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FARTAC en las calles de Lima

Justo Chilo

Hace una semana la Federación Agraria Revolucionaria Túpac Amaru de Cusco (FARTAC) se movilizo en las calles de Lima, aquí Victor Raul Maita, secretario general de la federación, nos comenta cual fue la razón de su presencia en la capital.

  • El año pasado la FARTAC entre los meses de noviembre y diciembre, hemos sido golpeados por las inclemencias climatológicas, sequias, heladas, granizadas, motivo por el cual hemos realizado sendas asambleas regionales con presencia de presidentes comunales, ligas agrarias distritales, provinciales, y rondas campesinas, así como conferencias de prensa, producto de ello se ha declarado en estado de emergencia el agro en la región de Cusco, sin embargo nuestra indignación es que han destinado un presupuesto totalmente pequeño de 109 mil soles para el sector agrario, y el reporte de la dirección regional de agricultura es de 13 mil hectáreas de cultivos que se han perdido en Cusco, si hacemos una operación matemática correspondería a 8 o 7 soles a cada agricultor por hectárea, lo cual ese monto nos parece un insulto, por tal razón decidimos hacer una marcha de sacrificio hacia Lima, por lo cual tras 5 días de marchas, de plantones en la PCM, en el congreso de la república, finalmente se ha aperturado una mesa de dialogo con el vice ministro de políticas agrarias y riego, se ha llegado a algunas conclusiones. Una de las conclusiones se ha concretado este último lunes 28, nos ha visitado a Cusco el director general de infraestructura agraria y riego, ha presentado toda la cartera de proyectos en cuanto al sistema de riegos tecnificados, en el cual los alcaldes han tomado conocimiento de todos esos proyectos que todavía faltan subsanar.
  • De esta manera desde la FARTAC no solo se debe pensar en el momento, frente a la emergencia debe existir acciones inmediatas, creo que debemos pensar hacia el futuro, y eso pasa por tener un plan de contingencia, si bien es cierto hemos sido golpeados por inclemencias climatológicas, por ejemplo, cuando hubo sequias no teníamos un represamiento de agua, ni cochas, ni un sistemas de riego tecnificado, para de alguna manera combatir la sequía, en ese sentido el director general de infraestructura agraria, ha expuesto también como se debe elaborar los expedientes técnicos no solo para sistema de riego tecnificado sino también para proyectos de represamientos de agua, para cosecha de agua, siembra de agua.

¿Cuáles son los siguientes pasos que seguirá la FARTAC?

Desde la FARTAC queremos aperturar una mesa de diálogo para el desarrollo agrario regional, tenemos programado organizar una “Cumbre Agropecuaria” para fines de febrero, en el cual va a estar presente el ministro de agricultura, el director regional de agricultura, el gobernador regional, y la presencia de dirigentes, presidentes comunales, ligas agrarias distritales y provinciales, también se va a tocar el tema de la política agraria integral, nuestro objetivo es que la actividad agraria sea rentable, y porque no soñar en la agro exportación o darle valor agregado a nuestros productos.

Sobre el caso de Espinar, los pobladores están exigiendo emergencia sanitaria, ¿Cuál es tu opinión sobre este caso?
Los compañeros de Espinar, han entendido que las empresas extractivas han estado contaminando el agua, y creo que ahora sale a la luz que el agua contiene metales pesados, esto se hablaba desde hace mucho tiempo atrás, pero nadie le ponía intereses, creo que se ha evidenciado, nuestra total solidaridad, el ministerio de salud debería ya intervenir, como la fiscalía de la nación, lamentablemente en la provincia de Espinar el agro , la ganadería ha sido desplazada por la actividad extractiva, ojala tomen conciencia los dirigentes de Chumvibilcas, esperamos articular un lucha próxima desde la FARTAC y la federación unificada de campesinos de Espinar.

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Huancayo: Bicentenario y disputa por el poder

Huancayo: Bicentenario y disputa por el poder en el Juego de Tronos

Luis Rodríguez

Los señores no negocian con campesinos
Ken Follet, Un mundo sin fin

El campesinado era imprescindible mientras esto fue una guerra nacional. No podías hacer una guerra con Chile sin el apoyo del campesino. Pero para llegar al poder necesitas el apoyo de los terratenientes. Y ¿Cuáles son las reivindicaciones básicas de los terratenientes? Primero, el desarme de los indígenas y en segundo lugar la recuperación de las haciendas.
Nelson Manrique

Lenin recordaba con frecuencia a Robespierre, extrayendo de la experiencia jacobina la lección que la revolución se excede siempre, por definición, a sí misma. “El tercer estado (plebeyos) no quería una sociedad burguesa, que progresivamente adquiría tintes aristocráticos” (Hobsbawm). Los jacobinos empujaron la revolución francesa más allá de si misma, más allá de donde estaban dispuestos a llevarla (tolerarla) los ideales burgueses. Con la Republica Jacobina se conservó el país y triunfó la Revolución amenazados ambos por la aristocracia extranjera y numerosas sublevaciones internas.

Curiosamente, ese es el núcleo del argumento de la serie Juego de Tronos. Muerto el Rey se inicia un periodo de caos y crisis política muy honda (expresados en guerras e inestabilidad profunda). En suma, se abre un proceso destituyente. La salida a la crisis no tiene que ver únicamente con la sucesión sino fundamentalmente con la construcción de (un nuevo) orden social y político a manos de quienes (enanos, bastardos, mujeres, caídos en desgracia, inválidos, plebeyos) en el viejo orden nada tenían que hacer más que obedecer y ver, desde su privado sufrimiento, la práctica política  destinada únicamente para los nobles. En suma, la serie narra el desarrollo de un proceso constituyente, como salida a la crisis, que tiene a la base (como su única posibilidad) una irrupción plebeya que Daenerys, luego de liberar a esclavos y gobernar sin la nobleza, resume “Lannister, Targaryen, Baratheon, Stark, Tyrell, solo son rayos de una rueda, ahora está uno arriba y luego el otro y sigue girando aplastando a todos a su paso… no voy a detener la rueda, voy a romper la rueda”.

El evento “Voces del Cambio” a realizarse en Huncayo el 26 de Enero se desarrolla no solo en medio de un proceso destituyente (crisis de régimen o del sistema político neoliberal) sino, y esto debe quedar claro, ante la posibilidad real de abrir un proceso constituyente que NO TIENE que ver en primera instancia con cambiar el texto de la Constitución del 93 (en términos de las ciencias políticas “constitución formal”) sino que tiene que ver en el fondo con construir una mayoría social y política (es decir cambiar la correlación de fuerzas, en términos de las ciencias políticas “constitución material”) a partir de articular un proyecto de país (un nuevo sentido común de época) que jubile de una vez por todas la idea-fuerza del “Perú país de emprendedores” (donde cada uno baila con su pañuelo teniendo como enemigo al Estado) que inaugurara De Soto a inicios de los 80, volviendo hegemónica a las oligarquías nacionales.

A diferencia de quienes ven en el evento “Voces del Cambio” únicamente un espacio de construcción de unidad de las Izquierdas (mirada que siempre tendrá a su base una apuesta cerrada e identitaria lo que no deja de ser curioso en un contexto de crisis de la izquierda y en el que la mayoría de las organizaciones que se reunirán están en medio de procesos de formación), la apuesta debería más bien estar orientada a sentar las bases de una articulación mayor: la articulación de una voluntad colectiva nacional y popular.

No se puede aspirar a construir poder y ser gobierno sin plantearse la construcción de un pueblo vinculado íntimamente a la idea de una patria nueva que han de construir los de abajo, esos, la mayoría, que no participarán en el evento Voces del Cambio. No se trata de convencernos a nosotros mismos, a los ya convencidos. Ni se trata de disputar el estrecho campo de la izquierda. Por el contrario, se trata de expandir el espacio abierto del cambio, de expandir lo posible. La política no es el arte de lo posible (este es el sentido conservador de la política). La política, en sentido revolucionario, trata más bien acerca de cómo expandir lo posible.

Plantearse un proceso constituyente en el Perú del siglo XXI supone identificar quienes son aquellos y como, en los últimos 40 años, se hicieron del poder y las instituciones para beneficio propio. Las elites económicas y políticas son las que han mandado en las ultimas 4 décadas. Y no deben seguir haciéndolo más si queremos que las cosas cambien. Corresponde por tanto cambiar la estructura del poder que se construyó desde Morales Bermúdez y que hoy se tambalea.

Nadie en la derecha pide a las organizaciones políticas de derecha que se unan. ¿Por qué?. Pues porque no lo necesitan. Son, aun, hegemónicas. Por eso, y por una fuerte carga de oportunismo, Sheput puede pasar de PP a PPK o Alcorta de UN a FP. Los partidos  de derecha han demostrado que en gran medida son lo mismo. No obstante, y esto da cuenta del espacio abierto para el cambio, la hegemonía neoliberal que construyeron desde los 70, está en crisis. Cabe por tanto plantearse la construcción de una nueva hegemonía democrática y popular.

El reto de las organizaciones que se reunirán en Huancayo, tiene que ver con expandir y empujar lo posible más allá de sí mismo. Esto supone plantearse el 2021 desde un enfoque constituyente que demanda una enorme generosidad para no utilizar de excusa acciones o comentarios, algunos ciertamente inaceptables, para patear el tablero. Este reto tiene además una responsabilidad generacional “de impulsar un nuevo momento de articulación social y política, que incluyan a ciudadanos y ciudadanas que no militan pero que se suman a esta voluntad de cambio, al igual que a los sectores políticos sociales y organizados” como bien ha señalado Anahí Durand en reciente artículo (Una mayoría popular para cambiar al país: Más allá o más acá de las izquierdas).

La generación del 68 dejó una tarea inconclusa, fundar un nuevo país. Corresponde empujar hasta su concreción en la realidad ese viejo sueño que no una sino varias veces se volvió trunco: un país de todos y de todas. Huancayo conoce de tareas revolucionarias y también de frustraciones que no deben volver a ocurrir. Durate la guerra con Chile las comunidades campesinas e indígenas del valle del Mantaro formaron guerrillas que al mando de Avelino Cáceres, combatieron al ejército chileno demostrando generosidad y amor a la patria inquebrantables.

Sin embargo, una vez terminada la Guerra la movilización de los guerrilleros campesinos e indígenas como ha señalado Nelson Manrique desbordó “los límites que la sociedad terrateniente imponía a la acción autónoma de los indígenas (que expresaba) un potencial revolucionario aún confuso y larvario, pero no menos amenazador… para los intereses de la elite regional». Cáceres, buscando el apoyo de los oligarcas de la costa y hacendados y terratenientes de la sierra les dio la espalda y reprimió brutalmente en vistas a hacerse del poder. Esto no puede volver a ocurrir. Es hora de superar una lógica liberal de la política, en la que muchas veces cae la izquierda, de buscar la mera representación para pasar a convertirse en bisagra que impulse una (re)politización de la sociedad peruana y una irrupción plebeya en el Estado en vistas a refundar la Republica, la del Bicentenario.

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Una mayoría popular para cambiar al país

(Más allá o más acá de las izquierdas)

Anahí Durand Guevara

Los últimos tiempos, el espectro político del país se ha movido de manera tal que poco queda de los partidos que disputaron la segunda vuelta electoral del 2016 y sus líderes. Ex presidentes y líderes políticos enfrentan sendos juicios por corrupción, el Congreso enfrenta la peor deslegitimación de su historia lo mismo que el poder judicial y el ministerio público. La crisis de régimen ha desnudado la podredumbre de la clase política que se ha turnado el poder desde 1990 y son cada vez más las y los peruanos que consideran necesario empujar cambios profundos.

En efecto, superar la crisis requiere llevar adelante cambios y en esa línea los distintos grupos y actores políticos configuran ya algunas salidas. Los sectores (neo) liberales aliados a grupos de poder empresarial, temerosos de que peligre el sistema que tantos beneficios económicos les ha dado, empujan una salida normalizadora. Vizcarra es una pieza en este juego y probablemente otros como Julio Guzmán también lo sean, prometiendo algunas reformas cosméticas, pero manteniendo lo sustancial del modelo. Otra salida es la que alienta la derecha más bruta, esa que clama por un Bolsonaro local y pretende mostrarse como una propuesta de normalización basada en la imposición de la mano dura, la defensa de la religión, la exacerbación del machismo, la xenofobia y la defensa de los privilegios de los ricos de siempre.

Contra esas salidas normalizadoras empeñadas en iniciar un nuevo ciclo de gobernabilidad neoliberal -con nuevos rostros pero el mismo esquema de acumulación, desposesión y corrupción- es urgente afirmar otro camino. Consideramos que hay espacio para impulsar una salida democratizadora y popular, que ponga punto final al ciclo de captura neoliberal del Estado legitimado por la Constitución 1993. El modelo político económico que precariza la vida es insostenible; genera violencia en los territorios, se ensaña con los cuerpos de las mujeres, incrementa la desigualdad y enriquece a unos pocos privando al pueblo de vida digna. Existe un sector importante de la población que quiere cambios de fondo y no ha dejado de movilizarse. reclamando por derechos laborales, manifestándose contra la violencia a las mujeres, reclamando contra la corrupción y los jueces mafiosos etc.

Afirmar esta salida democratizadora y popular requiere por un lado aglutinar una mayoría capaz de politizarse y movilizarse y, por otro lado, articular un instrumento político capaz de representar esa mayoría y disputar el gobierno. En ambos aspectos hoy existe un potencial enorme de construcción y articulación, pero también serias limitaciones que no se resolverán en el corto plazo y requieren amplios esfuerzos articuladores.

Respecto a lo primero, avanzar en aglutinar una mayoría social con capacidad de politizarse y movilizarse requiere primero asumir que la fragmentación social se mantiene. Factores como el conflicto armado, el clientelismo fujimorista, la crisis del sindicalismo y la penetración de lógicas individualistas han socavado la capacidad de movilizar la indignación de los sectores populares. Si bien en esta crisis el descontento fue latente y se desarrollaron varias movilizaciones, estas carecieron de contundencia…en medio del desmadre nacional vivido el 2018, el desarrollo de movilizaciones masivas, politizadas y coordinadas hubiera inclinado el escenario hacia salidas destituyentes, empujando un adelanto de elecciones, el cierre del Congreso e incluso una posible convocatoria a Asamblea Constituyente. Pero eso no ocurrió y esta mayoría socio política se encuentra todavía en (re) construcción, dependiendo su fortalecimiento de enlazar distintas experiencias. Es un momento en que el encuentro de las distintas organizaciones y ciudadanos descontentos con la voracidad del neoliberalismo pueden aportar a la conformación de una nueva mayoría popular, que se nutre de la diversidad de tradiciones y demandas presentes en los sindicatos, las comunidades que defienden sus territorios, las mujeres, las diversidades sexuales, los pueblos indígenas y afros, los colectivos ciudadanos etc.

Respecto a lo segundo, la construcción del instrumento político capaz de representar esa mayoría y ganar el gobierno asegurando una salida democrática a la crisis, requiere también tener en cuenta limitaciones y potencialidades. Las fuerzas de izquierda dispuestas a asumir esta tarea deben reconocer que ninguna tiene la suficiente fuerza para llevar a cabo la tarea sola. Las ultimas experiencias de construcción y participación político electoral de las izquierdas no han sido alentadoras. Por un lado, no han logrado cumplir con las excluyentes reglas de juego que benefician a quienes tienen dinero, y se han quedado sin inscripción formal como el Nuevo Perú. Por otro lado, los grupos que participaron en las elecciones regionales ensayaron estrategias distintas con los mismos malos resultados; Juntos por el Perú aglutinó siglas, pero estuvo lejísimos de congregar apoyo electoral, y el MAS de Goyo Santos ensayó construir su propio bloque plebeyo popular, incluyendo empresarios como la Capuñay, obteniendo malos resultados en Lima y una dura derrota en Cajamarca. Algunas fuerzas regionales como Cerron o Aduviri lograron gobiernos regionales pero su proyección nacional es todavía limitada.

Generar el Encuentro; Voces del Cambio en Huancayo¿Cómo construir esa mayoría político social que permita afirmar una salida popular, democratizadora y anti neoliberal a la crisis? ¿Cuál debe ser el instrumento político que dote de representación a esa mayoría y dispute el gobierno? Antes que ensayar respuestas infalibles debe quedar claro que se trata de procesos concurrentes pues articular una mayoría socio política fortalece las posibilidades de consolidar un instrumento político electoral con opciones de ganar y viceversa. Construir esta nueva mayoría hegemónica requiere que organizaciones sociales y fuerzas políticas se encuentren en esta doble tarea, articulando las demandas sociales desde abajo, politizando el descontento, reconstruyendo el tejido social, generando dinámicas militantes y también consolidando una alternativa electoral. En esta línea las organizaciones comprometidas con la transformación del orden neoliberal han convocado a dos eventos claves: el Encuentro Nacional de los pueblos el 16 de febrero en Lima y el Encuentro Nacional de organizaciones políticas de izquierda en Huancayo el 26 de enero.

A pocos días del evento de Huancayo, es importante insistir en su valor como espacio de encuentro con gran potencial para convocar y articulador esa mayoría popular que excede las izquierdas pero que las contiene de manera central. Y esa potencialidad no radica en la suma de siglas sino en la ampliación del marco de resonancia, donde lo que se multiplica y refuerza es el acumulado articulador de cada fuerza.  No se trata de insistir en una unidad en la clave ensayada por la izquierda de los 70; esa unidad estilo frentista donde estructuras orgánicas ideologizadas se juntaban bajo el paraguas de un frente negociando el orden de la participación electoral fracasó. Hoy los tiempos son otros, otros los protagonistas y las claves de articulación también, más que ir a Huancayo a cerrar una plancha presidencial o a competir en radicalidad y/o pureza, lo que se necesita es ir a avanzar en un diálogo que siente las bases de una gran plataforma social, política y ciudadana, que constituya esa una mayoría necesaria para ganar las elecciones, cambiar el país a través de un proceso constituyente y sostener ese proceso de cambio.

En el Perú y la región vivimos un momento grave, los sectores más recalcitrantes de la derecha se sienten empoderados y atacan abiertamente todo aquello que desobedece su modelo patriarcal, occidental centristas de pobres sumisos y pocos privilegiados, por eso odian a las mujeres, a los pueblos indígenas, a la población GLBTI. Y saben que para imponerse no es suficiente con llegar al gobierno por ello tejen alianzas con grupos religiosos y delictivos para colonizar el mundo de la vida instalándose en los territorios más empobrecidos. No podemos hacer frente a estos poderes enfrentándonos en un radicalismo ideologicista que nos marginaliza, tampoco lo haremos cediendo a un centro liberal complaciente con la corrupción y las fuerzas ultra conservadoras. Tenemos una responsabilidad hasta generacional de impulsar un nuevo momento de articulación social y política, que incluyan a ciudadanos y ciudadanas que no militan pero que se suman a esta voluntad de cambio, al igual que a los sectores políticos sociales y organizados. Hay que moverse para sentir las cadenas decía Rosa Luxemburgo hace cien años, insistamos en encontrarnos y movilizarnos o las cadenas seguirán bloqueando las opciones de cambio.

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Los difíciles caminos de la unidad

Alberto Gálvez Olaechea

Dentro del frente único cada cual debe conservar su propia filiación y su propio ideario. Cada cual debe trabajar por su propio credo. Pero todos deben sentirse unidos por la solidaridad de clase, vinculados por la lucha contra el adversario común, ligados por la misma voluntad revolucionaria, y la misma pasión renovadora. Formar un frente único es tener una actitud solidaria ante un problema concreto, ante una necesidad urgente…Que no se esterilicen bizantinamente en ex-confesiones y excomuniones reciprocas. Que no alejen a las masas de la revolución con el espectáculo de las querellas dogmáticas de sus predicadores. Que no empleen sus armas ni dilapiden su tiempo en herirse unos a otros, sino en combatir el orden social sus instituciones, sus injusticias y sus crímenes. 
José Carlos Mariátegui 

1. La unidad de las izquierdas ha sido siempre una de los temas recurrentes en los distintos procesos revolucionarios y cada uno los resolvió a su manera. Donde se logró conformar direcciones estratégicas unificadas, los procesos avanzaron (como en Cuba, Nicaragua, El Salvador y la propia Unidad Popular chilena). Desde que se produjo la dispersión político-ideológica de las izquierdas, especialmente en América Latina, el tema de la unidad se volvió crucial, pues era el medio de centralizar a la vanguardia popular dándole posibilidades de un accionar coherente y un propósito común.

2. La dispersión de las izquierdas tiene que ver con la misma naturaleza de la sociedad, con la fragmentación étnica, cultural y social de los pueblos. No es en sí misma una maldición. Puede ser por el contrario enriquecedora, proporcionar miradas distintas, tradiciones y culturas diferentes, que pueden complementarse y retroalimentarse. Pero claro, si se la toma con espíritu tribal, el camino es el degastante proceso de auto-sabotaje. Ya el Amauta JC Mariátegui planteaba “somos todavía muy pocos para dividirnos”. Es cierto que la unidad por sí sola no garantiza la victoria, es apenas una herramienta. Pero una herramienta valiosa.

3. Desde el incipiente Frente de Liberación Nacional del año 62, hasta la IU de los 80s, la izquierda peruana tiene diversas experiencias de Frente que deberían evaluarse con seriedad para sacar lecciones. Una cosa que resulta clara de la etapa del 78–90 es que la unidad fue fundamental para avanzar y la no-unidad implicó retrocesos.

4. Otro hecho evidente es que la unidad es un espacio de lucha. Que no borra las diferencias, pero crea los mecanismos institucionales para dirimirlas, para que las distintas opciones confronten y eventualmente se alternen, pero manteniendo vigentes sus opciones como alternativa al viejo orden, y no retroceder a la marginalidad.

SECTARIOS, LOS PUROS
5. El sectarismo es uno de los temas recurrentes de la política revolucionaria de todos los tiempos. El proceso de afirmación de un proyecto transmfomador suele acarrear, sobre todo en su etapa inicial, cuando intenta afirmarse, cuando es aún un pequeño grupo propagandístico más o menos marginal, una dosis de sectarismo, vinculado a su búsqueda de afirmación e identidad y alcanzar los arraigos indispensables para convertirse en fuerza política actuante.

6. El mayor salto de calidad del naciente grupo revolucionario es pasar de la prédica ideológica a la acción política. Dejar de discursear a la realidad y pontificar sobre ella, para hacer avanzar los procesos políticos y sociales, acumular fuerzas y cambiar las correlaciones entre los diversos actores. A eso le dedicó Marx su famosa frase de Crítica al programa de Gotha: “Más vale un paso de movimiento real que una docena de programas”. Es contra la mirada simplificada del mundo, contra el maniqueísmo del “blanco o negro” del “todo o nada”, que Lenin escribió su célebre opúsculo “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”. El movimiento comunista que siguió a la revolución de octubre tuvo sus etapas sectarias y sus momentos de amplitud política. Las tesis sobre el Frente Único del tercer y sobre todo del cuarto congresos del Comintern fueron los momentos de apertura a las alianzas, seguidos del sectarismo del V y sobre todo del VI Congresos (que levantó las tácticas de “clase contra clase” y “socialfascismo”). Tuvo que venir el VII Congreso de 1935 para que Dimitrov formulara la política de los Frentes Populares que permitió las victorias de la izquierda en Francia y en España.

7. Esta visión recargada de ideología produjo el desencuentro entre la naciente nueva izquierda de los 70s y Velasco, el momento más significativo de transformaciones del Perú. No entendimos, como Mariátegui, que la revolución no es otra cosa que un proceso de reformas llevadas hasta sus últimas consecuencias.

8. Esta idea de la revolución como asalto al poder de minorías iluminadas y no como proceso complejo de movilización y conciencia política de las multitudes, lo que llevó un sector de la izquierda a abstenerse en las elecciones a la Asamblea Constituyente de 1978 con la consigna de “la lucha es el camino y no las elecciones”. Esta lógica Sendero la llevó hasta sus últimas consecuencias. En las elecciones de 1980, el sectarismo rompió el ARI, permitiendo que la transición democrática la hegemonizara la derecha, profundizando el largo proceso de contrarreforma. Esta misma concepción, subestimando el proceso democrático en la construcción del socialismo, puso en práctica discursos estrategistas que desencadenaron la violencia política de la que no terminamos de salir. En fin, el listado podría continuar, pero esto baste para ilustrar las dramáticas consecuencias que pueden producir las concepciones sectarias, que no por bien intencionadas, son menos peligrosas.

9. Hay un hecho de la historia política reciente que vale la pena mencionar en polémica con esta concepción sectaria. Es el llamado de Verónika Mendoza a votar por PPK para cerrarle el paso al fujimorismo. De haberse mantenido callada (como Barnechea) o haber planteado una denuncia principista, pero infructuosa, de ambas candidaturas, el fujimorismo tendría en sus manos la maquinaria del Estado, con todas las nefastas consecuencias que ello habría implicado. El fujimorismo, que parecía una maquinaria indetenible, está en crisis, lleno de luchas intestinas, lo cual se hubiera ahorrado de controlar el gobierno, pues el éxito, amén de fortalecerlos moralmente, les habría otorgado los recursos públicos para cohesionarse y comprar lealtades. Keiko sería presidenta y no presidiaria.

Las masas se educan a partir de su experiencia y no con los discursos y, por lo tanto, la labor estratégica es acompañarlas en el proceso de hacer su experiencia y sistematizarla luego. Deben vivir su historia y no que les sea contada por otros por adelantado, como pretendimos algunos con los resultados a la vista.

10. Para los sectarios de vena maoísta quizá les sería útil leer los escritos de Mao sobre el frente único contra los japoneses, y a los epígonos del trotskismo los escritos de Trotsky sobre fascismo y sobre España. Aprender que la política es el arte de sumar fuerzas y aislar al enemigo principal e introducir cuñas en sus fisuras. Que la política es pedagogía de multitudes, que no se trata paternalistamente de contarles la película, sino que la vean o, mejor aún, que la produzcan y la actúen.

CAMINOS DE LA UNIDAD HOY
11. La primera tesis es que se debe convocar a la unidad sin exclusiones. Un programa común y una ejecutoria política consecuente y honesta deberían ser los únicos parámetros. Los que se auto-marginen lo harán bajo su propia responsabilidad. Comenzar a sacar a cada quien su rosario de historia negras, reales o ficticias, solo envenena el ambiente. Poner vetos abre un espiral impredecible.

12. En segundo lugar, tenemos que superar la concepción del “alianza estratégica” asignándole ese carácter a tal o cual agrupamiento político. Lo estratégico lo iremos construyendo si somos capaces de sumar pueblo, de agrupar y movilizar a las redes de activistas y a los izquierdistas dispersos a lo largo y ancho del país. Lo estratégico no consiste fundamentalmente en la alianza electoral—sin duda una palanca importante— sino en recuperar en el pueblo un sentido comunitario, cooperativo y solidario, en recuperar su confianza en las propuestas de cambio, en construir organización y generar confianza en un liderazgo verdadera y honestamente comprometido en la transformación auténtica del país.

13. Partimos de la izquierda realmente existente, con sus limitaciones y potencialidades, con su historia de aciertos y errores, con sus experiencias e inexperiencias. Es la izquierda formada y deformada en la larga noche de la derrota, que tiene que tener la sabiduría de sobreponerse a sus adversidades y afrontar con madurez y responsabilidad los desafíos de la hora actual.

14. Vivimos una época de relevo generacional, lo que no significa negar el valor y el aporte de los viejos militantes que, en medio de la derrota supieron mantener la dignidad y los principios. Pero hay que ser claros que ya una nueva generación tomó la posta, que esto es saludable y que conscientemente debemos acompañar este proceso.

15. Vivimos un momento feminista. Hegel decía que ninguna transformación histórica se produce sin pasión. Y es desde las mujeres que sentimos que se sitúa la pasión hoy. En sus batallas, en su capacidad movilizadora, en los cuadros talentosos y en la justicia de sus demandas, hay un potencial transformador que deber ser tomado debidamente en cuenta.

16. Tenemos que partir de la seriedad en los compromisos y el respeto por la palabra empeñada. El esfuerzo unitario requiere mucha responsabilidad y consistencia. Los debates ideológicos y las diferencias de opinión son bienvenidos. Las expresiones altisonantes y los agravios en cambio, deben ser proscritos. Una de las cosas aprendidas en largos años es que, detrás de la retórica radical hay generalmente un arribista queriendo posicionarse ante la tribuna.

17. No podemos hacer de la Inscripción el elemento central de nuestro posicionamiento político para obtener ventajas. Es cierto que constituye un activo de gran importancia, pero convertirlo en instrumento de negociación y chantaje político solo pervierte el proyecto.

CAMINO DE HUANCAYO
18. Hay reconocer que Vladimir Cerrón, ganador de las elecciones regionales de Junín, supo capitalizar su momento estelar produciendo reuniones con diversos representantes de la izquierda para finalmente concertar la convocatoria en ciudad de Huancayo de una reunión cumbre para el 26 de enero. Tuvo la iniciativa y eso cuenta en la política.

Esta reunión tenía entusiastas y escépticos, pero caminaba, porque en estos casos lo peor que puede suceder es aislarse y quedarse con el mote de anti-unitario. Se había logrado cierto consenso en que una mayoría asistiría—salvo el FA al que hay que reconocerle una consistente actitud sectaria—. De pronto unas expresiones infelices y altisonantes tanto de Gregorio Santos como de Vladimir Cerrón, bastaron para que, cual vírgenes ofendidas, un sector decidiera salirse de la reunión e intentar que fracasara. Repudiar lo dicho no tendría por qué significar boicotear la reunión o propiciar su fracaso.

19. Los procesos de unidad son complejos en general, y lo serán más aun en el caso del Perú de hoy, en particular. A las diferencias ideo-políticas se suman las aspiraciones individuales y grupales, los egos desaforados, pero lo que es peor, la fragmentación enorme que ha sucedido a la derrota de los 90s. La unidad será, pues, trabajo de filigrana. Y son precisamente las fuerzas más maduras, más curtidas en estas lides, las que deberían ser conscientes de que los exabruptos y actitudes destempladas abundarán y que debe llevarse el proceso con serenidad, paciencia y mano firme. Si se patea el tablero a la primera destemplanza, lo que queda claro que estaban buscando el pretexto para hacerlo y se lo dieron. Recuerdo que en los tiempos del ARI, los trotskistas sectarios—porque hubo quienes no lo fueron, pero no prevalecieron—que habían lanzado la consigna “sin patrones ni generales”, vieron en el general Leonidas Rodríguez y en el empresario Gustavo Mohme la plasmación de estos fantasmas que justificaban su actitud.

20. Hoy salen a decir que la reunión debió hacerse en el Cusco y no en Huancayo, que debió convocarla una pluralidad de fuerzas, de no darle tanto protagonismo a Cerrón que es un impredecible radical, o que Goyo es un corrupto. Estas son cosas que se sabían de antes y que no se levantaron como temas hasta que el problema estalló. En fin, decir cosas que no se dijeron en su momento, es también una mala manera de hacer política, una forma de chantaje: si las cosas no salen en mis términos, la boicoteo y empiezo a profundizar las zanjas, devolviendo agravio por agravio.

21. Hay quienes creen que la alianza estratégica debería ser entre Nuevo Perú, que tiene la figura política mejor posicionada, Verónika Mendoza, y Juntos, cuyo principal activo es su inscripción legal (que complementan con cierto aparato y, a lo mejor, ciertos soles). Los demás vendrán a la cola o se perderán en la marginaldad. Olvidan que los resultados electorales de Juntos (en alianza con Nuevo Perú en Lima) en las recientes elecciones municipales y regionales fueron un desastre rotundo y que no son garantía de nada. Que para revertir la situación tiene que darse un golpe de timón, ampliar la convocatoria y sumatoria de fuerzas en todo el territorio, en todos los sectores y un cierra filas lo más amplio posible. Subestimar a esas izquierdas regionales, pensar que no pueden madurar y avanzar políticamente es un grave error. Queda por hacer un gran trabajo de pedagogía política para superar visiones radicaloides y maximalistas, lenguajes crípticos y la tendencia de creer que la política se hace para contentar a los convencidos, cuando de lo que se trata es de trascender a los millones que no lo están.

22. Huancayo apenas si abre un camino. Hay que esperar que lo que se imponga sea un espíritu de fraternidad a partir del cual los acercamientos y convergencias son posibles. Crear confianza. Esa es la clave. Abrir un camino, un horizonte, en el que todos quepan. Si se logra se habrá dado un paso trascendente.

Lima 21 de enero del 2019


Las masas reclaman la unidad. Las masas quieren fe. Y, por eso, su alma rechaza la voz corrosiva, disolvente y pesimista de los que niegan y de los que dudan, y busca la voz optimista, cordial, juvenil y fecunda de los afirman y de los que creen.
José Carlos Mariátegui

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Entre los principios y la real politik, en América…

Ricardo Soberón

En el Derecho y las relaciones internacionales, la historia enseña que se producen ocasionalmente, la convergencia de principios y de real politik que hace que los Estados tomen decisiones particulares, según el tema que se trate. Es más, en este rubro, se producen frecuentemente, la convergencia de ámbitos que son puestos siempre en contraste y ponderación. Sea que se trate de los DD.HH, la Democracia, la seguridad hemisférica, u otros que suelen poner en tensión a los propios actores de la comunidad internacional. Así ocurre con temas sensibles como el Medio Oriente, el funcionamiento del veto en el Consejo de Seguridad, y en el escenario latinoamericano, los casos de Venezuela y Nicaragua, cuando no Cuba y Bolivia. Recordemos, las acusaciones de fraude en las elecciones de Bush frente a Al Gore en el 2001, las dudas en la elección de Temer. O acaso, ¿la actual crisis migratoria en los países africanos justifica una intervención militar en dichos países?

El presente análisis, no pretende abordar de forma aislada, la legalidad, legitimidad del régimen de Caracas, ni siquiera la gravedad de la crisis social y económica que vive dicho país. Pretende más bien una mirada general a este conjunto de dinámicas, a la luz de evidentes intereses geopolíticos de alcance global. Por ejemplo, respecto de América Latina, Trump desea recuperar su venida a menos hegemonía continental basada en el proteccionismo y la militarización. Para ello, usa la mezcla de aislamiento de Caracas/Managua/La Habana, la agudización de su discurso para la construcción del Muro como solución al problema migratorio frente al nuevo gobierno de López Obrador, incluso planteando declararlo un asunto de emergencia nacional. Además, el permanente uso de la lucha contra el narcotráfico, para lo cual usa sus cifras maquilladas que siempre responsabilizan a los países andinos. En paralelo, el Departamento de Estado teje la reconstrucción de una plataforma de países aliados compuesto por Macri, Bolsonaro, Duque, Vizcarra y Piñera, como lo demuestra el reciente periplo de Secretario de Estado Mike Pompeo por la región.

Esta, tiene como objetivo eliminar toda señal de gobiernos progresistas que ponen sus propias reglas para la inversión extranjera y la explotación de los recursos naturales. En paralelo, EE.UU mantiene una histórica trayectoria de injerencias escandalosas en asuntos internos de los países, de forma directa o a través de sus satélites, así como el impulso a procesos de militarización de asuntos civiles. Seamos claros, no existe razón alguna que justifique intervención alguna, salvo la legítima defensa o el artículo 42 de la Carta de la ONU. No cabe duda que las tensiones comerciales con China y las geopolíticas con Rusia, alimentan esta renovada voracidad de Washington.

No podemos permitir la generación de una mayor inestabilidad regional que puede incrementarse con tensiones en las fronteras de Colombia o Brasil permitiendo salidas externas a una crisis interna evidente. En los últimos días, a raíz de la asunción del Presidente Maduro, se produjeron hechos que fueron tergiversados y que produjeron una aclaración de 10 de los 12 países firmantes. Las declaraciones individuales de los países, o la Resolución de organismos internacionales como la venida a menos OEA, o del Grupo de Lima (4 de enero), apuntan en esa misma dirección. Recordemos lo ocurrido en 1962 con el apartamiento de Cuba de la OEA, a instancias del gobierno norteamericano. Mucho mejor la posición tuvo la ONU que prioriza el seguir trabajando con el nuevo gobierno en la solución de los problemas de Venezuela. En este contexto, resulta sumamente grave la pérdida de autonomía de la política exterior peruana, dominada por intereses empresariales y mediáticos. Se ha producido en Torre Tagle, una pérdida de equidistancia en temas sensibles como no intervención, soberanía y resolución pacífica.

¿Qué legitimidad tiene el gobierno de Trump, el gobierno de Duque[1] , el nuevo gobierno brasilero o el peruano para intentar “dictar cátedra” en materia de DD.HH y Democracia, cuando se ven carcomidos por la inseguridad, el crimen organizado, violaciones sistemáticas de los DD.HH y la corrupción, respectivamente?

En este contexto, debemos resaltar la posición del nuevo gobierno mexicano, que jerarquizó principios fundacionales como la no injerencia y el respeto a la soberanía de los países, tomando distancia con lo propuesto por el Grupo de Lima. No solo constituyó un parte aguas, un punto de inflexión en el desarrollo de esta crisis. El apresuramiento y equívocos llevaron a Comunicado 001-19 del 12 de enero:
1. El Perú reitera su firme adhesión a las normas y los principios del derecho internacional. Son la base para la convivencia pacífica y las relaciones entre los Estados, y en especial para los Estados americanos.
2. El Perú reafirma su respeto irrestricto a la soberanía e integridad territorial de los Estados y a sus derechos soberanos.

3. El Perú subraya el valor fundamental del principio de la solución pacífica de las controversias. Resalta la necesidad de resolver toda diferencia internacional por medios pacíficos, de conformidad con el inciso 3 del artículo 2 de la Carta de las Naciones Unidas.

Frente a ello, un total de 142 países decidieron preservar las relaciones de Estado y Estado, para el caso venezolano y estamos seguros que esa es la ruta que debe continuarse en el futuro. La pregunta de fondo es a que estamos apostando. A un escenario multipolar más democrático y equilibrado, o ¿a un escenario que se vuelva unipolar y en donde sea el “gran hermano” el que dicte las condiciones globales para enfrentar cambio climático, el comercio, la migración, derechos humanos y democracia?

__________________[1] El Procurador General ha reconocido el asesinato de 348 líderes sociales en Colombia entre 1985 y 2016, como parte de un reporte sobre Crímenes de Estado, recientemente aparecido.

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Venezuela en el corazón

Nicolás Lynch

La última ofensiva de los Estados Unidos y sus aliados serviles en América Latina  presagia lo peor para Venezuela y para la región en su conjunto. A nadie le caben dudas de que existe una crisis democrática en Venezuela, hasta el gobierno de Maduro que insiste en las bondades de su democracia llama al diálogo y a la necesidad de integrar a los sectores de la oposición.

Las causas de la crisis son múltiples pero se centran en el conflicto entre una oposición que ha recurrido tempranamente al golpismo para oponerse a las transformaciones del régimen bolivariano y éste ultimo, especialmente bajo la presidencia de Nicolás Maduro, que se ha esmerado por destruir las bases del indispensable pluralismo político.

La democracia se convierte así en el valor central de la disputa. Por una parte, aquellos que solo la entienden si marcha de la mano del modelo económico neoliberal, si no es así todo está permitido, la lucha armada incluida. Por otro, la difícil relación entre democracia y transformación social, en la que se debate el chavismo desde sus inicios. Hoy, ya no estamos en la Guerra Fría, período en el cual solo era posible el cambio social por la vía de la revolución armada. En estos tiempos, más allá de la dura oposición de derecha que pueda haber, los cambios duraderos se hacen ampliado y profundizando la democracia, de ninguna forma restringiéndola.

Frente a este situación, sin embargo, se han planteado, reiteradamente dos salidas a la crisis señalada: el diálogo o la intervención armada, vía golpe duro, blando, invasión extranjera, etc. Sin irnos muy atrás, en febrero de 2018 y por la vía del diálogo, mediado entre otros por el ex presidente español José Luis Rodríguez Zapatero, se llegó a un acuerdo para realizar las elecciones presidenciales del año pasado con la concurrencia de toda la oposición. Pero este acuerdo no estaba en el guión del Departamento de Estado de los Estados Unidos. Regresada la delegación opositora a Caracas, la mayoría se desdijo de lo firmado y volvimos al punto cero.

De esta manera, se quiere dar la impresión que la única opción sobre la mesa es la opción de fuerza. Lamentablemente para el Perú, nuestra Cancillería, con la complicidad de la OEA, se ha esmerado en su servilismo al gobierno de los Estados Unidos. Desde hace varios años ha tenido la iniciativa en la formación del Grupo de Lima, que junta a los gobiernos derechistas de la región y promueve el desconocimiento del gobierno bolivariano y una solución de fuerza, que excluya al chavismo e instaure un gobierno proyanqui en Venezuela.

Si se impone la solución de fuerza significaría un retroceso de décadas para Venezuela y para América Latina toda. A pesar de los intentos de restauración derechista en la región y de la arrogancia de nuestras élites dominantes y sus gobiernos neoliberales, debemos pugnar por una salida negociada a la crisis que preserve la decisión a los venezolanos sobre su destino, sin exclusiones de ningún tipo, la soberanía sobre sus recursos naturales, en especial su formidable reserva petrolera y la independencia nacional frente al imperio norteamericano.

Si Venezuela cae en manos de los Estados Unidos, no sería un episodio más en la restauración conservadora en América Latina que hasta ahora ha buscado la formalidad democrática. Por el contrario, sería la incorporación de la fuerza como el elemento decisivo en la lucha política, retrocediéndonos casi un siglo, a la época de la lucha anti-oligárquica, donde el otro se convierte en enemigo y no hay otra posibilidad que no sea su destrucción.

No permitamos este regreso a la barbarie a la que quiere llevarnos la derecha continental y sus gobiernos lacayos en su desesperación por evitar la transformación social y la profundización de la democracia.

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La autonomía no es impunidad

Jaime Villanueva Barreto

La salida de Pedro Chávarry de la Fiscalía de la Nación es una condición necesaria pero no suficiente para acabar con la crisis que asecha al Ministerio Público. Su declaratoria en emergencia es la respuesta política que, al fin, el presidente decidió y que entraña la posibilidad misma de su reforma y reorganización más profunda. Las críticas de apristas y fujimoristas sobre la constitucionalidad del proyecto enviado al Congreso por el Presidente Vizcarra son sólo estratagemas para mantener las cosas como hasta ahora y garantizar así su impunidad.

Los fiscales supremos titulares del Ministerio Público son seis. Cinco integran la Junta de Fiscales Supremos y uno es el representante de dicha institución en el Jurado Nacional de Elecciones. De estos seis integrantes, cuatro, incluyendo al nefasto Fiscal de la Nación, han estado vinculados en audios con César Hinostroza y otros miembros de la organización criminal “Los cuellos blancos del puerto”. Es decir, de quedarse en la institución seguirán haciendo lo que hasta hoy: protegiéndose a ellos y a sus socios, y petardeando el trabajo del Equipo Especial liderado por Rafael Vela Barba.

Hay que tener en cuenta que, incluso en el supuesto que Chávarry salga y sea reemplazado por la correcta Fiscal Suprema Zoraida Ávalos, la Junta de Fiscales Supremos seguiría dirigida por una mayoría adversa que le impediría gobernar adecuadamente. El problema de fondo del Ministerio Público es que ha sido enquistado e intervenido en su esfera más alta, por una organización criminal que nombró ahí a varios de sus miembros. No olvidemos que varios de los Consejeros del CNM, que nombraron o ratificaron en sus puestos a estos cuatro fiscales supremos, también han sido sindicados como miembros de la misma organización criminal, y que uno de los fines de ésta fue el copar los más altos cargos en el sistema de justicia. Por ello, cuando se habla de autonomía, quienes lo hacen, parecen olvidar que el Ministerio Público hace tiempo que ya fue intervenido por esta organización criminal. Cabe preguntarse entonces si no hay alguna otra intención subrepticia al defender una autonomía que es, más bien, un manto para la impunidad.

Pero, más allá de lo dicho, que en cualquier parte del mundo sería suficiente para declarar en emergencia una institución tan importante para la vida democrática de la república, está la propia apatía de todos los miembros de la Junta de Fiscales Supremos. Que, incluso sin tomar en cuenta los cuestionamientos individuales que se les pueda hacer, no han sabido estar a la altura de su cargo y de su responsabilidad. Han fallado como autoridades máximas de una institución que hoy va a la deriva. Es como si un barco fuera conducido por un capitán enloquecido y sus pares dejaran que se navegara sin rumbo o, peor, aún, rumbo a una colisión inexorable. Ellos han fallado y recién ahora que ven comprometidos sus puestos salen a pedir renuncias y exigir autonomía. Pareciera que su mayor interés no pasa por preservar la institución a la que pertenecen, sino, sus elevados sueldos. Es patético ver cómo magistrados del más alto nivel que, por temor, complicidad o conveniencia, callaron y avalaron durante todo este tiempo los atropellos al Equipo Especial Lava jato, hoy reclamen autonomía. Parece que ni siquiera son capaces de percatarse que ellos son parte del problema y no de la solución. Por eso, si tuvieran un poquito de dignidad y responsabilidad ya hubieran renunciado, pero parece que en el Ministerio Público de Chávarry y sus colegas, la renuncia es una mala palabra.

Ahora sólo toca dar una solución política a la crisis y está pasa por la declaratoria en emergencia del Ministerio Público, que encargue a una Junta Transitoria de Gobierno lo más plural posible la conducción de la institución. Los fiscales de bien y la ciudadanía deberían ver en esta reforma la posibilidad de enmendar el daño causado. Cerrarse en la defensa de una falsa autonomía es seguir siendo cómplices de quienes sólo velan por sus intereses personales y han instrumentalizado la institución para sus propias fechorías.

Todos hemos sido testigos del triste espectáculo de estos meses y la brutal arremetida contra los valientes y honestos fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez. Los fiscales del Perú deberían inspirarse en ellos para sacar la fuerza necesaria de tomar el reto de la reforma del Ministerio Público en sus manos. Los ciudadanos ya hemos hecho lo nuestro y no cejaremos en la protesta y la lucha hasta recuperar nuestro Ministerio Público de las manos de esos crápulas que sólo lo denigran y avergüenzan. Decimos nuestro porque es una institución que debe servir a la ciudadanía y a la justicia. En ese sentido, los fiscales de bien en todo el país no pueden seguir un minuto más bajo la mácula de un inefable sujeto que hoy ya usurpa el puesto de Fiscal de la Nación. No se lo merecen ellos y no lo merecemos los ciudadanos.

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Feminismo y medicina

Maritza Ortiz

Aún no terminaba el 2018 cuando se hizo pública la denuncia hacia médicos que abandonaron sus puestos de trabajo en hospitales del Estado para salir a realizar consultas privadas, de ahí en adelante el Ministerio de Salud ha publicado una serie de listas de médicos de diversos hospitales destituidos de sus puestos por razones parecidas. Es así que la ministra de salud nos hace pensar que está en una lucha frontal en contra de la corrupción y el gobierno da señales de que la salud de las personas es parte de su agenda.

¿Este gobierno puede garantizar que la salud sea un derecho?
La problemática es diversa y de hecho requiere de análisis profundos desde diversas perspectivas; pero como médica feminista de izquierda tengo una mirada sobre la problemática que me parece fundamental abordar. Somos un país con un modelo económico capitalista y de este se desprende no sólo la mercantilización de la salud, sino que también el patriarcado como forma de organización social que se manifiesta dentro del sector generando una serie de vulneraciones no sólo hacia las mujeres que requieren atención, sino que también hacia las mujeres que ejercen el trabajo de servidoras. Y el problema se agudiza más cuando vemos evidenciado en la práctica médica la ausencia de formación en ciencias sociales dentro de las facultades de medicina, generando profesionales que de hecho pueden ser muy competentes y con habilidades clínicas quirúrgicas que generan asombro; pero que su profundo desconocimiento de la realidad nacional, de ciencias sociales y específicamente sobre feminismo, hace que el resultado de su trabajo no sea adecuado y que lejos de representar la seguridad para salvar vidas, sean quienes generen violencia en contra de las mujeres.

El incipiente movimiento feminista dentro del gremio médico ha sido recibido con rechazo y se pretende desacreditar las habilidades de las médicas que han expresado abiertamente su postura feminista, desde la burla al uso de la palabra “médica” hasta el hecho de oponerse a que se apliquen las normas de Enfoque de Igualdad de Género. A pesar de ello, el auge en el crecimiento de la especialidad de Medicina de Familia y Comunitaria ha permitido no sólo la aplicación de la ciencia médica desde el punto de vista de las ciencias sociales, sino que también la mirada feminista y de inclusión a la comunidad LGTBIQ, no sólo con pacientes, sino también dentro del gremio, creando espacios de empoderamiento y activismo. Es así que el 2018 se incluyó por primera vez en la historia del país en un Congreso Nacional de Medicina como tema a tratar, el feminismo en la medicina, hecho que ha marcado un hito dentro de las exigencias que la comunidad médica debe hacer a quienes deciden las políticas públicas del país y ha puesta el tema en el debate público, creando confrontación, es cierto; pero termina siendo positivo ya que nunca se había abordado dentro del gremio la necesidad de la formación en feminismo y el Enfoque de género en los profesionales de la salud.

Pero ¿para qué sirve el feminismo dentro de la medicina? La primera y más importante respuesta es, para poder atender las necesidades de salud de la otra mitad de la población, históricamente desatendida y desprotegida. Pero es fundamental analizar algunas razones específicas, que no solo radican en un beneficio para nosotras, pues debemos entender que el feminismo no pretende la supremacía de las mujeres sobre los hombres. La salud jamás será un derecho si no se hace desde una perspectiva de género, desde una mirada feminista que condene al patriarcado como una de las razones fundamentales de afectación a la salud y de su acceso. Además es importante reconocer que el sistema capitalista vulnera doblemente a las mujeres, primero a las trabajadoras de salud, debido a esa perversa organización jerárquica que las subordina, más aún a las profesionales no médicas, en su mayoría mujeres, a cumplir funciones de cuidado, bajo el mandato del médico hombre y con una diferencia salarial injusta que no está acorde a sus estudios y capacidades profesionales; además de la violencia psicológica, verbal, física y sexual que enfrentan dentro de los espacios hospitalarios que son consentidos y encubiertos por las autoridades que no toman la decisión de prestar atención a esta problemática muy conocida y que muy por el contrario, sancionan y expulsan a quienes tienen la valentía de denunciar las diversas violencias que se viven en secreto dentro de los santuarios hospitalarios, llegando a romantizar el maltrato al que le llaman “mística médica”.

La segunda forma de vulneración de la salud es como pacientes, en realidad como mujeres, desde el punto de vista que se ha patologizado la naturaleza de nuestros cuerpos desde que somos unas niñas con la menarquia, luego la menstruación, incluso nuestra la ovulación, sin contar con que hasta se ha institucionalizado y mercantilizado el embarazo y el parto, seguido de la lactancia, siendo la violencia obstétrica una de los más invisibles daños que el sistema mantiene hacia nosotras, terminando con la menopausia y la vejez en la que se nos abandona. Se nos ha declarado incompetentes para cumplir naturalmente nuestra fisiología de mujer y el capitalismo ha hecho de este espacio un gran medio para sustentar la economía, pues ha negociado muy favorablemente nuestros procesos fisiológicos, es así que la tasa de cesáreas en las clínicas llega al 73%, al 20% por el SIS (Seguro integral de salud) y 34% en EsSalud, siendo la tasa permitida por la OMS entre el 10 y 15%. Eso sólo por mencionar algunas, pues una de las grandes banderas del feminismo es desde hace algún tiempo la lucha por la salud sexual y reproductiva, ya que somos un país en donde no hay acceso a educación sexual, métodos anticonceptivos, ya sea por falta de insumos o por incapacidad del personal a cargo para entregarlos, en donde se vive una cultura de violación y hay una alta tasa de embarazos no deseados, sin embargo la legalización del aborto es un sueño inalcanzable, además de tener servidores de salud incapaces incluso de cumplir con la aplicación del aborto terapéutico en mujeres y niñas que cumplen con las condiciones para esa atención, es así que el feminismo ha izado ahí la gran bandera verde.

Pero las vulneraciones van más allá y es que es necesario e imprescindible un intercambio de conocimientos entre el feminismo y la comunidad científica, pues si hacemos una evaluación más profunda, el daño que la falta de enfoque de género le hace a la ciencia y a las mujeres es mucho más terrible, ya que desde hace poco se ha reconocido el gran sesgo de género que tienen las investigaciones científicas, por ejemplo la falta de inclusión de la paridad en las investigaciones epidemiológicas, hasta la falta de empatía en la problemática social que incluye temas a investigar desde una perspectiva androcentrista, y la falta no solo de mujeres en las ciencias, sino de mujeres feministas que puedan generar una mirada diferente en las investigaciones y revolucionen desde adentro los aportes que la ciencia le debe a la otra mitad de la población, las mujeres.

Otro aspecto importante se evidencia en la falta de empatía sobre la violencia física y sexual que se vive de manera alarmante en nuestro país, hemos cerrado el año con 146 feminicidios y aún somos incapaces de describir las lesiones, las evidencias y sobre todo generar la denuncia dentro de los servicios de salud, aún existe el cuestionamiento sobre la conducta de la víctima y muchas veces se permite al agresor seguir al lado de ella, sin tener la capacidad de percibir que la exponemos a la muerte segura como de hecho ha pasado en muchos de los casos. La falta de registro hace que no se pueda hacer estudios y sólo contamos con datos inexactos, estando en nuestras manos la posibilidad de exigir políticas públicas que protejan la salud y la integridad de miles de niñas y mujeres víctimas de violencia que acuden a veces por otros motivos esperando un poquito de empatía.

Personalmente no estoy muy segura que la lucha por el acceso a la salud y en contra de la corrupción que el gobierno pretende emprender tenga resultado si no hace una autocrítica sobre su falta de enfoque de género e insiste en un modelo económico que es justamente el que impide el acceso a la salud, aún más el de las mujeres que son quienes en mayor proporción trabajan en condición de informalidad o cumplen la función del trabajo doméstico no remunerado. Y mientras esto sucede el sector salud seguirá siendo no sólo el espacio más violento e inseguro para las mujeres, sino que tal vez el encubridor más grande de delitos y el espacio más productivo para la economía capitalista. El feminismo no solo es necesario, sino que es vital y urgente.

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La soledad de los lagartos

Golpes y contragolpes entre mafia y democracia

Jorge Millones

Cae la tarde del 31 de diciembre y en un poste cerca del penal de Chorrillos aparecen dos solitarias piñatas con las caras de los fiscales Rafael Vela Barba y José Domingo Pérez. Las dejaron ahí un par de tenues simpatizantes fujimoristas que se marcharon aliviados a sus casas a celebrar el año nuevo. Llevaron consigo una desgastada gigantografía, un megáfono, aplausos y consignas grabadas en apoyo a Keiko Fujimori. Saben que atrás quedaron las portátiles, las camionadas de gente y los tápers. Saben también que en el Mercado central las piñatas de Keiko, Alan y Chávarry se venden por millares.

MELANCOLÍA DE LA DBA

En la noche, ad portas del año nuevo, la última línea de defensa del aprofujimorismo decide inmolarse, Pedro Chávarry destituye a los fiscales desencadenando la indignación ciudadana en todo el país. El mismo modus operandi usado por el lobista PPK cuando excarceló al ex dictador se repite un año después con un operador de los «cuellos blancos» devenido Fiscal de la nación. Pareciera que todo lo que tiene que ver con los Fujimori y sus aliados se hace entre “gallos y medianoche”, por la espalda y en fechas especiales para que nadie responda: renuncias por fax, indultos, fallidos asilos políticos entre otras perlas.

Al día siguiente, mientras cientos de personas marchaban para manifestar su apoyo a los fiscales en la Procuraduría, una mujer flanqueada por dos enormes tipos vociferaba rabiosamente y con un megáfono su apoyo a Pedro Chávarry. Insultaba a los marchantes de “comunistas y violentistas”, gritando en contra de la “dictadura caviar”, a favor de “la independencia de poderes” y ante la posibilidad de ser aplastada por el grueso de la marcha, la policía los arrinconó protegiéndolos en una esquina. A eso quedaron reducidas las portátiles “alanistas”, a tres solitarios individuos gritando consignas leguleyas.

Así termina el 2018 para el aprofujimorismo y sus aliados, reducidos a patéticas mini manifestaciones, a berreos por twitter de sus congresales defensores cada vez más parecidos a sus memes, saltando del otrora poderoso barco naranja en total desbande, “sálvese quien pueda” murmullan. El presidente del Congreso (ex aprista y ahora casi ex fujimorista) también se une al vocerío anti Chávarry. Poco antes, el aliado de la estrella queda estrellado al quemar a sus últimos peones enviándolos a hacer el ridículo atacando la tesis de un fiscal para descalificarlo, o intentando relacionar al juez Concepción Carhuancho con Oviedo Pichotito, acusado de asesinato. Nada les funciona ya, solo quedó Tubino para asumir como el vocero de un fujimorismo que pide tregua y terminó tensando más las cosas. Una lluvia de torpezas que incluso terminaron mojando de melancolía las columnas de Aldo M.

FELIZ AÑO NUEVO

La política se juega por turnos y el 2019 arranca con un pueblo indignado en las calles, con el Presidente arrinconando al Congreso y con el retroceso del Fiscal de la nación. Al aprofujimorismo ya no le sirve Chávarry, “quemado”, apuestan ahora -sobre todo la bancada aprista- a tumbarse el acuerdo de colaboración con Odebrecht.

Chávarry acorralado por fuera y por dentro de Ministerio Público restituye a Vela y Pérez, convertidos ahora en un símbolo nacional. Desde el penal Keiko Fujimori “tuitea” que está de acuerdo con el proyecto de Ley de Vizcarra, bajándole el dedo a Chávarry. Ahora resulta que nadie estaba de acuerdo con Chávarry, después de gritar a su favor en el Congreso y en los medios, lo dejan solo. La banKada recibe la orden de votar a favor de la propuesta de Vizcarra, quien hábilmente se ha puesto delante de la lucha contra la corrupción obligando a todas las fuerzas políticas a respaldarlo.

La bancada aprista -tan solitaria como su estrella- lo único que quiere es que el acuerdo con Odebrecht se caiga y en esa dirección van sus declaraciones, rasgándose las vestiduras por el aspecto económico del acuerdo, pero escamoteando los beneficios que traería éste para la justicia peruana.

Todo apunta a que se abrirá la “caja de Pandora” que es el acuerdo de colaboración con Odebrecht y caerán muchos en muchos sectores. Aquellos que parecían intocables y todopoderosos podrían enfrentar la espada de Damócles de la prisión preventiva, revelando talvez, las reales dimensiones de las redes de corrupción que se apoderaron del país.

La alianza aprofujimorista se desmorona, en buena cuenta porque ya no le es útil al fujimorismo, con su líder en prisión y sin dirección clara, el tuit de Keiko es casi una capitulación. En cambio, el APRA tiene mucho más que perder, no solo el encarcelamiento de Alan García -el político más desacreditado del país, según las encuestas- sino, que el acuerdo con Odebrecht podría revelar muchísimo del segundo gobierno aprista, implicando a funcionarios y a obras emblemáticas que se realizaron con Odebrecht y el club de la construcción.

MIRAR DISTINTO Lo que está ausente es una orientación política-ideológica que genere una lectura y un discurso diferente sobre la lucha contra la corrupción, que sigue siendo el eje principal del actual periodo. Más allá del rol que debía cumplir el Presidente Vizcarra asumiendo el liderazgo de esa lucha, entendió que la mejor manera de lograr un consenso general era enfrentarse a las mafias y a sus brazos políticos, pero desde su obvio posicionamiento liberal y de derecha. Ese posicionamiento le ha permitido introducir paquetazos laborales y mantener el statu quo pro empresarial. Ocultando así, la responsabilidad del modelo neoliberal en la generación del tipo inédito de corrupción que estamos viviendo.

¿Se podía esperar otra cosa de Vizcarra? Pues no. De quienes se esperaba más madurez para entender este momento era de las izquierdas. Atrapadas en el ensimismamiento de sus propias agendas e intereses particulares se olvidaron de lo que siente el grueso del país.

No hay nada más fácil que descalificar a quién no siga la línea correcta, ya parece un deporte nacional. Y en las izquierdas cada una tiene su línea correcta y expectoran simpatías y adherentes veloz y centrífugamente. Los adjetivos sobran, desde insultos directos, hasta elaborados epítetos ideológicos que revelan en el fondo, otro insulto o descalificación. Incapaces de reconocer que en el presente periodo el eje principal de la política en el Perú sigue siendo la lucha contra la corrupción, la contraponen a la agenda de los derechos laborales, de los derechos indígenas y medioambientales, entre otras justas y urgentes reivindicaciones, y lo que es peor, le regalan a Vizcarra la bandera de la democracia y de la lucha contra la corrupción. “Se alinean con Vizcarra” dicen esas izquierdas refiriéndose a quiénes reconocen ese eje principal, en total consonancia con lo que dice el fujimorismo, demasiada coincidencia ¿No?

La lucha contra la corrupción es importante porque revela que los vacíos legales que promueve el modelo neoliberal alienta la corrupción de cuello blanco. Un tipo de corrupción sofisticada y de gran escala, que corrompe al poder político, al sistema de justicia y a la sociedad, cuyo epicentro es el gran empresariado y que necesita de un ejército de operadores tecnócratas que sepan usar la estructura financiera global que subordina el Estado a intereses privados.

El modelo produce un tipo de corrupción tan pernicioso que no solo debilita la democracia y las instituciones, también produce lo que Bauman llamada “adiáfora”, cierta cultura cínica que destruye la ética de los servidores públicos y profundiza la anomia, pues la sensación de desesperanza que genera la impunidad es tan grande que la ciudadanía prefiere mirar hacia alternativas fascistoides y autoritarias antes que en la debilitada democracia.

Por eso, es fundamental que las izquierdas se posicionen bien y mejor en la lucha contra la corrupción, que aporten en la salida a la crisis no solo en las calles, sino, a nivel institucional y a nivel político. Que asuman con madurez este desafío para poder tener la legitimidad de proponer después un cambio de modelo al país, pero no desde sus reductos ideológicos o zonas de confort, sino, desde la intersección política, esa compleja zona que implica acercarse al grueso de una ciudadanía que mayoritariamente no es de izquierda, intercambiar con ella, afectarla y dejarse afectar por ella.

La ciudadanía reconoce la lucha contra la corrupción, no solo porque sea un tema mediatizado, sino, porque efectivamente, es la megacorrupción la que ha impedido, impide e impedirá que tengamos reglas de juego medianamente justas para poder construir un país, al margen del modelo económico que elija el pueblo peruano. Es necesario establecer una línea de base honesta y democrática para que la política pueda despegar, pues seguimos aún en el subsuelo y, aunque hay ante nosotros una gran oportunidad, algunos se empeñan en seguir excavando hacia abajo.

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La crisis continúa… (Nueva temporada)

Lo judicial, el continuismo y los impases políticos

Anahí Durand

En enero del 2018, el intento de vacancia al presidente Pedro Pablo Kuczynski y el ilegal indulto a Alberto Fujimori, marcaron el inicio de un año intenso, signado por las investigaciones del Caso Lavajato que involucra a figuras políticas como Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), Keiko Fujimori, Susana Villarán, en la entrega de millonarios financiamientos y/o sobornos por parte de la empresa Odebrecht. Se configuraba así un escenario de crisis que llevaría a la renuncia de PPK, a la juramentación de Martin Vizcarra como presidente, a un referéndum para reformar algunos capítulos de la Constitución, además de la debacle del Fujimorismo tras la detención de su líder.

Foto: Joan Cabrera

En enero del 2018, el intento de vacancia al presidente Pedro Pablo Kuczynski y el ilegal indulto a Alberto Fujimori, marcaron el inicio de un año intenso, signado por las investigaciones del Caso Lavajato que involucra a figuras políticas como Alejandro Toledo, Alan García, Ollanta Humala, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), Keiko Fujimori, Susana Villarán, en la entrega de millonarios financiamientos y/o sobornos por parte de la empresa Odebrecht. Se configuraba así un escenario de crisis que llevaría a la renuncia de PPK, a la juramentación de Martin Vizcarra como presidente, a un referéndum para reformar algunos capítulos de la Constitución, además de la debacle del Fujimorismo tras la detención de su líder.

No asistimos entonces a una crisis circunstancial. El involucramiento de los tres poderes del Estado en una vorágine de denuncias judiciales, delaciones premiadas, audios y acusaciones revelaron la captura del Estado para delinquir y garantizar la impunidad de los delitos. Se trata de una crisis de régimen, que pone en tensión la gobernabilidad neoliberal impuesta tras el auto golpe de 1992 y legitimada por la Constitución de 1993. En ese escenario, Vizcarra ha tomado iniciativa confrontando al Parlamento de mayoría fujimorista y llevando a cabo un Referéndum nacional con amplio apoyo ciudadano, contando además con el respaldo de los grupos de poder empresarial empeñados en salvar un modelo económico ventajoso para ellos. Pero cuando parecía ya instalarse un curso de normalización, la decisión del cuestionado fiscal de la nación Pedro Chavarry, avalado por el Fuji aprismo, de retirar a los fiscales José Domingo Pérez y Rafael Vela de las investigaciones del caso Lavajato desató una nueva etapa de la crisis.  Vale pues analizar este momento político profundizando en los vínculos político judiciales y las posibilidades de impulsar salidas transformadoras en medio de impasses que frenan un mayor protagonismo popular.

El caso Lavajato; cuando lo judicial es político (y viceversa)Desde que se destapo el caso Lavajato, y con mayor énfasis cuando se revelaron los audios de jueces y magistrados negociando sentencias, el ámbito judicial adquirió centralidad en la crisis política. La ciudadanía, hastiada de lidiar con la monumental corrupción e ineficiencia del poder judicial, ha centrado su indignación en las autoridades judiciales que garantizaban la impunidad de políticos y empresarios corruptos. Paradójicamente, esa misma ciudadanía también se ha identificado con algunos jueces y fiscales que han mostrado mano firme frente a los poderosos, mandando a prisión preventiva a la misma Keiko Fujimori o dictando impedimento de salida contra Alan García.

La magnitud de la crisis revelada en el Consejo Nacional de la Magistratura (CNM), ente encargado del nombramiento de jueces y fiscales, y la creciente indignación ciudadana dejaron en claro que el Poder Judicial era incapaz de reformarse a si mismo. Con ello la salida se trasladaba a los poderes políticos; de un lado al Congreso de la República, única instancia facultada para destituir jueces y fiscales supremos, de otro al ejecutivo y particularmente al presidente Vizcarra. Desde el legislativo, pese a la urgencia de reestructurar el CNM, la mayoría parlamentaria Fujimorista y sus aliados del APRA, hicieron todo lo posible por bloquear los cambios, pues se trataba de autoridades judiciales afines a sus intereses. Solo la presión ciudadana, posibilitó la inhabilitación de los miembros del CNM y los jueces Supremos, aunque no se pudo proceder contra el fiscal de la nación Pedro Chavarry involucrado en casos de narcotráfico. Desde el ejecutivo, Vizcarra envió al Congreso un Proyecto de Ley para reemplazar el CNM por la Junta Nacional de Justicia (JNJ), sometiendo además dicha propuesta a referéndum. Tras la mayoritaria aprobación de la propuesta de JNJ en el referéndum esta arista político judicial de la crisis aparece por lo menos encaminada.

La otra arista político judicial refiere al caso Lavajato y lo ocurrido con los fiscales Rafael Vela y José Domingo Pérez quienes han conducido con solvencia las investigaciones contra figuras políticas como Keiko Fujimori y los ex presidentes Humala y García, involucradas con coimas y financiamientos ilegales de la empresa Odebretch. El avance de las investigaciones y el acuerdo logrado con las autoridades de Brasil, pusieron a ambos fiscales en la mira de Pedro Chavarry, retirándolos del caso Lavajato con el aval inicial de sus aliados políticos Apro fujimoristas. El retiro de Pérez y Vela desató la indignación popular movilizándose miles de personas la misma madrugada de año nuevo. Nuevamente tuvo que intervenir el poder político. Por un lado, Vizcarra presentó un proyecto de ley para intervenir el Ministerio Público, por otro lado, el APRA y el Fujimorismo, se han desmarcado de Chavarry solicitándole la renuncia. Nuevamente también ante la presión ciudadana, los fiscales Pérez y Vela fueron repuestos, pero Chavarry sigue en su cargo y la junta de fiscales supremos sigue dominada por personajes afines a las mafias con el respaldo de la mayoría parlamentaria.

En Perú, la crisis de Lavajato, ha demostrado que la independencia de poderes, uno de los pilares de la democracia liberal, es sumamente porosa y precaria. Ello no tanto porque hoy el ejecutivo deba intervenir sobre un colapsado sistema de justicia, sino más bien porque durante décadas la gobernabilidad neoliberal se ha sostenido en una trama bien urdida de vínculos entre lo político y lo judicial. De esta forma, el grupo que llegaba al poder ejecutivo lo hacía para concretar negociados y corruptelas y devolver favores, actuando el Parlamento para facilitar las leyes y el poder judicial para garantizar impunidad. En la actual crisis lo judicial es político y la ciudadanía que se moviliza masivamente contra la corrupción, expresa en esta indignación su legítimo malestar con la clase política. No obstante, es importante procesar las implicancias del vínculo político judicial en los sujetos populares, tomando en cuenta la carga moralista y punitiva con que lo judicial permea la esfera pública y su capacidad de instalar formas de juzgamiento y sanción a acciones y deliberaciones que deberían discurrir en el campo de los antagonismos, negociaciones y consensos propias de lo político.

Reforma política e impases persistentesEn medio de esta crisis de régimen van delineándose líneas de resolución, tanto las que buscan una estabilización conservadora como las que pugnan por apuntalar cambios más profundos. No obstante, estos posibles caminos para salir de la crisis, deben enfrentar algunos “impasses” persistentes. Vale señalar que el término “impasse” refiere aquí a una situación sin salida aparente en el corto plazo, una temporalidad ambigua donde parecen detenerse las dinámicas transformadoras e instalarse inercias acumuladas del pasado frenando cualquier desenlace a la vista[1] .

Hoy las posibilidades de cambio se enfrentan a un impasse político persistente cuya primera dimensión es eminentemente parlamentarista. Esta institución, la más deslegitimada ante los peruanos, es todavía la que debe aprobar cualquier reforma importante, incluyendo las operaciones de reforma político institucionales encargadas a la comisión de alto nivel. El presidente Vizcarra, empeñado en concluir su mandato el 2021, confronta frecuentemente con el Congreso, pero no está dispuesto a cerrarlo pues acumula más manteniendo este espacio como su principal antagonista. Vizcarra ha prefiere intentar romper la mayoría fujimorista haciendo alianza con el actual presidente del Congreso Daniel Salaverry. Por su parte, la izquierda con presencia en el parlamento -Nuevo Perú y Frente Amplio- ante la incapacidad de dinamizar un juego propio, se ha instalado también en el impasse con pocas posibilidades de impulsar alguna reforma sustantiva desde su posición de minoría. Y aunque la mayor parte de la población preferiría el cierre del Congreso, por ahora la movilización popular es demasiado débil y los actores sociales se encuentran demasiado fragmentados como para empujar un escenario destituyente que jaquee la decadente estabilidad amparada en el parlamentarismo.

De otro lado, el impasse tiene una dimensión constitucional. Las fuerzas políticas criticas al modelo han señalado la necesidad de avanzar en salidas de fondo a la crisis de régimen, alertando sobre la intención normalizadora de Vizcarra que intenta resguardar los intereses del poder económico abriendo una nueva etapa de gobernabilidad neoliberal. Acciones como la reciente promulgación de la Política Nacional de competitividad y productividad claramente lesiva para los trabajadores revelan tal continuismo. Ante ello la demanda de nueva Constitución ha ganado terreno y consenso entre los grupos de izquierda, gremios sindicales y actores sociales y hoy ya no aparece una demanda muy lejana. Pero aunque la mayoría de fuerzas políticas acomodadas en el statu quo (Acción Popular, Guzmán, Vizcarra entre otros) reconocen que la crisis excede ya el marco constitucional no se atreven a plantear un cambio global, temerosos de afectar el corazón del modelo consagrado en un capítulo económico favorable a los grupos de poder que representan. Pretenden así compartimentar el cuerpo Constitucional en acápites segmentados, de los cuales unos pueden ser reformados y otros no, como si no se tratara de una unidad que expresa mas bien un pacto social con sentido histórico.

Por ahora, los actores políticos del stablishment, Vizcarra incluido, parecen decididos a permanecer en el impasse hasta el 2021 confiando en que las elecciones diriman las posibles salidas…Corresponde a las fuerzas políticas que pugnan por transformar el modelo salir del aparente estancamiento y asumir que la crisis todavía está abierta y se puede impedir la recomposición de las elites que se niegan a perder privilegios. No resignarse al inmovilismo, desarrollando iniciativas que cuestionen los aparentes consensos y articulen una mayoría socio y política para impulsar salidas democratizadoras es entonces uno de los principales desafíos.

___________________[1] “Inquietudes en el Impasse” Colectivo Situaciones; Ediciones Tinta Limón,  2009.