CUANDO CHINA ESTORNUDA

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Carlos E. Flores [1]

La siguiente frase era una metáfora muy recurrente para explicar el nivel de dependencia de nuestras economías latinoamericanas con la estadounidense: si Estados Unidos estornuda, a América Latina le da gripe. Hoy, en su sentido más estricto y literal, China estornudó y produjo una pandemia.

Pero, tengamos cuidado de los lugares comunes que pueden dar pie a las teorías conspirativas: no se trata de China, como país o gobierno. Pudo ser cualquier lugar de nuestra geografía terráquea. Salgamos de la estigmatización indicando lo siguiente: Wuhan tiene 11 millones de personas, es una de las principales ciudades chinas, realiza un aporte valioso al PIB nacional y cuenta con importantes centros científicos y tecnológicos. No en vano, cuando ocurrió la escalada del brote, nos dimos cuenta que habían muchos latinos estudiando o trabajando en ese lugar.

No era, pues, un pueblo perdido en el mapa. Con esto quiero decir que una ciudad con características similares en cualquier parte del mundo pudo ser ese “Wuhan”. Una ciudad altamente conectada, con mucho comercio y movilidad humana, siendo esto último lo que hizo posible que un problema local alcanzara proporciones mundiales.

Pero hay otro elemento: el perfil del transmisor. El virus viajó entre quienes tienen mayores posibilidades de tomar una aerolínea, sea por la comodidad o para acortar las distancias extremas. Entonces, el perfil del sujeto era de condiciones económicas de clase media. Alguien que tiene mejores opciones para poder estudiar, trabajar o viajar fuera del país. El virus, en términos generales, viajó de aeropuerto en aeropuerto (los llamados casos importados entraron por ahí). No es, necesariamente, un virus que se propagó sólo en las zonas empobrecidas de algún lugar, mucho menos se trataba de alguna enfermedad mal abordada y/o asociada con la pobreza.

Con el tiempo, los cercos para contener el virus no fueron suficientes y entró a formas de transmisión comunitaria. Es decir, ahora un contagio se podía producir fuera de la zona de riesgo o entre quienes no han estado en contacto con personas que sí dieron positivo.

Darle un elemento de clase es provocador, pero no menor. Por ejemplo, ¿qué haríamos en este momento si el virus hubiera emergido entre los caminantes venezolanos o en las caravanas de migrantes centroamericanos que cruzan las fronteras?

Por otra parte, cabe también pensar en el discurso político-comunicacional que circuló tan rápidamente como el propio virus. La fuerte presencia de internet y la masificación de las redes sociales ha sido campo fértil para lo viejo que se presenta como nuevo: las teorías conspirativas. El ser humano ha convivido con esto siempre, y así seguirá. Hoy se masifica y tiene niveles de resonancia impresionantes. Este tipo de teorías gozan de fuertes adhesiones y generan consecuencias variadas. Y esta pandemia no pudo estar ajena a dichas explicaciones conspirativas.

Un repaso. Se ha leído que el virus se creó en laboratorios militares clandestinos; y, si no fueron los militares, hubo mano de la OTAN. La finalidad de estos actores sería reducir la población china o mundial, elevadísima frente a los escasos recursos que existen. Otra interpretación es que se trata de una forma de agresión estadounidense que busca demoler la Unión Europea, a toda su institucionalidad y estilo de vida. O, están los más elaborados, que las élites globales realizan un ensayo social para disciplinar a la población e introducir, posteriormente, formas autoritarias en el mundo. De esa manera, prosigue esa teoría, existirá una especie de reordenamiento político-institucional para derribar el caduco régimen democrático. A ellos se suman quienes afirman que se busca una vacunación masiva (una alianza entre gobiernos dominantes y empresas farmacéuticas transnacionales) para insertar nano-chips que permitan controlar a las personas.

Es más, alguna teoría conspirativa dejó entrever, en clave de pregunta y como si fuera una verdad de Perogrullo: ¿no hay acaso una disputa por la tecnología 5G entre China y Estados Unidos? ¿No será esta una respuesta geopolítica china ante la presión comercial estadounidense?

Dice el adagio, piensa mal y acertarás. Sin embargo, el efecto inmediato de estos discursos es que estos discursos debilitan la confianza en las instituciones y en los regímenes políticos y, sobre todo, anulan las acciones de cuidado y prevención que las personas deben guardar ante enfermedades de esta naturaleza. Como todo es mentira, entonces, se deja de lado el autocuidado haciendo más transmisible el virus.

Entonces, la sociedad globalizada y altamente tecnologizada enfrenta su primera pandemia, que fue identificada por un epidemiólogo chino con el soporte de Inteligencia Artificial (IA). Se trataba de un algoritmo que analiza importantes volúmenes de Big Data como las noticias, el tránsito de las aerolíneas, las enfermedades producidas por animales, entre otros. Esta IA proyecta los datos y lanza las alertas respectivas a sus clientes del sector público y privado, si hubiera algo sospechoso.

El algoritmo hizo eso, pero con un adicional: también trazó la ruta que tomaría el virus para salir de China. No se equivocó, pero las respuestas de contención sanitaria fueron muy tardías.

A todo esto hay que señalar tres aspectos. El primero tiene que ver con los impactos en el campo político-institucional. No ha habido diferencia entre las posturas ideológicas políticas para aplicar medidas severamente restrictivas en nombre de la salud pública. El hecho ha sido tan visible que un grupo de relatores especiales y expertos internacionales en derechos humanos salieron a poner las alertas para evitar excesos y no aplicar discrecionalidades, en particular, a las disidencias o grupos específicos.

Lo segundo tiene que ver con el impacto en la economía. Es cierto que las pérdidas serán millonarias y todas las cadenas productivas se verán afectadas. Muchos gobiernos ya evalúan dar facilidades al sector productivo, con la opción de aplicar medidas económicas aperturistas que son rechazadas por los sectores sociales; o posiblemente condonar las deudas a las y los ciudadanos, quizá retrasando dichos pagos dando beneficios (sin cargas de interés o multas).

Sin embargo, la situación no puede mirarse sólo desde las millonarias pérdidas, se requiere también hacer un esfuerzo por preguntarnos, ¿es posible seguir creciendo ad infinitum y competitivamente? La compleja estructura económica nos conduce rápidamente a pensar que no hay otra opción. Pero, realmente, ¿no hay otra opción?

Que China haya estornudado mostró, una vez más, las hondas desigualdades que el crecimiento prometido no resuelve. Los sistemas de salud con apretados presupuestos e insuficiente infraestructura pusieron al desnudo a muchos países, sobre todo, latinoamericanos. Otro elemento más: se hizo también visible la tan mentada brecha digital. Los que no contaban con internet o dispositivos de alta gama sintieron ansiedad por el trabajo o los estudios a distancia, on line. ¿Cómo hacerlo sin los megas suficientes o con planes de datos limitados o equipos móviles de baja potencia? El pedido de quedarse en casa para evitar la transmisión del virus tuvo por momentos signos de discriminación social: quedarse en casa con los alimentos y el acceso a internet necesario cubierto con los ahorros generados, frente a quienes se ganan el sueldo día a día, el que no conoce la palabra ahorro porque tiene que llenar la olla diariamente. Entonces, si todos paran, ¿yo, qué me llevo a la boca?

Y, tercero, lo social. El virus es invisible, pero nuestros prejuicios son notoriamente visibles. Es lo peor de un virus, nadie sabe dónde está. Eso genera, en muchos, una relación de desconfianza que afecta las formas de convivencia social (de por sí ya fragilizadas por la xenofobia o el racismo). Pero, evidencia, una vez más, las persistentes desigualdades de nuestra vida social. ¿Ahondará, esta pandemia, este discrimen de valorar una vida sobre la otra? Probablemente la respuesta venga cuando se descubra la vacuna: ¿quién podrá acceder a ella? ¿Habrá políticas públicas integrales? ¿Todos los países podrán tener la cura en sus manos o deberán pasar por la lógica del mercado de pagar lo que sea necesario, incluyendo endeudarse? Y si se endeudan, ¿los habitantes de un país pagarán con medidas económicas que sigan precarizando su vida familiar y económica?

Entonces, cuando China estornudó la pandemia generada bajó en cierto modo la bruma de la vida agitada, los negocios, los viajes, la vida de entretenimiento, las disputas de las izquierdas y las derechas, las corruptelas de Odebrecht, el negacionismo ambiental, las tesis supremacistas… Bajó mínimamente esa densa bruma y nos vimos desnudos.

Nos dimos cuenta que todo puede pasar.

Se puede caer el sistema-mundo a causa de un virus.

Sólo eso.


[1] Periodista y analista político

Fuente de la imagen: https://www.elindependiente.com/vida-sana/salud/2020/02/01/china-una-potencia-vulnerable/


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1 COMENTARIO
  • Dany
    Responder

    Sabiendo que el virus ya estaba próximo al contagio en Suramérica los presidentes de todos los países dejaron las aeropuertos abiertos para que ingresara como un simple visitante de vacaciones al final el visitante se quedó como residente y cuando ya había muertos recién tomaron las acciones de cerrar las fronteras y llevar a la sociedad a cuarentena, será cierto que querían contener el virus desde el primer momento o querían que sea un recurrente viajero y aún más el residente que golpee la economía.

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