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Las Heroínas (Casi) Olvidadas de la Lucha Sindical

Erika Quinteros Lucas[*]

Foto tomada del libro Luchas Sociales en el Perú, Huacho 1916 – 1917,
Filomeno Zubieta Nuñez

Irene Salvador Grados nació en marzo de 1873 en Toma y Calla, aproximadamente a 140 km al norte de Lima. Años después, la niña que creció dentro de una familia de campiñeros y agricultores se convertiría en una de las protagonistas de la huelga de 1917 en Huacho. Sin embargo, la mujer del norte chico del Perú que ayudó a enrumbar el futuro de todo un país ha sido borrada de la historia nacional.

Hace 100 años, el 15 de enero de 1919, se marca un hito en la historia sindical de nuestro país, después de años de luchas, los obreros y obreras logran el reconocimiento legal de la jornada de las ocho horas de trabajo, a nivel nacional y para todas las personas. Sin embargo, cabe recordar que el año anterior ya se había promulgado una ley que otorgaba la jornada de las ocho horas para las mujeres y los niños. Por ello, es importante resaltar que la conquista por las ocho horas no fue un momento esporádico ni ajeno a las mujeres de aquella época, sino que estuvo marcado por una serie de reclamos organizados que empezaron desde fines del siglo XIX y que con los años tomó mayor fuerza. Es así que, entre 1910 y 1919, Perú fue el escenario de numerosas movilizaciones donde hombres y mujeres obreras salían a las calles a exigir condiciones laborales dignas.

En una época en la que las mujeres no teníamos derecho a elegir a nuestros representantes políticos, Irene junto a otras trabajadoras llevaron la batuta y eligieron representarse a sí mismas. Lamentablemente, mientras Irene marchaba, 300 efectivos armados obstaculizaron su paso y la asesinaron. Ese día también murieron Manuela Chaflojo, Luz Díaz, Margarita Estupiñan, Isabel Rosadio, Maria Lucho, Luisa Pérez, Jesús Pérez, Ruperta Pérez, etc. y por lo menos veinte más quedaron heridos y heridas.

Si la historia sindical del Perú es raramente enseñada en los colegios, peor aún el rol que las mujeres tuvieron en estas luchas históricas y heroicas. Un estado patriarcal ha impulsado una mirada machista sobre la historia de nuestro país, relegando a las mujeres a un segundo plano, exhibiéndolas como seres distantes de la época en que vivieron, indiferentes ante todo acontecimiento político, económico, social y cultural. Esta cultura falócrata profundiza en los prejuicios que se tienen sobre el comportamiento de las mujeres. Por eso, lamentablemente, no sorprende que en lo que va del año ya se han registrado 67 casos de feminicidio. Más allá de los números, cada una de esas vidas representa el dolor de una mujer acosada, violentada y hostigada hasta ser asesinada, significa que las mujeres corremos riesgos tanto dentro como fuera de casa, significa que vivimos en una sociedad misógina en la que un puñado machos y mujeres machistas (porque las hay) creen tener derecho sobre nuestros cuerpos y pensamientos.

Por este motivo, cada día es más importante que hablemos sobre lo fundamental de una educación con enfoque de género. Esto significa una educación en la que niños y niñas conozcan la historia de mujeres y varones valientes, mujeres líderes de su época que también dieron su vida por lo que creyeron justo. Asimismo, es fundamental que a través de estas enseñanzas las niñas puedan reconocer sus sentimientos y sueños en algunas de nuestras heroínas, motivarse con sus hazañas y tenerlas como modelos de vida si así lo desean. Es clave, para una sociedad saludable, que los niños entiendan que también hay un equipo de fútbol femenino (aunque no lo pasen por la televisión), que está bien emocionarse y llorar, que no tiene nada de malo que te guste el color rosa porque eso no nos define como personas y lo más importante que nadie le pertenece a nadie porque todos y todas somos seres humanos libres, con derechos y deberes.

Aunque me gustaría poder hablar más de Irene, es muy poco lo que se ha podido registrar de ella. Sin embargo, algunos libros importantes para aprender sobre la vida de Irene y de otras mujeres heroicas son: “Luchas Sociales en el Perú Huacho 1916-1917” e “Irene Salvador – La Huelga de 1917 en Huacho”, ambos de Filomeno Zubieta y, “Mujeres en El Origen Del Movimiento Sindical: Crónica de Una Lucha Huacho, 1916-1917” de Carolina Carlessi. A pesar de los pocos registros sobre Irene, en su natal Santa María no la han olvidado. Una plazuela y una calle llevan su nombre, también hay un busto alrededor del cual, todos los años, se reúnen familiares, amigos y vecinos para homenajearla. Ojalá y en los próximos años también veamos su nombre en los libros de historia escolares para que niñas y niños se inspiren con esta gran mujer.

______________________________[*] Ingeniera, Magister en Gobernanza y Comunicación Política.

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Desfile de miserias Revelaciones neoliberales, nada liberales

Jorge Millones

La desgracia de tener que ver y oír cómo nuestros congresistas se rasgaban las vestiduras defendiendo impunidades e injusticias en medio de una retahíla de indignidades y fariseísmos, ha sido sin duda, un vía crucis para todos. Se deshicieron en descalificaciones, insultos y altisonancias para que al final terminaran votando a favor de la confianza al Ejecutivo manteniendo intactas sus curules y el statu quo corrupto.

En esta triste e indignante pasarela de miserias, a muchas y a muchos, como decían las abuelas, “se les vio el fustán”. Desde arcaicos machismos y racismos, hasta conchudos clasismos y acendrados odios ideológicos anti izquierdistas.

Con mi curul no te metas
Un ultra conservador pastor evangélico devenido parlamentario, citando la Biblia en un ámbito que se supone es laico como el Congreso, llama dictador al Presidente Vizcarra, seguidamente se declara en “huelga democrática” y se retira a sus aposentos. ¿Sabrá algo sobre el derecho a huelga el congresista Rosas? Si no quería soplarse el insufrible debate del hemiciclo mejor se declaraba enfermo, o simplemente, no iba. Ojalá le descuenten la gracia por haberse retirado así.

Tal parece que cualquiera que critique al Congreso -casi el 90% de peruanos- es un extremista o dictador. Y es que en esta hoguera de las vanidades que es el Congreso hubo que soportar a Karina Beteta despotricando contra las políticas de paridad y alternancia. Y como siempre es más fácil descalificar que debatir, se construyó su monigote ideológico para darle duro: “Siempre voy a estar en contra de la paridad, no la voy a cambiar. No se les puede OBLIGAR a las mujeres a participar en política”. ¿De dónde habrá sacado esa idea la ex nacionalista y ahora fujimorista Beteta? La paridad promueve igualdad de condiciones, no impone ni obliga a nadie. Pero claro, siempre es mejor atacar una caricatura que hacerle frente a la idea original.

No me toques el dinero
Bastó que el Ministro Zeballos dijera que hay buenas experiencias de empresas estatales sugiriendo una aerolínea nacional, para que “Expreso”, uno de los voceros de la oligarquía, le sacara una portada digna de un diario chicha montesinista. Y es que cuando a la derecha se le recuerda que el actual tipo de corrupción -desmesurada y sofisticada- es connatural a su modelo económico, se rasgan las vestiduras y gritan “¡Estatismo!”, “¡Velasco!” entre otras perlas que acaban en la ya venerable tradición derechista y retrógrada del “terruqueo”.

Inmediatamente, se activaron los dispositivos de control mediático y aparecieron los “analistas” a pronunciarse a favor del modelo económico y advirtiendo de la amenaza estatista. Cuestionados medios de comunicación, que hacen parte de oligopolios y grupo de poder, “ponen en agenda” que la izquierda quiere “romper la institucionalidad” ¡y no reconocen que la escalada de corrupción neoliberal que tenemos viene destruyendo la democracia y las instituciones desde los años noventa! Hablan desfachatadamente de modelos caducos y no reparan que vivimos una crisis total provocada por la corrupción de origen empresarial que es producto directo del modelo económico que ellos impusieron con un golpe de Estado y aún lo defienden.

Y como las cámaras te dan tribuna para despacharte, Mercedes Aráoz -la recordada ex ministra del baguazo de García- se despachó contra la marcha a favor de cerrar el Congreso. Igual que Beteta, se construyó su monigote ideológico y arremetió: “quiere romper la Constitución, quiere cambiar el modelo económico, quiere que no tengamos el capítulo económico, que sea un país estatista, que ya se ha probado en todas partes del mundo que no funciona (…) El modelo que ellos plantean es totalmente errado… quieren buscar que se rompa el régimen que tenemos para convertirnos en un país ligado a modelos ancestrales”. ¿Modelos ancestrales? Mejor dejamos ahí eso.

¿Cómo no se va a querer romper una Constitución que proviene de un golpe de Estado y que ha promovido intensamente la corrupción de alto vuelo? ¿Cómo no se va a querer cambiar un modelo económico que destruye las instituciones y la democracia para beneficiar a poderosos y corruptos monopolios y oligopolios que se libran de pagar impuestos?

Ahora entendemos porqué Vizcarra no la quiere a su lado y la mantienen al margen de la política anticorrupción.

Mucho blanco en la plancha
Las declaraciones racistas de Carlos Bruce lo pintan de cuerpo entero, máxime si no es consciente de ellas. Puede haber avanzado en el reconocimiento de ciertos derechos en el ámbito lgtbi, pero sigue creyendo en las razas, “lo provinciano” y su valoración de aquello es negativa. En su afán de ningunear al Presidente, también construye un monigote ideológico a la medida de su veneno: «El presidente Vizcarra no es un político, es un exgobernador regional de una región muy pequeña y que candidateó en una lista en la que inicialmente estaba para ser congresista por Moquegua. De pronto dijimos ‘oye, necesitamos un provinciano en la plancha porque hay demasiados blancos’ y terminó como presidente por lo que todos sabemos».

Lamentable e indignante. Los comentarios de Bruce son extendidos, mucha gente piensa así y la educación tiene un papel clave en eso. Pero un congresista no puede expresarse así y azuzar taras sociales como el racismo. Puede discrepar con Vizcarra, pero no descalificarlo por su origen o la pigmentación de su piel.

Lo que hay detrás de este ninguneo que caracteriza al poder, es la incapacidad de aceptar la realidad, de confrontar hechos y evidencias para permanecer en una zona de confort en la que el “Otro” es quien siempre se equivoca, el “Otro” es el que sobra, el “Otro” es “rojo”, “terruco”, cuando no “provinciano”, “no blanco”, “mujer”, “lgtbi”.

Este es el peor de los legados del neoliberalismo, atizar las miserias humanas, las taras sociales, los prejuicios y hacerlos arder en el fuego del odio. Porque a más odio, campea la desconfianza y el cinismo. Y con eso, es imposible construir un país.