EL COVID-19 Y EL IMPACTO SOBRE LAS MUJERES

Spread the love

Mariela Belleza Salazar [1]

El COVID-19, determinado por la OMS como pandemia mundial, ha generado que 11 países en la región adopten medidas de alarma o emergencia que limitan al ejercicio de derechos fundamentales, atendiendo a la proporcionalidad, razonabilidad y temporalidad de las medidas dictadas cuyo objetivo es asegurar la salud e integridad de los ciudadanos y ciudadanas; en el Perú el 15 de marzo se declaró el Estado de Emergencia Nacional, disponiendo la limitación al ejercicio del derecho a la libertad y la seguridad personales, la inviolabilidad de domicilio, y la libertad de reunión y de tránsito en el territorio.

Tras 7 días de aplicadas las medidas, es preciso poner en el foco de atención el impacto de las mismas sobre las mujeres; atendiendo a la pandemia y sus efectos, ONU Mujeres a través del informe “COVID-19 en América Latina y El Caribe: cómo incorporar a las mujeres y la igualdad de género en la gestión de la respuesta a la crisis”, analiza el impacto diferenciado entre mujeres y hombres de las medidas frente al COVID-19 y arroja propuestas para los gobiernos. Este informe de ONU Mujeres nos servirá como hilo conductor para plantear los riesgos de mujeres peruanas y niñas ante la pandemia y los efectos diferenciados sobre nosotras en el aislamiento social en tiempos de coronavirus.

En principio, resaltar que el personal de salud que se encuentra en primera línea de combate contra la pandemia tiene rostro de mujer, pues de acuerdo a ONU Mujeres las mujeres significan el 70% de quienes trabajan en los sectores de salud y sociales. En el Perú -de acuerdo al Colegio de Enfermeras- el 90% de las más de 90 mil profesionales de enfermería son mujeres, lo que tiene correlación en que la participación de la mujer continúa siendo mayoritaria en el sector público dentro de las carreras especiales (53%), por la fuerte presencia de enfermeras en el sector Salud; ellas que, además, hacen el trabajo de cuidados o doméstico no remunerado en casa, cumpliendo una doble jornada.

Sin duda un tema que atraviesa transversalmente todos los aspectos, sin que la pandemia sea una excepción, es el trabajo doméstico no remunerado o de cuidado, y como señala la ONU y organismos como CEPAL, las mujeres siguen siendo las más afectadas por el trabajo de cuidados no remunerado, el mismo que se incrementa en tiempos de crisis; en Perú de acuerdo a la ENUT 2010 las mujeres trabajamos 23 horas con 35 minutos más que los hombres en la actividad doméstica, trabajo por el que no recibimos pago alguno. Y tomando en cuenta que la saturación de sistemas sanitarios, ausencia de servicios de cuidado de niños/as y adultos mayores y al cierre de las escuelas, las tareas de cuidados recaen en la familia y dentro de ellas en las mujeres. Así, las mujeres tienen en tiempos de coronavirus la responsabilidad de atender y cuidar a los otros miembros de la familia, además de cualquier otra ocupación, sin que se haya trasladado el cuidado como un aspecto asociado con la organización social del trabajo, es decir, sin que se colectivice el cuidado o se democratice el mismo entre los miembros de la familia, entendiendo a la familia en un significado amplio e inclusivo.

Por ello, es preciso incorporar roles de género, división sexual del trabajo, responsabilidades y normas sociales para desarrollar políticas de cuidado que subviertan las estructuras por las que recaen sobre las mujeres las cargas de cuidado y se entienda que el cuidado es un pilar de la protección social y, por tanto, un derecho que debe ser asegurado por el Estado a través de sus políticas públicas,de lo contrario serán las mujeres con menos recursos las que sufrirán más las consecuencias de la pandemia.

Otro aspecto complejo es que la cuarentena afecta, particularmente, el empleo para las trabajadoras informales y las trabajadoras domésticas, reduciendo considerablemente las actividades económicas y de subsistencia, así como, actividades en sectores altamente feminizados como el comercio o el turismo; en Perú 7 de cada 10 mujeres se encuentran en el mercado laboral informal[2] en su mayoría con un trabajo de subsistencia, sin ninguna red o posibilidad de sustituir el ingreso diario por subsidios o pagos por licencias; siendo las mujeres más afectadas aquellas que tienen 3 o más hijos (86,3%), lo que se condice con que destinan más horas al trabajo doméstico y tienen menos años de educación en promedio. Es importante resaltar que el mayor porcentaje de trabajadores familiares no remunerados y trabajadores del hogar son principalmente mujeres, de ahí que el empleo informal se trate de un problema que afecta en mayor y peor medida a las mujeres.

En esa línea, las trabajadoras del hogar son uno de los grupos ocupacionales con la tasa más alta de empleo informal (92,8%), estas últimas enfrentan los desafíos derivados de la mayor carga de cuidados por el cuidado de niños y niñas durante el cierre de las escuelas y el incremento de trabajo de cuidado; así como, perder el ingreso cuando se les solicita dejar de trabajar por considerarlas un riesgo de contagio para las familias con las que trabajan. Sin duda un grupo particularmente vulnerabilizado al que se trasladan las ausencias de políticas de cuidado, la discriminación, el racismo y el clasismo.

Asimismo, resaltamos los riesgos de la violencia de género intrafamiliar contra las mujeres y niñas al interior de las casas, en el contexto del aislamiento social; en este punto ponemos sobre la mesa las cifras entre enero y febrero de 2020 del Ministerio de la Mujer y Poblaciones Vulnerables que muestran que el 97% de víctimas de violencia de género han sido mujeres, siendo -sin duda- el cénit de la violencia contra la mujer el feminicidio y su tentativa que muestran que el 61% han ocurrido en la casa de la denunciante y casa de ambos (denunciante y agresor)[3] y el 58% de agresores han tenido vínculo familiar con la víctima (enamorado, novio, conviviente, cónyuge). Asimismo, el 50% de las denuncias realizadas ante los Centros de Emergencia Mujer en lo que va del 2020 han sido por violencia psicológica, seguido por violencia física (40%) -en donde el principal agresor han sido los convivientes- y violencia sexual (10%); aunque, sin duda lo que sobrecoje es que entre las denuncias de violencia sexual el 62.8% (929) es de víctimas de entre 0 a 17 años, siendo los principales agresores las personas que se encuentran más cerca. 

En forma adicional, el informe de ONU Mujeres[4] ha destacado que los gobiernos frente a la crisis generada por el coronavirus deben reflejar “las dinámicas de género” y exhortó a las autoridades de cada país a generar datos desagregados por sexo sobre tasas de infección, analizar el impacto económico diferenciado, especialmente sobre trabajadoras informales y trabajadoras del hogar, tener en cuenta la sobrecarga de tareas de cuidados que afecta a las mujeres por la cuarentena, contemplar el incremento de los riesgos de violencia doméstica y sexual debido al aumento de las tensiones en el hogar y adoptar medidas directas de compensación a trabajadoras informales, entre otros puntos. Puntos importantes que el Estado peruano debería abordar, aunque eso le implique crecer y ampliar “lo público” y poner en marcha medidas desde un enfoque de género que entienda que los impactos de la pandemia son y serán diferentes sobre las mujeres y niñas pero, sobretodo, que es posible empujar un cambio tomando como punto de partida las políticas que hoy se plantean para atajar la crisis, sin duda, ese es el gran reto durante y post pandemia.

Finalmente, en estos tiempos de coronavirus es preciso reflexionar sobre el cuidado y autocuidado desde la sororidad tomando en cuenta que este período de aislamiento puede generar barreras adicionales para plantear denuncias, dejar a una pareja violenta, correr mayor riesgo de violencia sexual o aumentar casos de violencia psicológica y física ante las tensiones en el hogar, pudiendo convertirse los hogares en lugares peligros para mujeres y niñas; ante ello, recordar, como hoy una querida amiga feminista nos pedía -con templanza y enorme cariño- en este período de aislamiento: “no guardar silencio ante violencia” y pensar que “si no estamos en espacios seguros en casa hay que darnos aviso”. No estamos solas, nos tenemos.


[1] Comité Editorial Ojo Zurdo

[2] El 75,3% del total de la PEA ocupada femenina está en un empleo informal. Informe Anual 2018: La Mujer en el Mercado Laboral Peruano. http://www2.trabajo.gob.pe/promocion-del-empleo-y-autoempleo/informacion-del-mercado-de-trabajo/mujer-en-el-mercado-laboral/

[3] Reporte Estadístico de casos de tentativa de feminicidio atendidos en los CEM enero/febrero 2020  https://www.mimp.gob.pe/files/programas_nacionales/pncvfs/estadistica/boletin_febrero_2020/BV_Febrero_2020.pd

[4] COVID-19 en América Latina y El Caribe: cómo incorporar a las mujeres y la igualdad de género en la gestión de la respuesta a la crisis. 13.03.2017.  https://www2.unwomen.org/-/media/field%20office%20americas/documentos/publicaciones/2020/03/briefing%20coronavirusv1117032020.pdf?la=es&vs=930

Fuente de la imagen: https://www.elperiodico.com/es/internacional/20200319/onu-violencia-pobreza-mujeres-covid-19-7896063


Spread the love

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *