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Reforma laboral y sindicalismo en el Perú

Entrevista a Carlos Mejía

Justo Chilo
Manifestacion – Antonio Berni (1934)

Desde el Pulpinazo, el tema laboral ha dado apertura a una serie de discusiones, las cuales han quedado inconclusas, años más tarde vivimos otro intento de precarizar la mano de obra de los jóvenes, en Cusco esta vez son los estudiantes de los institutos los que salieron a las calles contra la ley Bartra, ley que planteaba el recorte de derechos laborales a los y las jóvenes que ingresaban al mercado laboral. Por otro lado, los trabajadores de los sindicatos de hoteles y de la empresa PeruRail exigiendo el aumento de utilidades, y denunciando los abusos laborales, como también los trabajadores de la empresa de Backus, sin embargo, muchos de ellos sancionados y despedidos.Hemos tenido marchas de todo el año desde el sector de los sindicatos de trabajadores de los municipios, del sector salud, de las obreras y obreros de construcción civil por más plazas de trabajo. Seguramente encontraremos en el Ministerio de Trabajo más denuncias tanto de sindicatos, como de trabajadores informales.

Carlos Mejia es Sociólogo sanmarquino y Magister en Relaciones Laborales por la PUCP. Ha sido asesor de la CGTP y de la FTCCP y ahora se desempeña como asesor independiente e investigador en temas de mercado laboral, negociación colectiva, sindicalismo, capacitación, organización e identidad laboral, entre otros. Coméntanos
:

– ¿Qué pretende el MEF con esta ley de reforma laboral?

Desde hace algunos años, un sector de la tecnocracia neoliberal que se encuentra ubicada en el Ministerio de economía y fianzas (MEF) busca impulsar una reforma laboral que, en la lógica de ellos, flexibilice el mercado laboral.

Ellos parten de un diagnóstico a mi juicio erróneo, por el cual los empresarios requieren de una amplia libertad para contratar y despedir trabajadores. Asimismo, buscan reducir los días de vacaciones, el pago de la CTS y las gratificaciones de julio y diciembre. Todo lo cual, supuestamente debería servir para incrementar la formalidad y dinamizar el empleo.

Ahora bien, estas propuestas tienen el respaldo político de la CONFIEP o más específicamente de las grandes empresas que operan en dicho gremio. En estas empresas hay sindicatos que son como piedras en el zapato. El objetivo general de las  empresas grandes es eliminar la acción de los sindicatos mediante esta reforma laboral.

– ¿Con esta reforma el trabajador y la trabajadora mejoran su condición laboral?

Definitivamente no. Hay bastante evidencia empírica, estudios y data fuerte, en donde se muestra que desregular el mercado no incrementa el empleo adecuado ni reduce la informalidad laboral. Hace un par de décadas que tenemos el régimen especial para las agroexportaciones. Es un régimen laboral con menos derechos, menos vacaciones, sin CTS ni gratificaciones. Y el empleo en dicho sector se desarrolla en condiciones de altísima precariedad. En las MYPES ocurre algo similar. Menos derechos y la tasa de informalidad no se ha movido.

Con la reforma promovida por la CONFIEP y el MEF lo que tendremos es más precariedad laboral y menos sindicatos.

Tengo la impresión de que dentro de las diferentes medidas promovidas por el MEF, para las grandes empresas, el objetivo principal es eliminar el derecho de reposición en caso de despido. De esta manera, los trabajadores sindicalizados que sean despedidos por su empleador no tendrán el derecho a regresar a su trabajo sino sólo podrán recibir una indemnización. Así buscan debilitar a los sindicatos.

– ¿Cuál ha sido la respuesta de la CGTP?

Entiendo que la central sindical esta coordinando acciones de respuesta en diferentes niveles. Por un lado, analizando la propuesta de reforma para desarmar sus argumentos, con evidencia técnica y empírica. Esto es importante y necesario.

También hay una coordinación política, para articular fuerzas en el parlamento, en los espacios políticos que busquen desorganizar el lobby empresarial.

Finalmente, se coordina a nivel social, con los sindicatos de base y con la sociedad civil organizada para dar una respuesta en las calles. El próximo 15 de enero se esta trabajando para una Jornada nacional de Lucha. Eso me parece necesario y pertinente. Espero que en todo el país se realicen movilizaciones.

– La agenda laboral ha conglomerado históricas movilizaciones, muchas de ellas de resistencia en contra de leyes. ¿Porque la afiliación, la organización permanente ha disminuido en la gente, y los que hemos nacido después de los 90’ ya no es algo esencial sindicalizarnos?

Es parte del triunfo del modelo neoliberal. En los 80 y 90, entre el desastre económico del primer gobierno de Alan García, el conflicto armado y la dictadura de Fujimori se ha impuesto una cultura conservadora, individualista, antipolítica que desconfía de la acción colectiva, de la solidaridad y por tanto de los sindicatos.

Es cierto que también los sindicatos no han sabido ni han podido renovarse, en el nuevo escenario. Hay nuevos actores sociales producto del desigual crecimiento económico de la primera década del presente siglo. Hay cambios en la matriz productiva del país, hay cambios en el mercado laboral y todo eso, el sindicalismo clasista no lo ha sabido procesar, tampoco la izquierda ciertamente. Lo cual agrava la situación tanto de los sindicatos como de los sectores populares en general.

En la actualidad tenemos una de las tasas de afiliación más pequeñas de América latina. Estamos alrededor del 5% y por eso, el sindicalismo que se desarrolla es meramente de defensa, de aguante, de resistencia y le cuesta mucho tener iniciativa.

– Las federaciones regionales de trabajadores actualmente la gran mayoría de sus afiliados son sindicatos de construcción civil o ambulantes y otros sectores importantes, pero ¿que tendrían que hacer las federaciones para llegar a ese sector de jóvenes varones y mujeres que tienen trabajos temporales, trabajos tercerizados, trabajos informales? ¿crees que necesitan renovarse?

Hay un problema de fondo que es la debilidad estructural de los sindicatos en el país. Eso pone algunos límites muy precisos. Pero creo que siempre es posible hacer algo. Una primera acción es fortalecer lo existente. Es decir, hay que dedicar mucho tiempo y recursos a la formación y capacitación de los liderazgos populares, sindicales. En el país hay mucha improvisación, mucho espontaneísmo, mucho caudillo iluminado. Los cuadros nuevos no quieren leer, no tienen idea de la historia ni de lo que pasa en otros lados. Todo es el presente y mi grupo de referencia. Muchos líderes o cuadros viven en una suerte de burbuja donde sólo conversan con afines. Y esto es por las redes sociales en parte. Facebook no puede ser la escuela política de los sindicatos ni de la izquierda. Hay que estudiar con seriedad, hay que mirar más allá y hay que discutir sin temor.

Luego, hay que defender lo existente, haciéndolo mejor. Eso implica fortalecer la institucionalidad de sindicatos. Más democracia interna, más participación, más respeto a los estatutos, más coherencia. Aquí todos los grupos hablan de promover a las mujeres o a los jóvenes, pero el día del congreso, el día de las elecciones, todos los elegidos son hombres y viejos.

Luego, y después de lo anterior, podemos buscar nuevos y mayores lazos con la sociedad, con los grupos desorganizados. Sin un equipo sólido, es decir, cuadros formados dentro de una estructura coherente, tratar de organizar a otros, se convierte en un traslado de problemas, de tirrias y defectos.

– En Cusco hay un sector sindical de turismo muy importante que son los Hoteles, y algunas de otras empresas privadas, y agencias, restaurantes, que la gran mayoría son trabajos informales ¿Cuál debería ser su siguiente paso para tener mayor fuerza voz en el Cusco?

Esta pregunta me sirve para terminar lo que venía desarrollando en la anterior. A nivel sindical, con la estructura laboral que tenemos, y con la negociación colectiva a nivel de empresa; no vamos a llegar a nada, hagamos lo que hagamos.

El sector turismo que señalas esta desorganizados laboralmente, es decir, no hay sindicatos. Y no los hay porque son empresas pequeñas, con trabajadores débiles y empresarios fuertes. Se forma un sindicato en un hotel y en un mes todos han sido despedidos. Aquí se requiere de sindicatos de rama que negocien por rama. Eso supone cambiar el marco legal. Hay que buscar que la ley permita y promueva la negociación por rama. Sin eso, lo que tendremos son explosiones sociales, es decir, un malestar que estalla una semana y luego todo regresa a lo mismo.

Por lo pronto, los trabajadores de hoteles y restaurantes deben de formar un buen sindicato provincial que los agrupe a todos, pero debe ser un sindicato grande. Con 50 personas no puedes hacer que la Cámara de Comercio del Cusco se siente a negociar contigo. Con varios miles, probablemente si.

– ¿Cómo podríamos construir una ley general de trabajo que sea a la altura de las necesidades de los trabajadores y trabajadoras?

Como verás, no soy muy optimista. Trato de no dejar que mis deseos y expectativas reemplacen el análisis concreto de la situación concreta. La Ley General de Trabajo fue la gran ilusión del sindicalismo a inicios del presente siglo. Era ciertamente una buena idea, pero creo que los sindicatos al segundo año de Toledo debieron darse cuenta que no se iba a promulgar.  Al final se pasaron casi una década en idas y vueltas y al final, nada. Nada de nada.

Y eso es porque no hubo una adecuada ponderación de algo que ahora no se menciona, que es la “correlación de fuerzas”. Es decir, en la política, como en la economía, como en la sociedad, los actores, los jugadores no desarrollan sus acciones, sus estrategias en un piso parejo, en una cancha igual. Hay diferencias de poder, de acceso a recursos y hay momentos de auge y momentos de reflujo. Pensamos que el Estado y el gobierno son lo mismo y que actúan de manera coherente y homogénea. Pero no es así. El Estado a veces es árbitro, a veces juega con una camiseta y a veces ni juega.

Creo que en esa coyuntura se desarrolla un sesgo que me parece pernicioso en el movimiento sindical y en la izquierda en general. Los compas que analizan la situación política y los que deciden tanto en las organizaciones políticas como sindicales, trastocan su particular subjetividad en un dato de la realidad. Su optimismo, su voluntarismo, su radicalismo se convierte en un elemento objetivo que permite justificar las decisiones que se toman.

Y así, los análisis políticos parecen fluir en un constante ascenso del movimiento popular, en una oleada permanente de conciencia de clase. Cada paro es un triunfo, cada marcha un éxito, cada congreso un hito histórico y se pierde la capacidad autocrítica, la evaluación objetiva y por lo tanto, la brújula política.

Todo lo anterior es para decir que, en los próximos años, el sindicalismo no tiene capacidad para promover una Ley general de trabajo acorde a sus intereses. Pensar que es posible, es una fantasía.

– La economía y los derechos se han convertido solo en un tema y propuesta de la elite empresarial, ¿Cómo podríamos consolidar una propuesta y enraizar el tema laboral en la gente?

Mi impresión más bien es que el tema laboral, “el problema laboral” más específicamente esta enraizado en el sentido común de las personas. Los casos de las muertes de trabajadores encerrados por su patrón, los maltratos a las empleadas del hogar, los despidos de mujeres embarazadas, los contratos temporales, los cientos de miles de personas que trabajan sin el más mínimo contrato ni protección, en fin, la precariedad pura y dura, es conocida por las mayorías. Todos tenemos un pariente o un amigo que tiene un trabajo de mierda.

La gente lo sabe, por eso cada vez que se amenaza un derecho como en el caso de las leyes de empleo juvenil o cuando se dice que se reducen vacaciones, pues la opinión pública rechaza esto y un buen grupo sale a protestar.

Es cierto, sien embargo, que al sindicalismo le falta un discurso, una narrativa que vaya más allá de la protesta, de la marcha. El Perú sigue teniendo un sindicalismo de los años 90, muy a la defensiva y con dificultad para abordar nuevos temas y nuevos sectores.

Es cierto que frente a la ofensiva empresarial, el sindicalismo prioriza la defensa y las movilizaciones, eso está bien, pero ayudaría tener una línea de trabajo en eso que en Europa llaman “análisis de discurso” que debería estar muy, pero muy articulado con algo más habitual como es táctica y estrategia.

– ¿Cuál sería tu mensaje para la gente?

Más que a la gente, así en general, prefiero pensar en los dirigentes sindicales menores de 30 años. A ellos les diría que deben leer, deben estudiar. Cuando te eligen dirigente no te cae del cielo la sabiduría. Les diría que no deben olvidar que el sindicato no es su parcela, ni su chacra. No pueden ser dirigentes toda la vida. Les diría que deben darle poder y autoridad a las mujeres, que seguro hay mujeres en la empresa y en el sindicato. Les diría que un buen sindicato es aquel que defiende a todos los que necesitan defenderse, sin mirar colores, género, ideologías, simpatías.  Y un buen dirigente es el que sabe escuchar y toma decisiones pensando en el bien común y no en el de su grupo, partido o argolla.

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Por un marxismo abierto y descentrado en Mariátegui

Victor Hugo Pacheco Chávez

Segundo Montoya Huamaní, 
Conflictos de interpretación en torno al marxismo de Mariátegui,
Lima, Heraldos editores, 2018, 155pp.

Se recuerda que al célebre marxista Adolfo Sánchez Vázquez le gustaba parafrasear a Ortega y Gasset, para decir que “la crítica es la cortesía del filósofo”. El texto que comentamos esta ocasión sigue ese dictum que permite al autor, un joven filósofo limeño, Segundo Montoya Huamani enfrentarse a una revisión de las “lecturas” que se han realizado en relación a la obra de José Carlos Mariátegui. El libro como toda obra no deja de ser arbitrario en la revisión de los autores que comenta pero sin duda la selección que realiza esta en relación con aquellos estudiosos que Montoya ubica como los comentadores del Amauta más potentes en el periodo que recorre estas primeras décadas del siglo XX.

La primera parte está dedicada a trazar las coordenadas generales en las cuales se mueve la discusión. No es casual que el autor comience el libro cuestionando las lecturas peruanas del Amauta que han señalado o puesto en cuestión la vigencia de su pensamiento como un legado que se ha agotado con los vertiginosos cambios que trajo la vuelta de siglo. Así, Segundo Montoya pone en cuestión la estrategia del filósofo peruano David Sobrevilla para quién el pensamiento de Mariátegui ya no puede explicar la realidad actual. También se pone en cuestión la lectura de otro filósofo peruano José Ignacio López Soria, quien con un título rimbombante, asumiendo la triste tradición de ofrecer un saludo posmoderno de despedida, publicó el libro Adiós a Mariátegui, el cual como se puede apreciar, y motivo que discute Segundo Montoya, es una estrategia para posicionar un relevo de sentido que López Soria ve necesario: dejar el pensamiento moderno marxista y posicionar el pensamiento débil de G. Vattimo. Sin embargo, es curioso que si bien este fue el sentir de una parte de la intelectualidad peruana, en la vuelta de siglo, no fue así en otros lugares, pensamos en lecturas como la que ofrece Miguel Mazzeo en El socialismo en raizado. José Carlos Mariátegui: vigencia de su concepto de socialismo práctico, por mencionar un ejemplo. Lo que sí es un hecho es que la recuperación de Mariátegui se ha dado por otras tradiciones[1] que no necesariamente recuperan la cuestión que es central en el libro que nos ocupa: el marxismo abierto tal como lo expuso el filósofo peruano Augusto Salazar Bondy. En este sentido, el autor traza así del siguiente modo su locus de discusión: “Nos proponemos retomar, criticar y redefinir, hasta cierto punto, la lectura de Salazar. Es decir, pensar con Salazar más allá de Salazar o, a lo mejor, contra Salazar”.[2]

La segunda parte del libro discute las lecturas que sitúan a Mariátegui dentro de un marxismo que se aleja del eurocentrismo. Comienza con una revisión de la lectura que realiza Raúl Fornet-Betancourt en su libro Transformaciones del marxismo en América Latina. Segundo Montoya no deja de llamar la atención sobre la importancia de dicho autor pero también se le antoja poco original pues  en el tema de la crítica al eurocentrismo desde Mariátegui, no se toma en cuenta que esto fue reflexionado por un autor como Aníbal Quijano desde mediados de los ochenta del siglo XX. El siguiente autor que analiza el autor es Enrique Dussel de quien destaca el hecho de ver en Mariátegui la intuición de algunas categorías, que  deberían desarrollarse en clave marxista, como son clase social, etnia, pueblo y nación. El tercer autor a quien pasa revisión es al peruano Aníbal Quijano de quien subraya la importancia que le da al problema espistemologico en la obra del Amauta y también ver en él ciertas improntas que estallaran con el debate sobre la colonialidad. Estos tres autores aunque sus propuestas sean diferentes y estén distanciadas nos permiten pensar en la obra de Mariátegui como en el principio del desarrollo de un marxismo no sólo en sino desde América Latina.

Sin embargo, lo dicho hasta aquí no ha dado pauta para desentrañar que entendemos por aquello de marxismo abierto. Por lo cual, la última parte del libro se encarga de sugerir algunos puntos que delimiten esa caracterización tan problemática que tratando de saldar uno de los grandes debates en torno a Mariátegui en el siglo xx, solo se mantuvo en una ambigüedad de la que todos se percataban pero no se cuestionaba. La tarea que se propone el autor no es sencilla. Me parece que esto se nota al regresar una y otra vez sobre cosas ya anunciadas a lo largo del libro: señalar la ambigüedad del mismo término, repetir algunos pasajes para ilustrar desde otros ángulos la discusión. Y es que quizá más allá de la intención primordial del libro no debe de perderse de vista que subyace también una discusión que sobre pasa al autor y es la del contenido anticolonial del discurso mariateguiano, lo cual detecta Miguel Mazzeo en el epilogo que se recoge en el libro:

Son varios los méritos de este trabajo, pero quisiera destacar algunos que tienen relación directa con el oficio de filósofo. Segundo Montoya, en su re-visión <positiva> y <descentrada>, se encarga de destacar que uno de los signos más distintivos del marxismo de Mariátegui es su anticolonialismo. Pero no se detiene precisamente en los elementos materiales, políticos e ideológicos de la crítica mariateguiana al orden colonial y neo-colonial, en el análisis de sus mecanismos de expoliación. De la mano de los autores que toma como referencia, él prefiere adentrarse en territorios menos explorados: en los fundamentos espistemológicos del anticolonialismo (y del marxismo) del Amauta. De este lado va delineando un Mariáetegui que considera que la <necesidad histórica> no está del lado de los opresores y que crítica y relativiza esa noción tan cara al marxismo unidimensional y eurocéntrico. No sólo se trata de optar por la ética cuando esta entra en colisión abierta con la necesidad histórica (una opción que está presente en Max, aunque muchas veces no se tome en cuenta), sino de ver la presencia determinante de rudimentos teleológicos, descontextualizados y a-criticos; de  reconocer la carga de dogmatismo, abstracción y determinismo y anti-eticidad, presente en la misma idea de <necesidad histórica>. (p. 10)

En este confrontar las visiones que se han dado sobre Mariátegui el autor nos entrega la propia, o mejor dicho, esboza, delinea, traza algunos rasgos que quedan como impronta de lo que puede ser una visión que en un futuro pueda definirse más nítidamente de la imagen de Mariátegui y que sea propia del autor. Pero lo que se alcanza a mostrar aquí no es nada despreciable.

Ahora bien, la intención y la preocupación del libro quedan asentadas claramente en el tercer capítulo:

Después de mostrar los conflictos de interpretación sobre el marxismo de Mariátegui a través de un recorrido cronológico-analítico de lecturas, relecturas, <caras del mito> (Quijano) e <intuiciones> (Dussel), es que estamos en condiciones de argumentar nuestra modesta hipótesis de trabajo por medio de una noción articuladora. Noción que denominamos <apertura epistemológica crítica> o, su equivalente, marxismo abierto y des-centrado> como parte de un esfuerzo teórico mayor por redefinir y reorientar gestálticamente el marxismo del Amauta a la luz de los debates sociológicos y filosóficos actuales. (p. 130)

Así todo el libro tiene una fuerte influencia de la manera en la cual Lakatos define los discursos científicos. De ahí que nos dirá Segundo Montoya que lo que permite hablar de un marxismo abierto es que este tiene un núcleo fuerte y un cinturón protector que hace que a pesar de la flexibilidad para absorber teorías distintas no se desvirtué o corrompa la cuestión que lo define como un discurso otro. El núcleo fuerte sería, por mencionar dos aspectos, la posición de clase y el método, mientras que el cinturón protector es el voluntarismo de Nietzsche, la moral de los productores de Sorel y el psicoanálisis de Freud, por mencionar unos cuantos aspectos. Por otro lado, el des-centramiento tiene que ver con considerar la apertura de saberes y de formas de construcción del conocimiento mostrando que la racionalidad científica no es la única posibilidad de construcción de conocimiento. Sin embargo, consideramos que estos dos puntos aún quedan en el libro como una propuesta a desarrollar.

El texto está escrito con una intención de polémica y confrontación abierta. Segundo Montoya muestra que en la crítica, en la disputa, no sólo se juegan argumentaciones lógicas, se juega la vida, se juega una manera de acercarse a la realidad, de cuestionar no sólo lo existente si no a quienes han interpretado esa realidad. Terminamos con estas palabras del autor que dejan sentir esa energía y esa pasión con la cual fue escrito este libro:

Redactamos el libro no como un proyecto académico desapasionado, apresurado y mecánico en aras únicamente de obtener el tan anhelado reconocimiento académico per se. Por el contrario se trata de un <<ajuste  de cuentas con mi conciencia filosófica anterior>>, conciencia natural e ingenua que defino y ubico, como <marxismo emocional>>, dentro de nuestra <<clasificación>>. Por consiguiente, el libro es resultado de lecturas autocriticas, re-lecturas, disertaciones y apasionadas polémicas, que en sintonía con el vocabulario mariateguiano calificamos de <<agonía>>. (p. 15 y 16)

_______________________________
[1]El autor señala la pertinencia de replantear la discusión sobre el pensamiento de Mariátegui de cara a la vertiente decolonial.[2]Las cursivas son del autor.

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Rumbo al Bicentenario, Rally Dakar, negocio y corrupción con…

Diego Sotelo Mamani – Cusco (Perú)

El caso del Rally Dakar y las denuncias de corrupción contra el Ministerio de Cultura y específicamente en contra del Viceministro de Patrimonio Cultural e Industrias Culturales, nos hace reflexionar sobre la dinámica política económica del Estado peruano, sus políticas culturales y la protección del patrimonio cultural.

Es irónico pensar que la institución y el principal responsable de velar por la protección del patrimonio cultural son los que facilitan su destrucción y en este proceso éticamente invertido aprovechándose de sus cargos llenan sus bolsillos. Una actividad de gran impacto comercial como el Rally Dakar que ha sido denunciada en el Perú y en varios países (ej. Chile, Ecuador)[1]  por las graves afectaciones y destrucciones al patrimonio cultural, está siendo viabilizada sin contratiempos por el Ministerio de Cultura, específicamente por el Viceministerio de Patrimonio Cultural. El titular de esta cartera a través de su empresa iba a realizar los “estudios técnicos” para liberar el área donde se realizará este mega evento, beneficiándose -como señalan las denuncias- con un tercio de un millón de soles.

Fósil de ballena en Ica destruido en el Rally Dakar Perú 2012
(Fuente: alexguerraterra.blogspot.com)

Las políticas culturales en relación al Patrimonio Cultural surgen con el inicio mismo del Estado peruano. Con el Decreto del 2 de abril de 1822 se declaró que las reliquias y monumentos que quedaban de la antiguedad, debían ser protegidos por el Estado, como también se proponía la creación de un Museo Nacional, un museo que albergaría los vestigios de los grandes desarrollos culturales prehispánicos, que forjaría una identidad nacional y fortalecería la conciencia independentista frente a la corona española. Sin embargo, estas políticas criollas anticoloniales terminarían a la larga fortaleciendo la discriminación de los pueblos originarios dentro de una lógica “incas sí, indios no”. De esta manera se buscaba proteger los vestigios de un pasado glorioso enajenándolo de su pueblo creador, poniéndolo en vitrina bajo el ideal de proteger el tesoro, el patrimonio del Estado. Se rompía así una dinámica viva entre los lugares y objetos de memoria con sus comunidades. Estas políticas culturales 200 años después siguen en esencia siendo la misma.

En este transcurrir histórico el carácter del Estado como protector del Patrimonio Cultural se fue formalizando sobre todo desde los años 60, del siglo pasado, con las actividades que desarrollaban las primeras promociones de arqueólogos. Sin embargo, este proceso de formalización se desvirtúa principalmente con la implementación del modelo neoliberal a inicios de la década de los 90 con el gobierno de Fujimori, en el que este rol del Estado comienza a ser una piedra en el zapato, debido a que la normativa vigente en aquel momento ejercía un nivel de protección sobre el patrimonio. Esto dificultaba por un lado la privatización de monumentos arqueológicos “vendibles” y por otro retrasaba la realización de grandes obras de “interés público” debido a la existencia de una inmensa cantidad de evidencias arqueológicas en el territorio peruano. Por estas dificultades, el gobierno de Fujimori impulsó un paquete de normas legales que limitaban en gran medida la protección al patrimonio -por ejemplo la Ley 26961 de junio 1998-, facilitando su privatización y acelerando la implementación de grandes obras extractivas y de infraestructura.

En este proceso es que surgen con intensidad los Proyectos de Evaluación y Rescate Arqueológico. La propia formación arqueológica en el Perú va trastocando sus objetivos, dentro de un proceso de racionalización capitalista. Ya no se forman científicos sociales sino que se comienzan a formar técnicos especialistas en “liberar terrenos” para la realización de estas obras. La dimensión ética/moral es dejada de lado, y la propia regulación de estas actividades técnicas se deja a la deriva, una tarea pendiente hasta la fecha para el Colegio Profesional de Arqueólogos.

En este contexto muchos arqueólogos forman empresas consultoras para desarrollar servicios a las grandes empresas mineras, constructoras, petroleras, inmobiliarias, etc., que los contratan para desarrollar estudios técnicos que en corto plazo les “liberen el terreno” para efectuar las obras. Sin embargo, ya que necesariamente estos estudios técnicos tienen que ser revisados y aprobados formalmente por el ente rector -años atrás el Instituto Nacional de Cultura y ahora el Ministerio de Cultura-, estas empresas realizaban y realizan “lobbies” al interior de la institución para que se viabilice con rapidez sus expedientes, así como para que los favorezcan en sus dictámenes.

Desde la década de los 90, del siglo pasado, la búsqueda de profesionales recomendados para los puestos claves dentro del Ministerio de Cultura -antes Instituto Nacional de Cultura- se ha centrado en un perfil de personas que puedan manejarse en estas situaciones, un perfil de “arqueólogos empresarios”. Varios viceministros y directores guardan este perfil. Estos profesionales provienen principalmente de universidades privadas elitistas que mantienen vínculos con los grupos de poder político y económico. En este proceso dentro del Ministerio de Cultura paso a ser un objetivo secundario el cuidado y la protección del patrimonio como un recurso estratégico de la nación. Ahora el objetivo principal es preparar el terreno para su privatización y  ser eficientes en la viabilización de las obras de las grandes empresas.

Las denuncias sobre lo actuado por el viceministro Villacorta, pondrían en evidencia uno de los muchos casos de corrupción en la dinámica de la “salvaguarda” del Patrimonio Cultural por parte del Estado. Corrupción que con seguridad se ha intensificado desde el gobierno fujimorista con la aplicación del modelo neoliberal y que ha continuado con los diferentes gobiernos hasta la actualidad, en el que se ha venido recortando y anulando las facultades del Estado como ente rector y regulador, para beneficiar a las grandes empresas (por ejemplo R.S. 536-2001-EF, Ley 28296, Ley 29164). Estas en su lógica de acumulación de ganancia pasan, cada vez más, “por encima” del patrimonio cultural. Este matrimonio entre un Estado servil y las grandes empresas es la madre de las corrupciones.

Geoglifos del Cerro Tentación, el Tamagural en Chile afectados por el Rally Dakar.
(Fuente: http://www.elindependiente.cl/2016/01/los-cerros-de-el-tamarugal-lloran-a-sus-geoglifos/ )

Corrupciones que siempre son difundidas como problemas éticos de personas o instituciones específicas, pero poco dejan ver el contexto global en que se manifiestan, siempre el problema es del ámbito nacional, sin embargo, al agente dinamizador, al capital extranjero de las grandes empresas se les deja de lado en esta problemática. La empresa del Rally Dakar, que mueve millones de dólares en cada evento, se “marketea” presentando una cara deportiva que genera un elevado consentimiento de la sociedad civil, no obstante, las múltiples denuncias lo pintan de cuerpo entero[2] , inclusive algunos de los científicos ambientalistas que se han pronunciado en contra de este evento denuncian persecución[3] .  

En este sentido, en el caso en mención hay que señalar como corruptos a la gran empresa del Rally Dakar, al propio Ministerio de Cultura que lo permite y al Viceministro de Patrimonio Cultural que como funcionario o “técnico de planta” lo viabiliza -tal como señalan las denuncias- a través de su empresa para beneficiarse.

Las medidas correctivas para cambiar esta triste historia, deberían comenzar en primera instancia cambiando las reglas de juego entre el Estado y las grandes empresas cuyo poder económico y político en una lógica “unidireccional” de acumulación de ganancia, son a nuestro parecer, el problema medular de la corrupción en nuestro país.

Así mismo, creemos que las políticas culturales en relación a la salvaguarda del patrimonio cultural ya tuvieron 200 años de prueba y a estas alturas al evaluarlas podemos decir que no cumplen con su objetivo, no logran revertir la tendencia creciente de afectaciones a la que es proclive. Las maneras “más sofisticadas» de resolver la gestión de este patrimonio siguen en un callejón sin salida. Las más recientes tentativas que desde el Ministerio de Cultura se propusieron, como el decreto legislativo 1198 -el cual fue derogado por la protesta popular en el Cusco-, buscaban entregar este patrimonio cultural en concesión privada a las grandes empresas.

La mayor cantidad del patrimonio arqueológico se encuentra en el área Andina, y gran parte de este se localiza en territorio de comunidades campesinas originarias, ¿por qué no cambiamos el núcleo de las políticas culturales que desde la independencia hasta la actualidad han enajenado territorios, lugares de memoria (llámese “patrimonio cultural”, “sitios arqueológicos”), objetos de memoria, convirtiendo materia viva en objetos inertes, dejando de lado su valor de uso y privilegiando sólo su valor de cambio?.

¿Por qué como propuesta no pensamos primero en respetar/nos, tal vez co-desarrollando una propuesta de gestión compartida de este “patrimonio” desde la cooperación y el consenso entre las comunidades y el Estado, desde una perspectiva intercultural que privilegie la vida en el territorio? Hay varios referentes que pueden ser tomados en cuenta y que muestran que es una propuesta viable. Revitalicemos nuestro “patrimonio” en el lugar que tiene dentro del tejido social – cósmico en el que cobra sentido.

Cusco, Noviembre 2018.

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[1] El Rally Dakar realizado en el Perú el 2013 fue motivo de graves afectaciones y destrucción del patrimonio cultural y paleontológico sobre todo en la zona de Pozo Santo, donde se instaló el campamento del Rally, pero también en Ocucaje, Palpa y el Tablazo de Ica por donde pasaban los coches y pisaban múltiples fósiles de tiburones, ballenas y otras especies. Ver: https://alexguerraterra.blogspot.com/2013/11/rally-dakar-y-la-destruccion-del.html?m=1&fbclid=IwAR2Tl0idLLrWcVU4_5aBiSCP5rx2gOwqCrTVrF781JPowAhppsvbwOWMPVo

[2] https://www.lacapital.com.ar/informacion-gral/el-rally-dakar-levanta-denuncias-y-criticas-peru-chile-y-argentina-n426471.html[3]https://alexguerraterra.blogspot.com/2013/11/rally-dakar-y-la-destruccion-del.html?m=1&fbclid=IwAR2Tl0idLLrWcVU4_5aBiSCP5rx2gOwqCrTVrF781JPowAhppsvbwOWMPVo