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EL CORONAVIRUS Y OTRAS PLAGAS

Maritza Ortiz [1]

La pandemia por el coronavirus ha llegado a la región con más inequidades y menos justicia social. Ha llegado a países como el nuestro con un sistema de salud precario, secuestrado por el capitalismo y la corrupción, por el machismo, la indiferencia y las diferencias de clase. Ha llegado a un país con un sistema de salud fragmentado y un débil liderazgo de las autoridades sanitarias. Ha llegado a un país en donde el neoliberalismo nos convenció que lo mejor que podíamos hacer es invertir en la salud privada y la alta especialización de las y los profesionales de la salud, dejando en el olvido al sistema público y a la atención primaria.

Esta pandemia se presenta en un país que tiene profesionales de la salud contratados bajo regímenes de explotación laboral, sin derechos ni seguro de salud, que centraliza las atenciones en las ciudades y los hospitales, mientras que desatiende las zonas rurales, marginales y periféricas. Esta pandemia se presenta en un país cuyos equipos médicos son obsoletos y se prefiere contratar empresas privadas antes que invertir en equipar debidamente a los hospitales públicos. El coronavirus se presenta en un sistema acostumbrado a ser dirigido por personas que no están preparadas ni tienen competencias para el cargo que ocupan, pero que reciben la gran encomienda de tomar importantes decisiones solo por una cadena de favores, puertas giratorias y una serie de actos que hacen que este sistema sea tal vez uno de los más ineficientes y corruptos del país.

Esta pandemia no es un problema de difícil solución solo porque seamos un país pobre, sino veamos las alarmantes cifras de morbilidad y mortalidad que tiene Estados Unidos. Resulta ser más complicada de atender cuando la perspectiva capitalista genera que se prefiera el crecimiento económico por sobre la vida de las personas, más aún cuando estas personas vulnerables no forman parte de la fuerza de trabajo que mueve las industrias. Tal vez para el presidente Trump dejar morir a los adultos mayores y personas con comorbilidades es más costo efectivo que seguir manteniendo los altos costos que significan el cuidado en las casas de reposo y el tratamiento de enfermedades crónicas que generan alta tasa de discapacidades temporales y permanentes.

Esta pandemia no es un problema de difícil solución solo porque seamos un país pobre… Resulta ser más complicada de atender cuando la perspectiva capitalista genera que se prefiera el crecimiento económico por sobre la vida de las personas, más aún cuando estas personas vulnerables no forman parte de la fuerza de trabajo que mueve las industrias.

El presidente de la república del Perú ha tomado el protagonismo de la escena y se presenta todos los días para informarnos directamente sobre cada suceso importante en torno a esta crisis sanitaria. Tomó además de manera oportuna la decisión de iniciar la cuarentena y una semana antes la suspensión de clases, pero dentro de esta medida surgen muchas situaciones y sobre todo contradicciones, pues mientras se difunde el lavado de manos y la higiene como las medidas más importantes para prevenir el contagio y la infección, más de 7 millones de peruanas y peruanos no cuentan con el servicio de agua potable ni saneamiento básico. Por otro lado, se indicó que los estudiantes harían clases virtuales, pero tenemos poco más de 1 millón de hogares sin ningún tipo de acceso a tecnologías de información y de comunicación, lo cual en porcentaje resulta ser bajo, algo de 13%, pero ¿acaso esas niñas y niños no importan lo mismo? Incluso, de esa gran mayoría de personas que sí tiene acceso, están aquellas que lo tiene solo a través de un teléfono celular que no necesariamente tiene un plan de pago que permita este sistema.

Otro punto muy importante es que se nos pide quedarnos en casa y es ahí en donde la situación se complica más. ¿Cómo se le pide no salir de casa a un país que tiene casi el 70% de su población trabajando desde la informalidad? Y los pocos que son formales trabajan bajo condiciones de explotación. Estas medidas de hecho no fueron pensadas desde la mirada igualitaria y comunitaria, porque si bien es cierto que la cuarentena es una medida fundamental, para las personas que trabajan para el día a día poco va a importar el contagio. El hambre apremia más que el temor a ser infectado. En medio de esa situación el gobierno decide encargar a las fuerzas armadas la tarea de obligar a las personas a mantenerse en sus casas, generando así el clima perfecto para el abuso de poder y la violencia. Desconozco si es más peligroso que una persona se contagie con el virus o que reciba una contusión severa que le produzca secuelas y posteriormente, una incapacidad, o de pronto hasta la muerte. Eso sin contar con las formas en cómo estas intervenciones se realizan, las cuales representan riesgos mayores de contagio porque rompen la distancia social y producen hacinamiento.

Y en medio de toda esta crisis está el personal de salud que le toca enfrentar la dura tarea de recibir pacientes que sobrepasan la capacidad de sus servicios, no solo por la cantidad incrementada, sino por la poca capacidad resolutiva que estos poseen. Además, no cuentan con la indumentaria requerida que evitaría el contagio. Están expuestos a situaciones difíciles de afrontar porque es ahí donde se evidencia más la falta de gestores, salubristas y epidemiólogos. De pronto toda la cantidad de jefes improvisados se ven rebasados cuando son incapaces de gestionar compras de equipos adecuados, alimentos y transporte seguro, mientras tampoco hacen una evaluación del escenario de manera integral. Todo se centra en la mirada hospitalocéntrica, que hace que se genere la necesidad de super especialistas en unidades críticas y de emergencia; así como la de equipos sofisticados como los ventiladores mecánicos, entre otras discusiones como si la hidroxicloroquina es o no efectiva, o si la vacuna llegará pronto. Y en medio de esa crisis se desplazan médicos aún en formación para dar la cara en las unidades críticas de los hospitales, se contrata personal sin vínculo laboral, tanto para los hospitales como las centrales telefónicas, que lamentablemente solo pueden contestar para pedir datos e indicar que esperen en sus casas por una prueba que tal vez nunca llegue.

De pronto toda la cantidad de jefes improvisados se ven rebasados cuando son incapaces de gestionar compras de equipos adecuados, alimentos y transporte seguro, mientras tampoco hacen una evaluación del escenario de manera integral. Todo se centra en la mirada hospitalocéntrica, que hace que se genere la necesidad de super especialistas en unidades críticas y de emergencia…

Lo que se debería hacer, además de reforzar las unidades críticas, vitales ante la posibilidad de que las personas masivamente llegarán a presentar complicaciones graves, es reforzar el primer nivel de atención, ya que la gran cantidad de pacientes infectados podrían permanecer tranquilamente en sus casas y en aislamiento si el sistema pensara más allá que solo el equipamiento de hospitales. Para ello es fundamental potenciar este primer nivel y reforzar las líneas telefónicas con esos mismos profesionales que tengan las competencias para poder encargarse de seguimientos a través de todas las vías de comunicación posibles. Ello posibilitaría hacer triajes adecuados que permitan que tanto el servicio de atención móvil prehospitalario y el de emergencias no se saturen, minimizando las posibilidades de contagio y logrando que estos servicios estén disponibles para las reales emergencias, tanto por la enfermedad respiratoria, como las otras emergencias que se continuarán presentando.

El primer nivel de atención debiera estar en una situación más protagónica. Lamentablemente la mirada que se tiene de la salud, como consecuencia de tener una política económica capitalista, genera que no se piense en una salida más efectiva y sobre todo más humana, que respete a las personas y asegure que la salud sea un derecho y no una mercancía negociable. Esta crisis nos ha evidenciado que la sanidad pública es una necesidad incluso para los ricos y que la fragmentación de nuestro sistema es una barrera muy grande para poder gestionar toda la avalancha de situaciones no previstas que se nos vienen. Esperemos que los cambios en el ministerio reorienten los focos reflectores hacia las necesidades vitales y que las personas que hoy tomarán las medidas que nos salvarán la vida tengan la perspectiva que este tipo de situaciones de salud ameritan. Y es que no solo estamos hablando de una crisis sanitaria que se soluciona con la compra de pruebas y equipos de ventilación mecánica, pues se trata de una crisis de salud en un contexto político y social muy adverso. Vivimos en un país invadido por la corrupción, en un país machista en donde todos los días una mujer muere en manos de su pareja y ante esta cuarentena se ha encerrado a las mujeres al lado de su potencial asesino y a las niñas junto a su violador.

Es necesario seguir manteniendo las estrategias de atención de pacientes con enfermedades crónicas que son justamente la población que podría requerir servicios de unidades críticas, pues estos han sido abandonados al no existir un sistema que mantenga su operatividad, respetando la cuarentena y el distanciamiento social. Asimismo, es necesario mantener los servicios de control de natalidad, como también la atención a los adultos mayores y pacientes postrados que ya de por sí están abandonados por el sistema, pues no hay un servicio que asegure la atención en sus domicilios, salvo el de la seguridad social que por lo menos en teoría existe como una buena posibilidad.

El sistema de salud debe ser público o no servirá.


[1] Médica con estudios en salud pública y epidemiologia

Fuente de la imagen: https://peru.as.com/peru/2020/03/17/tikitakas/1584478293_353438.html

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LA AMAZONÍA Y SU DESIGUALDAD: NOTA SOBRE EL DESARROLLO

Roger F. Grández Rios [1]

Realizar un mapa a mano alzada de la cobertura de la Amazonia esbozaría una figura de cinco departamentos que concentran el 100 por ciento de selva que comprende los departamentos de Amazonas, Loreto, Madre de Dios y Ucayali. Ello representa el 50.4% del territorio nacional y una riqueza natural expresada en su biodiversidad que es su principal capital y su riqueza en hidrocarburos (petróleo y gas), lo cual debería producir que sus habitantes sean los ciudadanos más felices de la tierra. Sin embargo, la situación no es así.

El 21 por ciento de su población se encuentra en situación de pobreza (INEI, 2018), con 569 mil personas que se encuentran en pésimas condiciones para parar la olla y tener una familia digna en buenas condiciones de salud y educación. Si se añade variables sociales (y no monetarias) como acceso a servicios básicos, niños y niñas que trabajan, anemia, mujeres jóvenes embarazadas, bajos logros educativos y nivel de analfabetismo, la vulnerabilidad del territorio se vuelve más evidente y refleja a plenitud a un Estado que no tiene una idea exacta de qué hacer con la amazonia, con sus poblaciones rurales, de frontera y de comunidades nativas. De acuerdo al índice de vulnerabilidad de las personas en el territorio (CEPLAN, 2019) con información de los resultados del censo 2017, la amazonia (49,3) supera largamente el índice promedio nacional (36.6), y son los departamentos de Loreto y Ucayali los territorios con mayor vulnerabilidad (primer y segundo lugar).

¿Y por qué es pobre y desigual un territorio con tanta riqueza?

El bosque y las aguas es la renta estratégica de la amazonia de aquí para adelante. Es la oferta de mayor importancia en valor para el mundo, como producto de un crecimiento exponencial de la humanidad concentrado en megaciudades que van a demandar bienes (y servicios) en mayor cantidad y con mayor preferencia de productos orgánicos provenientes de espacios y territorios donde el origen del bien tiene garantizado su sostenibilidad, transparencia y trazabilidad. Y el mundo sabe que la amazonia es la garantía que va sostener la existencia de la humanidad; y en este propósito distintos gobiernos, instituciones y organizaciones del mundo vienen ya interviniendo en la amazonia con objetivos claros, ya sea con tratados (y acuerdos) internacionales, cooperación y apoyos, frente a un Estado que no tiene claro qué hacer con su amazonia. Allí radica nuestro principal problema: no se tiene un plan de desarrollo de la Amazonía y de selva baja, lo cual ya es una amenaza, al desconocerse exactamente cuál va ser la función del Estado para conservar los bosques y proporcionarle las herramientas para potenciar su desarrollo, y un desarrollo que venga desde el interior y desde adentro. Esa acción no existe. Se viene ensayando distintas estrategias que no dan resultado y replicando casos de intervención en territorios donde sus modos y forma de vida son distintas y las condiciones climáticas y de sus suelos refuerzan la hipótesis que se tiene que tener políticas diferenciadas para intervenir en la Amazonía.

El bosque y las aguas es la renta estratégica de la amazonia de aquí para adelante. Es la oferta de mayor importancia en valor para el mundo, como producto de un crecimiento exponencial de la humanidad concentrado en megaciudades que van a demandar bienes (y servicios) en mayor cantidad y con mayor preferencia de productos orgánicos…

El mundo sabe que utilizando adecuadamente o racionalmente su capital natural, sobre condiciones mínimas, los ciudadanos de la amazonia pueden ser los más felices del mundo. Su territorio concentra el 85 por ciento de los bosques a nivel nacional, de los cuales, solamente Loreto representa el 51 por ciento, y a pesar de sus condiciones adversas de hoy, tiene un potencial de desarrollo de enormes proporciones, y solamente falta identificar el detonante y los aceleradores.

Si utilizáramos solamente el 5 por ciento del bosque de la amazonia para fines productivos, turísticos y de conservación, dentro de un marco de gobernabilidad de los recursos e instituciones, el ingreso mensual de las familias pasaría de s/860 (US$260) según PENUD 2019 a s/41 mil (US$ 13 mil) calculados por el suscrito sobre la base de ingresos de US$28 mil por hectárea. Para el caso de Loreto, por su amplitud de sus bosques (60 por ciento de la Amazonía) y extensión de sus aguas (65 por ciento de agua dulce) es la que tiene mayor ventaja (naturales) para desarrollar sus potencialidades y convertirlos en un capital comercial, en dinero que compre. Así, los cálculos para Loreto, aprovechando el 5 por ciento de sus bosques y aguas, el ingreso familiar mensual tendría un aproximado de s/69 mil (US$21 mil); por supuesto que los mayores ingresos, por efecto compensación y focalización del esfuerzo productivo, se concentraran en las zonas rurales y comunidades nativas.

Sin embargo, un freno a este proceso de mejorar la calidad vida de sus poblaciones y las  condiciones de gobernabilidad de sus recursos para la prosperidad, radica en los mitos que aún persisten sobre la amazonia: espacios vacíos, desconectados, suelos no aptos para la agricultura, los bosques son eternos, marco legal promotor y otros que se superponen sobre el accionar de políticas públicas para identificar procesos que desencadenen y arrastren cambios sustanciales y cuánticos en un mundo de cambios rápidos y procesos tecnológicos asombrosos. Al mismo tiempo, es asombroso la magnitud de sus equivocaciones y la rapidez en que se propagan sus efectos tan potentes y dañinos que pone al descubierto que estamos en un mundo frágil y dominado por la mezquindad y la codicia.

Sin embargo, un freno a este proceso de mejorar la calidad vida de sus poblaciones y las condiciones de gobernabilidad de sus recursos para la prosperidad, radica en los mitos que aún persisten sobre la amazonía: espacios vacíos, desconectados, suelos no aptos para la agricultura, los bosques son eternos…

A estas alturas, y con jugadores de todo tamaño y calibre, la matriz económica y productiva de la amazonia sigue siendo del siglo XIX: extractivo-comercial-especulativo, con todos sus agravantes que dé él se generan. Por ejemplo, degradación de los bosques, mano de obra no calificada, pobreza estructural y desigualdad. El Estado, con sus intervenciones multisectoriales ahora, como aquellas de carácter sectorial y unilateral de años anteriores, continúa promoviendo la desigualdad y la inercia de seguir haciendo lo mismo: destruyendo el capital natural y subutilizando el capital humano de enormes capacidades y habilidades. Sobre todo en el ámbito rural, donde los programas para proveerles de vitaminas a la juventud, que son los conocimientos técnicos y tecnológicos sobre la base de sus potencialidades territoriales, para poder avanzar y generar disrupciones, no se encuentran diseñados. Si bien Beca 18 tienen sus objetivos y resultados que mostrar, en comunidades campesinas y nativas, todavía no es muy claro en su determinación por varias razones, entre ellas la localización y equipamiento de la infraestructura de enseñanza y una curricula no pertinente que contrasta con las habilidades humanas y potencialidades de la zona.

El comercio, con todos sus vicios, sigue siendo uno de los fenómenos sectoriales que le da vida a la economía, y si algo tenemos que apuntar para la implementación de políticas públicas, sobre todo en espacios distantes y dispersos como Loreto, es que se necesita más estado que mercado. El comercio informal e intermediarios se cargan con el esfuerzo productivo de la zona rural, tienen mayor ventaja en la formación de precios y de negociación, y en ese intercambio, como es natural, el balance es desproporcional.

El marco tributario, desde la ley 15600 allá por los años 60s y la Ley 27037 y todas aquellas normas promotoras sectoriales, como aquella del Reintegro Tributario, fue legislada en promover el comercio especulativo y la acumulación de capital privado que no dio y no da un segundo paso: reinvertir en cadenas productivas. La legislación en la amazonia debe tener dos objetivos gemelos: promover la producción y productividad y generar ingresos sostenibles, especialmente del campo. Solamente en los últimos 14 años se devolvieron a los comerciantes por devolución del IGV llamado reintegro tributario, la cantidad de s/ 1 mil 400 millones, sin considerar los múltiples casos de defraudación tributaria por tráfico de combustibles y el uso indebido de beneficios tributarios, que no ingresaron a la economía para generar empleo de calidad y sostener una agroindustria en potencia.

Crear infraestructura e incrementar el stock de capital para mejorar la calidad de vida de las personas o, lo que es lo mismo ahora, cerrar brechas, no lo es todo. Si bien es necesario y fundamental este esfuerzo público y gubernamental, porque es un principio humano y de justicia constitucional, es un medio para garantizar la existencia de sus ciudadanos, el mismo que fue acompañado de marcos legales que promovieron el comercio especulativo y la descapitalización del campo, a excepción de unidades empresariales de transformación asentadas en su gran mayoría en los departamentos de Ucayali y San Martín. La apertura de carreteras troncales como la marginal de la selva y la Federico Basadre de hace 5 décadas y la carretera Yurimaguas-Tarapoto conectando a la red nacional de carreteras de hace una década, le cambiaron la vida económica y social a la amazonia para siempre. Su balance es impreciso, como impreciso es su futuro y su presente lo conocemos todos, y el Estado, desde el gobierno, no tiene la intención de cambiar la posición de la amazonia en el tablero global y reflejar su enorme potencial, como diría un personaje cómico mexicano, prefiero evitar la fatiga.

Crear infraestructura e incrementar el stock de capital para mejorar la calidad de vida de las personas o, lo que es lo mismo ahora, cerrar brechas, no lo es todo.

Los trazos carreteros y su conexión ganaron exponencialmente la pista urbana creando ciudades desordenadas y volviéndolas invivibles, como es Iquitos; cambio rápidamente la capacidad del suelo rural, aumentando la deforestación y matando suelos productivos y de conservación; y la invasión de colonos en busca de el dorado que vienen explotando la tierra en su máxima expresión, avanzando de manera incontenible.   

¿Qué hacer? ¿Qué se necesita?

La amazonia requiere de técnicos y tecnólogos (artesanos con habilidades) y un financista global. El valor del bosque (utilizando solamente el 5 por ciento de su capacidad de terreno) y el valor de sus aguas (sin cuantificar) es de US$82 mil millones; y el gran problema del Estado es cómo financiar las necesidades de infraestructura básica de la enorme deuda social que tiene con la amazonia, que en la práctica es la más olvidada. Si para cerrar estas brechas se necesitan alrededor de US$12 mil millones, entonces exploremos la posibilidad de crear instrumentos financieros para garantizar suministros de fondos para tres niveles de intervención: a) para crear infraestructura básica mínima y transformar capital humano; b) crear institucionalidad para promover políticas públicas diferenciadas; c) promover diversificación productiva y turismo rural; todas ellas tendrán un solo objetivo: crear un marco apropiado de intervenciones habilitantes transversales para acceder al recurso y transformarlo en las condiciones de sostenibilidad y enfrentar al mercado cada vez más exigente de productos orgánicos.

Si esperamos al gobierno y a sus instituciones para que la amazonia pueda cambiar el rumbo de su destino, es postergar el futuro de nuestros hijos. El estado no lo va hacer y cree que con sus intervenciones está haciendo, desde su propio saber y entender, lo justo y necesario. La propuesta tiene que venir desde adentro y desde sus ciudadanos, y desde sus comunidades que, con sus planes de vida y otras formas de expresar sus necesidades públicas, tienen que convencerse (como todos nosotros) que los bosques y sus aguas es la alternativa más segura de cambiar el perfil de la amazonia, y que será diferenciada aún entre nosotros mismos.

Crear artesanos con habilidades es una apuesta a ganador. La vitamina que va detonar los cambios cuánticos, no serán carreteras ni infraestructura física, será formar una legión de jóvenes en técnicos y tecnólogos, calculado en 15 mil jóvenes comprendidos entre los años 18 a 29 años (actualmente este grupo poblacional suman 491 mil en la amazonia) con una inversión de s/298 millones para los próximos 3 años. Y en las comunidades nativas distantes y aisladas, invertir en las mujeres para combatir la anemia y DCI es vital, minimizando esfuerzos y maximizando resultados: la seguridad alimentaria primero, por encima de cualquier cosa.

Identificar y desarrollar potencialidades productivas en base a las cualidades del territorio, para habilitar inversiones y negocios de alta rentabilidad, como respuesta a un sistema de proveedor de materia prima e insumos de bajo costo y de baja calidad. La madera y los productos no maderables, serán los emblemas de este proceso de cambios cuánticos, acompañado del turismo rural en un ambiente donde se debe crear comunidades saludables con un programa de chozas dignas utilizando materiales de la zona sin trastocar su diseño original, con todos los servicios básicos para una vida decorosa.

Plantear y definir corredores y/o franjas socioeconómicas espaciales (no especiales) sobre la base de cuencas y sus potencialidades conectadas entre sí, van a definir la visión de una Amazonía próspera, integrada y facilitadora para un desarrollo humano, sostenible y con menor desigualdad.


[1] Director del Instituto de Desarrollo Socioeconómico (IDS). Prospectiva Amazónica. Iquitos, 24 de Marzo de 2020.

COVID-19

ALEMANIA, PERÚ Y LA CRISIS VIRAL

Andreas Baumgart [1]

Una querida compañera peruana y cosmopolita me pidió proporcionarle información sobre el manejo de la crisis del Corona Virus en Alemania. Aquí un intento de resumir lo que me parece importante. Obviamente es una interpretación subjetiva y no terminada, porque la crisis aún no caduca. Aproveché para hacer algunas comparaciones entre Alemania y Perú en base a mis modestos conocimientos de ambas sociedades. Además, aproveché el tema para ubicarlo en un contexto más amplio de crítica del sistema de mercado, en el que todos estamos avasallados y al que estamos subsumidos en totalidad, queramos o no.

I

En Alemania el virus no está controlado aún. Cierto es que la mortalidad es muy inferior a la de Italia, España y algunos otros. Por el momento existen 43.938 infecciones comprobadas, tendencia creciente, 267 fallecidos y alrededor de 5.700 recuperados. Sin embargo, hay que considerar que la pandemia no alcanza su tope en Alemania. Se espera aún un alza significativa. Además, las estadísticas de las diferentes naciones varían bastante en sus métodos analíticos. Dependen entre otros de la base de datos, la cantidad de pruebas tomadas, regiones aún no consideradas y la composición de la pirámide de edades. Los científicos constatan que las condiciones de vida, la polución, nutrición, enfermedades crónicas y el excesivo uso de antibióticos causan diferentes niveles de debilitamiento del sistema inmunológico de las personas en diferentes regiones, ciudades y estados.

En Alemania el gobierno coordina a diario con el Robert Koch-Institut. Es un instituto estatal, pero independiente en su accionar: https://www.rki.de/DE/Home/homepage_node.html. Este investiga y analiza el desarrollo del virus en coordinación con institutos en todo el mundo y en Alemania misma. El instituto aconseja al gobierno las medidas a tomar. Todos los días informa oficialmente en la televisión estatal sobre el desarrollo en torno al virus en Alemania y todo el mundo, además de dar consejos a la población. Esto propicia alta seriedad y claridad para la población. Como en todo el mundo, existen conjuras de sobra y harta desinformación en las redes, pero la gran mayoría de la población confía en las informaciones del gobierno y del instituto Robert Koch.

Alemania empezó tomando pruebas únicamente a personas con síntomas graves, debido a la reducida cantidad de kits de pruebas. Sin embargo, se logró aumentar su producción y por el momento se ha logrado tomar pruebas a medio millón de personas por semana. Nos acercamos a la estrategia de Corea del Sur, tomar la máxima cantidad de pruebas posibles, que resultó ser muy efectiva.

No todas las personas que desean tomar una prueba lo pueden hacer. El sistema funciona de la siguiente manera: cuando tienes síntomas básicos como fiebre, tos, constipado, a veces diarreas y/o también fuertes dolores de las extremidades, avisas a tú médico. Como cada persona tiene seguro de salud, todos tienen por lo menos un médico de familia (Hausarzt). Este indica cómo proceder. O te hace ir a su consultorio, pasa por tu casa o te envía directamente a una estación municipal para tomar una prueba. Si te encuentras en estado de emergencia, te hace ir directamente a una clínica. Si no tienes todos los síntomas, te aconseja quedarte en casa en cuarentena. Los consultorios están al borde de sus capacidades, allí faltan equipos de protección. En este sentido estamos más mal que bien, pero las clínicas están relativamente bien equipadas.

Las clínicas están empezando a crear centros de pruebas separados de la atención médica cotidiana para no poner en peligro a la gente. Si estás con urgencia, también te puedes dirigir directamente a la ambulancia de una clínica, pero existe la posibilidad, si faltan síntomas claros, que no te atiendan.

Conforme se producen más kits de pruebas se instala el “Drive Ins” como en Corea del Sur, donde te puedes tomar la prueba en tu automóvil. Esto minimiza el peligro de contagio. Obviamente esto solo funciona si no hay prohibición de circulación ni toque de queda. El manejo exige bastante disciplina de parte de los ciudadanos.

El debate sobre la soberanía de los estados federados es fuerte, pero la población exige una política centralizada nacional para abordar esta crisis. Recién desde este lunes 23 de marzo tenemos reglamentos nacionales, aprobados por el Bundestag (parlamento) y Bundesrat (consejo de estados).

Alemania es un estado federado y la salud es cuestión federal y en menor medida nacional. Cada estado regional puede imponer propios métodos y prácticas. Esto llevó a diferentes medidas en las regiones. Baviera y ciudades como Friburgo tuvieron y tienen las reglas más rígidas por sus cercanías a las fronteras con Francia y Austria. El debate sobre la soberanía de los estados federados es fuerte, pero la población exige una política centralizada nacional para abordar esta crisis. Recién desde este lunes 23 de marzo tenemos reglamentos nacionales, aprobados por el Bundestag (parlamento) y Bundesrat (consejo de estados). Estos prohíben entre otros la circulación de más de dos personas juntas, reuniones privadas y fiestas con ajenos o familiares que no residen en tu hogar, una distancia de 1 ½ a 2 metros entre las personas en cualquier sitio y el cierre de todos los servicios y locales que no sean de necesidad básica. Escuelas, universidades, jardines de infancia están clausuradas. Sin embargo, existe un cuidado de emergencia para niños de familias y personas que trabajan en los sectores elementales de la salud. Únicamente tiendas de abastecimiento nutricional y productos de uso diario, farmacias y bancos pueden abrir. Puedes salir al parque, a la calle y hacer deporte al aire libre. Solo, se entiende. No hay toque de queda ni prohibición de circulación. Se supone que la gente se atiene a las reglas decretadas. La mayoría de las empresas productivas siguen funcionando, aunque muchos pasaron a jornadas reducidas. Siempre y cuando sea posible, se transfiere las tareas al Home Office.

Fuente: http://www.rfi.fr/es/20200309-alemania-supera-los-1000-casos-del-nuevo-coronavirus

II

A pesar de todos los problemas, estamos relativamente bien. No tocaré aquí todos los aspectos negativos individuales o sociales que surgen y surgirán conforme se prolongue el aislamiento generalizado. Aquí va una pequeña lista de factores que me parecen decisivos para la aún aceptable situación. De hecho, se trata de un análisis subjetivo, personal.

1. Alemania tiene una infraestructura sanitaria muy amplia y técnicamente avanzada. A pesar de las privatizaciones de las clínicas en las últimas décadas, y del ahorro en personal y camas, sigue siendo buena la cobertura general. Esto permite, por ahora, un tratamiento de los pacientes con Corona Virus de manera adecuada e impide una alta mortalidad.

2. Alemania es un país altamente industrializado y con una amplia infraestructura tecnológica. Esto permite, en caso sea necesario, aumentar la producción de insumos sanitarios dentro de un espacio relativamente corto. Actualmente no hacen falta equipos de respiración ni personal para manejarlos. Eso sí, están al límite de esfuerzos y en algunos casos mal abastecidos, pero se progresa rápidamente. Esto permite incluso el tratamiento de personas en estado crítico de Francia y Italia, que son desplazados hacia hospitales alemanes en helicópteros.

3. Debido al alto grado de descentralización federal, la infraestructura avanzada está generalizada en toda Alemania. Hay desniveles entre el campo y la ciudad, pero no son muy acentuados. Dos tercios de la población viven en el campo y ciudades pequeñas. Justamente la buena infraestructura regional permite esta amplia dispersión de la población. Un tercio vive en una de las 85 ciudades con más de 100000 habitantes. Solo existen 4 ciudades sobre el millón de habitantes.

4. La amplia existencia de ciudades de pequeño y mediano tamaño, la fiscalización regional, la redistribución del presupuesto nacional conforma las necesidades de los estados federados y la transferencia presupuestal de estados federados con mayores ingresos hacia los de menos ingresos, garantizan el mismo nivel de abastecimiento sanitario y nutricional para la gran mayoría de la población en Alemania, incluyendo inmigrantes y fugitivos. La única ciudad realmente grande es Berlin (con 3,7 Mio.) y es allí y en Múnich (1,4 Mio.) donde hubo inicialmente los más grandes problemas con el manejo del virus, debido a que mucha gente no se acogía a los consejos y se seguía realizando amplia vida nocturna y eventos de gran envergadura.

La amplia existencia de ciudades de pequeño y mediano tamaño, la fiscalización regional, la redistribución del presupuesto nacional conforma las necesidades de los estados federados y la transferencia presupuestal de estados federados con mayores ingresos hacia los de menos ingresos, garantizan el mismo nivel de abastecimiento sanitario y nutricional para la gran mayoría de la población en Alemania, incluyendo inmigrantes y fugitivos.

5. Dentro de las ciudades hay suficiente infraestructura en tiendas de comestibles, supermercados y farmacias. Esto impide que la gente se tenga que aglomerar para adquirir víveres y medicinas.

6. No existen grandes mercados abiertos con alta convulsión de consumidores. Los malls son de número reducido y relativamente modestos, en general más pequeños que los peruanos.

7. La infraestructura de transporte público es amplia y permite evitar, aparte de horas punta, una aglomeración de gente. Además, la mayoría de la gente tiene coche propio.

8. No existe la informalidad, que obliga a la gente a transitar e instalarse en las calles. Mercados tipo Gamarra, legales, informales e ilegales no existen, con pocas excepciones.

9. La gran mayoría de la población es muy disciplinada y se acoge a las medidas aconsejadas y ordenadas.

10. A diferencia de otros estados europeos, Alemania ha mantenido una disciplina fiscal-financiera muy rígida. Esta política ha sido muy criticada en Europa y dentro de Alemania misma. Los grandes ahorros se hicieron a costo de los ingresos y nivel de vida de los más necesitados y hubo un fuerte deterioro de la infraestructura estatal nacional. Pero esta política ahora permite lanzar el paquete financiero más amplio de la historia del país. Incluso más alto que el de la crisis financiera del 2007/8. Varios cientos de billones en ayuda directa e indirecta a empresas grandes, medianas, pequeñas, microempresas e independientes de todo tipo. Subvenciones masivas para pago de salarios en empresas en crisis. Aplazo de pago de impuestos por un tiempo para empresas e independientes en peligro y varias medidas más. Todo esto permite a muchísima gente quedarse en casa sin graves consecuencias para su ingreso. Esto sirve para mantener distancia física y acatar las medidas de aislamiento.

Concluyendo: las ventajas claves son la buena infraestructura generalizada, la industria y la base tecnológica. Un sistema de salud, muy cuestionado siempre, pero en perspectiva internacional bastante bueno. La ausencia de informalidad masiva. Gente más o menos racional y disciplinada.

Fuente: https://elpais.com/especiales/2020/coronavirus-covid-19/un-mundo-de-calles-vacias/

III

No podría decir si el tratamiento alemán de la crisis del virus pueda ser ejemplar también para el Perú. Las condiciones son muy diferentes. Más bien sería ejemplar el regionalismo y la cobertura casi total con infraestructura moderna.

Ahora, la crisis aumentará el déficit financiero y acelerará el derrumbe de la burbuja especulativa-financiera ya existente, con gravísimas consecuencias para la producción industrial y monocultura agrícola mecanizada. Los países industrializados son altamente vulnerables en tiempos de crisis masiva por sus estrechas interrelaciones económicas y cadenas de producción “just-in-time” (producción justo al tiempo).

Los países como el Perú, con todas las desventajas existentes y su orientación extractivista y exportadora, aún mantienen un nivel de producción agraria nacional muy alta. Esto puede ser una gran ventaja, si se logra frenar la agricultura para la exportación e implementar políticas de desarrollo regional y para el abastecimiento regional. Se tendrá que romper con el clásico esquema de la producción para el mercado y orientarse a otras formas de distribución directa y producción colectiva y apoyo mutuo. El Perú aún tiene la chance de promover un agro para el autoabastecimiento de la sociedad en el territorio peruano de alta calidad y abundancia. Esto no significa aislarse del mundo y dejar de modernizar el agro. Pero debería ser de una manera adaptada a las condiciones regionales.

Los países como el Perú, con todas las desventajas existentes y su orientación extractivista y exportadora, aún mantienen un nivel de producción agraria nacional muy alta. Esto puede ser una gran ventaja…

Otro aspecto central es el desarrollo industrial y digital, poniendo el énfasis en las necesidades y posibilidades que rigen en el Perú y que existen en la población. Para ello es indispensable una cooperación internacional que permita implementar las tecnologías más avanzadas en el sentido ecológico, sostenible y manejable. Construir en torno a ellas una nueva infraestructura energética, digital e industrial adaptada. No propago un nacionalismo, ni para el Perú ni para cualquier otro estado. Lo considero una ideología de construcción de identidad imaginaria, abstracta, que no está dirigida a los individuos concretos y sus necesidades concretas. Separa a los hombres y los somete a competencia hasta la guerra. El desarrollo se debe destinar a los individuos, considerando las especificidades regionales y personales y no a entidades imaginadas como naciones, masas, pueblos, etnias y razas. El intercambio humano a nivel mundial es indispensable. Enriquece a los seres humanos, los acerca y amplía sus conocimientos y expresiones culturales. Esto no significa dejar de practicar y mantener tradiciones regionales, autóctonas, conforme las personas y grupos lo deseen, siempre y cuando consideren también el amplio desarrollo del individuo.

Fuente: https://andina.pe/ingles/noticia-peru-agroexports-totaled-4359-billion-between-janoct-2017-692094.aspx

IV

El Corona Virus nos visualiza la fragilidad de la sociedad de mercancía, que hace dependiente el destino de la humanidad de los mercados, del intercambio de mercancía, de la puesta en valor de toda expresión humana para su comercialización, el trabajo asalariado como motor de la producción de valor. Estoy convencido que el sistema monetario, el sistema del valor se acaba. No necesitamos valores sino productos útiles y conocimiento compartido por todas y todos. En este sentido urgen los debates sobre las posibilidades concretas de cooperación y comunicación directa sin interferencia del dinero y la propiedad. Y urge el debate sobre el camino a tomar, para lograr esa meta.

En la economía de mercado o el capitalismo (sinónimos), lo que importa es el valor. Es el precio. La rentabilidad monetaria, que define lo que se produce, cómo y cuánto. Convertir dinero en más dinero es la obligación de todo emprendedor. Sin ser competitivo y lograrlo, se hunde en corto tiempo. Tampoco es el esfuerzo de tu labor en sí lo que define cuanto te corresponde de la torta. Es el ingreso monetario individual. El mercado en crisis dice: si las empresas pierden su valor, ya no existen. Se cierran y para la producción. Los asalariados son despedidos. Sin ingreso monetario y poder de adquisición son superfluos. En última consecuencia muere la gente de hambre al costado de fábricas, edificios, tecnologías, cualidades, habilidades y conocimiento realmente existentes, porque no son de su propiedad, no tienen expresión de valor y por ende están excluidos de todo uso. Prohibido reproducirse en base a lo existente.

Si tienen comentarios, no duden en hacérmelos llegar.

Saludos solidarios y fuerza para salir de la crisis y desarrollar alternativas transcendentes.


[1] Hamburgo, 27.03.2020

COVID-19

LA ESTRATEGIA DE SECURITIZACIÓN DE LA SALUD

Luciana Jáuregui Jinés [1]
Marcelo Arequipa Azurduy [2]

En las últimas semanas el crecimiento exponencial de los casos de Coronavirus ha enfrentado a la humanidad a una experiencia poco común. No es que las epidemias sean algo nuevo, sino que la globalización suscita una rápida viralización espacial de la enfermedad como fruto de la intensificación de los flujos de personas, bienes y servicios y la poca capacidad de acción de los Estados nacionales para contenerla.  El fenómeno ha puesto en cierto modo en cuestión el credo liberal, obligando, en la mayoría de los casos, a revitalizar las estructuras estatales, a fin de responder al desborde de la accesibilidad y la capacidad efectiva de los sistemas de salud privatizados. Quizás la novedad sea la forma en que la pandemia ha instalado un nuevo germen de organización de la sociedad, aunque aún ni el derrotero pedagógico o disciplinador del proceso abierto con la enfermedad se vislumbre con nitidez.  

Lo cierto es que la salud se ha convertido progresivamente en un tema de seguridad nacional, en la medida en que la expansión de la enfermedad afecta considerablemente a la población y a la economía del Estado. En correspondencia, se ha puesto en marcha un proceso de securitización de la salud como un recurso práctico de resolución de la crisis por medio de una movilización inusual de recursos técnicos y económicos, pero a su vez de despliegue de un dispositivo de poder que se nutre de la retórica del peligro a fin de justificar medidas excepcionales que operan por fuera de los mecanismos ordinarios de decisión política. La securitización de la salud supone su desplazamiento de la esfera pública a un ámbito restringido de las normas y procedimientos democráticos establecidos, en la que los gobernantes buscan dotarse de atribuciones excepcionales enmarcando la enfermedad dentro de una situación de amenaza y monopolizando el manejo de aquellos temas que han sido securitizados. Desde esta perspectiva, interesa menos abordar las causas estructurales y ecológicas de los problemas de salud y más construir un sistema de vigilancia epidemiológico que proteja coyunturalmente a los Estados de las enfermedades infecciosas. Así, se construye progresivamente un discurso político en el que la protección de la población y la gestión de la nueva inseguridad -la enfermedad- debe darse transgrediendo las competencias tradicionales del uso de la fuerza. 

Sin embargo, éste no es un proceso unidireccional. La vulnerabilidad humana frente a una economía de la salud mercantilizada y una lógica que replica el darwinismo social de antaño instala una predisposición subjetiva que evoca una añoranza colectiva cuasi hobbesiana del retorno del Estado. La securitización de la salud supone también un modo por el cual el gobierno encauza los miedos sociales en un determinado sentido, legitimando el aumento de sus prerrogativas e intervenciones estatales con amplia aceptación colectiva. Para esto, despliega una narrativa de la enfermedad que construye una dicotomía entre un adentro susceptible de verse afectado por un afuera ya infectado, que insta a solapar las divergencias internas y encumbrar una supuesta unidad nacional. En correspondencia, se implementa una respuesta que se asume  global y “universal” y que tiende a homogenizar a las poblaciones privilegiando ciertas racionalidades y valores en un contexto de heteronegeidad. De ese modo, la narrativa de la enfermedad como inseguridad reorganiza a los actores políticos y las relaciones entre los sujetos, haciendo incluso que ciertas realidades, espacios y poblaciones sean visibles y se conviertan en sujetos de intervención.

Lo cierto es que las dimensiones políticas, ideológicas, culturales y económicas en las que se inserta la enfermedad son en cada lugar definitivamente otras. En Bolivia el virus penetra cada vez más en las grietas estructurales y coyunturales de una sociedad que nunca ha podido ser una. El discurso de la securitización de la salud se instala en el marco de la precariedad institucional, la falta de cohesión política y la desigualdad social. Las circunstancias más próximas remiten efectivamente a una coyuntura electoral decisiva en la que el gobierno transitorio busca sortear su continuidad en medio de la crisis sanitaria, mientras que en perspectiva la pandemia ensombrece la carencia de un proyecto post hegemónico de poder. El gobierno actuó hasta ahora al margen de una política integral y bajo dos modalidades contradictorias: primero, mostrando señales tardías de decisión política enfocados casi exclusivamente en los conglomerados públicos en contraposición a la efectividad mostrada en los niveles subnacionales; segundo, y como efecto del desborde de  lo anterior,  optando por la vía violenta, el control, la vigilancia, y la persecución mediante la acción de las fuerzas de seguridad. Aquí la securitización de la salud opera profundizando las grietas sociopolíticas de las que emergió el gobierno, que bajo el discurso de la “unidad nacional” y el vaciamiento de lo político proyecta la división masismo/antimasismo esta vez desde el clivaje civilización vs barbarie. El efecto procura preservar al gobierno, incluso por encima de los intereses de la sociedad, reconfigurando el tablero político para debilitar la posición del medio, y poblar  a la luz de la crisis, los extremos. 

En todo caso, la pandemia como problema público ha develado la desigualdad socioeconómica de varios segmentos sociales que no sólo no pueden permitirse una cuarentena, sino que la sostienen materialmente. A su vez, ha exacerbado las fracturas sociales activas ya durante la crisis política de octubre, estigmatizando a los sectores populares bajo las etiquetas de salvajes e ignorantes, sin detenerse en comprender los procesos sociales que han configurado históricamente una relación de desconfianza y hasta de antagonismo de los indios y los pobres con el Estado. El gobierno, carente de legitimidad alguna, ha encontrando oxígeno en la crisis, escondiendo su incapacidad bajo la alfombra y dando curso a una tendencia autoritaria ya visible desde el principio, pero esta vez bajo el discurso de la securitización de la salud que de momento pone a la política en un callejón sin salida. El panorama se pone oscuro si la política de salud se reduce al ayuno matinal y a la militarización. Dado que no hay nada más político que la vida, cabe sacar de una vez por todas a la política de la cuarentena. 


[1] Socióloga

[2] Politólogo

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ALBERTO FLORES GALINDO: HISTORIADOR DE LA UTOPÍA

Comité Editorial de la Revista Ojo Zurdo

El Jueves 26 de Marzo de 2020 se cumplieron 30 años de la partida física de Alberto Flores Galindo. Sin embargo, sus ideas siguen presentes. Historiador, profesor y militante por el socialismo, su apuesta por un proyecto político alternativo, pensado desde nuestra realidad peruana, aún puede interpelarnos sobre las formas actuales de concebir nuestra realidad. Por ello, compartimos dos pequeños aportes de su obra (con resaltados nuestros) que consideramos importantes en tanto mantienen un diálogo crítico con dos marxistas heterodoxos, como lo fue él. Nos referimos a Antonio Gramsci y a José Carlos Mariátegui. El primer fragmento que reproducimos es un párrafo extraído de un material de enseñanza de 1975 (Tomo IV de Obras Completas, Pág. 343). Ahí manifiesta la importancia de tener una actitud creativa con los aportes de Gramsci para comprender la historia política del Perú. El segundo aporte es un artículo que plantea otra imagen del político que fue Mariátegui, válido también para reconocer otras formas de la política en la actualidad. Este artículo fue publicado en Amauta N° 251 (Lima 17/04/1980). Releamos entonces a Flores Galindo con originalidad, como él hizo frente a los autores y sucesos de su realidad.

Fuente: https://elpais.com/elpais/2017/04/26/opinion/1493216043_062565.html

La historia como ciencia social (Problemas, métodos y técnicas en la investigación histórica)

La nueva historia que se busca construir en el Perú, no debe diferenciarse de la historia tradicional sólo por sus temas. La diferencia fundamental debe estar dada por el método y el razonamiento. En este sentido, es preciso reconocer que así como carecemos de una Historia Económica sólida, carecemos también de una Historia Política científica, donde lo que interesa no es estudiar solo acontecimientos (golpes de estado, elecciones, insurrecciones, etc.) sino también estructuras, como el Estado y sus aparatos. No se interprete esto como una improcedente crítica a la obra de historiadores de indudable valía como Jorge Basadre, es específicamente una crítica a quienes intentan pensar en estos problemas desde la óptica marxista. Precisamente la preocupación que es punto de partida y punto de llegada del análisis marxista es lo político. Políticos son los textos reputados como históricos de Marx. Política es la mayor parte de la obra de Lenin. Y para comprender lo político encontramos en Antonio Gramsci una diversidad de conceptos (bloque histórico, hegemonía, consenso, dictadura, intelectuales, ideología, etc.) que no solo valdría la pena sino que es imprescindible pensarlos a partir de nuestra propia historia, para entender nuestra historia política y para entender o replantear estos mismos conceptos. En otras palabras, así como Pierre Vilar partió de “teoría” de Stalin sobre el problema nacional, para pensar ese problema a partir del caso concreto de Cataluña en el s. XVIII, habría que hacer lo mismo con la obra de Gramsci. Después de todo, lo importante para un marxista no es leer a Gramsci y saber lo que dice (lo que no pasa de ser una actitud pasiva) sino además ponerlo en práctica; ponerlo en práctica en la actividad política o en la realización de una investigación, tan erudita o profunda como sea necesario. Pero en el Perú, hasta ahora tenemos muchos lectores pero pocos “practicantes” de la teoría gramsciana. No ocurre así en otras latitudes. Mencionemos simplemente, por su cercanía a nosotros, el ejemplo del historiador Josep Fontana, autor de Cambio económico y actitudes políticas en la España del siglo XIX y La quiebra de la Monarquía Absoluta 1814-1820. En el primero de los libros citados, Fontana publica un ensayo titulado “Cambio económico y crisis política”, donde se puede ver en movimiento una Historia que se plantea problemas, que se busca razonar su materia de análisis y que intenta utilizar los aportes teóricos de los clásicos (especialmente de Gramsci). En ese artículo, el marxismo no es simplemente una “jerga”, menos un esquema rígido, sino una guía y un instrumento de análisis. En síntesis, un claro ejemplo de la fusión entre Historia, Teoría y Marxismo.

Mariátegui: Imagen de un político

¿Qué tipo de político era Mariátegui? De la polémica entre Haya y Mariátegui se ha derivado una imagen convencional –propalada con habilidad por los apristas- según la cual Mariátegui habría sido tan excelente teórico como deficiente político, contrastando con el atractivo que Haya tuvo para las multitudes y esa habilidad para organizar un poderoso aparato partidario. Esta imagen ha sido acogida incluso en los medios de izquierda y algunos, a modo de disculpa, recuerdan la invalidez y las enfermedades que afectaron la vida de Mariátegui.

La política, la práctica, fue una preocupación central y vertebral a lo largo de la vida de José Carlos Mariátegui, hasta el punto de obligarlo a cuestionar las versiones economicistas del marxismo. Hace falta reseñar con detenimiento la silenciosa labor organizativa que precedió a la fundación de la CGTP y en la que Mariátegui presto especial atención al proletariado minero de la sierra central. Tanto la central obrera como el partido eran, o debían ser, el punto de llegada después de un prolongado trabajo al interior del movimiento de masas. Sin esa relación directa y estrecha con los trabajadores, Mariátegui no concebía la posibilidad de pensar y actuar marxistamente.

Pero Mariátegui tenía una visión peculiar del “político”. Criticó la tradición caudillista del Perú y Latinoamérica (México por ejemplo). Un político revolucionario no debía, en este caso, repetir los rasgos personalistas de la vieja política criolla. El ejemplo adecuado era el propio Lenin: ese hombre formado en el anonimato de la clandestinidad, alejado de cualquier personalismo. Que siendo el dirigente máximo del Estado soviético, era capaz de hacer su cola en la barbería como cualquier moscovita, a pesar de los posibles atentados contra su vida. Al inicio de la década del veinte, en los años que siguen a la Revolución de Octubre, el movimiento comunista todavía no había desembocado en el culto a la “personalidad” y, por el contrario, la austeridad bolchevique era motivo de emulación.

Recientemente Antonio Rengifo ha señalado las vinculaciones entre Mariátegui y el proletariado textil. Son bastantes conocidas las prolongadas sesiones que tenían lugar en el “rincón rojo” de la casa de la calle Washington, donde vivía Mariátegui y donde acudían obreros, estudiantes y eventualmente dirigentes campesinos como Urviola o Peves. Con estos antecedentes, cuando Haya de la Torre pretendió convertir desde el extranjero –aunque supuestamente desde Abancay- al Apra de un frente en un partido, Mariátegui no pudo sino expresar su rechazo ante métodos que le recordaban a la vieja política civilista, hecha a espaldas de las masas persistentemente. Desde entonces, criticará ese mesianismo de Haya de la Torre, el “caudillaje personal”. El partido revolucionario debía introducir desde su fundación un nuevo estilo en la vida política del país.

En esto Haya se acogía por el contrario, a las tradiciones: siempre profesó una admiración por los sucesos de 1895 y la figura de Piérola, a pesar de las acerbas críticas dirigidas por Gonzales Prada contra “el califa”. Se entiende así que poco después de muerto Mariátegui, Luis Alberto Sánchez resumiera su biografía con palabras que implicaban un reproche a Haya: “El revolucionario típico fue Mariátegui” (Mundial, N° 514, 26 de abril de 1930). Sánchez, en ese entonces, todavía no era aprista.

Fuente: https://bibliotecahipatya.blogspot.com/2018/06/jose-carlos-mariategui-siete-ensayos-de-interpretacion-de-la-realidad-peruana.html
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LA PESTE NEGRA DEL CAPITALISMO

José Ramírez Mendives

(I)

Corrían los años 1320 cuando aparecía por vez primera la Bacteria «Yersinia Pestis», un microorganismo que se trasmitía a los humanos a través de la pulga de los roedores. La gran peste que generaría esta bacteria comenzaría a recorrer el mundo como un fantasma de oriente a occidente. Nadie pudo imaginar, momentos después, que una simple bacteria se llevaría consigo a la tercera parte de la población Europea. Las razones por las cuales no se evitó a tiempo las muertes en aquel momento, pondrían en tela de juicio al modelo sostenido durante la Edad Media. En realidad, el hecho de que en aquella época la ciencia estuviese censurada, de que la razón no primase sobre la religión ciega y fanática, de que las concepciones filosóficas y políticas solo se limitase a la metafísica, y que la superstición fuese vista como razón suficiente para llevar a la hoguera a cualquiera que cuestionase el modelo, no reportaba más que un problema general y sistemático que debió y debe ser juzgado. Un siglo después, aproximadamente y en plena época del Renacimiento, la humanidad empezó a juzgar a sus verdugos: al modelo sostenido por la Iglesia Católica durante diez siglos enteros.

La pequeña bacteria de la peste negra nos había demostrado, no solo la muerte errante que azotó al mundo, sino lo peor del sistema medieval: la ignorancia, el oscurantismo, el fanatismo, la desesperanza, la crueldad y la vileza humana.

(II)

El 31 de diciembre de 2019, China reportó a la Organización Mundial de la Salud los primeros casos de neumonía en Wuhan: un nuevo microorganismo había surgido para azotar al mundo. Para esta fecha, nuestros conciudadanos, habituados a vivir en un modelo económico cada vez más insostenible, habían sembrado la monotonía solo para cosechar lo que el modelo les ofrecía como compensación a la inmovilización y ceguera social: lo elemental correspondiente al derecho humano. La vida antes de esta fecha continuaba con la normalidad de toda una sociedad acallada por el miedo a perderlo todo.

Desde el 1 de enero de 2020, la regularidad comenzó a tomar una nueva forma, las estructuras empezaron a variar poco a poco sin que podamos percibirlo completamente. Con el pasar de las semanas, mientras un diminuto Coronavirus hacía de las suyas esparciéndose por todos los países de Asia, del viejo continente Europeo, por el norte de África, y toda América, los países del mundo, con el viejo e insostenible aparato económico y político, empezaron a observar el terror ante sus ojos: el miedo no solo ante un pequeño y mortal virus, sino a todo lo que este dejaría a su paso.  Entonces, bajo la inevitable crisis surgiría la pregunta ¿Qué es lo que hace tan peligroso al Coronavirus?

(III)

El COVID-19 o comúnmente llamado, el Coronavirus, ha desatado las alarmas en todos los países del globo ante su agresiva expansión; pero su peligrosidad no radica en su composición o estructura orgánica, sino en lo que su sola presencia deja en el mundo. Según estudios declarados por el director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom, el COVID-19 solo posee un rango de mortalidad del 3.4%, a diferencia de sus primos hermanos, el SARS (Síndrome respiratorio agudo grave) y el MERS (Síndrome respiratorio de Oriente Medio), cuyas tasas de mortalidad ascienden a un total de 10% y 34.5% respectivamente.  En ese sentido, el COVID-19 posee una mortalidad inferior a las demás enfermedades respiratorias que se presentaron en tiempos pasados; pero el problema general no se originaría en ese aspecto, sino bajo la forma en la que el virus deja entrever los puntos débiles de nuestro sistema económico principalmente.  

La única realidad es que el coronavirus ha puesto en jaque a toda la economía mundial, y como consecuencia de ello está desequilibrando a las naciones afectadas: aquí surge la peligrosidad del virus. Y es que los países con el actual modelo económico internacional requieren de constante interacción, y aquí radica su debilidad. Muchos de los países en vías de desarrollo, al no generar capital nacional por la carencia de industrialización, dependen necesariamente de capitales extranjeros industrializados. Mientras los capitales de países desarrollados dependen de la mano de obra o de recursos naturales de países en vías de desarrollo. El Comercio Exterior depende de la demanda y la oferta internacional, pero el proceso productivo que transforma la materia en mercancía que se compra y que se vende entre países no solo se reduce a ello, sino en todo un proceso global en el que el capital circula en varias fases. Que la economía mundial esté enlazada y que esta dependa del estado de las naciones, sin control, sin planificación y sin intervención estatal que eviten o atenúen las crisis, constituye un problema que debe ser juzgado.  

Debido a la expansión del coronavirus, que causó el estancamiento de la demanda China, la decaída en la demanda internacional y la producción del crudo en los países productores de petróleo, el precio internacional del crudo ha descendido en un 24.4%. Además, las bolsas de valores del mundo se desplomaron ante el pánico, y Wall Street registra una caída del 10% – según indican, la peor caída registrada desde 1987. Los mercados se contraen y los capitales empiezan a fugar de los países europeos y asiáticos para enfrentarse a una recesión económica mundial.

(IV)

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud declaró pandemia al brote del COVID-19, instando a todos los países del mundo a tomar las medidas de seguridad, control y prevención necesarias para evitar su expansión. En la actualidad, el coronavirus ha visitado cerca de 170 países, con 272 mil casos y dejando a su paso 11 mil muertos. En el Perú se tiene actualmente 9 víctimas mortales, y un total de 480 infectados. 

El problema de fondo no es propiamente el coronavirus, sino la forma en la que nuestro sistema de gobierno está preparado para enfrentar a este tipo de amenazas. Que, por colocar un ejemplo, la curva epidemiológica en nuestro país se eleve a cifras no deseadas exponiendo inevitablemente a que nuestro sistema de salud colapse, constituye un problema realmente serio que no hemos podido juzgar en su debido momento: y esto solo es la punta del iceberg.

Durante tres décadas de neoliberalismo en el Perú, nuestro modelo económico no ha sido tan cuestionado como lo es ahora. No solo estamos bajo el peligro de que nuestro sistema de salud colapse como sucede en España o en Italia, sino también en el hecho de que caigamos inexorablemente en una recesión económica de la cual difícilmente podamos salir.

Las secuelas comienzan a sentirse, y miles de conciudadanos de todos los rincones del país comienzan a cuestionar la idea de un modelo fuerte que nos vendieron en algún momento de nuestra historia. No hay fortaleza en un modelo económico, presa del pánico, que desploma su bolsa de valores en un 20.48% arrastrando consigo a los sectores de la minería, la construcción y las finanzas. No hay fortaleza en un modelo económico que permite la especulación de bienes y servicios de primera necesidad y que dispara sus precios sin control alguno perjudicando evidentemente a los más pobres. No hay fortaleza en un modelo económico que permite a los empresarios exponer a cientos de trabajadores solo por enriquecerse un poco los bolsillos. No hay fortaleza en un modelo económico en el que los grandes empresarios demandan al estado un rescate económico para salvar su preciado capital porque no están dispuestos a perder jamás. No hay fortaleza en un modelo económico en el que la salud sigue siendo un negocio fresco para los empresarios. Tampoco hay fortaleza en un modelo económico en el que se pretende inyectar dinero a los bancos para generarle liquidez, dinero que, por supuesto, saldría de los bolsillos de todos los peruanos.

Vemos de a poco como el modelo económico no configura una solución sino más bien un problema sistemático y generalizado; estos son los síntomas que comienzan a manifestarse en el cuerpo de la sociedad como un virus letal. Que ahora percibamos realmente los derechos humanos como bienes preciados innegociables es una victoria de la gran mayoría popular. Que podamos acusar a los usureros, juzgar a los traidores, y exponer a los especuladores, resulta un respiro para la patria, un problema que está siendo debidamente juzgado.

Sabemos bien que el mundo no volverá a ser el mismo después de todo esto. Que las cosas van a ser diferentes cuando las luces vuelvan a prenderse, que el sentido común comenzará a revertirse en favor de la gran mayoría popular, porque atravesaremos una nueva época en la que la humanidad volverá a juzgar a sus verdugos para darse un salto al nuevo renacimiento: este es el momento preciso para empezar otra vez.  

Fuente de la imagen: https://razonyrevolucion.org/pestes-pandemias-y-capitalismo/

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DESDE LA VOCACIÓN Y EL SERVICIO

INTERNOS/AS DE LA UNIVERSIDAD NACIONAL MAYOR DE SAN MARCOS (UNMSM) TOMAN ACCIÓN FRENTE AL CORONAVIRUS EN EL PERÚ
Evelyn Caren Peña Aymara[1]
Carlos Valdivia Cabrera[2]
Rodrigo Mañuico Ricce[3]

Los estudiantes de la carrera de Medicina Humana de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM) en el Perú tienen como parte de su formación cumplir con el internado médico en hospitales públicos del país durante el último año como parte obligatoria dentro de su formación profesional. Lo mismo sucede a nivel nacional con todas las facultades de esta carrera y quienes se encuentran cursando el último peldaño son más conocidos/as como “internos/as”. Cabe señalar que la propia universidad y los hospitales tienen una responsabilidad legal sobre éstos/as.

El pasado domingo 15 de marzo, frente a la declaratoria del estado de emergencia a nivel nacional por parte del Presidente de la República, a causa del COVID-19 o más conocido como coronavirus, las actividades hospitalarias de los/as internados/as de esta casa de estudios fueron suspendidas. Estas actividades se venían desarrollando específicamente en el campo clínico, en el que el contacto con los pacientes es diario. La razón principal de la medida fue que el Estado peruano, esta vez representado por el MINSA, no lograba otorgar las medidas de bioseguridad necesarias para el personal de salud, por ser éstos parte de los recursos humanos para afrontar la situación sanitaria en la que se encuentra el país. En ese sentido, las autoridades decidieron mandar a sus internos/as a sus hogares y acatar la cuarentena obligatoria.  

Frente a ello, los internos/as de la UNMSM se encontraban imposibilitados/as de atender presencialmente a la población peruana, la cual es parte imprescindible de su vocación de servicio, tras la elección de esta carrera profesional. Observando con frustración el no poder aportar desde los espacios hospitalarios, surgieron alternativas interesantes que hoy podemos compartir con ustedes.

Junto a las autoridades, docentes y a los trabajadores de la unidad de Telesalud de la Facultad de Medicina San Fernando de esta universidad, se estuvieron buscando canales de cooperación y pronta acción frente a lo que viene sucediendo en el país. Como parte de las medidas el propio Estado puso a disposición la Plataforma Virtual de la Presidencia de Consejos de Ministros para registrar a toda persona que quiera comprobar si es o no caso sospechoso del COVID-19 con tan solo dejar sus datos personales en el Portal Web y esperar a ser contactados.

Es así como nace el proyecto de Tele-Triaje, el cual consiste en que los internos/as de la carrera de medicina realicen llamadas telefónicas a pacientes que previamente registraron sus datos en la portal web. Todo ello desde sus domicilios para catalogarlos o no como casos sospechosos. Posterior a ello, en caso ser sospechoso, se coordine con el Instituto Nacional de Salud (INS) la toma de muestra domiciliaria y que en 5 a 7 días éstos reciban sus resultados vía mensaje de texto o correo electrónico.

Con esta iniciativa hasta este 22 de marzo del presente año 2020 los canales regulares de recojo de registro de pacientes que presentaron sintomatología respiratoria ascendía a no menos de 35 000. Aproximadamente, son realizadas 900 llamadas telefónicas por parte de los/as internos/as diariamente. La tarea en este caso está justamente en la focalización y priorización de casos con alto índice de sospecha.

Este trabajo va vinculado a la educación hacia la población en temas de prevención ante esta pandemia mundial. En las llamadas telefónicas los/as internos/as resuelven dudas particulares de cada caso y se les disminuye la tensión colectiva muy frecuente en estos casos por diversos factores. El cuidado de la salud mental es parte importante en cada entrevista realizada. Estas situaciones se tornan más complejas por estar frente a una población con una escasa cultura sanitaria, la cual genera una sobresaturación de los canales de registro y, peor aún, de las emergencias en los hospitales. De este modo, se evita que casos respiratorios leves recurran a una atención hospitalaria de emergencia en el contexto de un frágil sistema de salud pública.

Es importante la labor de los/as internos/as de esta carrera médica al decidir de manera voluntaria y con vocación desempeñar para esta gran tarea. Esto se refleja en el papel de la universidad pública, gratuita y de calidad para con su pueblo. Son alrededor de 90 interno/as que, en menos de dos días de convocatoria, aceptaron ser parte de la iniciativa y que en este mismo momento siguen ayudando mediante sus llamadas telefónicas. De esta manera, han podido suplir la escasez de recursos humanos y del personal de salud, no solo en la capital de país, sino a nivel nacional.

Hasta este 23 de marzo del 2020, frente a la pandemia mundial producida por el COVID-19, el Perú registra 416 casos confirmados por este virus y lamentablemente 7 personas fallecidas. Es por eso que la labor ardua debe continuar.

Finalmente, cabe reflexionar que un/a interno/a de medicina, a pesar de ser un personal en formación, resulta ser el primer punto de contacto con la población que acude a los hospitales en búsqueda de atención médica. Hoy, se encuentran retirados de los espacios hospitalarios frente a una emergencia sanitaria declarada y por motivos de materia legal, ya que se ven expuestos a muchos riesgos. Por lo que todavía hay una gran responsabilidad por parte del Estado peruano en cuanto al mayor compromiso con la defensa de la educación universitaria, pues como la coyuntura ha demostrado, son los/as sanmarquinos quienes hoy también están peleando esta dura batalla frente al COVID-19.

Una vez más, en la historia de nuestro país desde Daniel Alcides Carrión, los/as sanmarquinos/as “por la salud velamos y desde ya anhelamos el ideal más preciado de un pueblo sin dolor”, tal como señala el himno de esta carrera de la UNMSM, con más de 469 años sirviendo al pueblo.


[1] Interna 2020 de la UNMSM.

[2] Interno 2020 de la UNMSM.

[3] Interno 2020 de la UNMSM.

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LA IZQUIERDA POLÍTICAMENTE CORRECTA

Diego Lazo Herrera

Los resultados electorales del sector progresista (Partido Morado, el Frente Amplio y Juntos por el Perú/Nuevo Perú), estuvieron muy por debajo de las proyecciones de las encuestadoras y de la expectativa de estas organizaciones, ¿a qué se debió?

El Partido Morado descendió al quinto lugar cuando todas las encuestadoras le proyectaban un segundo lugar y una veintena de parlamentarios. Tras su menguante resultado electoral, el partido de Guzmán tuvo que conformarse con nueve parlamentarios, seis elegidos en Lima. Para un partido que se ufanaba de haber construido comités en casi todas las provincias, obtener tan poca representación en provincias es un claro síntoma de un discurso que no ha calado fuera de la capital.

La emergencia del FREPAP y de UPP con Antauro Humala son una clarinada de alerta para la izquierda. No es casualidad que los etnocaceristas condenados por el Andahuaylazo hayan sido elegidos en regiones donde la izquierda suele imponerse. Antauro Humala ha distribuido estratégicamente a sus cuadros políticos en regiones del centro y sur del país, han estado presentes en conflictos socioambientales, tal como lo hizo la izquierda en los setentas cuando desplazó a cientos de militantes para liderar comunidades campesinas y sindicatos. Por otro lado, el FREPAP ha puesto en el Congreso a un carretillero en Tacna, otorgándole representatividad a los desposeídos, otra característica propia de la izquierda setentera.

La agenda liberal progresista que levanta el Partido Morado y que comparten en buena medida JP y el FA, a la luz de los resultados electorales, no ha calado en el elector peruano y, por el contrario, más bien se reduce a un sector de clase media alta y sobre todo capitalino, que exige un correctismo político que, siendo realistas, importa poco o nada en el resto de las regiones del país. No es casualidad que activistas como Alberto de Belaúnde, Arlette Contreras o Gahela Cari postulen en Lima y no en sus regiones de origen como Arequipa, Ayacucho o Ica.

Diego Trelles explica que el mal resultado de Nuevo Perú es consecuencia de lo ambiguo de su propuesta política, expresado en una bancada que era de izquierda, pero coqueteaba abiertamente con el liberalismo oficialista y votaba de la mano de Alberto de Belaúnde, cediendo a lo que Trelles llama “chantaje capitalino” que exige moverse al centro para hacer “aceptable” una futura candidatura de Verónika Mendoza. En resumen, la bancada de Nuevo Perú estaba, ideológicamente, más al centro que su elector, lo que explica, entre otras cosas, que el Frente Amplio si consiguiera mantener su presencia en el Congreso. Comparado con la postura del FA frente a la primera vacancia de Kuczynski, a diferencia del NP, la organización de Arana sostuvo su posición a pesar del fuego graneado que les llovió desde varias columnas de opinión, mientras que Nuevo Perú finalmente terminó cediendo y confiando en la palabra de Mercedes Araoz sobre un indulto que ya estaba sellado.

Pero, el Frente Amplio todavía no ha llegado al Congreso y ya parece estarle cediendo espacio a ese correctismo político, pues no se ha demorado en enmendarle la plana a Enrique Fernández Chacón sobre sus polémicas declaraciones respecto al estatus de preso político de Antauro Humala. El candidato más votado del FA se atrevió a emitir un juicio basado en las motivaciones políticas que llevaron al líder del etnocacerismo a cometer los crímenes por los que purga prisión. Es cierto que, de acuerdo con el Derecho Internacional, esta categoría no le corresponde a Humala, pero tampoco se puede negar que para negociar una transformación del modelo económico que propugna el FA, es necesario conversar con UPP, que ha reiterado que una amnistía para su líder es un elemento clave en esa negociación. La rotundidad con la que Marco Arana ha negado cualquier posibilidad de amnistía hace suponer que la bancada frenteamplista priorizará su agenda postmaterialista (como la bandera de los Derechos Humanos) y no la materialista (cambio del modelo económico), cediendo también a ese “chantaje capitalino” para hacer más digerible la candidatura del líder del FA.

Al respecto, el politólogo Anthony Medina de la Universidad Católica de Arequipa explica que existe una ruptura de la izquierda con sus bases. Mientras que, por un lado, existe una izquierda, que para Medina es esencialmente limeña y de clase media, que pone un énfasis en propuestas más postmodernas y postmaterialistas, como los derechos sexuales y reproductivos, por otro lado, sigue existiendo un amplio sector social que sigue demandando una agenda más materialista, como mayor presencia del Estado para proveer servicios básicos. Esto explicaría el éxito, en sectores populares, de propuestas como Podemos Perú y UPP que tienen líderes que proponen soluciones autoritarias a problemas concretos como la seguridad, en el caso de Urresti, y la corrupción, como en el caso de Humala.

Quizás la gran derrota ideológica que ha sufrido en el Perú el campo progresista en la última década es el no haber conseguido amalgamar la propuesta postmoderna con su propuesta económica, porque el votante que busca una propuesta feminista y que ponga el género en disputa, está muy lejos de aquel votante nacionalista que ha acompañado a la izquierda en las últimas tres elecciones presidenciales. La ruptura de Marisa Glave e Indira Huilca con el Nuevo Perú por la alianza con Perú Libre de Cerrón, es un anticipo del dilema al cual deberá enfrentarse la izquierda para el 2021. No existe más el punto de consenso del sector progresista: la lucha contra el fujimorismo, que parece haber sido derrotado al menos momentáneamente, por lo que estaríamos a puertas de una división. La izquierda tendrá que definir en torno a cuál eje establecerá su política de alianzas, si lo hace en torno a la agenda liberal (buscando perfiles como Glave o Salvador del Solar) o en la agenda de cambio económico disputando el electorado a Antauro, porque parece que es muy tarde, si miramos el 2021, de construir un proyecto anticapitalista y a la vez liberal.

Fuente de la imagen: https://www.celag.org/peru-nueva-izquierda-fantasma-milagro-economico/

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BYUNG-CHUL HAN Y EL CORONAVIRUS DE 2020

Benjamin Arditi [1]

Byung-Chul Han publicó un artículo en el periódico madrileño El País reflexionando sobre las respuestas a la emergencia planetaria generada por la propagación del Covid-19.[2] Al igual que otros destacados pensadores como Giorgio Agamben, Yuval Harari o Slavoj Žižek, el filósofo surcoreano aborda un tema de preocupación cotidiana tanto para la gente de a pie como para los gobiernos. Todos ellos rompen con el estereotipo de intelectuales encerrados en bibliotecas o en sus oficinas en la universidad, básicamente desconectados del acontecer en las calles. Pero algunos argumentos de Han me parecen debatibles. Me centro en cinco de ellos.

Cuarentena o no cuarentena

Su escrito comienza afirmando que Asia ya tiene bastante controlada la epidemia, y que ello se ha logrado a pesar de que en países como Taiwán y Corea no se prohibió a la gente salir de sus casas y tampoco se cerraron tiendas y restaurantes. Pero Byung-Chul Han no menciona que China, el epicentro del coronavirus, puso en cuarentena a 760 millones de personas, es decir, a la mitad de su población. La revista Nature consultó con epidemiólogos y diseñadores de modelos de propagación viral, para quienes el aislamiento fue decisivo para detener el crecimiento exponencial del contagio en China.[3] Tampoco menciona que Corea tenía una ventaja debido a la experiencia relativamente reciente de la epidemia del MERS en 2015, una enfermedad respiratoria. Esto le permitió al gobierno a actuar de inmediato. Además, el país tenía la capacidad logística para fabricar hasta 100,000 pruebas de detección del virus cada día, que usó para aplicarlas en 600 centros de pruebas abiertos para identificar a los portadores del virus.[4] Países que no tenían esa experiencia, que no tuvieron la velocidad de reacción del gobierno coreano o que no contaban con su capacidad logística y recursos financieros tuvieron que pensar en otras opciones.

Cultura autoritaria como fortaleza de Asia

Luego hace una distinción entre las respuestas europeas y asiáticas. Dice: “Europa está fracasando. Las cifras de infectados aumentan exponencialmente. Parece que Europa no puede controlar la pandemia. En Italia mueren a diario cientos de personas. Quitan los respiradores a los pacientes ancianos para ayudar a los jóvenes. Pero también cabe observar sobreactuaciones inútiles. Los cierres de fronteras son evidentemente una expresión desesperada de soberanía. Nos sentimos de vuelta en la época de la soberanía … Pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve de nada. Serviría de mucha más ayuda cooperar intensamente dentro de la Eurozona que cerrar fronteras a lo loco”. No estoy capacitado para evaluar si la decisión acerca de quiénes recibirán un respirador es excesiva o no. Sólo sé que los servicios de salud pública en Italia no están preparados para esta avalancha de enfermos. En parte, ello se debe a las políticas de austeridad que afectan al presupuesto para salud, que hizo que el número de camas o de respiradores fuera más limitado de lo deseable, y en parte a la falta de suficientes respiradores y el suministro de refacciones para los equipos. Ante la escasez de partes de repuesto, dos voluntarios italianos tuvieron que ser inventivos y lograron fabricar válvulas para tratamientos con su impresora 3D.[5] Pero Han tiene razón cuando dice que la cooperación permite mejores resultados.

Las cosas en Asia fueron diferente, dice Han, y apela a un argumento culturalista para explicar las ventajas de Asia. Dice: “Estados asiáticos como Japón, Corea, China, Hong Kong, Taiwán o Singapur tienen una mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado. Y no solo en China, sino también en Corea o en Japón la vida cotidiana está organizada mucho más estrictamente que en Europa. Sobre todo, para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital. Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la pandemia. Se podría decir que en Asia las epidemias no las combaten solo los virólogos y epidemiólogos, sino sobre todo también los informáticos y los especialistas en macrodatos. Un cambio de paradigma del que Europa todavía no se ha enterado. Los apologetas de la vigilancia digital proclamarían que el big data salva vidas humanas”. Agrega que la vigilancia digital combinada con la falta de protocolos de protección de la privacidad de los usuarios acerca del uso de sus datos personales permite a las autoridades controlar a la gente con más facilidad: en China hay unos 200 millones de cámaras de vigilancia (muchas de ellas con tecnología de reconocimiento facial), las empresas proveedoras de internet no tienen problema en compartir datos de sus clientes con el gobierno, hay un riguroso control de cada clic que hacen los ciudadanos cuando navegan, etc.

Esta es la visión que Byung-Chul Han nos brinda de Europa y de Asia. No se puede disputar su descripción de las respuestas en uno y otro lugar, pero sí podemos polemizar con las consecuencias que extrae de ellas. Comienzo con la tesis de que Europa ha fracasado donde Asia tuvo éxito. Decir que el éxito de Asia se debe a la mentalidad autoritaria de sus habitantes no es muy satisfactorio cuando uno piensa que Hong Kong, uno de los países que menciona como parte de dicha mentalidad, experimentó en buena parte de 2019 manifestaciones masivas y sumamente combativas en pro de la democracia. India, que también califica como Asia, aunque Han no menciona a este país, también es prolífica en protestas. Pero démosle el beneficio de la duda y aceptemos de momento que los asiáticos son efectivamente más obedientes. Ahí surge un nuevo problema: Asia no serviría como modelo de cómo Europa y el resto del mundo deberían haber respondido a la epidemia, pues una mentalidad autoritaria, sumisa a los dictados gubernamentales, no se crea de la noche a la mañana. El autor no puede hacer juicios acerca del fracaso de unos y el éxito de otros a partir de ventajas comparativas como la generalización de una cultura de la obediencia. Sería como si alguien acusara a los noruegos de no ser capaces de cultivar mangos, o a los cubanos por no ganar medallas en los juegos olímpicos de invierno.

Pero démosle el beneficio de la duda y aceptemos de momento que los asiáticos son efectivamente más obedientes. Ahí surge un nuevo problema: Asia no serviría como modelo de cómo Europa y el resto del mundo deberían haber respondido a la epidemia, pues una mentalidad autoritaria, sumisa a los dictados gubernamentales, no se crea de la noche a la mañana.

Pero hay un segundo problema. El autor no se limita a presentar dos respuestas al Covid-19. Describe el caso de Europa como errado, lo cual se pone en evidencia por el uso de adjetivos de valor como fracaso, sobreactuaciones inútiles, cierre de fronteras a lo loco, etc. El tono cambia cuando describe a Asia diciendo “¿qué ventajas ofrece el sistema de Asia que resulten eficientes para combatir la pandemia?”, entre las cuales incluye el ya mencionado confucianismo, así como el uso de mascarillas y la importancia del big data. No sé lo que piensa Han sobre la minería de datos personales en general, sólo lo que dice al respecto en este artículo, es decir, alaba su eficiencia ante el coronavirus. Esto sugiere que el planeta debería hace un cambio de paradigma hacia la era digital basado en la ausencia de privacidad y el control riguroso de la población. La verdad es que las empresas privadas han estado haciendo minería de datos desde hace tiempo (FB probablemente conoce nuestros gustos mejor que nosotros mismos), pero eso no significa que aceptemos que los usen con una sonrisa en la boca o con la resignación de quienes saben que deben bajar la cabeza y aceptar. No lo hacemos: la gente en Europa y América se resiste a ese control. Podemos darle la razón si lo que Byung-Chul está proponiendo es que el autoritarismo puede ser ventajoso para este caso, pero no podemos pasar por alto el problema normativo que tiene una argumentación que plantee eso en nombre de la eficiencia.

Big data y libertades en Europa

Es llamativo que luego de concluir que para combatir el Covid-19 el big data es más eficaz que el cierre de fronteras, el autor agrega que la protección de datos personales en Europa hace imposible que el modelo asiático funcione allí. Entonces, ¿en qué quedamos? Por un lado, el cierre de fronteras y el aislamiento de la población en sus casas es un absurdo, y por el otro, hay que usar estrategias acordes a dónde hay que enfrentar la epidemia (y cuáles son los recursos que se cuenta para ello). No puede afirmar las dos cosas como verdaderas al mismo tiempo sin caer en una contradicción performativa: Han debe decidir si considera el cierre de fronteras como un absurdo o si el modelo asiático de Big Data no funciona en las sociedades en las que no hay una cultura autoritaria.

Virus y clase social

Byung-Chul Han cuestiona el cierre de restaurantes si la gente se aglomera en el transporte público para ir al trabajo, generando una división de clases a nivel de la epidemia: los que se arriesgan en el transporte público y los que pueden desplazarse en auto. Esto es cierto, hay una división de clases sociales, pero no por la epidemia, sino porque esa es la cotidianidad del capitalismo. El papel de la clase, o por lo menos de la división desigual de los ingresos en un país, se ve mucho más claro cuando hay un alto porcentaje de trabajadores informales, que viven al día, o se piensa en pequeños empresarios dueños de una peluquería, un bar o una tienda de la esquina, quienes tal vez no viven al día, pero no pueden pagar salarios a sus empleados y deben seguir pagando renta, seguros, etc. El Covid-19 para ellos es un disparo al corazón de su supervivencia.

Volviendo a lo que dice acerca de la cuarentena y hacinamiento en el transporte público, el filósofo coreano no menciona que el cierre de comercios, espectáculos, instituciones educativas, y lugares de trabajo vino acompañado de pedidos de auto-cuarentena de la población, trabajo en la casa donde ello fuera posible, cierre de oficinas públicas, distancia de 1 a 2 metros entre personas, y posteriormente hubo una prohibición de salir a la calle en grupos de más de dos personas, o de desplazarse a lugares que no fueran farmacias, hospitales o supermercados. Todo ello fue para reducir el contagio. Si no hay trabajo o diversión, y no se puede salir a calles y parques, el hacinamiento en el transporte público deja de ser un problema relevante. Las imágenes provenientes de Italia, España, Chile o Alemania muestran calles y plazas vacías, o con escaso movimiento.

La negatividad del enemigo

Por último, Byung-Chul Han habla del retorno de la negatividad del enemigo en sociedades permisivas. Dice: “Hace exactamente diez años sostuve en mi ensayo La sociedad del cansancio la tesis de que vivimos en una época en la que ha perdido su vigencia el paradigma inmunológico, que se basa en la negatividad del enemigo”. Eso terminó, agrega, porque “La globalización suprime todos estos umbrales inmunitarios para dar vía libre al capital. Incluso la promiscuidad y la permisividad generalizadas, que hoy se propagan por todos los ámbitos vitales, eliminan la negatividad del desconocido o del enemigo. Los peligros no acechan hoy desde la negatividad del enemigo, sino desde el exceso de positividad, que se expresa como exceso de rendimiento, exceso de producción y exceso de comunicación. La negatividad del enemigo no tiene cabida en nuestra sociedad ilimitadamente permisiva”. El pánico generado por el virus ha traído de vuelta el paradigma inmunológico: el enemigo ha regresado bajo la figura del Covid-19, dice Han, y agrega que “La reacción inmunitaria es tan violenta porque hemos vivido durante mucho tiempo en una sociedad sin enemigos, en una sociedad de la positividad, y ahora el virus se percibe como un terror permanente”.

No he leído ese libro, pero me cuesta comprender en qué se basa para hacer esas afirmaciones acerca de la ausencia de enemigos. Primero porque en 2010, cuando publicó el libro, llevábamos ya una década del retorno del paradigma hobbesiano de la seguridad nacional impulsado por el ataque terrorista a las Torres Gemelas en 2001. Occidente definió al terrorismo islámico (inicialmente Al-Qaeda, luego ISIS, y en Rusia, a los separatistas Chechenos) como un enemigo mortal al que había que combatir de manera implacable. ¿No es esa la negatividad que Byung-Chul Han decía que había desaparecido? ¿No hemos cohabitado con la negatividad de ese enemigo desde hace dos décadas? El propio autor lo menciona, pero sólo para minimizar su impacto, diciendo que “Últimamente incluso el terrorismo islámico parecía haberse desplazado a zonas lejanas”. Eso no tiene sustento real, pues en Europa los controles fronterizos, las políticas de seguridad interna y las unidades anti-terrorismo siguen contemplando al integrismo islámico como un peligro actual, no simplemente como algo que ocurre a lo lejos, en guerras civiles que la población civil de Europa sólo percibe por la llegada de migrantes escapando al horror.

Occidente definió al terrorismo islámico (inicialmente Al-Qaeda, luego ISIS, y en Rusia, a los separatistas Chechenos) como un enemigo mortal al que había que combatir de manera implacable. ¿No es esa la negatividad que Byung-Chul Han decía que había desaparecido? ¿No hemos cohabitado con la negatividad de ese enemigo desde hace dos décadas?

Y segundo, la negatividad del enemigo está muy presente debido al auge espectacular de la nueva derecha que pregona nativismo, racismo y xenofobia. Estos temas dejaron de ser parte de la agenda de pequeños grupos marginales: se integraron a la política electoral de partidos más tradicionales que también impulsan el recelo hacia al migrante pobre, moreno, no cristiano y no heterosexual. Pensemos tan sólo en Estados Unidos, Hungría, Polonia, Italia, Francia, España, Austria o Brasil. ¿No se trata esto de la negatividad de un enemigo definido en términos nacionales, religiosos, raciales o de preferencia sexual? Y luego están los grupos neonazis que Byung-Chul Han debe conocer bien, pues son de Alemania, donde él vive. Incluyendo a un partido como Alternativa para Alemania (AfD): para ellos, el enemigo es el extranjero pobre, de tez oscura y no cristiano. También está el Brexit, paradigma del pensamiento insular que rechaza todo lo que huela a multilateralismo. Tal como con el enemigo definido por el retorno del pensamiento hobbesiano de la seguridad, ¿no hay acaso un enemigo en esta agenda de la derecha radical que lleva 20 años en ascenso y ha logrado introducir los temas de su agenda al debate público? Más aún, el terror permanente que menciona Han no es algo nuevo, producto del coronavirus, pues ha estado con nosotros desde siempre. Si no es por la nueva derecha, es por el miedo al terrorismo. Y antes de eso por el peligro de una guerra nuclear en la época de la Guerra Fría. Y así por el estilo.

Performativos políticos, virus e intelectuales públicos.

Esos son los cinco puntos que quería mencionar. Quiero concluir estos comentarios con observaciones adicionales acerca de lo que dice Byung-Chul Han en las conclusiones de su artículo en El País. Su tesis es la siguiente: “El virus no vencerá al capitalismo. La revolución viral no llegará a producirse. Ningún virus es capaz de hacer la revolución. El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa. No podemos dejar la revolución en manos del virus. Confiemos en que tras el virus venga una revolución humana. Somos NOSOTROS, PERSONAS dotadas de RAZÓN, quienes tenemos que repensar y restringir radicalmente el capitalismo destructivo, y también nuestra ilimitada y destructiva movilidad, para salvarnos a nosotros, para salvar el clima y nuestro bello planeta.”

Mi primer comentario sobre esto es que resulta difícil no coincidir con el anhelo de Han acerca de una revolución humana. Es el único tipo de revolución que conocemos más allá de las expresiones poéticas tales como revolución informática, revolución sexual, o revolución científica, todas ellas hechas también por nosotros. Pero no veo por qué tenemos que pensar la política de la revolución en términos decimonónicos, es decir, como una presencia diferida, ubicada en un futuro promisorio que nos alivie de este presente agobiante. Las revoluciones tienen una cara performativa, en el sentido de que cuando actuamos para cambiar el mundo ya comenzamos a vivir ese cambio que queremos instituir. Quienes luchaban por la democracia en 1968, o por la libertad durante los regímenes militares de América Latina en los 1970s y 1980s, no escapaban del agobio de sus sociedades, pero ya comenzaban a experimentar la libertad y algo de la democracia en sus luchas. Comenzaban a vivir lo que anhelaban. Lo mismo con la salvación del planeta que pide Han: Estados Unidos puede retirarse del Acuerdo de París y no desembolsar los aportes financieros que prometió para combatir el cambio climático, pero eso no significa que no podamos comenzar a cambiar el planeta a nivel microscópico y cotidiano aquí y ahora. Es más difícil, más largo, pero no hay que esperar al futuro esplendoroso pues comienza a ocurrir medida en que empezamos a actuar.

Pero no veo por qué tenemos que pensar la política de la revolución en términos decimonónicos, es decir, como una presencia diferida, ubicada en un futuro promisorio que nos alivie de este presente agobiante. Las revoluciones tienen una cara performativa, en el sentido de que cuando actuamos para cambiar el mundo ya comenzamos a vivir ese cambio que queremos instituir.

La segunda observación es acerca de la agencia del virus, pues Han dice que el virus no hace una revolución. Pero también dice que el virus nos aísla al no permitirnos generar sentimientos colectivos fuertes. Esto no cuadra. No se puede otorgar agencia a un ente no humano, el virus, y además decretar que sólo puede ser negativa, es decir, nos aísla de los demás. Es mejor atenerse a lo que dice Han acerca de la agencia humana: sólo nosotros hacemos las revoluciones. Como mencioné, interpreto dicha agencia en un marco performativo: no se trata de una pura futuralidad, sino algo de tiempo presente. Durante la cuarentena decretada para enfrentar la pandemia del Covid-19 hemos visto egoísmo en las compras de pánico de quienes tienen los recursos para acaparar y, como se manifiesta en su indiferencia social, carecen de escrúpulos. También se ve entre quienes viajan, salen, se reúnen con amigos sin importarles que puedan ser portadores del virus. Afortunadamente también somos testigos de la solidaridad, sea porque son voluntarios para ayudar en la crisis, aplauden a los trabajadores de la salud al verlos desde sus ventanas, o se asoman a sus balcones para cantar con vecinos que tal vez ni siquiera conocen, pero con quienes al cantar envían un mensaje de conexión solidaria de quienes se sienten parte de una esperanza que les une.

Por último, es de celebrarse que filósofos como Byung-Chul Han dejen de escribir sólo para otros filósofos y que se dediquen a pensar temas que nos afectan en la vida cotidiana. Con ello Han y otros retoman la tradición de intelectuales públicos como Jean-Paul Sartre, y a veces de Bertrand Russel, Michel Foucault y Jacques Derrida, quienes no dudaron en marchar por una causa o escribir sobre lo que ocurría a su alrededor. Pero el mero hecho de que lo hagan no significa que debemos celebrar todo lo que dicen. El pensamiento crítico no es propiedad exclusiva de los pensadores profesionales. Es lo que hacemos día a día cuando reflexionamos para hacernos una opinión acerca de los que leemos, escuchamos o vemos.


[1] Doctor en Ciencia Política por la Universidad de Essex. Profesor en la Universidad Nacional de México (UNAM). Este texto fue escrito el 24 de Marzo de 2020. Una versión más breve de este artículo fue publicada en México por la Revista Común.

[2] Byung Chul Han, “La emergencia viral y el mundo de mañana”, El País, 22 de marzo de 2020, https://elpais.com/ideas/2020-03-21/la-emergencia-viral-y-el-mundo-de-manana-byung-chul-han-el-filosofo-surcoreano-que-piensa-desde-berlin.html?ssm=FB_CC.

[3] David Ciranosky, “What China’s coronavirus response can teach the rest of the world”, Nature, 17 de marzo de 2020, https://www.nature.com/articles/d41586-020-00741-x?fbclid=IwAR31bdNUY2xV7oTz9B3tbffeWfVZibOJOOYkhBZTikHsTlLBdmJeDsPP6EA

[4] Max Fisher y Choe Sang-Hun, “How South Korea Flattened the Curve”, New York Times, 24 de Marzo de 2020, https://www.nytimes.com/2020/03/23/world/asia/coronavirus-south-korea-flatten-curve.html?campaign_id=51&emc=edit_MBE_p_20200324&instance_id=17019&nl=morning-briefing&regi_id=65575804&section=topNews&segment_id=22689&te=1&user_id=705256b5945c47263fa9a7d41856c23a

[5] Jay Peters, “Volunteers produce 3D-printed valves for life-saving coronavirus treatments”, The Verge, 17 de marzo de 2020, https://www.theverge.com/2020/3/17/21184308/coronavirus-italy-medical-3d-print-valves-treatments

Fuente de la imagen: https://www.rtve.es/alacarta/audios/a-golpe-de-bit/golpe-bit-aportacion-del-big-data-durante-pandemia-13-03-20/5538294/

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EL MARXISMO OLVIDADO DE ROSA LUXEMBURGO

Eduardo Ramírez Lezameta [1]

El título de esta reseña es una alusión al libro con el mismo nombre de Michael Lowy, sociólogo y filosofo marxista brasileño, publicado en 1979 con la razón de “recobrar la imagen total” de Rosa Luxemburgo y Georgy Lukács.[2] En el prefacio da justificación a la denominación de su título: en un contexto en el que “la teoría revolucionaria se ha dogmatizado, fragmento y empobrecido”, la aparición de una Nueva Izquierda cuestionadora da pie a introducir a referentes lejanos a aquella ortodoxia, asumiendo la vitalidad de Rosa Luxemburgo como marxista (1979, p.9). En cierta medida, considero que el contexto latinoamericano se adecúa a lo señalado por Lowy, en el que existe una incipiente discusión teórica y autocrítica -desde la militancia- sobre el modelo progresista impartido por los gobiernos latinoamericanos de izquierda. En ese sentido, la consideración de dicho título para la presente reseña es porque Rosa Luxemburgo es una marxista poco estudiada y considerada desde nuestro continente. Ante este contexto, la Fundación Rosa Luxemburgo en conjunto con las Editoriales “El Colectivo” y “Quimantú”, brindan un gran aporte contemporáneo al traernos el libro “Rosa Luxemburgo y la Reinvención de la Política: Una lectura desde América Latina”[3]. La autoría viene de manos del politólogo argentino Hernán Ouviña, quien ya tiene un constante trabajo previo que atiende tanto nuestra realidad latinoamericana desde el rol social de la pedagogía como a la teoría política marxista. Así, asume el reto de presentar a Rosa desde distintas facetas de lo que ella representa e instando a que su relevancia permite el analizar y problematizar nuestro continente.

Prestando atención ahora a la obra, en el título uno se percata la palabra “reinvención”, la cual sugiere una reflexión sobre la política contemporánea latinoamericana de izquierdas, pero ¿se puede hablar realmente de ello si la autora es parte de un contexto histórico distinto? Si bien es cierto que la estructura material y las correlaciones de fuerza están condicionadas históricamente y no se trata de repetir a suerte de manual lo desarrollado en el transcurrir de sus obras, pues son sus propuestas las que pueden ser consideradas para reflexionar sobre los avances y limitaciones de los gobiernos progresistas latinoamericanos. Asimismo, coincidiéndose con el autor, existen realidades -desde la época de Rosa- que todavía se mantienen vigentes, como la persecución y restricción de derechos políticos y sociales a sectores de las clases subalternas, manifiestas en nuestro continente mediante los asesinatos a líderes indígenas -notoriamente Colombia-, la represión que sufren los mapuches en Chile, entre otros hechos.

El cuerpo del libro contiene siete áreas identificadas por Ouviña, en el que, si bien se encuentran interrelacionadas, las divide en razón de explayar su importancia: la biografía de Rosa Luxemburgo (1); conocer el capitalismo para combatirlo (2); el protagonismo popular y la organización revolucionaria (3); la formación política y disputa cultural para la emancipación (4); el estado, la lucha de clases y una política prefigurativa, considerando la dialéctica de reforma-revolución para ejercer una democracia socialista (5); las mujeres, los pueblos indígenas y la naturaleza en la reproducción de la vida (6); revitalizar el internacionalismo (7). Cabe destacar el empleo de varios recuadros en el transcurso de todos los capítulos, los cuales proporcionan información bastante acorde al texto principal, teniéndose entre estos el citado de pasajes de Luxemburgo u otros autores marxistas, como sobre personajes y circunstancias vinculadas a Rosa. Si bien no se va a tratar sobre cada capítulo, se consideran algunos para hacer hincapié sobre ciertos puntos desarrollados por el autor que son de impresión personal y de ser posible, se introduce una reflexión.

La vida de Rosa, trabajada en el primer capítulo, estuvo atravesada por múltiples situaciones de opresión, la cual contiene un adecuado desarrollo sobre cada una de ellas: como mujer, judía, polaca, migrante, de izquierda anticapitalista y con discapacidad.

La vida de Rosa, trabajada en el primer capítulo, estuvo atravesada por múltiples situaciones de opresión, la cual contiene un adecuado desarrollo sobre cada una de ellas: como mujer, judía, polaca, migrante, de izquierda anticapitalista y con discapacidad. Mientras que actualmente han empezado a expresarse movimientos nacionalistas excluyentes a escala global, Ouviña narra cómo Rosa lidió con el fanatismo nacionalista polaco y el antisemitismo de la rusia zarista -mediante la segregación de judíos en barrios populares e incendio de sus viviendas-, siendo estos determinantes para que Rozalia Luksemburg pasase a llamarse Rosa Luxemburg y que posteriormente, como militante e intelectual, abogase por el internacionalismo.

En el segundo capítulo, Ouviña introduce la perspectiva de Luxemburgo sobre el marxismo y el capitalismo, la cual resume está última como “una totalidad que, en tanto proceso contradictorio y en constante dinamismo, involucra a nuestro continente en una relación global, donde el vínculo entre explotación, acumulación por despojo y colonialidad” (2019, p. 52). Debido a la extensión que comprende dicha totalidad, se considera solo un elemento de la interpretación que da Rosa sobre el capitalismo y que consecutivamente suscitó un debate en la Segunda Internacional que merece ser recordada por una afinidad positivista y reaccionaria. De esta manera, se tiene el vínculo orgánico que tiene el capitalismo con el colonialismo, la cual consiste en la sujeción de los pueblos colonizados en pro de aportar a la acumulación capitalista de los centros del poder global. Desde finales del siglo XIX, la constante denuncia de Luxemburgo a la expansión de los imperios europeos iría en confrontación ante una controversial propuesta de algunos sectores socialdemócratas: la necesidad de una política colonial socialista. El socialdemócrata holandés Henry Van Kol, como principal promotor, enarbolaba que “hasta la sociedad socialista del futuro deberá elaborar su política colonial, reglamentando las relaciones de los países que han alcanzado en la escala de la evolución económica un grado superior al de las razas atrasadas” (2019, pg.63). Dicha aseveración, junto a otras, justificaban la medida al ser una “obra de civilización” dirigida a unos pueblos que, por su condición de infantes, impedían autogobernarse y requerían tutelaje e instrucción para convertirlos en “hombres fuertes”. Finalmente, en un Congreso de la Segunda Internacional, dicha política no prosperó cuando se sometió a votación, aunque tuvo un considerable apoyo. La socialdemocracia europea no fue ajena al positivismo predominante de aquel entonces.

La dimensión cultural y pedagógica en Rosa Luxemburgo, que el autor aborda en el cuarto capítulo, introduce una faceta que ella dedicó gran parte de su vida, siendo esta su labor educadora, en la que apostaba por la construcción de la centralidad en los espacios orgánicos y los momentos de autoaprendizaje de las masas.

La dimensión cultural y pedagógica en Rosa Luxemburgo, que el autor aborda en el cuarto capítulo, introduce una faceta que ella dedicó gran parte de su vida, siendo esta su labor educadora, en la que apostaba por la construcción de la centralidad en los espacios orgánicos y los momentos de autoaprendizaje de las masas. La docencia ejercida en la Escuela de formación del Partido Socialdemócrata alemán se destaca tanto por su metodología empleada -mediante la generación de preguntas para comprender la realidad y sin permitir la toma de apuntes en clase- como su reivindicación a las formas comunitarias de vida social del mundo de la periferia. A partir de lo mencionado, su participación en los procesos formativos cuestiona la caracterización a ella como una “espontaneista”, calificativo que intuye poca confianza en la organización. De hecho, Ouviña va más allá al sostener que existe en Rosa un reconocimiento en apostar por una lucha contracultural y pedagógica, de persuasión y disputa de las ideas. Si bien ella no llega a desarrollar extensivamente lo mencionado previamente, el autor sugiere la articulación de su legado con los aportes del marxista italiano Antonio Gramsci (2019, p.125). Conocido este último como el marxista de la superestructura, la conexión entre este con Rosa debe orientar en darle un nuevo significado a la praxis política, en una clave que involucra la disputa y construcción de una nueva hegemonía (2019, p.125).

En cuanto al Estado y la lucha de clases, en el quinto capítulo, Ouviña atiende a una cuestión polémica tanto en el pasado como ahora: la relación dialéctica entre reforma y revolución. Para brevemente desarrollar ello, se requiere partir del caso del ingreso del socialista francés Alexandre Millerand como ministro de Comercio e Industria en el gabinete del “radical” René Waldeck-Rousseau. Este hecho suscitó críticas en su momento y que incluso fue considerado como punto de discusión en el Congreso de la Segunda Internacional realizado en París a comienzos del siglo XX. Ante este suceso y la suma del descargo del ministro en concebir su accionar como una estrategia política sustancial, el cuestionamiento más destacable provino justamente de Rosa Luxemburgo, sosteniendo que existe una función orgánica presente en la naturaleza de dicho gobierno que impide la lucha de clases socialista y afirma que “el gobierno burgués no se transforma en un gobierno socialista, pero en cambio un socialista se transforma en un ministro burgués” (2019, p.143). Entonces, la crítica a esta situación se debe a que ella considera como condición primordial la posibilidad de intensificar la lucha de clases, siendo esta un pilar que debe tomarse en cuenta si los socialistas optan en ganar posiciones dentro de la burocracia estatal. Esta afirmación es una apuesta en articular las categorías de reforma y revolución con un fin emancipatorio, distinta de la postura revisionista en defensa de una estrategia gradualista y resumida en la “célebre” frase de Eduard Bernstein “el objetivo final no es nada, el movimiento lo es todo”.

Entonces, la crítica a esta situación se debe a que ella considera como condición primordial la posibilidad de intensificar la lucha de clases, siendo esta un pilar que debe tomarse en cuenta si los socialistas optan en ganar posiciones dentro de la burocracia estatal.

La afirmación identificada, al final del previo párrafo, permite prestarse como crítica a los últimos gobiernos progresistas latinoamericanos desde varias aristas, aunque dirigiéndome específicamente al carácter interclasista de estos. Como ejemplo, se tiene al proyecto político del MAS, quien el vicepresidente Álvaro García Linera (2011) como propulsor sostenía la posibilidad en consolidar un bloque nacional popular e interclasista, en el que presentan tensiones que “enfrentaron el campo y la ciudad, a los trabajadores con el empresariado patriota boliviano, a indígenas y no indígenas” (2011, p.21), pero que por la condición creativa de dichos antagonismos, estimularían el debate democrático dentro del bloque y consecuentemente produciendo una dialéctica que alimentase el proceso de cambio impulsado por el gobierno.[4] Sin embargo, el desarrollo gubernamental del MAS en impulsar políticas pro indígenas y paralelamente, políticas económicas de corte desarrollista y extractivistas, ha puesto en evidencia serias contradicciones expresadas en varias movilizaciones de descontento social, siendo el caso más notorio los movilizados en defensa del TIPNIS (2011) y quienes entre ellos se encontraban sectores indígenas del bloque de gobierno.

A partir de lo señalado, se introduce la crítica de la socióloga aimara Silvia Rivera (2014) hacia el desarrollo gubernamental del MAS,  la cual sustenta que existe un giro colonial a partir de un accionar gubernamental que responde a intereses de clase, asemejándose con el desarrollismo del Movimiento Nacional Revolucionario(MNR) y agregando sobre la polémica con el TIPNIS que: “La opción desarrollista de la carretera nos recuerda la cruzada de los 1960 por “colonizar la selva” y ocupar el “espacio vacío” de los bosques y llanuras de la Amazonia” (2014, p.45) y “Su ofensiva contra los indígenas tiene como meta la apertura de todo el Parque a la producción mercantil parcelaria de la coca, la madera” (2014, p.50).[5] En esta misma línea, esto recuerda y se asemeja a un elemento -identificado y desarrollado por Rosa- presente en la totalidad que comprende el capitalismo: la acumulación capitalista como un proceso permanente de despojo. Esta consiste en la desarticulación, despojo y conversión de mercancías a las formas comunitarias, de propiedad colectiva y la naturaleza en realidades no subsumidas a la lógica del capital (Ouviña 2019, pg.73). Por consiguiente, el diálogo entre Luxemburgo con Rivera permite poner en cuestionamiento las tensiones creativas del bloque interclasista y el desarrollismo del MAS, demostrando que no van dirigidos a ser una apuesta emancipatoria.

Este libro es visiblemente la primera piedra proveniente de América Latina y de este siglo, en presentar varias aristas de lo que en su totalidad componen lo que es Rosa Luxemburgo, empleando un vocabulario gramsciano, una intelectual orgánica. Además, tenemos aquí una obra que puede catalogarse como una introducción al pensamiento y obra de Rosa Luxemburgo, fundamental para aquellos y aquellas que quieren conocer sobre ella. Este fue publicado el año pasado en conmemoración por los cien años de su asesinato y el próximo año se cumplirán ciento cincuenta años de su natalicio. Sin embargo, mi esperanza es que, lejano a fechas de conmemoración a esta gran marxista, permitamos darnos un tiempo de pensar y reflexionar desde su vivo pensamiento. Personalmente, gracias a ella, en mí yace una constante lucha de sentidos.


[1] Politólogo, estudiante del pregrado de la Facultad de Ciencias Sociales de la PUCP.

[2] Lowy, Michael. El marxismo olvidado. (1979). Editorial Fontamara: Barcelona.

[3] Ouviña, Hernan. Rosa Luxemburgo y la Reinvención de la Política. (2019). Fundación Rosa Luxemburgo: Buenos Aires.

[4] García Linera, Álvaro. (2011). Las tensiones creativas de la Revolución. Vicepresidencia del Estado Plurinacional: La Paz.

[5] Rivera, Silvia. (2014). Mito y desarrollo en Bolivia: El giro colonial del gobierno del MAS. Piedra Rota / Plural editores: La Paz.

Fuente de la imagen: http://www.banderarojacanarias.org/2019/01/el-asesinato-de-rosa-luxemburgo-para.html