentir al respecto. Ha pasado antes y casi seguramente que está sucediendo ahora.

Shane Smith: Si estás mirando países como China, que parece haber aplanado su curva, ¿Cuánto podemos confiar en que esos números sean realmente verdaderos?

Edward Snowden: No creo que podamos. Vemos al gobierno chino recientemente trabajando para expulsar a periodistas occidentales precisamente en este momento donde necesitamos informes independientes creíbles de esta región. Y luego están todos estos rumores e informes iniciales que dicen cosas como, ya sabes, el número de envíos de urnas para los entierros han subido mucho, mucho más allá de lo que cabría esperar de los números oficiales. Y el hecho de que no podemos obtener una verificación independiente de los hechos nos da razones para dudar de la historia oficial. Y la realidad que debemos aceptar, que es una realidad incómoda, es que incluso en lugares que no son regímenes autocráticos, van a tener una segunda ola, van a tener una tercera ola, van a tener una cuarta ola, según el mejor análisis medico disponible al día de hoy. Estuve leyendo un artículo esta mañana que era de, creo que de la “Chan School of Public Health”, creo que fue de la Universidad de Harvard, que decía que “apretar los frenos” va a tener que ser la nueva estrategia.

Shane Smith: Lo que significa que estamos al comienzo de, como dices, segunda, tercera, cuarta oleada de esto que vendrá. Y así, todas estas medidas se volverán más severas. ¿Y qué pasa con las libertades civiles, los derechos de privacidad, la democracia? Quiero decir, ¿Cuáles son los efectos secundarios que puedes ver?

Edward Snowden: Esta es realmente la pregunta central de este momento histórico. Lo que vemos es que todos tienen miedo y están desesperados y están tan preocupados por hoy que realmente hemos dejado de pensar sobre cómo será el mañana, como resultado de las decisiones que tomamos hoy. Lo hemos visto en países como Taiwán y Corea del Sur, y extendiéndose a también a más países occidentales, y por supuesto en los Estados Unidos donde ha comenzado también el seguimiento y monitoreo de los movimientos de toda la población humana a través de los movimientos de nuestros teléfonos. Y es, creo, algo que debería ser motivo de preocupación, porque cuando hablamos de las aplicaciones, y estoy seguro de que lo haremos, dicen que lo están usando para el rastreo de contactos. Esta persona se enferma, ¿A dónde fueron? ¿Con quién exactamente pueden entrar en contacto? Para que ellos puedan producir este tipo de mensajes de texto que usted describe. A primera vista, parece que podría ser una buena idea. Hay, por supuesto, un supuesto beneficio natural aquí. Y, sin embargo, este nivel de rastreo de contactos, este método de rastreo de contactos no funciona realmente en una escala pandémica.

Shane Smith: Así que cuando miramos a Corea del Sur, cuando miramos a China, cuando miramos a Taiwán, Singapur, ahora América. Hay todos estos datos que se recopilan. Entonces, cuando en Corea del Sur, recibo un mensaje de texto que dice: “Oh, conociste a Joe Blow. Él podría estar infectado. Deberías autosecuestrarte por 14 días”. ¿Cómo están obteniendo esos datos?

Fuente: https://youtu.be/k5OAjnveyJo

Edward Snowden: (Risas) Es una buena pregunta. Es decir, eso es realmente lo que debería hacer que cualquiera mire a su teléfono y como que levante una ceja. Hay varias formas de rastrear la ubicación de alguien a través de su teléfono. Existen estas torres de telefonía celular, pero también está la red inalámbrica con el que estás conectado. Y luego, ¿Qué otras redes inalámbricas a tú alrededor con las que no estás conectado… Esto lo puedes pensar como qué redes inalámbricas tú teléfono puede escuchar. Y entonces, estos identificadores de red inalámbrica se recopilan y están trazados contra el GPS, y luego saben si puedes ver el wifi de tu mama y el wifi del vecino Ted y el wifi de la biblioteca. Todo al mismo tiempo, tienes que estar dentro del alcance de estas cosas. Eso es un proxy de ubicación. Ahora que conocemos que todos nuestros teléfonos pueden y están siendo rastreados en todo momento, solo por estar prendido… Las compañías telefónicas lo tienen al mínimo. Facebook probablemente lo tiene. Google probablemente lo tiene. Apple probablemente lo tiene. Y muchas, muchas otras compañías de las que nunca has oído hablar que ejecutan redes publicitarias.

Lo que esto realmente significa en Francia o Estados Unidos es que dirán “Bueno, somos conscientes de las preocupaciones de privacidad, así que vamos a despersonalizar esta información, vamos a “anonimizarlo”, y no vamos a mirar a las personas. Vamos a ver los flujos de movimiento de estos teléfonos. No estamos mirando un solo teléfono. Estamos viendo los movimientos agregados de los teléfonos”. El problema es que, si no estás rastreando una infección o 100 infecciones, pero estas rastreando 100 000 infecciones, el rastreo de contactos rápidamente se vuelve inútil. Más aún, la precisión de la información de la ubicación es tan tosca que es en gran medida inútil, como es el caso de si habláramos de las redes de telefonía celular, las torres de telefonía celular que tienes cerca, a información de ubicación muy, muy precisa. En cuyo caso esta información, cuando lo estás aplicando a escala, no puede ser anonimizada de manera significativa. Y luego está esta gran pregunta de “Bueno, ¿A dónde va toda esa información? ¿Cómo se controla? ¿A quién se está utilizando… Es información sobre mí. Debería tener influencia. Debería tener control sobre eso”. Pero, desafortunadamente, en Estados Unidos, en gran medida, no lo haces. No existe una ley básica de privacidad en los Estados Unidos. Necesitamos asegurarnos de que los frenos que se están apretando están en la pandemia, y no en nuestra sociedad.

Shane Smith: Parece que esta es quizás la mayor pregunta de la era moderna en torno a las libertades civiles, en torno al derecho a la privacidad. Sin embargo, nadie hace esa pregunta. Realmente no escuchamos mucho al respecto. Y ahora esta es probablemente el mayor cambio zeitgeist de la sociedad, hacia “Sí, tengo la información porque tenemos que detener esto”. Ya sabes, estamos declarando varios estados de emergencia aquí y allá. Pero estos tienen poderes amplios. Así que estamos sentados aquí en Estados en Unidos en cuarentena, mientras decimos “Bien, ¿qué significa esto hacia el futuro?”

Edward Snowden: Cuando pienso en el futuro, cuando alguno de nosotros mira a dónde se dirige esto, necesitamos pensar en dónde hemos estado, y tristemente, este tipo de poderes de emergencia que nacen de la crisis tienen una historia perfecta de abuso. Quiero decir, abajo del tablero, cada vez que miras estas cosas, la parte más divertida al respecto, en un sentido oscuro, es que la emergencia nunca termina. Se normaliza. Cuando hablas de vigilancia masiva, el programa de escuchas telefónicas sin orden judicial de la era Bush, solo una parte se cerró y se extendió, se extendió, se extendió. Y hemos realizados cosas en los bordes, pero las practicas básicas de lo que se suponía que era una emergencia provisional, que fue en respuesta a otra emergencia provisional fue, por supuesto, el legado del 11 de Septiembre y la Ley Patriota. Y todavía estamos comprometidos hoy en las mismas guerras que declaramos hace 20 años y que no hemos logrado escapar. Ya sabes, tenemos como resultado del 11 de Septiembre: el surgimiento del Irán nuclear porque su contrapeso en Iraq fue arruinado. Vimos el autoritarismo comenzar a arrastrarse por las sociedades occidentales, en lugares que no esperaríamos como Hungría y Polonia.

A medida que se extiende el autoritarismo, a medida que proliferan las leyes de emergencia, mientras sacrificamos nuestros derechos, también sacrificamos nuestra capacidad para detener esta caída en un mundo menos liberal y menos libre. ¿Realmente crees que cuando la primera ola, la segunda ola, la 16° ola del coronavirus sea un recuerdo olvidado en el tiempo, crees que estas capacidades no se mantendrán, que estos conjuntos de datos no se guardarán? ¿Comenzarán a aplicarse esas capacidades a la criminalidad de poca monta? ¿Comenzarán a aplicarse al análisis político? ¿Comenzarán a aplicarse para hacer cosas como realizar un censo? ¿Serán utilizados para encuestas políticas? No importa cómo se use, lo que se está construyendo es la arquitectura de la opresión. Y puedes confiar en quién está lidiando con eso, puedes confiar en quién lo dirige. Podrías decir: “Sabes, no me importa Mark Zuckerberg”. Pero alguien más tendrá estos datos eventualmente. Algún otro país tendrá estos datos eventualmente. En tu país, un presidente diferente finalmente tendrá control de estos datos y alguien abusará de ello. Ahora, ¿podría China usarlo para algo interesante para ellos? Sí, ¿y qué pasa cuando abusen de ello? Y creo que ya lo han hecho. Sabes, ellos dirigen campos de internamiento en China. Y estas prácticas, cuando no reciben retroceso, cuando no reciben condena, cuando no se enfrentan a la sanción, se normalizarán y extenderán. Y los enfrentaremos en Rusia. Los enfrentaremos en Irán. Y luego los enfrentaremos en Polonia, los enfrentaremos en Hungría. Los enfrentaremos en toda Europa. Los enfrentaremos en los Estados Unidos porque los enfrentaremos en todas partes.

¿Realmente crees que cuando la primera ola, la segunda ola, la 16° ola del coronavirus sea un recuerdo olvidado en el tiempo, crees que estas capacidades no se mantendrán, que estos conjuntos de datos no se guardarán? ¿Comenzarán a aplicarse esas capacidades a la criminalidad de poca monta? ¿Comenzarán a aplicarse al análisis político? ¿Comenzarán a aplicarse para hacer cosas como realizar un censo? ¿Serán utilizados para encuestas políticas? No importa cómo se use, lo que se está construyendo es la arquitectura de la opresión.

Shane Smith: Hemos hablado de esta primera ola. Y hasta que haya una vacuna que funcione, habrá más olas. Habrá más pandemias. Es decir, así es como sucederá. Entonces, si va a haber más olas de COVID-19, y de hecho, más olas de otras pandemias en el futuro, entonces teóricamente habrá más información. Más información recopilada, más información compartida. Esta es la “nueva normalidad”. Esto es simplemente, no va a mejorar. Esto es. Este es un momento crucial. ¿Y por qué nadie está hablando de esto?

Edward Snowden: Porque tenemos miedo. Si trabajamos juntos, si pensamos en cómo podemos protegernos a nosotros mismos, nuestras familias, nuestras comunidades, nuestros hospitales, si pensamos en cómo podemos trabajar juntos internacionalmente para superar esto, a medida que nuestros males alcanzan su punto máximo en diferentes lugares en diferentes momentos, si cooperamos podemos comenzar a conseguir este espacio para pensar no en abordar el síntoma de nuestro mundo superpoblado y desigual, pues este virus que se ha expandido a través de la fronteras al instante. Cuando miras lo que pasó, cuando tenemos está crisis de salud, y rápidamente se transformó en una crisis económica, y muy rápidamente se convirtió en una crisis financiera, ves a todos los gobiernos del mundo entrar en acción. Y es interesante que veas que la mayoría de este dinero no va a lo público, no a los hospitales, pero a las empresas, préstamos a grupos y corporaciones que en realidad creó los problemas sistémicos que fueron exacerbados por este repentino y agudo declive. Pero debemos recordar que este virus pasará, pero las decisiones que tomamos hoy en este ambiente durarán. Tendremos que vivir con ellos y nuestros hijos tendrán que vivir con ellos. Toda nuestra posteridad lo hará. No se trata solo de Estados Unidos. No se trata solo de tu ciudad. Se trata de todas partes.

Shane Smith: Así que parece que nos dirigimos en este territorio desconocido. Y quería preguntarte, da un paso atrás, tomate un tiempo, ¿En qué deberíamos estar pensando? ¿En qué deberíamos concentrarnos?

Edward Snowden: Una de las cosas que me llama la atención es esta sensación de que esto es un rayo de la nada, no pudo haberse evitado, no pudo haber sido resistido, no pudo ser imaginado que esto sucedería, esta pandemia global. Cuando piensas en el estadounidense promedio, sabes van a trabajar todos los días, pasan diez horas en la oficina, en el auto, lejos de su familia, lejos de su hogar. Y al final del día, no tienen espacio para pensar. Y ahora todos nosotros colectivamente al mismo tiempo hemos sido forzados a un año sabático global en todo el mundo, lo cual es un evento extraordinariamente raro en la historia. Estamos en uno de los momentos únicos de nuestras vidas, donde el sistema está tan estresado y tan sobrecargado, y el liderazgo está tan fuera de lugar, que tenemos la habilidad para hacer cambios no reformistas, sino cambios revolucionarios, que realmente podemos cambiar el funcionamiento de la sociedad, que realmente podemos cambiar la estructura del sistema que controla e influye en nuestras vidas, la forma en que estamos siendo monitoreados, la forma en que estamos siendo rastreados. Porque estos sistemas, si no los cambiamos, no se usará simplemente para controlar nuestra salud. Ellos tomarán decisiones por nosotros de forma automatizada, para determinar quién consigue un trabajo, quién va a la escuela, quien obtiene un préstamo, quién obtiene una casa, y quién no. Y hoy nos preguntan en un momento de miedo extraordinario “¿Cómo queremos que se vean estos sistemas?” Y si no tomamos esa decisión nosotros mismos, será hecho para nosotros.

Shane Smith: Edward Snowden, gracias por tu tiempo hoy.

Edward Snowden: Muchas gracias, Shane.

Fuente de la imagen de portada: https://www.enter.co/cultura-digital/entretenimiento/edward-snowden-de-la-nsa-a-la-musica-electronica/

Fuente de la entrevista: Shelter in Place with Shane Smith & Edward Snowden (Full Episode). Disponible en https://youtu.be/k5OAjnveyJo. Traducción realizada por el Comité Editorial de la Revista Ojo Zurdo.

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LENIN EN AMÉRICA LATINA: UNA TEORÍA POLÍTICA SIN GARANTÍAS

Jaime Ortega [1]

Escribía en la década de 1960 Arnoldo Martínez Verdugo, promotor de la lectura de Lenin y Gramsci al interior del Partido Comunista Mexicano, que en política: “no hay soluciones providencialistas”. Este intento de arrojar por la borda las consecuencias más funestas del marxismo entendido como “filosofía de la historia” vinieron de distintos esfuerzos a lo largo de distintas generaciones. Esto sucedió antes de que el “Mariátegui italiano” se volviera una referencia cotidiana entre los núcleos militantes.

El 150 aniversario del nacimiento de Lenin no generará –menos aún en las condiciones de crisis civilizatoria en las que nos situamos– encuentros, coloquios o aparición de libros. Lenin no tiene buena prensa y ello es entendible, desde que Rockefeller demolió el muro que tenía su imagen en el icónico edificio del centro de Nueva York, se clausuró la posibilidad de una integración edulcorada de su figura y su obra en los cánones de la ideología dominante.

Es necesario hacer un esfuerzo de lo que Bosteels ha denominado como la “contra-memoria”, para realizar deslinde con respecto a la codificación oficialista del “leninismo”. Esta fue una construcción ideológica que comenzó en las plumas de León Trotsky, Nicolás Bujarin, Gyorgy Zinoviev y, por supuesto, José Stalin. El “leninismo” se convirtió en una ideología legitimadora alrededor de la pugna por el poder: todos ellos, a pesar de sus diferencias, asumen que Lenin era el representante del “marxismo de nuestra época”. Lo que había sido un pensamiento que se devolvió en coyuntura devino un cliché, un mecanismo legitimador y un sustituto de la vieja filosofía de la historia.

Contra esta situación, en América Latina se desataron apropiaciones y usos de Lenin muy diversos. Prueba de la incorregible imaginación de los movimientos políticos y sociales de nuestra región. Así, el nacionalismo popular a partir de personajes como Haya de la Torre, Fausto Reinaga, Lázaro Cárdenas, José Consuegra, Rómulo Betancourt, dialogó con la potencia movilizadora y pedagógica de Lenin, así como con su anti imperialismo. Lenin era antes que un comunista o un marxista, un gran político que condujo a un pueblo periférico al nivel de sus expoliadores, un instructor y educador de las masas, un férreo organizador y, sobre todo, el adalid de la lucha contra el imperialismo. No era casual que los distintos formatos del nacionalismo encontraran en él a una inspiración.

En el campo marxista la cuestión se fue aplazando, la loza pesada de la figura de Stalin y la nada despreciable, en términos tanto simbólicos como materiales, victoria soviética sobre el fascismo parecía haber alejado a Lenin de la primera línea. Sin embargo, este volvió como motivo de renovación, esta vez para los latinoamericanos que adoptaban el socialismo como eje central de su acción. Cuando en 1959 Fidel Castro y los guerrilleros cubanos iniciaron un nuevo ciclo de la revolución latinoamericana, atinado, el francés Regi Debray lo calificó como un “leninismo impaciente”. Después de la revolución cubana vinieron los esfuerzos de aventurar a un Lenin que funcionara para la nueva coyuntura que se abría. De la mano de autores como el filósofo venezolano J. R Núñez Tenorio en su Lenin y la revolución, el venezolano-alemán Heinz Rudolf Sontag en su Marx y Lenin acerca de la sociología de la revolución, del uruguayo Rodney Arizmend en su Lenin y la revolución en América Latina, Alonso Aguilar en su Teoría leninista del imperialismo, Carlos Cerda que en su El leninismo y la victoria popular analiza el triunfo de Salvador Allende desde las categorías del ruso o el economista venezolano Vladimir Acosta en su La teoría del desarrollo del capitalismo en Lenin. Todos ellos, además, acompañados de sugerentes lecturas realizadas en Cuba realizadas por Carlos Rafael Rodríguez, Roberto Fernández Retamar, Thalía Fung, el equipo de Pensamiento crítico destacando Fernando Martínez Heredia y Jesús Díaz. Este ciclo de la década de 1970 cerró con Adolfo Sánchez Vázquez cuando lo incluyó en su obra más importante como un “teórico de la praxis”.

La década de 1980 ve un decrecer del interés de su obra y esto se puede asociar, en parte, a la separación que hicieron gran parte de los lectores de Gramsci, en donde el italiano era más que una corrección, un teórico que sustituía a Lenin. Más allá de eso, algunas producciones significativas se dieron de la mano de Tomás Moulian en Chile. En plena dictadura de Pinochet, escribió su Cuestiones de teoría política marxista: una crítica de Lenin. En tanto que Marta Harnecker, en diálogo con las guerrillas centroamericanas produjo Lenin y la revolución social en América Latina. El ciclo se cierra con el texto clandestino Condiciones de la revolución socialista en Bolivia: (a proposito obreros, Aymaras y Lenin) firmado por Qnanchiri, el hoy vicepresidente Álvaro García Linera.

Este cúmulo de lecturas eran escritas por marxistas de distinto tipo, desde comunistas de partido, pasando por marxistas que habían abandonado el DIA-MAT[2], los que eran parte de la izquierda “ortodoxa”, personas que venían del cristianismo de izquierda o que sostenían la apertura con el mundo indígena. A pesar de sus múltiples divergencias, todas coincidían en que Lenin era el revulsivo que permitiría al marxismo latinoamericano poder enfrentar las situaciones novedosas. En mayor o menor medida en todos estos textos Lenin no es ya un cúmulo de citas, sino un ejemplo de como pensar ante situaciones concretas. En todos se respiraba el aire de la relación entre totalidad y política, en todos aparecía la relación de fuerzas/debilidades como eje de la construcción política; en todos se hacia hincapié en la renuncia a las certezas, los a-priori o la confianza en las “necesidades” de la historia.

De manera instintiva, como respuesta a una necesidad apremiante, la de la nueva coyuntura de la revolución latinoamericana, se abría la urgencia de encontrar el cerebro de la pasión: una teoría política que pudiera servir como instrumento y brújula para las y los revolucionarios de la región. Las lecciones que Lenin aportaba servían, no porque América Latina se pareciera a Rusia, no porque Lenin fuese infalible, sino porque a lo largo de sus intervenciones políticas mostraba la potencia de pensar la política sin garantías.

Si no había garantía, última instancia ni providencialismo, era necesario tomarse enserio a Lenin en su emplazamiento metodológico: “análisis concreto de la situación concreta”. ¿Cómo podemos evaluar hoy, tan lejos de aquellos intentos, los aportes que Lenin brindó al marxismo latinoamericano? Parecerían ser dos, los más importantes. El primero, que la política es ante todo una cuestión de temporalidad y que la táctica y los métodos de lucha se encuentran subordinados a esa temporalidad de la política. Antes que principios abstractos, el “análisis concreto” demanda evaluar el tiempo de la política, sus ritmos, sus pausas, sus momentos de aceleración. El segundo, es que esas temporalidades demandaban que la política se pensara como una aritmética de fuerzas y debilidades y que en ella los números no siempre contaban igual. Es decir, que no se trataba de acumulación numérica sin más. La pura aglomeración, sin dirección ni organización era inútil, o la acumulación sin un momento para la intervención podría ser un desperdicio.

Antes de que la lectura del “Mariátegui italiano” fuera adoptado como el común, antes de que dualidades como “guerra de posiciones/guerra de movimientos”, “sociedad civil/sociedad política”, “fuerza/consenso” aparecieran en la gramática de la izquierda, Lenin había brindado elementos sustanciales para abandonar el providencialismo de la secta. Su teoría política era, por principio, de mayorías participantes y, por tanto, sumaba al caudal que fortalecía la relación entre democracia y socialismo. El Lenin leído en América Latina es único y responde a las necesidades de un tiempo del que aún podemos aprender algunas cuestiones.


[1] Revista Memoria

[2] Abreviación de “Materialismo Diálectico”.

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NUNCA FUE SOBRE ÉL, SIEMPRE FUE SOBRE NOSOTROS

La dolorosa derrota de Bernie Sanders

Luis Gómez-Jordana Martín[1]

En los años 80 un alcalde de pelo alborotado y blanco entrevista a unos adolescentes punkis en un mall de Burlington que miran atónitos a alguien que está interesado en lo que tienen que decir. Casi 40 años más tarde el mismo político, con algo de pelo menos, pero aun alborotado y blanco, cancela su campaña en las primarias del partido demócrata, durante la que fue en muchos momentos el favorito. Si se observa la carrera de cualquier otro político de éxito, se suelen identificar cambios, formas en las que sus discursos se han ido encajando con los engranajes de poder, o adaptaciones y concesiones hechas con el objetivo de aumentar sus capacidades de alcanzar el poder. En Bernie Sanders, lo que sorprende es la consistencia, su mensaje es constante, su defensa de ciertos asuntos, cuando no eran para nada populares, desvela una personalidad, casi testaruda, de alguien que identifico en los 80 unos defectos endémicos que envenenaban la sociedad americana y que indignado se alzó para luchar con los estadunidenses. Que su mensaje y las luchas que ha abanderado estén de más actualidad que nunca, hablan de un país que en 40 años no ha sido capaz de solucionar ninguno de sus problemas endémicos y que sigue envenenado por muchos de los problemas que identificaron grandes líderes populares como Martin Luther King en los años 50 y 60 o el Reverendo Jackson en los 80 y 90.

En estos momentos que la izquierda americana está de luto por la pérdida de una candidatura con la que saboreo el poder político probablemente por primera vez desde Franklin D. Roosevelt, se alzan voces airadas que ponen en el punto de mira a Bernie. Apuntan como culpables de su derrota su testarudez e incapacidad de adaptarse, también a su excesiva condescendencia con Joe Biden que sin embargo a él le atacaban viciosamente, o su trato respetuoso con una prensa que siempre le ha odiado. ¿Pero como hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo una candidatura que tras las primarias de Nevada del 22 de febrero apuntaba hacia una elección más que probable, ha podido ser derrotada por un señor, Joe Biden, que parece tener problemas para recordar hasta dónde está? Recapitulemos.

La coalición multicolor

Más allá de las encuestas que en algunos momentos colocaban al vicepresidente de Obama Joe Biden o a la progresista Elizabeth Warren como los que estaban al frente de la carrera por la nominación demócrata, los debates se centraron en torno a las ideas introducidas por Bernie Sanders en la campaña de 2016. En una distribución interesante, Bernie Sanders se colocaba siempre en el centro geográfico y discursivo del debate mientras unos moderadores, claramente hostiles, atacaban con ayuda de la mayoría del resto de candidatos sus ideas principales, como un sistema de salud universal y gratuito, universidades gratuitas, la cancelación de la deuda universitaria o subir el salario mínimo a nivel federal a 15 dólares la hora. El resto de candidatos trataban de levantar dudas sobre la viabilidad de unas medidas que la mayoría de los votantes demócratas apoyaban y que en medio de esta pandemia son hoy más populares que nunca entre la población general estadounidense. Si entendemos que la hegemonía, la relación de fuerzas entre distintos grupos sociales, tiene dos momentos el de la convicción y el de la victoria política, estos debates demostraban que Sanders ya había convencido a la mayoría demócrata y lo que ahora necesitaba era la victoria política, necesitaba conseguir la nominación a la presidencia del gobierno, aglutinar una coalición capaz de ganar las primarias demócratas.

En una distribución interesante, Bernie Sanders se colocaba siempre en el centro geográfico y discursivo del debate mientras unos moderadores, claramente hostiles, atacaban con ayuda de la mayoría del resto de candidatos sus ideas principales, como un sistema de salud universal y gratuito, universidades gratuitas, la cancelación de la deuda universitaria o subir el salario mínimo a nivel federal a 15 dólares la hora.

En las terceras primarias demócratas, los Caucus de Nevada, Sanders consiguió la victoria que marcaba que esta carrera sería entre él y un moderado. Esta victoria se le había resistido en New Hampshire e Iowa donde a pesar de ganar el voto popular no consiguió claras diferencias con el resto de candidatos. En Iowa el senador de Vermont gano el voto popular por casi 6000 votos (una diferencia bastante grande para un estado del tamaño de Iowa) pero el complicado sistema de voto de Iowa acabó dando un delegado más a Mayor Pete, que fue capaz de técnicamente empatar en el voto popular también en New Hampshire. Sin embargo, estos estados, con extensas poblaciones blancas, hacían dudar de la verdadera fuerza de Mayor Pete como un competidor serio, ya que las minorías han sido históricamente muy relevantes para la elección del candidato demócrata. Estos estados apuntaban también hacia la endémica debilidad del que estaba llamado a ser el principal competidor de Bernie, el ex vicepresidente de Obama, Joe Biden, que acumulaba un modesto tercer y quinto puesto.

Haber sido vicepresidente de Obama, convertía a Joe Biden en un candidato popular entre los votantes negros lo que, unido a la alta aceptación de Obama entre los votantes demócratas le hacían un candidato atractivo, casi automático. Pero por desgracia el veterano político, que en el pasado fue un gran orador, no es lo que fue. Joe parece tener problemas para acabar incluso los argumentos más sencillos, perdiéndose en medio de frases que deberían ser fáciles para cualquier orador. Además, durante los largos debates demócratas parecía tener problemas para participar siendo eclipsado a menudo por otros moderados como Amy Klobuchar o Mayor Pete. En definitiva, el anciano de 77 años está en declive, ya no es lo que era, y en este momento la mayoría de votantes demócratas parecía tenerlo claro, aglutinándose el voto moderado en torno a Mayor Pete con buenos resultados también para la otra moderada que seguía en la carrera Amy Klobuchar principalmente, ante el temor de que Joe no era lo que fue en el pasado.

En Nevada Sanders gana, entre los dos géneros, en todos los tramos de edad menos en los mayores de 60 años, gana en todas las razas menos en los negros donde fue segundo, en todos los niveles de educación y entre aquellos que se consideran demócratas y sobre todo y abrumadoramente entre los no se consideran como votantes regulares de ninguno de los dos principales partidos. En definitiva, en Nevada Sanders encontró la justificación al argumento central de su campaña: que su campaña era la única capaz de aglutinar a grandes mayorías al ser una candidatura con apoyo multirracial, multigeneracional y multiclasista. En cierta forma Sanders reeditaba una revigorizada alianza multicolor que había catapultado a un improbable Reverendo Jackson a conseguir un 21% del voto popular en las primarias de 1984. Entonces el Reverendo defendió que su campaña representaba una alianza multirracial de la clase trabajadora, la coalición multicolor y Sanders, que como alcalde de Burlington había apoyado al Reverendo, 36 años más tarde parecía reeditar esta coalición revigorizada y lista para tomar el poder. Con los moderados divididos Sanders, al igual que Trump hizo en la campaña de 2016, parecía capaz de ganar una cantidad de delegados suficiente en cada estado para asegurarse la nominación demócrata. Sin embargo, a diferencia del establishment Republicano en 2016, en 2020 el establishment demócrata demostró estar más organizado y respondió con más rapidez de lo que nadie podría haber predicho.

Fuente: https://www.foxnews.com/politics/nevada-caucuses-underway
El lunes sangriento

Con toda la inercia y con unos moderados divididos parecía que la candidatura de Sanders estaba llamada a ser la vencedora. Una semana más tarde de Nevada, en las primarias de Carolina del Sur, Joe Biden consiguió una esperada victoria debido a su apoyo entre la comunidad negra. Este estado cuenta con una extensa población de raza negra y la popularidad de Biden entre estos votantes le lleva a una victoria clara sobre el resto de candidatos. En este mismo momento el establishment mediático se pone en marcha vendiendo a Joe Biden como el único candidato moderado capaz de vencer a Sanders. Además, empiezan a empujar un relato que no se sostiene, la idea de que el somnoliento Joe (Sleepy Joe como le llama Trump) es un mejor candidato que Sanders para ganar la presidencia. Obviando todos los defectos que hasta ese momento han impedido que se consolide el voto demócrata moderado detrás de Biden, venden la imagen de un político que ya hace mucho tiempo desapareció hundido en las tinieblas de la demencia. Venden a ese político mordaz que fue un gran orador como vicepresidente de Obama, obviando que de él solo queda una cascara balbuceante. Al mismo tiempo su campaña, en un movimiento inteligente, esconde al máximo a Joe Biden limitando sus apariciones televisivas, lo que permite al votante medio demócrata no recordar que Joe es una persona en claro declive cognitivo.

Mientras se acercaba el ‘Súper Martes’ (martes en el que votan una gran cantidad de estados y que es determinante para la elección del candidato presidencial) Sanders lideraba las encuestas en gran parte de estos estados. En ese momento la izquierda mediática alternativa (The Rising en The Hill, Secular Talk, The Humanist Report, The Rational National, The Young Turks, entre otros) vaticina triunfante una gran cantidad de delegados de ventaja para la campaña de Bernie que parece poder distanciarse significativamente del resto de candidatos. En medio de esta desastrosa situación para el establishment Obama levanta el teléfono desencadenando la serie de eventos que Kyle Kulinsky, de Secular Talk, llama ‘El Lunes Sangriento’ (Bloody Monday). El expresidente llama a los candidatos moderados Mayor Pete (que aun contaba con más delegados que Biden) y Amy Klobuchar (quinta en delegados en ese momento) y les presiona para que abandonen la carrera. Los dos candidatos abandonan las primarias demócratas el lunes antes del ‘Súper Martes’ y endorsan la candidatura de Joe Biden, suponemos que tras promesas de posiciones relevantes en el futuro gobierno. Además, la otra candidata progresista Elizabeth Warren, sin apenas delegados, aguanta en la carrera. Que permanezca en la carrera solo perjudica al candidato más cercano a sus posturas, Bernie Sanders, dividiendo el voto progresista, y beneficia a un político, Joe Biden, contra el que Warren comenzó su carrera política. Su incapacidad, tanto en 2016 como en 2020, de endorsar a Bernie cuando importaba crea grandes dudas sobre el nivel de integridad de esta política, y/o su valentía. Algunos pueden preguntarse lo que le importan las medidas que tanto el cómo Sanders han defendido a lo largo de sus carreras políticas y si no está más preocupada por conseguir poder dentro del partido demócrata que por defender a las mayorías sociales estadounidenses.

Todo esto crea una tormenta perfecta que coloca después del ‘Super Martes’ a Joe Biden con unos 100 de delegados más que Bernie. Empujado por esta tendencia y en medio de la crisis del coronavirus la ventaja se va extendiendo. Es importante resaltar que el comité electoral del partido demócrata, presiona a varios estados para que no eliminen las primarias a pesar de los más que probables contagios que ocurrirían debido a estas elecciones. Pretenden que el momento de Biden se mantenga y que un retraso en las elecciones pueda permitir a Sanders recuperar terreno. El 8 de abril Bernie abandona su campaña ya que es casi matemáticamente imposible que consiga la nominación. Es a partir del ‘Super Tuesday’ que se hacen evidentes las grandes debilidades de la campaña de Bernie Sanders.

El establishment mediático demócrata: Los guerreros anti-Trump y su aceptación entre los votantes demócratas.

En el año electoral de 2016 la prensa estadounidense alcanzaba niveles históricos de impopularidad, con solo un 32 % de los americanos confiando en la información que proveían. Trump, un genio del marketing político (más allá del resto de sus capacidades), leyó perfectamente el momento político haciendo una campaña que en parte se centraba en atacar despiadadamente a la prensa. Trump deja fuera de esos ataques brutales a una cadena, Fox News, que apoyo con fuerza su campaña. En ese momento la prensa tenía solo un 50 % de aceptación entre los americanos que se autodenominaban demócratas, y apenas un 30% entre los que se consideraban independientes. Tan solo un año más tarde en 2017, la aceptación entre los demócratas había crecido increíblemente alcanzando el 72% de aceptación. Este nivel de aceptación es esencial para entender una de las dinámicas que han definido esta carrera y los eventos en torno al ‘Lunes Sangriento’. ¿Pero a qué se debe este cambio tan brusco?

Tras la crisis de 2008 y la perdida de legitimidad de gran parte de la media surgen varios canales y programas de televisión (tanto de derechas como de izquierdas) que suben su contenido al internet, sobre todo a plataformas de streaming como YouTube. Opinólogos como Ben Saphiro en la derecha, o Kyle Kulinsky en la izquierda amenazan la capacidad de dominar el relato que hasta ese momento estaba en manos de una de las prensas con más poder del mundo. Muchos de estos canales tienen un gran seguimiento, con Cenk Uygur, creador de ‘The Young Turks’, llegando a afirmar que son el programa de noticias más visto del mundo. Más allá de la veracidad de estas afirmaciones el establishment mediático tiene un problema con una creciente alternativa mediática que parece capaz de disputarle el relato. Sin embargo, la baja popularidad del presidente entre los demócratas muestra a la prensa una forma de recuperar la popularidad perdida: atacarlo sin piedad, y muchas veces de formas bastante ridículas.

La prensa demócrata desde la elección de Trump toma una postura claramente antagonista con él. Inicialmente la actitud tiene que ver con el presidente siendo un outsider de los círculos de poder político pero muy pronto se transforma en una relación simbiótica de la que ambos se benefician. Ante uno de los presidentes con menor popularidad de la historia de USA toman la postura de guerreros anti-Trump. En ruedas de prensa, que parecen más batallas que algo serio, hacen preguntas que son directamente ataques y sustituyen la información por una constaten desacreditación contra Trump. En frente Trump causa escándalos y llama ‘Fake News’ a todo el que tiene en frente. La prensa recupera así la confianza perdida entre una parte considerable de los estadounidenses mientras que Trump consigue una caja de resonancia para su discurso y constante presencia en la prensa, dirigiendo de manera efectiva el discurso político. En este proceso los votantes demócratas recuperan la confianza en la prensa, lo que sería fatal para la campaña de Bernie Sanders en 2020.

A 2020 los moderados llegaban, como ya dijimos, divididos. La clara debilidad mental y como candidato de Joe Biden llevo a que el establishment mediático encumbrara a otros candidatos como Mayor Pete, Kamala Harris o Amy Koblauchar, mientras seguían protegiendo a Joe Biden. Pero tras Carolina del Sur, donde quedo claro que la carrera sería entre Biden y Sanders, la prensa redobla los esfuerzos para venderlo como el candidato a elegir si se quiere derrotar a Trump. Para que entendamos el nivel de sesgo de la prensa podemos leer el artículo de InTheseTimes que muestra cómo, tras la clara victoria de Nevada, Bernie fue cubierto por la prensa de manera más negativa que positiva, y todo esto tras una victoria. ¿Al otro lado? Después de la victoria de Carolina del Sur Joe Biden tuvo 3.26 menciones positivas por cada 1 negativa.

Pero tras Carolina del Sur, donde quedo claro que la carrera sería entre Biden y Sanders, la prensa redobla los esfuerzos para venderlo como el candidato a elegir si se quiere derrotar a Trump. Para que entendamos el nivel de sesgo de la prensa podemos leer el artículo de InTheseTimes que muestra cómo, tras la clara victoria de Nevada, Bernie fue cubierto por la prensa de manera más negativa que positiva, y todo esto tras una victoria.

Cuando se producen los eventos del Lunes Sangriento el establishment mediático consigue, a través del impulso generado con la forma en la que la victoria de Carolina del Sur fue cubierta y la serie de endorsamientos que ocurren ese día, que Biden pase a ser percibido como el más capaz de derrotar a Trump. Teniendo en cuenta que este es el centro de la disputa en estas primarias, se puede ver la importancia de este efecto. Poco importa que el que estuviera movilizando a los jóvenes, a nuevos votantes e independientes, todos grupos sociales esenciales para ganar las elecciones presidenciales, fuera por una gran diferencia Sanders (lo que es mucho mejor argumento del que existe para Biden que es básicamente porque la prensa lo dice), lo que importa al establishment mediático es evitar que Sanders sea candidato. La confianza construida por sus ataques a Trump en estos últimos 4 años les han colocado en una situación en la que pueden dirigir el debate y convencer a amplios sectores del electorado demócrata sin ser percibidos como gente sesgada por la mayoría electoral demócrata.  

Además, en medio de la campaña aparecen alegaciones de que en los 90 Tara Reade, que trabajo en el gabinete de Joe Biden, fue agredida sexualmente por él. Teniendo en cuenta que ya varias mujeres han dicho en público que fueron incomodadas por abrazos, olisqueos o palabras fuera de lugar por el veterano político, sorprende que durante la campaña ninguna pregunta fuera hecha a Joe Biden sobre este caso que es como mínimo un caso al que merece la pena informar. Sobretodo sorprende de una prensa que durante varios años ha hablado de cualquier alegación de asalto sexual hecha sobre Trump de manera extensa, y que ha tomado la bandera del MeToo con mucha fuerza. Demuestra también el feminismo de postureo de algunas periodistas que parecen decir con este comportamiento (cambiando ligeramente la frase de Roosevelt sobre Somoza), ‘Es un agresor sexual, pero es nuestro agresor sexual’.

A diferencia de Trump, que a pesar de ser atacado viciosamente por la prensa contaba con el apoyo de una cadena entera como Fox News, Bernie cuenta con apenas unos pocos apoyos (como Krystal Ball) en televisión. Ninguno es el centro de una cadena televisiva pues no pasan de apariciones esporádicas. Además, Bernie nunca ha tenido la capacidad de atacar viciosamente a sus enemigos en la prensa, siendo una persona mucho más educada y calmada que Trump incluso cuando está prensa le está tratando con una falta total de respeto (como en esta entrevista en ‘The View’). Los apoyos mediáticos de Bernie se encuentran sobre todo en la prensa alternativa de izquierdas que le apoya en bloque. En cierta forma estas elecciones no son solo una pelea entre el establishment político y los movimientos sociales que llevan tiempo formándose en USA, es también una pelea entre el establishment mediático y una creciente prensa alternativa de izquierdas localizada en internet, que apoya en bloque a Bernie.

Fuente: https://www.thedailybeast.com/how-the-right-co-opted-fake-news
La prensa alternativa: Una izquierda centrada en políticas

A diferencia del relato vendido en la prensa de que Bernie es el líder de un culto, la prensa alternativa de izquierda apoya a Bernie por las políticas que defiende. Esto queda claro en gran medida tras el endorsamiento de Bernie a Biden, el cual ha llegado sorprendentemente sin que Bernie parezca extraer nada a cambio. Kyle Kulinsky, Krystal Ball y otras voces defienden sin embargo que si Biden quiere que la izquierda le vote debe hacer concesiones. Si de verdad Bernie fuese el líder de un culto la mayoría de estos opinólogos estarían pidiendo ahora el voto para Joe Biden. Lo que vemos es que ocurre algo bien distinto, y que este grupo mediático que apoya a Bernie está interesado en sus políticas y no tanto en la figura de Bernie. Por desgracia este grupo mediático tiene dos defectos que han limitado su impacto en estas elecciones.

El primer defecto es que este grupo mediático está en internet y no en la televisión. A pesar del alto nivel de influencia que tienen entre la gente joven, no mucha gente de más de 30 años ve videos en YouTube o en otras plataformas. Por desgracia la participación en las elecciones estadunidenses se encuentra principalmente en los grupos de edad más altos. Estos grupos además han votado en estas primarias desproporcionalmente comparado con otras elecciones. Al otro lado, la subida de participación entre jóvenes e independientes ha subido, pero no en una cantidad capaz de afectar al resultado final de las elecciones, lo que ha tenido un efecto devastador para la candidatura de Sanders. La limitada capacidad de influenciar las elecciones de esta prensa alternativa se ve claramente en estas primarias donde Bernie ha ganado claramente entre los grupos de edad menores de 45 años incluso en estados en los que ha perdido claramente contra Biden.

El segundo defecto es el formato de la mayoría de estos programas. Secular Talk, The Humanist Report, entre otros, se centran en reaccionar a noticias de la prensa generalista o a aquello que es tendencia en Twitter. Tienen un formato reactivo ante unos relatos que ya han sido construidos por otros, no dirigen el relato, reaccionan ante él. Está claro que no son noticiarios clásicos que puedan contar con reporteros que construyan unas noticias sobre las que construir una interpretación de la realidad. Esto dificulta enormemente que estos formatos dirijan el relato y no reaccionen ante él. En estas elecciones este hecho se ha visto claramente con unas elecciones que se han centrado en la capacidad de los candidatos de ganar las elecciones y no en las políticas que esta media hubiera preferido que fuesen el centro del debate. Algunos programas como ‘The Young Turks’, o ‘The Rising’ en ‘The Hill’ sí que son noticiarios más clásicos, pero en estas elecciones ha quedado claro que no tienen la capacidad para afectar la conducta de los sectores de más edad de la población, al menos de momento.

También es importante resaltar que, a pesar de la enorme capacidad de organización de Sanders, su comprensión del marketing político y el poder es bastante mala. Sabiendo quienes eran sus apoyos mediáticos, Sanders debería haber sido más agresivo con la prensa que se colocaba como su enemiga y haber hablado en directo de aquellos canales de YouTube e internet, que le apoyaban como una manera de conseguirles más notoriedad.

También es importante resaltar que, a pesar de la enorme capacidad de organización de Sanders, su comprensión del marketing político y el poder es bastante malo. Sabiendo quienes eran sus apoyos mediáticos, Sanders debería haber sido más agresivo con la prensa que se colocaba como su enemiga y haber hablado en directo de aquellos canales de YouTube e internet, que le apoyaban como una manera de conseguirles más notoriedad. Pero Bernie es alguien demasiado amable y bueno para entrar en calculaciones maquiavélicas, y atacar a quien haga falta para conseguir sus objetivos. Esto podría sorprender a algunos que, informándose por la prensa tradicional americana, pensaran que Bernie está siempre enfadado y que sus votantes son hombres blancos agresivos, pero esto forma parte de las mentiras acumuladas por el establishment mediático de USA en su carrera por derrotar a Bernie.

La mentira de los Bernie Bros y la ingenuidad y testarudez de Sanders

El establishment mediático estadounidense construyó en 2016 una caricatura de Sanders y sus seguidores. La idea es que la mayoría eran hombres blancos que atacaban en las redes sociales viciosamente a cualquier que se opusiera a sus ideas. Vendieron la idea de que Sanders era también alguien desagradable y que atacaba de manera maleducada y fuera de lugar a cualquiera que se le opusiera. La idea era, de una manera obvia y ridícula, trazar un paralelismo entre Trump y Sanders mostrándolos como líderes similares, y descalificar a los seguidores de Bernie con el objetivo de invisibilizarlos. Además, también se pretendía conectar con un feminismo cultural suburbano alejándolo de la campaña de Bernie, mostrando falsamente a los votantes de Sanders como machos agresivos, blancos y heterosexuales. Sin embargo, la campaña de Bernie acumuló en apenas una semana más de 3 millones de dólares para distintas causas en mitad de la crisis de coronavirus. De hecho hay datos que demuestran que los Bernie Bros no son más que una burda invención de la prensa y que en 2016 los más agresivos en twitter entre los demócratas eran aquellos que apoyaban a Hillary. También hay que recordar que la base de apoyo de Sanders ha sido en estas elecciones la más multirracial y multigeneracional de todos los candidatos. Si tenemos en cuenta que la capacidad económica de los que apoyan a Sanders es de media menor que los otros candidatos podemos afirmar que los Bernie Bros no son más que una falsa caricatura que intenta invisibilizar una verdad: la solidaridad popular que esconde la base de apoyo de los votantes de Sanders proviene de una mayoría de clase obrera o universitaria.

En unos minutos en internet podemos ver también que Bernie es lo opuesto a la caricatura que han pintado de él. En 2016 se negó a atacar a Hillary por sus emails y los de su campaña, prefirió hablar de políticas que hacer unos ataques personales que probablemente hubieran beneficiado terriblemente a su campaña que, a pesar del relato vendido, estuvo bastante cerca de ganar a Hillary. Además, en esta campaña se ha negado a atacar la corrupción de su amigo Joe Biden que ha utilizado sus influencias cuando era vicepresidente para conseguir contratos para su hijo Hunter en Ucrania y China. Tampoco ha atacado la capacidad cognitiva claramente deteriorada de un candidato que está sino en demencia senil, muy cerca de estarlo. Finalmente, no ha atacado las constantes mentiras y cambios de ideas del ex vicepresidente ni ha utilizado las alegaciones de agresión sexual de Tara Reade.

Fuente: https://aztecaamerica.com/2020/04/13/bernie-sanders-apoya-campana-presidencial-joe-biden/

En 2016 los e-mails de Hillary sí serían utilizados viciosamente por Trump, que tampoco tuvo problemas en hablar con mujeres que habían acusado en el pasado al marido de Hillary de asalto sexual y hacer una rueda de prensa con ellas. Además, la campaña de Trump en este ciclo electoral ya ha empezado a atacar viciosamente la capacidad cognitiva de Joe, sus contactos con China, y sus mentiras. Por dejar claro que esto no es un elemento único a Donald Trump, también Barack Obama atacó de manera rabiosa a Hillary en las primarias de 2008 asegurando que no era de fiar, y que era parte del establishment (hay que recordar que Barack Obama hizo una campaña contra el establishment democrático), y que votarla era darle un cheque en blanco a alguien que después nadie podría asegurar que haría.

Teniendo en cuenta que, una vez abandonada la campaña, los miembros de su equipo sí atacan a Joe Biden y aseguran que pidieron a Bernie que hiciera lo mismo, fue él quien no fue capaz de hacer los ajustes necesarios para ganar. Esto se debe a un excesivo afecto por Joe, al que considera su amigo, y su ingenuidad, extraña en un político de su carrera y talla política. Esta ingenuidad se demuestra en que al parecer está agradecido por la neutralidad de Barack Obama, el que ha sido el gran culpable de su derrota en estas primarias. Muestran a un senador que es en esencia una buena persona, y también bastante testarudo, y que por desgracia no está dispuesto a rebajarse a un juego político que tenía que jugar para ganar estas elecciones.

Todo esto demuestra que, a pesar de su integridad y persistencia, de su enorme capacidad de convicción, Sanders no ha comprendido el segundo momento de la hegemonía, ese momento de asalto al poder político y las dinámicas que lo dirigen en Estados Unidos. Más allá de la capacidad de presionar desde el exterior del sistema de partidos (como demuestra el movimiento de Martin Luther King o el movimiento antiguerra de Vietnam), en un país de dos partidos políticos la única manera de hacer grandes cambios políticos pasa por convertir el partido demócrata en el partido de la clase obrera una vez más, y alejarlo de sus actuales postulados neoliberales. Sanders si comprendió esto entrando a ser parte del liderazgo demócrata a pesar de ser un senador independiente (uno de los pocos del Senado de USA) e intentar ser el candidato demócrata a la presidencia en dos ocasiones. Sin embargo, y teniendo en cuenta que la política representacional tiene mucho que ver con la percepción del electorado de sus líderes, las primarias demócratas no solo necesitan de convencer que se es el mejor candidato sino en la misma medida que los rivales son peores candidatos que tú. Se trata muchas veces no de tener las mejores medidas políticas, sino también la capacidad de atacar a tus adversarios colocándolos ya sea como corruptos, incapaces o mentirosos. Además, en unas elecciones centradas en la capacidad de los candidatos de derrotar a Trump, Sanders llegó a decir en mitad de un debate que Joe también podría vencer a Trump, siendo también incapaz de trazar un paralelismo entre Biden y Hillary que hubiese reforzado el argumento de que Joe no podía vencer a Trump. Hay que recordar que en estas elecciones en todos los estados que han votado hasta el momento, las ideas de Sanders son mayoritarias entre el electorado demócrata, pero los votantes han percibido a Joe Biden como más capaz de derrotar a Trump, lo que ha hecho que tenga más apoyo que Bernie, por lo que no trazar este paralelismo y alegar que Biden podría ganar las elecciones han sido errores fatales. La bondad e ingenuidad de Sanders, unido a su afecto por Joe han acabado siendo el mayor escollo para vencer.

Nunca fue sobre él, siempre fue sobre los estadounidenses: ¿Hay esperanza para la izquierda en USA?

A lo largo de los 40 años de su carrera política Sanders ha sido parte de las luchas anti segregacionistas, por un sistema de salud universal, por el matrimonio homosexual, por la subida del salario mínimo, o contra la guerra de Irak. Se ha posicionado en todos estos temas mucho antes de que fueran temas populares entre las mayorías estadunidenses, y lo ha hecho más adelante en la casa de representantes o en el senado en contra de los demócratas y republicana aislándose y atacando a sus capacidades para alcanzar mayores cotas de poder. Bernie estuvo 40 años poniéndose del lado de una clase obrera multirracial que a lo largo de su carrera iba quedando huérfana de representación con el giro del partido demócrata hacia un partido neoliberal, que hoy se distingue de los republicanos meramente por elementos culturales y sociales. Muestran a un político profundamente empático y bueno, que enfurecido por los abusos que sus conciudadanos sufrían se levantó y lucho con ellos. Muestran también a alguien que no cree en la política al uso americana sino en una política basada en la organización de las clases populares, todo esto ha tenido mucho que ver con su derrota, pero también con su ascenso a la primera plana política. El lema de la campaña de Sanders ‘Not me, us’, podría aplicarse a su carrera política, nunca fue sobre él, siempre fue sobre ayudar a sus conciudadanos. Algunos estos días en Estados Unidos alegan que hubieses querido a un Sanders con la actitud de Trump, ¿pero era esto acaso posible? Sanders ha hecho todo lo dicho antes por una simple razón, porque es lo que era correcto, lo ha hecho porque viniendo de una familia obrera, comprendía y empatizaba con el sufrimiento de las mayorías sociales de USA. El factor humano es mucho más determinante de lo que desde el análisis político e histórico a veces se admite. Sanders no podría tener la actitud de Trump, era imposible, porque Sanders es humanamente lo opuesto al multimillonario Donald Trump, es un judío de ascendencia obrera de Brooklyn, mientras que Trump es un cristiano de familia multimillonaria.

En estos días en que el movimiento político que se formó en las campañas de Bernie siente que ha perdido una oportunidad única, que no hay esperanza, queda claro cuáles son los mayores legados de la carrera de Bernie. Sanders ha puesto unos temas, como el aumento del salario mínimo, un sistema de sanidad universal, o el fin de una política internacional intervencionista, en el centro de la agenda política, temas que hace cuatro años, cuando Bernie salto al centro de la política americana, eran impensables, siendo defendidos por unos pocos grupos marginales políticamente. Además de estos dos ciclos electorales, puede acabar de cristalizarse un movimiento social y político de una gran fuerza si Nina Turner y otros líderes son efectivos en representar los intereses de las clases populares americanas. Sanders no creo este movimiento, sino que puso en contacto a varios grupos políticos y sociales surgidos de la crisis de 2008 que en torno a su figura se han unificado, pero es imposible imaginar que, sin él, hubiesen alcanzado alguna cuota de notoriedad.

Fuente: https://nypost.com/2020/03/21/after-bernie-sanders-socialists-look-to-aoc-and-the-squad-for-leadership/

Está claro que, como dice Kyle Kulinsky, una derrota es una derrota, pero en cierta forma las dos campañas de Sanders han sido un enorme triunfo. La izquierda americana ha puesto en agenda y hecho mainstream temas que eran relevantes solo para ellos, y además se ha terminado de cristalizar un movimiento político capaz de disputar el poder en USA. Otro gran triunfo de Bernie, ha sido crear cientos de otros como él, Sanders ha mostrado que se puede ser Bernie, y llegar a disputar el poder político, que la izquierda estadunidense no necesita de líderes que vendan sus principios a cambios de cuotas de poder, que gente como Alexandra Ocasio-Cortez, pueden alcanzar la presidencia de USA manteniéndose leales a sus principios y que es posible disputar el poder en el partido demócrata con líderes insurgentes que luchen contra el establishment. De la capacidad de este movimiento para terminar de cristalizarse, y del surgimiento de otros Sanders capaces de liderarlo, depende las capacidades político electorales de la izquierda. Pero está claro que las esperanzas para un país más justo, y que no deje a nadie atrás, son hoy mucho más grandes que cuando un político de pelo alborotado, acento neoyorquino y gafas ganaba la alcaldía de Burlington Vermont, en 1981.


[1] Doctorando en Motricidad Humana

Fuente de la imagen de portada: https://www.madina365.com/democratic-socialism-is-the-scenic-route-to-serfdom/

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¿UNA NUEVA ÉPOCA PARA EL TRABAJO Y LOS TRABAJADORES?

Sergio Saravia

Los tiempos de Covid-19 son una chance para repolitizar el debate sobre los derechos laborales en el país. Hasta antes que el virus se propagara un grupo de trabajadores y sus demandas pasaban desapercibidos para la opinión pública. Hoy todos los días a las 8 pm. muchas personas aplauden para agradecer simbólicamente la labor que vienen realizando los trabajadores que están en primera línea combatiendo al Coronavirus. Médicos, enfermeras trabajadoras de limpieza pública, así como trabajadores de supermercados y trabajadoras domésticas continúan trabajando para no paralizar servicios esenciales poniendo todos los días su vida en riesgo. ¿Qué nos está enseñando este contexto sobre estos trabajadores? Por un lado, el Coronavirus esta poniendo sobre la mesa la importancia y relevancia de ciertos empleos que son esenciales y que han sido históricamente olvidados por el Estado y por la ciudadanía. Por otro, el contexto esta visibilizando las condiciones precarias en las cuales estos trabajadores tienen que desarrollar sus actividades.

La inversión estatal y la conflictividad laboral en el sector salud durante los últimos años nos demuestra el desinterés de los gobiernos de turno por mejorar las condiciones materiales, económicas y laborales de médicos y enfermeras. El Estado peruano invierte en salud menos en comparación con los países de la Alianza del Pacifico y de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Esta no es ninguna novedad. En noviembre de 2018, la Federación Medica Peruana, cumplía un paro de 48 horas exigiendo el aumento del presupuesto en el sector. Además, denunciaban que existía desabastecimiento de insumos en el SIS y falta de equipamiento en los hospitales. En el caso de las enfermeras, la Federación de Enfermeras viene realizando huelgas ininterrumpidamente los últimos 4 años exigiendo mejores condiciones salariales y laborales. Este año anunciaron un paro en plena crisis del Coronavirus por no contar con las medidas de seguridad para afrontar una pandemia y hace dos días se ha denunciado que enfermeros y médicos contratados como terceros no cuentan con el seguro de vida anunciado por el gobierno.

El caso de las obreras de limpieza publica de la Municipalidad de Lima es problemático también. En 2018, el Poder Judicial ratificó el fallo para que 709 obreras de limpieza de la Municipalidad sean reincorporadas a planilla. A pesar de esto, dos gestiones han hecho caso omiso, incluida la actual gestión de Jorge Muñoz, quien en plena crisis sanitaria ha convocado a licitación de los servicios de limpieza pública. Ante esto el sindicato ha denunciado que la entrada de una nueva empresa pone en riesgo la continuidad de los trabajadores de limpieza ya que no hay ninguna obligación para renovar sus contratos. Así, en plena crisis del Covid-19 se pone en riesgo la continuidad del empleo del grupo de trabajadores que expone su vida diariamente.

La evidencia demuestra que los trabajadores vienen reclamando el fortalecimiento de sus sectores durante varios años sin mayor éxito y sin ningún tipo de respaldo por parte de los gobiernos de turno. Esto es consecuencia y muestra de la crisis y debilidad de los sindicatos en el país, con poca capacidad de negociación colectiva y constreñidos e incapaces de plantear discusiones políticas sobre la agenda laboral.

A pesar de ello, la actual crisis sanitaria puede ser una oportunidad para favorecer los derechos laborales e incrementar las condiciones salariales de estos trabajadores en el futuro. El reconocimiento por parte de la ciudadanía y del gobierno de “lo esencial” que resultan ciertos trabajos puede cambiar la estructura de oportunidades para los sindicatos de ambos sectores y las centrales sindicales. Así, este contexto debe ser aprovechado por los sindicatos para encuadrar y configurar sus estrategias a partir de este reconocimiento y la visibilización de las condiciones precarias en las cuales han venido desarrollándose. Específicamente, con esto me refiero a replantear las estrategias de lucha y presión con discursos políticos que recojan la experiencia vivida durante el Covid-19, resaltando la importancia de derechos y condiciones laborales para los que hoy son llamados “héroes” y “heroínas”. Estas estrategias y discursos pueden tener en la opinión pública a un interlocutor diferente, con una apertura y sensibilidad distinta respecto al valor del trabajo realizado post-Coronavirus. Esto puede resultar crucial para revertir un contexto que se ha caracterizado por la deslegitimación de las organizaciones sindicales.

Al mismo tiempo, las elecciones presidenciales y congresales del próximo año son una oportunidad para colocar demandas laborales en la agenda de discusión política. El Covid-19 esta exponiendo alrededor de todo el mundo que ciertos trabajadores son fundamentales creando una oportunidad para defender sus derechos y mejorar sus condiciones laborales aprovechando que están en el centro de atención. En el Perú esto no sucederá por la voluntad política del actual gobierno, lo sucedido con la “suspensión perfecta de labores” es muestra de esto, por lo que los actores sindicales serán cruciales en la pugna política post-Covid19 para reconfigurar los sentidos comunes en materia laboral. La pregunta que queda abierta es quién(es) y cómo recogerán el malestar y la precariedad de los trabajadores en sus propuestas y consignas. ¿La izquierda y sus candidatos (o quizás un candidato progresista) estarán en la capacidad de construir un populismo de izquierda que incluya las demandas laborales de los trabajadores formales e informales? ¿Pondrán construir un clivaje que diferencie entre los “ricos” que están sacando provecho económico de la crisis y los trabajadores de distintos sectores que están exponiendo su vida o están cargando con los costos económicos de la pandemia?

Por otro lado, la crisis del Covid-19 es una oportunidad para repensar la transformación del trabajo futuro. Nos encontramos en un contexto en donde el sentido común parece inclinarse a pensar la transformación de las formas de trabajo hacia el trabajo remoto y privado, así como hacia la automatización de muchos empleos. A nivel global, el actual contexto está demostrando no solo que existen ciertos empleos esenciales que no podrán ser reemplazados o automatizados, sino que hay una demanda por servicios esenciales de carácter público como la salud. Esto está guiando debates sobre si se debe transformar y mejorar sistemas de salud privados como el de los Estados Unidos o sistemas públicos pero precarios como el de Perú. A nivel laboral, la crisis está visibilizando que en ciertos sectores públicos y, incluso privados, el trabajo no puede ser remoto. El caso del trabajo del cuidado, donde podemos incluir a enfermeras, cuidadoras y trabajadoras del hogar, es fundamental y difícilmente será reemplazado. Este trabajo reproductivo es pieza clave para que otros, más “privilegiados”, continúen desarrollando su empleo remoto. En ese sentido, en un contexto donde ciertos servicios y trabajadores públicos, así como privados, se vuelven fundamentales, es crucial el fortalecimiento de las organizaciones sindicales que ya existen en estos sectores, pero que no han tenido mayor visibilidad en los últimos años. La CGTP y otras centrales sindicales deberán prestar mayor atención a estos sindicatos que no forman parte de sus bases sindicales tradicionales y trabajar en coordinación con estos para construir una agenda laboral que aproveche la nueva estructura de oportunidad.    

Finalmente, lo importante es que cuando todo esto pase, médicos, enfermeras, obreras de limpieza pública, así como choferes, cuidadoras, trabajadoras domésticas y cajeras de supermercados deben ser reconocidas no solo con aplausos sino con políticas laborales que mejoren sus salarios y brinden condiciones de trabajo dignas. Los aplausos deben convertirse, así, en un acompañamiento constante a sus demandas concretas: mejor infraestructura, mejores sueldos, mejor seguridad laboral y beneficios sociales.

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REPÚBLICA Y BICENTENARIO – FINAL

Gustavo Montoya[1]

Juan Velasco Alvarado y el sesquicentenario de 1971: Otro ensayo de refundación republicana

El sesquicentenario de la independencia halló en el poder y el control de Estado al Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas. La cercanía de tal experiencia puede nublar cualquier modalidad de reflexión o de balance. Pero ello mismo es una seña de la potente huella histórica que dejó el velasquismo. Medio siglo es poco para olvidar fenómenos sociales traumáticos. Peor aún si se atentó contra las gollerías de una clase propietaria parasitaria, obcecada en su convencimiento de expoliación y exterminio de las mayorías nacionales.

Beneficiarios y agraviados convienen en admitir que la primera fase del régimen militar implicó profundos cambios en la estructura de la sociedad, el Estado y las sensibilidades culturales. Desde el inicio se sucedieron una serie de medidas y acciones que pusieron en vilo a las diferentes facciones de las clases propietarias, como también generaron una expectativa sin precedentes entre las mayorías sociales. Los dominados y explotados, en el campo y las ciudades.

Expropiaciones de importantes centros de producción, nacionalizaciones de sectores claves de la economía; como la puesta en vigencia de una atrevida agenda de reforma social, no dejó de entusiasmar aún a los que sostenían posiciones radicales. El velasquismo puso en jaque a personalidades lúcidas del aprismo y del movimiento comunista peruano. Muchos de ellos se comprometieron con el régimen. 

Previamente y antes que los militares tomaran el poder, en el amplio campo de la izquierda, los movimientos de masas y el sindicalismo, lo que sobrevino fue una fragmentación ideológica que aún aguarda explicaciones de sentido histórico convincentes. Entonces, todas las formas de organización  y aparatos  políticos  de izquierda contemplaban a la lucha armada como una vía legítima y  necesaria. Heraud, Blanco, Béjar, Lobatón, Chan, De La Puente y sus camaradas hacen parte de esa tendencia. Para todos estos revolucionarios, les era claro que el Perú debía ser revolucionado… independizado. 

Esos militares reformistas, en muchos sentidos, desamortizaron profundas tendencias de emancipación revolucionarias que el sistema de dominación precapitalista prevaleciente venía acumulando con método. El velasquismo canceló a medias aquel oprobioso sistema de dominación oligárquico intacto en las regiones andinas más atrasadas. A este respecto, existe el consenso  de que la Reforma Agraria que se implementó, fue una de las más radicales, no solo en el continente. Hizo que el Estado ejerciera, por primera vez, su dominio territorial en un país donde prevalecían formas de soberanía locales y regionales, que desafiaban con descaro los textos y la verborrea constitucional. La narrativa  indigenista de Arguedas, Alegría, López Albújar y Scorza retratan justamente ese mundo. 

Para Velasco y sus generales, esta era la segunda y verdadera  independencia. Fieles herederos del primer militarismo peruano, aquel cuya legitimidad estaba fundada en las guerras por la independencia. Velasco y sus camaradas nunca pusieron en tela de juicio sobre el carácter revolucionario y emancipador del proceso que conducían.  

Tal experiencia de poder, muy pronto reparó que debía construir  un aparato de movilización de masas que cumpliera el doble objetivo de poner en movimiento una pedagogía política para explicar la naturaleza del régimen; y sobre todo levantar un imaginario que lograra establecer niveles de empatía entre los cambios que se realizaban, y le diera un sustento histórico a tales realizaciones. 

Por primera vez en la historia, el Estado peruano conducido por militares reformistas y asesorado por un variopinto grupo de intelectuales, convenía en la necesidad de construir una narrativa histórica e ideológica que lograra movilizar a las masas y crear un consenso activo. Pero, sobre todo, se trataba que esa narrativa fuera asumida como propia por los beneficiarios de las reformas. La experiencia de SINAMOS fue a este respecto una iniciativa limite e incompleta al mismo tiempo. 

Había que congregar alrededor de una figura histórica y de un concepto ideológico,  todo el compacto doctrinario que el régimen había puesto en movimiento. Esas masas que aclamaban cada gesto de los generales, precisaban reconocerse en un icono histórico que les fuera familiar. Debía reunir las señas del martirio, la épica y la audacia revolucionaria. Muy pronto, casi como la prolongación de lo obvio, ese vacío fue copado por Túpac Amaru II. El rebelde cacique mestizo que puso en vilo a todo el continente y  desencadenó el movimiento social armado emancipador más violento que se recuerde en estas tierras.    

Por encima de la historiografía y la académica sobre la naturaleza de la gesta de José Gabriel, su figura fue asociada desde el poder y sus aparatos de propaganda, como el prócer epónimo justamente de la independencia. Si bien había sido derrotado, ello precisamente daba pábulo y justificaba su prolongación. Ahora bajo el liderazgo de militares que incorporaban el componente indígena como matriz histórica en la identidad de una nación que estaba por edificarse. Entonces el quechua fue declarado idioma oficial de la república. A veces los gestos proyectan las entrañas de sus gestores. 

El poderoso faro ideológico que Túpac Amaru II proyectó sobre el país aún está en curso. La instrumentalización de que fue objeto durante el velasquismo ha quedado honda y profusamente sedimentada en las mentalidades colectivas. Que un aparato político militarizado haya tomado su nombre para alzarse en armas durante la reciente guerra civil, dice mucho sobre el amplio y peligroso abanico que sugiere su figura. El imaginario plástico y estético que congrega aquel que nunca delató a sus aliados, puede ser difuso o un compacto ideológico al mismo tiempo. En todos los casos depende del sujeto político o social que lo invoca. Sin embargo, tal fenómeno sería impensable fuera del contexto del sesquicentenario, y del autonombrado  Gobierno Revolucionario de las Fuerzas Armadas.

No existe ninguna duda que el Perú antes y después de Velasco no era ni podía ser el mismo país. Ese Perú hirviente que dio lugar a una obra límite como El zorro de arriba y el zorro de abajo de Arguedas, retrata a esa encrucijada histórica. Coyunturas donde se definen tendencias de largo plazo. Que también vio emerger a una atrevida reflexión sobre la fe, en los liminares discursos del sacerdote limeño Gustavo Gutiérrez en Chimbote. Y luego capitalizados en la Teología de la Liberación, que tanto arraigo e influencia ejerciera sobre vastas comunidades de cristianos comprometidos con la opción preferencial de los pobres, una doctrina que subyace en su heterodoxa lectura neotestamentaria. 

Para lo que aquí interesa destacar sobre el sesquicentenario, el régimen de Velasco llevó adelante el más ambicioso proyecto estatal de recopilación y publicación  de fuentes documentales directas sobre la guerra de la independencia. Esa Colección Documental, que sobrepasa el centenar de volúmenes, constituye un hito historiográfico sin precedentes. Resulta paradójico que la comisión reunida para realizar tremendo desafío, haya congregado a historiadores de diversa procedencia social y de sensibilidades historiográficas e ideológicas dispares. Las comisiones que se instalaron, las temáticas que fueron objeto de consideraciones metodológicas, los criterios para movilizar recursos humanos y materiales, así como las discrepancias en torno a la estructura general del proyecto, aún aguardan interpretaciones de toda índole. Que den cuenta y expliquen semejante experiencia historiográfica.

No hay duda que tal experiencia de organizar las bases documentales para un relato referido a una coyuntura, solo pudo ser posible en el escenario político y social efervescente creado por el velasquismo. Ni los encopetados historiadores conservadores de la época se atrevieron a bajar la guardia. La época del sesquicentenario, se ubica en una coyuntura mundial de mudanzas epistemológicas que apostaban por reformar y revolucionar las palabras y las cosas. Las sociedades y los Estados. En suma, refundar la coexistencia humana sobre la base de viejos ideales y aspiraciones. La solidaridad, la libertad y la igualdad. Estaban ahí muy frescas las guerras de descolonización en África y Asia, el Mayo Francés, la guerra fría y el enconado enfrentamiento entre socialismo y capitalismo. Y por si fuera poco, la enorme ola carismática de los barbudos revolucionarios cubanos y la figura del Che Guevara, como paradigma del hombre nuevo. 

La Colección Documental de la Independencia, constituye el repositorio más rico y prolífico que se haya organizado sobre un periodo. Y lo más destacable. Esa obra fue auspiciada, financiada y asumida como política de Estado por un régimen y como parte de un proyecto de sociedad alternativo. Aunque luego frustrado por la contrarrevolución que puso al garete del régimen, a un general dipsómano. A quién Basadre no dudó en endilgarle el epíteto que encajaba con su talante. Un felón. Comprometido con crímenes de Estado y Lesa Humanidad, durante el oprobioso periodo de las criminales dictaduras militares en Chile, Argentina, Uruguay y Brasil.

Manuel Pardo, Augusto B. Leguía y Juan Velasco Alvarado no son simples referencias biográficas que habitan la memoria de los peruanos. Interesa una evocación desapasionada del tiempo social que experimentaron.  La riqueza cualitativa de la evocación histórica, consiste en la depuración del sujeto que busca en lo acontecido, aquello que puede potenciar un pensamiento situado.  Cimentar un pacto social horizontal entre ciudadanos. Este es un país que merece un destino menos oprobioso. Tanta infamia, injuria y desprecio de parte de los elegidos en las urnas, que se burlan una y otra vez, con temeridad, ante la indignación de una nación impaciente.  Y el conocimiento y la memoria histórica pueden adquirir en estas coyunturas, un aura de epopeya y de compromiso ético.  Una epifanía. 

La historia,  como disciplina y como experiencia remite a la memoria sin duda. Pero entre memoria e historia existe un extenso trecho salpicado de lodo y fango. Son las imágenes que se van desperdigando sobre un país agotado. Son imágenes construidas desde el poder para aplacar las furias étnicas y las iras sociales. Como también pueden ser las fuerzas vivas de la sociedad que en un arrebato de dignidad, resuelven de una vez por todas y para siempre tanta infamia. Saldar las cuentas con el pasado y vivir con dignidad. Para poder amar libremente. ¿Una utopía social para un país al borde del abismo? 

FUGA

En los umbrales del Bicentenario, el país ha ingresado a un recodo peligroso y esperanzador al mismo  tiempo. Urge un balance desde los intereses de las mayorías sociales que hacen parte estratégica de un país muy antiguo y diverso. Desde los intereses, necesidades y demandas de los que producen riqueza. Dejar a un lado la indiferencia y perder temor a la autonomía  que es sobre las que se fundan las jerarquías sociales. Urge recuperar lo mejor de nuestra tradición republicana. Aquí aún no ha existido ninguna experiencia  de poder socialista. Entre Pardo, Leguía y Velasco, esas mayorías urbanas y rurales han trazado un horizonte de expectativas. Existe ahí un aprendizaje cualitativo. Demandan la elaboración no de una, sino de múltiples narrativas que den cuenta de sus logros y realizaciones. De sus extravíos, su ingenuidad, como también de sus símbolos y emblemas que los identifican. La enorme ola de esperanza y producción de conocimiento histórico social generada por la generación de Alberto Flores Galindo y Carlos Iván Degregori, está a la espera de interlocutores estratégicos. Discrepar es una forma de aproximarse dijo uno de ellos. Perder temor al futuro. Terrenalizar el horizonte utópico. Ensayar todas las vías que pueden conducir a la gestación de una gran épica republicana.

Interesa establecer coordenadas hermenéuticas básicas para escrutar y resolver los nudos de poder en la historia republicana. Hallar un centro requiere identificar regularidades y tendencias. Por ejemplo, recordar que luego de Pardo sobrevino la catástrofe de la Guerra del Pacífico y sus secuelas que aún hoy perturban a los peruanos. Recordar que a Leguía le siguió la guerra civil de 1932. Rememorar que al concluir la experiencia reformista del velasquismo, en 1980, se inició otra guerra civil cuyas cenizas aún están hirviendo en la subjetividad nacional y el proceso político en curso. No son leyes históricas. Pero en la reiteración del fenómeno existe una tendencia. ¿Es el destino desgraciado de un país que tiene atracción a los abismos? ¿Una fatalidad? No necesariamente. El Bicentenario no es una cábala. Se requiere exorcizar a esos tigres de papel que actúan impunemente y a hurtadillas.

En realidad, uno, cualquier peruano, puede tomar un elemento o vestigio de la trayectoria republicana, y a partir de ello, verificar manifestaciones múltiples de frustración social y de hastío ideológico. Desde 1980 en adelante, se ha puesto en movimiento un periodo cuyo desenlace está muy próximo. ¿El país está preparado para contemplar el final de una época cargada de frustración moral, de enconos étnicos y sociales irresueltos?


[1] Historiador UNMSM. Esta es la última parte de un texto cuyo inicio puede ser leído aquí. La segunda parte está aquí.

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MARIÁTEGUI ¿UN GRAMSCI PERUANO?

Comité Editorial

Hoy se cumplen 90 años desde que José Carlos Mariátegui, el primer marxista de América Latina, dejó de existir físicamente. Especialmente desde 1980, una gran cantidad de perspectivas, debates y polémicas han surgido en torno a su obra y vida. ¿A qué se debe la perduración de Mariátegui? Aníbal Quijano sugiere que es por su capacidad latinoamericana de producir, en todas las épocas históricas, nuevos sentidos sobre el mundo. En Octubre de este 2020, por ejemplo, se celebrará en nuestro país el Simposio Internacional “El Pensamiento de Mariátegui en la Escena Contemporánea Siglo XXI. Diálogos Críticos desde el Sur”, organizado por la catedra José Carlos Mariátegui.

Los eventos en torno a Mariátegui son importantes porque es una forma de reflexión militante que lamentablemente ha perdido vigencia, aunque con excepciones, en nuestro medio en los últimos años. Por ello, como parte de nuestro compromiso con un legado que nos inspira, les compartimos con permiso del autor el siguiente texto de Francis Guibal titulado “Mariátegui, ¿un gramsci peruano”. Un artículo publicado en el libro “Gramsci, filosofía, política y cultura” (Lima: Tarea, 1981) del mismo autor. Guibal, quien es especialista en Mariátegui y Gramsci, nos motiva a una lectura conjunta de ambos autores a partir de sus significativas coincidencias en cuatro planos: a) vida y obras paralelas, b) marxismo revolucionario, c) vías nacionales y d) política y cultura. En suma, una manera común y original de reflexionar y practicar la revolución que aún hoy nos interpela.

Mariátegui, ¿un gramsci peruano?

La obra de J.C. Mariátegui no nos proporciona sino escasas referencias a la personalidad y al pensamiento de A. Gramsci, a quien conoció y admiró como dirigente político, pero no como creador intelectual[1]. Entre ambos pues, no se puede hablar de “influencia directa”[2], aunque sí de coincidencias numerosas y significativas; de tal suerte que resulta siempre provechosa leer y comprender a Mariátegui a partir de enfoques gramscianos al mismo tiempo que el conocimiento del Amauta puede ayudarnos a percibir mejor la vigencia y la fecundidad de los planteamientos de la filosofía de la praxis. Nos conformaremos aquí con señalar las convergencias que nos parecen más sugerentes entre esos dos gigantes de la lucha y del pensamiento revolucionario[3].

A) Vidas y obras paralelas

Vidas eminentemente breves pero llenas de intensidad y fecundidad, personalidades “agónicas” que se entregan a las luchas socio-históricas con una pasión casi “mística”, he aquí el primer rasgo común que llama la atención: Mariátegui, al igual que Gramsci, nos recuerda en eso que el llamado “factor subjetivo” es también de importancia decisiva y no puede ser pasado por alto cuando el socialismo y la revolución no constituyen simplemente hechos o siquiera ideas, sino empresas que requieren de hombres íntegros, decididos a dar y consumir su vida por sus convicciones.

Más concretamente, se puede notar que los dos hombres, pertenecientes a familias sencillas (aunque no directamente proletarias), se educan en un ambiente austero y marcado por los problemas de la pobreza. Siempre atraídos por la labor intelectual y excepcionalmente dotados para ella, se ven obligados por la dura necesidad a dedicarse desde muy jóvenes a un trabajo manual que les permita contribuir a la subsistencia familiar. Y ambos, a lo largo de toda su vida, tendrán que vérselas sin cesar con una s. salud muy precaria y terribles dolencias físicas; lo cual no hace de ellos “héroes” excepcionales, sino hombres del pueblo común que hubieron de trazar su camino y cumplir su destino en medio de las dificultades concretas que caracterizan para las grandes mayorías este mundo “grande y terrible”.

Tanto Gramsci como Mariátegui llegan a la conciencia y a la acción política a través de la labor periodística que desempeñan; y eso va a dar un acento propio, de tono “cultural”, a su manera de enfocar las luchas populares y de participar en ellas. Son, se saben y se aceptan (sin mala conciencia alguna) “intelectuales” o “ideólogos”, pero de un cuño nuevo y revolucionario: rehúsan la “torre de marfil” elitista y espectadora, no se encierran en los dudosos privilegios de la “casta” intelectual y tampoco se creen los “portadores” superiores de un “mensaje” o de una “verdad” que bastaría con comunicar a los demás. Su papel lo comprenden y lo viven como una simple contribución –imprescindible- a la auto-formación de las grandes masas a una conciencia histórica crítica y práctica. Y éste es el proyecto fundamental que marca un sello tan parecido a las empresas político-culturales que fueron igualmente el “Ordine Nuovo” de Gramsci y el “Amauta” de Mariátegui.

Asistimos además, en los dos casos, a una significativa dialéctica entre lo universal y lo particular. Pues, si ambos anhelan y logran participar en la transformación revolucionaria de su realidad nacional propia, lo hacen en gran medida a partir de una provisional toma de distancia que les permite una lucidez mayor en sus enfoques. El rodeo por el extranjero (Rusia 1921-1923 para Gramsci, Europa 1920-1923 para Mariátegui) no fue para ellos ni simple paréntesis ni instalación alienante, sino que constituyo la vía más corta para encontrarse a sí mismos (allí desposaron “a una mujer y algunas ideas”) y a su propia patria. Como lo decía Mariátegui “por los caminos universales, que tanto nos reprochan, nos vamos acercando a nosotros mismos”[4]; lo universal de la teoría les sirvió para inventar mejor los caminos concretos de la acción.

Esta acción concreta tiene evidentemente sus aspectos científicos distintos según los contextos socio-históricos en los que se despliega: otro es el mundo europeo e italiano, otra la realidad latinoamericana y peruana. Sin embargo se puede notar un notable parentesco en la manera de armar los grandes ejes de una estrategia revolucionaria acorde a las exigencias de la época: conforme a las enseñanzas de la Tercera Internacional leninista, Gramsci y Mariátegui orientan todos sus esfuerzos hacia la construcción de un Frente Único de izquierda anti-fascista (Gramsci), anti-capitalista y anti-imperialista (Mariátegui – lo cual va a implicar rupturas dolorosas pero necesarias, sea con las concesiones reformistas (el PSI y la tendencia Tasca para Gramsci, el Apra para Mariátegui), sea con el sectarismo ortodoxo (la tendencia Bordiga para Gramsci, la nueva orientación “izquierdista” de la Tercera Internacional stalinista para ambos).

Una muerte prematura hará que, en los dos casos, se quede sin acabar la obra emprendida. A nivel político, eso iba a dar lugar a desviaciones trágicas: fieles seguidores de la ortodoxia stalinista, ni el PCI ni el PCP estaban capacitados para recoger la herencia auténticamente revolucionaria de Gramsci y Mariátegui; después de haberlos aislado (Gramsci) o severamente criticado (Mariátegui), se conformarían con tratar de “recuperar” su imagen a fines propios. Pero queda sin resolver hasta hoy día, el problema de saber cómo continuar, dentro de una fidelidad creadora, el camino abierto por estos dos pioneros de la revolución.

A nivel cultural, nos encontramos frente a escritos de estilo fragmentario: apuntes, ensayos, polémicas, lejos de cualquier sistema cerrado. Pero, dentro de esta diversidad abierta se da una amplitud de visión y una profundidad de pensamiento tal que abarca y encierra casi todo el campo de lo posible, destacándose especialmente a mi parecer, cuanto toca a la historia y al arte, a la literatura y a la filosofía. Y si me gusta considerar como central este último enfoque, no es solamente por estrechez profesional, sino porque proporciona, a juicio de ambos, una coherencia abierta imprescindible para la acción sensata, pues recoge y relativiza toda la riqueza de lo real comprendiéndolo desde el punto de vista humano y así está destinada “no solo a explicar e iluminar la vida, sino a crearla proporcionándole las metas de una incesante superación”[5]. Sin esta dimensión a la vez reflexiva y crítica-creadora se cae en el “error fundamental” de creer “que todo, absolutamente todo, es reductible a la ciencia y que la Revolución Socialista no necesita filósofos sino técnicos”[6].

B) Marxismo Revolucionario

Si Gramsci y Mariátegui, en circunstancias históricas, sociales y nacionales, distintas, supieron llevar adelante una acción también distinta, pero igualmente inventiva y fecunda, eso se debe probablemente a la “matriz común” que tienen: la “asunción del marxismo creador” como “filosofía de la praxis”[7]. De hecho, se sabe que Mariátegui, al igual que Gramsci, bebió ávidamente de la fuente del historicismo italiano, croceano especialmente. Y eso marcó de manera decisiva a su manera de comprender a Marx y al marxismo: “Mariátegui leyó a Marx con el filtro del historicismo italiano y de su polémica contra toda visión trascendental, evolucionista y fatalista, de las relaciones sociales, característica del marxismo de la segunda internacional”[8]. Comparte así con Gramsci un rechazo crítico riguroso a todas las versiones “vulgares” del marxismo, dogmáticas y metafísicas, positivistas y cientificistas, economistas y mecanicistas, de las que A. Loria era para ambos un símbolo casi “ejemplar”. Contra estas tendencias rígidas de una “ortodoxia” reductora y fatalista se trataba de recuperar la dimensión de la creatividad histórica, de la praxis libre y responsable, subrayando que “el marxismo, donde se ha mostrado revolucionario –vale decir donde ha sido marxista- no ha obedecido nunca a un determinismo pasivo y rígido”[9].

Irreductible a cualquier forma de materialismo metafísico o contemplativo anterior, el marxismo ha de ser comprendido y vivido en la autonomía original de su concepción dialéctica: más que un sistema cerrado, constituye un método vivo tanto de interpretación teórica como de transformación práctica de la realidad sociohistorica. Al subrayar este aspecto metodológico –y sin contraponerlo a la idea más gramsciana de “concepción del mundo”- Mariátegui pone igualmente en el centro la praxis revolucionaria en la que se superan concretamente las falsas antinomias, jerárquicas o disyuntivas, entre la necesidad de las necesidades materiales y la intervención de la invención espiritual; el marxismo es, para él también, la filosofía de los hombres vivos, de los individuos socializados tal como viven, actúan y luchan dentro de la efectividad natural e histórica. Lo cual lleva a destacar los aspectos vitales, subjetivos y culturales, de la actividad revolucionaria: “La revolución, más que una idea, es un sentimiento. Más que un concepto, es una pasión”[10]. La política verdadera no se puede reducir a la fría objetividad de la ciencia, tiene dimensiones éticas y hasta místicas, pues tiende a impregnar, subvertir y transformar como una nueva religión la sensibilidad y las costumbres, la manera de vivir y de actuar de las masas; a la sobriedad realista y a la lucidez “pesimista” de la inteligencia, sabe añadir dialécticamente el optimismo heroico de la creación voluntaria luchando por un mundo y una sociedad distinta.

Este acento típico de la filosofía de la praxis, que pone énfasis en elementos super-estructurales (vg. Arte, religión, filosofía, etc.), ha llevado a algunos a afirmar que “Mariátegui intenta sin éxito conciliar en una especie de sincretismo filosófico una actitud espiritualista (religiosa) con el Materialismo Histórico”[11]; y nada más lógico para quien identifica la filosofía marxista con un materialismo dogmático, apenas corregido por algunos rasgos “dialecticos”. Lo típico, al revés, tanto de Gramsci como de Mariátegui, es que ven la originalidad propia del marxismo en su autonomía abierta; para ellos hay que comprender históricamente la concepción marxista, lo cual no es debilitar, sino más bien fortalecer su grandeza autentica. Así es como el marxismo hereda, continuándolos y superándolos, los mejores aspectos, ya revolucionarios, del pensamiento burgués progresista anterior: “El marxismo, como especulación filosófica, toma la obra del pensamiento capitalista en el punto en que éste, vacilante ante sus extremas consecuencias, vacilación que corresponde estrictamente, en el orden económico y político, a una crisis del sistema liberal burgués, renuncia a seguir adelante y empieza su maniobra de retroceso. Su misión es continuar esta obra”[12]. Y esta capacidad de dialogo abierto y de asimilación creadora sigue (ha de seguir) caracterizando el pensamiento verdaderamente marxista y revolucionario en su confrontación con la novedad de la época y los aportes ambiguos de la cultura “burguesa” dominante. De ahí que ni Gramsci, ni Mariátegui se conforman con repetir tesis ortodoxas; preocupados por mantener viva la búsqueda revolucionaria, se interesan tanto por el “fordismo y el taylorismo”[13] como por los nuevos rumbos de la ciencia (Freud, Einstein, etc.) y la reflexión (Croce, Bergson), pues saben que hasta en la filosofía “idealista” o “burguesa” se pueden encontrar “ideas que vigorizan el pensamiento socialista, restituyéndolo a su misión revolucionaria”[14]. Para ellos, puede y debe haber un “uso marxista del idealismo”[15] como del anarquismo (G. Prada), del humanitarismo (R. Rolland) y del pensamiento “existencial” (Pascal, Nietzsche, Unamuno, etc.); y allí se ve si el marxismo es y sigue “vivo”, o sea capaz de comprender y criticar, asimilar y superar los mejores aportes de la vida, de la historia y de la reflexión universal.

La “verdad” del marxismo se prueba así, conforme a la enseñanza misma de Marx, por su capacidad creativa y práctica, pues “el valor histórico de las ideas se mide por su poder de principios o impulsos de acción”[16]. De ahí la imposibilidad y el absurdo de querer separar a Marx del marxismo engendrado por él[17]; tanto para Gramsci como para Mariátegui, se debe recurrir entonces a Lenin como “el restaurador más enérgico y fecundo del pensamiento marxista”[18], que ha sabido adecuar la teoría marxista a la transformación monopolista e imperialista del capitalismo. Pero la referencia a Lenin no es tampoco dogmática: no se trata de tomar como verdad sagrada cuanto él ha escrito, especialmente a nivel filosófico, sino de reconocer sus aportes verdaderamente creativos. El Lenin que interesa a Gramsci y a Mariátegui no es el teórico –discutible- que sistematizo la filosofía materialista del marxismo, sino el político genial que supo forjar la revolución dentro de condiciones socio-históricas imprevistas; el que redescubrió, contra la pasividad reformista de la Segunda Internacional, la esencia práctica y revolucionaria del marxismo.

Por este tipo de marxismo, dialectico, militante, abierto a todas las facetas de la vida histórica, más todavía que “por su formación italiana, aunque haya sido decisiva, o por su muerte prematura o sus limitaciones físicas” es que la figura de Mariátegui “evoca irresistiblemente la de este gran renovador de la teoría política marxista que fue Antonio Gramsci”[19]. Para los dos lo esencial era contribuir a hacer la revolución, y sabían que, para eso, “la premisa política, intelectual, no es menos indispensable que la premisa económica. No basta la decadencia o el agotamiento del capitalismo. El socialismo no puede ser la consecuencia automática de una bancarrota. Tiene que ser el resultado de un tenaz y esforzado trabajo de ascensión”[20].

C) Vías nacionales

A partir de tal concepción global del marxismo, la problemática política específica ya no se puede plantear en términos de “modelos” universales por “aplicar”, sino en términos de caminos (nacionales) por inventar, trazar y recorrer. Eso ya lo sabía Lenin, que no quería que se convirtiese a la Revolución rusa en una especie de receta mágica. Y en esta misma línea trabajaron Gramsci y Mariátegui: esforzándose cada uno por su cuenta en traducir las leccionistas leninistas a un lenguaje y a una praxis nacional popular y en esbozar estrategias adecuadas a sus propias circunstancias nacionales.

Gramsci, como se ha visto, se inspiró en la política leninista, no para repetirla, sino para elaborar a partir de ella una forma de lucha más apropiada a los países industriales avanzados. Pero, aún dentro de este marco general, se preocupó en dibujar la figura especifica de la revolución para Italia. Destacaba en particular dos rasgos característicos de la situación italiana y de su “bloque histórico”: 1) la separación entre el Norte industrial y el Sur rural tal como dejaba surgir la “cuestión meridional”, a partir de la explotación del segundo por el primero; 2) la debilidad histórica de una burguesía atrasada y pasiva, incapaz de hegemonía nacional progresista. De este análisis se desprendían las conclusiones estratégicas: 1) le tocaba a la clase obrera hacerse cargo de la unificación italiana por haberse “convertido en la única clase nacional”[21] del conjunto italiano; 2) pero tal tarea liberadora no podía efectuarse sino logrando constituir un nuevo bloque revolucionario integrado por los grandes masas oprimidas (campesinas), dirigido por los obreros organizados y cimentado por los intelectuales progresistas.

Mariátegui había vivido y conocido en Italia los enfrentamientos entre burguesía y proletariado, había asistido también al auge del fascismo logrando movilizar y fanatizar a las capas pequeño burguesas de la población. Pero si bien se había familiarizado así con las luchas de la Italia industrial del Norte, se había quedado en gran parte ajeno a la problemática específica de la Italia campesina y meridional con la que hubiera debido normalmente sentirse más cercano. La lectura de Gobetti y de su estudio sobre el Risorgimiento fue para él una manera de descubrir esta realidad. Pero fue sobre todo por su propio contacto con el problema indígena peruano cómo fue llevado a formular reflexiones muy parecidas a las de Gramsci; convergencia tanto más significativa cuando no se debe “a lo poco que pudo leer y aceptar de él” sino al hecho de que “frente a una problemática cercana tiende a mantener una actitud semejante”[22].

“El marxismo, afirma Mariátegui, en cada país, en cada pueblo, opera y acciona sobre el ambiente, sobre el medio, sin descuidar ninguna de sus modalidades”[23]. Vale decir que, donde Gramsci había de traducir para la revolución de Occidente los esquemas soviéticos, Mariátegui, él, tenía que adecuar los aportes occidentales a la dependencia latinoamericana. Lo cual exigía una “creación heroica”: “No queremos, ciertamente, que el socialismo sea en América calco y copia. Debe ser creación heroica. Tenemos que dar vida, con nuestra propia realidad, en nuestro propio lenguaje, al socialismo indo-americano. He aquí una misión digna de una generación”[24].

Esta realidad propia, descifrada por Mariátegui en sus famosos Siete Ensayos, está marcada por una dependencia secular y alienante: lejos de acabar con los rezagos semi-feudales y pre-capitalistas, el capital imperialista se sirve de la clase terrateniente (el gamonal) para explotar a su provecho las grandes masas indias y campesinas. Lo que ha faltado siempre y sigue faltando hasta ahora en el Perú es “una burguesía progresista con sentido nacional”[25], capaz de acabar al mismo tiempo con el atraso feudal y la dependencia imperialista.

¿Será posible entonces confiar a la pequeña burguesía la tarea de encabezar la revolución liberadora? Instruido por la experiencia histórica (el fascismo europeo, la revolución mexicana), Mariátegui denuncia en eso los sueños y las ilusiones de una clase frustrada y ambiciosa, vacilante y confusionista, dispuesta a pactar con lo que le sirva. De allí su conclusión tajante: “ni la burguesía ni la pequeña burguesía pueden hacer una política anti-imperialista”[26]. Y en eso va a radicar su discrepancia y su ruptura con Haya de la Torre y el APRA, pues “este es un instante de nuestra historia en que no es posible ser efectivamente nacionalista y revolucionario sin ser socialista”[27].

De hecho, si no se puede contar con el capitalismo (imperialista y distorsionado) ni con la burguesía (débil y sometida a intereses ajenos) para cumplir la revolución democrática-nacional que liquide el feudalismo y rompa con el imperialismo, esta tarea debe ser encomendada al proletariado socialista; “solo la acción proletaria puede estimular primero y realizar después las tareas de la revolución democrático-burguesa que el régimen burgués es incompetente para desarrollar y cumplir”[28].

Para forjar y formar esta voluntad nacional-popular, se puede notar cierta tensión en Mariátegui entre su valoración “clásica” y “europea” del proletariado industrial y su descubrimiento “indigenista” y “peruano” del campesinado indio. Pero la solución hacia la que se encamina es sin embargo clara y bastante parecida a la de Gramsci: se trata de construir un bloque a la vez anti-feudal, anti-capitalista y anti-imperialista, que reúna a las grandes masas de la sierra con un proletariado urbano hegemónico. O sea que la nueva nación peruana por crear ha de hacer fusionar el campo y la ciudad, la tradición rural y la novedad industrial: “su cimiento histórico tiene que ser indígena, su eje descansara quizá en la piedra andina mejor que en la arcilla costeña. Pero a este trabajo de creación, la Lima renovadora, la Lima inquieta, no es ni quiere ser extraña”[29]. Este proceso de confluencia y de convergencia “del movimiento obrero “moderno” con las masas campesinas indígenas”[30] exige un trabajo largo, tanto cultural como político.

D) Política y Cultura

Como Gramsci, Mariátegui rehúsa reducir la superestructura política e ideológica al mero reflejo pasivo de la estructura económica; pues ella es también, a su manera, el lugar de una lucha de clases por forjar una voluntad colectiva, nacional y popular, y construir una hegemonía cultural que cimiente y dé estabilidad a la realidad socioeconómica. Y, dentro de esta lucha, el enfrentamiento violento de la política, que apunta a criticar y destruir, requiere igualmente del combate dialógico de la cultura, que pasa por una apropiación y una superación creadora.

Más tal vez que Gramsci, Mariátegui ha sido sensible a los peligros que amenazan la “inteligencia” cuando ella se encierra en sí misma: teoricismo, escepticismo, nihilismo por fin, he aquí los “frutos” de tal actitud que se complace estéticamente en su narcisismo estéril. Pero estas resistencias propias de la casta intelectual pueden y deben también ser vencidas si se quiere poner al servicio de la acción revolucionaria luchando por el pueblo de los oprimidos todos los recursos humanos: deben ir a la par “un esfuerzo de la inteligencia por entregarse a la revolución y un esfuerzo de la revolución por apoderarse de la inteligencia. La idea revolucionaria tiene que desalojar a la idea conservadora no solo de las instituciones sino también de la mentalidad y del espíritu de la humanidad. Al mismo tiempo que la conquista del poder, la revolución acomete la conquista del pensamiento”[31].

Esta “revolución cultural” no ha de esperar la revolución económica y política para empezar a producirse. Más aún, en cierto modo, constituye como la “condición previa de un nuevo orden”; pues, para realizar éste “a través de la lucha de clases”, hace falta una “capacitación intelectual y espiritual del proletariado”[32]. De lo que se trata es de contribuir a formar una conciencia socio-histórica critica y práctica, proporcionando a las masas populares la “interpretación y coordinación de un sentimiento colectivo y de un ideal histórico”[33]. Y este acceso a una lucidez autónoma y activa requiere de una “apropiación de los avances de la cultura universal por parte del marxismo para ponerlos al servicio de la clase proletaria”[34].

Esta tarea de formación o de educación cultural responde, para Mariátegui como para Gramsci, a motivos muy concretos nada extraños a la eficiencia de la acción política. Pues, lo que ambos constatan es la impregnación de los trabajadores por la ideología dominante. Igual como Gramsci notaba en los obreros del Norte la tendencia a despreciar a los campesinos del Sur, Mariátegui señala también que “no es raro encontrar en los propios elementos de la ciudad que se proclaman revolucionarios el prejuicio de la inferioridad del indio y la resistencia a reconocer este prejuicio como una simple herencia o contagio mental del ambiente”[35]. Solamente una revolución cultural permitirá al obrero costeño y al campesino serrano descubrirse como “hermanos de clase”[36], solidarios precisamente por sufrir en forma distinta la explotación y la opresión de las clases dominantes. En tal descubrimiento radica la posibilidad de una conciencia que pasa no solo del individualismo al gremialismo sino que se ensancha y se educa “hasta que se convierta en espíritu de clase” que vive en solidaridad “con todas las reivindicaciones fundamentales”[37] de las clases subalternas y potencialmente revolucionarias: y ¿no representa tal conciencia la condición (subjetiva) del acceso a la dimensión propiamente política de la revolución social? No se puede pensar, en efecto, en la constitución de un nuevo “bloque histórico” sin este cimiento ideológico-cultural.

La dimensión de una cultura liberadora no es solamente la condición previa de la revolución económico-política; en realidad, ha de ser coextensiva al despliegue integral de ésta. En tanto es como el lazo invisible que vincula concretamente la clase obrera, las masas oprimidas y los intelectuales progresistas mediante una conciencia nacional-popular, la cultura ha de acompañar todos los pasos de la lucha y de los avances políticos del pueblo, impidiendo por su misma esencia crítica que las organizaciones revolucionarias se estanquen o retrocedan a formas burocráticas y alienantes. Precisamente porque no se reduce a la reivindicación económica ni siquiera a la eficiencia política, precisamente porque ha de ser para los pobres “no solo la conquista del pan, sino también la conquista de la belleza, del arte, del pensamiento y de todas las conquistas del espíritu”[38], la revolución no puede prescindir nunca de la cultura que señala su meta e impide que el anhelado “reino de la libertad” se convierta a su vez en nuevas formas de manipulación reductora y totalitaria.


[1] Entre otras referencias, ver sobre todo La Escena Contemporánea (Ed. Amauta), p. 141. Se sabe que Gramsci se dedica a su obra maestra (los Cuadernos de la Prisión) entre 1928 y 1935, mientras que Mariátegui muere a fines de 1930.

[2] Hugo García Salvatecci, G. Sorel y J.C. Mariátegui, p. 37.

[3] No tenemos todavía, que yo sepa, una obra realmente extensa y fundamentada sobre esta relación entre Gramsci y Mariátegui. Se pueden señalar, sin embargo, la utilidad de los estudios siguientes:

  • R. Paris, “J.C. Mariátegui: une bibliographie, quelques problemes” “Annales XXI, No. 1, Enero-Febrero 1966, París.
  • A. Melis, “Mariátegui primo marxista del “América” en Crítica Marxista, Roma, Marzo-Abril 1967 (Trad. Castellana sea en El marxismo latinoamericano de Mariátegui, ed. Crisis, Bs. Aires, sea en Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, Cuadernos de Pasado y Presente, Siglo XXI, México).
  • C. Lévano, “Gramsci y Mariátegui”: en Regionalismo y Centralismo, Lima, 1969.
  • E. Núñez, La experiencia europea de Mariátegui, pp. 26-29.
  • A. Ibañez, “Gramsci y Mariátegui: la recreación del marxismo revolucionario”, Tarea (Boletín de Educación Popular) No. 24-25, pp. 35-46
  • J. Aricó, Introducción a Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, Cuadernos de Pasado y Presente, Siglo XXI México.

Entrevista en El Caballo Rojo, suplemento dominical del Diario de Marka, 31-8-80.

  • R. Roncagliolo “Gramsci marxista y nacional”, en: Quéhacer, Desco, Marzo 1980, pp. 118-128.
  • S. López “Mariátegui y la teoría de la hegemonía cultural” Marka 153 pp. 18-19-24

[4] Siete Ensayos, ed. Amauta, p. 351.

[5] J.C. Mariátegui, Temas de Nuestra América, ed. Amauta, p. 79, (a propósito de la filosofía en Vasconcelos); este tema de la filosofía como creación y no solo comprensión de la vida remite tanto a Marx como a Nietzsche en sus polémicas con el teoricismo hegeliano.

[6] J.C. Mariátegui, Defensa del Marxismo, Ed. Amauta, p. 130.

[7] Sinesio López, “Mariátegui y la teoría de la hegemonía cultural”, Marka, 153. P. 18.

[8] J. Aricó, Introducción a Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, p. XV; ver también el artículo de A. Melis, por ejemplo en El marxismo latinoamericano de Mariátegui, ed. Crisis, Bs. Aires, p. 77, que remite al Alma Matinal, p. 129.

[9] J.C. Mariátegui, Defensa del Marxismo, Ed. Amauta, p. 67.

[10] Mariátegui, La Escena Contemporánea, p. 155.

[11] J. Abelardo Ramos, en El marxismo latinoamericano de Mariátegui, ed. Crisis, Bs. Aires, p. 150.

[12] Mariátegui, Defensa del Marxismo, pp. 102-3.

[13] A. Melis, en El marxismo latinoamericano de Mariátegui, Crisis, p. 78, que remite a Notas sobre Maquiavelo (ed. Italiana, pp. 311-361, sobre todo 326-342) y Defensa del Marxismo (Amauta, p. 125-139)

[14] Mariátegui, Defensa del Marxismo, p. 21, que alude a Croce y sobre todo a Bergson. Gobetti, por un lado, Sorel por el otro señalan claramente que un gran pensador “burgués” puede tener también “discípulos de izquierda como los tuvo Hegel” (Historia de la Crisis Mundial, p. 199).

[15] A. Melis, art. Citado, p. 77.

[16] Mariátegui, El Alma Matinal, p. 50.

[17] Cf. Defensa del Marxismo, p. 105.

[18] Defensa del Marxismo, pp. 21-22.

[19] J. Aricó, introducción a Mariátegui y los orígenes del marxismo latinoamericano, p. XIII.

[20] Mariátegui, Defensa del Marxismo, pp. 87-88; cf. Temas de Nuestra América, p. 15: “Puede ser que el hecho económico no sea anterior ni superior al hecho político. Pero, al menos, ambos son consustanciales y solidarios”.

[21] Ordine Nuovo (1919-20), Einaudi p. 227; ver al respecto el artículo ya citado de R. Roncagliolo sobre “Gramsci marxista y nacional”.

[22] Aricó, op. cit., p. XIII, nota 28.

[23] Ideología y Política, p. 112.

[24] Ideología y Política, p. 249.

[25] Mariátegui, en La polémica del Indigenismo, Mosca Azul, p. 139.

[26] Ideología y Política, p. 90.

[27] Ver al respecto el estudio de C. Germaná La polémica Haya de la Torre-Mariátegui: Reforma o revolución en el Perú, Cuadernos de Sociedad y Política. No. 2.

[28] Ideología y Política, p. 161.

[29] Siete Ensayos, p. 227.

[30] Aricó, p. XLVI.

[31] Mariátegui, La Escena Contemporánea, p. 156.

[32] Defensa del Marxismo, p. 67.

[33] Ideología y Política, p. 227.

[34] S. López, “Mariátegui y la teoría de la hegemonía cultural”, Marka 153, p. 19.

[35] Ideología y Política, p. 33.

[36] Ibídem.

[37] Ideología y Política, p. 115.

[38] La Escena Contemporánea, p. 158.